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mawali (musulmanes no árabes, pero relacionados con éstos), y los chiitas.

Cuando el islam se extendió en el Creciente Fértil y en las zonas circundantes, la población no árabe comenzó a convertirse a esta religión. Pero, al ser éste un movimiento árabe desde sus inicios, los mawali constituían un grupo de segunda categoría. Se les denominaba mawali (‘clientes’, en árabe) porque fueron obligados a unirse o a prestar servicios a tribus o individuos musulmanes. Estas gentes vivían en los suburbios construidos en los alrededores de los amsars y se dedicaban a la agricultura, el comercio, la artesanía y a trabajos que requerían escasa cualificación. Servían en la infantería árabe y recibían una porción de los botines de guerra inferior a la de los árabes. Su esperanza de prosperar residía en la posibilidad de que el gobierno concediera más importancia a la aceptación del islam que a la etnia. Sin embargo, los Omeyas no consiguieron recompensar a todos los musulmanes por igual o bien los botines no eran tan abundantes como se esperaba. Además, las comunidades musulmanas de la zona contaban con los impuestos recaudados a los mawali. Esta actitud contrarió a este sector de la población y alimentó el descontento, la deslealtad y, finalmente, la rebelión.

Mientras tanto, continuaban las hostilidades entre los Omeyas y otras facciones musulmanas, especialmente los chiitas. Muawiya, antes de su muerte, acaecida en el 680, nombró como su sucesor a su hijo, Yazid I, lo que hizo innecesaria la elección de un nuevo califa. Esta decisión irritó a quienes rechazaban la creación de un reinado dinástico de los Omeyas. Cada grupo opinaba de diferente forma con respecto a quién tenía derecho a dirigir la comunidad islámica entre los parientes de Mahoma y los descendientes de los personajes estrechamente vinculados al profeta. Los chiitas creían que el califa debía ser un descendiente de Mahoma de la línea de Alí. Los “ayudantes” consideraban que su aportación al islam se había pasado por alto en la elección de los llamados “califas rashidun”, y que lo justo era designar a uno de sus miembros. Muchos grupos cuestionaban la pureza de la fe de los Omeyas. Por otro lado, los musulmanes no árabes eran conscientes de que, al concederse más importancia a la etnia que a la aceptación del islam, quedaba cerrada para ellos la posibilidad de ascender socialmente.

El clima de descontento que surgió tras la muerte de Muawiya provocó seis décadas de desórdenes y de guerra civil. Meses después del fallecimiento del califa en el 680, los chiitas se rebelaron en Kufa y reafirmaron su adhesión a Husayn, hijo de Alí. Tras caer en una emboscada tendida en el camino de La Meca a Kufa, Husayn y su grupo, formado por sus parientes y seguidores, fueron masacrados por las fuerzas de los Omeyas. La rebelión chiita de Kufa quedó sofocada, pero el asesinato de Husayn, nieto de Mahoma, conmocionó al mundo islámico y provocó una corriente de simpatía por los chiitas. Poco después, los descendientes de los “compañeros” y de los “ayudantes” del profeta se amotinaron en Medina y aumentó además la duda de los mecanos sobre la pureza de la fe de los Omeyas. Éstos volvieron a tomar Medina y saquearon la ciudad durante tres días. Los ejércitos sirios sitiaron sin éxito La Meca y destruyeron la Kaaba, el templo sagrado del islam. Arabia quedó sumida en el caos cuando los antagonismos entre tribus, latentes desde los tiempos de Mahoma, resurgieron provocando una guerra. Las frecuentes rebeliones de los mawali sembraron la intranquilidad más allá de Arabia, a lo largo de los territorios islámicos.

