Capítulo II la temática de las letras en el rock mexicano de los noventa






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2.4 De besos, apapachos, pasiones y más: el discurso amoroso en las letras del rock mexicano.

Uno de los discursos que se han hecho más populares en todas las épocas y en todos los géneros musicales, ha sido el que se utiliza para llevar a cabo el proceso de seducción de las relaciones de pareja. Este discurso del amor se divide en varias vertientes, por un lado las canciones que sirven como una declaración de un sentimiento a otra persona, las canciones que describen situaciones comunes dentro de las relaciones de pareja como los pleitos o las situaciones en las cuales uno de los implicados en la relación es abandonado por el otro. Con una larga tradición dentro de esta temática, el rock mexicano ofrece su parte a la música popular a fin de enriquecer el acervo de descripciones acerca del cortejo y las relaciones sentimentales en los umbrales del siglo XXI.
2.4.1 Es hora de decir ‘Te Amo’: la declaración amorosa.

¿Quién es la que viene ahí, tan bonita y tan gentil?

¿Quién es la que viene hacia mí?

Es la que esperaba yo

dulce nena de mi amor

en mi vida he visto algo mejor.

(Esa es mi nena, nena

linda y buena nadie

la puede igualar)

Todo está arreglado

ella me ha aceptado

y nos vamos a casar

a casar,

señor cura nos preguntará.

¿Quién es la que viene ahí? de Roberto Parra Sandoval.106

Todo comienza con una mirada profunda que se diferencia de las otras miradas porque ésta es solo para ti, sigue la aceleración del pulso sanguíneo, las manos sudorosas, el acercamiento, el ¿quieres ser mi novia?, el siempre difícil momento de debatir las reglas del juego y de ahí, el ritual del amor se empieza a hacer diferente para cada individuo, para cada pareja, ritual que comienza a tomar tantas formas como cabezas pensantes existen. El ritual del amor no es un ritual estático, predeterminado, es un gran monumento que se construye poco a poco y con el mismo número de sacrificios que de recompensas. Decía Neruda: Es bueno, amor, sentirte cerca de mí en la noche, / invisible en tu sueño, seriamente nocturna, / mientras yo desenredo mis preocupaciones / como si fueran redes confundidas.

Pude cerrar los ojos más no pude dejar de verte

y dejar de dormir más no dejar de soñar

puedo callar las voces más no puedo dejar de oírte

puedo dejar de ser pero no puedo dejar de estar

puedo callar mi mente más no puedo callar mi sangre

y puedo ser sincero sin dejar de mentir

puedo quedarme cerca más no puedo dejar de huirte

puedo cambiar mi vida más no puedo cambiarme a mí.

Bésame, hipnotízame

ya no me importa más

róbame el alma, hechízame

bésame, intoxícame

ya no me importa ser

un ser sin alma, atrápame

bésame, idiotizame.

Hipnotízame de Francisco Huidobro.107

Las letras del rock mexicano toman de la lírica popular de la música romántica mexicana, (rica en boleros, baladas, valses) toda la forma de las canciones que habrán de servir como instrumentos en el ritual de cortejo. Es aquí donde la tradición del gallo, la serenata a la luz de la luna toma significado y se convierte en una forma de transmitir un sentimiento exteriorizándolo, al mismo tiempo que se advierte a los demás, esto es ‘al otro’, del pacto de exclusividad que se establece con la persona a la cual la declaración amorosa se hace. La declaración lleva consigo un acuerdo tácito de hacer público el romance a fin de evitar la inclusión en esta relación de personas ajenas a los que establecen este pacto.

Pues a mí me vale madre si no fuiste a la escuela

y también me vale madre si tú tienes orzuela,

me vale madre si tienes piojos

o si por necesitarte tú me sacas los ojos.

(Me vale si eres fiel

me vale si eres virgen

me vale si eres cruel

o si no te distingues

de una cualquiera)

Pues a mí me vale madre si no tienes modales

o si tienes hemorroides y problemas triviales

porque yo de ti estoy bien enculado

y me vale madre todo lo de tu pasado.

