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Registro de Sentencia . . . . . . . . . . . . .

Folio . . . . . . . . . . . . . . . . . . Año 2014





PROVINCIA DE BUENOS AIRES



PODER JUDICIAL

USO OFICIAL – JURISDICCIÓN ADMINISTRACIÓN DE JUSTICIA


ACUERDO
En la ciudad de Morón, a los veintiocho días del mes de agosto de dos mil catorce, se reúnen en acuerdo los señores Jueces integrantes del Tribunal en lo Criminal 4 del Departamento Judicial Morón, doctores Rodolfo Castañares, Pedro Rodríguez y Cr Roberto Torti, con la presidencia del nombrado en primer término, a fin de dictar el veredicto que prescribe el art. 371 del Código Procesal Penal, en la causa 7777 de los Registros de este Tribunal (IPP 10-00-44/11), seguida a M M RZ, de nacionalidad argentina, …. con documento nacional de ……M g, todo ello en los términos de los arts. 54, 119 párrafos 1° y 3° apartados a), b) y f) y 125 párrafos 2° y 3° del Código Penal. Seguidamente y practicado el sorteo de Ley, resultó que debía observarse el siguiente orden de estudio: CASTAÑARES – TORTI – RODRIGUEZ.

El Tribunal resuelve plantear y votar las siguientes
C U E S T I O N E S
1. Se encuentra acreditada la existencia de los hechos en su exteriorización material?, y en caso afirmativo, ¿se halla justificada la intervención de la imputada en los mismos?

2. ¿Median eximentes?, ¿Se verifican atenuantes?, ¿Concurren agravantes?

3. ¿Cuál es el veredicto a dictar?
V O T A C I O N
A LA PRIMERA CUESTION, el señor Juez doctor Castañares, expresó:

De como se presenta la prueba

Hay en la fundacional denuncia formulada por Jn Cr Gl (fs. 1/vta.) -ahora documental del juicio conforme fuera ingresada por su lectura- y su testimonio corroborante brindado ante nosotros, las notas del incesto. La crónica refleja una historia de abusos cuya trama ventila la práctica de relaciones sexuales entre madre e hijo que transcurre a lo largo del tiempo y que van desde la frecuente exposición desnuda frente al menor, pasando por los manoseos genitales hasta la relación coital. Las señales que delatan este abuso sexual se presentaron primero en forma de síntomas y luego directas ni bien el menor encontró un interlocutor para poner en palabras aquello vivido y que desconocía su significancia.

La utilización de la víctima mediante estrategias disfrazadas de cariño promiscuo “me enteré que unas veces se paseaba desnuda por la casa delante de él cuando yo no estaba y otras se depilaba delante de su vista las partes íntimas” y la invasión corporal, son el núcleo del relato “Ml me contó tres casos: el primero en mi casa, en la ducha, cuando yo me había ido a trabajar lo invitó a ducharse con ella, le manoseo los genitales y así tuvieron relación sexual; la segunda vez que ocurrió fue en la casa de la calle Patagones y la tercera en la peluquería, una vez que se quedaron a pasar la noche allí, donde vieron películas pornográficas y lo masturbó”.

La narración también contiene las notas de la incredulidad inicial “Me costó que me caigan las fichas, no podía entrar en mi cabeza que sucediera esto”, pero en la descripción que exhuma el lado oscuro de lo acontecido no hay evidencia de odio, propósito deliberado o influencia de intereses negativos, solo se ve la afectación por los hechos y la huella del camino recorrido a través de las instituciones oficiales a dónde acudió en búsqueda de ayuda, tal el Centro de Salud MMP” de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el Tribunal del fuero de familia 3 departamental (Expte. 5) “hasta el día de hoy todo el grupo familiar hacemos terapia”, todo lo que sirve para visualizar el contraste de actitud con la imputada, que largos ocho meses demoró en presentarse en el expediente de trámite en el fuero de familia y que también es prueba en este juicio (así fs. 84/85 del mismo), a pesar del conocimiento previo de su existencia conforme juró Lucrecia Cl en la audiencia como abogada “cuando vi la causa le dije a una abogada amiga, pero por razones que tienen que ver con ella (por la imputada) no intervino”.

En suma, sostuvo Gl que el hijo que tienen en común con la imputada fue sometido a una exposición deliberada de actividad sexual por su propia madre sin que él pudiera advertirlo.

