La doctrina de la escritura






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Parte I
LA DOCTRINA DE LA ESCRITURA
Obras principales consultadas:
H. Heppe, Reformed Dogmatics (Grand Rapids, Baker, 1978); H. Bavinck, Gereformeerde Dogmatiek (Kampen, Kok, 1928) Tomo I; K. Barth, Church Dogmatics (1932, trad. Del alemàn por G. T. Tomson, Edinburgh, T. & T. Clark, 1936) Tomo I Parte I; J.I. Packer, “Fundamentalism” and teh Word of God (Grand Rapids, Eerdmans, 1958); R. Pache, The Inspiration and Authority of Scripture (Chicago, Moody Press, 1969); W.A. Grudem, “Scriptures´s Self-attestation and the Problem of Formulating a Doctrine of Scripture” en D.A. Carson y J.D. Woodbridge (eds.), Scripture an Truth (Leicester, IVP, 1983); M. Ericsson, Christian Theology (Grand Rapids, Baker, 1986).
Introducción
Nuestra introducción general (Prolegomena) al estudio de la teología ya nos ha indicado el lugar central que ocupa la Escritura en el quehacer teológico como fuente, norma y criterio de la teología. Es propio por tanto iniciar nuestra exposición ordenada de doctrinas cristianas con la doctrina de la Escritura. Así planteamos el fundamento para todo lo que viene después.
Sin embargo, es menester observar que la doctrina de la Escritura se ha de mirar dentro del contexto más amplio de la revelación. La única razón por la cual nos interesa la Escritura es el hecho de ser ella el registro inspirado de la revelación que Dios ha dado a través de los siglos, culminando en la encarnación de su Hijo Jesucristo. Debemos por lo tanto mirar que dice la escritura misma en cuanto a la revelación en forma más amplia para luego observar qué significa esto para la doctrina de la Escritura.
Empezamos nuestro capítulo con una sección sobre la revelación en general, para luego ver la división que se hace en la teología entre la revelación general y la revelación especial. Es dentro de la revelación especial que especificamos más en cuanto a la Palabra de Dios escrita, la inspiración, la infalibilidad, la iluminación, la interpretación y los atributos de la Escritura.
Para evitar una estructura indigerible en este capítulo optamos por tratar la mayoría de los subpuntos bajo Revelación Especial, como capítulos apartes.
1. La Revelación
En la sección 4 de nuestros Prolegomena hemos demostrado que un conocimiento objetivo de Dios – que representa la meta de la teología – sólo se puede dar en la medida que Dios se da a conocer. Las premisas del saber científico y del conocimiento objetivo presuponen que cualquier objeto ha de ser estudiado y “conocido” de acuerdo a su propia naturaleza sólo en la medida que este objeto se nos presenta, se nos manifiesta, se nos revela. Ya sea que se trata de un objeto empírico que se da a conocer a nuestros sentidos, ya sea que se trata de un objeto / sujeto personal que se da a conocer a nuestra conciencia, nuestro conocimiento presupone la auto-manifestación del objeto. En este sentido sólo puede haber conocimiento en la medida que hay revelación. Por tanto, sólo puede haber conocimiento de Dios en la medida que Dios mismo se dé a conocer. “Solo por Dios mismo podemos conocer a Dios.”1
Por otro lado, observamos que existe un gran número de religiones y que cada una afirma estar basada en una revelación. Incluso podemos decir que la validez de una religión depende de la validez de la revelación en que está basada. Si no hay revelación la religión es vana.2 Cada religión procura contestar la pregunta de “¿Cómo puedo ser salvo?” y se centra en tres centros de conceptos religiosos: una enseñanza en cuanto a Dios (teología), una enseñanza en cuanto al hombre (antropología) y una enseñanza en cuanto a la restauración del hombre (soteriología).3 Cada una de estas cosas presupone la necesidad de una revelación.
