Programación didáctica del Departamento de Filosofía (según Decreto 81/2010, de 8 de julio, boc 22-7-2010, por el que se aprueba el roies)






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4. Historia de la Filosofía, (BOC 30/9/2008)

a) Introducción


La materia de Historia de la Filosofía aspira a completar la formación filosófica del alumnado que cursa Bachillerato profundizando en la comprensión de los problemas que se han abordado en el curso anterior, pero haciéndolo ahora desde la óptica de las principales corrientes y sistemas filosóficos.
Este recorrido por la historia del pensamiento es fundamental e imprescindible para comprender tanto el pasado como el presente que vivimos; se trata tanto de enseñar unos sistemas conclusos que han ocurrido en el tiempo como de transmitir un espíritu de reflexión, racionalidad y preocupación en torno a ciertos temas que han preocupado a los hombres y mujeres y que constituyen la problemática filosófica.
Y es que la filosofía no puede prescindir de su historia, porque, en realidad, no es otra cosa que la sucesión de sistemas de ideas que se han ido construyendo desde circunstancias sociales y situaciones biográficas concretas y atendiendo a problemas que, aunque profundamente arraigados en la condición humana, se han ido planteando y modelando también según demandas que vienen exigidas por el flujo cambiante de los tiempos.
El proceso de configuración de lo que denominamos pensamiento filosófico, como una de las manifestaciones más cabales de la racionalidad humana, ha contribuido de forma relevante a la elaboración de sistemas conceptuales que permitiesen dar respuesta a preguntas básicas sobre problemas fundamentales a los que se enfrenta el ser humano. Tales sistemas conceptuales han sido el resultado de la actividad reflexiva de un gran número de pensadores cuyos textos constituyen la expresión paradigmática del saber filosófico occidental.
Esta materia, junto con Filosofía y Ciudadanía, de la que es complemento, puede y debe contribuir en el Bachillerato de forma decisiva a alcanzar la madurez intelectual que se persigue en esta etapa, profundizando en algunas competencias generales de la etapa, imprescindibles para estudios posteriores y para su inserción como sujeto activo en el mundo actual. Además, debe ayudar al alumnado a consolidar una madurez personal, social y moral que le permita actuar de forma responsable y autónoma y a participar de forma solidaria en el desarrollo y mejora del entorno social.
La función que debe desempeñar la Historia de la Filosofía en el currículo de Bachillerato es doble: por una parte, debe proporcionar una información básica, que posibilite al alumnado localizar filósofos y sistemas; y, por otra, debe atender a completar la formación filosófica, mediante el estudio y análisis de algunos de los pensadores más representativos de cada época.
La función informativa, sin embargo, no debe confundirse con una mera historiografía de todas las corrientes y tendencias que ha habido en Occidente, desde Grecia hasta nuestros días, ni menos aún con una simple doxografía, en la que aparezcan los distintos autores como creadores de opiniones filosóficas, sin mayor valor que el de la sucesión cronológica y la contraposición de pareceres. Conviene, no obstante, presentar al alumnado unas visiones de conjunto de cada época y un esquema de las principales tendencias y filósofos que las han representado. Esta función informativa, que puede realizarse como contextualización de la función formativa, no debe exigir desarrollos historiográficos exhaustivos; pero sin ella, como es obvio, resulta difícil ahondar en aquellos autores que completen la formación del alumnado. También es necesario resaltar la función reconstructiva de esta materia que destaca la relevancia de los problemas teóricos planteados y de las respuestas ofrecidas por los filósofos en el pasado para nuestra comprensión de esos mismos temas en el presente.
Hay que destacar, asimismo, la interrelación entre la historia del pensamiento y nuestra actualidad; sería conveniente acercar la reflexión de los grandes filósofos a nuestros problemas cotidianos, ayudar a razonar críticamente, fomentar la apertura y la tolerancia intelectuales, reconocer las diversas facetas de toda realidad, valorar el poder de los argumentos y estimular la búsqueda personal.
La propuesta metodológica que se sugiere pretende que el alumnado, que ya ha tenido un primer contacto con cuestiones filosóficas esenciales y con textos breves en Filosofía y Ciudadanía, sea capaz de comprender sistemas filosóficos de diferentes épocas y de analizar textos más completos y complejos.
Para ello, en primer lugar, la participación del alumnado en el proceso de enseñanza y aprendizaje, el fomento del diálogo y la constancia en el esfuerzo cotidiano dentro y fuera del aula siguen siendo valiosas herramientas para consolidar su actitud crítica y madurez intelectual. En este caso se ha de procurar que los alumnos y las alumnas asuman los procedimientos filosóficos que la historia del pensamiento les ofrece y que las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación les facilitan para convertirlos en recursos personales a fin de conseguir una reflexión más coherente sobre la realidad.
