Herreros y alquimistas mircea Eliade






descargar 0.57 Mb.
títuloHerreros y alquimistas mircea Eliade
página6/17
fecha de publicación27.07.2015
tamaño0.57 Mb.
tipoDocumentos
ley.exam-10.com > Historia > Documentos
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   17
chamán, el hombre-medi­cina, el mago— como a un «señor del fuego». La magia primitiva y el chamanismo implican el «dominio del fuego», bien que el «hombre-medicina» pudiese tocar impunemente las brasas, bien que pudiese producir en su propio cuerpo un «calor interior» que le hiciese «ar­diente», «abrasador», permitiéndole de este modo resistir un frío extremo.

Aquí no podemos sino rozar un problema tan com­plejo y que ya hemos estudiado en otro lugar1. Advir­tamos de todos modos que «producir el fuego» en el propio cuerpo es un signo de que se ha trascendido la condición humana. Según los mitos de algunos pueblos arcaicos, las Hechiceras poseían naturalmente el fuego en sus órganos genitales y de él se beneficiaban para co­cer sus alimentos, si bien lo escondían a los hombres. Estos últimos consiguieron, empero, apoderarse de él mediante una estratagema2. Estos mitos reflejan tanto las reminiscencias de una ideología matriarcal como el hecho de que el fuego producido por el frotamiento de dos trozos de madera, o sea de una «unión sexual», se consideraba «contenido» en aquel de los dos trozos que simbolizaba a la «hembra». Gracias a este simbo­lismo, la mujer es en este nivel cultural «naturalmente» hechicera. Pero los hombres han llegado a «dominar» el fuego, y los hechiceros acaban por ser más y más numerosos que las hechiceras. En Dobu, los autóctonos dicen que los brujos y las hechiceras vuelan por la no­che y que se pueden seguir los rastros de su vuelo por las huellas de fuego que dejan tras ellos3.

Los primitivos se representan universalmente el po­der mágico religioso como «ardiente» y lo expresan por nombres cuyo significado literal es «calor», «quemadu­ra», «muy caliente», etc. Por esta razón es, por otra parte, por la que los magos y los hechiceros beben agua salada o aderezada con pimienta, o comen plantas ex­tremadamente picantes, a fin de aumentar así su «calor» interior. Los chamanes y hechiceros, «dueños del fuego», se tragan carbones encendidos, tocan hierros al rojo o andan sobre el fuego. Por otra parte, manifiestan una extraordinaria resistencia al frío: los chamanes de las regiones árticas, así como los ascetas del Himalaya, dan pruebas, gracias a su «calor mágico», de una resistencia que no puede concebir la imaginación4. La verdadera significación del «calor mágico» y del «dominio del fue­go» no es difícil de adivinar: estos poderes indican el acceso a un cierto estado extático o, en otros niveles cultu­rales (la India, por ejemplo), a un estado no condiciona­do de perfecta libertad espiritual. El «dominio del fuego» y la insensibilidad tanto al frío extremo como a la tem­peratura de la brasa traducen en términos sensibles el hecho de que el chamán o el yogi han superado la con­dición humana y participan ya de la condición propia de los «espíritus».

También los herreros, como los chamanes, son consi­derados como «señores del fuego». En algunos regímenes culturales el forjador es considerado como igual, si no superior, al chamán. «Herreros y chamanes vienen del mismo nido», dice un proverbio yakuta. «La mujer de un chamán es respetable; la de un herrero es venerable», dice otro5. Y un tercero afirma: «El primer herrero, el primer chamán y el primer alfarero eran hermanos de sangre. El herrero era el mayor, y el chamán estaba entre los dos. Esto explica que el chamán no pueda provo­car la muerte de un herrero.»6 Según los dolganes, los chamanes no pueden «adueñarse» de las almas de los he­rreros, pues éstos las conservan en el fuego; por el con­trario, es posible para el herrero apoderarse del alma de un chamán y quemarla en el fuego7. Según los mi­tos de los yakutas, el herrero recibe su oficio de la divinidad «malvada», K'daai Maqsin, el forjador prin­cipal del infierno. Este habita una casa de hierro rodeada por destellos del mismo metal. K'daai es un maestro herrero de gran renombre: es el que repara los miem­bros rotos o amputados de los héroes. También le co­rresponde participar en la iniciación de los chamanes famosos del otro mundo y templa sus almas del mismo modo que templa el hierro8.