4.3




La caída de los Omeyas

La expansión territorial de los Omeyas intensificó los problemas sociales porque el descontento de los mawali se incrementó ante el número de ciudades militares y de población no árabe que se convertía al islam. En la década del 740, los rebeldes chiitas establecieron alianzas con otro clan árabe, el de los Abasíes, descendientes de Abbas, tío de Mahoma. Este clan proclamó que todos los musulmanes, árabes o no, debían recibir igual trato. Tras obtener el apoyo de los mawali persas rebeldes, esta confederación venció en la decisiva batalla que se libró contra los Omeyas en el 750, y que puso fin al dominio de este clan (salvo en al-Andalus, que permaneció bajo su control). La dinastía Abasí trasladó la capital a Bagdad, restauró el orden e instituyó reformas destinadas a impartir justicia a todos los musulmanes.

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CONCLUSIÓN

Sólo 120 años después de la conquista de La Meca por parte de Mahoma, los Abasíes heredaron un Imperio islámico que se extendía desde el norte de África y abarcaba el Creciente Fértil, la meseta iraní, el río Oxus y Asia central hasta las fronteras de China y la India. En los siglos posteriores, los Abasíes fueron perdiendo paulatinamente parte de sus territorios ante las provincias rebeldes. Finalmente, todas las regiones islámicas de Asia fueron invadidas por el Imperio mongol en el siglo XIII. A pesar de la caída del poder Abasí, la religión islámica arraigó en Oriente Próximo, Asia central y el norte de África. Finalmente, los misioneros y comerciantes extendieron este credo en el África subsahariana, la India subcontinental, el Sureste asiático y Europa oriental. En la actualidad, más de mil millones de personas en todo el mundo forman parte del umma, o comunidad del islam.

Cruzadas

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INTRODUCCIÓN

Cruzadas, expediciones militares realizadas por los cristianos de Europa occidental, normalmente a petición del Papa, que comenzaron en 1095 y cuyo objetivo era recuperar Jerusalén y otros lugares de peregrinación en Palestina, en el territorio conocido por los cristianos como Tierra Santa, que estaban bajo control de los musulmanes. Los historiadores no se ponen de acuerdo respecto a su finalización, y han propuesto fechas que van desde 1270 hasta incluso 1798, cuando Napoleón I conquistó Malta a los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén, una orden militar establecida en esa isla durante las Cruzadas. El vocablo cruzada (de ‘cruz’, el emblema de los cruzados) se aplicó también, especialmente en el siglo XIII, a las guerras contra los pueblos paganos, contra los herejes cristianos y contra los enemigos políticos del Papado. Por extensión, el término se emplea para describir cualquier guerra religiosa o política y, en ocasiones, cualquier movimiento político o moral. Así, en España, los alzados contra el gobierno republicano en 1936 pronto denominaron a la guerra iniciada por ellos mismos (1936-1939) Cruzada, por considerar que su objetivo era vencer el ateísmo.

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CONTEXTO HISTÓRICO

El origen de las Cruzadas está enraizado en el cataclismo político que resultó de la expansión de los Selyúcidas en el Próximo Oriente a mediados del siglo XI. La conquista de Siria y Palestina llevada a cabo por los Selyúcidas islámicos alarmó a los cristianos de occidente. Otros invasores turcos también penetraron profundamente en el igualmente cristiano Imperio bizantino y sometieron a griegos, sirios y armenios cristianos a su soberanía. Las Cruzadas fueron, en parte, una reacción a todos estos sucesos. También fueron el resultado de la ambición de unos papas que buscaron ampliar su poder político y religioso. Los ejércitos cruzados fueron, en cierto sentido, el brazo armado de la política papal.

En un esfuerzo por entender por qué los cruzados las llevaron a cabo, los historiadores han apuntado como razones el dramático crecimiento de la población europea y la actividad comercial entre los siglos XII y XIV. Las Cruzadas, por tanto, se explican como el medio de encontrar un amplio espacio donde acomodar parte de esa población en crecimiento; y como el medio de dar salida a las ambiciones de nobles y caballeros, ávidos de tierras. Las expediciones ofrecían, como se ha señalado, ricas oportunidades comerciales a los mercaderes de las pujantes ciudades de occidente, particularmente a las ciudades italianas de Génova, Pisa y Venecia.

