Programación didáctica del Departamento de Filosofía (según Decreto 81/2010, de 8 de julio, boc 22-7-2010, por el que se aprueba el roies)






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3. Filosofía y Ciudadanía de 1º Bachillerato (BOC, 30/09/2008.)

a) Introducción


La materia Filosofía y Ciudadanía se configura en una doble vertiente: por una parte, pretende introducir al alumnado en los grandes problemas filosóficos y en el dominio de competencias lingüísticas y argumentativas que le permita aprender a filosofar y a ejercer un pensamiento crítico y autónomo; por otra, continuando el estudio de la ciudadanía, iniciado en la etapa de enseñanza básica, se propone seguir una orientación hacia una filosofía social, moral y política para la construcción de una ciudadanía informada, reflexiva y responsable.
El alumnado que cursa primero de Bachillerato se hallaría en condiciones de afrontar los contenidos de esta materia tras un primer contacto somero en Educación Ético-Cívica y en Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos en la Educación Secundaria Obligatoria y en Educación Primaria. La reflexión filosófica, en tanto que radical, aspira a la interpretación sistemática de las preguntas y respuestas que ofrece, pero como actividad siempre comprometida con su tiempo, y manteniendo constantemente abierto el esfuerzo de comprensión de lo real.
Nuestra época no sólo prolonga la actividad crítica, lo hace además desde un nivel más alto de conciencia y lucidez, sensible a las falsas ilusiones y soluciones, y desde una voluntad, inédita hasta ahora, de encuentro y diálogo, propiciada por la universalización que hoy se produce en todos los aspectos de la vida. Pero se trata de una reflexión situada ahora en un contexto sociocultural más compiejo que el de épocas pasadas, en el que la aceleración del desarrollo tecnológico y científico y de las transformaciones sociales y políticas obligan a replantear, con especial urgencia, las grandes cuestiones sobre el sentido del mundo y de la vida.
Sin embargo, esta materia no sólo se ocupa de examinar y analizar las aportaciones de las ciencias positivas o las ideas que constituyen las principales referencias de nuestra concepción del mundo. La reflexión y la argumentación son competencias que resultan indispensables para desenmascarar mitos e ideologías que enfrentan unos seres humanos a otros y ponen en duda el raciocinio, la libertad y la inteligencia que se les supone en cuanto personas. Al mismo tiempo, Filosofía y Ciudadanía pretende contribuir a la formación de buenos ciudadanos y ciudadanas, capaces de participar con cierto grado de autonomía en la vida comunitaria.
La filosofía no es un instrumento político ni un mero punto de apoyo para la moral; es, sobre todo, una búsqueda incansable de la verdad que, a través del conocimiento del mundo y de la comprensión de la propia persona y de las demás, puede ayudar a que el alumnado asuma compromisos ético-políticos con sus conciudadanos y conciudadanas, contribuyendo a la consolidación de sociedades democráticas, sobre los principios y derechos establecidos en la Constitución española y en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Esta reflexión filosófica sobre las cualidades, derechos y deberes cívicos debe, asimismo, tener una orientación interdisciplinar para poder describir y fundamentar los roles de ciudadano o ciudadana. Desde esta perspectiva, la filosofía aspira a comprender la realidad exterior e interior como un todo al que se debe dotar de sentido. En sus vertientes teórica y práctica proporciona a los alumnos y alumnas una visión global de los distintos saberes y creencias, abordando todos los problemas filosóficos de forma que sea posible asimilar lo que ha supuesto como saber acerca de la totalidad de la experiencia humana. Es en esta tarea en la que el ser humano ha ido planteando un conjunto de interrogantes, muchos de los cuales han resultado perennes, y a los que ha intentado dar solución a partir de la racionalidad. La insatisfacción ante sus respuestas y la necesidad de profundizar cada vez más en los problemas personales y comunitarios confiere a esta materia singulares rasgos de radicalidad y crítica.
Por tal motivo, el análisis de las funciones que habría de desempeñar esta materia en el primer curso del Bachillerato y sus aportaciones a la consecución de los objetivos de la etapa y a la profundización en aquellas competencias que tienen un carácter más transversal y favorecen seguir aprendiendo, serán esenciales para conjugar la variedad de temas y enfoques propios de la filosofía con la necesaria coherencia epistemológica del currículo, que evite en lo posible la mera yuxtaposición de temas inconexos.
