1810-1910: Centenario de emancipación política, búsqueda de identidad nacional, progreso y estabilidad política






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Intervención e Imperio 1861-1867
Las primeras tropas que invadieron al país llegaron el 17 de diciembre de 1861 al Puerto de Veracruz. Para febrero de 1862 el gobierno mexicano firmó con los representantes de España, Inglaterra y Francia los Tratados de la Soledad donde los acreedores reconocen la soberanía de México y el país se compromete a pagar la deuda.
El 28 de abril de 1862 los franceses violan los acuerdos y deciden intervenir el país. La razón es llevar a cabo los planes de instaurar una monarquía para frenar el avance sajón en América Latina: la situación parecía propicia puesto que los Estado Unidos se encontraban enfrascados en su guerra de secesión (abril 1861-abril 1865).
La primera batalla se dio el 5 de mayo de 1862 en Puebla donde las armas nacionales (comandadas por el general Ignacio Zaragoza) derrotan a las francesas. Francia envió veinticinco mil efectivos más en 1863 y esta vez ocuparon Puebla y avanzaron hacia la Ciudad de México. En mayo de 1863 el presidente Juárez inicia su peregrinar y se traslada a San Luis Potosí para finalmente arribar a Paso del Norte, Chihuahua.
En junio de 1863 las tropas francesas comandadas por el mariscal Forey convocan a una Junta de Notables que decidió que la forma de gobierno sería una monarquía constitucional cuyo emperador lo designaría Napoleón III: el elegido es Maximiliano de Habsburgo. La Junta de Notables se trasladó al Castillo de Miramar a ofrecerle el trono del Imperio mexicano a Maximiliano, quien a cambio de aceptar la designación solicita cartas de adhesión y finalmente en febrero de 1864 acepta el trono de México y firmó con Napoleón III los Tratados de Miramar donde Maximiliano se comprometió a pagar todos los gastos de la intervención y Napoleón III retiraría las tropas francesas de México hasta 1869.
El 12 de junio de 1864 Maximiliano entró a la Ciudad de México y declaró que su imperio no echaría marcha atrás a las Leyes de Reforma; esta declaración trajo consecuencias importantes: por un lado, el partido conservador rompe con el emperador porque la idea de traerlo era para derogar las Leyes de Reforma y por el otro, gran parte del partido liberal decidió colaborar con Maximiliano; puesto que él era más liberal que los liberales.
Es por este motivo que se formó una treintena de civiles y militares conocidos como los Inmaculados de Paso del Norte que no colaboraron ni negociaron con el Imperio. Esta treintena la encabezada un triunvirato: Benito Juárez, Sebastián Lerdo de Tejada y José María Iglesias. La importancia de los Inmaculados de Paso de Norte radicó que mientras los liberales y conservadores que colaboraron con Maximiliano, existió una pequeña élite política capaz de gobernar al país sin la necesidad de contar con la ayuda de un gobierno extranjero.
En 1866 Napoleón III decidió retirar las tropas francesas de México (violando los Tratados de Miramar ya que en Europa pronto se llevaría a cabo la guerra franco-prusiana) puesto que la guerra de secesión norteamericana había terminado y en noviembre de 1865 los Estados Unidos reconocieron el gobierno del presidente Benito Juárez.
Sin embargo, Napoleón III recomendó a Maximiliano organizar un ejército netamente mexicano el cual fue comandado por Miguel Miramón y éste decidió el 19 de febrero de 1867 atrincherarse en la ciudad de Querétaro. El sitio es vencido por el general liberal Mariano Escobedo el 15 de mayo de 1867.
Maximiliano, Miramón y Mejía son juzgados a muerte y el 19 de junio de 1867 son fusilados en el Cerro de las Campanas.
El 15 de julio de 1867 el presidente Juárez entró victorioso a la Ciudad de México: el partido conservador finalmente fue derrotado y el liberalismo definitivamente arribó al poder.
La República Restaurada 1867-1876
Después de diez años de enfrentamiento armado (1857-1867) entre liberales y conservadores y tras vivir el episodio más glorioso de la historia patria (la gran década nacional) el balance para el liberalismo resultaba positivo: primero, la nación que alcanzó su emancipación política el 27 de septiembre de 1821 se consolidó como nación plenamente soberana y adquirió el respeto absoluto del concierto internacional de naciones; y segundo, la expedición de las Leyes de Reforma permitieron adquirir la emancipación económica para situar al país en la modernidad. La emancipación política unida a la emancipación económica conjuntan el programa del liberalismo mexicano: independencia y progreso.
Lo anterior no hubiese sido posible sin la participación del pueblo mexicano: la población jugó un papel trascendental porque desde su seno salían las tropas que lucharían para conseguir y mantener la independencia nacional. Hay que recordar que a lo largo de 46 años (1821-1867) se fue gestando ese sentido de pertenencia a lo que se denominó México. Si bien el país nació el 27 de septiembre de 1821, nacía sin que se entendiera plenamente lo que era ser mexicano: había que crearlos. Las continuas asonadas miliares, golpes de estado e intervenciones extranjeras fueron sembrando paulatinamente el germen de identidad nacional el cual adquirió su cenit con la derrota del llamado segundo imperio. De ahí que el presidente Juárez declarara contundentemente que el país había conseguido su segunda independencia.

