1 El reto de la comunicación. La necesidad de los guías-intérpretes






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Capítulo 11

La guía-interpretación: aspectos fundamentales
Myriam García Dorado


Introducción
La sordoceguera es una discapacidad severa que genera en las personas que la padecen una gran incomunicación y desconexión del mundo, además de una serie de limitaciones muy excluyentes en terrenos tales como la información, la comunicación y la movilidad. Comunicarse de forma voluntaria con cualquier persona del entorno o desplazarse por lugares desconocidos de manera autónoma suponen un complicado reto al que tienen que hacer frente cada día. Todo ello, unido a la dificultad de recibir información sobre lo que sucede más allá de la punta de sus dedos, hace que sufran duras restricciones y queden en una situación de desigualdad con respecto al resto de la sociedad. Uno de los recursos con los que cuentan para superar estas barreras es la figura del guía-intérprete, un profesional que les sirve de nexo con su entorno y les facilita la participación en igualdad de condiciones y el uso de su independencia.
El objetivo que se persigue en este capítulo es comprender y asimilar el papel que va a desempeñar el guía-intérprete de personas sordociegas como instrumento facilitador para vencer las carencias y dificultades que este colectivo presenta en el terreno de la comunicación, la movilidad y el acceso a la información. Además, se expondrán las técnicas, pautas y recursos necesarios para realizar correctamente sus funciones, así como el análisis y reflexión acerca de las actitudes profesionales adecuadas para este trabajo.