Según otra tradición, el antepasado de los yakutos, Elliei, fue el primer forjador. Otro herrero mítico, Chy-ky, fue el monitor de los guerreros: él forjaba sus armas al mismo tiempo que les daba sabios consejos. Los yakutos atribuyen a los herreros el poder de curar por medios naturales y no con la ayuda de los espíritus, como hacen los chamanes. En la novena generación un herrero dispone de medios sobrenaturales: ya no teme a los espíritus, y por ello se atreve a forjar los objetos de hierro que adornan el traje del chamán (el ruido del hierro aleja a los espíritus)9.

En todas las poblaciones siberianas el herrero ocupa un rango social bastante elevado; su oficio no es consi­derado como comercial, sino que se trata de una voca­ción o transmisión hereditaria, que implica, por tanto, secretos de iniciación. Los herreros se hallan bajo la protección de espíritus especiales. En el Signan y otras regiones de Pamir, el arte del forjador se considera como un don del «profeta David», lo que hace que el herrero sea más respetado que el moullah. Pero para ello debe ser puro tanto física como espiritualmente. La forja es venerada como lugar de culto. Donde no existe una casa esoecial para las oraciones o asambleas es la forja la que sirve a tales fines 10.

El «profeta David» sustituye evidentemente a un Dios celeste o a un Héroe civilizador aborigen. Esto se apre­cia claramente en las creencias buriáticas: en otro tiempo —cuentan los buriatas—, cuando los hombres no cono­cían el uso del fuego, abatían a las bestias con piedras, comían su carne desgarrándola con los dientes y, mal aue bien, se vestían con sus pieles, etc. Entonces los Tagri blancos (los dioses buenos) enviaron a la Tierra a Boshintoj, el herrero celeste, con su hija y sus nueve hijos, para enseñar a los humanos los beneficios de la metalurgia: sus primeaos alumnos fueron los antepaga­dos de las familias de herreros. Al decir de otra le­yenda, los hijos de Boshintoj se casaron con muchachas terrenales, y así se convirtieron en antepasados de los herreros: nadie puede hacerse herrero si no desciende de una de esas familias. Los buriatos también conocen «herreros negros»; lo mismo que dividen sus panteones en «dioses blancos» y «dioses negros», sus chamanes se dividen en «blancos» y «negros» (buenos y malos, res­pectivamente). Los «herreros negros», que se hallan bajo la protección de los espíritus malvados, son particular­mente temidos de la población, pues son capaces de «comerse» las almas de los hombres. Durante sus ce­remonias se embadurnan el rostro con hollín.

Los dioses y espíritus protectores de los herreros bu­riatas no sólo les ayudan en sus trabajos, sino que también les defienden contra los malos espíritus. Los herreros tienen ritos especiales: sacrifican un caballo abriéndole el vientre y arrancándole el corazón, rito espe­cíficamente chamánico. El alma del caballo va a reunirse con el forjador celeste, Boshintoi. Nueve jóvenes encar­nan el papel de los nueve hijos de Boshintoj, y un hom­bre, que representa al propio herrero celeste, cae en éxtasis y recita un largo monólogo en el cual relata cómo, in illo tempore, envió a sus hijos a la Tierra para civilizar a los humanos. Luego toca el fuego con la len­gua; según la costumbre antigua, el personaje que re­presentaba Boshintoj tomaba hierro en fusión en su mano, como Jos chamanes siberianos o norteamericanos lo hacen aún hoy día 11.