Esto supone también que el estudio de los diversos autores, sistemas o tradiciones que se han dado en la historia de la filosofía debe plantearse en el aula de tal forma que permita comprender la génesis y evolución de los problemas filosóficos como un proceso dialéctico y no como algo dado o estático. Será necesario también mostrar la conexión problemática de las corrientes y de los autores entre sí, al igual que la que ha mantenido con las diferentes circunstancias políticas, científicas, religiosas, culturales e históricas de cada época. Sólo de este modo adquirirá verdadero sentido la concepción de la filosofía como una herramienta útil para una mejor comprensión de nuestro pasado y nuestro presente.
En segundo lugar, es evidente, que la Historia de la Filosofía ha de conceder especial relevancia al estudio y análisis de los textos. Esto significa que su empleo como instrumento de aprendizaje en el aula ha de ser constante, lo que puede hacerse de maneras diversas y complementarias: desde la lectura de obras de autores que sean asequibles al alumnado para el análisis pormenorizado de textos seleccionados por su relevancia, o la realización de actividades de comprensión y aplicación a partir de estos, tales como la utilización del vocabulario técnico o la esquematización de ideas. En todo caso es importante que sobre ellos se arroje, siempre que sea posible, una visión crítica y dialógica que contribuya a desarrollar la competencia argumentativa y reflexiva del alumnado.
Finalmente, la realización de trabajos en pequeños grupos, el contraste de su propia posición con la de sus compañeros y compañeras, la exposición oral de un trabajo monográfico y la participación en los debates que se susciten a partir de los problemas planteados enriquecerán su competencia lingüística y abstractiva y puede ser una base idónea para desarrollar actitudes de escucha, respeto, tolerancia, rigor intelectual y crítica constructiva, así como una capacidad dialéctica mínima.
En definitiva, el estudio de la Historia de la Filosofía, además de desarrollar la competencia para investigar determinados problemas importantes en su vida personal y colectiva, contribuye a que los alumnos y alumnas alcancen las capacidades propias de la etapa del Bachillerato y sean competentes en el aprendizaje autónomo, en el desarrollo del espíritu crítico, en el trabajo en equipo, en la aplicación de los métodos de investigación apropiados, en el interés por la lectura y en la capacidad de expresarse correctamente. Es decir, se fomentaría especialmente la competencia social y ciudadana, la competencia comunicativa y la competencia en autonomía e iniciativa personal.
Los contenidos se agrupan en cinco bloques: un primer bloque de procedimientos y otros cuatro de contenidos organizados de modo cronológico: filosofía antigua, filosofía medieval y renacentista, filosofía moderna y filosofía contemporánea.
El primer bloque, «Contenidos comunes», presenta diversos procedimientos, centrándose sobre todo, de acuerdo con los objetivos o competencias que se persiguen, en la lectura y comentario de textos filosóficos. Estos proporcionan habilidades analíticas y sintéticas de aplicación general. La capacidad de relacionar argumentos distintos, teorías complementarias o posturas contrarias, lleva al alumnado a un grado de madurez intelectual adecuado para moverse libremente en el complejo mundo ideológico contemporáneo.
Igualmente, otros procedimientos usuales y provechosos, como el trabajo monográfico, el debate o la disertación, permiten desarrollar las capacidades verbales del alumnado en relación con la exposición, defensa, crítica, análisis o confrontación de cualesquiera problemas filosóficos, incluyendo, desde luego, los problemas del presente y las alternativas del futuro.
En el segundo bloque, «La filosofía antigua», hay que conocer los orígenes del pensamiento filosófico, centrándose en Grecia: en las primeras aportaciones que ofrecen los presocráticos, Sócrates, los sofistas, el nacimiento de la polis y la democracia en Atenas. En cualquier caso, se estudiarán Platón y Aristóteles de modo específico, ya que resultan imprescindibles para comprender la historia de la filosofía occidental, terminando con el helenismo.
En el tercer bloque, «La filosofía medieval y renacentista», el estudio de Agustín de Hipona y Tomás de Aquino, puede servir para analizar cuestiones como la presencia del cristianismo en la cultura actual y las vicisitudes de las relaciones entre razón y fe, representadas por las religiones monoteístas, racionalidad y autoridad o, en general, la reflexión racional sobre la religión y las creencias. La ruptura de ese equilibrio con Guillermo de Ockham anuncia ya la crisis de la escolástica y la llegada de posiciones más modernas.

