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 Universidad de Buenos Aires - Facultad de Ciencias Económicas

CRECIMIENTO ECONÓMICO



NOTAS DE CLASE:

“El papel de la demanda en la teoría del crecimiento II”

Por Emiliano Libman1
Año 2008

1. Introducción
El principio fundamental de la teoría del crecimiento liderado por la demanda es el principio keynesiano de la demanda efectiva. Cuando se hace referencia a un modelo de crecimiento de este tipo, lo que se está asumiendo es que se trata de una descripción de la economía capitalista en la cual la demanda efectiva juega un rol importante en la determinación de la tasa de crecimiento. Debido a que existen múltiples matices en torno a esta simple idea, presentaremos los distintos “cierres” alternativos a partir de un marco contable simplificado.
2. Los fundamentos
La inspiración fundamental de este enfoque proviene de las obras seminales de John M. Keynes (1936) y M. Kalecki2 (1956), quienes desarrollaron el principio de la demanda efectiva. La diferencia fundamental es que aquí nos preocupamos por el crecimiento, lo cual requiere extender la vigencia de dicho principio más halla del corto plazo. Mientras que en macro se enseña que las decisiones de gasto afectan el grado de utilización de la capacidad instalada para un nivel determinado de la capacidad productiva, la teoría del crecimiento se encarga de analizar los factores que influyen sobre la oferta potencial. Esta es la idea más fuerte de las teorías que presentaremos a continuación: la demanda importa para entender el largo plazo.

Casi de forma natural aquí emerge un autor cuya influencia sobre las teorías que vamos a analizar fue crucial: Roy Harrod (1936). En el campo de investigación de este pensador siempre estuvo presente la problemática del ciclo económica y la (in)estabilidad en las economías capitalistas. Aunque su teoría fue concebida independientemente, muchos de sus aportes tienen el sabor típico de las recetas keynesianas.

Sin lugar a dudas lo que distingue a Harrod de Keynes es su preocupación explicita por rastrear explícitamente la trayectoria del producto potencial trascendiendo el análisis del ciclo económico, algo que Keynes hizo sólo de forma fragmentaria3 y que Kalecki pretendió resolver formalmente con poco éxito. Unir la macroeconomía con la teoría del crecimiento es una tarea matemáticamente compleja y no es extraño que los modelos económicos se presenten de forma dicotomía: por un lado modelos con fluctuaciones (“cíclicas”) en torno a una tendencia predeterminada y por el otro modelos que presentan la evolución de la tendencia en forma pura, haciendo abstracción de las fluctuaciones. Aunque diversas corrientes han lidiado de diversas formas con esta dicotómica, lo que importa subrayar es que una cosa es utilizar el principio de la demanda efectiva para explicar las fluctuaciones macroeconómicas en torno a una tendencia y otra emplearlo para explicar la tendencia misma. De esto último nos ocuparemos aquí.

En la obra de los economistas clásicos (y también en los precursores marginalistas que Keynes emparenta con Ricardo) se omite por completo el papel de la demanda efectiva en la determinación de la oferta potencial. Lo que comúnmente se denomina como “Ley de Say” describe perfectamente cual era la presuposición de los Clásicos: no puede existir abarrotamiento generalizado de mercancías, pues todo ingreso no gastado se destina a la acumulación. La inversión alcanza el nivel que tiene que alcanzar para garantizar el vaciado de los mercados de bienes. Podrían existir excesos de oferta, pero estos tienen irremediablemente un carácter local y/o temporal. Dice Ricardo:
M. Say ha evidenciado en forma muy satisfactoria, sin embargo, que no hay cantidad de capital que no pueda ser empleado en un país, porque la demanda está limitada únicamente por la producción. Ningún hombre produce sino con vistas a vender o a consumir, y nunca vende si no es con la intención de comprar alguna otra mercancía que le es útil inmediatamente, o le sirve para una producción futura. Al producir, pues, el se hace necesariamente consumidor de sus propios productos o comprador de los ajenos. NO ha de suponerse que el haya de estar mal informado durante mucho tiempo sobre lo que deba producir mas ventajosamente para lograr el fin que se propone, o sea la posesión de otros bienes; y, por lo tanto, no es probable que produzca continuamente una mercancía de la que no hay demanda.”

Ricardo, D. (1817:2007), Cap. 21.
Una idea similar rodea una gran parte de la obra de Marx quien a pesar de insistir en reiteradas ocasiones que la Ley de Say en un sin sentido4, elaboró sus famosos esquemas de reproducción (tanto en escala simple como ampliada) asumiendo que todo el excedente ahorrado se reinvierte.

