Herreros y alquimistas mircea Eliade






descargar 0.57 Mb.
títuloHerreros y alquimistas mircea Eliade
página7/17
fecha de publicación27.07.2015
tamaño0.57 Mb.
tipoDocumentos
ley.exam-10.com > Historia > Documentos
1   2   3   4   5   6   7   8   9   10   ...   17
op. cit., p. 68). Entre las tri­bus de la América del Noroeste gozan de una posición privilegiada, y los secretos del oficio se transmiten úni­camente a los miembros de la familia6. La cuestión es bastante mejor conocida en África, gracias, sobre todo, a los trabajos de Walter Cline y de la Misión Griaule7. En 1936 Cline extraía las siguientes conclusiones de sus investigaciones: 1) en las llanuras herbosas del norte del África oriental, los forjadores constituyen una casta menospreciada y su trabajo no ofrece un carácter ritual acentuado; 2) por el contrario, en el África occidental los herreros se hallan en relación con las sociedades se­cretas de hombres, gozan de un gran prestigio de magos y disponen de «clubs» cerrados; 3) en el Congo y las regiones circundantes, los herreros se agrupan en herman­dades, están asociados con los sacerdotes y los jefes, y a veces incluso forman un todo con estos últimos, y el trabajo de la forja constituye un ritual con gran nú­mero de espíritus y remedios. Siguiendo siempre a Cline, hemos de añadir a este cuadro que todo el continente negro conoce el complejo mágico religioso del herrero, con sus secretos de iniciación, sus tabúes sexuales, la personificación del martillo y del yunque y la transmi­sión hereditaria de la profesión.

Aparte de las hermandades de forjadores estables, en-cuéntranse asimismo forjadores ambulantes que gozan la reputación de poderosos magos (véase Forbes, p. 64). Y si los Baris del Nilo Blanco consideran a los herreros ambulantes como parias8, los Ba Lolo del Congo les muestran gran respeto e incluso les suponen descendien­tes de reyes o aristócratas9.

Esta ambivalencia de la profesión del herrero negro se explica en gran parte por la historia cultural de Áfri­ca. Como ha demostrado Hermán Baumann 10, la civili­zación paleonigrítica (que abarca el norte del Congo, el alto Nilo hasta Abisinia, el centro y sur del África orien­tal) representa la verdadera civilización del hierro afri­cano, y es en su seno donde el herrero es más estimado y desempeña un papel religioso más importante: se cree que el Herrero mítico ha aportado las herramientas ne­cesarias para el cultivo del suelo y se ha convertido por tal hecho en Héroe civilizador, colaborador de la obra divina de la Creación. El herrero está vinculado a la tierra sagrada como lo están los alfareros y las mujeres que excavan la tierra en busca de oro. En más de un lugar (por ejemplo, en el círculo cultural del Alto Níger) las mujeres de los herreros son las alfareras de la tribu (Baumann, op. cit., p. 498).

En cambio, en la civilización de los cazadores de las estepas y en las civilizaciones camiticas pastorales los herreros son menospreciados y forman castas aparte. El herrero y las herramientas forjadas por los herreros no han desempeñado el papel civilizador que les correspon­dió en las culturas paleonigríticas. Este es, entre otros, el caso de los abisinios, de los somalíes (entre los cua­les los herreros toumala constituyen una casta de into­cables), de los tedas (al norte del Tchad, principalmente en el Sahara central), donde los forjadores son desde­ñados y forman una clase de parias endógamos (Bau­mann, pp. 283, 431). Los Wa-Ndorobos (nilotas camiti­cos, cazadores) desprecian igualmente a los forjadores: éstos no gozan de ningún derecho legal en la comunidad e incluso pueden ser condenados a muerte por sus superiores (Cline, p. 114). Sus vecinos, los Massai (ni­lotas camiticos, nómadas, ganaderos), dejan la fusión del hierro y el trabajo de la forja a los Il-Konnonos, una casta muy despreciada (Baumann, p. 259). Según la creencia de los Massai, «la vecindad de un kraal de forjador entraña el riesgo de atraer la muerte, la enfer­medad u otras diversas desgracias a un kraal normal. El hombre que cohabite con una mujer perteneciente a la casta de los herreros perderá la razón, engendrará hijos inválidos o morirá en la próxima incursión. Ol kononi (herrero) es un término injurioso cuando se aplica a un individuo que no lo es; pronunciar esta palabra después de la puesta del sol significa atraerse los ataques noc­turnos de los leones o de los enemigos humanos. El mismo oficio del herrero es impuro» (Cline, p. 114).