Terminada la intervención extrajera y derrotado el imperio, el país comenzaría poco a poco su proceso de reconstrucción: atrás quedarían las diferencias políticas para centrar definitivamente la atención nacional en el progreso y prosperidad de la Patria. Para ello, el partido liberal se transformó de partido de oposición en partido de gobierno o en otras palabras “el liberalismo triunfante” implementaría categóricamente su programa de gobierno. Para realizar este propósito en el seno del partido liberal se gestaba la divisa de la conciliación para integrar a todas las fuerzas políticas al proceso de reconstrucción nacional.
Al llegar a la Ciudad de México, el presidente Juárez decretó el 23 de julio de 1867 la reducción del ejército federal de ochenta mil a veinte mil hombres para evitar un golpe de Estado. Además dividió al ejército en cinco sectores y finalmente decretó que no se podía ser gobernador ni jefe de región militar al mismo tiempo, es decir, separó el poder político del poder militar.
El programa político de Juárez se da a conocer el 14 de agosto de 1867 en un documento denominado por Justo Sierra como el documento político más importante del Siglo XIX: la convocatoria a elecciones de los poderes federales. El programa político de Juárez es en dos sentidos: por un lado, se plantea la política de conciliación y por el otro, se proponen reformas a la Constitución de 1857 tendientes a fortalecer las facultades constitucionales del presidente de la república, es decir, se delinea un régimen presidencialista.
El objetivo de la política de conciliación es restituir los derechos políticos e integrar a la administración pública tanto a liberales como a conservadores que hayan participado en el imperio de Maximiliano con tres claras excepciones:


  • Pelagio Antonio Labastida y Dávalos (Arzobispo de la Ciudad de México) por ser el representante más reaccionario de la iglesia católica

  • Leonardo Márquez (general conservador) por representar el militarismo más sanguinario; y

  • José López Uraga (general liberal) por desertar del liberalismo para incorporarse al imperio

No obstante, como el objetivo del presidente Juárez era conciliar tanto al partido liberal como al partido conservador mencionó que a los tres casos anteriores se les podía amnistiar para que recobraran ampliamente sus derechos políticos.
Las reformas que se plantearon a la Constitución de 1857 son en el sentido de enervar el actuar absoluto del Poder Legislativo; esto no quiere decir que se formuló eliminar la división de poderes sino simple y sencillamente se buscó el equilibrio entre ellos. Como se mencionó anteriormente: el Legislativo lo era todo y el Ejecutivo estaba maniatado al actuar de éste.
Las reformas fueron las siguientes:


  • División del Poder Legislativo en dos cámaras

  • Veto al Poder Ejecutivo

  • Limitar a la Comisión Permanente para convocar a sesiones extraordinarias al Congreso

  • La sustitución del Presidente de la República

  • Relaciones entre el Ejecutivo y el Legislativo por escrito para evitar el voto de censura


Las reformas juaristas tenían como objetivo fortalecer al presidente dentro del marco constitucional.
De las anteriores reformas hay dos que llaman poderosamente la atención: la división del Poder Legislativo en dos cámaras (recordar que el Constituyente de 56-57 declaró la federación sin Senado) y el veto al Poder Ejecutivo. Ambas reformas tienden a fortalecer al presidente de la república por ser el representante del proyecto nacional. Ambas reformas son de suma importancia, tanto que la Constitución de 1917 las acogió en su seno.

