Cuando el pueblo de Israel salió de la tierra de Egipto, y se conformó como nación, Dios dio a Israel una ley que debía regir toda su vida. En esta ponencia






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LA LEY DE MOISÉS

Cuando el pueblo de Israel salió de la tierra de Egipto, y se conformó como nación, Dios dio a Israel una ley que debía regir toda su vida. En esta ponencia examinaremos los textos que tratan con el tema de la homosexualidad.


  1. LEVÍTICO 18:22


En Lev 18, Dios le habla a Moisés (v.1) acerca de los actos sexuales que Él no aprueba. Antes de entrar en los detalles, Dios establece dos puntos importantes que deben tomarse en cuenta en el análisis de este capítulo:


  1. Dios afirma que Él es el Dios de Israel: “Yo soy Jehová vuestro Dios” (v.2). Dios fue el que los sacó de Egipto, y los tomó para ser Su pueblo. Los hijos de Israel habían aceptado someterse a Su voluntad. Por lo tanto, debían prestar atención a lo que Él iba a decirles ahora acerca de la práctica de la sexualidad.




  1. Israel no vivía en un ‘vacío’ social; estaba rodeado de naciones que tenían sus propias costumbres sexuales. Al salvar a Israel de Egipto, y al darles (en el futuro) la Tierra Prometida, Dios exige a Su pueblo no copiar o dejarse influenciar por las prácticas sexuales de las naciones vecinas.


No haréis como hacen en la tierra de Egipto, en la cual morasteis; ni haréis como hacen en la tierra de Canaán, a la cual yo os conduzco, ni andaréis en sus estatutos” (v.3).
El pueblo de Dios debía regirse por los mandamientos divinos (Lev 18:4-5), no por lo que era popular o aceptado por otros.

Para que no quede duda al respecto, Dios detalló las clases de relaciones sexuales que Él no permitía:


  • Relaciones sexuales con parientes cercanos (v.6-17).

  • Relaciones sexuales con una mujer y su hermana (v.18).

  • Relaciones sexuales con una mujer durante su tiempo de menstruación (v.19).

  • Relaciones sexuales con una mujer casada (v.20).

  • Relaciones sexuales con animales (v.23).


Entre esas prohibiciones está la siguiente:
No te echarás con varón como con mujer; es abominación” (v.22).

Antes de analizar esta prohibición, notemos cómo Dios califica las diferentes relaciones sexuales ilícitas.
Tener relaciones sexuales con un pariente cercano constituía un pecado – una infracción de la ley.
Cometer adulterio implicaba una contaminación (“contaminándote con ella”, v.20).
Tener relaciones con animales, Dios lo calificó de “perversión” (v.23).
Y tener relaciones homosexuales, era una “abominación” (v.22).

Concentrémonos ahora en Lev 18:22 – la ley que trata de relaciones homosexuales.



  1. ¿A qué pecado se refiere?


El verbo en hebreo es ‘shakab’, que significa ‘acostarse’. El verbo se usa unas 194 veces en el Antiguo Testamento. Por lo general, tiene el sentido de ‘acostarse para dormir o descansar’ (por ejemplo, en Gén 19:4; 28:11; etc.); pero a veces, se usa para relaciones sexuales (por ejemplo, en Gén 19:32-35; 26:10, “dormido”; etc.). Es en ese sentido que se usa en Lev 18:22.
Lo que Dios está prohibiendo en este verso es que un varón tenga relaciones sexuales con otro varón (se supone que lo mismo sería cierto de una mujer teniendo relaciones sexuales con otra mujer). Al añadir las palabras, “como con mujer”, Dios está aludiendo a las relaciones genitales.



  1. ¿Cómo considera Dios ese pecado?


