Discursos e intervenciones






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EL GOLPE FASCISTA CONTRA VENEZUELA

Aquí está en juego la vida de la patria”

Hugo Chávez Frías

Presidente de la República Bolivariana

de Venezuela

Discursos e intervenciones

Diciembre de 2002 - enero de 2003
Segunda edición ampliada

Ediciones Plaza

La Habana, 2003
© Hugo Chávez Frías / 2003
© Sobre la presente edición:

Ediciones Plaza / 2003


Primera edición: Enero de 2003

Segunda edición ampliada: Enero de 2003

Esta segunda edición ha sido traducida al inglés, francés, portugués, italiano, alemán, ruso y árabe.

Ediciones Plaza, calle 17 número 552, esquina a D, Vedado, La Habana, Cuba / tel:55-1858 / fax:57-4578 / e-mail: palvarez@enet.cu

CONTENIDO


Una batalla por Venezuela y por la esperanza


5

Discurso en el acto de homenaje a los trabajadores

de PDVSA y marinos mercantes, Carenero,

estado de Miranda, 27 de diciembre de 2002




11

Alocución con motivo del asesinato de dos

simpatizantes del Gobierno, 5 de enero de 2003



19

Comparecencia desde la Unidad Escolar “Gustavo Machado”, en Catia La Mar,

7 de enero de 2003




53

Discurso en San Carlos, estado de Cojedes,

10 de enero de 2003



83

Discurso en el acto de constitución del Frente

Nacional en defensa del Derecho a la Educación,

en el Poliedro de Caracas, 11 de enero de 2003




113

Discurso en el acto de entrega de títulos de tierras urbanas en La Vega, Caracas, 11 de enero de 2003


131



Fragmento sobre Cuba de la comparecencia en el

programa “Aló Presidente”, 12 de enero de 2003



145

Discurso en la entrega de la Presidencia del Grupo de los 77, Nueva York, 16 de enero de 2003



153

Presentación del Mensaje Anual del Presidente a la Asamblea Nacional, Caracas, 17 de enero de 2003



171

Alocución por la radio y la televisión venezolanas, 22 de enero de 2003



213

Discurso en la manifestación popular en Caracas,

23 de enero de 2003



241

Conferencia de prensa en Porto Alegre, Brasil,

25 de enero de 2003



287

Discurso en el encuentro de solidaridad con la

Revolución Bolivariana efectuado en el marco del

Foro Social Mundial, Porto Alegre, Brasil,

26 de enero de 2003



315

Apéndice: Declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, 9 de enero de 2003



361


Presentación

UNA BATALLA POR VENEZUELA Y POR LA ESPERANZA

En Venezuela se libra hoy una batalla del pasado frente al futuro y la esperanza, de los privilegiados de siempre frente a los eternos excluidos, de la ignominia frente a la dignidad; una batalla por los derechos de los pueblos de Nuestra América.

Aliados, en pérfida coalición golpista, la petrocracia oligárquica, los grandes empresarios, los dueños de la televisoras privadas y otros medios de comunicación, los burócratas del sindicalismo “amarillo” y corrupto, jefes militares traidores y representantes del pasado político venezolano, pretenden asaltar el poder por cualquier medio, derrocar el gobierno legítimamente electo del Presidente Hugo Chávez y frustrar los sueños de justicia social de la gran mayoría del pueblo venezolano, que vio a aquellas mismas clases esquilmar al país por más de cuarenta años.

Los que desde el 2 de diciembre del 2002 han pretendido paralizar a Venezuela y doblegar a Chávez, son

los mismos que ejecutaron el golpe fascista sangriento del 11 de abril del pasado año; quienes, en las pocas horas que detentaron el poder, disolvieron la Asamblea Nacional y todos los poderes públicos, allanaron casas y vejaron a personalidades políticas y sociales del proceso bolivariano, desataron un terrorismo mediático inaudito y pretendieron borrar de un tirón las leyes justicieras adoptadas por el gobierno bolivariano.