Aunque estas explicaciones acerca de las Cruzadas quizá tengan alguna validez, los avances en la investigación sobre el tema indican que los cruzados no pensaron encontrarse con los peligros de enfermedades, las largas marchas terrestres y la posibilidad de morir en combate en tierras lejanas. Las familias que quedaron en Europa tuvieron que combatir en muchas ocasiones durante largos periodos de tiempo para mantener sus granjas y sus posesiones. La idea de que los cruzados obtuvieron grandes riquezas es cada vez más difícil de justificar; la Cruzada fue un asunto extremadamente caro para un caballero que tuviera el propósito de actuar en Oriente si se costeaba por sí mismo la expedición, ya que probablemente le suponía un gasto equivalente a cuatro veces sus ingresos anuales.

Sin embargo, a pesar de ser una empresa peligrosa, cara y que no daba beneficios, las Cruzadas tuvieron un amplio atractivo para la sociedad contemporánea. Su popularidad se cimentó en la comprensión de la sociedad que apoyó este fenómeno. Era una sociedad de creyentes, y muchos cruzados estaban convencidos de que su participación en la lucha contra los infieles les garantizaría su salvación espiritual. También era una sociedad militarista, en la que las esperanzas y las ambiciones estaban asociadas con hazañas militares.

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LA PRIMERA CRUZADA

Semana 19-mahoma,el coran y la guerra santa

Mahoma

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INTRODUCCIÓN

Mahoma (c. 570-632), principal profeta del islam. Se le atribuye la fundación de dicha religión, aunque ello constituye una simplificación desde el punto de vista religioso e histórico. Desde una perspectiva religiosa, los musulmanes conciben el islam como el monoteísmo puro original que Alá (Dios) dio a conocer a la humanidad desde la creación, y que fue revelado por muchos profetas anteriores a Mahoma. Desde un punto de vista histórico, el islam —tal y como es conocido— es una religión compleja que no debe considerarse como creación de un solo hombre.

Los textos árabes que han servido como fuentes historiográficas para conocer su vida son obra de eruditos musulmanes posteriores a Mahoma. Los más antiguos datan, en la forma en que han llegado a nosotros, de más de 100 años después de su muerte. La Sira, o vida de Mahoma, es el relato más antiguo de su vida que ha sobrevivido; fue escrito por Ibn Ishaq, que murió en el 768. Todas las versiones de su obra datan de cuando menos una generación después de Ibn Ishaq. Posterior es la Sira de al-Waqidi, muerto en el año 822.

Los relatos que aparecen en estas obras no siempre son congruentes ni uniformes. A menudo contienen distintas versiones del mismo acontecimiento, que en ocasiones se contradicen entre sí. Cualquier intento de resumir brevemente la vida de Mahoma, tal y como la concibe la tradición musulmana, supone una selección de la ingente cantidad de detalles existentes acerca del Profeta.

2




LA VIDA DE MAHOMA SEGÚN LA TRADICIÓN




2.1




En La Meca

Se dice que Mahoma nació en La Meca, ciudad de Arabia occidental (la región conocida como Al-Ḩijāz). Se han barajado diversas fechas para el nacimiento de Mahoma. Una tradición comúnmente aceptada lo sitúa en “el año del elefante”, que se ha interpretado como una referencia al año en que un gobernante abisinio de Yemen envió una expedición para destruir la Kaaba de La Meca. Según la tradición musulmana, en la expedición —un estrepitoso fracaso— las tropas invasoras llevaban un elefante. Los especialistas modernos sitúan este episodio en el año 570 d.C.

La familia de Mahoma pertenecía al clan de Hashim, parte de la tribu de Quraysh, que dominaba La Meca y constituía la mayoría de la población. Hashim no era uno de sus clanes más importantes, aunque gozaba de cierto prestigio religioso derivado de sus derechos hereditarios a determinados cargos de la Kaaba. El padre de Mahoma, Abd Allah, murió antes de nacer el niño; su madre, Amina, falleció cuando tenía seis años. Fue criado por su tío paterno, Abu Talib.