La economía posterior a Keynes, a partir de la Síntesis Neoclásico-Keynesiana, ha recuperado esta vieja idea, postulando que ante la inexistencia de precios inflexibles todos los mercados se vaciaran a su debido tiempo, de modo que la demanda efectiva tiene la capacidad de influir sobre el nivel de producción y empleo sólo en períodos acotados de tiempo. La existencia de estímulos sistemáticos sobre la oferta tiende a traducirse a la larga en incrementos generalizados de los precios5.

En las teorías que presentamos a continuación la demanda entre la determinación tanto del grado de utilización como del producto potencial.
3. El Marco General
Comencemos por aclarar lo más importante. El conjunto de ecuaciones que presentamos constituye un núcleo básico que no es patrimonio exclusivo de ninguna teoría por el hecho de estar conformado por identidades contables que son comunes a cualquiera de ellas. Aquí seguimos una estrategia argumentativa utilizado por autores como Sen (1970), Taylor (1991, 2004) y Marglin (1984) para comparar teorías económicas, consistente en adoptar un conjunto de ecuaciones comunes y luego presentar distintas combinaciones de variables exógenas y endógenas. De este modo emergen ordenamientos jerárquicos y relaciones de causa-efecto que identifican a cada tradición intelectual.

En la terminología de la Escuela de Estocolmo (Ohlin, 1937) el marco común lo constituyen las variables “ex-post“ o “realizadas” registradas por la contabilidad, mientras que los rasgos específicos de cada tradición brotan de las distintas formas de concebir las variables “ex-ante” o “planeadas”6.

Las teorías del crecimiento siempre tienen presente la identidad contable Ahorro = Inversión, aunque la descripción de la dinámica del sistema sea diferente. Tanto neoclásicos como keynesianos parten de la igualdad “ex-post” entre el ahorro y la inversión, pero cambian la pregunta por la forma que toman dichas variables “ex-ante”. Mientras que en un cierre de tipo keynesiano se establece que la inversión es una decisión autónoma de los capitalistas en virtud de su acceso preferencial al crédito mientras y el ahorro es un mero residuo (un “no gasto”), al reverso, en un cierro tipo neoclásico se endogeneiza la decisión de ahorrar asumiendo que los agentes optimizan la senda temporal de su consumo sujeto a una restricción de riqueza. (Recordemos la Ec. De Euler del modelo de Ramsey-Cass-Koopman)

Con las teorías del crecimiento tirado por la demanda pasa algo parecido. Para algunas el ajuste en el largo plazo recae sobre el grado de utilización, para otros sobre la distribución del ingreso, hay quienes piensan que ambas posiciones son incompletas, e incluso existen quienes sostienen que todo depende del momento y del lugar.

Para entender mejor las distintas posiciones que existen dentro de la teoría del crecimiento liderado por la demanda emplearemos unas pocas ecuaciones, que representan la demanda de inversión, una “curva de ahorros7” y alguna otra relación vinculada a la relación de precios. Con muy poco es posible entender en dónde radican las discrepancias. En todos los casos la pregunta relevante es la siguiente: dado que las decisiones de inversión se toman de forma autónoma, ¿cómo ajusta el sistema ante un cambio en el gasto de inversión? ¿Las expectativas de qué agentes se ven frustradas, la de los inversores o las de los ahorristas? ¿Es posible generar un flujo equivalente de ahorros para “financiar la inversión”? Si esto es así, ¿suben los precios o las cantidades?. Y la lista podría continuar con: ¿Es el sistema estable? ¿Pueden existir distintos regimenes, en el sentido de que el sistema ajusta de distintas formas según las circunstancias?
A. Las “Ecuaciones” de Harrod
El “modelo de Harrod” en verdad no es más que una descripción “verbal” montada sobre un set de identidades contables. Comenzando por la identidad macroeconómica fundamental
(1)
Donde el ingreso no gastado equivale al ingreso invertido

(1.a)
Luego Harrod postula que el ahorro es una fracción constante del ingreso

(2)
La tercera relación es la que Harrod denomina “acelerador”, y liga a la inversión con las variaciones del producto potencial “y*”

(3) *
Como vemos se trata de función que vincula los cambios en el stock de capital con los cambios en el producto potencial, mediante un coeficiente “” que determina cuanto capital se requiere para atender a la demanda. Como , entonces:

(3.a) *
Si asumimos que existe una relación lineal y estable entre el stock de capital y el producto potencial, entonces el ratio marginal coincide con el medio

(3.b)
Entonces “v” es la relación entre el stock de capital y el producto potencial.
Juntando (1), (2) y (3) tenemos la expresión para la tasa garantizada de Harrod :

(4)

Nótese que se trata una condición de equilibrio que debemos distinguir de la identidad contable que por definición se cumple en todo momento del tiempo. Podemos denominar como “tasa actual de crecimiento” a

(5)
Esta tasa de crecimiento es la que se verifica siempre o tasa efectiva. Notemos que si , entonces la tasa actual de crecimiento es igual a la tasa garantizada y el ratio capital-producto es el equivalente al ratio capital-producto potencial. En otras palabras, se da cuando el producto coincide con el producto potencial. De esta forma mide el grado de utilización de la capacidad instalada.