El pueblo desbarató el golpe en menos de 72 horas, lanzándose a las calles en defensa de su líder y de sus ideas, junto a jefes militares, jóvenes valientes y patriotas. En la madrugada del 14 de abril, Chávez volvió al Palacio de Miraflores en medio de la euforia popular, y el efímero presidente golpista, Pedro Carmona (“el Breve”) salió por la puerta trasera en apresurada estampida hacia el estercolero de la historia.

En generoso y noble gesto hacia sus propios adversarios, el Presidente Chávez no llamó entonces a la venganza contra los golpistas, sino que pidió a todas las fuerzas políticas y sociales de Venezuela terminar los enfrentamientos estériles y trabajar por el bien del pueblo y la nación. Pero las fuerzas que fueron dueñas del país y lo saquearon sin compasión, no resignadas a perder el poder político, continuaron conspirando después de abril.

Los golpistas creyeron que en diciembre estaban creadas las oportunidades para asestar su golpe mortal al proceso bolivariano. Los apuraba la entrada en vigor, en los inicios del 2003, de importantes leyes como la de hidrocarburos, que reformaría la estructura casi privada de PDVSA y la profundización de los pasos establecidos en la Ley de Tierras, que beneficia a cientos de miles de campesinos.

Bajo el manto de un llamado a un “paro cívico nacional”, los golpistas apostaron esta vez a paralizar el corazón económico del país. El ataque a PDVSA fue brutal. Los gerentes golpistas del petróleo, privilegiados que ganan sueldos astronómicos bajo el hasta ahora sagrado nombre de la “meritocracia”, conminaron a los trabajadores a sumarse al paro, sabotearon los mandos de las refinerías y los centros de distribución y destruyeron equipamientos vitales de la industria. Oficiales de la marina mercante, presionados o amenazados por los golpistas, fondearon sus buques tanques cargados de combustible, para impedir el envío de petróleo hacia el exterior o surtir a los centros de distribución internos.

El objetivo era reducir a cero la producción petrolera venezolana de casi 3 millones de barriles diarios (por cuya venta el Estado sólo recibía el 20 por ciento de las ganancias, pues el resto se utilizaba en fantasmagóricos “gastos operacionales”), paralizar todas las refinerías, provocar la asfixia económica del gobierno. Pero sus cálculos y estrategias fallaron y el gobierno, con la ayuda de gerentes patriotas, técnicos con experiencia, trabajadores, jubilados, ex empleados de PDVSA injustamente despedidos por la “meritocracia” y representantes del Ejército, están haciendo funcionar paulatinamente la industria petrolera.

Los gerentes golpistas y sus seguidores fueron despedidos; con el apoyo de marineros leales, el Ejército y la Marina se recuperaron la mayoría de los buques cisternas petroleros y se ha reactivado en parte la exportación de combustibles; PDVSA fue reestructurada y se ha comenzado un proceso de renacionalización del principal activo económico de Venezuela.

Desesperados por el fracaso del sabotaje petrolero, los golpistas han tratado de sumar otras medidas para lograr sus propósitos: han realizado manifestaciones con mayoría de participantes de las clases altas y elementos de las capas medias buscando provocar la violencia en el país; han pretendido convocar a un ilegal referéndum consultivo para forzar la renuncia del Presidente; intentaron cerrar los bancos, con la reducción del horario de trabajo y el paro de los mismos; han llamado a la desobediencia tributaria, al no pago de agua, electricidad y gas; y tratan de sabotear el inicio del año escolar, batalla en la que también están llamados a la derrota.

Centro del complot golpista han sido las televisoras privadas y otros medios de comunicación, cuyos dueños, como Gustavo Cisneros, Marcel Granier y Alberto Federico Ravel, otrora manejadores de gobiernos en la Venezuela pretérita, atacan durante las 24 horas al gobierno de Chávez, llaman constantemente a la desobediencia, difunden groseras mentiras sobre la situación interna y sobre las relaciones entre Venezuela y Cuba y divulgan a diestra y siniestra los llamados de los líderes del golpismo, e imparten las instrucciones desde ellos. Es un terrorismo mediático sin paralelo en la historia.