1. La comunicación con personas sordociegas
1.1. El reto de la comunicación. La necesidad de los guías-intérpretes
La vista y el oído son los sentidos más relevantes en la vida de cualquier persona, puesto que son ellos los que más cantidad de información le aportan de una manera inmediata y global, los que determinan su manera de entender el mundo y los que le permiten realizar las funciones que le hacen sentirse un ser humano que, además, está integrado en su entorno: actuar de forma autónoma, estar informado para tomar decisiones, es decir, poder actuar de forma voluntaria e independiente en todas las facetas de la vida.
Esta idea es mucho más acentuada cuando se trata del contacto entre personas: la vista, el oído y el habla se usan para comunicarse, es decir, para intercambiar significados, intenciones, pensamientos y experiencias, y para formar parte de una comunidad. La comunicación es la que permite que la persona se defina a sí misma y comprenda quién es y cómo encaja en el mundo; es necesaria para la integración en la comunidad, la aceptación de la familia y los iguales y el acceso a los servicios; sin ella la persona se queda aislada (Duncan y Bagley, 1999). La forma en que cada persona se comunica y el sistema que utiliza para ello forma parte de su individualidad, le define como persona, le da su identidad.
Es un hecho que la sociedad da por sentado que la habilidad para comunicarse es algo innato en la mayoría y funciona bajo la presunción de que todos los que la integran pueden ver y oír. Sin embargo, esto no es posible para las personas que no pueden disfrutar de la vista y el oído. Ser sordociego supone muchos y complicados retos para la persona, pero la mayor lucha, la mayor dificultad, reside en mantener la comunicación y, por tanto, la identidad. Está claro que no contar con el medio que le permite establecer una comunicación significativa y bidireccional con el resto del mundo es un golpe devastador para las personas que lo padecen (Duncan y Bagley, 1999), fundamentalmente por todas las pérdidas añadidas que esto supone. Como afirma Stig Ohlson, persona sordociega de Suecia y Presidente de la Federación Mundial de Sordociegos: «la sordoceguera es una discapacidad de la información y la comunicación. Todos nuestros problemas nacen de ahí.» (Ohlson, 1994).
Por otra parte, para establecer una comunicación coherente con cualquier interlocutor, es necesario que ambas partes compartan el código con el que van a intercambiar sus mensajes. Y he aquí otra de las grandes dificultades a la que tienen que hacer frente la mayoría de las personas sordociegas: la sociedad en general no conoce las formas y sistemas de comunicación utilizados por este colectivo, como se recoge en las Conclusiones de la II Conferencia Nacional de Personas Sordociegas, «la comunicación con las personas de nuestro entorno constituye la principal barrera que tenemos que superar. La comunicación es, por lo tanto, la clave de nuestra vida cotidiana y social».
Para superar todas estas dificultades, además de los problemas para llevar a cabo una movilidad independiente, se hace necesario contar con una serie de recursos humanos y técnicos. Frecuentemente, el hombre ha tratado de resolver sus problemas con la ayuda de la tecnología; sin embargo, en el caso concreto que aquí se trata, «ni siquiera los más modernos aparatos podrían sobrevivir a la comparación con una ayuda humana, el intérprete, puesto que el intérprete trabaja con todo el poder del cerebro humano» (Ohlson, 1994).
Así pues, en este capítulo vamos a centrarnos en uno de los servicios de apoyo ofrecidos por profesionales que desarrollan su trabajo dentro del área de la comunicación con personas sordociegas: los guías-intérpretes. Esta figura profesional es un complemento, una pieza más del engranaje que facilita que la persona sordociega establezca las bases para una vida más plena, independiente y fructífera, junto a los programas específicos para este colectivo (rehabilitación, apoyo psicológico, educación, formación continua, vocacional... ya explicados en apartados anteriores), dirigidos y llevados a la práctica por profesionales expertos en sordoceguera. Como afirma Daniel Álvarez, persona sordociega, Jefe de la Unidad Técnica de Sordoceguera de la ONCE y Presidente de la Asociación de Sordociegos de España:
Aun cuando un sordociego haya recibido la más óptima educación o desarrollado al máximo sus habilidades en un buen programa de rehabilitación y sea capaz de comunicarse por diversos sistemas, frecuentemente se va a encontrar con severas barreras a la hora de integrarse en un engranaje social cuyo ritmo lo marcan las personas videntes y oyentes, y que difícilmente va a poder seguir. Los sordociegos necesitan apoyos para poder superar las desventajas que les plantea su minusvalía en numerosas situaciones, y poder conseguir un aceptable nivel de integración comunitaria, laboral y social. Este apoyo lo necesitarán, de manera especial, en situaciones relacionadas con la comunicación y la movilidad, y consiste más concretamente en apoyo humano, la ayuda de una persona que pueda servirle de «ojos y oídos», que sea el nexo que interviene entre él y cuanto le rodea. (Álvarez, 1992a).
Así lo confirman otras personas sordociegas:
Nuestra integración social no se agota en la educación o la rehabilitación. Después seguiremos necesitando ayudas y recursos humanos y técnicos para cubrir nuestras necesidades básicas y participar en las tareas de la sociedad en la que vivimos. El servicio de apoyo más importante para nosotros es el de los guías-intérpretes. (Álvarez y Leyton, 1992).
El intérprete transmite a la persona sordociega las cosas que no puede ver ni oír, le proporciona la información que necesita para hacer valoraciones y tomar sus decisiones de manera independiente, le hace posible comunicarse con otras personas que no conocen sus métodos de comunicación. El intérprete es, en otras palabras:
...una ayuda que nos da la oportunidad de llevar una vida abierta hacia el exterior y la posibilidad de influir en situaciones que nos afectan. Podemos decir que sin el acceso al servicio de intérpretes, nuestras posibilidades quedan muy restringidas, pero si pudiéramos contar con un intérprete cuando lo necesitamos, las personas sordociegas no tendríamos más limitaciones que los demás. (Ohlson, 1994).
Así se puso también de manifiesto durante la celebración de la III Conferencia Nacional de Personas Sordociegas: «Ahora, en esta III Conferencia contamos con guías-intérpretes profesionales bien formados, que nos permitirán participar plenamente y expresar por nosotros mismos nuestros anhelos, nuestras opiniones, nuestras ideas...» (Álvarez, 1997).
Mirando hacia el pasado, se puede ver que:
...la historia de las personas sordociegas es también la historia de la importancia de los intérpretes. Hay muchos ejemplos de personas sordociegas que han tenido éxito en sus estudios o en su trabajo. Si se miran más de cerca estos casos, nos encontraremos que son historias de personas sordociegas que tienen una gran fuerza de voluntad y que han trabajado muy duro. Pero también podremos comprobar que son historias de intérpretes que han trabajado casi tan duro y que han contribuido grandemente a ello, y sin los cuales los objetivos propuestos no se podrían haber alcanzado. (Ohlson, 1994).
Así pues, se puede afirmar que, además de otros servicios fundamentales, es esencial que las personas sordociegas cuenten con un buen servicio de interpretación en todos los países. «Conseguir un buen servicio de intérpretes es el primer objetivo que se debe perseguir antes de poder conseguir el objetivo final: que todas las personas sordociegas puedan llevar una vida rica, abierta e independiente, una vida con un alto nivel de calidad» (Ohlson, 1994). Esto significa que estos servicios ya no son realizados por familiares o por voluntarios bondadosos, como antaño, sino por profesionales formados para ello, personas que pueden ser completamente desconocidas, y que reciben una remuneración por hacer un trabajo para dar un servicio al que la persona sordociega tiene derecho. Esto descarga a la persona sordociega de depender constantemente de los buenos deseos, las intenciones y la caridad de los demás. También les hace posible demandar un servicio de calidad.