Precisamente el contorno más dramático de ese abuso recién pudo advertirse con el tiempo. Trascendieron del menor una ansiedad severa, nerviosismo, rendimiento escolar deficiente y conductas perturbadoras tanto en la interactuación en el núcleo parental y relacional primario, como comportamientos sexuales de alto riesgo “con el tiempo entendimos que vivía exaltado, excitado sexualmente, era lo mismo la abuela, la madre, cualquier cosa. Me enteré que tuvo relaciones sexuales con quien por ese entonces era mi pareja, Cna, y que quiso tener sexo con la hija de ella de cinco años de edad. Tampoco sabía si tener relaciones con hombres o mujeres, no tenía control, al hermano menor en una ocasión llegó a succionarle el pene”.

La intervención de SL, actual pareja conviviente del denunciante, resultó determinante para desentrañar la trama oculta de la tragedia. Fue ella quien escuchó de boca del propio Ml una sorprendente propuesta de evidente contenido sexual que permitió tirar el hilo de aquella madeja “Un día, como cualquier otro me llamó por teléfono, y en el curso de la conversación me preguntó si yo algún día iba a acceder a estar con él. Lo paré en seco”. La anécdota venía a ilustrar la verdad detrás de aquella propuesta:“Al principio no supe que hacer y no le conté a Jn Cr porque no me iba a creer, pero cuando vino a casa al otro día ya era otro nene, pedía ayuda, me dijo que no daba más con su cabeza y me cuanta que tuvo relaciones sexuales con Cna. Que tenía miedo de contarlo por la reacción del padre”. Fue allí, sostuvo, que pudo comprender actitudes pasadas que había desatendido, pero que ahora tomaban el cariz erótico dado que provenían de quien no podía contener la pulsión sexual “el me abrazaba mucho y yo lo asumía como un déficit de cariño materno, me abrazaba tomándome a la altura de los senos, a mi me parecía raro pero jamás sospeché, hasta que un día estaba sentada en la computadora y me abrazó de atrás tomándome los pechos (lo escenifica tomando los senos uno con cada mano) y fue tan evidente que mi hijo, de su misma edad, que también estaba ahí se lo reprochó, le dijo que hacía, que me estaba tocando, que yo era su madre. Ahí entendí otras tantas veces que hizo lo mismo”.

El tema, lejos de esconderse o agotarse se reactivó al abrirse el telón de fondo con la contribución Cd J Pz “estaba segura que algo más estaba pasando, no conseguíamos psicóloga y con Jn Cr, entre tanto, decidimos que mi amiga Cd, que tiene excelente llegada con los chicos y adolescentes, pudiera hablar con él para ir aliviando la situación y así ayudarnos un poco, ya que a mí me había dicho que había cosas que no me podía contar”. (del testimonio de Sa Lp).

Según Pz, las revelaciones de Ml se fueron sucediendo de modo natural una tras otra, semanalmente conforme el régimen de charla que se habían preestablecido “Sa me trae a Ml para que charle conmigo, tenía trece años, porque yo tengo afinidad con los chicos. Lo veía una vez por semana. Lo primero que me cuenta es que tuvo una relación con la novia del papá. Me sorprendí porque no hablaba del papá como tal, sino como si fuera un igual. A la noche lo llamé a Jn y le conté. A la Semana siguiente, otra vez me dijo –tengo algo para hablar- y siguió –a los once me acosté con mi mamá-. Era a la vez sorprendente porque me decía que él se tenía que hacer cargo de la casa, como se habían separado era él el responsable de la casa, el hombre. Dijo que fue la madre que lo invita a tener relaciones “que se lo haga por la cola”. Se sentía relajado hablando conmigo. Me decía que a Sa no la veía como la novia del padre. Era un episodio diferente cada semana. Se sentía culpable. Hablábamos de “eso” hora y media aproximadamente. Ni bien escuché lo de la madre le dije a Jn Cr que active lo de la psicóloga, que era urgente”.

Otros datos salientes del mismo testimonio, conforme las respuestas dirigidas al interrogatorio del señor defensor, fueron las percepciones directas de esos encuentros “Era un chico que tenía mucha culpa. Veía al papá como a un amigo; se tenía que sacar de encima eso de ser el hombre de la casa”. Por caso, el propio Ml en la versión traída al juicio la ratifica “con adultos la primera vez que hablé fue con Sa, como que sentía confianza que me iba a entender lo que me estaba pasando”.