La primera función que habría de desarrollar Filosofía y Ciudadanía es la de instruir y proporcionar competencias que le permitan al alumnado acceder a la información disponible, sabiendo que ha de proceder de manera selectiva, a la vez que ha de poner en tela de juicio cualesquiera ideas y valores, sean propios o ajenos, que no estén avalados por una reflexión profunda y argumentada. En segundo lugar, la materia contribuiría a la integración del conjunto de la realidad en un sistema coherente, cuyo conocimiento le ha sido proporcionado por un abanico de ciencias, artes y técnicas que no son parcelas aisladas de saber sino formas de acercamiento al mundo. Finalmente, debería potenciar el pensamiento autónomo, ajeno a la aceptación aerifica de ideas sancionadas por la autoridad, proceda esta de la tradición, del número, o de los medios de comunicación.
Para cumplir con éxito las funciones mencionadas, amén del trabajo personal que el estudio siempre representa, es preciso construir una red de conceptos propios del lenguaje filosófico con los que poder pensar más allá de la inmediatez cotidiana; se dejaría atrás el conocimiento de sentido común para pasar a un pensamiento lógicamente estructurado y riguroso, que nos permita explicar o justificar la realidad natural o cultural. Este modo de racionalidad exige un adiestramiento en el uso de la lógica, cuyos principios y reglas son la base del ejercicio deductivo de cualquier discurso argumentativo. Con tales herramientas se facilitaría una acción personal autónoma que ponga en consonancia la madurez de cada individuo con la realidad de la comunidad humana en la que vive.
Una vez descritas las funciones propias de esta materia, es obvio que además de ayudar a conseguir varios objetivos de la etapa, como el espíritu crítico y la madurez personal, también contribuye a la adquisición de competencias generales, como las relacionadas con la competencia en el tratamiento de la información y competencia digital, con la competencia comunicativa y, de una manera muy especial, con la competencia social y ciudadana y con la competencia en autonomía e iniciativa personal. El diálogo filosófico se manifiesta como una continua colaboración en la búsqueda de la verdad. La propia dimensión dialogante de la filosofía y el ejercicio de la ciudadanía llevan implícitos la aceptación de la pluralidad, es decir, el respeto por las distintas opiniones. En el dogmatismo no cabe diálogo. En este sentido, nuestra época procura situar la actividad filosófica en un contexto cultural y social complejo y abierto, en el que predomine la tolerancia de las diversas culturas y civilizaciones. Se tiende a rechazar, cada vez con mayor fuerza, todo exclusivismo, toda discriminación ideológica y todo atisbo de etnocentrismo, tratando de extender a la vida diaria de los centros el concepto de ciudadanía y el ejercicio práctico de la democracia, estimulando la participación y el compromiso del alumnado.
La argumentación, la actitud interrogativa y el diálogo son especialmente útiles para una sociedad abierta como la nuestra, condicionada por la diversidad creciente, la multiplicación de las fuentes de información y de las posibilidades de comunicación abiertas por las nuevas tecnologías en un mundo globalizado. Es necesario que el alumnado posea medios para analizar, organizar y seleccionar la ingente cantidad de información y la diversidad de puntos de vista que sobre casi todos los asuntos se encuentran a su alcance,
La afirmación kantiana de que no se aprende filosofía, sino que se aprende a filosofar, conserva toda su actualidad si se la interpreta no como la descripción de un hecho, sino como una norma para la docencia: lo que importa no es tanto transmitir, repetir y recitar tesis, sino producir y recrear la actividad por la que este saber se lograría, formular claramente los problemas que subyacen a cada propuesta teórica, fomentar la adquisición de hábitos por los que el alumnado puede convertirse no en espectador, sino en partícipe y actor del proceso de clarificación de los problemas.
Resulta evidente, pues, que no se trata de una materia puramente teórica, sino globalizadora y práctica, tratando de extender los valores y planteamientos de la ciudadanía a todos los ámbitos y actividades del centro escolar. Además, culminaría las enseñanzas de la educación para la ciudadanía y se iría preparando al alumnado para adentrarse en el estudio de la historia del pensamiento con el que se encontrará en el segundo curso de Bachillerato.