Dentro del mundo moderno encontramos corrientes intelectuales que ponen en tela de juicio la revelación. El deísmo afirma el derecho de la razón a jugar la revelación. Lo que no es compatible con la razón se rechaza. El agnosticismo afirma que es imposible llegar a conocer a Dios. El racionalismo afirma que la revelación únicamente se da en la naturaleza y en la historia. Corresponde a la razón encontrarla.4
Esto nos muestra que hay ciertas filosofías o cosmovisiones, ciertas perspectivas intelectuales, que no pueden acomodar la idea de un revelación. Si el naturalismo y el materialismo niegan la realidad de cualquier ser metafísico o sobrenatural, obviamente no pueden dar cabida a la revelación. Igualmente, si el panteísmo identifica a Dios con la totalidad de la realidad, ya no puede concebir de un ser sobrenatural que se comunica con el hombre.5 Esto nos muestra que la revelación de por sí presupone: (1) la existencia de un ser personal / divino que se da a conocer, (2) la realidad de una verdad, hecho o evento que no se conocía antes de recibir esta revelación, (3) la realidad de un ser humano a quien se le hace la revelación.6
Estas observaciones nos precinten ver con mayor claridad que no es posible estudiar el tema de la revelación con neutralidad, porque las presuposiciones del investigador determinan de antemano si para él tal revelación es siquiera posible. En un momento veremos la implicación de esta observación.
Nos acercamos al tema de la revelación no como investigadores indiferentes (supuestamente neutrales), sino como personas comprometidas con la fe cristiana. Aunque resulta importante notar que el mismo conocimiento objetivo demuestra la necesidad de una revelación y notar que no puede haber religión sin revelación, es más significativo para nosotros observar que la Biblia muestra la necesidad de una revelación para que el hombre conozca a Dios.
La Biblia nos dice que por la misma naturaleza de Dios y por la naturaleza del hombre, la criatura no puede acercarse al creador (Is.45:15 55:9 1Tim.6:15,16).7 Esto es parte de la realidad creada del hombre. Además, la caída del hombre (Gén.3) ha roto la relación que el hombre tenía con Dios en un principio (1 Cor.2:14 2 Cor.4:4). El hombre tiene que nacer de nuevo para poder conocer a Dios (1 Cor. 2:9 – 10).8 Dentro del mismo contexto de los últimos pasajes citados volvemos a ver la verdad que ya establecimos por otra parte, que sólo Dios puede dar a conocer a Dios (1 Cor. 2:11).9 La misma Biblia nos muestra que el hombre no puede conocer a Dios sin la ayuda de Dios.
A veces – especialmente en círculos católicos romanos – se habla de una distinción entre revelación natural y revelación sobrenatural. Tal distinción puede tener algún valor para distinguir entre los medios usados en la revelación, pero en el fondo debemos reconocer que la revelación es sobrenatural. Es el acto personal de Dios quien en su gracia se da a conocer, ya sea en la naturaleza, la conciencia, una profecía o en la misma persona de Jesucristo.10
Nos hemos adelantado al citar textos de la Biblia. En sí nos falta primero definirnos ante la multiplicidad de religiones y la multiplicidad correspondiente de revelaciones. ¿Cuál debe ser nuestra actitud? ¿Debemos adoptar una posición “neutral”, “científica”, “desprendida”, que mira toda religión y toda “revelación” como igual? Hay dos dificultades con esta posición.
Por un lado el investigador que toma toda revelación como equivalente, como de igual valor, realmente niega que ninguna sea verdaderamente revelación. Esto implica que no está siendo verdaderamente objetivo, porque no mira el objeto de su investigación como lo que pretende ser, es decir, una revelación. Para él no es una revelación. Puede ser un fenómeno religioso, sociológico, cultural, pero no lo acepta como revelación. Al aceptarla dejaría de ser neutral.
Por otro lado, hemos visto ya que muchas corrientes intelectuales modernas no pueden de por sí aceptar la posibilidad de una revelación. Las presuposiciones del investigador le impiden ver la revelación como lo que es de veras.
