Estudio preliminar de Francisco Montes de Oca






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aspiraba a la exactitud histórica lo prueba la libertad con que maneja los hechos: al protagonista, que había sucumbido en una batalla contra los maságetas, lo hace morir tranquilamente en su lecho, sólo para poder poner en su boca las famosas palabras —traducidas por Cicerón en el último capítulo del Catón Mayor— con las cuales exhorta a sus hijos y a sus amigos a la justicia, al amor y a la paz. Lo prueba el que atribuya a Ciro todo lo que pueda exaltar su figura y hacer de él el monarca ideal. Lo prueba, en fin, el amor que pone en narrar los pequeños episodios de la infancia del príncipe, o en describir el esplendor de las cacerías o el fausto de las costumbres orientales.

Esta madrugadora novela histórica tiene no poco de común con el Agesilao y con la Constitución de los lacedemonios, y sirve, al igual que aquéllos, para la preparación espiritual de la monarquía. Se advierte ya superado en ella el concepto tan profundamente griego de la ciudad-estado, al que siguen permaneciendo fieles Platón y Aristóteles. La monarquía absoluta, prevista por el autor, tendrá su momento histórico cuando llegue el helenismo; se verá plasmada en los Estados helenísticos.

En el primer libro de la Ciropedia, dedicado a la infancia y adolescencia de Ciro, se nos muestra éste dotado de las mismas cualidades de guía, de entusiasmo, de gustos y de carácter que distinguían a Ciro el Joven, tal como el propio Jenofonte lo representó en la Anábasis. Es curiosa, en esta parte de la obra, la fantástica descripción de los sistemas pedagógicos persas, con la educación de los niños en común, donde aparecen temas tratados por Platón en su República y repetidos después por todos los que, desde Tomás Moro y Campanella, trazaron los perfiles utópicos de un Estado con base comunista.

Luego de haber aprendido a obedecer gracias a las austeras lecciones que Jenofonte debía a Sócrates y a Agesilao sobre la sobriedad, la disciplina y el horror a la mentira, Ciro está preparado para mandar. Lo demuestra cuando, con un ejército inferior en número, pero bien adiestrado, consigue vencer a los armenios, a los caldeos y, sobre todo, a los asirios. Dicta después sabias disposiciones en favor de sus súbditos. Ganado el afecto y la cooperación de nuevos pueblos, reanuda la guerra contra los asirios y sus aliados, derrota a los lidios de Creso, a los egipcios, a los babilonios y regresa a Persia y Media, donde contrae matrimonio con la hija de Ciaxares. Vuelve más tarde a Babilonia, dilata su Imperio con nuevas conquistas y fallece expresando a sus hijos y deudos su testamento espiritual.

El Imperio de Ciro está descrito con los rasgos de una ciudad de utopía. Pese a que en el centro de su capital está enclavada la plaza de la Libertad, el reino ha sido organizado, como Esparta, a la manera de un ejército, del cual es Ciro el general en jefe. Son de rigor allí la obediencia pasiva y la disciplina, nervio motor de los ejércitos.

Pero Ciro, monarca absoluto, es superior moralmente a cualquiera de sus súbditos; bajo su «despotismo ilustrado» conoce el Estado, la armonía y la felicidad perfectas.

Jenofonte no ha querido ser menos que Platón y nos ha dejado también su República. La diferencia entre la monarquía ideal del uno y el comunismo aristocrático del otro es considerable, pero no faltan analogías profundas, ya que estos dos discípulos de Sócrates están empeñados en delinear los marcos de un Estado en el que el individuo se vea forzado por las instituciones a ser moralmente mejor y a practicar las virtudes de la templanza y la justicia.

Lo que más profundamente conmueve al lector de la Ciropedia no es la manera como Jenofonte pretende influir sobre él, sino la impresión perdurable que deja en su ánimo el mundo de los pueblos extraños. Esa impresión se desprende de cada página, sobre todo de la imparcial pintura de los nobles persas y de sus virtudes varoniles.

