¿La elaboración de una nueva memoria nacional?






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PROPUESTA

TRABAJO DE GRADO

¿LA ELABORACIÓN DE UNA NUEVA MEMORIA NACIONAL?

LAS REPRESENTACIONES DE LA NACIÓN EN LOS TEXTOS DE HISTORIA DE COLOMBIA DE 1984 – 1986


SOL ALEJANDRA CALDERÓN PATIÑO

CÓDIGO: 2031207

DIRECTOR

FRANCISCO GÓMEZ SILVA


CODIRECTOR

ROBERTO SANCHO LARRAÑAGA


UNIVERSIDAD INDUSTRIAL DE SANTANDER

FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS

ESCUELA DE HISTORIA

BUCARAMANGA

2008

0. PRESENTACIÓN INSTITUCIONAL
1. Título: ¿La elaboración de una nueva memoria nacional?

Las representaciones de la Nación en los textos de Historia de Colombia de 1984 – 19861
2. Autora: Sol Alejandra Calderón Patiño Código: 2031207

3. Director: Francisco Gómez Silva Codirector: Roberto Sancho Larrañaga
4. Universidad Industrial de Santander.
Facultad de Ciencias Humanas.
Escuela de Historia.

1. EL PROBLEMA DE INVESTIGACIÓN


    1. PRESENTACIÓN DEL PROBLEMA


En Colombia las formas que ha adoptado la historiografía a partir de la década del sesenta, según Jorge Orlando Melo, se pueden dividir en una historiografía tradicional o académica y en una historia hecha en las universidades conocida como “Nueva Historia”. De esta última formaban parte historiadores que trabajaban en las universidades y que aseguraban seguir procedimientos rigurosos y metodologías sólidas. Sin embargo, estos eran vistos por los historiadores de la Academia Colombiana de Historia como un grupo con posiciones políticas radicales y revolucionarias, por lo que los académicos asumieron el papel de defensores de los valores tradicionales del país.
los historiadores críticos, al reelaborar el pasado del país, construían una visión que, en la misma medida en que era más exacta, superaba los mitos y las formas de manipulación que hacían de la historia académica una herramienta en manos de los grupos dirigentes. Una sociedad con conciencia histórica, era el supuesto, podría escoger en forma más libre sus alternativas políticas, podía elegir su destino superando los condicionamientos del pasado.”2
Por otra parte, la llamada historia académica se caracterizaba por el énfasis en temáticas militares y políticas, acentuando en los periodos del Descubrimiento, la Conquista y la Independencia, resaltando las biografías de grandes personajes. Escrita por aficionados por lo general pertenecientes a familias poderosas y a las academias de historia regionales o nacionales que difundían su visión a través de boletines y revistas, y de manera más sencilla en el sistema escolar a través de los manuales. “Los manuales, en cierto modo, constituían la culminación lógica de su esfuerzo: mediante ellos se cumplía la función formadora de la historia, que debía expresarse en la promoción de valores morales y comportamientos cívicos entre la población.”3 Un ejemplo muy importante de estos textos escolares fue el de José María Henao y Gerardo Arrubla que al igual que otros de su tipo resaltaban por una amplia narración de hechos heroicos de la Conquista, que según explicaban había traído la civilización, la lengua y la religión al país, así como la Independencia en la que se gestó una gran nación, expresada en la narración de cada administración.
Así resultaba importante la posición de la Academia Colombiana de Historia, en tanto que según Germán Colmenares: “Tradicionalmente, el Ministerio de Educación, con la asesoría de la Academia Colombiana de Historia, ha ejercido un control sobre la enseñanza de la historia en los niveles medio y elemental.” Control que se veía reflejado en los textos escolares. Por lo que resulta importante recordar que la Academia Colombiana de Historia surgió luego de la Guerra de los Mil Días, como parte del proyecto oficial para restablecer la unidad nacional y reconstruir al país formando imaginarios colectivos que identificaran su pertinencia a una unidad política y espacial que requería de una historia fundada en los mitos patrióticos. De manera que era un discurso histórico con miras a una formación ética y cívica de los ciudadanos, en donde el texto escolar buscaba establecer un imaginario colectivo de Nación, a través de la exaltación de las virtudes de los héroes de la Independencia como modelos de ciudadanos a seguir, y usaba los símbolos patrios para afianzar la identidad y crear así sitios de memoria.4
