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La herencia romana de España

Los testimonios de la presencia romana en España durante la edad antigua son muy numerosos. En esta interactividad se pueden observar algunos de los más importantes.

Enciclopedia Encarta

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A continuación el Imperio volvió a escindirse, aunque bajo el reinado de Teodosio I estuvo unido por última vez tras la muerte del emperador de Occidente Valentiniano II. Cuando falleció Teodosio (395), sus dos hijos se repartieron el Imperio: Arcadio se convirtió en emperador de Oriente (395-408) y Flavio Honorio en emperador de Occidente (395-423).

En el siglo V las provincias del Imperio romano de Occidente se empobrecieron por los impuestos exigidos para el mantenimiento del Ejército y de la burocracia; también a causa de la guerra civil y de las invasiones de los pueblos germanos. Al principio la política conciliadora con los invasores al nombrarles para cargos militares en el Ejército romano y administrativos en el gobierno, tuvo éxito. No obstante, los pueblos invasores del Este emprendieron gradualmente la conquista del Occidente y a finales del siglo IV Alarico I, rey de los visigodos, ocupó Iliria y arrasó Grecia; en el 410 conquistó y saqueó Roma, pero murió poco después. Su sucesor Ataúlfo (410-415) dirigió a los visigodos a la Galia y en el 419 el rey visigodo Valia recibió autorización del emperador Flavio Honorio para asentarse en el suroeste de la Galia, donde fundó un reino visigodo. En torno a estas fechas los vándalos, suevos y alanos ya habían invadido Hispania, por lo que Flavio Honorio se vio obligado a reconocer la autoridad de estos pueblos sobre esa provincia. Durante el reinado de su sucesor, Valentiniano III, los vándalos, bajo el mando de Genserico conquistaron Cartago, mientras que la Galia e Italia eran invadidas por los hunos, encabezados por Atila. Éste marchó primero sobre la Galia pero los visigodos, ya cristianizados y leales a Roma, le hicieron frente. En el año 451 un ejército de romanos y visigodos, mandado por Flavio Aecio, derrotó a los hunos en la batalla de los Campos Cataláunicos. En el año siguiente Atila invadió Lombardía, pero no pudo seguir avanzando hacia el sur y falleció en el año 453. En el 455, Valentiniano, último miembro del linaje de Teodosio en Occidente, fue asesinado. En el periodo comprendido entre su muerte y el año 476 el título de emperador de Occidente fue ostentado por nueve gobernantes, aunque el auténtico poder en la sombra era el general romano de origen suevo Ricimer, llamado también el ‘proclamador de reyes’. Rómulo Augústulo, último emperador de Occidente, fue depuesto por el jefe de los hérulos Odoacro, a quien sus tropas proclamaron rey de Italia en el año 476. El Imperio de Oriente, también llamado Imperio bizantino, perduraría hasta 1453.

Conversión (del latín conversio, a través de converto, ‘volver completamente’, ‘girar’), en sentido religioso, volver a Dios. Desde el comienzo de su predicación, Jesús proclama a la vez la llegada del Reino de Dios y la necesidad de la conversión.

Para el cristiano, lejos de tratarse de una actitud externa, la conversión supone, sobre todo, un proceso de continua renovación de sus criterios y actitudes para hacerlos cada vez más semejantes a los proclamados y testimoniados por Jesús. Comprende, por lo tanto, a la persona en su integridad y no sólo en las facetas religiosas de su existencia, sino también en sus relaciones humanas, actitudes ante los demas criterios de actuación, que han de hallarse en permanente estado de cambio y progresivo perfeccionamiento.

Pipino el Breve (c. 714-768), mayordomo de palacio del reino de Austrasia y rey de los francos (751-768), hijo del gobernante franco Carlos Martel y nieto de Pipino de Heristal. Fue mayordomo de palacio durante el reinado de Childerico III (que reinó entre el 743 y el 751 aproximadamente), último monarca de la dinastía Merovingia. En el año 751, depuso a Childerico, siendo ungido rey por el legado papal, el arzobispo Bonifacio; de este modo se convirtió en el primer rey de la dinastía Carolingia. Fue coronado por el papa Esteban II (III) en el 754 como recompensa por el apoyo que le prestó ante la amenaza de los lombardos del norte de Italia, a quienes derrotó (754-755). Cedió al Papa territorios en los que estaban incluidas Ravena y otras ciudades. Esta cesión, denominada 'la donación de Pipino', constituyó la piedra fundacional de los Estados Pontificios. Amplió su propio reino al conquistar Aquitania, en el suroeste de Francia. Le sucedieron como corregentes sus hijos Carlomán y Carlomagno
Carlomagno

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INTRODUCCIÓN

Carlomagno (742-814), en latín, Carolus Magnus, ‘Carlos el Grande’, rey de los francos (768-814) y emperador de los romanos (800-814), condujo a sus ejércitos francos a la victoria sobre otros numerosos pueblos, y estableció su dominio en la mayor parte de Europa central y occidental. Fue el rey más influyente en Europa durante la edad media.