Me vale madre de Cuca.108

La declaración amorosa, dentro del discurso letrístico del rock mexicano, se inscribe dentro de la exageración y la promesa. El que declara su amor, está mostrando vulnerabilidad con el otro, de ahí que exagere las cualidades del sentimiento hacia la otra persona. La exageración tiene que ver también con la naturaleza de la declaración amorosa como una pregunta, como una cuestión de la que depende la autoestima del que pregunta, el amor es sufrimiento y el que ama y declara su amor debe de sufrir lo suficiente como para hacerse digno de recibir una respuesta afirmativa a sus intenciones de tener un acercamiento físico y emocional con la otra persona. De ahí que la promesa sea tan importante, porque ésta va a engendrar necesariamente una obligación que en determinado momento perderá parte de su encanto.

Me he enamorado de una chica banda

me he enamorado de su negra piel

pelos pintados flexi botas negras

y es de las morras de la secu veintitrés.

Pelos parados como un penacho

bailes como ritos a Xipe – Totec,

su piel morena chichimeca

pero en el punk ella aún cree.

Yo le dí mi amor en un concierto de Atoxxico,

su padre es de San Juan Chamula

su madre vino desde Tzintzuntzan

pero la líder de los sex molcajetes punk

ha nacido en la gran Tenochtitlán.

Yo me le acerqué y sus negros labios besé

y ella solo dijo: ay, ay, ay

ella solo dijo: ay, ay, ay.

La chica banda de Café Tacuba.109

Las canciones del rock mexicano que tratan de una declaración amorosa presentan esta situación como algo que se encuentra más allá de la capacidad de comprensión de quien va a oir tal declaración, sea que el escucha se asuma como el declarante o sea que el declarante sea un mudo testigo de la declaración de amor de una persona hacia otra. El grado de exageración que alcanzan las canciones rayan en la melcochez, en lo cursi, en lo romántico a fuerza de inyecciones intravenosas de telenovelas diarias y películas de Marga López, en la siempre intrascendente promesa de fidelidad y abnegación que se pone en duda en el primer momento en que el pacto se rompe sin remedio.

No sabes cómo te deseo

no sabes cómo te he soñado

si tú supieras que me muero

por tu amor y por tus labios

Si tú supieras que soy sincero

yo soy derecho y no te fallo

si tú supieras lo que te quiero

podría darte todo hasta mis ojos.

Pero tú ya tienes otro

un tipo frío y aburrido

un tonto que es un reprimido,

eso no te pega a ti, no te va.

(Oye mi amor, no me digas que no

y vamos juntando las almas

oye mi amor no me digas que no

y vamos juntando los cuerpos)

Oye mi amor de Fernando Olvera.110

Las melodías que acompañan las letras de la declaración amorosa suelen ser lentas, repeticiones desmedidas de compases que se pretenden evocadores hasta rayar algunas veces en el ridículo, la declaración se presenta como el gran acontecimiento, como el recibimiento de la promesa que augura, tal vez, un acercamiento sexual. Las canciones de declaración amorosa buscan el cachondeo, la mirada perdida, el suspiro extraviado, buscan los síntomas que identifican a los enamorados para ahí encauzar sus fuerzas. Por lo regular estas letras tienen implicaciones que insinúan intenciones sexuales, pero en las cuales el amor, como concepto abstracto y multidimensional, polisémico, libreinterpretativo, encuentra razón de ser lo único.

Solos, éramos un par de solos,

y yo como cualquiera que busca una chica como tú.

Contigo cualquier momento a solas puede ser toda una aventura,

es dibujarte en mi piel;

y sentir de ti un beso intenso.

(Dame un poco de tiempo

para saber si entiendo,

dame un poco de tiempo

porque creo que esto

debe ser el paraíso)

Sin reservas, sin inhibiciones ni prejuicios,

navegando por la humedad de tu olor a niña;

y sentir de ti un beso intenso.