Según Javier Ocampo López, la Academia Colombiana de Historia consideraba que la historia debía entenderse como la ciencia de la vida del hombre, cuya investigación y enseñanza debía hacerse dentro de un método científico libre de juicios de valor, entendiéndola como el estudio de las grandes corrientes de la actividad del pensamiento humano5. Sin embargo, Colmenares planteaba que a través de la Academia y específicamente del texto escolar de Henao y Arrubla se presentaba una visión conservadora del siglo XIX con énfasis en la cristianización y en la misión civilizadora europea, junto a la insistencia liberal en el periodo de Independencia como un proceso de establecimiento del imperio de la ley. Estas nociones “[…] convertían una secuencia de eventos políticos y de batallas en una materia sagrada que debía asimilarse ritualmente [ello se explicaba por] Las necesidades de una religión patriótica debía limitar forzosamente el rango de preguntas sobre el pasado y acumular simplemente materiales relativos sobre las mismas cuestiones. […] la enseñanza de la historia debía sujetarse a este arreglo sin correr el riesgo de volver a incurrir en controversias doctrinarias en las aulas escolares.”6
Para 1964 Colmenares realizaba una dura crítica a la historia “convencional” y específicamente a los textos escolares que consistían en una mera descripción de hechos sin interpretar convertidos en una infinita enumeración de actos oficiales, en donde se podía interpretar la historia como “[…] relato de las funciones burocráticas del estado, la emisión de juicios de valor, el sometimiento a la tradición partidista y concluye que el análisis de la imagen petrificada de la historia que ofrecen los manuales escolares podría conducirnos a examinar otros aspectos que se deriven de su carácter didáctico, de su tendencia apologética y de su falta absoluta de imaginación.”7
La crítica también se generaba por parte de la UNESCO y Rodolfo Ramón de Roux como participante en la investigación sobre “La enseñanza de la historia en los países del área andina”, quien afirmó que por lo general el avance de los textos escolares sólo había consistido en reimpresiones de los mismos, pues la mayoría de las llamadas actualizaciones se limitaron a la actualización de los objetivos y contenidos de los programas oficiales8. Así mismo, la UNESCO concluía que los textos presentaban un tratamiento sesgado de los actores históricos, pues sólo trataban grandes personajes políticos y militares, que se obligaba a memorizar: “La exaltación de figuras ejemplares inimitables por los privilegios de su origen social imponía secuencias narrativas de hechos exclusivamente políticos y militares, lo que a su vez conducía a una excesiva parcelación de eventos en los que era imposible reconocer una estructura.”9
Por otro lado, se gestaba una formación profesional para historiadores que planteaba una renovación en los métodos, técnicas y problemas de investigación, dando paso a la creación de publicaciones como el Anuario de Historia Social y de la Cultura, y “Los grandes conflictos sociales y económicos de nuestra historia” de Indalecio Liévano Aguirre, entre otros, lo que según Melo, parecía indicar la existencia de un nuevo tipo de historia, del que se esperaba “[…] ante todo una cierta visión de compromiso social, un cierto carácter de desafío frente a la historia oficial.”10
De esta forma, según Melo la producción de los historiadores profesionales, economistas y sociólogos, estuvo encaminada hacia una historia económica de orientación social e institucional que daba importancia a las estructuras económicas y a los procesos sociales en que se envolvían. En consonancia con lo anterior, uno de los objetivos de este grupo consistió en llegar al público escolar, lo que Melo planteaba se consiguió a mediados de los ochentas con la aparición de los textos “Historia de Colombia” de Carlos Mora y Margarita Peña, “Nuestra Historia” de Rodolfo Ramón de Roux, y la “Historia de Colombia” de Silvia Duzzán y Salomón Kalmanovitz. Ello produjo una gran polémica y la desaprobación de la Academia Colombiana de Historia, quien a través de su presidente Germán Arciniegas publicó una serie de notas en diferentes periódicos del país, en las que criticó los manuales describiéndolos como una “demolición de la historia en beneficio de los que sabemos”, y luego los acusaba de incitar al comunismo y de ridiculizar la vida republicana y democrática. Por esta línea, otro académico planteaba que “[…] dejan muy mal a España y a sus hijos más directos, los criollos, a favor de mulatos e indios […] se inculca odio a los próceres, a los españoles, a los criollos y se exalta la fuerza aún por explotar (el imperio por venir) de los indios, negros y mulatos” 11
Según Melo, a través de estos textos escolares las representaciones del pasado colombiano habían cambiado substancialmente: “De una historia en la que los 50 años de la conquista y los 30 años de la independencia se apoderaban de la totalidad de las páginas del texto escolar, se había pasado a una en la que el privilegio de estos momentos había desaparecido y la historia reciente ganaba terreno. Antes apenas existían la esclavitud, el trabajo forzado de los indios, las encomiendas, las revueltas populares, los artesanos; ahora la historia se detenía en todos estos temas. Antes los temas polémicos se eludían, para evitar la confrontación: ahora las historias estaban llenas de guerras civiles, de violencias, de guerrillas, de errores y de mentiras.”12