El pensamiento renacentista supone la introducción de nuevos temas de reflexión como la nueva ciencia, un nuevo concepto del ser humano y la fundamentación moderna de la política. En este último caso, adquiere un relieve especial la figura y la obra de Nicolás Maquiavelo.
El cuarto bloque, «La filosofía moderna», presenta el nuevo concepto de racionalidad que surge en los siglos XVI y XVII y se caracteriza por la secularización del pensamiento, el nacimiento de la ciencia moderna, la búsqueda de una nueva antropología basada en el sujeto consciente y una nueva forma de organizar el gobierno basada en la democracia. En este contexto se deben considerar las grandes corrientes constituidas por el racionalismo y el empirismo, entre cuyos representantes destacan Descartes, Leibniz, Locke y Hume. Por otro lado, aparece un nuevo racionalismo crítico con Kant, que realizará una síntesis acabada y completa de los supuestos gnoseológicos y éticos de las corrientes racionalista y empirista.
La reconstrucción de la vida humana y social sobre la base de los ideales de libertad e igualdad y la aspiración ilustrada a una moral y a una política racionales definen una época, la Ilustración, que reflexionó constantemente sobre las relaciones de libertad y razón. Los orígenes de la tradición liberal en Locke, de la democrática en Rousseau, así como la filosofía práctica de Kant, constituyen perspectivas básicas para el tratamiento de estos problemas.
El bloque quinto, «La filosofía contemporánea», puede servir para situar al alumnado ante los problemas más actuales y urgentes de nuestro tiempo. La filosofía contemporánea está condicionada por el desarrollo de las ciencias naturales y sociales y de la tecnología moderna, y por los enormes y acelerados cambios sociales de estos dos siglos. Se desarrollan una gran variedad de posiciones y tendencias filosóficas, en las que la reflexión abandona progresivamente el empeño por construir grandes sistemas para centrarse en el análisis de determinados problemas especialmente representativos del complejo mundo surgido de la revolución industrial.
Entre las corrientes filosóficas del siglo XIX se estudian el idealismo alemán con la figura sobresaliente de Hegel, el marxismo, el positivismo, el utilitarismo y el vitalismo de Nietzsche, que suponen una culminación de los problemas de la filosofía y, a la vez, constituyen un antecedente del pensamiento actual.
Por su relevancia y presencia en la filosofía española, debemos tener en cuenta la figura de José Ortega y Gasset, también las antropologías filosóficas más recientes con fuerte carga metafísica como el neopositivismo y la filosofía analítica del lenguaje, las escuelas fenomenologías, existencialistas o hermenéuticas, la teoría crítica de la escuela de Frankfurt o la versión más reciente de ésta, en Habermas, como teoría de la acción comunicativa.
Respecto a los criterios de evaluación, se sugiere la utilización de los distintos instrumentos, reseñados anteriormente, para comprobar que el alumnado ha completado este ciclo de educación filosófica conociendo la historia de la filosofía en sus grandes líneas de desarrollo y habiendo profundizado en el análisis de los filósofos más relevantes, lo que constituye una base de formación humanística indispensable, sean cualesquiera sus opciones formativas futuras.
En este sentido, sería importante que el alumnado sea competente para desarrollar un análisis riguroso de una serie de textos representativos en los que se manifiesten los problemas o cuestiones importantes, puesto que el estudio de la historia de la filosofía no puede darse al margen de los textos originales de los autores que constituyen nuestra herramienta básica de discusión, análisis y reflexión. Por este motivo, el contacto del alumno y la alumna con este material ha de ser una constante en su aprendizaje. Asimismo, como instrumentos de evaluación pueden resultar muy valiosos la elaboración de un trabajo monográfico a lo largo del curso en el que se aborde alguna de las cuestiones básicas del pensamiento filosófico y la exposición oral del resultado de su investigación, el contraste de su propia posición con la de sus compañeros y compañeras y la participación en debates. Todo ello ayudará, además, a comprobar especialmente la capacidad creativa del propio alumnado a la hora de saber relacionar los conceptos y problemas filosóficos planteados.