Con la división del Poder Legislativo en dos cámaras se propuso la creación del Senado de la República. El Senado es inherente a la federación. El Senado que delineó el presidente Juárez tiene como finalidad la centralización política y la intervención del poder federal en la política local. El funcionamiento es el siguiente: en caso de conflicto entre poderes locales, el conflicto es atraído al Senado quien puede declarar desaparecidos los poderes locales y el presidente de la república nombrará con aprobación del Senado al gobernador provisional el cual convocará a elecciones. Ésta atribución exclusiva del Senado existe en nuestra actual constitución en el artículo 76 fracción V. El Senado que formuló el presidente Juárez en agosto de 1867 sigue funcionando de la misma forma en nuestros días.
En lo referente al veto suspensivo sobre las iniciativas de ley que el Poder Legislativo elabora se busca contener el “ímpetu idealista” de los legisladores, no con el propósito de obstaculizar la reforma social sino más bien con el objetivo de fomentar la reflexión de los pros y de los contras de la antes mencionada. El Poder Legislativo es el que legisla mientras que el Poder Ejecutivo es el que ejecuta. El Poder Legislativo plantea el mundo ideal. El Poder Ejecutivo administra el mundo real.
El veto sobre el Poder Legislativo y el Senado son instrumento jurídicos que fortalecen al Poder Ejecutivo Federal; de ahí que el presidente de la república al ser el representante del proyecto nacional sea como una moneda de dos caras: por un lado, limita la acción exacerbada del Poder Legislativo con el veto y por el otro, con el Senado (mediante la desaparición de poderes locales) limita las ambiciones de los gobernadores y con ello puede implementar el proyecto nacional.
El presidente de la república ve en su conjunto al país y si mencionamos que es el representante del proyecto nacional lo afirmamos porque entre sus atribuciones constitucionales se encuentra la administración pública federal. La federación es el proyecto nacional. Los gobernadores son partes integrantes de ese proyecto.
Las reformas que se formularon a la Constitución de 1857 son repudiadas por el ala jacobina del partido liberal argumentando que Juárez pasó de ser su defensor a su trasgresor. La crítica versó también en el sentido de que como era posible que el presidente Juárez después de luchar por diez largos años por la constitución se atreviera a proponer reformas: lo más óptimo era darle oportunidad de ser aplicada. La estridencia de los jacobinos se debía de acuerdo a Emilio Rabasa a que “la Constitución era un ídolo, porque era un emblema, traía la pureza de lo inviolado, la santidad que le daban todos los martirios, la virtud de los sacrificios que la habían consagrado, y sobre todo la majestad y la fiereza de la victoria… Su prestigio era inmenso, pero no se había aplicado todavía; se le amaba como símbolo, pero como ley era desconocida para todos”2. Además, la forma en como fueron planteadas las reformas no fue la correcta: se apeló a un plebiscito que no estaba previsto por la constitución.
Esta polémica de acuerdo a Daniel Cosío Villegas fue “la primer gran tormenta” que el liberalismo triunfante debió que enfrentar.
La anterior polémica resultaba lógica: derrotado definitivamente el partido conservador y sin la posibilidad de poder reorganizarse a la brevedad, el partido liberal interiorizó su lucha combativa hacia sus miembros. A esto hay que agregar que en agosto de 1867 dentro del partido liberal existían dos tendencias claras: la civilista encabezada por el presidente Juárez y la militar acaudillada por el general Porfirio Díaz.
El desprestigio que le causó a Juárez la convocatoria va a ser aprovechado por Porfirio Díaz, ya que éste adoptaría como bandera política la de un constitucionalista intransigente. Con ello pretendía allegarse de más partidarios para ganar en las próximas elecciones la presidencia de la república.
Pese a la anterior situación política, las elecciones presidenciales se llevaron a cabo y Juárez resultó electo presidente de la república para el periodo de 1867-1871.
Esta elección dejó en descontento a cierta facción militar del partido liberal que se aglutinaba en torno a la figura del general Porfirio Díaz; este grupo argumentaba que le correspondía gobernar ya que eran los militares y no los civiles los que derrotaron al imperio. El descontento de los militares se hizo latente cuando estalló la revuelta de La Noria.
Al iniciarse en diciembre de 1867 la nueva administración juarista con el objetivo de comenzar el proceso de reconstrucción nacional, el presidente Juárez se encuentra limitado de recursos económicos debido a que el país por diez años vivió una guerra civil y una intervención extranjera. Los caminos estaban destruidos, el campo desolado y los bandoleros al orden del día. A esto hay que agregar que el entorno internacional no fue propicio para la administración juarista ya que la inversión extranjera fue limitadísima por no decir casi nula. La reconstrucción nacional tardaría más tiempo de llevarse a cabo de lo que se pensaba. Sin embargo, el presidente Juárez canalizaría los escasísimos recursos del erario nacional en un proyecto de gran valía: el proyecto educativo.