Lo que pretenden los golpistas es quitarle el poder al pueblo. Lo que pretenden es restaurar el pasado de exclusión social y derechos conculcados. Lo que intentan es echar atrás la obra social, que en medio de tan complejas circunstancias, ha venido levantando el proceso bolivariano: las 150 mil viviendas para el pueblo construidas en los dos últimos años, las 15 mil viviendas entregadas a los damnificados de la catástrofe del Estado de Vargas, las 3 mil escuelas bolivarianas en las que un millón de niños recibe una enseñanza de calidad y una comida adecuada, los presupuestos triplicados para las universidades, el incrementos de salarios a maestros y profesores, la entrega gratuita de tratamiento a enfermos del SIDA, los más de 3 mil venezolanos que han sido tratados y curados gratuitamente en Cuba, los acueductos construídos que han dotado de agua potable por primera vez en su vida a dos millones de venezolanos, los beneficios recibidos por miles de productores del campo, la decisión de no privatizar las industrias eléctricas, del aluminio, del agua y del petróleo que pretendieron hacer los neoliberales de ayer y pretenden hacer hoy los golpistas.

Por eso el pueblo bolivariano está en las calles, defendiendo sus sueños y esperanzas. Al frente de la batalla, con honor, valentía y sentido del deber patrio, está el Presidente Hugo Chávez, dispuesto a no entregar al golpismo fascista el poder que le dio su pueblo. Su verbo filoso y combativo moviliza a las fuerzas bolivarianas al combate y es una denuncia contundente de lo que las fuerzas de la reacción interna y sus aliados en el exterior han querido hacer en Venezuela.

Este libro, recoge varios discursos y comparecencias del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez Frías, durante diciembre del 2002 y enero del 2003. En esta segunda edición se han añadido cuatro nuevos textos, entre ellos el discurso en la gigantesca manifestación popular que tomó por asalto las calles de Caracas el 23 de enero y la intervención ante el Foro Social Mundial de Porto Alegre, cuyas decenas de miles de participantes dieron irrestricto y entusiasta apoyo a la lucha patriota del pueblo venezolano.

Los discursos y comparecencias recogidas en este libro son testimonio insuperable de la lucha que hoy se libra en Venezuela por su pueblo, por los ideales de Bolívar y porque una América mejor sea posible y la verdad se conozca.

Ediciones Plaza

La Habana, 27 de enero del 2003
DISCURSO EN EL ACTO DE HOMENAJE A LOS TRABAJADORES DE PDVSA Y MARINOS MERCANTES

Carenero, estado de Miranda, 27 de diciembre del 2002

Señores ministros, ministras;

Ciudadano gerente de la planta de Carenero;

Trabajadores;

Ciudadanos generales;

Oficiales superiores;

Oficiales subalternos;

Suboficiales;

Tropas;

Amigos y amigas;

Trabajadores;

Oficiales de Marina Mercante;

Representantes de los medios de comunicación;

Amigas y amigos todos:

Hace apenas unas horas estuvimos aquí, en este mismo patio, trasmitiendo el programa “Aló Presidente”, que ha llegado al mundo entero. Fue visto y oído desde aquí; todo lo que aquí hicimos y dijimos, desde Norteamérica hasta el Cono Sur y en países de Europa recibieron el mensaje desde Carenero el día domingo en la tarde.

Quisimos venir de nuevo aquí para hacer un reconocimiento especial. Por eso estamos aquí hoy, una vez más; por eso hemos hecho presencia aquí, en cuerpo y alma, para imponer este conjunto de condecoraciones, de las más altas que se imponen en la república, la Orden del Libertador y la Orden “Francisco de Miranda” a un grupo de patriotas, civiles y militares, quienes hoy están dando ejemplo a Venezuela y al mundo; ejemplo de muchas cosas, ejemplo de lo que debe ser un hijo de Bolívar, como tú decías, hermano.

¿Que un grupo de conspiradores, llámense como se llamen, que una organización desestabilizadora, que un plan desestabilizador va a quebrar a Venezuela? ¡Jamás! ¡A Venezuela no la quiebra nadie! (Aplausos y exclamaciones.) Primero, porque esta es la cuna de la libertad.