b) Competencias básicas y objetivos de la materia


En el sistema educativo español, siguiendo pautas europeas, se han regulado una serie de competencias básicas que el alumnado debió alcanzar al finalizar la enseñanza obligatoria. Estas competencias, incluidas en los currículos de la Comunidad Autónoma de Canarias, facilitaban su realización personal, la incorporación a la vida adulta de una manera plena y la capacidad de seguir aprendiendo a lo largo de la vida.
En coherencia con este enfoque y con objeto de garantizar la adecuada continuidad con las etapas precedentes y la incorporación al mundo laboral o a estudios posteriores, en Bachillerato se consideran asimismo competencias, de modo que el alumnado, partiendo de los conocimientos, destrezas, habilidades y actitudes asimiladas, profundice en otros saberes y capacidades que deberá movilizar en el momento oportuno para actuar de modo autónomo, racional y responsable al objeto de desenvolverse en diversas situaciones y contextos (personal, social, académico, profesional), participar en la vida democrática y proseguir su aprendizaje. Se trata, pues, de una serie de recursos que le podrán servir tanto para la resolución de conflictos cotidianos como para el ejercicio de la ciudadanía, cursar con garantías otros estudios, integrarse en la vida laboral y formarse a lo largo de la vida.
La adquisición de una competencia implica, pues, la adecuada selección por parte del alumnado de aquellas destrezas, habilidades, capacidades, estrategias y conocimientos con los que solucionar un problema o proceder en una situación dada, aplicando los recursos aprendidos o practicados en otros, contextos. De ahí que el aprendizaje de las competencias requiera sobre todo una adecuada metodología en el aula, enfatizada en las orientaciones didácticas contenidas en las introducciones de los currículos. Con objeto de contribuir a esas competencias, sería recomendable que las programaciones didácticas, enmarcadas en el proyecto educativo de cada centro, contemplasen la organización de actividades y tareas integradoras, contextualizadas y relacionadas en la medida de lo posible con la vida, que permitiesen la aplicación y transferencia de lo aprendido en el aula, lo que además servirá como comprobación del adecuado progreso en la adquisición de las competencias, de acuerdo con los criterios de evaluación de cada materia. Un aspecto importante es el fomento del trabajo colaborativo en esas actividades y tareas, las cuales deberían revestir un carácter significativo y funcional, lo que facilitaría el entrenamiento en habilidades sociales, una mayor motivación en el alumnado y una mejor eficacia en el desarrollo de las competencias.
En las materias comunes del Bachillerato, que tienen como finalidad profundizar en la formación general del alumnado, aumentar su madurez intelectual y humana y profundizar en aquellas competencias con mayor transversalidad y que posibilitan seguir aprendiendo, se potenciarán las competencias generales, en cuanto pueden reflejarse y ejercitarse en una diversidad de entornos: competencia comunicativa, competencia en investigación y ciencia, competencia social y ciudadana, competencia en autonomía e iniciativa personal, competencia en tratamiento de la información y competencia digital.