Si admitimos que la filosofía forma culturalmente al alumnado ayudándolo a elaborar críticamente su pensamiento, debe admitirse que ello sólo será posible si partimos de su experiencia, de su pensamiento, lo que aconseja el uso de estrategias tales como plantear los contenidos en forma de problemas o interrogantes abiertos, partir de la experiencia cotidiana, potenciar el intercambio dialógico, propiciar un papel activo del alumnado planteando en el aula actividades de trabajo cooperativo, e introducir nuevos materiales.
Internet y las nuevas tecnologías de la información y la comunicación han dado un vuelco a la búsqueda de la información y su presentación. En la era de la información es necesario considerar la Red como un recurso educativo, como una biblioteca digital al alcance de todas las personas para favorecer en el alumnado el desarrollo de procedimientos de búsqueda y selección de información.
Asimismo debemos potenciar técnicas tales como el subrayado, el esquema, el resumen, la síntesis, la sistematización de los datos, la toma de notas, el trabajo con fichas, etc., profundizando en ellas. Mención aparte merecen las capacidades presentes en el comentario de textos y que debemos propiciar desde un primer momento, en especial el tratamiento de los términos, el análisis de los enunciados y la estructura argumentativa. La capacidad comprensiva y expresiva que se pone en juego mediante el comentario de textos escogidos, pequeñas comunicaciones y disertaciones, y la realización de síntesis de ideas y mensajes, pueden contribuir a desarrollar mentes más lúcidas y preparadas.
Otros procedimientos usuales y provechosos, como el trabajo monográfico o el debate, permiten desarrollar las capacidades verbales del alumnado en relación con la exposición, defensa, crítica, análisis o confrontación de cualesquiera cuestiones filosóficas, incluyendo, desde luego, los problemas del presente y las alternativas racionales de un futuro por decidir. Precisamente, la participación en los debates que se susciten puede ser una base idónea para desarrollar actitudes de escucha, respeto, tolerancia, rigor intelectual y crítica constructiva, así como una capacidad dialéctica mínima.
Los contenidos de la materia se distribuyen en cinco bloques: «Contenidos comunes», «El saber filosófico», «Conocimiento y realidad», «El ser humano: persona y sociedad» y «Filosofía moral y política: democracia y ciudadanía».
El primer bloque está destinado a los «Contenidos comunes» y tiene un carácter instrumental. Se pretende que el alumnado conozca los distintos procedimientos y herramientas, expuestos en párrafos anteriores, que le permitan profundizar, descubrir y conocer todo lo referente a esta materia.
El segundo bloque, «El saber filosófico», ofrece al alumnado una primera aproximación a la peculiaridad del conocimiento filosófico, que desde sus orígenes guarda relación con otros saberes, mítico-religiosos y científicos principalmente, pero no se confunde con ellos. En nuestra sociedad no se puede obviar la reflexión sobre la racionalidad científico-tecnológica porque es el ámbito social y cultural en el que vivimos hoy día. Y ello por una razón evidente, y es que muchos de los problemas sociales, morales y políticos se están replanteando de un modo inédito en el mundo, debido precisamente a los avances de la ciencia y de la tecnología. Conocer, distinguir, valorar, relacionar o comparar los modelos de saber contribuye a tal reflexión.
El análisis de las cuestiones fundamentales de la filosofía, desde el mundo clásico hasta nuestra época, permitirá al alumnado aproximarse a problemas que, independientemente de la actitud que se adopte ante ellos, forman parte de nuestra cultura occidental. Finalizaremos presentando la filosofía como racionalidad teórica y práctica, que se abordará en profundidad en los bloques III y V, respectivamente.
En el tercer bloque, «Conocimiento y realidad», la filosofía como racionalidad teórica nos acerca al estudio de la problemática que suscita el conocimiento humano, tanto desde el punto de vista psicológico como desde una consideración lógico-gnoseológica: temas como el de la verdad, sus posibles criterios y el alcance del conocimiento, tanto científico como filosófico.
Además, se debe hacer comprender al alumnado la relevancia del lenguaje y la necesidad del rigor lógico, la coherencia del discurso y las reglas básicas del razonamiento. Ello nos brinda una oportunidad para trabajar igualmente con los procedimientos propios de la argumentación oral y escrita, en el reconocimiento y formulación de problemas, y en las habilidades y destrezas necesarias para el manejo de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. La realidad, entendida como el conjunto de objetividades no realizadas por el ser humano y que constituyen el mundo físico o la naturaleza, es otro de los aspectos a tener en cuenta.
El cuarto bloque, «El ser humano: persona y sociedad», presenta al alumnado una visión de la complejidad de las múltiples dimensiones de la vida humana. No se trata de una simple unión sin más de las variadas vertientes de lo humano, sino de una reflexión sobre lo natural y lo cultural, sobre la base biológica en la que se sustenta toda persona y a la vez sobre las potencialidades extraordinarias de la cultura en todas sus formas y manifestaciones. De ahí que pueda realizarse una consideración científica del ser humano biológica y psicológica para culminar con una antropología filosófica, en la que se planteen temas como la relación entre mente y cuerpo, la persona, libertad y determinismos, etc. Por último, este bloque plantea las diferentes concepciones filosóficas del ser humano elaboradas a lo largo de la historia del pensamiento.