1.2. Toma de contacto. Establecimiento de la comunicación
El mundo en el que se desenvuelven las personas videntes y oyentes es rápido, agitado, variable, y la multitud de intercambios comunicativos que se producen a lo largo del día siguen estas mismas pautas: parte de los mensajes se sobreentienden con el tono de voz, los interlocutores se interrumpen unos a otros, se entrecortan los mensajes y el resto se entiende con la mirada; en una palabra, lo que no perciben los oídos, lo complementan los ojos: uno puede saber que su interlocutor le ha interrumpido porque alguien le ha llamado al teléfono móvil, de un simple vistazo se puede percibir si es oportuno intervenir en una determinada conversación o es mejor esperar... Sin embargo, a la hora de trabajar como guía-intérprete o, simplemente, de comunicarse con una persona que padezca severos problemas combinados de vista y oído, es imprescindible entrar de forma consciente en otro contexto lingüístico muy diferente: los mecanismos utilizados en un mundo de luces y sonidos no son suficientes ni adecuados para enfrentarse a esta nueva situación.
Lo primero que se va a percibir como algo «nuevo» o «diferente» es que en la mayoría de las interacciones comunicativas no es la persona sordociega la que lleva la iniciativa para el contacto, sino que debe hacerlo su interlocutor. Y la razón es obvia: una persona con pérdidas o limitaciones severas en los sentidos de la vista y el oído tendrá serias dificultades para saber si hay alguien en su entorno con quien «ponerse a charlar» y, en caso afirmativo, quién es ese «alguien». Evidentemente, cuantos más y mejores restos sensoriales (vista, oído o ambos) tenga la persona, más sencilla será la tarea y más fácilmente le permitirá entablar conversaciones de forma voluntaria e independiente.
Por otra parte, y especialmente si se trata de alguien con poca experiencia en la comunicación con sordociegos, el momento inicial de acercamiento puede resultar un tanto embarazoso, puesto que supone tener que salir del espacio físico privado del que cada uno se rodea y entrar en el espacio de la persona sordociega, algo que socialmente no es habitual y a lo que la mayoría no está acostumbrada. Sin embargo, no se puede olvidar que cuando se toma la decisión de trabajar con personas sordociegas nos adentramos en un mundo que se mueve bajo unos parámetros sensiblemente diferentes del resto, en el que las distancias se acortan y el «tacto» y el «contacto» pasan a tener un significado y unas connotaciones diferentes.
No se puede olvidar tampoco otra serie de factores que pueden dificultar el establecimiento de la comunicación: aunque la persona tenga algún tipo de restos, su percepción nunca va a ser completa, sino parcial y deteriorada, lo que puede hacer que cuando alguien se acerque a ella para transmitirle un mensaje, este no le llegue, lo perciba distorsionado o no se dé cuenta de que va dirigido a ella; es posible que, además, el entorno en que se encuentra no reúna las condiciones adecuadas (iluminación, ruidos de fondo, personas que pasan, hablan, se mueven...), lo que dificultará aún más la recepción de la comunicación; igualmente, esto puede verse empeorado por el hecho de que la persona sordociega esté concentrada en sus pensamientos o realizando una tarea, por lo que no estará siempre atenta a lo que suceda a su alrededor.
Tras todo esto se puede concluir que cuando se vaya a iniciar una conversación con una persona sordociega o un servicio de interpretación, hay una serie de aspectos derivados de la falta de los dos sentidos de la distancia que se deben tener en cuenta para facilitar el establecimiento de ese primer contacto, evitando sobresaltos a la persona sordociega y crear situaciones confusas o incómodas para ninguno de los dos interlocutores; así como unas estrategias y recursos que se deben utilizar para que ambos estén en igualdad de condiciones a la hora de dialogar.


  • Acercarse a la persona sordociega. Si tiene restos visuales, auditivos o ambos, cuando su interlocutor esté a una distancia en la que calcule que puede verle u oírle, puede saludarla llamándola por su nombre o agitando levemente la mano (siempre que esté dentro de su campo de visión), tratando de establecer contacto visual o auditivo con ella. Así antes de contactar físicamente con ella le anticipa su presencia, por lo que evita el sobresalto de un acercamiento repentino.




  • Al llegar a su lado, tocar suavemente su brazo para hacerle saber nuestra presencia. Mantener allí un poco la mano, así la persona sordociega sabrá en qué lado está el recién llegado y podrá dirigirse a él o enfocar hacia él su vista o su oído con el fin de establecer una conexión. Este contacto físico debe realizarse tocándole suavemente para evitarle sobresaltos, ya que tal vez no espere encontrar nadie a su lado, sobre todo si no le ha oído o visto al acercarse y, especialmente, por respeto a la persona sordociega.




  • Si la persona sordociega está ocupada en alguna tarea, el interlocutor debe retirar su mano, esperar y darle tiempo para que termine lo que está haciendo y pueda atenderle. Seguramente, estará buscando el punto adecuado para interrumpirla y después volver a ella con facilidad. Si pasados unos instantes no ha respondido y da la sensación de que no se ha dado cuenta de la llamada, se puede insistir de nuevo suavemente. Solo en caso de tener prisa o presentarse una urgencia (comienza una reunión, el taxi está esperando...), se podrá apretar un poco más fuerte y con más insistencia su brazo para hacerle ver la inminencia de una determinada situación.