Competencias generales del Bachillerato
1. Competencia comunicativa

Esta competencia profundiza en las destrezas de escucha, comprensión y exposición de mensajes orales y escritos, que en la etapa de Bachillerato requieren un mayor nivel de desarrollo, y unos recursos más complejos para manejarse en unos contextos comunicativos más diversos y de nivel cognitivo superior. No se limita esta competencia a la mejora de las habilidades lingüísticas, pues incluye el desarrollo de todos los elementos expresivos (música, danza, expresión corporal), en especial los de carácter audiovisual y artístico.
2. Competencia en el tratamiento de la información y competencia digital

Figuran unidas en esta competencia un conjunto de capacidades y destrezas en las que se parte de unos recursos y habilidades adquiridos por el alumnado en las etapas anteriores, de manera que el extraordinario caudal de información, en creciente aumento, pueda ser filtrado, adqui­rido y asimilado para transformarlo en conocimiento. Se trataría de mejorar la búsqueda selec­tiva de información (oral, impresa, audiovisual, digital o multimedia), su análisis, ordenación, contraste, interpretación y análisis, para proceder a la síntesis y a la elaboración de informes, a la expresión de resultados o a establecer conclusiones. La otra vertiente, cada vez más unida e indisociable de la primera, es el apropiado empleo de las tecnologías de la información y la comunicación, en las que deben tenerse en cuenta por lo menos tres vertientes; las tecnologí­as de transmisión (presentaciones, comunicación...), las interactivas (recursos con posibilida­des de interactuación, sea en DVD, formato web, etc.), y las colaborativas (comunidades vir­tuales, sobre todo).
3. Competencia social y ciudadana

Implica el desarrollo de esta competencia la activación de un conjunto de capacidades, destre­zas, habilidades y actitudes que inciden en una serie de ámbitos interconectados: la participa­ción responsable en el ejercicio de la ciudadanía democrática; el compromiso con la solución de problemas sociales; la defensa de los derechos humanos, sobre todo aquellos derivados de los tratados internacionales y de la Constitución española; el uso cotidiano del diálogo para abordar los conflictos y para el intercambio razonado y crítico de opiniones acerca de temas que atañen al alumnado y de la problemática actual, manifestando actitudes solidarias ante situaciones de desigualdad; el estudio de los distintos factores que conforman la realidad ac­tual y explican la del pasado.
4. Competencia en autonomía e iniciativa personal

Esta competencia persigue avanzar en el trabajo cooperativo del alumnado, habituándose a desenvolverse en entornos cambiantes. Además, se trata de reforzar en los alumnos y alumnas el espíritu emprendedor y la toma de decisiones, así como la profundización en el conoci­miento de sí mismos y en su autoestima, de modo que se sientan capaces de enfrentarse a si­tuaciones nuevas con la suficiente autonomía y de superarse en distintos contextos. Comparte con la competencia social y ciudadana las habilidades y actitudes dialógicas y el ejercicio de la ciudadanía activa.
5. Competencia en investigación y ciencia

Comprende esta competencia un cúmulo de conocimientos y capacidades para conocer mejor el mundo y las cuestiones y los problemas de la actualidad, como los relacionados con la bio­ética, el medio ambiente, etc. También implica el desarrollo de habilidades para trabajar el pensamiento lógico y los diferentes pasos de la investigación científica, planteando hipótesis y siguiendo las pautas adecuadas para buscar información, resolver cuestiones, verificar... In­cluye asimismo, en relación con la competencia comunicativa, la exposición y la argumenta­ción de conclusiones. Desde un punto de vista actitudinal supone el compromiso con la sostenibilidad del medioambiente y la adquisición de hábitos de consumo racionales.

La enseñanza de la Historia de la Filosofía en el Bachillerato tendrá como finalidad el desarrollo de las capacidades contenidas en los siguientes objetivos:


  1. Reconocer y comprender el significado y la trascendencia de las cuestiones que han ocupado a la filosofía, situándolas adecuadamente en el contexto de cada época, entendiendo su vinculación con otras manifestaciones de la actividad humana y valorando la capacidad de reflexión personal y colectiva para acercarse a problemas que han sido objeto de preocupación permanente para la humanidad.

  2. Leer de modo comprensivo y crítico textos filosóficos de distintos autores, compararlos y valorar la importancia del diálogo racional como medio de aproximación a la verdad.

  3. Desarrollar y consolidar una actitud comprensiva y crítica hacia las posiciones de los distintos autores y corrientes filosóficas, condicionadas por su contexto histórico, analizando de modo crítico las semejanzas y diferencias en el planteamiento de los problemas y en las soluciones propuestas.