Porque hemos compartido tantos sueños,

Tanto que hoy, soy parte de ti,

¿por qué esta noche no es eterna

y renunciamos al mundo exterior?

Dame un poco de tiempo de Coda.111
2.4.2 De abandonados, sufridos y crucificados: el discurso del rechazo.

¿Dónde estabas en los malos tiempos?

Cuando ni gritando conseguí hacerme oír la voz,

¿Dónde estabas? Dímelo.

Como el resto olvidas con facilidad.

Ciento treinta noches recordé tu cara de ángel

ciento treinta días lamenté no poder oír tu voz,

¿dónde estabas? Dímelo.

Ahora es fácil, todo es fácil

me basta un susurro,

para que de mi mano comáis

como haría un perro fiel

¿dónde estabas?.

¿Dónde estabas? de Rafael Sánchez.112

El rock mexicano confirma la categoría socio-romántica del abandonado. Ser unidimensional y harto estereotipado que repta entre las imágenes de borracheras de cantina y farras en cabarets de mala muerte buscando el motivo de su temor edípico. El abandonado parece no tener conciencia de su soledad, o estar demasiado consciente de ella, de tal manera que busca la compañía de manera inmediata y sin reparar en las consecuencias que esto pueda tener. El abandonado es ante todo víctima, y esa situación es la que lo redime y lo justifica.

Perdí mis manos por querer tocarte siempre

perdí los brazos por creer que siempre estarías ahí

o lo viví o lo soñé, o lo viví o lo viví.

Perdí mis piernas por andar sobre tus pasos

y en el fracaso me quedé y nunca más me iré

¿por qué cada vez que te alejas me dejas desangrar?

¿por qué cada vez que te largas me arrancas, me descarnas?

No, ya no hay más, ya no hay más

ya cortaste mis brazos, mis piernas y ya no doy más

ya no hay más,

ya mi carne se encuentra contigo en otro lugar,

perdí la forma de poder acariciarte

sólo la boca me quedó para llamarte

sálvame, no me dejes desangrar

ya no queda más, no me dejes sangrar.

La balada de Cuca.113

El abandonado es el sacrificado, el crucificado en las estacas del amor no correspondido. De hecho la figura del abandonado acompaña al individuo asumido como tal aún antes de la acción misma de abandono. El mexicano, dentro de su imaginería del héroe romántico se asume como abandonado desde un principio. El abandonado es el derrotado, no importa el lugar en donde la derrota se lleve a cabo, puede ser en la acción misma del cortejo o aún antes, el abandonado lo es en tanto se cree derrotado de antemano. Siempre sospecha la traición, como figura trágica del teatro clásico, sabe cual es su destino sin pretender cambiarlo, sino antes regocijarse en él.

Mala mujer, sin corazón, sin sentimiento,

vas a querer, todo mi amor y mi dinero,

me haces caer con ese andar de gata,

dame la paz no seas ingrata.

Mala mujer si no me matas yo me muero,

me haces perder, con tu baraja yo no juego,

dime por qué hablas a mis espaldas,

por qué será, dime la causa.

No te hagas guajira, gozas la mentira,

este mundo gira, gira y no termina.

Vienes aquí con actitudes de princesa,

dueña de ti y sin que nadie te detenga,

eres así pero te cuidas la apariencia

me voy sin ti, no me entretengas.

Mala mujer de Antonio Márquez.114

La característica de origen del abandonado es el sufrimiento, para el abandonado no valen las excusas, las promesas, las acciones, él se sabe traicionado, engañado, humillado. Sin embargo, es precisamente esa humillación la que lo ensalza, la que lo hace sentir superior a los demás, él es el apóstol del sufrimiento. El abandonado ama de una forma diferente, extraña, no ama a la que lo deja, a la que lo rechaza, ama el sufrimiento que ese rechazo o ese abandono pueda otorgarle. El abandonado sufre y goza de la impresión que en los demás causa su sufrimiento, busca de manera enfermiza el consuelo, la consideración. El abandonado es, siendo un poco exagerado, la última encarnación del héroe romántico del siglo XX, encarnación que se vuelve parodia ridícula de una concepción del amor casi perdida.