El bloque quinto, «Filosofía moral y política: democracia y ciudadanía», se centra ya totalmente en la filosofía moral, social y política. La ciudadanía, desde la perspectiva filosófica, debe estar fundamentada en la acción libre y responsable de cada ser humano. La moralidad de nuestras acciones es la base que permite la convivencia en comunidad y el respeto a los derechos de las demás personas. Las teorías acerca de la justicia han sido una constante a lo largo de la historia de la filosofía y en los últimos tiempos han adquirido un gran relieve político. La justicia es el quicio filosófico sobre el que giran los temas de la felicidad de cada individuo y el bienestar de toda la comunidad. De ahí su enorme interés para la ética y para la política.
El tema de la construcción filosófica de la ciudadanía ha de tener preferentemente una orientación histórica que resalte los momentos de la historia de Occidente en los que la filosofía ha sabido definir la categoría de ciudadano y ciudadana, desde la Grecia clásica con la democracia ateniense, hasta la ciudadanía global en nuestros días. Por la misma razón, en ese estudio histórico parece lógico resaltar de una manera especial la época de la Ilustración como el momento más importante en la génesis de la construcción filosófica, jurídica y política de la ciudadanía.
En cuanto al Estado democrático y de derecho es importante señalar que, a pesar de todos los defectos que se observan en el funcionamiento de las democracias, suele considerarse en nuestro contexto sociocultural y político como el más adecuado para la convivencia y el pluralismo cultural, moral y religioso en el mundo actual. El estudio de las características esenciales de la democracia y de los conceptos de legalidad y legitimidad debería servir al alumnado para conocer y valorar la democracia de un modo reflexivo y crítico.

Finalmente, sería muy importante realizar un análisis de la íntima conexión entre la democracia mediática y la ciudadanía global en la sociedad actual, ya que ambos elementos forman parte de lo que se ha dado en llamar la democracia cosmopolita; es decir, el intento de conseguir que la ciudadanía democrática llegue de modo efectivo a todos los habitantes de la Tierra y que los derechos y deberes humanos sean efectivamente universales.
Los criterios de evaluación, al vincular todos los demás elementos del currículo, permitirán comprobar la asimilación de los contenidos y el grado de consecución de los objetivos por parte del alumnado, al mismo tiempo que ofrecerán al profesorado pautas generales para su aplicación en el aula. La naturaleza de la materia que nos ocupa, que aspira a globalizar numerosas esferas de la vida humana, requiere de criterios de mayor concreción para medir de modo individual la adquisición de aprendizajes y actitudes que irradian ámbitos muy dispares de lo humano.
Entre las actividades reseñadas en los propios criterios y en sus explicaciones sería conveniente, a la hora de evaluar, insistir fundamentalmente en el comentario de texto y en la disertación filosófica. El comentario de texto filosófico es una fuente de información y punto de partida para la incorporación y el enriquecimiento de las propias ideas en relación con los temas estudiados. En él se desarrollan aspectos relacionados con la comprensión global del texto y de su estructura, el análisis detenido del contenido desde diferentes vertientes: terminológica, argumentativa e ideológica, la síntesis crítica de los elementos analizados y la contextualización que permiten una comprensión global del fragmento, para terminar con la elaboración de conclusiones indicadoras del grado de madurez intelectual del alumnado.
La disertación filosófica y la elaboración de textos personales, en los que el alumnado incorpora sus reflexiones apoyadas en los conocimientos previos, ponen en juego capacidades relacionadas con la argumentación, el descubrimiento de los presupuestos, el análisis de los datos y la reflexión crítica.