  • En general, la persona sordociega responderá estableciendo una «doble vía de comunicación» con el recién llegado, contestando oralmente a su saludo, tendiendo sus manos para que se las tome y comience a signar o a deletrear, o saludándole en lengua de signos. Si simplemente se ha vuelto hacia el interlocutor para saber qué pasa, sin iniciar la comunicación, este debe tomar la iniciativa y comenzar la conversación. A partir de este momento ya se ha establecido el contacto.


En el caso concreto de las personas que utilizan la lengua de signos en campo visual o a corta distancia, este acercamiento se hará de la misma manera, pero recordando que si la persona sordociega no ha visto al intérprete acercándose porque no estaba dentro de su campo de visión o se encontraba demasiado lejos, el intérprete debe aproximarse a ella y mantener el contacto en su brazo, no solamente hasta que la persona sordociega se percate de que hay alguien allí, sino hasta que le enfoque dentro de su campo de visión y sepa exactamente dónde se encuentra. Esto se percibe fácilmente por el movimiento ocular de la persona sordociega. Posteriormente, el intérprete debe alejarse la distancia necesaria para poder comenzar a signar (seguramente también se lo pedirá la persona sordociega).


  • A continuación hay que determinar y poner en funcionamiento las condiciones adecuadas para que se produzca un buen intercambio comunicativo y los mensajes fluyan adecuadamente, según el sistema de comunicación de que se trate (v. capítulo 4). La adecuada preparación de estos aspectos es responsabilidad del intérprete, quien deberá confirmarlos y comprobarlos junto con el usuario sordociego, dependiendo de sus necesidades individuales.




  • Saludar y presentarse, identificándose con el nombre o signo en lengua de signos. Hay algunas personas sordociegas, sobre todo de nacimiento, que tienen una especial sensibilidad en el tacto y que son capaces de reconocer a las personas con las que mantienen un contacto más frecuente solo con tocarles las manos. Pero esto se produce en casos excepcionales. Es cierto que, muchas veces, detalles como el olor de un perfume o de una ropa conocida les pueden dar pistas para reconocer a una determinada persona, pero estas también pueden ser confusas. Así pues, no debemos jugar a las adivinanzas, sino darnos a conocer desde el primer contacto, para que la persona sordociega sepa con quién está hablando, pueda establecer una conversación personal y coherente, y así evitar que se produzcan situaciones molestas y embarazosas para ella.




  • En caso de que se trate de una persona sordociega desconocida y no se sepa por anticipado cuál es su sistema de comunicación, se seguirá el mismo proceso anterior y, en el momento de acercarse a ella para iniciar la conversación, se tanteará probando los distintos sistemas y descartándolos: se puede comenzar hablándole, si no responde se intentará signar con ella, y si no se tomarán sus manos para utilizar la lengua de signos táctil o para deletrear. De cualquier forma, a lo largo de este proceso, la persona sordociega, al notar la presencia de otra persona, intentará comunicarse también y dará pistas. Simplemente, se trata de ser un poco flexible y observador para percibir las respuestas que vaya emitiendo el usuario sordociego. Ahora ya pueden comunicarse.



1.3. Elección del sistema de comunicación
En el proceso de entablar una conversación o realizar una interpretación con personas sordociegas, un aspecto esencial es la elección del sistema de comunicación que se va a utilizar. Muchas veces, puede llevar a engaño el observar a la persona sordociega comunicándose con otra (pueden estar comunicándose en un determinado sistema porque es el único que comparten, pero puede que no sea el más habitual de esa persona), o la información que nos han dado los gestores del servicio puede ser errónea (la persona sordociega puede haber sufrido una pérdida o deterioro mayor de sus restos sensoriales y su forma de comunicación ha evolucionado). Por ello, es fundamental que tras la toma de contacto con el usuario, el intérprete compruebe cuál es en realidad el sistema más adecuado.
El sistema de comunicación que se utilice debe ser siempre el que use habitualmente o prefiera la persona sordociega, el que utilice de forma más fluida o el que mejor entienda. La forma de determinarlo es preguntándole a la propia persona sordociega y contrastándolo con ella (v. apartado 2.2.1 de este mismo capítulo). Tal y como afirma Janet, una persona sordociega de Boston:
Es muy importante que el intérprete no dé por sentado que ya sabe cuál es el sistema de comunicación que la persona sordociega necesita. Me he encontrado en muchas situaciones en las que mis intérpretes pensaban que yo necesitaba una interpretación en bimodal, porque yo me comunico de forma expresiva en inglés oral. Sin embargo, tuve que interrumpirles y pedirles que utilizaran la lengua de signos americana. (Goujon, 2002).
No se debe iniciar la interpretación hasta estar bien seguro de que se ha elegido el sistema correcto.
Hay muchas personas sordociegas que solo utilizan un sistema, mientras que otros manejan varios (v. capítulo 4, apartado 1). Se trata de aprovechar los primeros momentos del encuentro con la persona sordociega para detectar cuál o cuáles son y, posteriormente, durante el desarrollo de la sesión de interpretación, se irá confirmando con ella el más adecuado para cada momento (si desea irlos alternando), dependiendo del cansancio físico producido por un determinado sistema, las condiciones del entorno (problemas de iluminación, exceso de ruido) o de la soltura que posea en cada uno de ellos. Esto no debe suponer un problema para el intérprete, puesto que debe estar preparado para utilizar correctamente y con fluidez todos los sistemas de comunicación más frecuentemente utilizados por el colectivo de personas sordociegas.
Si la persona sordociega está en un proceso de pérdida progresiva de la visión o de la audición, y su modalidad comunicativa está evolucionando o tal vez necesitaría cambiar de un sistema visual a uno táctil, el intérprete no puede obligarle a ello, ni es su función enseñárselo ni orientarle, ya que para esto se cuenta con otros profesionales especializados en la materia.