El proyecto educativo juarista se centró en el establecimiento de la Escuela Nacional Preparatoria. El objetivo de esta institución educativa sería formar sin dogmas políticos a la futura élite política del país. El presidente Juárez partía del principio de que la estridencia de liberales y conservadores se debía a que ambos fueron formados por el dogma religioso de la iglesia católica, ya que ésta era la única institución educativa con que el país contaba para instruirse antes de la promulgación de las Leyes de Reforma.
El presidente Juárez encomendó la dirección de la Escuela Nacional Preparatoria a Gabino Barreda, éste personaje había adquirido la filosofía positivista durante su estancia en Francia. La designación de Barreda disgustó a los jacobinos liberales, pero la decisión de Juárez se debió a que si la conducción de la reciente institución educativa quedaba en manos de los antes mencionados el dogmatismo reinaría de nuevamente.
Siendo Gabino Barreda el titular del proyecto educativo juarista, la filosofía que adoptó la Escuela Nacional Preparatoria para sus cátedras fue el positivismo, el cual partía de la idea de que no existen verdades absolutas y que cada fenómeno político y social responde específicamente a sus debidas circunstancias. Con la adopción del positivismo, el liberalismo triunfante centró las bases político-económicas de orden, paz y progreso.
Para el mes de febrero de 1868, la Escuela Nacional Preparatoria abrió sus puertas y dentro de los alumnos que formaron la primera generación se encontraban Justo Sierra, Francisco Bulnes y José Yves Limantour; siendo ideólogos y secretario de hacienda, respectivamente, de la dictadura porfirista. Este grupo sería conocido en las postrimerías del porfiriato como el de “los científicos”.
Ahora bien, si la reconstrucción nacional no se llevaba al plano material como se esperaba al menos se hizo ahínco en la labor educativa puesto que el liberalismo mexicano siempre enarboló a la educación como punta de lanza para reducir las enormes desigualdades de la sociedad mexicana. Para el año de 1869 se creó el primer programa de educación básica para el Distrito Federal. No obstante, un punto que se debe destacar es la tarea que emprendió el maestro Ignacio Manuel Altamirano con su revista Renacimiento, en donde se difundía la obra poética tanto de liberales como de conservadores y por vez primera se introducía en la literatura los modismos mexicanos. También debe de mencionarse que entre el año 1870-1871 se fundó la Sociedad de Geografía y Estadística así como la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México.
Para el año de 1871 se llevan a cabo nuevas elecciones, en ellas sólo participan los liberales Benito Juárez, Porfirio Díaz y Sebastián Lerdo de Tejada. Como ninguno obtuvo mayoría, le correspondió al Congreso designar al nuevo presidente y fue designado Benito Juárez para el periodo de 1871-1875.
Ante la perdida de la elección presidencial Porfirio Díaz se levantó en armas con el Plan de la Noria el 6 noviembre de 1871 para desconocer al gobierno de Benito Juárez, se argumentó que el presidente viola la división de poderes, viola la constitución, impone a sus amigos en los puestos de elección popular y se perpetúa en el poder mediante prolongadas reelecciones. La revuelta no prospera y pierde sentido cuando muere el presidente Juárez el 18 de julio de 1872.
A la muerte de Juárez ocupa la presidencia interina el Presidente de la SCJN Sebastián Lerdo de Tejada quien realizó dos medidas fundamentales como presidente interino: convocó a elecciones y concedió una amnistía a los grupos sublevados.
Sebastián Lerdo de Tejada asumió la presidencia constitucional el 1º de diciembre de 1872 y terminaría su periodo el 30 de noviembre de 1876.
Lerdo de Tejada tenía grandes méritos para ser presidente de la república: fue asesor y consejero del presidente Juárez, fue parte del triunvirato de los Inmaculados de Paso del Norte y fue el redactor de la convocatoria de agosto de 1867 así como de la circular de la misma. Sin embargo, dentro de sus defectos se encontraba la soberbia y la pedantería razón por la cual la élite política tuvo fricciones con él; de ahí que los pros y los contras del presidente Lerdo de Tejada fueran sintetizados por León Guzmán con la siguiente frase: “Lerdo de Tejada reunió dos veces el voto unánime del pueblo mexicano: una para subirlo al poder y la otra para derrocarlo”.
La administración del presidente Lerdo de Tejada se caracterizó por la rispidez con la élite política y con la ciudadanía por las siguientes medidas:


  • Al asumir la presidencia de la república, el partido conservador argumentó que Lerdo de Tejada sería un extraordinario presidente porque no aplicaría de forma rigurosa las Leyes de Reforma. Sin embargo, el presidente Lerdo para demostrar que era un partidario exacerbado del estado laico en el mes de septiembre de 1873 elevó a rango constitucional las Leyes de Reforma y exclaustró a la orden religiosa de las Hermanas de la Caridad. Esto propició que en el Bajío se desencadenara el primer movimiento cristero del país, con ello el presidente Lerdo logró la enemistad de la mayoría de la población mexicana (la religiosidad de la sociedad en el Siglo XIX era imperante) que antes que la razón prefiere la fe.

  • La centralización política que el país necesitaba para implementar el proyecto nacional se dará finalmente en diciembre de 1874 con el reestablecimiento del Senado de la república. Mediante la desaparición de poderes locales la intervención del poder federal en la política local se haría de forma constitucional (artículo 72, inciso B de la Constitución de 1857) sin violación a la soberanía de los estados de la federación. Con esta intervención se rompe el aislamiento del poder caciquil, es decir, se destruye el mercado local para crear el gran mercado nacional. La primera vez que se aplicó esta atribución exclusiva del Senado es en 1876 para liquidar políticamente a los cacicazgos de Trinidad García de la Cadena (Zacatecas) y de Juan N. Méndez (Puebla). La irrupción del poder federal en la política local causó el descontento de los caciques, razón por la cual apoyarían la revuelta de Tuxtepec.

  • El nombramiento de jueces de distrito y magistrados de circuito no fue determinado por la Constitución de 1857: el artículo 96 sólo estipulaba que más adelante se redactaría la ley reglamentaria respectiva; ésta no se elaboró porque el país vivió de 1857 a 1867 una guerra civil y una intervención extranjera. Durante ese periodo Juárez realizaba los nombramientos antes mencionados. Esto dio pie a que durante la presidencia de Lerdo de Tejada se desarrollara un conflicto entre éste y el Presidente SCJN José María Iglesias, ya que este último sostenía que los nombramientos correspondían al titular del Poder Judicial para evitar la supeditación del mismo al Poder Ejecutivo; mientras que el presidente Lerdo argumentaba que por “tradición” le correspondía a él esos nombramientos. El segundo momento del conflicto tuvo lugar cuando Iglesias presentó su renuncia a la presidencia de la SCJN, pero el pleno no la acepta para que se continuara con la lucha por la independencia del Poder Judicial. Finalmente, el clímax del conflicto se da cuando el presidente Lerdo de Tejada presentó su candidatura para su reelección y José María Iglesias la desconoció porque objetó que durante la elección en dos terceras partes de los estados de la federación se encontraban suspendidas las garantías constitucionales, razón por la cual la reelección fue ilegal.


Con estas medidas los ánimos se encontraban absolutamente caldeados y propicios para que de un momento a otro estallara una revolución para derrocar al presidente Lerdo de Tejada. A estoy hay que agregar que al descontento de los cristeros, al de un sector radical del partido conservador, a el de los caciques y a el del Poder Judicial; se uniera el de los juaristas y el de los lerdistas. La molestia de los primeros fue porque a dos días de la calificación de la elección presidencial en el Colegio Electoral de la Cámara de Diputados, el presidente Lerdo destituyó de su gabinete a los juaristas y colocó en su lugar a sus partidarios lo cual provocó que perdiera los votos suficientes para ganar la elección; mientras que la de los segundos se debió a que solamente los llamó para colaborar en su gobierno por dos meses y medio (septiembre-noviembre de 1876).
En suma, la revolución estalló el 10 de enero de 1876 cuando el general Fidencio Hernández proclamó el Plan de Tuxtepec para derrocar al gobierno del presidente Lerdo de Tejada porque viola la división de poderes, viola la constitución, impone a sus amigos en los puestos de elección popular y se quiere perpetuar en el poder mediante reelecciones. El plan tomó como bandera política el principio de no reelección y nombraba general en jefe del ejército regenerador a Porfirio Díaz, éste el día 21 de marzo del mismo año se adhiere al plan y lo reforma en el siguiente sentido: “al triunfo de la revolución, el Poder Ejecutivo quedará en manos del titular del Poder Judicial”, esta reforma es conocida como la reforma de Palo Blanco. El objetivo de esta reforma es cubrir con un manto de legalidad el golpe de estado con el que se procedía para que Porfirio Díaz fuese nombrado presidente de la república.
Para la mañana del 16 de noviembre de 1876 en el poblado de Tecoac, Tlaxcala las tropas porfiristas estaban prácticamente liquidadas y la revuelta de Tuxtepec parecía que llegaba a su fin. Sin embargo, el general porfirista Manuel González convirtió la derrota en victoria puesto que arribó al lugar con 3000 hombres de refuerzos. El ejército federal estaba liquidado. El presidente Sebastián Lerdo de Tejada abandonó la capital del país el 20 de noviembre de 1876 y se trasladó a la ciudad de Nueva York donde viviría los últimos días de su vida.
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