Si escribimos q=v/u, entonces tenemos

(6) /v
(6) es la tasa efectiva a la que se acumula capital: el ratio entre el ahorro total y el capital. Alternativamente puede escribirse como:

(6.a)
Aquí adoptamos una convención de la literatura sobre el crecimiento liderado por la demanda, que consiste en “normalizar” las variables dividiéndolas por el stock de capital.8
Para analizar los problemas del equilibrio hace falta especificar alguna función que exprese a la tasa de crecimiento como alguno de los parámetros del modelo, para luego compararla con nuestra tasa actual. La alternativa más tentadora consiste en especificar algún tipo de función de inversión, algo que por si cierto Harrod hace sólo de forma “verbal”. Por simplicidad asumamos que la tasa de acumulación es función del grado de utilización de la capacidad instalada.

(7)
De modo que la condición de equilibrio de nuestro sistema es

(8) , O bien (8.a) /v
Si graficamos usando el eje Y para las tasas de acumulación y el eje X para el grado de utilización, ya sabemos que , la tasa efectiva, es una función creciente de “u” en todos sus puntos, siempre positiva, sin intercepto y con pendiente , que es el supuesto más tradicional sobre la propensión al ahorro. De sabemos que es sólo una función creciente. Aún sin especificar dicha función ya podemos introducir un elemento común a todos los modelos de crecimiento impulsado por la demanda. Para que exista estabilidad la función de inversión debe ser menos sensible ante un cambio en el grado de utilización que la “oferta de ahorros”. Matemáticamente, la pendiente de “f(u)” debe ser menor que la pendiente de “s”. Supongamos por un momento que es lineal. Entonces tendremos dos casos.

En el Gráfico 1 se observa el caso inestable, donde la inversión es más sensible que el “ahorro” ante los cambios en el grado de utilización. En cualquier punto que nos situemos fuera del equilibrio podemos ver que las propias fuerzas de la economía nos alejan más y más. El Gráfico 2 es el reverso. La mayor sensibilidad del “ahorro” garantiza que las fuerzas del mercado lo llevan hacia una posición estable.

También podríamos haber graficado funciones de inversión como la que se observan en el Gráfico 3, donde su no linealidad da lugar a equilibrios múltiples. En este caso cada equilibrio será estable o inestable según la relación entre las pendientes.
Gráfico 1: Caso Inestable


Gráfico 2: Caso Estable



Gráfico 3: Equilibrios Múltiples


Sin embargo, por la forma en que hemos armado nuestro “modelo”, nada hasta aquí nos ha garantizada que el comportamiento de los inversores los lleve a mantener niveles de inversión óptimos, que son aquellos que permite establecer una cierta proporción entre el stock de capital y el ingreso. Esto se denomina comúnmente como “grado de utilización normal de la capacidad instalada”. Específicamente, podríamos haber postulado que la inversión es función de la diferencia entre el nivel actual de utilización de la capacidad y el nivel considerado “normal” por las firmas.
(8.b)
Donde u*=1, es decir, el grado normal coincide con el ratio capital-producto de equilibrio.
En el Gráfico 4 se aprecia claramente el problema de la inestabilidad en Harrod. En este caso, existen dos equilibrios. El de la izquierda que es estable, y el de la derecha que no los es. Tampoco existe garantía de que las curvas de “ahorro” e “inversión se crucen justo sobre el punto de plena utilización de la capacidad.


Gráfico 4: El “filo de la navaja



Aunque no puede afirmarse que todas estas conjeturas “gráficas” son fieles a Harrod, creemos que ilustran bastante bien el punto principal: en principio no hay razones para creer que las economías capitalistas recorren un sendero de crecimiento estable. S