Al igual que la Constitución de los lacedemonios, este libro finaliza con una visión oscura de la decadencia y de la degeneración. El autor atribuye las causas de la venida a menos del poder de los persas a la relajada moral reinante en la corte de Artajerjes Mnemón, aquel rey a quien su hermano Ciro intentó derrocar del trono. Si la sublevación hubiera tenido éxito, Ciro hubiera aportado un renacimiento de los antiguos ideales persas, aliados a las más sanas fuerzas del helenismo, y tal vez hubiera tomado otro rumbo la marcha de la historia.

En esta obra, constelada de discursos y de consideraciones moralizantes, ocupa un lugar singular la historia de Pantea, la noble dama que permanece fiel hasta la muerte a su marido Abradates. Se vislumbra en ella aquel erotismo altamente patético que en el helenismo encontraremos mezclado con motivos có-micos y frívolos. Con este episodio, que ocupa los libros cinco y seis de la Ciropedia, se revela de nuevo Jenofonte como creador de otro tipo de novela y anuncia, desde lejos, las Efesíacas y las Etiópicas.

La Ciropedia conoció un éxito desproporcionado a sus méritos literarios. A pesar de las inexactitudes históricas y geográficas, de la prolijidad de algunos de sus pasajes, de su intención pedagógica y moralizadora, gozó de gran predicamento entre antiguos y modernos. Por la pericia con que son tratados los temas de técnica militar fue obra muy apreciada por los grandes generales romanos, como Escipión y Lúculo. Maquiavelo la tomó como ejemplo al escribir la Vida de Castrueccio Castracane. Y, gracias a la narración de Jenofonte, las conquistas del gran caudillo persa han ofrecido argumento a múltiples y diversas obras que forman, en torno a su figura semilegendaria, una notable tradición literaria y musical.

Los antiguos solían colocar a Jenofonte al lado de Heródoto y de Tucídides, integrando así el trío de los grandes historiadores grie-gos. Mas la crítica moderna tiene una opinión mucho más modesta de nuestro autor. El contraste entre la elevada estima en que fue tenido Jenofonte por los antiguos y la escasa en que lo tienen sus críticos modernos es en sí mismo un hecho pleno de significado, tal vez el más significativo que nos depara la obra del ateniense. Para Cicerón, por ejemplo, y para el gran mundo culto a quien él se dirigía, y se dirige todavía, Jenofonte era uno de los grandes clásicos. ¿Por qué?

En primer lugar está su estilo, gráfico, entretenido, armonioso, «más dulce que la miel», como lo califica Cicerón, al que no pesaban hechos mal seleccionados ni resultaba insoportable cierto exceso de filosofía. «La abeja ática» le denominaron algunos, considerando su prosa fiel reflejo del más puro aticismo. Ante él se percibe una agradable simplicidad, una anaffectata iucunditas, como aseveraba Quintiliano. Y, aparte del estilo, poseía afortunadas dotes de retratista y de concreción descriptiva. Si no conseguía captar en plenitud la conexión interna de los hechos, se esforzaba por destacar la personalidad de los caudillos. Y habría que detenerse a dilucidar si, en algunas etapas de la historia, son tan dignos de tenerse en cuenta los hechos que se ofrecen al narrador como los caracteres de los actores. El aprecio que por Jenofonte sentían los antiguos se basaba, por lo tanto, en cualidades reales y, aunque son insuficientes para permitirle detentar un alto puesto en el presente, cuando los modelos de la historia reflejan la visión más amplia de las ciencias sociales y exigen mayor dominio de las perspectivas causales, son, no obstante, cualidades que perduran.

A despecho de todos los reparos que puedan acumularse sobre sus obras históricas, queda en pie el hecho de que Jenofonte fue uno de los historiadores que, escribiendo la historia, contribuyeron a hacerla. En un tiempo en el que intelectuales como Isócrates buscaban un enemigo al que pudiera hacérsele una guerra victoriosa, para estimular la unidad de Grecia, no es probable que los hombres de Estado como Filipo de Macedonia y Alejandro desaprovecharan la lección contenida en los escritos de Jenofonte: que los persas declinaban ya hacia irremediable decadencia. Corroborado por otras pruebas y por una hábil propaganda, fue lo estampado en las páginas de este autor lo que animó a los reyes de Macedonia a dirigir sus fuerzas contra el Oriente. No fue tanto La expedición de los diez mil, cuanto la narración brillante y popular de aquella empresa lo que preparó el camino a Alejandro.