Dios es bastante claro; califica a la relación homosexual como una “abominación”. La palabra en hebreo es bastante fuerte; significa ‘algo abominable’, ‘moralmente repugnante’. Se usa para diferentes prácticas o pecados (ver Gén 43:32; 46:34; Éx 8:26; Deut 7:25).
La pregunta sería, ¿para quién o quiénes sería repugnante las relaciones homosexuales? Obviamente no para las personas que la practican; se supone que para ellos (o la mayoría de ellos), las relaciones homosexuales eran aceptables. Dado a que es Dios quien está hablando aquí (ver Lev 18:1), se supone que dichas relaciones eran (y siguen siendo) repugnantes para Él.
Según Gén 43:32, los egipcios sentían que era ‘repugnante’ (“abominación”) comer con los judíos (“hebreos”). En parte, lo era porque los judíos eran pastores, y a los egipcios no les gustaban los pastores. Su misma presencia era ‘repugnante’ (“abominción”, Gén 46:34).
Dios es santo; Dios es el Creador – hasta de la sexualidad. Cuando el Dios santo ve a personas practicando relaciones homosexuales, el Creador siente repugnancia. Relaciones homosexuales no encajan con el propósito de Dios al crear la sexualidad.
El comentarista Derek Tidball (director del Seminario de Londres, ‘London School of Theology’) dice, “El significado verdadero de este versículo es que los actos homosexuales se consideran totalmente inaceptables en el pueblo de Dios”1.

  1. ¿Hay otra interpretación?


¿Qué dicen las personas que aceptan las relaciones homosexuales? ¿Cómo interpretan ellos este verso? Veamos algunas estrategias interpretativas que se usan para negar que este verso prohíba tener relaciones homosexuales.



  1. No estamos bajo la ley’


Esta actitud da a entender que las leyes judías fueron para otra época, y que ya no tienen nada que ver con nosotros. ‘El cristiano no está bajo la ley de Moisés’, dicen ellos; ‘así que Lev 18:22 carece de significado para un cristiano’.
Aparte del mal uso de Rom 6:14 (“no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia”), debemos reconocer que hay varias partes de Lev 18 que claramente siguen vigentes todavía – las leyes de no casarse con un pariente cercano, la de no sacrificar los hijos a los dioses, la de no cometer adulterio, y la de no tener relaciones sexuales con animales. Si todas esas leyes aún tienen vigencia, ¿por qué negar la vigencia de la ley prohibiendo las relaciones homosexuales? Parece un poco arbitrario.



  1. Esta ley es parte de la ley ceremonial’


Hay ciertos detalles que llevan a algunos a decir que Lev 18 trata con leyes que afectan la ‘pureza’ ceremonial de los judíos. Por ejemplo, en el v.19, la prohibición de tener relaciones sexuales con una mujer durante su menstruación, tiene que ver con “su impureza menstrual (v.19b). De igual modo, la ley que prohíbe relaciones adúlteras concluye con las palabras, “contaminándote con ella” (v.20b).
A la luz de estos detalles, algunos afirman que lo que Dios está prohibiendo en Lev 18 son acciones que contaminaban ceremonialmente (no moralmente) a los judíos. Dado a que las leyes ceremoniales de los judíos ya no tienen vigencia para el creyente, el v.22 no es relevante para la ética sexual en la actualidad. Así argumentan algunos que defienden la práctica de la homosexualidad.
Debemos reconocer que muchas de las leyes de Levítico tienen que ver con cómo mantenerse puro ceremonialmente (‘puro’, en el contexto de la ley del Antiguo Testamento). Sin embargo, sería un error decir que todo el capítulo 18 de Levítico tiene que ver con ese tema. Una comparación con Lev 15 muestra la gran diferencia. En Lev 15, el tema es la impureza ceremonial; por eso la palabra que aparece constantemente es “inmundo” (ver Lev 15:2, 3, 4, etc.). ¡Está en casi todos los versos de Lev 15! Sin embargo, en Lev 18 casi no aparece esa palabra; sólo está (en hebreo) en el v.24 y 25, e incluye una referencia a la manera en que los cananeos contaminaron la tierra antes que llegara Israel – que sería una contaminación moral, no ceremonial.
Por consiguiente es mejor interpretar Lev 18 a la luz de la ley moral, y no de la ley ceremonial. Por lo tanto, concluimos que el capítulo 18 sigue siendo vigente para el creyente, como base para su comportamiento sexual. La única excepción sería el v.19.