Hasta aquí hemos supuesto que el desequilibrio se expresa en cambios en el grado de utilización de la capacidad, y que el sistema ajusta por cantidades. Para distinguir entre tradiciones intelectuales no es tan relevante la forma en que se expresa el desequilibrio. Originalmente Harrod suponía que la variable clave, la que cubre la brecha entre la inversión realizada y la planeada, son los inventarios. El problema de la inestabilidad (conocido como el “filo de la navaja”) surge porque los cambios no planeados de los inventarios no implican cambios en el monto agregado de la inversión. Por ejemplo, la desacumulación involuntaria (que se origina cuando la inversión planeada supera al ahorro planeado) implica que en el agregado los planes de inversión no se cumplen, y se invierte tanto como se ahorro ex-ante, ya que al desagotarse los stocks de mercancías las cuentas nacionales registran un desinversión en inventarios. El desequilibrio no se corrige porque los empresarios invierten más cuando los inventarios se reducen, porque la señal que les envía el mercado es que han invertido poco, cuando en verdad han invertido “demasiado” (es decir, más que aquella cantidad que genera una tasa de crecimiento equivalente a la tasa garantizada)

Lo que es verdaderamente relevante para catalogar a las distintas teorías es el carácter del proceso el ajuste; si este se basa en precios y en cantidades, si existe o no plena utilización de la capacidad, si la distribución del ingreso se relaciona directamente con la tasa de acumulación. La evolución de los modelos de crecimiento liderado por la demanda puede entenderse con relativa facilidad siguiendo esta pauta interpretativa.
4. Cierres alternativos
Es bastante reconocido en la literatura sobre el crecimiento liderado por la demanda (Barbosa-Filho, 1999) la existencia de dos “visiones” o cierres alternativos al esquema de Harrod, denominados por Garegnani (1992) como “Primera” y “Segunda Posición Keynesiana”. Así mismo existen posiciones del tipo Marxistas o Neoclásicas. Aunque no las analizaremos aquí, cabe destacar que la diferencia más importante entre el enfoque “Demand-Lead” y los antedichos son: i) la total ausencia de una modelización explicita del comportamiento de los inversores; ii) la irrelevancia del principio de la demanda efectiva para explicar la evolución de largo plazo de las variables reales una economía capitalista. Por motivos distintos, la tradición Marxista y Neoclásica comparten estos dos puntos.

Por último, existen modelos más recientes que pretenden sintetizar algunos aspectos de ambas posiciones Keynesianas, y serán reseñados en el último apartado.
A. Primera Posición Keynesiana

Tal como esta, nuestro esquema de ecuaciones es terriblemente pobre. Y aunque no mejorará mucho, al menos podemos contentarnos con introducir otro tipo de relaciones funcionales e identidades contables. Por ejemplo no hemos mencionado los precios y la distribución del ingreso. No sabemos que ocurrirá si, por ejemplo, la economía llegará a algún techo de capacidad productiva.

Precisamente un cierre a las identidades de Harrod, desarrollado por los economistas de Cambridge Joan Robinson (1956), Nicholas Kaldor (1956), Richard Khan (1959) y Luigi Pasinetti (1962) aborda estas cuestiones, aunque con resultados con poco gusto “keynesiano”.

En los modelos de Cambridge se asume que la economía opera a su nivel de plena utilización de la capacidad instalada9 (u=1) gracias a la existencia de precios flexibles.

Antes de introducir algunas hipótesis de comportamiento rudimentarios, veamos que sólo con el marco contable ya podemos hacernos una idea clara de lo que implica este enfoque. Sigamos a Robinson y a Kaldor, y postulemos lo que se denomina como “función Clásica de ahorro”, que consiste en modificar la relación (2) introduciendo de forma explicita la propensión al ahorro de las distintas clases sociales, aunque en este caso nos limitaremos a capitalistas y trabajadores
(9)
Siendo y las propensiones al ahorro de trabajadores y capitalistas, y y sus respectivos ingresos totales (salarios y ganancias).
Recordando que la tasa actual de crecimiento equivalía a g=s/v y sY=S, entonces

(10)
Otro supuesto usual es que los trabajadores no ahorran y los capitalistas no gastan10, con lo cual y . Tenemos entonces

(10.a)
Esto es, nuestra tasa de crecimiento es equivalente a la tasa de ganancia. Nótese que nuevamente lidiamos con identidades contables. Si avanzamos un paso más y establecemos que la tasa de crecimiento está determinada de forma independiente, una vez que están dadas las propensiones al ahorro y el grado de utilización de la capacidad, la tasa de ganancia emerge inexorablemente. Si sólo existe ahorro proveniente de los beneficios, y estos se ahorran en su totalidad, entonces el monto total de la acumulación es equivalente al monto total de las ganancias. Kaldor expresa esto con un simpático aforismo basado en la ecuación de Kalecki (1942) de los beneficios, afirmando que “los trabajadores gastan lo que ganan y los capitalistas ganan lo que gastan11”.