b) Competencias básicas y objetivos de la materia


En el sistema educativo español, siguiendo pautas europeas, se han regulado una serie de competencias básicas que el alumnado debió alcanzar al finalizar la enseñanza obligatoria. Estas competencias, incluidas en los currículos de la Comunidad Autónoma de Canarias, faci­litaban su realización personal, la incorporación a la vida adulta de una manera plena y la ca­pacidad de seguir aprendiendo a lo largo de la vida.
En coherencia con este enfoque y con objeto de garantizar la adecuada continuidad con las etapas precedentes y la incorporación al mundo laboral o a estudios posteriores, en Bachillera­to se consideran asimismo competencias, de modo que el alumnado, partiendo de los conoci­mientos, destrezas, habilidades y actitudes asimiladas, profundice en otros saberes y capaci­dades que deberá movilizar en el momento oportuno para actuar de modo autónomo, racional y responsable al objeto de desenvolverse en diversas situaciones y contextos (personal, social, académico, profesional), participar en la vida democrática y proseguir su aprendizaje. Se trata, pues, de una serie de recursos que le podrán servir tanto para la resolución de conflictos coti­dianos como para el ejercicio de la ciudadanía, cursar con garantías otros estudios, integrarse en la vida laboral y formarse a lo largo de la vida.
La adquisición de una competencia implica, pues, la adecuada selección por parte del alum­nado de aquellas destrezas, habilidades, capacidades, estrategias y conocimientos con los que solucionar un problema o proceder en una situación dada, aplicando los recursos aprendidos o practicados en otros, contextos. De ahí que el aprendizaje de las competencias requiera sobre todo una adecuada metodología en el aula, enfatizada en las orientaciones didácticas conteni­das en las introducciones de los currículos. Con objeto de contribuir a esas competencias, se­ría recomendable que las programaciones didácticas, enmarcadas en el proyecto educativo de cada centro, contemplasen la organización de actividades y tareas integradoras, contextualizadas y relacionadas en la medida de lo posible con la vida, que permitiesen la aplicación y transferencia de lo aprendido en el aula, lo que además servirá como comprobación del ade­cuado progreso en la adquisición de las competencias, de acuerdo con los criterios de evalua­ción de cada materia. Un aspecto importante es el fomento del trabajo colaborativo en esas actividades y tareas, las cuales deberían revestir un carácter significativo y funcional, lo que facilitaría el entrenamiento en habilidades sociales, una mayor motivación en el alumnado y una mejor eficacia en el desarrollo de las competencias.
En las materias comunes del Bachillerato, que tienen como finalidad profundizar en la forma­ción general del alumnado, aumentar su madurez intelectual y humana y profundizar en aque­llas competencias con mayor transversalidad y que posibilitan seguir aprendiendo, se poten­ciarán las competencias generales, en cuanto pueden reflejarse y ejercitarse en una diversidad de entornos: competencia comunicativa, competencia en investigación y ciencia, competencia social y ciudadana, competencia en autonomía e iniciativa personal, competencia en trata­miento de la información y competencia digital.

Competencias generales del Bachillerato
1. Competencia comunicativa

Esta competencia profundiza en las destrezas de escucha, comprensión y exposición de men­sajes orales y escritos, que en la etapa de Bachillerato requieren un mayor nivel de desarrollo, y unos recursos más complejos para manejarse en unos contextos comunicativos más diversos y de nivel cognitivo superior. No se limita esta competencia a la mejora de las habilidades lingüísticas, pues incluye el desarrollo de todos los elementos expresivos (música, danza, ex­presión corporal), en especial los de carácter audiovisual y artístico.
2. Competencia en el tratamiento de la información y competencia digital

Figuran unidas en esta competencia un conjunto de capacidades y destrezas en las que se parte de unos recursos y habilidades adquiridos por el alumnado en las etapas anteriores, de manera que el extraordinario caudal de información, en creciente aumento, pueda ser filtrado, adqui­rido y asimilado para transformarlo en conocimiento. Se trataría de mejorar la búsqueda selec­tiva de información (oral, impresa, audiovisual, digital o multimedia), su análisis, ordenación, contraste, interpretación y análisis, para proceder a la síntesis y a la elaboración de informes, a la expresión de resultados o a establecer conclusiones. La otra vertiente, cada vez más unida e indisociable de la primera, es el apropiado empleo de las tecnologías de la información y la comunicación, en las que deben tenerse en cuenta por lo menos tres vertientes; las tecnologí­as de transmisión (presentaciones, comunicación...), las interactivas (recursos con posibilida­des de interactuación, sea en DVD, formato web, etc.), y las colaborativas (comunidades vir­tuales, sobre todo).
3. Competencia social y ciudadana