Jenofonte es menos ambicioso que Tucídides y sus escritos históricos han sido tratados con dureza por los admiradores de aquél. Pero han constituido un factor determinante en el curso posterior de los acontecimientos humanos.
Francisco Montes de Oca.

Cronología
449 Paz de Calias entre griegos y persas. Florecen Fidias y Mirón.

447 Comienza la construcción del Partenón. Beocia y Mégara recobran la independencia. Florece Empédocles de Agrigento.

446 Paz de los Treinta años entre Esparta y Atenas.

445 Judea se constituye otra vez como nación con Jerusalén por capital. Florece Protágoras de Abdera.

443 Apogeo de Pericles. Florecen Buda y Heródoto.

441 Proceso de impiedad contra el filósofo Anaxágoras. Florecen Filolao de Taras y el físico Arquelao. Antígona de Sófocles.

440 Fundación de la colonia ateniense de Anfípolis. Se empiezan a construir los Propileos. Florecen Zenón de Elea y los sofistas Hipias y Pródico.

435 Guerra entre Corcira y Corinto. Construcción del Erecteón.

432 Se termina de construir el Partenón. Decreto contra Mégara que origina la guerra del Peloponeso. Reforma del calendario.

431 Guerra del Peloponeso. Florece Hipócrates. Medea de Eurípides.

430 La peste en Atenas.

429 Muerte de Pericles. Edipo rey de Sófocles.

427 Nacimiento de Platón y de Jenofonte. Gorgias en Atenas como embajador.

425 Florece el historiador Tucídides. Los acarnienses de Aristófanes.

424 Milita Sócrates en Delio y Anfípolis; en este último lugar fracasa una operación militar de Tucídides, lo que le vale el destierro.

423 Florece Policleto. Primera representación de Las nubes de Aristófanes.

422 Mueren Brasidas y Cleonte.

421 Paz de Nicias entre Esparta y Atenas. Los aduladores de Eupolis.

420 Alcibíades, estratego de Atenas. Florecen Demócrito y el matemático Teodoro de Cirene. Andrómaca de Eurípides.

418 Victoria de Esparta en Mantinea sobre los atenienses y sus aliados.

417 Timoteo revoluciona el arte de la música con su ditirambo.

416 Destrucción de Melos por los atenienses.

415 Desastrosa expedición de Nicias y Demóstenes a Sicilia. Florece Antístenes.

413 Esparta ocupa Decélea. Arquelao inicia la helenización de Macedonia. Electra de Eurípides y Las aves de Aristófanes.

411 Golpe de estado oligárquico de los Cuatrocientos. Muerte de Protágoras. Lisístrata de Aristófanes.

410 Comienza a servir Jenofonte en la caballería. Restauración de la democracia. Alcibíades derrota a los espartanos en Cícico. Florece el socrático Euclides de Mégara.

409 Los atenienses derrotados en Éfeso. Ocupa el cargo de estratego Ánito, el futuro acusador de Sócrates. Cartago destruye Himera. Florece el pintor Apolodoro. Orestes de Eurípides.

406 Regresa Alcibíades a Atenas. Se termina el Erecteón. Lisandro derrota a Alcibíades en la batalla naval de Notium. Costosa victoria ateniense de las Arginusas. Proceso de los diez generales. Mueren Sófocles y Eurípides.

405 Derrota de la escuadra ateniense en Egospótamos. Sitio de Atenas. Paz entre Cartago y Siracusa. Últimas esculturas de Policleto. Las ranas de Aristófanes.

404 Asedio por mar y tierra y rendición de Atenas. Fin de la guerra del Peloponeso. Gobierno de los Treinta. Muerte de Alcibíades. Revuelta de Trasíbulo y restauración de la democracia.

401 Jenofonte se une a la expedición de Ciro: Representación póstuma de Edipo en Colono de Sófocles.

400 Muerte de Tucídides. Se construye el gran teatro de Siracusa.

399 Juicio y muerte de Sócrates. Jenofonte entrega el mando de la expedición de los Diez mil al general espartano Tibrón.