¿Cual es el mecanismo económico fundamental que subyace detrás de este simple esquema? La inversión genera los ahorros necesarios para financiarla mediante cambios en la distribución del ingreso. Siempre y cuando (que se cumple si suponemos que todo el beneficio se ahorra y todo el salario se gasta). De este modo, un aumento de la inversión provoca, ante un salario nominal dado, un aumento de precios que redistribuye ingresos desde los asalariados hacia los capitalistas, por lo que el ahorro total debe aumentar para equipararse con la nueva inversión.

Dado que el ingreso total se distribuye entre trabajadores y capitalistas, denominemos al precio (de una única mercancía que se consume e invierte) y al nivel de empleo
(11)
Como se asume que es posible integrar verticalmente los distintos sectores de la economía12 (o bien que se produce un único bien), en el agregado el precio equivale a un mark-up sobre los costos salariales totales. Denominado como a la tasa de mark-up y como a los requerimientos de empleo por unidad de producto (la inversa de la productividad del trabajo ).
(12) , Si multiplicamos miembro a miembro por el ingreso, y puesto que , → (12.a)
Juntando (11) y (12.a), tenemos
(13) , Que es equivalente a (13.a)
Es decir que es el ratio beneficios totales-masa salarial total. Por lo tanto, cuanto mayor es mayor es , la participación de los beneficios en el ingreso (). Siguiendo a las ideas de Robinson, puede pensarse que la tasa de acumulación actual de capital, que era nuestra expresión (6), puede generalizarse de la forma siguiente

(14) /v
Como denota la participación de los beneficios en el ingreso, u=Y/Y* y v=Y*/K, entonces

(14.a)

Puesto que se asume el pleno uso de la capacidad (es decir, u*=1), la “oferta de ahorros” equivale a la tasa de ganancia (dado que ).

(15) =/v
Como puede verse en (15), una suba en el mark-up acompaña necesariamente a una suba en la participación de los beneficios en el ingreso, una suba en la tasa de ganancia y una suba en la “oferta de ahorros”. Adicionalmente Robinson postula que las empresas desean acumular en función de sus beneficios.

(16)
Con lo cual tenemos una doble relación entre beneficios y acumulación, ya remarcada por Kalecki: las firmas acumulan en función de sus beneficios y obtienen beneficios porque acumulan. Gráficamente tenemos un planteo similar al de la sección anterior, pero con la tasa de beneficios en lugar del grado de utilización de la capacidad, ya que en los modelos de Cambridge siempre hay pleno empleo del capital.

Nuevamente podríamos pensar en una gran variedad de relaciones funcionales para explicitar la conducta de los empresarios, y nuevamente las condiciones de estabilidad dependerán de que se cumpla que .
Gráfico 5: Caso Inestable



Existe mucha controversia en torno a la validez de la teoría de la distribución de Cambdrige, particularmente en lo que respecta a la pasividad de los trabajadores. Particularmente irritante es la idea de que los aumentos en la tasa de acumulación conllevan caídas en el salario real13, cuando la evidencia empírica y el sentido común indican que los sindicatos se fortalecen cuando crece la ocupación y el empleo14.

De todos los autores Robinson fue la más flexible, ya que impuso un valor mínimo para el salario real conocido como la “barrera de la inflación”. Superado el umbral crítico, los aumentos en la inversión que generan presiones en los precios suscitan la reacción de los sindicatos, los que presionan para reestablecer el salario real. En algún punto la autoridad monetaria interviene para enfriar la economía. Pero aquí estamos en un terreno completamente anti-Keynesiano. La distribución del ingreso ya no puede ajustarse a las exigencias de la inversión y la función de ahorro “Clásica” nos determina la tasa máxima de acumulación. Gráficamente es como si la curva de ahorros se empinara súbitamente: tendríamos una tasa máxima de ganancia que impide que a los empresarios llevar a cabo sus aspiraciones de acumulación, en la medida en que estas superen la barrera impuesta por la conflictividad sindical.
B. Segunda Posición Keynesiana
Puesto que nuestro sistema de identidades contables nos indica que la tasa actual puede expresarse como /v, si queremos emplear algún mecanismo para determinar la tasa de crecimiento nos están sobrando variables. Una alternativa es hacer del ratio capital-producto de equilibrio “v”, algún tipo de función de la tasa de interés; esto hace la teoría neoclásica del crecimiento. Otra alternativa sería asumir que las propensiones al ahorro cambian (en este caso, la propensión al ahorro de beneficios). La solución Kaldor y Robinson, como hemos visto, consiste en hacer variar la participación de los beneficios en el ingreso.

