1810-1910: Centenario de emancipación política, búsqueda de identidad nacional, progreso y estabilidad política






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La Protesta para denunciar las corruptelas del carro completo así como su enriquecimiento ilícito. Limantour solicitó la intervención presidencial para frenar esos ataques y la obtuvo cuando le presentó al general Díaz un original de La Protesta con anotaciones al calce de puño y letra del general Reyes, ante esto el procónsul del Norte fue obligado a renunciar a la Secretaría de Guerra y regresó a Nuevo León como gobernador.
El revuelo y la falta de aceptación de la candidatura presidencial de Limantour “obligó” por sexta ocasión a que el insustituible y el necesario se viera en la necesidad de sacrificarse de nueva cuenta en el ejercicio de gobierno. Si el general Díaz en 1902 sugirió la posibilidad de que Limantour fuera presidente de la república, lo hizo con la clara y firme intención de que jamás la elite política aceptaría esa candidatura porque el ministro de Hacienda resultaba ser el político más odiado del régimen porfirista por su política de carro completo; razón por lo cual aprobarían una nueva reelección en lugar de una administración acaparadora de la corrupción.
La sexta reelección tuvo dos acontecimientos importantes: el artículo 78 constitucional fue reformado de nueva cuenta. En primer lugar, el periodo presidencial se alargó de cuatro a seis años, es decir, el primer sexenio de nuestra historia política-administrativa fue de 1904 a 1910 y en segundo lugar, se creó la vicepresidencia de la república. Ésta fue posible debido a que los inversionistas europeos condicionaron un nuevo préstamo financiero al Secretario Limantour, argumentando que la única garantía que se tenía sobre esa inversión era un hombre de 74 años de edad. Con la vicepresidencia elevada a rango constitucional se garantizó el nuevo préstamo. El político designado para la vicepresidencia fue Ramón Corral (gobernador del Distrito Federal). Sin embargo, el general Díaz no permitió que el vicepresidente tomara decisiones de importancia en el gobierno de la república.
La sexta reelección garantizó por seis años más la paz orgánica que el orden y progreso requerían para el crecimiento económico. No obstante, en el año de 1906 se comenzó a criticar la política económica implementada por el régimen: las huelgas de Cananea y de Río Blanco que solicitaban de los empresarios mejores prestaciones y mejores condiciones higiénicas en las zonas de trabajo fueron fuertemente reprimidas por las fuerzas federales, dejando un número considerable de muertos y heridos. La dictadura porfirista no permitió que las huelgas ahuyentaran la inversión extranjera directa. La importancia de estas huelgas radicó en que fueron el arribo de la clase obrera a la escena política nacional.
En marzo de 1908 la revista Person’s Magazine publicó la entrevista celebrada entre el presidente Díaz y el periodista James Creelman. En ella el “héroe de la paz” declaró que en 1876 había recibido un país con una profunda crisis económica, con nulo crédito, con los caminos llenos de bandoleros, sin vías de comunicación, sin ferrocarriles y con un déficit fiscal; pero treinta años después la situación política, económica y social del país era todo lo contrario. Además, enfatizó que para lograrlo se tuvo que derramar sangre y se sacrificaron los principios democráticos. Ahora bien, consideró que en 1910 la nación estaba preparada para la democracia, que la organización de un partido opositor lo vería como un bien y no como un mal y que al terminar su periodo de gobierno se retiraría a la vida privada a pesar de lo que dijeran sus colaboradores y amigos.
Las declaraciones de la entrevista desconcertaron a la elite política porque por vez primera el general Díaz manifestaba en la prensa extranjera la posibilidad de retirarse de la vida política. Rápidamente se comenzaron a organizar partidos de oposición: el antireeleccionista con Francisco I. Madero, el partido liberal mexicano con los hermanos Flores Magón, entre otros. La organización de partidos de oposición provocó que en los estados de Yucatán, Sinaloa, Morelos y Coahuila los grupos locales se plantearan la posibilidad de acceder al poder político en sus respectivas gubernaturas, pero ante la firme participación de los ciudadanos letrados la dictadura no permitió que el control político de esas entidades federativas saliera de sus manos y reprimió dichos movimientos.
La estabilidad político-económica del país al final del periodo presidencial 1904-1910 dependía cada vez más de la vida de un hombre, es decir, para 1910 el general Díaz cumpliría 80 años y él era la única garantía del status quo. Por esta razón la elite política se preocupaba cada vez más del futuro de la nación porque por ser una dictadura no había instituciones que respaldaran la continuidad del régimen. Se objetará que líneas arriba se hizo mención de la creación de la vicepresidencia, pero el titular de esa institución (Ramón Corral) carecía de aceptación tanto en el grupo gobernante como con la ciudadanía por su identificación con Limantour y su “carro completo”.
La preocupación por el status quo no era exclusiva del grupo gobernante también lo era de las clases medias y altas que se habían beneficiado de la política económica del régimen pofirista. Éstas buscaban que el aparato político se abriera para poder participar en la toma de las decisiones políticas: su interés se centró principalmente en que la estructura económica no cambiara en lo absoluto, pero si les preocupaba que la estructura política sufriera un cambio radical. El más destacado exponente fue Francisco I. Madero.