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JUVENTUD

Carlomagno nació probablemente en Aquisgrán (Aix-la-Chapelle, en la actual Alemania) el 2 abril del 742, hijo del rey franco Pipino el Breve y nieto de Carlos Martel. En el 751 Pipino destronó al último rey Merovingio y asumió el título real. Fue coronado por el papa Esteban II en el 754. Al lado del ya consagrado Pipino, el papa Esteban ungió a Carlomagno y a su hermano menor, Carlomán.

Ese mismo año, Pipino invadió Italia para proteger al papa de los lombardos, y en el 756 de nuevo tuvo que acudir en ayuda de aquél. Desde el 760 los principales esfuerzos militares de Pipino se centraron en la conquista de Aquitania, esto es, las tierras al sur del río Loira. Carlomagno acompañó a su padre en la mayoría de esas expediciones.

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CAMPAÑAS MILITARES

Cuando Pipino murió en el 768, el gobierno de sus reinos fue compartido entre sus dos hijos. Carlomagno buscó una alianza con los lombardos al casarse en el 770 con la hija de su rey Desiderio (que reinó entre el 757 y el 774). En el 771 Carlomán murió repentinamente. Carlomagno entonces se apoderó de sus territorios, pero los herederos de Carlomán buscaron refugio en la corte de Desiderio. Por entonces, Carlomagno había repudiado a su esposa y Desiderio dejó de ser su aliado. En el 772, cuando el papa Adriano I pidió la ayuda de Carlomagno contra Desiderio, el rey franco invadió Italia, derrocó a su antiguo suegro (774) y asumió el título real. Entonces viajó a Roma y reafirmó la promesa de su padre de proteger las tierras papales. En una fecha tan temprana como el año 772, Carlomagno combatió las furiosas incursiones de los sajones en su territorio. Animado por su éxito en Italia, se embarcó en el 775 en una campaña para conquistarles y cristianizarles. La campaña tuvo algún éxito inicial pero se alargó durante treinta años. Combatió en la península Ibérica en el 778; en su viaje de regreso, su retaguardia, mandada por Roland, fue objeto de una emboscada, historia inmortalizada en La Canción de Roland. En el 788 sometió a los bávaros a su poder, y entre los años 791 y 796 los ejércitos de Carlomagno conquistaron el territorio de los ávaros (que en términos generales corresponde a las actuales Hungría y Austria).

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CORONACIÓN

Establecido de este modo el dominio franco sobre muchos otros pueblos, Carlomagno había construido de hecho un Imperio y se había convertido en un emperador. Únicamente le restaba adoptar el título. El día de Navidad del 800, Carlomagno se arrodilló para orar en la basílica de San Pedro en Roma. El papa León III colocó sobre su cabeza una corona y la gente reunida en la iglesia le aclamó como el gran y pacífico emperador de los romanos.

El biógrafo de Carlomagno, Eginardo, relata que el rey quedó sorprendido por esta coronación y que si él hubiera sabido con antelación lo que en realidad ocurrió no habría entrado en la iglesia aquel día. Esta información ha sido objeto de muchas especulaciones entre los historiadores. Carlomagno probablemente deseaba y esperaba obtener el título imperial, que posteriormente utilizó. En el 813 designó su sucesor al único hijo que le quedaba, Luis (que pasó a ser conocido como Luis I el Piadoso o Ludovico Pío), y lo coronó personalmente.

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ADMINISTRACIÓN

Carlomagno estableció una capital regia más duradera de lo que había sido la de sus predecesores. Su residencia favorita se situó en Aquisgrán desde el 794. Allí había construido una iglesia y un palacio, basado en parte en influencias arquitectónicas tomadas de Ravena y Roma. En su palacio reunió eruditos de toda Europa, el más famoso de los cuales fue el clérigo inglés Alcuino de York, al que puso a cargo de la escuela palatina.

La administración del Imperio fue confiada a unos 250 administradores reales denominados condes. Carlomagno emitió cientos de decretos, llamados capitulares, tratando un amplio abanico de asuntos, desde cuestiones jurídicas y militares hasta cuestiones relativas a monasterios, a la educación y a la gestión de los dominios imperiales.