  1. Esta ley tiene que ver con prácticas sexuales relacionadas con la idolatría’


Algunos han notado que la ley que prohíbe relaciones homosexuales viene entre la condenación del sacrificio humano a los dioses paganos (v.21), y la ley que prohíbe tener relaciones sexuales con los animales (v.23). Entendiendo que la relación sexual con los animales muchas veces estaba relacionada con los ritos paganos, algunos han concluido que lo que Dios está condenando en el v.22, no son las relaciones homosexuales, en sí, sino la prostitución homosexual vinculada con el culto a los dioses paganos.
Ahora bien, no hay duda alguna que los egipcios practicaban la homosexualidad dentro de sus ritos idolátricos. Los habitantes de Judá fueron culpables de lo mismo, en algunos momentos de su historia (ver 1 Rey 14:23-24; 2 Rey 23:6-7). Sin embargo, si quitamos el elemento de la idolatría, ¿quedarían las relaciones homosexuales como algo legítimo?
Para ayudarnos a contestar esa pregunta, apliquemos el mismo principio a la ley anterior, en el v.21. Si separamos el ofrecimiento del hijo a un dios pagano, de la idolatría, ¿estaría bien quemarlo? ¡Por supuesto que no! O tomemos la relación que muchas veces se da entre la idolatría y el ocultismo. ¿Estaría bien practicar el ocultismo, con tal que no lo hagamos en el contexto de la idolatría? Por supuesto que no. ¡Ambas cosas son malas! Tanto el ocultismo, como la idolatría; tanto el quemar a los hijos, como la idolatría. Entonces, ¿cómo se pretende permitir relaciones homosexuales, con tal que no lo hagamos dentro del contexto de un culto pagano? No se trata de que una cosa está bien (el homosexualismo) y el otro no (la idolatría). Las dos cosas están mal, y son ‘abominables’ ante los ojos de Dios. El uno (el culto a los dioses paganos) es un mal uso de la adoración; el otro (las relaciones homosexuales) es un mal uso de la sexualidad.
El error de los que argumentan en esta manera para defender la práctica del homosexualismo hoy, es que asumen o suponen lo que quieren comprobar – que las relaciones homosexuales son legítimas. Sin son legítimas, entonces obviamente lo que Dios está prohibiendo en Lev 18:22, no es tanto el homosexualismo en sí, sino la práctica del homosexualismo dentro de un culto idolátrico. Pero eso es dar una lectura forzada del texto. En primer lugar, porque no hay una referencia explícita a la prostitución homosexual en el v.22; tampoco hay una referencia explícita al uso del homosexualismo dentro del culto pagano. ¡Todo es suposición!

Comentando sobre estos intentos de interpretar Lev 18:22 en tal manera que permita las relaciones homosexuales, Tidball dice:
“…todas estas interpretaciones recientes parecen ser argucias y van en contra del significado obvio de estos textos. Si el propósito de las normas de Levítico [18] es reafirmar la vida familiar y crear un ambiente estable en el que pueden nacer y crecer los niños, esto lleva a la conclusión de que la homosexualidad, junto con las otras prácticas que se condenan en este capítulo, no tienen lugar en el pueblo de Dios, porque impediría llegar a ese objetivo. El hecho de que la práctica homosexual tenía lugar en los cultos de los egipcios y los cananitas es una razón adicional, pero no la única, para que los israelitas se abstengan de esa actividad. Es verdad que el hecho de que debieran evitar la homosexualidad era en parte porque tenían el llamado a ser diferentes; pero la razón principal de la abstención era porque el Señor es su Dios, y Él ha dado a conocer Su deseo (y diseño) de que las necesidades sexuales se deben satisfacer dentro de los límites del matrimonio, en una relación heterosexual”2.



  1. LEVÍTICO 20:13


Este verso obviamente complementa la ley expresada en Lev 18:22. Indica la manera en que Israel debía castigar a las personas culpables de actos homosexuales. Dios ordenó lo siguiente:
Si alguno se ayuntare con varón como con mujer, abominación hicieron; ambos han de ser muertos; sobre ellos será su sangre”.
Notemos dos detalles de este verso:


  • Aunque la Reina Valera traduce, “se ayuntare con”, el verbo en hebreo (‘shakab’) es el mismo que se usa en Lev 18:22.




  • La palabra traducida, “abominación”, también es la misma.


Estos dos detalles indican que Dios aquí está hablando del mismo pecado que condenó en Lev 18:22. La única diferencia es que se añade el castigo que dicho pecado merece: “ambos han de ser muertos”. ¿Por qué? Porque como Dios dice, “su sangre será sobre ellos”. ¿Qué significa eso? Simplemente que las personas que cometen, voluntariamente, estos actos, traen el juicio de Dios sobre sus propias cabezas.