Es del rasgo de la credibilidad, en casos con las características del presente, que las víctimas de abuso intrafamiliar vayan contando sus padecimientos de a poco “después de unas cuantas entrevistas logró hablar lo de su mamá, es decir cuando armó un lazo transferencial” (de la explicación de Tai).

En las fundamentales expresiones de la víctima que refleja la diligencia de la cámara de Gesell, incorporada al juicio y reeditada en la audiencia del debate, se hace evidente esa trama perversa de la imputada, en cuanto se revela en primera persona la experiencia angustiante y traumática de lo vivido y padecido. Se advierten, en principio, las secuelas en el aprendizaje durante el tránsito del abuso, ya que previamente no se habían verificado problemas en el desenvolvimiento intelectual “este año me fue muy bien, hace dos años atrás en el colegio me iba demasiado mal” aclarando enseguida, con palabras sencillas que era “por todo lo que pasó con mi mamá . . . me costaba estudiar” y que “tenía problemas para captar las cosas” todo lo que muestra el cambio en el rendimiento escolar.

Del mismo modo, puso en palabras el devenir de las cosas “Lo que pasó fue cuando yo tenía once años, estamos hablando hace tres años. Bueno yo un día estaba en mi casa, mi papá se estaba por ir a trabajar y mi mamá se estaba por ir a bañar, lo que pasó fue que mi viejo se iba, mi vieja me dijo si me quería bañar con ella y yo le dije que si. Bueno, se fue mi papá, lo saludé todo lo demás, me bañé con mi mamá y bueno, mientras estábamos en la ducha, digamos los dos juntos . . . ella empezó a manosearme y yo me excité en el momento ese . . . y en un momento mi mamá se da vuelta y se agacha y yo estaba, como lo puedo explicar, no me gusta hablar mucho de eso, pero lo tengo que hablar ahora, hice algo que no tenía que hacer entendés, . . . me arrepiento de haber hecho eso porque me llevó [a ser] a hacer un montón de cosas, muchas cosas me hizo llegar a hacer y que no tenían que haber pasado” (de la transcripción de la cámara de Gesell).

El desenlace coital madre-hijo queda en evidencia si se analiza esta declaración en forma integral y no fragmentariamente. Ante una pregunta concreta, el menor precisó “tuve relación con ella en ese momento”, para culminar instantes después “tuve relación con la parte de atrás de ella. ¿Cómo se llama la parte de atrás de ella? –inquirió el entrevistador-: la cola de ella”, lo que exime de cualquier interpretación si se advierte el contexto y que esto sobreviene al detalle del preámbulo sexual en el mismo cuarto de baño.

Hay en el conjunto de lo dicho, más referencias (entre otras) sobre mecánicas de abuso sexual por parte de la imputada que hacen a la exacerbación de la sensualidad y erotismo del chico en beneficio propio. Entre ellas se destacan hechos del exhibicionismo y la masturbación “lo que ella hacía era depilarse las partes íntimas en mi casa, a vista de todos”, lo que elaborado y comprendido en retrospectiva ahora le permite poner en palabras: “me excitaba con ella”.

Dichos aspectos permiten responder a la queja de la defensa acerca del modo de acontecer de las cosas, y que no fue un hecho aislado lo del baño como sostuvo en su alegato, sino que forma parte de una larga cadena de sucesos que se concatenan unos a otros. Y si de antecedentes se trata, el informe elaborado por el Servicio Local de Protección y Promoción de derechos de Niños, Niñas y Adolescentes de la Dirección de Políticas de Niñez y Juventud del Municipio de Morón, surge que Ml “habría sido víctima de abuso sexual por parte de su madre. Relata diferentes escenas en las que habría sido violentado desde sus 5 años de edad” (cfr. fs. 12/13 Expte. Trib. Flia. 3 dptal.). No es casual, en el contexto, la promiscuidad del cuarto de baño “abierto, sin puerta, que se podía ver para adentro mientras se bañaba”. La misma prueba testimonial recogida demuestra que no pasó desapercibido para el menor ver a su madre desnuda en distintas ocasiones. Estuvo presente en sus manifestaciones a la actual pareja de su padre, Sa Lp, como en las confidencias a Cd Pz cada vez que pudo contar su problemática, todo lo que en resumidas cuentas contribuyó a fomentar su altísima erotización que comprobaron estas dos mujeres, aunque recién pudieron resignificarlo con el devenir de los acontecimientos “una vez que vino la madre a casa y estaba charlando afuera con Jn Cr, él miraba por la ventana y después confesó que mirar a la mamá lo excitaba” (del testimonio de Lp).