La solidaridad entre el arte del chamán y el del he­rrero aparece igualmente en los argumentos de ciertas iniciaciones chamánicas. En sus sueños o alucinaciones de iniciación los futuros chamanes asisten a su descuar­tizamiento por los «demonios-maestros» de la iniciación. Ahora bien: estos argumentos tradicionales implican ges­tos, herramientas v símbolos que nerrenecen a la esfera del herrero. Un chamán yakuto vio durante la enferme­dad de su iniciación sus miembros cortados y separados del cuerno con un gancho de hierro por los demonios; luego de toda suerte de operaciones, (limpieza de los huesos, raspadura de la carne, etc.), los demonios reunieron sus huesos y los unieron con hierro. Otro cha­mán vio cómo su cuerpo era despedazado por el Pájaro-de-Presa-Madre, que tenía el pico de hierro, garras ganchudas y plumas de hierro. A otro le acunaban en sus alucinaciones de iniciación en una cuna de hierro. Finalmente, ofrecemos este episodio, separado de un largo relato autobiográfico de un chamán avo-samoyedo. El futuro chamán se vio penetrar durante su enfermedad de iniciación en el interior de una montaña y vio a un hombre desnudo manipulando un fuelle. Sobre el fuego había una caldera. El hombre desnudo cogió al futuro chamán con una enorme tenaza, le cortó el cuerpo en pedazos y los arrojó a la caldera, donde cocieron du­rante tres años. En la caverna había tres yunques, y el hombre desnudo forjó la cabeza del chamán en el ter­cero, el que servía para forjar las cabezas de los mejores chamanes. Luego sacó sus huesos de la caldera, los vol­vió a unir y los recubrió de carne. Según otro relato, un chamán tonguso, durante la iniciación, vio que le cortaban la cabeza y le forjaban con piezas metálicas 12. Recordemos de paso que el traje del chamán va adorna­do de objetos de hierro, de los que algunos imitan huesos, y tienden así a darle el aspecto de un esqueleto. (Véase nuestro Chamanismo, pp. 143 y ss., 152 y ss.)

De todo cuanto acabamos de decir parece deducirse que la presencia de hierro en el cuerpo del chamán juega hasta cierto punto el mismo papel que los cristales u otras piedras mágicas en los hombres-medicina austra­lianos, oceánicos y sudamericanos. Se sabe que los cris­tales de roca de que está «relleno» permiten al chamán australiano u oceánico «ver» los espíritus y las almas, volar por los aires, etc., porque así se asimila la sacra­lidad uraniana de los cristales caídos de la bóveda celes­te. Análoga solidaridad podemos entrever entre ciertos chamanismos siberianos y el hierro 13. Tal hecho no deja de tener consecuencias: como el hierro está reservado al herrero, éste aumenta de tal manera su prestigio mágico-religioso. Hemos visto que los orígenes comunes de la sacralidad de los chamanes y los forjadores se prueba por su «dominio del fuego». Traducido en términos teó­ricos, este «dominio» significa la obtención de un estado superior a la condición humana. Y, lo que es más, el herrero crea las armas de los héroes. No se trata sola­mente de su «fabricación» material, sino de la «magia» de que están investidas; es el arte misterioso del forjador el que las transforma en armas mágicas. De aquí las relaciones, atestiguadas en las epopeyas, que existen entre héroes y herreros. F. Altheim observa que en las canciones épicas de casi todas las tribus mogólicas, así como entre los turcos, el vocablo «herrero» (darkhan) significa igualmente «herrero» y «caballero franco» (es decir, libre)14. El mismo autor pone de manifiesto la importancia militar del tambor y el traje chamánico, que constituye una especie de coraza de metal. En oca­siones, los herreros son llevados hasta la dignidad real. Según ciertos relatos, Gengis-Khan fue en sus principios un simple herrero, y la leyenda tribal de los mogoles relaciona el oficio de herrero con la casa soberana15. Según la tradición iraniana, el herrero Kavi era el ante­cesor de la dinastía Kavya; un día «puso su delantal de cuero en el extremo de una \z.va2í, y así erigió el estan­darte de la lucha contra el rey dragón. El sencillo delan­tal de piel se convirtió en la bandera real del Irán» 16.

Tengamos en cuenta este conjunto de solidaridades: «dueños del fuego», chamanes, herreros, reyes míticos (fundadores de dinastías). Aún habremos de volver so­bre ciertos aspectos de las relaciones entre el «calor má­gico», la iniciación heroica y el herrero. Por el momento examinaremos el estatuto religioso y social del herrero en otras zonas culturales.