Este Caribe, estas montañas, aquellos valles y aquellos llanos son testigos mudos de la epopeya que aquí se libró hace apenas 200 años, cuando teníamos un imperio aquí, un imperio que nos invadió hace 500 años, un imperio que clavó sus garras en la garganta de Venezuela, un imperio que nos dominó durante 300 largos años. Pero desde estas mismas aguas, montañas, tierras y montes, surgió aquel pueblo heroico; aquel pueblo heroico que derrotó al imperio español desde aquí mismo, desde el Caribe, hasta las altas montañas de Bolivia y más allá.

Medio mundo de libertad, medio mundo americano vio pasar al pueblo venezolano y a sus soldados sembrando la semilla de la grandeza, de la epopeya, del heroísmo. Eso no debe olvidarlo nadie, porque el pueblo venezolano y los soldados, como parte de ese pueblo que somos, estamos hechos de ese barro, estamos hechos de esa historia.

Ninguna fuerza interna o externa, por más poderosa que ella crea ser o sea, podrá quebrar a Venezuela, podrá detener a este pueblo que está dispuesto a ser libre una vez más. Por eso lo que aquí en Carenero ha ocurrido en estas últimas semanas es solo un reflejo de lo que en Venezuela toda ha estado ocurriendo.

Un grupo de conspiradores, desde hace casi un mes ya, quiso robarnos el mes de diciembre, quiso quitarnos la Navidad, quiso apuñalar el corazón de su propia madre, porque son venezolanos también y Venezuela es la madre de todos; es la madre, es la patria. Han querido apuñalar el corazón de Venezuela; pero nos pusimos de pie, hombres y mujeres, civiles y militares, trabajadores, y aquí estamos, ¡hemos salvado a la patria de la puñalada traicionera! (Aplausos y exclamaciones.) Hemos salvado a la patria de la puñalada traicionera que le lanzaron de manera premeditada, y hoy es grato recibir el reporte de toda Venezuela allá, en el puesto de mando, en el Palacio de Miraflores, y ver cómo venimos saliendo de la situación crítica en la que el país cayó del petróleo, la producción petrolera, la refinación, la gasolina, el gas, los alimentos. La vida social y la vida económica del país ha sido amenazada, pero hemos sobrepasado la situación más crítica y ahora estamos en franca mejoría.

Debo decirle desde aquí, desde Carenero, a Venezuela, que cuente, todo el pueblo venezolano, con este gobierno revolucionario, con sus trabajadores, con sus soldados, con sus hombres y sus mujeres, con nuestro amor, con nuestro sentido y sentimiento cristianos, porque Dios también está con nosotros, pero por supuesto que está con nosotros porque estamos luchando por la justicia, por la paz, por la igualdad y por la equidad en un mundo de desiguales como el que vivimos.

Hoy estamos en franca mejoría. Debo decirles que desde el día de ayer hemos comenzado a reabrir pozos petroleros que estaban paralizados, y la producción petrolera se ha incrementado entre ayer y hoy en un porcentaje bastante importante, y los barcos que estaban paralizados y estaban bloqueando prácticamente casi todos los puertos del país, han comenzado a moverse ahora con tripulaciones patriotas, de marinos mercantes venezolanos (aplausos y exclamaciones), apoyados por la Marina de Guerra, apoyados por el pueblo. Y aquí, precisamente, en Carenero, tenemos el buque que los conspiradores habían convertido en su insignia desestabilizadora y habían ellos asegurado que ese buque nadie podría moverlo. Bueno, les hemos demostrado que el buque podemos moverlo, ¡y mire que se ha movido el “Pilín León”! (Aplausos y exclamaciones.) ¡Mire que se ha movido el “Pilín León”!

Desde que comenzamos a moverlo, hace apenas cuatro o cinco días, después que lo tuvieron paralizado más de dos semanas, el buque descargó 44 millones de litros de gasolina allá en Bajo Grande. Terminó de descargar sin novedad. Habían dicho: “¡No!, que va a explotar, porque los que están ahí no saben lo que están haciendo.” ¿Cómo que no saben? Son expertos trabajadores de agua y de tierra, pues descargaron toda la gasolina. Salieron del puerto, levaron ancla y se fueron al estado Falcón, allá en Punta Cardón, llenaron el barco de gasolina otra vez, y aquí está, descargando gasolina ahora para Caracas, para Miranda, para Carenero y para toda esta región del centro del país (aplausos); y mañana termina de descargar esa gasolina y va a buscar más gasolina, para seguir devolviéndoles la normalidad a los venezolanos. Estoy seguro de que dentro de pocos días, semanas, desaparecerán las largas colas que todavía están afectando a muchísimos venezolanos, haciendo perder un tiempo precioso a familias enteras, a trabajadores enteros (le dicen algo y aplauden).