Volvamos a las poblaciones africanas donde el herrero es enaltecido. Entre los Wa Tchaggas (bantúes camiti-zados, agricultores) los herreros son temidos y honrados a la vez. La medalla tiene por otra parte su reverso en lo que concierne al matrimonio. «No es conveniente dar una hija aun herrero, porque se expone a un gran peli­gro al divorciarse. Si el divorcio resulta inevitable, el herrero puede inmunizar a su mujer frotándole el cuerpo con manteca en presencia de su madre o de otra mujer testigo —lo que recuerda el método utilizado por los Massai para quitar la contaminación del herrero por un objeto nuevo de hierro— y ofreciéndole un bastón antes de pronunciar el divorcio.» u El martillo contiene una especialísima potencia. Antes de comenzar a forjar un martillo el herrero recibe de su cliente un macho cabrío y una cierta cantidad de cerveza. Es sobre todo, gracias a su martillo, como puede golpear mágicamente a un la­drón o a un enemigo personal12. Los herreros, en tér­minos generales, no ponen sus poderes al servicio de la magia negra, y muchos gozan de renombre como chamanes bienhechores. El hierro hace eficaces a los amuletos y es además un excelente medicamento. Las mujeres de los Wa Tchaggas occidentales llevan anillos de hierro en torno al cuello, a los brazos, pues se supone que estos objetos dan fertilidad y sirven para curar a los niños enfermos (Cline, p. 116).

Entre las gentes de Katanga (círculo cultural con­golés del Sur), los que trabajan los metales constituyen una sociedad religiosa secreta (Bwanga), que implica una iniciación y un culto específico (Cline, p. 119). El maes­tro fundidor de los BaYeke (tribu Nyamwezi, círculo congolés del Sur) colabora con un chamán; entre los Bailas (agricultores, círculo zambeziano) el «iron doctor» supervisa la operación de la fusión (Cline, p. 120). En el Congo meridional los herreros forman una hermandad hereditaria, «cuyos miembros gozan de un estatuto so­cial casi igual al de los chamanes y se hallan bajo la dirección de maestros llamados tanto ocim banda, hechi­cero (witeb-doctor), como ocivinda, herrero» (Cline, p. 122). Entre los Mosengeres y los BaSakatas (círculo congolés del Sur), el maestro herrero es generalmente el fundador del pueblo y su oficio es hereditario (Cline, p. 124). «La identidad de funciones de herrero y jefe aparece atestiguada en otros muchos grupos de la región del Congo, en primer lugar en el Ogowe Superior, donde los forjadores son siempre hechiceros y frecuentemente jefes; en el Loango, donde el fuego sagrado nacional se halla a cargo de un sacerdote-herrero; entre los BaSon-gues, donde los herreros figuran inmediatamente después de los jefes; entre los BaHoloholo, donde figuran asi­mismo después de los jefes y los cazadores y antes de los subjefes y los chamanes», etc. (Cline, p. 125). Los Tivs de la Nigeria del Norte atribuyen al hierro la virtud de asegurar la comunión entre los muertos y los vivos; creen además que las herramientas de hierro participan de la fuerza mágica que impregna la forja y que se mani­fiesta sobre todo en el rayo (ibíd., p. 126).

Pero son sobre todo los mitos cosmogónicos y los mi­tos de origen los que nos explican la situación privile­giada del herrero africano y su función religiosa. Gracias a Marcel Griaule y sus colaboradores disponemos hoy de una amplia documentación sobre la mitología del Primer Herrero entre los Dogones (círculo cultural del Volta) y los Bambara (círculo del Alto Níger). Entre los primeros la profesión de herrero es muy estimada y sus herramientas ocupan un lugar importante en el culto, ya que el Primer Herrero es figura esencial de la mito­logía por haber recibido del Dios supremo, Amma, las muestras de los principales granos cultivables, que colocó en el interior de su maza, suspendiéndose luego del ex­tremo de una cadena de hierro mediante la cual Dios le hizo descender sobre la tierra. Según otra variante, los herreros vivían primitivamente en el cielo y traba­jaban para Anima 13. Pero como uno de ellos hubiese robado el mijo del dios, ocultándolo en su maza, Amma le hizo descender a la tierra; al tocar el suelo se hizo impuro y, por consiguiente, incapaz de volver a subir al cielo. Según una tercera variante, la más completa, el Herrero Antepasado construyó en el cielo un granero dividido en ocho departamentos que representaban los órganos principales del hombre: en cada departamento depositó uno de los ocho granos cultivables. Este gra­nero, construido de tierra celeste, fue llevado después a la Tierra por el Primer Herrero y allí, al dispersarse, se convirtió en el campo primordial puro, en torno al cual se organizó más tarde la Humanidad 14. Fue igual­mente el Primer Herrero celeste quien inventó el fuego, enseñó a los hombres la agricultura, así como a domes­ticar los animales15. Según otros mitos, el Héroe Civi­lizador de los Dogones, el Genio-Monitor Nommo, se metamorfoseó en Herrero y descendió a la tierra para revelar a los humanos la civilización. La acción de Nom­mo es visible en el cielo durante las tormentas: como el Dantsien San de los T'ou-jen, antes mencionado, hace estallar el rayo y golpea la tierra con piedras de trueno 16