Los entretelones de lo ocurrido en una peluquería también conducen a demostrar la perversión a la que e encontraba sometido este menor y es en esos términos que corresponde me refiera a ellos. Pudo reconstruirse que en dicha ocasión junto a su madre miraron películas pornográficas que se complementaron con escarceos sexuales para su madre terminar por masturbarlo. Los detalles de aquél fragmento aparecen ante nosotros con más detalles desde la la psicoterapeuta Marcela Tai con lo que Ml pudo ir reconstruyendo.

Según esta terapeuta, un tratamiento que sobrepasa los tres años de duración -entre los demás de tres o cuatro meses promedio- le permitió acercarse a develar la “distorsión del vínculo madre-hijo que primaba en el menor, primer vínculo para el desarrollo ulterior de un individuo. Los tratamientos en el Centro por los general nos toman entre tres o cuatro meses, pero en este especial caso es muy importante la continuidad que venimos trayendo”. Ese tiempo, explicó, es el que le permitió ir elaborando lo sucedido “se fue subjetivando y aparecieron emociones que antes no aparecían”, y; fundamentalmente sobre la consistencia y credibilidad sostuvo que “creo en el relato, me parece que es verídico, cuenta detalles, distintas situaciones, no hay inconsistencias, lo sostuvo a lo largo de tres años; en fin, no tengo por que desconfiar”.

Las notas salientes de ese testimonio permiten conocer que Ml llegó al Centro de Salud Mental presentando dificultades para contactarse con las emociones, elaborar pensamientos ordenados y desarrollar actividades esenciales de aprendizaje, concentración “llega con invasión de pensamientos eróticos, loco”, además de no poder mantener una relación con pares y, esencialmente, con el efectivo rol de sus progenitores “había en él una gran confusión”.

Cuando se procede al análisis de lo expuesto por quienes tuvieron contacto directo con Ml por aquella época, en cuanto a las conductas agresivas desde lo relacional “me hacía la vida imposible” como resumió Lp, y las masturbatorias recurrentes “la veía desnuda a ella (la mamá) y yo me excitaba, no sabía que hacer, o mejor dicho no sabía lo que hacía” puede comprenderse el nivel de alteración: “Los pensamientos que lo trastornaban eran claramente prohibidos para él, porque no existía legalidad, en su organización de personalidad nadie le había puesto los límites, que fueron, luego de un arduo trabajo, establecidos por él mismo” explicó la licenciada Tai, para de seguido agregar “Masturbarse cuando veía a su mamá por la ventana es el deseo inconsciente de volver a ser tocado por ella, de excitarse al verla, de revivir lo prohibido que a la vez lo perturba y le genera culpa y no sabe resolver, habiéndole causado daño”. Una frase resulta por demás descriptiva de aquél estado de exacerbación sexual “me decía que no podía parar”.

Para la perito oficial, licenciada en psicología Gabriela Do CRRL, del Cuerpo Técnico Auxiliar del fuero penal juvenil, tampoco hubo dudas acerca de la veracidad del relato del menor y la consistencia del mismo fue, para ella también, su característica principal; ahondó, además, en que podía diferenciar la fantasía de la realidad, no tenía defensas psíquicas o inconscientes, sentimiento de vulnerabilidad y “lo que apareció en el relato es que Ml fue puesto en un lugar de un adulto donde hubo acercamiento sexual”. En lo tocante a sus entrevistas esencialmente recordó síntomas de angustia que tenían que ver con acercamientos corporales con su mamá, primero visuales y luego más intensos. Se sentía con ganas de tener sexo todo el día “mucha erotización que no lo dejaba ni dormir” y era evidente la sensación de angustia “se sentía mal, culpable”. En las transferencias de los recuerdos aparecieron los contactos sexuales con la madre, que la veía desnuda, que lo llamó para bañarse juntos y, aunque después le costó mucho habló del intercambio sexual intenso con la mamá “decía algún detalle y yo lo escuchaba, no es que le interrogaba, no era algo agradable para él, le producía mucha angustia”.