Lo mismo hay que decir del gas. Ha llegado un buque aquí y ha descargado una carga importante de gas —¿cómo es que se llama el buque que estuvo aquí? (Le dicen que “Victory”.)—; el “Victory” ya descargó 35.000 barriles de gas licuado y ya están bombeando, vamos a empezar a bombear. Así que, hombres y mujeres, familias de Miranda, de Caracas y de todo el centro del país, ya tenemos el gas aquí y pronto estos hombres patriotas van a empezar a bombearlo para que llegue a tiempo a la bombonita, a la bombona, a la cocina, a la vivienda, para la comida, para la tranquilidad. (Aplausos) (Le dicen algo del público.) Yo sé que tú cocinas con leña, está bien, yo también cocino con leña; pero de todos modos esta es una tremenda noticia: estamos restableciendo el suministro de combustible, gasolina, gas oil, gas.

Esto que esta gente hizo, y ellos, además, se vanaglorian, como si estuvieran haciendo una gracia, atentaron contra la tranquilidad de los venezolanos, contra la paz de los venezolanos, ha sido un acto criminal, de traición a la patria, el que han adelantado estos conspiradores que están siendo derrotados una vez más y que serán derrotados definitivamente (aplausos).

Ahora nosotros vamos a dirigirnos, inmediatamente, a bordo del “Pilín León”, porque allá en el buque voy a condecorar a toda su tripulación, empezando por el capitán del buque y toda su tripulación de patriotas, que han movido, han equipado y van a seguir moviendo el barco para atender las necesidades del pueblo venezolano. Vamos a hacerles un reconocimiento especial, así como a todos ustedes, oficiales, suboficiales, tropas, gerentes, trabajadores y técnicos, marinos de la Marina Mercante que hoy han recibido estas condecoraciones de la Orden del Libertador y la Orden “Francisco de Miranda”.

Debo decir que estas son las más altas condecoraciones que a venezolano alguno se le puede imponer (aplausos), y he decidido hacerlo de esta manera porque lo que ustedes han hecho, trabajadores y soldados, lo merece. Ustedes están haciendo patria. Así como Miranda, así como Bolívar, junto al pueblo venezolano, hace 200 años, libertaron a Venezuela y a medio continente del yugo español, ahora, ustedes, todos juntos, estamos libertando al pueblo venezolano. Es una nueva libertad, es una nueva gesta de independencia.

Estamos entrando en una nueva etapa, estamos luchando por nuestra independencia ya no política, la independencia económica, para liberarnos de las cadenas de la pobreza (aplausos). Y precisamente el petróleo venezolano es una de las riquezas fundamentales que nos va a permitir, manejando, ahora sí, el petróleo y PDVSA como debe ser manejado, y distribuyendo de manera equitativa el ingreso petrolero nacional, que es una de las armas más poderosas que tenemos para derrotar en los próximos años, de manera definitiva, el hambre, el atraso, la miseria y la pobreza, y darle a Venezuela una libertad plena: libertad política, libertad económica e igualdad social (aplausos y exclamaciones), porque vivimos en un mundo donde hay mucha desigualdad, y solo a través de una administración adecuada de los recursos del país podremos ir derrotando esos altos niveles de desigualdad.

Por eso, hijos de Bolívar como somos, y tomo tus palabras, hermano, a la altura de Bolívar estamos, a la altura de los nuevos libertadores de Venezuela.

Felicitaciones, pues, a todos y a todas, ¡y adelante, cada día más unidos, cada día más firmes, en la nueva libertad de la patria de Simón Bolívar!

Un abrazo a todos, muchachas y muchachos (aplausos y exclamaciones).
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