El Imperio no se amplió después del 800; de hecho, ya en la década del 790 las costas y los valles ribereños sufrieron las primeras y temibles incursiones de los vikingos. Carlomagno ordenó una especial vigilancia en cada puerto, pero con escasa efectividad. Murió antes de que la completa y destructiva fuerza de los vikingos se desatara sobre el territorio imperial.

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EVALUACIÓN

Carlomagno es importante no sólo por el número de sus victorias y la dimensión de su Imperio, sino también por la especial combinación de tradición e innovación que representó. Por un lado, era un tradicional guerrero germánico que pasó la mayor parte de su vida adulta combatiendo. En las campañas contra los sajones impuso el bautismo por la fuerza y se deshizo de los rebeldes con matanzas sin piedad. Por otra parte, puso todo su inmenso poder y prestigio al servicio del cristianismo, de la vida monástica, de la enseñanza del latín, de la copia de libros y del imperio de la ley. Su vida, tomada como modelo para la mayoría de reyes posteriores, personificaba la fusión de las culturas germánica, romana y cristiana, que se convertiría en la base de la civilización europea.
Expansión del islam

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INTRODUCCIÓN

Expansión del islam, rápida difusión de la religión islámica que tuvo lugar durante los siglos VII y VIII a través de la conversión y la conquista militar. Mahoma, fundador y profeta del islam, comenzó a predicar sus revelaciones en La Meca hacia el 612. Veinticinco años después, sus seguidores, a los que se llamó musulmanes, habían alcanzado el control de toda la península Arábiga; de este modo, el islam se convirtió en la tercera gran religión monoteísta, tras el judaísmo y el cristianismo.

Hacia el 650, se había constituido un Estado islámico que abarcaba Arabia, el Creciente Fértil (en esencia, la región de Mesopotamia, es decir, los actuales Irak, Irán y Siria), así como el territorio que hoy ocupan Líbano, Palestina (Israel, Cisjordania, Gaza y Jordania) y Egipto. A principios del siglo VIII, el islam dominaba una amplia área que se extendía desde las regiones periféricas de China y la India, por el este, hasta el norte de África y casi toda la península Ibérica, por el oeste.

La notable rapidez de la difusión de esta religión debe atribuirse al uso de la fuerza militar. Mahoma atrajo al islam a los pueblos árabes de la península Arábiga gracias a la firmeza de su carácter, a la promesa de una salvación eterna para aquellos que perecieran luchando por este credo y a los bienes materiales que conseguirían quienes triunfaran en la conquista. Los ataques aislados de las primeras etapas de esta expansión no tardaron en convertirse en auténticas guerras a gran escala, en las que imperios y naciones se rendían al poder de este nuevo fenómeno religioso, militar, político, económico y social.

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EL PROFETA MAHOMA

Mahoma nació en La Meca, en la ilustre tribu de Quraysh, hacia el 570. Según la tradición, recibió la visita del arcángel Gabriel, que le proclamó profeta de Dios aproximadamente en el 612. Recitando en verso sus revelaciones (que más tarde constituirían el Corán), comenzó su predicación de la religión islámica. Islam, en la lengua árabe significa ‘sumisión’, si bien el Corán añade la acepción “a la voluntad o a la ley de Dios”. En un principio, el profeta no logró apenas adeptos entre los paganos de La Meca, que adoraban a diversos dioses. Pero el número de sus seguidores fue aumentando con el tiempo, y el propio Mahoma comenzó a ser considerado como una amenaza para la elite de La Meca. En el 622, Mahoma y sus seguidores, conscientes del peligro que corrían, se trasladaron a la ciudad de Yatrib (posteriormente Medina), situada junto a un oasis al norte de La Meca. Esta emigración, conocida como la Hégira, marcaría posteriormente el inicio del calendario islámico.

Antes de que Mahoma llegara a Medina, la ciudad se había visto sumida en violentas disputas encabezadas por los principales clanes (grupos de familias que descendían de un antepasado común). Varios de los líderes habían conocido a Mahoma dos años antes de estos acontecimientos y habían escuchado sus enseñanzas durante una peregrinación pagana a La Meca. Algunos de los más ilustres invitaron al profeta a Medina para que mediara en sus enfrentamientos en calidad de autoridad religiosa e imparcial. Por su parte, estos jefes se comprometieron a aceptar a Mahoma como profeta, lo que proporcionó credibilidad a la nueva religión. Los habitantes de Medina que se convirtieron al islamismo fueron denominados “ayudantes”. De este modo, Mahoma, que había pasado de árbitro de disputas a líder de una nueva comunidad árabe, inició una campaña para captar fieles entre los residentes, atacó las caravanas de La Meca y, por último, expulsó a las tres tribus judías que controlaban la mayor parte de la agricultura y metalistería de la ciudad.

