En un orden de lo más básico a lo más elevado, primero vienen los impulsos y las tendencias. Luego, en un segundo nivel, podemos distinguir las necesidades básicas y deseos. En nuestra lengua se definen necesidades como una exigencia urgente






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fecha de publicación26.09.2015
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Las necesidades humanas1.
En un orden de lo más básico a lo más elevado, primero vienen los impulsos y las tendencias. Luego, en un segundo nivel, podemos distinguir las necesidades básicas y deseos.

En nuestra lengua se definen necesidades como una exigencia urgente (de materia, condiciones, organización y canalización de energías), que dimana de la constitución misma o estructura básica de un organismo vivo (físico o psíquico). Las necesidades humanas no son solo materiales, pues si así lo fueran no explicarían la cultura y precisamente son las necesidades, procedentes de las dimensiones básicas del hombre, el primer factor que origina la misma. Las necesidades de cada especie dependen de la complejidad y variedad de elementos de su estructura básica y en la especie human se producen a todos sus niveles. Reducirlas a un solo nivel supondría que este constituya la base estructural del hombre, lo cual esta en contra de lo que demuestra el fenómeno cultural.

Las necesidades son especificas, diferenciadas y en ellas se van determinando funcional y dinámicamente los impulsos y tendencias.
Desde una mirada antropológica, y por tanto más abarcativa que la psicológica, podríamos pensar que hay una serie de necesidades y entre las cuales no es posible priorizar sin desequilibrar la dinámica humana:
Necesidades económicas: subsistencia material, producción de medios protectores, instrumentos, organización de procesos productivos eficaces y económicos.
Necesidades adaptativas o ecológicas: tienen que ver con la relación con el medio.
- Al medio ecológico: ya sean de orden material o físico o de carácter cultural o psíquico, consisten en hallar sustento en un determinado territorio y aceptar (psicológicamente) un conjunto de condiciones de vida que hagan posible una existencia con un mínimo de posibilidades de bienestar y realización en ese territorio.
-Del medio a la praxis: el hombre utiliza todos los recursos para huir de un medio hostil, adaptarse a él o modificarlo.
-A los procesos socioculturales: las culturas mas diferenciadas y potentes obligan a la transformación y adaptación de culturas mas primitivas dando lugar a fenómenos de “aculturación”, formación de “subculturas” (por marginación), “sincretismo cultural” (fusión de teorías aparentemente inconciliables en un sistema filosófico o religioso) y convalidación de “culturas mixtas”.
Necesidades formalizativas: se refieren a la canalización y organización coherente y práctica de hechos. La realidad en sí nos es desconocida hasta que la filtramos mediante determinados puntos de referencia, organizados según un código preciso para que resulte accesible a la comprensión humana. (el código puede ser crítico, fantástico, estético, convencional, practico o científico)
Necesidades psíquicas

De la constitución psíquica del hombre pueden deducirse tres tipos de necesidades, que pueden calificarse de constitutivas, de modo que algunas de ellas no se pueden dejar de satisfacer, y otras, si quedan insatisfechas, hacen malograrse el proceso de realización humana.


  1. el tipo más urgente de necesidad existencial es la de desarrollo armónico de la integración sucesiva de los impulsos parciales a partir de la primera infancia. Los impulsos parciales se van integrando sobre el fondo inconsciente- subconsciente de cada individuo. Para lograr esa integración armónica, es necesario que la persona supere las fijaciones anacrónicas (el quedar fijados a objetos infantiles, cuando uno ya es grande!!!) y el quedar enganchado simbólicamente con algún objeto de deseo. Esto no viene dado por un proceso natural automático. Depende de muchos factores.




  1. el segundo tipo de necesidades, constante a lo largo de la trayectoria existencial, derivan de la naturaleza animal y social que el ser humano tiene: son las necesidades de comunicación y descarga de preocupaciones y de sentimientos pesados, mediante esa misma comunicación. También abarca la necesidad de recibir información de la realidad que enriquezca su subjetividad indigente. La degradación de esta necesidad es la “curiosidad”.




  1. el tercer tipo comprende las necesidades de situar en un contexto real y ético las fuerzas impulsivas (pulsiones) y fantaseadores de la vida inconsciente. De no ser así, esos impulsos podrían desviar la conducta hacia formas irreales (fuera de la realidad) y antisociales. O en el mejor de los casos, si no se satisface esa necesidad de realidad y eticidad, en los casos de personas con formación intelectual, el sujeto puede quedar trabado en una serie de intereses obsesivos y dirigidos en una sola línea. O puede ser que, el deseo se proyecte sobre entidades de dudosa realidad y dudoso significado ético (es el caso de las parafilias, vulgarmente llamadas “perversiones”).