Un detalle que trasciende es que nadie que pasó por la audiencia pudo decir, siquiera, que Ml fuera mentiroso ni fabulador, respuesta que nuevamente dirijo al señor defensor. Hasta aparece pacíficamente aceptado por todos que “Ml tiene signos de abuso por una figura materna” como reconoció también en la propia audiencia la imputada, y si además las licenciadas que los entrevistaron explicaron que su relato tiene todas las características de verosimilitud, entonces, así plantada la crónica de los escabrosos pormenores refleja una larga y compleja historia de situaciones de abuso vividas cuando transitaba el traspaso niñez-adolescencia, a partir de la actividad de la imputada que lo abordaba a través de conductas consistentes en ultrajar su reserva sexual con actos de indiscutible trascendencia sexual, invitándolo a bañarse juntos, pidiéndole que le alcance la toalla al baño, depilándose desnuda frente a él o tan solo paseándose por delante sin ropas, exhibiendo películas pornográficas, permitiéndole el avance sobre su cuerpo y participando de la masturbación, hasta el límite de la relación coital.

Ese relato que Ml hizo de las conductas sexuales con su madre frente a la cámara de Gesell, denotó nerviosismo que se corrobora con toda su motricidad, es decir continuo movimiento de sus pies, pedidos de vasos de agua, quiebres que interrumpían su narración, señales inaudibles pero que dan cuenta a las claras las graves consecuencias que repercutieron en su psiquismo para pensar, y por ende para organizar su vida de relación.

Entonces, ninguna contaminación se advierte en ese relato como propone la defensa, y; el hecho de haberlo contado en varias ocasiones antes de la cámara de Gesell, lejos de invalidarlo como es de su propuesta, trasunta veracidad: fue siempre el mismo en lo central y neurálgico, “los hechos son los mismos y bajo las mismas circunstancias” como bien apuntó la representante del particular damnificado en su examen final de la prueba del juicio.

Por mi parte agrego, otra vez en respuesta al infatigable defensor, que esa misma fiabilidad que critica de la perito Do CRRL y terapeuta Tai, fue la que le asignaron los múltiples profesionales que lo entrevistaron en ocasión del referido expediente del fuero de familia “Al examen el niño se encuentra tranquilo con actitud activa de confianza, colaborativo, orientado globalmente, sin alteraciones manifiestas en su atención, sensopercepción y memoria. Juicio conservado. Se evidencia un lenguaje preciso, acotado por su pudor, acorde a su edad madurativa, lo que se presume veraz. Se advierte sintomatología asociada a situaciones reiteradas a abuso sexual infantil por parte de su progenitora, habiendo naturalizado a este hecho a través de la palabra habilitadora de la madre. Actualmente, la posibilidad de poner en palabras lo padecido y la mirada reguladora de la actual parejade padre posibilitan la instauracón de la ley psíquica. Es así que el niño evidencia un gran foco de angustia reactiva a la situación traumática vivida” (del dictámen producido por el médico psiquiatra Ricardo Cena y Lic. En psicología …, fs. 33/vta.), que por cierto complementa lo sostenido previamente por los licenciados S, Gi y A “Es importante resaltar que el discurso del niño se encuentra desafectivizado , ni ha mostrado índices de angustia frente a lo que iba relatando” (de fs. 12/13 cit. Expte.). Entonces, el conjunto de los que les tocó escuchar advirtió desde el relato del menor la sintomatología que caracteriza el abuso sexual, y ninguna prueba seria del juicio se contrapone a todo ello.

Las descripciones de quienes transitaron con él aquellos tiempos describieron la perturbación y las fantasías con su madre, las que ahora quiere olvidar “quiero que sea la última vez, no quiero venir más, no me gusta siempre contar lo mismo” pidió, para culminar explicando que “no es que esté ocultando cosas, trato de olvidarme”, que a su vez coincide con la recomendación de las licenciadas que pasaron con el juicio en aquello de evitar revictimizarlo en un nuevo testimonio frente a nosotros en el juicio.