Los hombres que acompañaron a Mahoma en la Hégira eran en su mayoría comerciantes, por lo que carecían de medios de subsistencia en una ciudad eminentemente agrícola como Medina. Ante esta situación, Mahoma decidió asaltar las caravanas de La Meca para proporcionar una fuente de ingresos a sus compañeros y, al mismo tiempo, cumplir dos objetivos importantes: en primer lugar, restaurar el orgullo de sus seguidores (humillados con la expulsión de La Meca) a través de las victorias; en segundo lugar, probar la veracidad de sus propias visiones y confirmar que la nueva comunidad contaba con la bendición de Dios. Por otro lado, al entorpecer las actividades comerciales de La Meca les demostraba que la fuerza del islam era mayor de lo que habían supuesto.

2.1




Rivalidad con La Meca

Después de varios intentos infructuosos, los musulmanes finalmente atacaron y capturaron una caravana en enero del 624. Los asaltantes dieron muerte a uno de los guardias, la primera víctima de la guerra en nombre del islam. Los ayudantes se hallaban confusos y preocupados porque el asesinato había tenido lugar durante un mes sacro pagano en el que el derramamiento de sangre estaba prohibido. No obstante, dos de las revelaciones de Mahoma respaldaban el asalto. En ellas se afirmaba que la expulsión de Mahoma y sus compañeros de La Meca era mucho más grave que la violación del mes sagrado. El ataque a la caravana de La Meca provocó una serie de enfrentamientos entre los mecanos y Mahoma.

En marzo del 624, una nueva victoria reforzó la moral de los seguidores de Mahoma. El profeta y unos trescientos correligionarios combatieron en el oasis de Badr contra fuerzas de La Meca tres veces superiores a ellos. Este éxito representó un gran acontecimiento para los musulmanes, y las siguientes generaciones consideraron como un símbolo de nobleza haber participado en esta lid. Las tropas de La Meca, que habían perdido a cincuenta hombres en Badr, buscaron la revancha un año después en una gran batalla que tuvo lugar en la colina de Uhud. En ella se batieron 3.000 soldados de La Meca contra 700 musulmanes. La victoria inicial correspondió a los primeros. Tras la derrota, Mahoma infundió ánimo a sus hombres; sin embargo, los vencedores, satisfechos con la revancha, dieron por terminada la lucha y se retiraron.

En el 627, Medina fue atacada por un contingente de unos 10.000 hombres compuesto por tropas de mecanos y de las tribus aliadas. Los musulmanes cavaron una gran trinchera en torno a sus posiciones, lo que impidió el avance de la caballería. Finalmente, el ejército de La Meca se retiró después de varias semanas de asedio. Mahoma aprovechó esta exhibición de fuerza para completar la expulsión de las tres tribus judías de Medina. Sus miembros no aceptaban a Mahoma como profeta, ni creían en el mensaje universal del islam, lo que acabó minando su condición de pueblo elegido. Dos de las tribus ya habían sido expulsadas, y Mahoma sospechaba que la tercera, los Banu Qurayzah, había conspirado en favor de La Meca durante el conflicto. Por ello, ordenó que todos los hombres de esta tribu fueran ejecutados y que las mujeres y los niños fueran vendidos como esclavos. A partir de entonces, el control de la ciudad de Medina estaba ya en manos de Mahoma.

2.2




La conquista de La Meca

La rivalidad de La Meca con Medina y los musulmanes concluyó con los acontecimientos que tuvieron lugar en el 628. Como demostración de fuerza y de buena voluntad, Mahoma y unos mil musulmanes emprendieron una peregrinación a la Kaaba, el antiguo santuario dedicado al culto a dioses locales que se encontraba en La Meca. En la reunión celebrada en las afueras de la ciudad, Mahoma llegó a un acuerdo con los líderes mecanos para establecer una tregua de diez años, se accedió a que los musulmanes peregrinaran a la Kaaba, se acordó el cese de los asaltos a caravanas y se permitió que las tribus aliadas tanto de La Meca como de Medina cambiaran de bando si así lo deseaban.

En el transcurso del siguiente año, Mahoma aumentó su poder entre las tribus de la región. En el 630, después de haber atraído a su fe a numerosos jóvenes mecanos, marchó sobre la ciudad con 10.000 musulmanes y se hizo con el poder sin apenas resistencia. Uno de los muchachos convertidos era Jalid ibn al-Walid, quien más tarde se convertiría en el arquetipo del guerrero musulmán y al que se concedería el título de “espada de Alá” (
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