Afirmamos que una actitud científica no implica necesariamente una indiferencia ante los datos que estudiamos, sino más bien una claridad en cuento a las presuposiciones que adoptamos.11
Afirmamos que el estudio objetivo de la revelación de Dios sólo se puede hacer aceptando esta revelación como tal. Tenemos que aprender de la misma revelación para saber qué es una revelación.12 Frente a las demás religiones y “revelaciones” afirmamos que “aquello que aparece en el paganismo sólo como caricatura, llegó a ser en Israel sombra e imagen y en el cristianismo verdadera realidad espiritual.”13 Es la revelación adoptado por la fe cristiana que forma el punto de partida para nuestro estudio de la revelación.
Dentro de la fe cristiana podemos ver también que se da la posibilidad de la revelación. En sí no podemos tomar por sentada esta posibilidad de la revelación. Si dentro del orden de la creación nos resulta imposible comunicarnos con los animales y darles a conocer quiénes somos y cómo somos – cuánto más difícil debe ser un ser finito comprender al creador infinito. Finitud non est capax infiniti – lo finito no puede captar lo infinito.
Pero la Biblia nos asegura por un lado que Dios es un Dios que habla, que crea el mundo por su palabra (Gén. 1:3 Sal. 33.6), y que se da a conocer en su Palabra hecha carne en Jesucristo (Ju.1:1, 14, 18). Es en esto justamente que Dios se distingue de los falsos dioses (1 Rey.18:26-29 Is.46:6,7 1Cor.12:2).
Y por otro lado, la Biblia nos informa que fuimos hechos a imagen y semejanza de Dios (Gén. 1:26, 27), dando así la posibilidad de una comunicación entre Dios y el hombre. Como dice Bavinck, lo sobrenatural no choca con la naturaleza del hombre, porque el hombre fue hecho a la imagen de Dios.14
Así afirmamos la posibilidad de una revelación, a la vez que decimos que la revelación es siempre un acto de gracia por parte de Dios15 un acto en el cual Dios condesciende a entrar en e mundo humano. Toda la revelación es encarnación. En toda revelación Dios se hace antropomórfico, porque entra en el mundo humano para darse a conocer.16
Dentro de la teología se acostumbra hacer una distinción general y revelación especial. A veces, especialmente en ámbito católico, se habla de una distinción entre revelación natural y revelación sobrenatural. Pero ya hemos observado que esta distinción es inadecuada. Toda revelación es sobrenatural por cuanto tiene a Dios como su autor, pero a veces los medios que se usan en la revelación son medios naturales.17 Es a partir de esta distinción entre revelación natural y sobrenatural que surge el concepto de una teología natural, que debemos considerar dentro del próximo capítulo.
En lo que sigue trataremos primero de la revelación general y luego de la revelación especial. Es dentro de esta que cabe propiamente la doctrina de la Escritura.


2. La Revelación General.
A. Las Indicaciones Bíblicas
Hablar de la revelación general es hablar de aquellas manifestaciones de Dios que se dan a todos los hombres en todo tiempo y en todo lugar.18
Encontramos en la Biblia ciertas indicaciones con respecto a esta revelación.
Así vemos por ejemplo referencias a la obra de Dios en la naturaleza y la justicia providencial de Dios en recompensar a los buenos y castigar a los malos (Job 36, 37), el poder de Dios en la naturaleza (Sal. 29). Se dice que toda la tierra está llena de la misericordia de Dios (Sal.33.5). Se afirma que Dios es la esperanza de todos los términos de la tierra (Sal. 65:5) y que todos los habitantes de la tierra temen sus maravillas (Sal.65:8). Y en muchas formas se habla de las obras de Dios en la creación y la providencia (Sal.90, 104, 107, 145, 147).
La Escritura trata también de una intervención de Dios en los destinos de las naciones (Sal.33:10 67:4). Es Jehová quien aporciona su heredad a las naciones (Dt.32:8 Hech.17:26). Es por Jehová y por su sabiduría que reinan reyes y príncipes (Prov. 8:15, 16 Rom. 13:1). El hombre mismo es obra de Dios (Job 33:4) y el espíritu del hombre es una lámpara de Jehová (Prov. 20:27 Job 32:8). Es Dios quien ha puesto eternidad en el corazón del hombre (Ecl.3:11).19
Los lugares clásicos para la revelación general son Sal.19.1. “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia las obras de sus manos…” y el pasaje conocido de Rom.1:18-20 que miraremos en un momento.