La tradición da cuenta de señales y portentos sobrenaturales en torno a la concepción y nacimiento del profeta. Se dice que se le impuso el nombre Mahoma debido a un sueño que había tenido su abuelo.

Se afirma que Mahoma visitó Siria en su juventud como integrante de una caravana comercial de La Meca. Mientras estaba allí fue reconocido como profeta por hombres santos y eruditos judíos y cristianos, que afirmaban que su llegada había sido augurada por sus propias escrituras. Su condición de profeta quedaba indicada por ciertas marcas en su cuerpo y por señales milagrosas de su naturaleza.

Las gentes de La Meca, la tribu de Quraysh, gozaba de buena reputación como mercaderes. Entre ellos, una viuda llamada Jadiya le contrató para administrar sus asuntos. Impresionada por su honestidad e inteligencia, le propuso matrimonio. La tradición afirma que Mahoma tenía 25 años cuando desposó a Jadiya, y que mientras vivió no volvió a contraer nupcias. Tras la muerte de Jadiya tuvo otras mujeres; quizá la más conocida sea la joven Aisha.

Se dice que Mahoma tenía 40 años cuando sufrió su primera experiencia profética. No siempre es descrita del mismo modo, pero una de las tradiciones más difundidas sostiene que tuvo lugar cuando se había retirado a una cueva del monte Hira, en las afueras de La Meca. Allí tuvo una visión del arcángel Gabriel y una experiencia de gran dolor y tensión, hasta el punto que pensó que iba a morir. Cuando el ángel le ordenó “predica” (iqra), se sintió incapaz de hacerlo y no supo qué decir. El dictado que recibió le imponía repetir la sentencia que hoy es el comienzo del capítulo 96 del Corán. En la versión de Juan Vernet se lee: “¡Predica en el nombre de tu Señor, el que te ha creado! Ha creado al hombre de un coágulo. ¡Predica! Tu Señor es el Dadivoso que te ha enseñado a escribir con el cálamo: ha enseñado al hombre lo que no sabía.” Tras un breve periodo durante el cual no recibió ninguna otra revelación, éstas se reiniciaron y continuaron hasta el final de sus días.

Para comprender el desarrollo de la predicación de Mahoma es necesario tener cierta idea acerca del orden en que le llegaron las revelaciones. Cuando éstas fueron recopiladas tras su muerte para elaborar el Corán, no se hallaban organizadas atendiendo a ningún orden. Los eruditos musulmanes tradicionalistas y modernos elaboraron diversas hipótesis acerca de los lazos existentes entre algunas de las secciones del Corán con episodios de la vida de Mahoma, aunque en general suele aceptarse que las primeras revelaciones fueron breves, y que se caracterizaban por un vigoroso lenguaje semipoético. En todas ellas se advierte que los hombres serán inevitablemente juzgados por Dios por su mala conducta en el mundo terrenal, y castigados con severidad si no se corrigen. A medida que pasaba el tiempo, y al ir adquiriendo Mahoma autoridad sobre la primera comunidad musulmana de Medina, se cree que las revelaciones se hicieron más largas, con un tono menos urgente, centradas en la solución de los conflictos prácticos que debían afrontar él y sus seguidores.

Existen dos relatos que, según la tradición, se remontan al comienzo de la trayectoria de Mahoma como profeta, aunque algunos especialistas modernos los consideran narraciones típicas acerca de su aprendizaje. Uno de ellos tiene que ver con la visita a Mahoma, mientras dormía, de dos ángeles que le abrieron el pecho y eliminaron toda huella de incredulidad y de pecado que encontraron en él. El segundo cuenta cómo Mahoma fue llevado por la noche desde el lugar de La Meca donde dormía hasta el trono de Dios en los cielos. Por la mañana se encontró de nuevo en La Meca. Se trata del famoso relato del Viaje Nocturno (
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