Y precisamente esta vertiente de la vida psíquica es la que socialmente emerge cuando el cultivo religioso de una masa de población se debilita y da lugar a los que Reich llamó “plaga emocional” (esta plaga también puede suceder por motivos religiosos, pero esto sucede cuando la vivencia religiosa de un grupo social ha sido también desviada por elementos que emergen de la vida inconsciente).
Si la vida produce tales emergencias que parecen antieconómicas (las del racismo, por ej.) ha de deberse a alguna razón. Y es que por “debajo” de los procedimientos intelectuales y lógicos, y por supuesto, aparte de la percepción sensorial orgánica, el psiquismo capta dimensiones de realidad más complejas y capaces de reunir en totalidades simbólicas a la fantasía inconsciente. De aquí proceden las representaciones universales de los mitos, por ej. Pero su adaptación a la práctica social dependerá de la elaboración racional, cultural e institucional que sufran. Una mala elaboración puede producir estados colectivos “casi psicóticos”, en forma de fanatismo, fundamentalismo, superstición, agresividad de grupo y teratomanía (manía por lo monstruoso), u obsesión por lo maravilloso y milagrero2.
Es un caso análogo al de la razón, que también puede intuir dimensiones no sensibles de lo real, cuyo resultado puede apreciarse en los teoremas de la matemática superior, y cuyos excesos pueden conducir a un estrangulamiento de la vida.
Por todo ello, la religión es un medio de primer orden para “colonizar” y controlar las demasías de la vida inconsciente, sin sofocarla con las imposiciones de la racionalidad. De un modo especial, si se trata de una religión como la cristiana que, en lo esencial, y libre de voluntarismo autoritario o de proliferación ritualista de ciertas épocas, resulta sobria y formulada a escala humana por el discurso de Jesucristo.
El hecho de que el ser humano tienda espontáneamente a conectar con aquellas dimensiones de la realidad puede ser un indicio suficientemente cierto de que la visión adecuada de ésta no puede limitarse a los constructos cientificistas.
Mas el problema esta en que, por exceder con mucho aquellas dimensiones a la realidad que captan los sentidos orgánicos, no configure el sujeto estos contenidos de forma delirante, irreal y desadaptativa. Pero tampoco es posible cerrar paso a esa vía de comunicación con lo que supera el mundo practico y racional, pues comprobamos a cada paso que el mundo real se halla impregnado de irracionalidad y que los limites de la racionalidad practica, cuando se imponen generalizadamente como única posibilidad del hombre, hacen el mundo invivible.
Las minorías cultivadas y racionalistas pueden mantener su “bienestar” en este mundo, haciéndolo demasiado convencional, pues le faltan las razones ultimas de todo. Y tratan de aliviar el tedium vitae mediante arte, literatura, música, deportividad selecta y las “buenas maneras”. Por supuesto la escalada de puestos sociales y la participación en cuotas progresivamente mayores de poder constituyen el principal aliciente de sus vidas.
Mas el pueblo, que “toca techo” demasiado pronto, pero es arrastrado por los modelos de vida de la elite y por sus equívocos (imagen, triunfo, bienestar, libertad, poder) se asfixia. Y entonces se ve proliferar la delincuencia- ya que si no hay mas valores y alicientes en el mundo que el placer y el dinero, hay que procurárselos como sea y sin consideración alguna de otros valores (que encima han sido descalificados durante mas de un siglo como “burgueses”)- o en el mejor de los casos trata de evadirse recurriendo a la magia, la astrología, el espiritismo y los extraterrestres… (igual que en la Alejandría helenística o en la Roma imperial).
Como los elitistas viven del “logos” pueden llenar sus vidas de cosas estéticas (bellas) y de juegos convencionales, pero quienes viven desde el “ser” caen en una especie de desesperación sorda y resentida, inspiradora de violencia y de adicciones.
He aquí el “malestar de la cultura”3: no se la deja transpirar, pues se han taponado y descalificado como validas las vías de acceso a la trama profunda de lo real, en lugar de abrir mas y mejores vías para existir bajo el influjo total de cuanto actúa realmente en el mundo y en la vida de la especie humana (en planos muy diversos).
Necesidad de referentes ciertos.
Desde el momento en que el ser humano se vivencia como contingente (y la sabiduría antigua esta llena de alusiones a la frustrabilidad humana) y comprueba que, de sí mismo, no puede obtener los elementos necesarios para su lucidez y su maduración como humanos. Desde el momento en que la praxis se halla siempre interferida por la irracionalidad (indicio de que hay dimensiones que se le escapan) desde ese momento el ser humano ha comenzado a buscar.
Lo malo es cuando, cansado de tanto buscar, la investigación acaba conformándose con construir modelos convencionales acerca de lo que buscaba. Con eso, no solo no encuentra respuesta sino que se bloquea con la ilusión de haber ya encontrado todo lo que era posible buscar. Y en ese caso, se prohíbe la investigación humana la verdadera búsqueda.
Las ciencias aportan resultados que son parciales. Y lo que es suicida es generalizar sus resultados y hacerlos extensivos a la existencia misma, real y concreta, que tiene que seguir siendo búsqueda (ya veremos de qué). En caso contrario, se le da a entender a la persona que “no hay mas que buscar” (nada mas que lo que ya se tiene a disposición mas o menos lejana y cuestionable: dinero, posesión, poder y placer sensorial).
Lo que durante su historia ha venido buscando la especie humana ha sido el conocimiento y la conexión con las realidades “mas fuertes” y estables, que se suponía actuaban detrás de los fenómenos contingentes y amenazadores.
Desde los primeros pasos de su racionalidad ha buscado el ser humano sistemas de referentes ciertos, en una concepción del mundo universal y coherente a la vez, para no naufragar en la pura contingencia.
De la consideración histórica de esta búsqueda hemos obtenido dos conclusiones ciertas:


  1. sin un cuerpo o sistema de creencias difícilmente hubiera podido cada grupo humano superar su desfondamiento radical ( a nivel conocimiento, valores y practicas).

Los individuos que dicen carecer de creencias se aferran también a su sistema de referentes epistémico (las seguridades reduccionistas que les ofrecen las ciencias) y además no pueden evitar ir “arropándose” con las cosas del “fuera” ni dejar que su personalidad se vaya “endureciendo” defensivamente, detrás de las seguridades que dan las “cosas”.
Y es perfectamente lógico que quien vive solo e indefenso en medio de una realidad amenazadora y anónima, en la que no se sabe para qué existe, haya de endurecer su personalidad y únicamente encuentre alivio en su recurrente incorporación de cosas (para lo cual es necesario poseer dinero, y cuanto mas, mejor).


  1. la segunda certeza es que, una vez superado en la historia el largo periodo de tanteos de iconos y rituales en busca de un mejor acceso a esferas superiores, el proceso se va depurando de aspectos materialistas y costumbristas. En adelante, quien pretenda acceder a la comunicación divina habrá de guardar la debida proporción entre el rito y su propia disposición personal a dejarse interpelar sin condiciones por la divinidad (sentida ya como absoluto).


Psicológicamente, todo individuo humano necesita, además, saber a qué atenerse, descargar su ánimo en alguien, confiar, aliarse, hallar compañía y encontrar siempre ante sí ulteriores metas que le motiven a seguir viviendo aun en la vejez.
Prueba de estas necesidades es el hecho universalmente repetido de que cuando alguna de estas necesidades deja de poderse satisfacer, el equilibrio afectivo- o incluso el equilibrio de la estructura de la personalidad- se resiente. Y cuando todas se frustran sobreviene o el suicidio o la demencia (que es la forma mas frecuente de evadirse de una situación invivible).
Y lo peor que puede suceder a un ser humano es dejar de encontrar o poder proponerse metas validas y estimulantes en su futuro. Precisamente es esta carencia lo mas terrible que pueda sucederle a un hombre, y el problema trágico y principal de una vejez mal llevada. O de una vejez que corona una existencia mal vivida, vacía de metas importantes. Tal vez una existencia que habrá venido, en la juventud prolongada, poniendo todos sus logros en el cuerpo y en la posesión de bienes para el cuerpo.
También existe la necesidad de comprender y de integrar los componentes psíquicos dispersos en una unidad coherente, así como la necesidad de canalizar afectos e impulsos. Pero estas necesidades no exigen irrenunciablemente a un “otro” para poder satisfacerse.
En cambio, las necesidades mencionadas mas arriba sí exigen sujetos validos para la “descarga” confidencial, la alianza, la confianza y la compañía. Y todo esto de tal modo que no se corra el riesgo (con ese “otro”) de una utilización torcida y maquiavélica de tales confidencias. Los que no aciertan a poder confiar, comunicarse ni descargar validamente en alguien, llegaran muchas veces al limite de su aguante. O se sentirán perdidos, sin identidad ni valor para nadie. O percibirán la realidad como ya agotada e incapaz de ofrecer nada más interesante o motivador.
Haber “tocado techo” como persona y haber agotado el mundo en que se ha de seguir viviendo produce estados depresivos, que tratan de superarse insistiendo en triunfar y en hacer acopio de cosas (que son “mas de lo mismo”). Y lo peor es que, quien se mueve lúcidamente en medio de y frente a las cosas, acaba pronto superándolas y haciéndose inmune a sus encantos.