Madero pertenecía a una de las familias más acaudaladas del estado de Coahuila y del país, su abuelo Evaristo fue aliado del presidente Juárez durante la guerra de Reforma y la intervención francesa, pero al arribar el general Díaz al poder la familia Madero fue marginada de la política local. Gracias a la política económica del régimen porfirista, la familia Madero acrecentó su poder económico convirtiéndose en grandes hacendados y ganaderos, razón por la cual les interesaba la continuidad del sistema económico de la dictadura.
Madero se interesó en la política en 1903 cuando el general Bernardo Reyes regresó como gobernador de Nuevo León, éste último organizó una manifestación para que la ciudadanía apoyara su reelección, pero al término del mitin hubo una balacera en donde perdieron la vida varios individuos. Este acto para Madero fue trascendental para que participara en política, ya que consideró que a la muerte del general Díaz el ejército tomaría el poder (por falta de instituciones) y que el general Reyes representaría una dictadura más severa que la porfirista. Ante esto, comenzó con la formación de clubes antirreeleccionistas a lo largo y ancho del país para que en las elecciones de 1910 la ciudadanía pudiese contar con otra opción. Tal era el interés de Madero para que la estabilidad del régimen porfirista continuara que en 1909 en su libro La sucesión presidencial en 1910 propuso que el general Díaz continuase en la presidencia de la república, pero que dejara abierta la opción de la vicepresidencia.
Ante la posibilidad de que la vicepresidencia de la república (la importancia de ésta radicaba en que sería el acceso a la presidencia en caso de que el eterno faltara) quedara abierta, la elite política propuso dos candidaturas: por un lado, los científicos apoyaron a Ramón Corral y por el otro los reyistas a Bernardo Reyes, éste declinó la candidatura vicepresidencial que le ofreció el partido democrático nacional por su lealtad al general Díaz. La declinación de Reyes dejó sin líder a ese partido (el reyismo fue un movimiento nacional organizado y estructurado a partir de la “segunda reserva”). Madero era un líder sin partido (el antirreeleccionismo era un movimiento incipiente sin estructura y sin organización). El partido y el líder convergieron.
Para las elecciones de julio de 1910 la elite política estaba dividida, puesto que para la vicepresidencia presentó a Ramón Corral (apoyado por los científicos) y a Teodoro Dehesa (respaldado por el Partido Nacional Porfiriza). No había duda de que para la presidencia de la república se apoyó al general Díaz. A esto hay que agregar que los electores contaban con otra fórmula: Francisco I. Madero candidato presidencial y Emilio Vázquez Gómez, candidato vicepresidencial. En octubre de 1910, Madero proclamó el Plan de San Luis en donde argumentó que hubo fraude en las elecciones de julio de 1910, que él había ganado la elección (por lo tanto se proclamaba presidente provisional), que se restituirían las tierras a los pueblos y convocó a la ciudadanía a levantarse en armas para derrocar a la dictadura porfirista el 20 de noviembre de 1910.
En medio del proceso electoral, el gobierno porfirista celebró con bomba y platillo el Primer Centenario de la Independencia Nacional: se inauguró la Columna del Ángel de la Independencia, El Hemiciclo a Juárez, La Penitenciaria de Lecumberri, El manicomio de La Castañeda, entre otros. Se ofrecieron banquetes, recepciones, bailes, desfiles históricos y ceremonias cívicas al cuerpo diplomático acreditado en el país. En suma, el régimen vivía su apoteosis.
No obstante, los cañonazos que conmemoraban la celebración del Centenario de la Independencia Nacional poco a poco se fueron confundiendo con el estruendo y la ebullición del movimiento armado de la revolución mexicana que cuestionó la desigualdad económica que la dictadura porfirista había creado, es decir, los grupos desfavorecidos del porfiriato buscaron cambiar el aparato económico de la dictadura sin preocuparse en primera instancia del “sufragio efectivo y la no reelección”. El líder de este movimiento fue Francisco I. Madero, quien arrojó al país a una lucha fraticida que duró diez largos y sangrientos años. De nueva cuenta la nación se vería envuelta en inestabilidad política y en un profundo caos.
Finalmente, podemos concluir que la primera centuria de vida independiente muestra dos aspectos fundamentales que nos forjaron como un Estado nación: primero, la emancipación política trajo consigo que el país buscara por alrededor de cincuenta años su estabilidad política y el respeto del concierto internacional de naciones y unida con la emancipación económica para colocar a la nación en la modernidad al establecer el Estado laico y segundo, la dictadura porfirista convergió las anteriores emancipaciones para establecer el crecimiento y el desarrollo económico olvidando la democracia y la justicia social, éstas trataron de conseguirse mediante el movimiento armado denominado revolución mexicana.

1 RABASA, Emilio. La Constitución y la dictadura, p. 27.


2 Ibidem, p. 29.

3 COSÍO VILLEGAS, Daniel. Historia Moderna de México. El Porfiriato. Política interior, primera parte, p. 429.

4 SÁEZ PUEYO, Carmen. Justo Sierra. Antecedentes del partido único en México, p. 95.

5 KRAUZE, Enrique y ZERÓN-MEDINA, Fausto. Porfirio. El Derrumbe (1900-1911), p. 28.



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