  4. Conocer y valorar diversos métodos de conocimiento e investigación para construir un método personal de aproximación al saber y de autoaprendizaje, basados en el rigor intelectual, en el análisis de los problemas, la libre expresión de las ideas y el diálogo frente a toda forma de dogmatismo, utilizando distintas fuentes de información y de interacción, con especial atención a las herramientas tecnológicas más avanzadas.

  5. Exponer correctamente, de modo oral y escrito, el pensamiento filosófico de los autores estudiados y tomar conciencia de que un punto de vista personal y coherente sólo puede alcanzarse a través del análisis y la comprensión de las ideas más relevantes de nuestro acervo cultural, aun de las más dispares y antagónicas.

  6. Apreciar la capacidad de la razón para regular la acción humana individual y colectiva a través del conocimiento y análisis de los principales teorías éticas y de las diversas teorías de la sociedad, del Estado y de la ciudadanía elaboradas a lo largo de la historia, y consolidar la propia competencia social y ciudadana como resultado de los compromisos cívicos asumidos a partir de la reflexión ética.

  7. Fomentar actitudes de participación e igualdad entre hombres y mujeres, adoptando posiciones críticas ante las formulaciones excluyentes o discriminatorias que han formado parte del discurso filosófico, como el androcentrismo, el etnocentrismo u otras.



b) Contenidos de la materia (los contenidos mínimos aparecen en negrita).


I. Contenidos comunes

  1. Análisis y comentario de textos filosóficos con el uso apropiado y riguroso de los principales términos y conceptos filosóficos.

  2. Participación en debates con la correcta exposición razonada del propio pensamiento y con el respeto debido hacia la igualdad de mujeres y hombres.

  3. Exposición por escrito de las propias reflexiones sobre las cuestiones filosóficas básicas con la incorporación crítica del pensamiento de los distintos autores estudiados.

  4. Aproximación a los diversos métodos de investigación y reconocimiento de su aportación a la difusión del saber y al desarrollo de la humanidad.

  5. Utilización con autonomía y criterio propio de las tecnologías de la información y la comunicación como fuente de información, espacio de interacción y colaborativo, sobre los problemas planteados.

II. La filosofía antigua

  1. Los orígenes del pensamiento filosófico.

  2. Los sofistas y Sócrates. Platón.

  3. Aristóteles.

  4. Helenismo.

III. La filosofía medieval y renacentista

  1. Filosofía y cristianismo. Agustín de Hipona.

  2. La filosofía escolástica. Tomás de Aquino.

  3. Crisis de la escolástica: Ockham y el problema de los universales.

  4. Humanismo y ciencia en el Renacimiento. Maquiavelo y la filosofía política.

IV. La filosofía moderna

    1. El racionalismo: Descartes, Spinoza y Leibniz.

    2. La filosofía empirista: de Locke a Hume.

    3. La Ilustración. Origen y justificación del Estado: de Hobbes a Rousseau

    4. El idealismo trascendental de Kant.

V. La filosofía contemporánea

  1. Del idealismo alemán al materialismo dialéctico. Hegel y Marx.

  2. La crisis de la razón ilustrada: Nietzsche.

  3. Positivismo y utilitarismo.

  4. Fenomenología y existencialismo. Neopositivismo y filosofía analítica.

  5. Otras corrientes filosóficas del siglo XX.

  6. La filosofía española: Unamuno y Ortega. El pensamiento actual.


d) Criterios de evaluación.



Los criterios de evaluación que especifica el currículo de la materia:
1. Analizar y comentar textos filosóficos significativos, tanto desde un punto de
vista comprensivo como critico, atendiendo a la identificación de su contenido
temático, a la explicación de los términos específicos que aparecen y a la
relación de su contenido con los conocimientos adquiridos.