398 Primera guerra entre Dionisio de Siracusa y Cartago. Florecen los pintores Zeuxis y Parrasio.

396 Jenofonte al servicio de Agesilao; éste derrota a los persas en Sardes. Derrota cartaginesa en Siracusa. Camilo ocupa la ciudad etrusca de Veyes.

395 Argos, Atenas, Corinto y Tebas forman alianza contra Esparta. Guerra de Corinto.

394 Jenofonte lucha en Coronea en el bando contrario a Atenas; envía a sus dos hijos a estudiar a Esparta. Florece Aristipo de Mégara.

393 Publica Polícrates su panfleto antisocrático, al que deben seguir los Recuerdos de Jenofonte. Jenofonte vive en su finca de Escilunte, cerca de Olimpia.

392 Dionisio de Siracusa conquista la Italia meridional.

390 Saqueo de Roma por los galos. Campaña de Ifícrates, en la que es estratego Calias.

388 Los atenienses reconstruyen su escuadra. Pluto de Aristófanes, paso a la comedia media.

387 Cae Reggio en poder de Dionisio. Platón entra en relación con los tiranos de Siracusa.

386 Paz de Antálcidas. Fin de la guerra de Corinto.

385 Platón funda la Academia. Muere Aristófanes. Florece Escopas de Paros.

384 Nacen Aristóteles y Demóstenes.

383 Segunda guerra entre Dionisio de Siracusa y Cartago.

382 Los espartanos, en guerra con Olinto, ocupan Cadmea.

380 Capitulación de Olinto. Pronuncia Isócrates el Panegírico. Liga latina.

379 Es liberada Tebas del dominio espartano.

377 Nueva Liga marítima ateniense que no prospera.

376 Victoria naval de Atenas sobre Esparta en Naxos. Muere Gorgias de más de 110 años.

375 Anábasis de Jenofonte. Se desarrolla por estos años el empleo industrial de los esclavos.

371 Victoria de Epaminondas sobre Esparta en Leuctra. Con la derrota espartana pierde Jenofonte su propiedad de Escilunte y emigra a Corinto.

369 Se deroga el decreto de exilio de Jenofonte; hace volver a Atenas a sus hijos. Muere el banquero Pasion. Epaminondas invade el Peloponeso.

367 Tercera y última guerra entre Sicilia y Cartago. A la muerte de Dionisio I, llama Dión a Platón a Siracusa. A los diecisiete años de edad viene Aristóteles a la Academia. Florece Eudoxo de Cnido.

366 Disolución de la Liga del Peloponeso.

364 Los tebanos en Tesalia. Victoria y muerte de Pelópidas en Cinocéfalos. Florece Praxiteles.

363 Debuta en la oratoria Demóstenes con el pleito de los tutores.

362 Triunfo y muerte de Epaminondas en Mantinea. En esta batalla perece Grilo, uno de los hijos de Jenofonte. Primer consulado plebeyo en Roma.

361 Paz sobre la base de autonomía para todos los Estados sin hegemonía de ninguno. Segunda visita de Platón a Siracusa.

360 Muere Agesilao y poco después escribe Jenofonte el panegírico de este monarca. Florecen Diógenes el cínico y Eneas Táctico.

359 Comienzos de la expansión de Filipo de Macedonia.

358 Termina Jenofonte las Helénicas. Artajerjes III, rey de Persia. Renovación de la Liga latina con hegemonía romana.

357 Filipo se apodera de Anfípolis. Quíos, Rodas, Cos y Bizancio se sublevan contra Atenas. Guerra de los aliados. Comienzan en Siracusa las guerras entre Dionisio y Dión.

356 Termina Jenofonte los Recuerdos. Nace Alejandro, el hijo de Filipo. Guerra focia o «guerra sagrada».

355 Por este año muere Jenofonte, probablemente en Corinto.

354 Fin de la guerra de los aliados. Intervención de Filipo en la «guerra sagrada».

351 Construcción del túmulo funerario de Mausolo en Halicarnaso.

350 Restablecimiento del Imperio aqueménida por Artajerjes.

347 Muere Platón.

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