Ingrata, no me digas que me quieres

no me digas que me adoras,

que me amas, que me extrañas,

que ya no te creo nada.

Ingrata, que no ves que estoy sufriendo

por favor hoy no me digas

que por mí te estás muriendo,

que tus lágrimas son falsas.

Ingrata, no me digas que me adoras

se te nota que en tus labios

ya no hay nada que tú puedas

ofrecer a esta boca.

Por eso ahora, yo sé que veniste

porque te acuerdas de mi cariño,

por eso ahora que estoy tan triste

no quiero que nadie me mire sufrir.

Ingrata, no me digas que me quieres

tú desprecias mis palabras y mis besos

los que alguna vez hicieron que soñaras.

La ingrata de Café Tacuba.115

El abandonado, dentro de las letras del rock mexicano, confronta a su pareja reclamando el desamor, reclamando el rechazo. Sabiéndose víctima, el abandonado se refugia en su propio sufrimiento, se empapa de lágrimas y mocos para salir empapado de una aureola trágica que le confiere un cierto aire de respetabilidad. El abandonado, nunca es el cornudo en tanto que no enfrenta otra ofensa más que el abandono mismo, el cornudo sufre por una traición de la que es ignorante en tanto el abandonado se regocija en ese tener la razón de su presagio de la traición. El cornudo es ignorante y sufre, el abandonado sabe y se regocija de ello.

Me cae que no me quieres, me cae que no te creo,

me cae que tú prefieres los besos de verdad.

Me cae que me olvidaste, me cae que te recuerdo

me cae que ayer llamaste nomás para colgar.

Me cae que no te adoro, me cae que estás mintiendo,

me cae que nunca lloro pero quiero llorar.

Me cae que estoy tan loco, me cae que no te entiendo

que cae que tú tampoco me puedes olvidar.

Me cae que mis pasiones no duelen como muelas

me cae que tus cortones me va a asesinar.

Me cae que por amores tú nunca te flagelas

me cae que cuando llores hasta vas a rezar.

Me cae de La Lupita.116

El abandonado es José Alfredo Jiménez, es Pedro Infante, es Jorge Negrete, es Vicente Fernández, es el galán telenovelero, el único al cual le es dado el don de la lágrima para que nos conmueva sin ser tachado de marica. El abandonado es el borracho al que todos se sienten en la obligación de pagar su borrachera, es el ‘ojalá a mí no me pase’. El abandonado es encarnación sola de sí mismo y parodia repetida de la misma causa y el mismo sufrimiento que espera, sin embargo el momento de la venganza. El abandonado llora, el abandonado, gime, el abandonado canta: Yo sé bien que estoy afuera / pero el día en que yo me muera / sé que tendrás que llorar(...) Con dinero y sin dinero / hago siempre lo que quiero / y mi palabra es la ley / no tengo trono ni reina / ni nadie que me comprenda / pero sigo siendo el rey.

Otra vez camino sin dirección

acompañado por la inmensidad

de otra noche fría y gris,

y la luna que llena el crepúsculo

me baña en matices de nostalgia

al reflejar tu rostro;

me siento tan triste amor,

tan infeliz, tan lleno de ansiedad,

no sé que nos separó

y cómo negarle a mi corazón:

(Que aún te amo,

que aún te extraño,

los días sin ti son como morir,

aún te amo.)

¿Dónde estás? No quiero perderte,

no sé si piensas en mí como yo en ti,

me haces tanta falta;

¿qué vale el orgullo si me siento así?,

si eres gran parte de mí;

¿Dónde se supone que debo ocultar

el dolor que llevo aquí?...

Aún de Coda117
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