Este criterio trata de evaluar la capacidad del alumnado para comprender textos de cierta densidad conceptual y argumentativa. La comprensión del texto implica una actividad de análisis que permita identificar el problema o problemas planteados en el texto, precisar el significado de los conceptos relevantes y de los términos específicos a partir de los cuales se plantea, y reconocer las proposiciones y argumentos que sustentan las tesis mantenidas y las conclusiones que se derivan. Se pretende asimismo verificar la capacidad de los alumnos y alumnas para establecer relaciones entre los problemas planteados en los textos y los conocimientos previamente adquiridos. El desarrollo de tal capacidad se puede considerar una cuestión básica e imprescindible para enfrentarse a los textos de las diferentes disciplinas científicas en los estudios posteriores.
2. Relacionar los problemas filosóficos y las aportaciones de los diversos autores con las coordenadas políticas, sociales y culturales propias de cada época, a fin de entender su incardinación no sólo en los acontecimientos históricos, sino también en el desarrollo paralelo de otros saberes, técnicas o instituciones humanas.

Con este criterio se pretende constatar la capacidad del alumnado para relacionar los problemas filosóficos con el contexto social, político y cultural en el que se producen, tanto en lo que se refiere a la propia formulación de los problemas como a las soluciones que pueden ofrecerse. De manera especial ha de comprobarse la competencia a la hora de establecer conexiones entre la filosofía y otros saberes científicos y tecnológicos que tradicionalmente han influido en su curso.
3. Ordenar y situar cronológicamente las diversas respuestas dadas a las
preguntas filosóficas básicas, relacionándolas con los filósofos anteriores e
identificando sus influencias, semejanzas y diferencias más relevantes, y
reconociendo la permanencia e historicidad de sus propuestas.

Este criterio trata de comprobar la capacidad del alumnado para comprender y relacionar entre sí los distintos puntos de vista que han adoptado los filósofos estudiados sobre los principales problemas filosóficos planteados a lo largo de la historia. Además, se trata de verificar si el alumnado es capaz de proponer reflexiones críticas propias que completen el resultado del trabajo de comprensión sobre las cuestiones filosóficas, resaltando las diferencias, semejanzas e influencias más importantes de los filósofos estudiados.
4. Comentar y enjuiciar críticamente un texto filosófico, identificando los
supuestos implícitos que lo sustentan, la consistencia de sus argumentos y
conclusiones, así como la vigencia de sus aportaciones en la actualidad para
una mejor comprensión crítica.

Con este criterio se pretende constatar en el alumnado la comprensión e interpretación de los textos filosóficos examinados, así como la relación dialógica que el alumnado es capaz de establecer entre pasado y presente. El planteamiento de determinadas actividades los ayudaría a apreciar la coherencia teórica y argumentativa de las posiciones analizadas, a descubrir supuestos (creencias, intereses, propósitos...) en ellas, y a reconocer la presencia de concepciones del pasado tanto en las interpretaciones filosóficas del presente como en las suyas propias.
5. Comparar y relacionar textos filosóficos de distintas épocas y autores,
destacando las semejanzas y diferencias de planteamiento.

Se trata de evaluar si el alumnado aplica en el análisis y comentario de textos los conocimientos adquiridos previamente, así como la capacidad para extraer información de los textos y organizaría de forma coherente y ordenada. Al analizar las similitudes y discrepancias entre dos planteamientos distintos sobre una misma cuestión, el alumnado podrá apreciar la permanencia e historicidad de los problemas filosóficos y argumentar en relación con la vigencia de sus aportaciones en la actualidad.
6. Aplicar en las actividades planteadas para la asimilación de los contenidos (comentario de textos, disertaciones, argumentaciones, debates, etc.) el procedimiento metodológico adecuado, en función de su orientación científica o filosófica.

Este criterio trata de comprobar que los alumnos y alumnas conocen y aplican los distintos métodos de conocimiento, sean científicos o filosóficos, utilizándolos habitualmente en las distintas actividades y ejercicios que se llevan a cabo en el desarrollo de la materia. Además, se evalúa el grado de interés, el esfuerzo y la constancia en el quehacer diario del alumnado, al mismo tiempo que se constituye en uno de los medios principales para constatar la destreza en el manejo de las herramientas básicas del trabajo individual.
7. Elaborar pequeños trabajos sobre algún aspecto o pregunta de la historia del pensamiento filosófico, en los que el alumnado muestre su capacidad en la
búsqueda contrastada de información de manera crítica y sistemática,
utilizando entre otras las tecnologías de la información y la comunicación,
incluidas las de carácter interactivo y colaborativo, para exponer de modo
claro y ordenado la postura de las diversas corrientes y autores sobre el asunto.