El restante camino para completar la formulación original de Harrod consiste en tomar como variable al grado de utilización de la capacidad instalada “”. Un modelo en el cual se admite que el grado de utilización de la capacidad puede fluctuar se asocia muy estrechamente con el nombre de Michal Kalecki, no porque autores como la propia Robinson no se vieran influenciados por la obra del economista polaco, sino porque esta segunda posición retiene un elemento que les particularmente ajeno a la tradición de Cambridge y que es propio de la tesis del “grado de monopolio” (desarrollada por Kalecki): la “exógeneidad de la distribución del ingreso”.

Esta tesis hace referencia a que la distribución del ingreso ya no debe guardar una relación directa con la tasa de acumulación como en el modelo de Cambridge. Los movimientos de la inversión pueden ser acomodados por los cambios en el grado de utilización sin que la distribución tenga que cargar con el peso del ajuste.

Entre los seguidores de Kalecki se cuestiona bastante la existencia de un nivel predefinido de pleno uso de la capacidad, argumentando que el mismo posee bastante flexibilidad como para acomodar los cambios en la demanda. Por otra parte, la teoría de la distribución basada en la “inflación de ganancias” resulta inaceptable dentro de este círculo de autores, debido a que se postula un rol muy activo a los sindicatos, los que generalmente ejercen mayor presión cuando el empleo cree.

El problema de los modelos Kaleckianos radica en su función de inversión. Como los Kaleckianos no asumen el pleno uso de la capacidad, resulta especialmente difícil explicitar las razones por las cuales un empresario invierte. Después de todo, ¿para que ampliar la planta si se supone que siempre existe margen para atender a la demanda? ¿Cómo analizar los cambios en la inversión sin asumir que existe algún grado de utilización que deje “conformes” a los empresarios? La respuesta es muy dificultosa y consiste en formular funciones de inversión que relacionan la tasa de acumulación tanto con la rentabilidad como con el grado de utilización. Se trata de formulaciones “hechas para cada ocasión”, que permiten en algunas circunstancias históricas asumir que los empresarios son más sensibles a la tasa de rentabilidad y en otros a las variaciones del grado de utilización.

Los autores Kaleckianos sugieren que hay que reflejar las características de cada economía en cuestión (rasgos institucionales, espíritus animales, condiciones crediticias, etc.) modificando el valor de los parámetros, de modo que lo que se modela en primera instancia es una función general plausible de ser adaptada a cada caso particular. El resultado dependerá de cuál sea el efecto con mayor fuerza. Los esfuerzos por modelizar adecuadamente la inversión provienen de los trabajos de Steindl (1952) y del propio Kalecki. Más tarde Bahduri y Marglin (1990) popularizaron el enfoque mediante el siguiente planteo15.

Dada una función “clásica de ahorro” (todo el salario se consume), el efecto sobre la demanda agregada de un cambio distributivo dependerá de qué ocurra con la inversión. Si la inversión aumenta cuando la participación de las ganancias en el ingreso aumenta, y su crecimiento es mayor (menor) que la merma en el consumo (pues la propensión al consumo de los capitalistas es menor que la de los trabajadores) se dice que la economía es “exhilaracionista” (“estancasionista”). En otras palabras, se dice que se trata de una economía “tirada por las ganancias” (“tirada por los salarios”).

Además de analizar el impacto inicial sobre la demanda agregada, estas formulaciones contiene una serie de categorías para distinguir entre regimenes de acumulación y entre distintas situaciones distributivas. Se dice que una economía crece tirada por los salarios (ganancias) si el efecto sobre la oferta potencial depende de que la distribución se sesgue a favor (en contra) de los trabajadores. Por otra parte, un sistema (exhilaracionistas o estancasionista) será cooperativo si la masa salarial crece cuando crece la tasa de ganancia, y será conflictivo cuando estás se muevan en sentido contrario. Nótese que esta última dicotomía es posible debido a que si bien una economía estancansionista tiende a creer cuando la distribución les es más desfavorable a los trabajadores, nada impide que la masa salarial total se incremente. Lo mismo puede ocurrir con la tasa de ganancia.

Se trata de una generalización de una idea de Rowthron (1982), conocida como la “paradoja de los costes”. Según esta, cuando existe margen para aumentar el grado de utilización de la capacidad instalada, si los trabajadores tienen menor propensión al ahorro que los capitalistas, una distribución del ingreso más favorable –que en general hace subir los salarios reales- puede incrementar la tasa de ganancia. Esto ocurre porque la tasa de ganancia es el ratio entre las ganancias totales y el stock de capital total. A su vez, las ganancias totales son una función creciente del grado de utilización de la capacidad (para un mismo nivel de la participación de las ganancias en el ingreso) y de la participación de las ganancias en el ingreso (para un nivel de utilización de la capacidad).