Para Colmenares estos textos recogían los resultados de las investigaciones recientes, lo que se entendía como un “intento más radical” de romper con los patrones ideológicos. “Con una presentación atractiva, a veces humorística, los manuales incitaban a una discusión en las aulas de problemas tales como la participación popular en los eventos políticos, el desarrollo de movimientos colonizadores del siglo XIX, el contenido social de las guerras civiles, la rigidez y la persistencia en las estructuras sociales.”13
A diferencia de lo afirmado por la Academia Colombiana de Historia, Miguel Ángel Urrego sostenía que para los ochenta, la izquierda que había renovado los discursos comunistas y generado una ruptura de los intelectuales con el Estado en los sesenta, había cambiado; pues se generaba una transformación de la relación de los intelectuales con el Estado, en donde se ejercía un mayor control por parte del mismo, lo que en palabras de Urrego significaba la derrota histórica de una generación.14
Por otra parte la Academia Colombiana de Historia no pasaba por su mejor momento, puesto que para principios de los ochentas según los miembros de la Academia, la enseñanza de la historia atravesaba un grave momento de crisis que era atribuido a varios factores, entre ellos la fuerte aparición de otras disciplinas sociales como la antropología, la demografía, la sociología y la economía; asignaturas que según la Academia robaban el terreno a la historia y hasta pretendían sustituirla. Sumado a lo anterior los altos índices de analfabetismo en Colombia y lo que ellos llamaban “analfabetismo profesional” referido a la falta de lectura en la misma escuela, colegio e universidad, impedía la lectura de la historia y el interés por la misma, lo que aseguraba la Academia, hacía frágil y vulnerable a la población, situación que era aprovechada por el
izquierdismo, para hacer penetrar sus ideas destructoras. La izquierda es masculina y la democracia es femenina. Ningún país se ha levantado de su postración maldiciendo su pasado. Al futuro no se entra, sino retrocediendo en busca de impulso. Para amar la Patria, es indispensable amar la historia. La guerrilla, en un 80% esta formada por jóvenes de 23 años de edad. El Che Guevara repetía que el “poder, surge de las bocas de los fusiles”.”15
De esta forma la Academia planteaba su posición frente a las nuevas políticas educativas y los textos escolares, apreciaciones que resultan de vital importancia para comprender el momento histórico y el tipo de corrientes historiográficas que dominaban entre los académicos del momento, así como la llegada y recibimiento de nuevas formas de interpretación histórica.
Según el académico Jorge Heló Meléndez Sánchez, existían corrientes tradicionalistas que sólo miraban el pasado, también interpretes políticos que únicamente seleccionaban los datos, y los representantes de la “Nueva Historia” que a falta de rigor en la información se dedicaban a su procesamiento científico; de manera que según la Academia las tres tendencias se aferraban a sus metodologías y sólo llegaban a grupos muy limitados. Por otro lado el mismo autor criticaba “la didáctica de la historia y la política educativa de los gobiernos” uniéndose a la denuncia de Germán Arciniegas sobre la disminución del horario de esta materia por ser considerada poco útil en los requerimientos de la ciencia, según afirmaban las corrientes factuales del conocimiento; lo que había llevado según él a la casi eliminación total de la historia en el bachillerato, impidiendo además el desarrollo de esta como ciencia-social.16
Siguiendo con lo expuesto en líneas anteriores, este trabajo estudiará los tres textos escolares mencionados anteriormente en la medida en que fueron calificados como “innovadores” por parte de los representantes de la Nueva Historia y como “subversivos” por la Academia Colombiana de Historia. Innovadores en la medida en que parecían mostrar una representación diferente de la historia nacional, llevando los avances de las investigaciones a los textos, además de nuevos elementos pedagógicos y la formación de sus autores. Por otro lado, la Academia acusaba los textos de falsear los hechos y deslegitimar a los héroes de la independencia y de la república, es allí donde aparecían los historiadores de “nuevo cuño” que según los académicos, buscaban destrozar y rehacer los acontecimientos para acomodarlos a su influencia ideológica y acabar así con las instituciones, por ello la Academia proclamaba claramente: “No hay que caer en la tentación de consumir los productos de los guerrilleros que se atrincheran en “su” historia para secuestrar y asesinar a la de Colombia.”17