La cadena Herrero celeste-Héroe Civilizador-agricultu­ra-papel religioso del herrero no es monopolio exclusivo de los Dogones. Se encuentra también, en una forma más o menos completa, entre los Sawadogo (Tegnaeus, pá­gina 35); entre los Gourounsi (Primer Herrero = Héroe Civilizador, el herrero ejerce funciones de sacerdote del fuego y del rayo; ibíd., p. 40); entre los Bolos, una de las poblaciones más arcaicas del Volta (según los mitos, el Primer Herrero, hijo del Dios supremo, descendió a la Tierra y reveló a los humanos el fuego, la domesticación y la agricultura; el herrero desempeña un papel impor­tante en la vida religiosa y social, es maestro instructor en las ceremonias de iniciación, es adivino y profeta, etc.; Tegnaeus, pp. 42 y ss.); entre los Somones, pescadores Bambara (un mito cosmogónico atribuye al Herrero Pri­mordial el papel de colaborador de la Creación; «el sa-crifícador en el culto del Genio del agua debe pertenecer a una familia cuyos antepasados fuesen herreros descen­didos del Cielo»; Tegnaeus, p. 47). Entre los Bambara, el gran sacerdote es casi siempre un herrero, y herreros son asimismo los que controlan las sociedades secretas. Tauxier había demostrado ya que la misma situación apa­rece entre los demás Mandes, Malinkes, Guasulonkes, etcétera 17. Según un mito acanti, el Herrero descendió a la Tierra encargado por Dios de modelar dos docenas de hombres y de animales (Tegnaeus, p. 55). Entre los Ewes, el herrero y las herramientas de la fragua ocupan un lugar de importancia considerable en la vida religiosa. Se supone que el martillo v el yunque han caído del Cielo y es ante ellos donde se presta juramento; el herrero es el hacedor de lluvia y puede conducir una gue­rra a feliz término. Según los mitos, el Primer Herrero —considerado a veces como el mismo Hijo del Dios supremo— fue enviado por Dios para concluir la crea­ción y comunicar a los hombres el secreto de las profe­siones I8. Para los Yorubas fue Opun, el Primer He­rrero, quien forjó las primeras armas, enseñó a cazar a los hombres y fundó la sociedad secreta de Ogboni (Tegnaeus, pp. 82 y ss.). Nzeanzo, el Héroe Civilizador de los Mboula, era a la vez herrero, médico y monitor: enseñó a los hombres todas las técnicas útiles e instituyó las cofradías de herreros (ibíd., p. 102). Entre los Tchambas, los Dakas, los Durrus v otras tribus vecinas, la mitología del Forjador-Héroe-Civilizador es extremada­mente rica: el Primer Herrero les reveló no sólo el fuego y el medio de cocer sus alimentos, sino también el arte de edificar las casas, el comportamiento sexual requerido para tener niños, la técnica de la gestación, la circunci­sión, las formas del enterramiento, etc. (ibíd., p. 104). D'cho de otro modo, el herrero en los Durru y en otras tribus tiene un panel social-religioso más imoortante que el rey (ibíd., p. 105). La mitología de los Kikuyos pone en acción a tres hermanos, Héroes Civilizadores: el primero les enseñó la domesticación del ganado; el segundo, la agricultura, y el tercero, el arte de forjar los metales (ibíd., pp. 142 y ss.). Para concluir esta rápida revisión de ejemplos africanos recordemos finalmente que el ori-mer rey de Angola fue, según las tradiciones, el Rey Herrero (Tegnaeus, p. 172).

Todo el ámbito de la cultura paleonegrítica atestigua un complejo religioso del herrero que tiene sus funda­mentos ideológicos en el mito del Herrero Celeste-Héroe Civilizador. Nos engañaríamos, empero, al pretender ex­plicar esta valorización ritual del herrero tan sólo por su papel en la fabricación de las herramientas agrícolas. El herrero y el hierro no son necesariamente exaltados en las civilizaciones agrícolas, pues una civilización agrí­cola por excelencia, como es la de los eslavos, sólo utiliza el hierro con fines apotropeicos. Pese a la vecin­dad de dos de los más antiguos centros metalúrgicos de la Tierra (Táurico y Yeniseico), los eslavos tienen una cultura material en la que los metales no desempeñan ningún papel19.