1.4. Pautas de comunicación con personas sordociegas
Una vez que el interlocutor ha establecido el contacto y está seguro de que la persona sordociega sabe que quiere comunicarse con ella puesto que tiene su atención, es necesario no olvidar una serie de aspectos imprescindibles para mantener una comunicación eficaz y positiva para ambos.
No hay que olvidar en ningún momento que todos estos aspectos se derivan de la deprivación sensorial de la persona, que genera una serie de necesidades y condicionantes únicos. Cuantos más y mejores restos sensoriales conserve la persona, más sencillo y directo será este contacto. Estas pautas son igualmente aplicables a cualquier situación de interpretación. A continuación se presentan algunas de ellas.



  • Presentarse siempre al inicio de la conversación e identificarse de nuevo tras cada separación, ausencia o interrupción larga, puesto que al regresar, la persona sordociega no sabrá si es la misma persona que regresa u otra que desea iniciar una conversación con ella. Así se evitan confusiones o molestias.




  • El interlocutor debe despedirse cuando se vaya. En caso contrario, la persona sordociega, que no ve lo que está sucediendo en su entorno, puede pensar que sigue allí y recurrir a él en algún momento.




  • Avisar a la persona sordociega en caso de que su interlocutor vaya a ausentarse o separarse de ella por un tiempo un poco más largo: ir al baño, coger comida en el autoservicio, buscar un cenicero, hacer el pedido en la barra del bar... La persona sordociega, mientras no se le indique lo contrario, seguirá pensando que la situación continúa igual y comenzará a hablar con su acompañante (más bien con el espacio vacío que ocupaba antes), o se sentirá confiado pensando que está allí para protegerle de los peligros e imprevistos y puede encontrarse con personas que le golpean al pasar u obstáculos que no esperaba. ¡Cuántas personas sordociegas están hablando con la silla vacía de su intérprete o con la pared de al lado! Además, sería conveniente indicarle cuánto se piensa tardar: el tiempo en soledad o en un sitio desconocido, sin control de la situación, puede hacerse eterno.




  • Si hay que dejar a la persona sordociega sola en un lugar desconocido, porque el intérprete tiene que irse unos momentos, nunca debe dejarla en un espacio abierto, sin ningún punto de referencia, ya que esto produce mucha angustia al no saber qué hay alrededor, y además puede ser peligroso. Hay que asegurarse de dejarla en un lugar cómodo y seguro, ofreciéndole la posibilidad de que se quede charlando o cerca de alguna persona conocida, sentada, o al menos cerca de algo inamovible con lo que pueda estar en contacto o tocarlo de vez en cuando (pared o mesa).




  • El interlocutor deberá informarle cuando haya regresado, aunque esté ocupado en otra tarea o con otras personas, porque así sabrá que puede echar mano de él cuando lo necesite.




  • Cuando dos personas oyentes están conversando es fácil responder al saludo de una tercera sin interrumpir la conversación. Sin embargo, cuando una persona sordociega está conversando con otra (sordociega, sorda u oyente), cualquier interrupción de terceros para saludar o comentar algo supone un corte de la conversación inicial para atender a la segunda, especialmente cuantos menos restos sensoriales tenga.