Partiendo de la disputa por la creación de memoria a través de los textos escolares por parte de la Academia Colombiana de Historia y los nuevos historiadores se llega a preguntar: ¿qué tipo de memoria nacional es planteada en los textos escolares Historia de Colombia, Historia socioeconómica de Colombia y Nuestra Historia? ¿Eran textos subversivos o innovadores?, así mismo se generan otras preguntas en torno a esta ¿Qué marcos legales y educativos precedían y existían durante la creación de los textos? ¿A qué corrientes historiográficas se acercan sus autores y editoriales? ¿En que temas, periodos, eventos, personajes y procesos históricos se presentan en el desarrollo de los textos escolares? ¿Cómo se muestra la independencia, el siglo XIX y el siglo XX? ¿Cómo se presenta la noción de historia, el papel del profesor y del estudiante dentro de estos textos?
Para abarcar el problema de investigación se pueden señalar los componentes o ámbitos dentro de los que se plantea su posible desenvolvimiento, de la siguiente forma:
En primer lugar, aparece la necesidad de conocer el proyecto estatal educativo en el que se desenvuelven los textos escolares, así como lo planteado desde la anterior reforma educacional de 1974, con el fin de conocer las exigencias acerca de la regulación en la creación de textos escolares, así como los contenidos y las metodologías de los mismos. Esto resulta de vital importancia debido a que es un periodo en el que se reestructura el sistema educativo y se reorganiza el Ministerio de Educación Nacional, dando paso a la desaparición del Instituto Colombiano de Pedagogía (ICOLPE, organismo encargado de los textos escolares).
En esta primera parte resulta indispensable el conocer sobre la llegada del movimiento conocido como la “Nueva Historia” y sus implicaciones en el ámbito académico, así como diferentes elementos de la época, tales como la política de paz de Belisario Betancur, el auge de las corrientes neoconservadoras, el inicio de la era neoliberal, la crisis de la izquierda, la degradación del conflicto y el auge del posmodernismo; en la economía el inicio de las reformas monetaristas y la defensa de la libertad del mercado, entre otros. En lo cultural, la revisión del Boletín de Historia y Antigüedades, órgano de la Academia de Historia colombiana, para conocer a través de él los principales lineamientos que regían la Academia en materia educativa así como en la producción de textos escolares. Además se buscarán las críticas y los argumentos con los que se apuntaba a estos textos escolares, y se recurrirá a algunos trabajos de historiadores como Jorge Orlando Melo, Germán Colmenares y Hans-Joaching König en los que se deja ver una opinión contraria a la Academia en relación a los textos escolares así como un respaldo hacia estos últimos. Pretendiendo además indagar sobre las diferentes corrientes historiográficas que se presentaban en el país en ese momento y su relación con los autores y editoriales de los textos.
Seguidamente, se busca conocer la formación intelectual de cada uno de los autores, así como las corrientes intelectuales en las que se suscribieron teniendo en cuenta sus trabajos; también se ubicarán de manera general las principales tendencias políticas y académicas de las editoriales (que también fueron duramente criticadas por la academia).
Finalmente resulta indispensable identificar las representaciones18 en torno a la Nación que presentan los autores en cada uno de los manuales, para ello se plantea primeramente una descripción general de los textos con la intención de generar una ubicación dentro de los mismos, a través de su estructura y orden del contenido, con el objetivo de ver los temas y conceptos que ésta vincula; así mismo el trabajo se estructurará en dos bloques en donde en primer lugar se trabajara la independencia, el siglo XIX y el siglo XX. En el último bloque se plantea el estudio de la orientación didáctica de cada uno de los textos con la intención de generar un acercamiento hacia la memoria, lo que se explica al entender la memoria según Todorov como una selección; indicando con ello un proceso en el que rasgos del pasado son retomados en el presente para formar la memoria, la cual según el autor aparece íntimamente ligada a los intereses de quienes la forman; de esta manera se busca conocer aquellos conceptos y temas en los que los autores hacen énfasis, para así vincularlos a la par a la representación de nación de cada autor.
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