Es, pues, a las mitologías e ideologías religiosas donde habremos de remitirnos p?ra comprender la función de herrero. Como acabamos de ver, el Herrero Celeste es el hijo, el mensajero o colaborador del Dios supremo: concluye su obra, y casi siempre en su nombre. La «civilización» aportada por el Herrero Celeste no se re­duce únicamente a 3a organización del mundo (que casi podríamos llamar un?, cosmología), sino que es también de orden espiritual: el Herrero Monitor continúa y per­fecciona la obra de Dios haciendo ?1 hombre caoaz de comprender sus misterios. De ahí el papel del herrero en las iniciaciones de la pubertad y en las sociedades secretas y su importancia en la vida religiosa de la co­munidad. Incluso sus relaciones con los jefes y los sobe­ranos, con los cuales se confunde en ciertas regiones, son de orden religioso.

En cuanto a la situación menospreciada del herrero entre los Massai y otras poblaciones camiticas, hay que tener en cuenta no solamente el hecho de que estos pue­blos no practican la agricultura, sino también la ambi­valencia mágico-religiosa del hierro; como todo objeto sagrado, el metal es a la vez peligroso y benéfico. La actitud ambivalente a propósito de los metales y del herrero queda probada casi de modo universal

10. Forjadores, guerreros, maestros de iniciación
No haremos sino rozar otro grupo de mitos en los que las relaciones entre los Forjadores divinos y los Dioses se sitúan en un plano totalmente distinto: es éste el célebre tema mitológico de la lucha entre el Dios celeste (más exactamente, el Dios del huracán) y el Dragón acuático. La lucha tiene como meta la soberanía del mundo, pero lleva implícito siempre un alcance cosmo­lógico: tras haber vencido al monstruo, el dios forma el mundo de su cuerpo (tema Marduk-Tiamat); según otras variantes, organiza el mundo, le asegura fundamen­tos sólidos, «atando» al monstruo y precipitándole en las profundidades subterráneas. Ahora bien, en la mayor parte de las versiones de este mito, el Dios del huracán recibe de un Dios-Herrero las armas maravillosas que le proporcionan la victoria. En el texto cananeo el poema de Baal, el dios Kóshar-Wa-Hasis (literalmente «hábil y astuto») forja para Baal los dos garrotes que le dan la victoria sobre Yam, Señor de los mares y de las aguas subterráneas'. En la mitología ugarítica, Kóshar tiene rango de herrero divino. Según la tradición transmitida por Sanchoniaton, Chusor fue el primero en descubrir el hierro (Gaster, Thespís, p. 154, comentario). En una versión egipcia, Ptah (el Dios Alfarero) forja las armas que permiten a Horus vencer a Set. Igualmente, el he­rrero divino Tvashtri forja las armas de Indra cuando lucha con el Dragón Vrtra; Hephaistos forja el rayo gracias al que Zeus triunfa de Tiphon; Thor aplasta a la serpiente Midhgardsormr con su martillo Mjolnir, forjado por los enanos, réplica escandinava de los Cí­clopes.

Pero la cooperación entre el Herrero divino y los Dio­ses no queda limitada a su concurso en el gran combate por la soberanía del mundo. El herrero es igualmente arquitecto y artesano de los Dioses. Kóshar modela los arcos Divinos, dirige la construcción del palacio de Baal y equipa los santuarios de las demás divinidades. Teo­doro Gaster observa además que este Dios-Herrero tiene relación con la música y el canto. Sanchoniaton dice que Chusor inventó igualmente el arte de «bien hablar» y el de componer hechizos y cantos. En los textos ugarís-ticos los cantores se llaman
1   2   3   4   5   6   7   8   9   10   ...   17

similar:

Herreros y alquimistas mircea Eliade iconHerreros y alquimistas mircea Eliade
«parir más pronto». En resu­men: el hombre, mediante sus técnicas, va sustituyendo al Tiempo, su trabajo va reemplazando la obra...

Herreros y alquimistas mircea Eliade iconEnsayo sobre el Arte de la Alquimia
«intuiciones geniales» de los antiguos alquimistas, desde que han descubierto la unidad de la «materia», que, en efecto, el Arte...






© 2015
contactos
ley.exam-10.com