¿Por qué fue Dios tan severo en castigar este, y otros pecados detallados en Lev 20? La respuesta está en el v.7, “Santificaos, pues, y sed santos, porque Yo Jehová soy vuestro Dios”. Dios quería un pueblo que fuera limpio. Un pueblo que fuera diferente a las demás naciones paganas, que no conocían a Dios, y que no tenían Su revelación.

En los v.4-5, Dios indica qué pasaría si la nación de Israel decidiera no castigar los pecados denunciados en este capítulo:
Si el pueblo de la tierra cerrare sus ojos respecto de aquel varón…entonces Yo pondré Mi rostro contra aquel varón y contra su familia, y le cortaré de entre su pueblo, con todos los que fornicaron en pos de él…
Aunque estas palabras se refieren al pecado específico de ofrecer un hijo a un ídolo (v.2-3), en realidad son aplicables a todos los actos que Dios condena en este capítulo. Si la sociedad no castiga estos pecados, Dios se encargará de hacerlo.
También debemos notar lo que Dios dice en los v.22-23:
Guardad, pues, todos Mis estatutos y todas Mis ordenanzas, y ponedlos por obra, no sea que os vomite la tierra en la cual Yo os introduzco para que habitéis en ella. Y no andéis en las prácticas de las naciones que Yo echaré de delante de vosotros; porque ellos hicieron todas estas cosas, y los tuve en abominación”.
Aquí tenemos una tremenda advertencia para cualquier nación que decide hacer caso omiso a la revelación divina acerca de la sexualidad humana, y pasar leyes que aprueban y fomentan las relaciones homosexuales. Cuán importante es que la Iglesia, el pueblo de Dios, deje escuchar su voz, hablando para el bien de la nación, siendo la ‘sal’ y la ‘luz’ de este mundo que anda en tinieblas espirituales.



  1. DEUTERONOMIO 23:17-18


La diferencia entre estos dos versos, y los textos que hemos notado en Levítico, es que en este caso, la ley que trata de relaciones homosexuales viene en el contexto de una variedad de leyes, casi misceláneas. ¡Dios se muestra interesado en todas las áreas de nuestras vidas – incluyendo la sexualidad!
Lo primero que notamos, al estudiar estos dos versos, es que en ninguno de ellos hay una descripción explícita de las relaciones homosexuales. La palabra que la Reina Valera usa aquí es “sodomita” (v.17). Esta palabra no representa una traducción del texto hebreo, sino una interpretación. La palabra en hebreo es interesante – es la palabra, ‘qadesh’. Es la forma masculina de la palabra que se traduce, “ramera”, en el mismo verso. Por lo tanto, se podría traducir el v.17 en la siguiente manera, “No haya prostituta de entre las hijas de Israel, ni haya prostitutos de entre los hijos de Israel”.
El detalle es que estas palabras no son los términos normales en hebreo para la prostitución. El término en hebreo que se usa para una mujer (o un hombre) que vende su cuerpo para el placer sexual de otro, es ‘zana’ (ver Gén 38:15, 21-22). Entonces, ¿qué significa la palabra ‘qadesh’? La respuesta es sorprendente – significa ‘santo’; es decir, ‘una persona sagrada’.
La palabra tiene el sentido de ‘prostituto religioso’. Describe a una persona que está al servicio de algún dios o diosa, y que vende su cuerpo para el placer sexual de otro, en el contexto de un culto pagano. Por eso, esta palabra casi siempre se usa en el contexto de la idolatría (ver 1 Rey 14:24; 15:12; etc.). Es por eso que la palabra, “sodomita”, no es la mejor traducción. La NVI habla de un hombre que se dedica “a la prostitución ritual”.
James Young ofrece varios ejemplos de esta práctica, incluyendo los siguientes3:


  • El culto a un Venus con barba, que era considerado bisexual.

  • Eunucos relacionados con el culto a Cibele, vestidos de mujeres.

  • Sacerdotes de Afrodita, que actuaban (sexualmente) como mujeres.