Con este criterio se constatará en qué medida el alumnado es capaz de planificar y elaborar disertaciones por escrito o algún pequeño trabajo monográfico sobre alguna cuestión o problema filosófico relevante. Asimismo se comprobará el grado de iniciativa, autonomía y originalidad para desarrollar estrategias de búsqueda, selección, estructuración de la información, exposición y presentación de conclusiones, demostrando un razonable uso de las tecnologías de la información y la comunicación, incluidas las de carácter interactivo y colaborativo. Para ello resultan apropiadas actividades tales como: preguntas más o menos abiertas, dilemas, tesis enfrentadas..., o cualquier otro caso, que puedan propiciar una producción original en la que se demuestre la comprensión de la naturaleza filosófica de los problemas planteados y se apliquen de forma creativa los conocimientos sobre la historia de la filosofía.
8. Participar en debates o exponer por escrito la opinión sobre algún problema filosófico del presente que suscite el interés del alumnado, aportando cada uno sus propias reflexiones y relacionándolas con otras posiciones del pasado previamente estudiadas, desarrollando actitudes de escucha y respeto ante los diferentes puntos de vista.

La aplicación de este criterio permite verificar la capacidad del alumnado para expresar sus propios argumentos y las distintas actitudes que puede mostrar ante las ideas de las demás personas. También pretende comprobar la capacidad desarrollada para establecer relaciones entre la manera de plantear filosóficamente alguno de los problemas de nuestro tiempo y otras formulaciones del mismo en épocas pasadas. Se trata de constatar la actitud de escucha y respeto ante diversas opiniones y puntos de vista.
9. Analizar críticamente las conceptualizaciones de carácter excluyente y discriminatorio (androcentrismo, etnocentrismo u otras) que aparecen en el discurso filosófico de distintas épocas históricas, señalando su vinculación con otros planteamientos sociales y culturales propios de la época.

Con este criterio se pretende evaluar la capacidad del alumnado para descubrir en los textos y en los sistemas filosóficos estudiados los supuestos androcéntricos, etnocéntricos, xenófobos, etc., y verificar si los alumnos y alumnas identifican los posibles intentos de justificación, explícitos o implícitos, de la inferioridad de las mujeres, de las otras etnias y culturas y, en general, de los grupos humanos atendiendo a la edad, las creencias, los rasgos físicos, la orientación sexual, las enfermedades y minusvalías, etc. También se pretende comprobar la capacidad del alumnado para adoptar una actitud crítica frente a este tipo de planteamientos y para enjuiciar las consecuencias sociales de estos a lo largo de la historia y en el mundo actual.

e) Instrumentos de evaluación



Las pruebas escritas serán el principal instrumento de evaluación en esta materia. Estas pruebas tienen las siguientes características:


  1. Se realizarán al menos dos pruebas escritas por trimestre. Alguna de ellas actuará como recuperación de la materia impartida en dicho trimestre.

  2. Se realizará una recuperación final, en mayo, al final de curso. Esta recuperación consistirá en un examen de mínimos.

  3. Los ítems de las pruebas escritas podrían ser del tipo descrito a continuación:

    • Comentario de texto.

    • Definición de términos.

    • Relacionar las filosofías de los diferentes autores.

    • Exponer razonadamente tu posición personal sobre los autores más importantes.

    • Exponer de forma correcta una estructura argumentativa o demostración racional.

    • Exponer un problema filosófico fundamental a lo largo de la historia. Por ejemplo, el Bien, la Sustancia...

    • Exponer sintéticamente el pensamiento de un autor o algún aspecto del mismo.

    • Definir otros términos filosóficos.

    • Comentar brevemente sentencias filosóficas o textos breves.

  4. También podrán complementarse las pruebas escritas con otros instrumentos de evaluación como los trabajos monográficos individuales sobre las lecturas recomendadas, los trabajos monográficos en grupo sobre determinadas cuestiones del temario, exposiciones orales y la observación directa del profesorado del trabajo en el aula.
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