Esto prueba que la intensa y radical tendencia del ser humano, guiada por el “deseo incolmable” (Lacan), trasciende el “mundo de las cosas” y ni las ciencias ni la filosofía ni el arte pueden amueblar el mundo personal y hacerlo sabroso y vivible. Las ciencias no pueden pues al fin y al cabo se ocupan de las “cosas”. Y por lo demás todas las cuestiones últimas las dejan sin resolver. Las ciencias, nada de las cuestiones últimas. La filosofía, planteando problemas y dudas que deja sistemáticamente sin responder. El arte, haciendo más aguda la necesidad de “más luz”, pues lo sugiere todo vivamente pero no lo da.
La especie humana requiere otra vía mas directa y especifica para instalarse en la superación habitual del mundo de las cosas, que le dé efectivamente ese infinito que, sin conocerlo, añora, pues, a cada paso les solicita y se les escapa, se les insinúa y se les esconde, y les deja solamente con su vacío deseante de mas y de “otra cosa”.
Es lamentable que el “desfondamiento” humano, capaz de tender al “infinito”, y constitutivamente inconformista ante lo convencional y lo aparente, pueda, en muchos casos terminar achatándose hasta el punto de no ser más que la sombra de un deseo. Y un deseo que paulatinamente ha ido desvirtuándose, casi infantilizándose, convertido en un deseo de “juguetes”, como cuando niño. Pues el ser humano, a diferencia de los otros vivientes, sigue 3 líneas evolutivas discrepantes a lo largo de la vida: la biológica, la mental y la afectiva. La primera llega pronto en su plenitud. La segunda suele tardar más, y la tercera muchas veces no se cumple o llega tarde, cuando las frustraciones han hecho despegar a la persona de las cosas. Y esto siempre y cuando el resentimiento o la amargura no hayan impedido “bancarse” sublimativamente los desengaños.
La formula para no sentirse de mas en este mundo es entender como superación de si mismo, de las cosas y de las vigencias sociales o modas, este fenómeno ineludible de que las aficiones se vayan agotando, en lugar de vivirlo como una frustración. El ser humano parece condicionado a no cejar nunca en la trayectoria ascensional de su deseo. Pero, para no arruinarlo con espejismos, no ha de poner sus deseos en objetos externos, sino, al final, en la transformación de su núcleo personal, al superar en sí lo llamado “demasiado humano”.

1 Extractado y elaborado por Luis Alberto de Brito de diversas obras del Prof. Luis Cencillo, especialmente del libro “La comunicación absoluta”.

El autor elabora un método y sistema psicodinamico propio. Humanista en el más profundo sentido de la palabra. Fundamentalmente considera al ser humano como “desfondado”, “sin fondo”, podríamos traducir como “abierto y en cierto modo ilimitado”. Considera que, paradójicamente, ese deseo de infinitud que late en toda vida humana y que se nota o aparece como “deseo” incolmable, solo puede colmarse desde un punto trascendente, no viene dado espontáneamente por la vida humana.


2 Fantasía: guión imaginario en el que se halla presente el sujeto y que representa, en forma más o menos deformada por los procesos defensivos, la realización de un deseo y, en último termino, de un deseo inconsciente. Las fantasías se presentan bajo distintas modalidades: conscientes o sueños diurnos, fantasías inconscientes que emergen en manifestaciones analizables. (Laplanche).


3 Recordemos que así se llama la obra de Freud, en la cual analiza la religión como neurosis de la humanidad.

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