La conclusión a la cual llegamos es que en Deut 23:17, Dios no está hablando de varones que practican relaciones homosexuales simplemente por el placer sexual, sino de hombres que se prostituyen homosexualmente; y en particular, que se prostituyen como parte de un culto o rito pagano. Israel vivía en un contexto en el cual las religiones de las naciones colindantes practicaban toda clase de aberración sexual, en relación con el culto a sus dioses. El Señor no quería que Su pueblo se contaminara con estas prácticas.
Dios no quería que existan tales personas entre Su pueblo; tampoco estaba dispuesto a aceptar sus ofrendas: “No traerá la paga de una ramera ni el precio de un perro a la casa de Jehová tu Dios por ningún voto” (v.18a).
Hay dos cambios de vocabulario que debemos notar aquí, porque son importantes:


  1. La palabra “ramera”, en este verso, no es la misma que se usó en el verso anterior. En este verso, la palabra en hebreo es ‘zana’. Eso nos enseña algo importante. Aunque el pecado que Dios condena en el v.17 es “la prostitución ritual”, para Dios el problema no es simplemente el uso de la prostitución ligada a la idolatría. La prostitución en sí es un pecado ante los ojos de Dios. Este hecho tiene gran importancia para el asunto de las relaciones homosexuales, como veremos en un momento.




  1. En lugar de la palabra, “sodomita”, tenemos “perro”, como la palabra que describe al varón que se prostituía, como parte de un ritual pagano. El término en hebreo es ‘keleb’, que significa ‘can’ o ‘perro’ (ver Éx 11:7; 22:31; etc.). Sin embargo, el contexto aquí indica que la palabra se está usando en forma figurada, como un apodo peyorativo de un varón que se prostituía homosexualmente.



Dado a que el pecado que Dios denuncia en el v.17 es el de ‘prostitución sagrada’, algunos alegan que este verso no tiene nada que decir acerca de las relaciones homosexuales hoy en día. Dan a entender que con tal que no se usen las relaciones homosexuales dentro de un rito idolátrico, no es un pecado. Pero, ¿es justificable dicha afirmación? Creo que no.
Como ya hemos visto, el cambio de ‘prostituta sagrada’ (‘quedesh’, v.17) a “ramera” (‘zana’, v.18), indica que Dios no estaba sólo en contra del mal uso de la sexualidad dentro de un culto idolátrico, sino que estaba en contra de la prostitución en sí. De igual modo, el cambio de “sodomita” (‘qedesh’, v.17) a “perro” (v.18), indica que Dios está en contra de toda relación homosexual – dentro o fuera de los cultos idolátricos.

Volviendo al tema del v.18, concluimos que Dios no quería esta clase de dinero en Su santuario – dinero ganado por la prostitución, sea femenina o masculina, heterosexual u homosexual, ligada a la idolatría o no ligada a ella. No lo quería, por la sencilla razón que dicha actividad sexual es “abominación…a Jehová tu Dios” (v.18b) – la misma palabra que tenemos en Lev 18:22 y 20:13.


  1. EL CASTIGO POR ESTOS PECADOS


La ley de Moisés estipuló el castigo que estos actos pecaminosos merecían – la pena de muerte (Lev 20). Pero, ¿se debe aplicar eso hoy en día? No; por dos razones:


  1. La ley de Moisés cumplió la función de ‘constitución’ para la nación de Israel. Nosotros vivimos bajo otra constitución. Cuando un ciudadano sufre un robo, no procura aplicar la pena establecida por la ley de Moisés; eso sería ridículo. Lo que aplica es la pena establecida por la constitución del país donde reside.




  1. Cristo ilustró ese principio cuando le trajeron la mujer encontrada en el acto de adulterio. El Señor no aplicó la pena de muerte, porque los judíos en ese tiempo estaban bajo la ley romana, y los romanos no permitían matar a una persona por adulterio.


Para nosotros, la ley de Moisés no rige como constitución; pero sí nos ayuda a entender los principios de la ética cristiana. La muerte de Cristo abolió la ley ceremonial, pero no la ley moral. Por consiguiente, los actos sexuales prohibidos en la ley siguen siendo prohibidos hoy.


1 D. Tidball, “Levítico”, Andamio (2009), p. 293.

2 D. Tidball, p. 296.

3 James de Young, ‘The Contributions of the Septuagint to Biblical Sanctions Against Homosexuality’ (“La Contribución de la Septuaginta a las Sanciones Bíblicas en Contra de la Homosexualidad”), en JETS, 1991.

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