La base común con la teoría de Cambridge es la función de “ahorro”

(14) /v
Resta especificar una función de inversión. No discutiremos los fundamentos de nuestra elección. Emplearemos la especificación de Bhaduri y Marglin a fin de ilustrar los puntos relevantes de la tradición Kaleckiana. En particular, dicha función tiene la forma:

(17)
Puesto que (13) incorpora el impacto del grado de utilización y del mark-up, implícitamente estamos diciendo que la inversión depende de la tasa de ganancia realizada. El intercepto captura los “espíritus animales” de los empresarios.

Reemplazando (17) en (14) e igualando a cero

(18)
Diferenciando primero con respecto a la participación de las ganancias y luego con respecto a la utilización de la capacidad obtenemos:
(19)
Una condición general que se le suele incorporar a los modelos keynesianos consiste en asumir que la inversión es menos sensible que el ahorro ante los cambios en el ingreso. En este caso, esto equivale a asumir que el denominador es positivo. Consecuentemente, el signo de (19) dependerá de la diferencia entre los términos del numerador. En particular, cuando sabremos que la inversión es más sensible que el ahorro a los cambios en la participación de las ganancias en el ingreso, con lo cual . Se dice que se trata de una economía “Exhilaracionista” o simplemente “tirada por las ganancias”. En el caso contrario, cuando , se dice que la economía es “Estancasionista” (o “Subconsumista”) o simplemente “tirada por los salarios16”. Vemos que no hay una única relación entre distribución del ingreso y grado de utilización de la capacidad, como ocurría con el otro modelo keynesiano.

A si mismo, es fácil advertir que en el caso “Exhilaracionista” la tasa de ganancia es siempre creciente con respecto al mark-up, puesto que el grado de utilización también crece. Sin embargo, en una economía “Estancasionista” es posible que una caída en el mark-up eleve la tasa de ganancia, en la medida en que el grado de utilización crezca en mayor proporción.

En una economía “Estancasionista” la masa salarial cree siempre que caiga la participación de las ganancias en el ingreso, aunque este resultado puede obtenerse en una economía “Exhilaracionista”, en la medida en la que el grado de utilización crezca lo suficiente como para elevar el empleo lo suficiente para compensar el menor salario real.

Tenemos pues cuatro casos17:



  1. Exhilaracionismo Cooperativo. y

  2. Exhilaracionismo Conflictivo. y

  3. Estancasionismo Cooperativo. y

  4. Estancasionismo Conflictivo. y


La conclusión fuerte a extraer de los modelos kaleckianos es que no existe una ley de la acumulación valida para todo momento y espacio. La distribución del ingreso puede variar según las circunstancias. No obstante, para arribar a este resultado no puede existir pleno uso de la capacidad instalada18.
C. Un cierre alternativo: Los modelo con Gastos Autónomos
Existe un tercer camino que intenta retener tanto la exogeneidad de la distribución como la existencia de tendencias hacia el pleno empleo del capital. El propio N. Kaldor (1996) y autores como F. Serrano han retomado un concepto acuñado por Hicks (1950) llamado “supermutiplicador”. En estas formulaciones se supone que la inversión es completamente arrastrada por la existencia de “gastos autónomos”. Este importante elemento altera la ecuación de la determinación del ingreso al hacer ingresar a todos los componentes de la demanda como dependiendo funcionalmente del ingreso, con la excepción de un componente que denominaremos “gastos autónomos”. Como en el caso del modelo de Kaldor estos gastos son principalmente las exportaciones, es posible construir una explicación en la que la brecha externa es la principal restricción al crecimiento.

Para entender porque son importantes los gastos autónomos, partamos nuevamente de la ecuación macroeconómica fundamental.

(20)
Fíjense que si hacemos depender al consumo, a la inversión, a las importaciones y al gasto público del nivel de ingreso, tendríamos una expresión como (21)

(21)
En la medida en que el término entre paréntesis se encuentre entre comprendido entre cero y uno el nivel de ingreso estará completamente determinado. En cambio, si hiciéramos que todos los componentes de la demanda agregada estuvieran traccionados por el nivel de ingresos, estaríamos nuevamente en el ámbito de la ley de Say. Para que exista crecimiento tirado por la demanda es esencial que al menos algún componente del gasto agregado no dependa del nivel de ingresos. Si bien en Harrod se retiene la idea un nivel normal de utilización de la capacidad instalada, no se especifica ningún componente verdaderamente autónomo y sólo existen dos resultados posibles: i) crecimiento con pleno empleo; ii) algún tipo de cataclismo económico, como una hiperinflación (que ocurre porque el multiplicador es infinito) o una mega depresión (que ocurre porque el multiplicador es cero).