En suma, esas prácticas sexuales perversas de las que vengo hablando dejaron en este padeciente marcas indelebles y, los signos que delatan que ha pasado por ese calvario, es de lo que también hablaron en el juicio las expertas del Cuerpo Técnico Auxiliar de Responsabilidad Penal Juvenil, Do CRRL y del Centro de Salud mental, Tai, como sostuve antes sin contrainforme o disidencia alguna “un niño de 11, 12 ó 13 años no conciente tener relaciones con un adulto y menos si se habla de un incesto, que lo marca para toda la vida” (del testimonio de la lic. Do CRRL). Esa perturbación cargada de las fantasías íntimas con su madre “fue lo que empezó todo lo que me pasa ahora” sin lugar a dudas exacerbó su sexualidad que lo llevó con distinto éxito a abordar a las pareja de su padre, la hija de esta de cuatro años y sodomizar a su hermano menor Marcos, y estas dos últimas ni siquiera fueron puestas en duda por la defensa. Una porque la propia imputada dijo haber escuchado a su otro hijo M, y; la otra, porque la percibió directamente como confirmó en la audiencia Cna A con detalles.

Una frase resulta por demás descriptiva y resume el sentimiento del menor que con el tiempo logra comprender la actividad degradante a la que fue sometido “la culpa fue de ella porque no me paró”. Es fácil colegir frente a todo esto que el estado mental cabalgó entre una relación simbiótica con su madre, confundido entre el amor y el odio (se fue de la casa y no quería ni verla), lo erótico y lo maternal, que le generaron angustia excesiva.

Pese a todo lo que vengo de reseñar, MS Ne R al declarar ante nosotros puso su energía en buscar culpables ajenos. En tal inteligencia increíblemente pasó de largo esas graves imputaciones, las que puso en el afuera y sus destinatarios no fueron otros que el denunciante, una ex pareja de aquél, Cna V. A, tanto como la madre del primero. Así, la venganza, el despecho y la descalificación fueron el centro de sus diatribas: “me tiraron porquería encima para que no tenga trabajo y pueda pagar un buen abogado” resumió en su monólogo inicial. Es decir, más allá de referencias elípticas ni una sola concreción a negar las gravísimas imputaciones se le escucharon hasta que fue interrogada por la fiscalía. Sin embargo, aparecen en su visión de las cosas aspectos que, lejos de contradecir la prueba de cargo, le sirve de indudable apoyo. Deja aceptadas las idas y vueltas de sus domicilios, las fechas coincidentes con los sucesos en trato, reconoce que una noche se quedó a dormir en una peluquería con sus hijos y el contexto concuerda con lo contado por Ml y hasta lo padecido por su hijo menor “Marquitos nos contó que fue solo una vez y que no se repitió más” en alusión al ataque sexual que le produjera Ml en algunos de sus desbordes y que aceptó el propio Ml “me llevó a hacer algo con mi hermano que no tenía derecho”.

Tampoco el maltrato físico que dijo haber recibido por parte de su esposo pudo siquiera ser mínimamente refrendado. No solo aceptó que nunca formuló ninguna denuncia acerca de todo ello, sino que la propia testigo traída en su apoyo, L Cl, de ella se trata, afirmó que “entre ellos se llevaban bien. Nunca vi nada raro, no me pareció que fuera una familia disfuncional” luego de explicar su contacto directo con el grupo familiar, y confirmó el desfogue de Ml sobre su hermano menor, recordando sus propias palabras “Lo de Marcos me sacudió, me dijo: yo no lo quiero hacer porque a Ml no lo quiero de esa manera”.

Es cierto, que la imputada formuló una denuncia contra Cna , por el abuso sexual de ella hacia Ml, pero ese solitario arrebato tiene más que ver con en el afán de su defensa que otra cosa. Cuando supo de boca del denunciante sobre la seriedad y cariz que habían tomado los acontecimientos, no mostró ninguna reacción asociada con la inocencia. Para todo ello, Ml ya había optado por renunciar a convivir con ella y se había mudado a lo de su padre. Resulta sintomático que el menor tuviera miedo a la represalia del padre cuando se enterase de todo lo hecho porque “no quería irse con la madre ni los fines de semana” (del recuerdo de Lp), aspecto que confirma luego el testimonio de At “el miedo que él tenía era que el padre lo corriera con la madre” en alusión a mandarlo nuevamente a vivir con ella.