En caso de que se quiera hablar con una persona sordociega que ya está comunicándose con otra, es preferible esperar a que haya una pausa en la conversación o a que esté libre para atendernos. Entonces, la persona que llega puede tocarle suavemente en el brazo para que sepa que está allí y esperar a que pueda interrumpir su conversación. Solo si es urgente se puede ser más vehemente, insistiendo más. Esto no significa que los encuentros entre personas sordociegas mantengan unos esquemas tan rígidos como para esperar un orden riguroso para saludarse, se producen mil interrupciones, simplemente no hay que perder de vista que en un mundo en el que los sentidos del «contacto» están tan deteriorados, solo es posible comunicarse y atender de uno en uno.


  • Es importante dar pautas para indicar que se sigue la conversación. Habitualmente, cuando hablan dos personas oyentes, ante las explicaciones o comentarios de una, la otra va afirmando con la cabeza, intercalando exclamaciones tales como: «¡Claro, es verdad!», «¡no me digas!», de forma que la persona que habla es consciente de que la otra está atenta a lo que está diciendo, sigue el hilo e incluso le va animando con alguna pregunta o comentario. Esto hace que se sienta entendida, escuchada y que lo que cuenta tiene un eco en la otra persona.


¿Qué sucede cuando esto no se puede oír ni ver? Simplemente debemos variar la forma de dar «feedback»: si la persona se comunica en lengua de signos táctil o con el sistema dactilológico táctil, entre otros, de forma que tiene contacto con las manos de su interlocutor (la vía receptiva de la persona sordociega permanece abierta), este puede ir confirmando con mensajes tales como: «claro», «sí, sí» o lo que sea oportuno en el contexto. Si la persona está usando la lengua de signos táctil o apoyada en la muñeca, y ha soltado completamente las manos para hablar, de tiempo en tiempo pueden dársele unos suaves toques en uno de sus brazos (si este sistema no le hace despistarse de su elocución); si no, hay que esperar a que ella haga una pausa y tienda sus manos hacia el interlocutor para «cederle la palabra», o para que le confirme si la está entendiendo y siguiendo. Si utiliza la lengua oral adaptada como sistema de comunicación, se pueden dar mensajes verbales para esta función, aprovechando una pausa en su mensaje, para que ambas voces no se superpongan y causen confusión. Si finalmente utiliza la lengua de signos en campo visual o a corta distancia, se puede dar feedback en lengua de signos, pero teniendo en cuenta que es posible que no nos vea porque no estemos dentro de su campo visual. En caso de tener que interrumpirle para comentarle algo, tendremos que acercarnos a él para hacer un contacto físico, esperar a que nos enfoque y de nuevo retirarnos para hablar.


  • Si alguien interrumpe la conversación que mantenían la persona sordociega y un interlocutor, este debe informarla de lo que sucede y, si es oportuno, hacerla partícipe de la nueva conversación interpretándola. Si es un tema personal o no es posible la interpretación, se debe tratar de no tener a la persona sordociega mucho tiempo a la espera sin ninguna explicación. Si la interrupción se va a prolongar un cierto tiempo, es mejor avisarla de ello para que se prepare mentalmente y ofrecerle la opción de hablar con otras personas o esperar. Son muy angustiosos los tiempos de espera, sin tener referencias que indiquen cuándo puede llegar el final.




  • Comunicarse directamente con la persona sordociega. Si está acompañada por otra persona que la está interpretando, es más correcto dirigirse a ella directamente y no hacer los comentarios a través de su acompañante («Pedro, ¿cuándo quedamos?», en lugar de «Pregúntale a Pedro que cuándo quedamos»).




  • Ser honesto cuando no se le entienda. No fingir que se entiende a la persona sordociega si no es verdad. Esto es fundamental tanto en situaciones de interpretación como, simplemente, de comunicación. Pedirle que repita.




  • Es frecuente que a muchas personas sordociegas les guste charlar durante las comidas, especialmente aquellas cuyos restos sensoriales se lo permiten, puesto que habitualmente no cuentan con muchos momentos de encuentro e intercambio de los que pueden disfrutar y quieren aprovecharlos al máximo. Cuando la persona es sordociega total y su comunicación es táctil, es posible que esta doble tarea le resulte dificultosa, puesto que tendrá que interrumpir su comida, limpiar su mano con frecuencia para recibir el mensaje y el proceso se alargará mucho. En este caso, es mejor evitar comunicarse, excepto en las pausas que realice, cuando ella lo demande, entre platos o para darle algún aviso relevante («cuidado, viene el camarero y te puede golpear», «¿quieres más agua?»).