Implica el desarrollo de esta competencia la activación de un conjunto de capacidades, destre­zas, habilidades y actitudes que inciden en una serie de ámbitos interconectados: la participa­ción responsable en el ejercicio de la ciudadanía democrática; el compromiso con la solución de problemas sociales; la defensa de los derechos humanos, sobre todo aquellos derivados de los tratados internacionales y de la Constitución española; el uso cotidiano del diálogo para abordar los conflictos y para el intercambio razonado y crítico de opiniones acerca de temas que atañen al alumnado y de la problemática actual, manifestando actitudes solidarias ante situaciones de desigualdad; el estudio de los distintos factores que conforman la realidad ac­tual y explican la del pasado.
4. Competencia en autonomía e iniciativa personal

Esta competencia persigue avanzar en el trabajo cooperativo del alumnado, habituándose a desenvolverse en entornos cambiantes. Además, se trata de reforzar en los alumnos y alumnas el espíritu emprendedor y la toma de decisiones, así como la profundización en el conoci­miento de sí mismos y en su autoestima, de modo que se sientan capaces de enfrentarse a si­tuaciones nuevas con la suficiente autonomía y de superarse en distintos contextos. Comparte con la competencia social y ciudadana las habilidades y actitudes dialógicas y el ejercicio de la ciudadanía activa.
5. Competencia en investigación y ciencia

Comprende esta competencia un cúmulo de conocimientos y capacidades para conocer mejor el mundo y las cuestiones y los problemas de la actualidad, como los relacionados con la bio­ética, el medio ambiente, etc. También implica el desarrollo de habilidades para trabajar el pensamiento lógico y los diferentes pasos de la investigación científica, planteando hipótesis y siguiendo las pautas adecuadas para buscar información, resolver cuestiones, verificar... In­cluye asimismo, en relación con la competencia comunicativa, la exposición y la argumenta­ción de conclusiones. Desde un punto de vista actitudinal supone el compromiso con la sostenibilidad del medioambiente y la adquisición de hábitos de consumo racionales.

La enseñanza de la Filosofía y Ciudadanía en el Bachillerato tendrá como finalidad el desarrollo de las capacidades contenidas en los siguientes objetivos:

  1. Identificar y comprender los problemas filosóficos, empleando con propiedad y rigor los términos y conceptos necesarios para su análisis y discusión.

  2. Apreciar la peculiaridad del saber filosófico, distinguiéndolo del resto de los saberes humanos. Adoptar una actitud crítica y reflexiva ante las cuestiones teóricas y prácticas, fundamentando adecuadamente las ideas, y ante los intentos de reducir la racionalidad al ámbito científico-tecnológico.

  3. Argumentar y defender desde una perspectiva antropológica el propio pensamiento de modo coherente, contrastándolo con otras posiciones y razonamientos, tanto de forma oral como escrita.

  4. Conocer la estructura lógica del razonamiento y apreciar su valor en la vida cotidiana. Practicar y valorar el diálogo filosófico como proceso de encuentro racional y búsqueda colectiva de la verdad.

  5. Analizar y comentar textos con implicaciones filosóficas, con la debida contextualización, identificando los problemas que plantean, argumentando y valorando críticamente los supuestos y las soluciones propuestas.

  6. Utilizar procedimientos básicos para el trabajo intelectual y autónomo: búsqueda y selección de información, incluidos los medios tecnológicos más avanzados en su vertiente interactiva y colaborativa, y contraste, análisis, síntesis y evaluación crítica de aquélla, valorando el rigor intelectual en el planteamiento de los problemas frente a la superficialidad o la improvisación.

  7. Adoptar una actitud crítica ante todo intento de justificación de las desigualdades sociales y ante toda discriminación, ya sea por sexo, etnia, cultura, creencias u otras características individuales y sociales, respetando las diferencias provenientes de la idiosincrasia de las diversas culturas o civilizaciones.

  8. Valorar la capacidad normativa y transformadora de la razón para construir una sociedad más justa, en la que exista una efectiva igualdad de oportunidades.