La propia historia clínica de la imputada y que menciona en su descargo para sostener parte de la coartada, la desmiente. Traída durante el juicio por la particular damnificada, en ella se advierte que para la época que le reprocha la fiscalía estos hechos, coincide el domicilio de residencia en la casa de Bs Pa xx que ante nosotros negó. Sobre que todo transcurrió durante aquel año 2009 no hubo discusión.

No se me escapa, como inteligentemente reprodujo el defensor, que del informe psicológico practicado a la imputada no surgen características personalitarias que permitan avizorar las conductas reprochadas, pero también es cierto que es un examen realizado en el marco de un incidente excarcelatorio donde no hay abordaje de la esfera sexual como bien apuntó la fiscalía en su discurso final (fs. 29/30, incte. Exc.). Y es cierto, como dijo el defensor, que la perito P…. allí sugiere se confeccione una pericia al denunciante, pero también lo es que la referencia fue a los efectos “de evaluar el posicionamiento de éste respecto de sus hijos”.

Ningún elemento serio permite, siquiera, presumir que aquellos actos que por su calidad pacíficamente las partes aceptan tuvieron entidad para desviar el instinto sexual normal del menor, fueran promovidos por el padre. El episodio que recreó la imputada vinculado a Gl con la observación de pornografía no tiene conexión alguna con el menor, ya que no mencionó que estuviera presente o que lo incitara a mirarlo, nunca. Sí, en cambio, supimos que el menor miraba pornografía desde una computadora a la que tenía acceso irrestringido conforme el testimonio de Cna At, y con ello el defensor muy perspicaz concluyó que, entonces, no hay certeza de cuál fue el primer acto corruptor, de lo que siguió no se puede corromper lo que ya está corrompido. Sucede que ese punto de vista se desentiende de las propias y más directas explicaciones brindadas por el menor luego de referirse al episodio del baño con su madre “Eso fue lo que empezó todo lo que pasa ahora”.

Tampoco hubo, en los dichos de Cna Vanesa At, elemento alguno que degrade siquiera en algo el cuadro probatorio que vengo de describir. La singularidad del testimonio muestra rasgos cuanto menos difíciles de desentrañar. Hay hechos, que no son parte de este juicio pero la involucran directamente. Según la prueba seria y decisiva desarrollada en al audiencia, Ml mantuvo relaciones sexuales con ella también durante ese fatídico lapso de los once años y en la casa de Bs Pa xx, mientras fue pareja de su padre. Esta es la parte dudosa de su relato, desde que negó tales hechos asegurando enterarse en el juicio “estoy impactada por lo que me acaba de decir”, le respondió al defensor luego de la referencia concreta La falta de emoción de su discurso y la trascendencia del lenguaje corporal, la contradicen. Por otra parte, de la prueba testimonial anterior conocimos que Jn Cr Gl a través de correo electrónico le había reprochado todo aquello y ahora ella lo desconoció, aunque acepta el intercambio informático. De esa encerrona no tuvo explicación su negativa.

Por caso, el resto de su testimonio encaja a la perfección con la restante prueba debatida. Aceptó que descubrió a Ml una madrugada masturbándose con su miembro viril en la cara de su hija Morena, recuerdo que memoró en detalle “Mi hija tenía cuatro años y cuatro meses. Al principio dormía con ella y después no. Me levantaba varias veces en la madrugada y una de esas me lo encuentro a Ml masturbándose encima de mi hija sentado, apuntando con el pene a la cara de mi nena. Cuando le pego el grito estaba tan concentrado que no me escuchó, después reaccionó. Lo mandé a lavarse las manos al baño. Salió aterrado, con mucho miedo, largó un llanto y me dijo –no le digas nada a mi viejo-. Mi hija estaba tapada y me juraba que no la había tocado, pero yo lo había visto tan cerca de la cara de mi nena que revisé todo, hasta la almohada por si había eyaculado”. Una vez más, prueba independiente trae el miedo de Ml a ser obligado a irse a vivir con la madre “Nunca supe por qué Ml vino de un día para otro a vivir con nosotros”.

Otro aspecto que no puedo dejar pasar, es la descripción del chico “respetuoso, me pedía permiso para las cosas, pero se ponía agresivo de la nada, pasaba de estar en la compu o la playstation a no hablar y recluirse. A veces estaba recontento y otras ni hablaba. Era como que no se concentraba en nada”.