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2. La guía-interpretación
2.1. El papel del guía-intérprete
Hablando en general, se puede decir que la interpretación en cualquier idioma consiste en recibir un mensaje en una lengua y entregarlo, transmitirlo o pronunciarlo en otra. Es un proceso completamente distinto al de una mera comunicación, es un paso que va más allá del simple intercambio de palabras. Para ello, el intérprete debe dominar ambas lenguas, además de las técnicas de interpretación correspondientes.
En el caso de la guía-interpretación con personas sordociegas sucede algo parecido: el intérprete, en primer lugar, debe conocer y dominar a la perfección los distintos sistemas de comunicación utilizados por este colectivo, tanto a nivel expresivo como receptivo, es decir, ser muy fluido en todos ellos; además, debe ser capaz de interpretar con corrección los mensajes que se emitan. Sin embargo, eso no es suficiente; interpretar a personas sordociegas no es solo conocer sus sistemas de comunicación, ni comunicarse con ellas, ni siquiera es tan solo transmitir mensajes, sino que hay algo más: el objetivo final es introducir a la persona sordociega en el contexto, ubicarla en la situación en la que ambos se encuentran de forma que «vea, sienta y oiga» lo mismo que su intérprete.
Así pues, el papel del guía-intérprete consiste en proporcionar a la persona sordociega una imagen lo más completa posible de la situación de interpretación, a través de la transmisión de los distintos elementos que la componen, de forma que la persona sordociega comprenda el contexto y se encuentre en igualdad de condiciones con respecto al resto de los interlocutores a la hora de participar, actuar o tomar decisiones. Se trata, por una parte, de ser un canal «lingüístico» entre personas que no comparten el mismo sistema de comunicación, además de conectar a la persona sordociega con su entorno, con la realidad, es decir, ser sus ojos y sus oídos y ser un instrumento en el proceso de promover la integración e independencia de las personas sordociegas.
Es importante diferenciar el papel de un guía-intérprete del de otros profesionales del área, como los mediadores (v. capítulo 6). Con respecto a los intérpretes de lengua de signos (ILS) se puede apreciar que hay algunas similitudes (el Código Ético, ser puente de comunicación, determinadas técnicas de interpretación...) y grandes diferencias (esencialmente, el guía-intérprete trabaja más estrechamente, con más cercanía psicológica, con respecto al usuario sordociego, y debe desempeñar una serie de tareas que no figuran dentro de la función del ILS y que vienen derivadas de las necesidades sensoriales de este colectivo). Pero lo fundamental es que los guías-intérpretes que trabajan con personas sordociegas deben ser conscientes de que la sordoceguera es una discapacidad única y de las implicaciones que eso tiene en la interpretación (Grassick, 1998).
La interpretación con personas sordociegas es un proceso complejo, es decir, se trata de un campo altamente especializado que solo se llegará a dominar a través de una amplia formación y de una larga práctica. Además, exige mucho del intérprete en muchos sentidos.
El intérprete debe compensar nuestra pérdida de vista y oído. Esto hace su trabajo muy difícil. No es solo cuestión de trasladar la palabra hablada a cualquiera de los sistemas de comunicación que utilizamos, sino que también nos debe transmitir las señales que nos envía nuestro entorno: cómo es lo que nos rodea, quién viene, quién se va, cómo reacciona la gente a lo que estamos diciendo; nos tiene que aportar todo esto y gran abundancia de otro tipo de información, si queremos tener una imagen correcta de lo que está sucediendo, de forma que podamos funcionar y actuar de forma acorde a ello. Además también necesitamos al intérprete cuando nos estemos moviendo por un entorno desconocido y nuevo. (Ohlson, 1994).
Como se desprende de lo dicho anteriormente, se puede ver que la interpretación con personas sordociegas está compuesta por una serie de tareas o funciones multifacéticas y variadas, que podrían esquematizarse de la siguiente manera:


    1. Interpretación lingüística.

    2. Contextualización.

    3. Guía (v. capítulo 10).


En los apartados siguientes se van a analizar cada una de estas funciones (además de una serie de tareas previas que son también responsabilidad del intérprete), haciendo especial hincapié en la estrecha interrelación que hay entre todas ellas, es decir, no son tareas que se desempeñan de manera independiente y consecutiva, sino que, para conseguir una fructífera y adecuada interpretación, deben entremezclarse y complementarse en la justa medida.

2.2. Preparación de la situación de interpretación
Dependiendo del tipo de servicio de que se trate, la duración, etc., la preparación variará en distintos puntos. Sin embargo, sea cual sea la situación de interpretación, antes de comenzar, el intérprete siempre debe organizar una serie de aspectos que le permitan llevar a buen término su trabajo, con calidad y eficacia.


  • Recabar información de los gestores del servicio (v. capítulo 8, apartado 2.2.6). En primer lugar, y una vez que los gestores del servicio han contactado con él, el intérprete debe solicitar una información fundamental para conocer la situación a la que se va a enfrentar y poderla preparar previamente de forma adecuada, con respecto a:




    • El servicio: Fecha y hora, tipo de servicio (individual o colectivo, interior o exterior, continuado o no, ocio y tiempo libre, curso, conferencia…), tema, lugar, punto de encuentro con el usuario (en el mismo lugar del servicio o en un punto intermedio que él conozca), acompañamiento al domicilio o no (dependiendo de sus posibilidades para realizar una movilidad independiente; será determinado por los gestores), ayudas técnicas a utilizar, características del entorno si es en exteriores, etc.