9. Herreros divinos y Héroes civilizadores
El herrero de Java es actualmente pobre, pero algu­nos signos muestran que en otro tiempo debió de ocupar una situación privilegiada. Se le llama pande (experto) si es herrero, y empu o kyai (Señor, maestro), cuando es armero. Pero en los antiguos tiempos, la fusión de metales se consideraba como un trabajo misterioso, y se creó toda una literatura en torno al forjador de los kris, frecuentemente honrado como un príncipe. El for­jador ocupaba hasta no hace demasiado tiempo una posición honorífica en la corte y, en determinadas cir­cunstancias, podía representar a la comunidad entera. En la antigua Java las relaciones entre el forjador y el príncipe eran semejantes a las de los hermanos de san­gre. Las genealogías de los herreros, como las de los prín­cipes, remontaban hasta los dioses. Aun hoy día, cuando el armero se dispone a forjar un kris, el taller se halla decorado como un kayon, es decir, como un recinto sagrado; las ofrendas aportadas antes de comenzar el trabajo son semejantes a las que se llevan con ocasión da las ceremonias de circuncisión, o matrimonio1. En Bali existen ritos de iniciación para los aprendices herreros, y durante el trabajo se pronuncian mantra an­tes de emplear cada herramienta. Los pande-wesi de Bali tienen incluso una tradición escrita que refiere su creación por la intersección de Brahma, que además les dio la zakti (= fuerza mística) necesaria para su oficio2.

Es fácil poner de manifiesto el complejo originario de los herreros indonesios, eliminando las influencias recien­tes hindúes (mantra, Brahma, zakti): mito de la descen­dencia divina y transmisión tradicional o escrita de las genealogías (una especie de poemas épicos en germen), carácter sagrado del oficio y ritos de iniciación; frater­nidad mística con los soberanos y posición social privi­legiada. La mayor parte de estas notas específicas han llamado nuestra atención en el complejo místico-ritual del forjador siberiano y central asiático. Subrayemos de paso la información concerniente a las genealogías es­critas, que presuponen la existencia de una larga tradición oral. Ahora bien: conocer y recitar estas genealogías es hacer al mismo tiempo obra de sacerdote-chamán y de poeta. Las relaciones entre chamanes, héroes y herreros aparecen atestiguadas en la poesía épico y centroasiá-tica, y Karl Meuli, tras haber demostrado la estructura chamánica de ciertos temas épicos griegos, pone oportu­namente de manifiesto la solidaridad existente entre el herrero y los héroes-chamanes en el Kaleivala finés3. Ciertos aspectos de esta simpatía entre el oficio de herrero y la poesía épica son aún perceptibles en nues­tros días en el Cercano Oriente y la Europa oriental, donde los herreros y caldereros tziganos son general­mente genealogistas, bardos y cantores4. No podemos insistir aquí sobre este problema complejo y apasionante que nos ocupa por el momento y que exigiría largos y detallados estudios, pero conviene señalar que el herrero, por el carácter sagrado de su oficio, por las mitologías y genealogías de que es guardián, por su solidaridad con los chamanes y guerreros, ha sido llamado a ocupar un lugar en la creación y difusión de la poesía épica.

Ya en 1880, con la documentación de que en aquella época se podía disponer, Richard Andree hacía resaltar el hecho de que los trabajadores de los metales forma­ban casi umversalmente grupos aparte: son seres miste­riosos que deben ser aislados del resto de la comunidad5. Se conoce todavía bastante mal la posición social y la función mágico-religiosa de los herreros en la América precolombina (cf. Forbes,
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   17

similar:

Herreros y alquimistas mircea Eliade iconHerreros y alquimistas mircea Eliade
«parir más pronto». En resu­men: el hombre, mediante sus técnicas, va sustituyendo al Tiempo, su trabajo va reemplazando la obra...

Herreros y alquimistas mircea Eliade iconEnsayo sobre el Arte de la Alquimia
«intuiciones geniales» de los antiguos alquimistas, desde que han descubierto la unidad de la «materia», que, en efecto, el Arte...






© 2015
contactos
ley.exam-10.com