Aparece también otro aspecto no menos importante. Describe las conductas de Ml con características de erotización. Explicó que solía presentarse en su habitación de madrugada sentándose al pié de la cama, observándola y que al despertarse sobresaltada lo volvía a su cuarto. Sintomáticamente, de esas rarezas y sobre lo ocurrido a su hija nada le transmitió a su entonces pareja. Tampoco, que la madre de Jn Cr y abuela de Ml, en una charla le confió un hecho de sorprendente trascendencia “La abuela vivía en la casa de al lado y yo solía hablar mucho con ella. Me preguntaba si Ml se hacía pis encima, y yo le contestaba que no podía ser, que era grande para eso. Y una vez me contó que una noche Ml se quedó con ella a dormir y la había empezado a abrazar y tocarle los pechos y como que quería subírsele encima”.

Es acá donde recobra trascendencia una frase del denunciante dicha en la audiencia “era lo mismo la abuela, la madre, cualquier cosa”, en apariencia inconexa entonces pero con toda la trascendencia ahora, para demostrar la cabal demostración de la deformación del sentido naturalmente sano de la sexualidad, sea por lo prematuro, sea porque había naturalizado, a raíz de lo impuesto por su propia madre, la depravación de la actividad sexual.

La conclusión

Es necesario, entonces, identificar los hechos describiendo aquellos acontecimientos que conforman el objeto del análisis jurídico en términos exclusivamente fácticos, para luego desentrañarlo en términos jurídicos.

Así, el material de cargo mencionado y analizado, con más el resto que incuestionadamente ingresa al juicio por su lectura, en especial la documental compuesta por los certificados de nacimiento de los hermanos Ml y M Gl de fs. 29 y 30, acta de desgravación de la audiencia de cámara Gesell de fs. 117/126, pericial compuesta por el informe psicológico de fs. 37/40, declaración de la imputada de fs. 178/180 y 238/239 todo de los ppales., se demuestra que durante el transcurso del año 2009 y en el interior de la casa ubicada en Bs Pa xx de Car, MS Ne R, tras inducir a su hijo biológico M g, de once años de edad, a bañarse con ella y practicarle tocamientos eróticos se hizo penetrar analmente con el pene de éste, y llevó adelante, además, en el tiempo señalado acciones autónomamente de significación intelectual de naturaleza sexual mediante la exposición de su cuerpo desnudo y actos masturbatorios con fin autosatifactorio incitándolo de este modo a una conducta sexual depravada y perversa.

ASI LO VOTO.

Arts. 210 y 371 reglas 1) y 2) del Código Procesal Penal.

A LA MISMA PRIMERA CUESTION, los señores Jueces doctores Torti y Rodríguez, por los fundamentos vertidos por el señor Juez doctor Castañares, a los que adhieren, VOTAN EN EL MISMO SENTIDO, siendo esta su sincera convicción.

A LA SEGUNDA CUESTION, el Juez doctor Castañares, manifestó:

1. No se han invocado ni surge en este juicio la existencia de eximentes.

2. El buen comportamiento previo, inferible de la condición de primaria que exhibe la enjuiciada, por cierto con sustento en los respectivos informes de fs. 196 y 197, al ser muestra de una modalidad de vida y costumbres no delictivas, es en el caso como propone la defensa, una minorante a tener en cuenta al tiempo de graduación de la pena.

3. Tampoco fueron propuestas pautas agravatorias de la punición.

ASÍ LO VOTO. Gobiernan los arts. 210, 371 reglas 3, 4 y 5, y 373 del Código Procesal Penal.

A LA MISMA SEGUNDA CUESTION, los señores Jueces doctores Torti y Rodríguez, por los fundamentos del señor Juez doctor Castañares, a los que adhieren, VOTAN EN EL MISMO SENTIDO por ser su sincera convicción.

A LA TERCERA CUESTION, el Juez doctor Castañares, señaló:

De conformidad con el resultado que arroja la votación de las cuestiones que anteceden, corresponde dictar Veredicto Condenatorio respecto de MS Ne R.., por ser autora penalmente responsable del atentado contra la integridad sexual, tal como los dejáramos verificado en la primer encuesta.

ASI LO VOTO.

A LA MISMA TERCERA CUESTION, los señores Jueces doctores Torti y Rodríguez, por las razones expuestas por el señor Juez doctor Castañares, VOTAN EN EL MISMO SENTIDO.

En consecuencia, el Tribunal por unanimidad;
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