    • El usuario: Nombre, características y necesidades (patología visual y auditiva, restos sensoriales si los posee, nivel de independencia en movilidad…), sistemas de comunicación, experiencia en el uso del servicio de guías-intérpretes, número de usuarios si es colectivo, etc.




    • Materiales: En caso de que sea una conferencia o congreso, textos de las ponencias, programas, horarios…




    • Condiciones laborales: Duración de la sesión, horario de trabajo, número y nombre de los intérpretes, turnos y tiempos de descanso, honorarios…




  • Preparación previa:




    • El servicio: Preparación del itinerario hasta el lugar del servicio, punto de encuentro o domicilio del usuario, reservar el tiempo necesario para el servicio y posible acompañamiento.




    • El usuario: Preparación de los sistemas de comunicación a utilizar, preparación sobre las características y necesidades del usuario.




    • Materiales: Preparación del material recibido, solicitud del que falte o de material complementario, preparación de vocabulario específico, signos, sinónimos, búsqueda de información complementaria sobre el tema.




    • Preparación personal del intérprete: descansar suficientemente para poder estar concentrado, salir con tiempo suficiente y antelación en previsión de posibles imprevistos, ejercicios de calentamiento de manos y brazos, ejercicios de relajación…


El guía-intérprete debe vestir con colores oscuros (marrón, azul, verde, negro, burdeos, etc.), con telas lisas, sin estampados ni dibujos. No debe llevar puestas joyas (anillos, collares, pulseras, pendientes llamativos, relojes que cuelguen o abulten demasiado), pañuelos, ni tarjetas identificativas que puedan producir reflejos.
El aspecto personal debe ser el adecuado para cada situación de interpretación, ni demasiado elegante ni demasiado informal, dependiendo del tipo de servicio, de los interlocutores con los que se vaya a encontrar, etc.
Es necesario que el intérprete tenga las uñas cortas y pulidas, para evitar arañazos o molestias a la persona sordociega, especialmente en el uso de los sistemas de comunicación táctiles. Si las manos del intérprete sudan con frecuencia y piensa que puede resultar molesto para la persona sordociega o para él mismo, puede tener cerca un pañuelo o paño con el que se seque cuando lo necesite.


  • Preparación in situ, para lo cual es necesario llegar un tiempo antes del comienzo de la interpretación. Deberá realizarse sea cual sea el tipo de servicio en el que se vaya a trabajar.




    • Reunión de «pre-interpretación» con el usuario. Este encuentro previo con el usuario sordociego es fundamental para que el servicio de interpretación sea eficaz. Dependiendo de la duración del servicio, el tema, etc., la reunión será más o menos extensa y detallada. Dada la gran importancia de este factor, se explica con más detalle en el siguiente apartado, 2.2.1.


Si el servicio que se va a realizar es una conferencia, un curso, unas jornadas, etc., o un servicio colectivo en el que se va a trabajar con un equipo de guías-intérpretes, con un coordinador, durante varios días y con varias personas sordociegas, es esencial tener en cuenta otros aspectos relacionados con la preparación.


    • Contactar con la organización del evento. Esta será una tarea a desempeñar por el coordinador del equipo de intérpretes. En caso de que haya uno o más intérpretes, pero no se cuente con la figura del coordinador, los propios profesionales serán los encargados de realizar el contacto con los organizadores. El objetivo es informar de las necesidades del usuario o de los usuarios sordociegos y tratar de conseguir algunas mejoras que las cubran: se necesitan algunas sillas suplementarias o con una ubicación especial, agua, cojines, una determinada iluminación, posibilidad de que los ponentes sean conscientes de las necesidades de las personas sordociegas en cuanto a la velocidad de exposición, etc.




    • Coordinarse con los compañeros y el coordinador. El coordinador debe establecer la distribución de los intérpretes, los turnos de trabajo y de descanso, informar sobre cambios en el programa... El grupo de intérpretes, a su vez, debe demandarle la información necesaria y colaborar todo lo posible para que el equipo funcione con fluidez.




    • Contactar con el ponente para consultar posibles dudas. El coordinador es el encargado de establecer este contacto y, si es posible, establecer una reunión de los ponentes con los intérpretes. En caso de no contar con un coordinador de equipo, los propios intérpretes deberán tratar de mantener un contacto con los ponentes para resolver dudas en cuanto a vocabulario, contenido, etc.




    • Preparar y probar los medios técnicos a utilizar.




    • Preparación del entorno. Este aspecto se analiza con más detalle en el apartado 2.2.2 de este mismo capítulo.



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