Pero es bueno observar también que el NT conecta esta revelación general de manera especial con Cristo. En Juan 1 se habla de Cristo como el Verbo de Dios que se ha hecho carne (vs.14), y se afirma de este Verbo que “todas las cosas por él fueron hechas” (vs.3), que en “el estaba la vida y la vida era la luz de los hombres” (vs.4), que “aquella luz, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. En Edmundo estaba y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. A lo suyo vino y los suyos no le recibieron” (vss. 9 – 11). Este concepto de la iluminación del Verbo o Logos de Dios ha tenido una historia notable en la historia de la teología.20
En el NT es el apóstol Pablo quien más desarrollar el concepto de una revelación general. Tal vez podemos hablar incluso de tres pasos en el desarrollo de este concepto en Pablo.
Si es legítimo hablar en este sentido, el primer paso se encuentra en la predicación de Pablo en Listra (Hech.14:15-17) donde afirma que Dios hizo el cielo, la tierra y el mar, que a pesar de dejar a las naciones andar en sus propios caminos, no se dejó a sí mismo sin testimonio. Este testimonio es el hecho que nos hace bien y que nos da lluvias del cielo y tiempos fructíferos. Es decir que Dios se ha manifestado mayormente en la providencia dentro de la naturaleza. Este tema es retomado de Mt.5:45.
En el discurso de Pablo en Atenas (Hech. 17:22 – 31) encontramos un concepto más desarrollado. Pablo habla de la obra creadora de Dios y de su soberanía sobre los tiempos y la habitación de los hombres. Allí afirma que estas cosas Dios las hace para que los hombres lo busquen, ya que no está lejos de nosotros, “porque en él vivimos, y nos movemos y somos” (vss.24–28). Aquí el llamado de Pablo es muy claro. Dios pasa por alto los tiempos de ignorancia y ahora manda a todos los hombres a arrepentirse siendo que ha de juzgar a todo el mundo en Jesucristo el resucitado (vss. 30, 31).
El tercer paso de este progreso en Pablo se encuentra en Rom. 1 y 2 donde empieza con el elemento de juicio. En 1:17 y 18 hay una estructura paralela que parece indicar que el mismo Evangelio que es la revelación de la justicia de Dios para aquel que cree, es al mismo tiempo la revelación de la ira de Dios contra aquellos que detienen con injusticia la verdad. El juicio de éstos es merecido “porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto” (19). Y Pablo explica que el eterno poder y la deidad de Dios, aunque invisibles, se dejan entender a partir de la creación, “las cosas hechas” (20). Esta manifestación de Dios en la creación implica que estos hombres “no tienen excusa” (id).
A continuación Pablo muestra la necedad en que caen aquellos que rehuzan glorificar y dar gracias a Dios.
Pero el argumento tiene una segunda parte donde vuelve a ocurrir el término  (“sin excusa”) del vs.20. En 2:1 Pablo dice que también está sin excusa aquel que juzga a otro. Allí el argumento de Pablo parece ser que el hecho de juzgar implica una conciencia de bien y de mal. Si la persona reconoce un criterio de bien y de mal en su juicio de otros, ya no tiene excusa cuando cae en las mismas prácticas. Esta conciencia moral se deja apreciar también cuando “gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley” (14). Estos demuestran tener “la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos” en el día de juicio (15).
Tanto en Hech.17 como en Rom.1 Pablo parece tomar en cuenta la realidad religiosa del hombre. Aparentemente mira las religiones como una respuesta humana frente a la manifestación de Dios en la creación, aún cuando resulta una respuesta muy inadecuada (Hech.17:24, 25, 29 Rom.1:21-23, 25).
B. ¿Dónde se encuentra la revelación general?
Con base en estos datos los teólogos han intentando indicar los
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