Fuera del esquema de Harrod se han propuesto la dos posiciones keynesianas con el fin de ofrecer una versión estilizada del crecimiento impulsado por la demanda en la cual sea plausible la estabilidad. En el caso de Robinson y Kaldor, el papel de los gastos autónomos quedo reservado para la inversión reproductiva: el resultado es que la única forma de que exista pleno uso del capital consisten en obligar a que la distribución del ingreso ajuste para vaciar el mercado de bienes.

En los autores Kaleckianos, al no existir pleno uso de la capacidad se gana un grado de libertada para determinar la distribución. Pero existe un margen muy amplio dentro del cual la utilización de la capacidad puede situarse en el largo plazo. Aquí reaparece un punto ya subrayado por Harrod: en el largo plazo las expectativas de los empresarios deben cumplirse, de modo que la capacidad productiva debe quedar de alguna forma alineada con el crecimiento “normal” de la economía19. En otras palabras, la inversión que crea capacidad productiva está completamente arrastrada por la demanda (pues es factible suponer que algunos gastos como la inversión en I+D son autónomos); nada indica que la tasa de ganancia tenga influencias bien definidas sobre la inversión20.

Aunque suene paradójico, la idea tiene gran plausibilidad si pensamos que los empresarios invierten en ampliar la capacidad productiva para defender su couta de mercado. Si no hay expectativas de incrementar las ventas, porque habrían de incrementar los pedidos de maquinarias y equipos ante una mera suba en la rentabilidad?

Dentro del marco que analizaremos es perfectamente lógico suponer, por ejemplo, que una suba en el salario real que haga bajar la tasa de ganancia resulte en tasas de crecimiento y de inversión más elevadas (Serrano, 1995).
Para ver mejor esto, tomemos el modelo propuesto por Serrano. En presencia de gastos “autónomos” , el multiplicador es

(16)
Si incorporamos un acelerador para explicar los gastos en la inversión que crea capacidad obtenemos

(17)
Donde , de modo que la fracción de la inversión sobre el ingreso es una función creciente de la tasa de crecimiento . Si despejamos en (17) para obtener la tasa de crecimiento , arribamos a la siguiente formula:

(18)
Donde . En esquemas como el de Serrano es posible que dentro de un rango razonable que varía entre cero y la tasa de crecimiento máxima (dada por , que es aquella tasa para la cual no existen gastos autónomos) la cantidad de ahorro puede ser acomodada sin que cambie la propensión al ahorro (y por ende no es necesario que se modifique la distribución del ingreso) y sin que el grado de utilización de la capacidad se aleje sistemáticamente de su nivel normal. Nótese que no hemos introducido en ningún momento las fluctuaciones del grado de utilización de la planta. Aunque nunca hiciéramos variar la capacidad, vemos que es posible tener crecimiento liderado por la demanda, distribución del ingreso exógena y pleno empleo del capital todo junto.

La posibilidad de que una suba en la tasa de crecimiento actual produzca una suba en la tasa garantizada se logra gracias a que la fracción de los gastos autónomos en el ingreso se reduce cuando la tasa de crecimiento se acelera, puesto que se trata de gastos autónomos. Puede demostrarse que en el larga plazo la tasa de crecimiento depende de la tasa de crecimiento de los gastos autónomos, y que el nivel del ingreso depende del nivel de los gastos autónomos y del tamaño del supermultiplicador, que es mayor cuanto menor es el ratio producto/capital y menor la propensión marginal al ahorro (Serrano, 1995).

Nótese que en este esquema los cambios en la inversión pueden ser acomodados precisamente porque la propensión media a ahorrar puede variar, mientras que la propensión marginal de la economía (que depende de la distribución del ingreso) no tiene porque hacerlo. La clave está en que ambas propensiones son diferentes una vez que la función de ahorro es y no . La propensión media a ahorrar con gastos autónomos resulta ser:

(19)
Mientras que la propensión marginal es

(20)
Por último, cabe agregar que si reemplazamos a los gastos autónomos por las ventas de la economía doméstica en el exterior, es posible obtener lo que se conoce como la tasa máxima de crecimiento compatible con el equilibrio de la balanza de pagos, “descubierta” originalmente por Harrod (1975) y equivalente –en ausencia de cambios en los precios relativos- al ratio entre la tasa de crecimiento de las exportaciones y la elasticidad ingreso de las importaciones (Thirlwall y Hussain, 1982). Se trata de un tema clásico del Estructuralismo Latinoamericano, enfatizada fundamentalmente por Presbich (1950)

No exploraremos aquí esta teoría, aunque conviene tener presente que se trata de una visión compatible con el modelo de los gastos autónomos, en el sentido de que es una explicación del crecimiento basada en el principio de la demanda efectiva que no requiere distribución del ingreso “endógena” o subutilización de la capacidad instalada.

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