  9. Valorar los intentos por construir una sociedad mundial basada en el cumplimiento de los derechos humanos, en la convivencia pacífica, en la defensa de la naturaleza.

  10. Consolidar la competencia social y ciudadana, fundamentar teóricamente su sentido y valor, justificando su necesidad para el ejercicio de la ciudadanía democrática y fomentando actitudes de solidaridad y participación en la vida comunitaria.

  11. Desarrollar una conciencia cívica crítica y autónoma, inspirada en los derechos humanos y comprometida con la construcción de una sociedad democrática, justa y equitativa, y con la defensa de la naturaleza en el ámbito de la comunidad canaria.

  12. Reconocer las dimensiones básicas de la naturaleza humana: biológica, lógico-racional, moral y sociopolítica, distinguiendo sus funciones pero apreciando la indisociable unidad del ser humano.



b) Contenidos (Los contenidos mínimos aparecen en negrita)



I. Contenidos comunes

  1. Tratamiento, análisis y crítica de la información. Participación en debates mediante la exposición razonada y argumentada del propio pensamiento.

  2. Análisis y comentario de textos con cuestiones filosóficas o de carácter científico, jurídico, político, sociológico, económico, cultural o social, con el adecuado y riguroso empleo de los términos y conceptos propios de la materia.

  3. Utilización con autonomía y criterio propio de las tecnologías de la información y la comunicación como fuente de información, espacio de interacción y colaborativo, sobre los problemas planteados.

II. El saber filosófico

  1. Filosofía, ciencia y otros modelos de saber.

  2. Las preguntas y los problemas fundamentales de la filosofía.

  3. La filosofía como racionalidad teórica y práctica.

III. Conocimiento y realidad

  1. Verdad y conocimiento.

  2. El problema de la realidad.

  3. El conocimiento científico: origen, método y límites.

  4. Lenguaje y razonamiento. Lógica simbólica.

IV. El ser humano: persona y sociedad

  1. La dimensión biológica: evolución y hominización.

  2. La dimensión sociocultural: individua y ser social. Naturaleza y cultura.

  3. Concepciones filosóficas del ser humano.

V. Filosofía moral y política: democracia y ciudadanía

  1. 1 La dimensión moral del ser humano:

    1. Los fundamentos de la acción moral: libertad y responsabilidad.

    2. Las teorías éticas ante los retos de la sociedad actual: felicidad y justicia.

  2. La construcción filosófica de la ciudadanía. Génesis histórica y fundamentación filosófica.

  3. Filosofía política: origen y legitimidad del poder político. Fundamentos filosóficos del Estado democrático y de derecho.

  4. El Estado ante los retos de la sociedad actual:

    1. Legitimidad de la acción del Estado para defender la paz, los valores democráticos y los derechos humanos.

    2. Democracia mediática y ciudadanía global.



d) Criterios de evaluación



1. Reconocer, analizar y explicar con precisión y rigor la especificidad de la filosofía, respecto a otros saberes o modos de explicación de la realidad, distinguiendo su dimensión teórica y práctica» centrándose en las preguntas y
problemas fundamentales.

Con este criterio se trata de comprobar si los alumnos y alumnas comprenden lo específico del saber filosófico y el tipo de preguntas que éste supone, así como el grado de precisión y rigor alcanzado con la explicación de los conceptos y cuestiones planteadas, tanto de forma oral como por escrito. Se busca con ello que el alumnado distinga discursos y textos de carácter científico, mágico, religioso, literario o técnico, entre otros, de los propios de la filosofía. Se trataría no sólo de comprender sino también de valorar las aportaciones del análisis filosófico a los grandes interrogantes de nuestro tiempo.
2. Argumentar de modo crítico sobre los conocimientos adquiridos en la materia, elaborando análisis y pertinentes reflexiones.

Este criterio persigue constatar si los alumnos y alumnas son capaces de comprender y expresar de forma reflexiva y personal las aportaciones más importantes del pensamiento occidental, sin caer en la repetición mimética, la improvisación y la superficialidad. Este criterio se podrá comprobar a través del análisis y comentario de textos, las disertaciones de carácter filosófico, las pruebas escritas, las exposiciones orales y los trabajos monográficos, entre otros instrumentos de evaluación.
3. Exponer y componer textos propios con cierto rigor argumentativo que
expresen de forma clara el resultado del trabajo de comprensión y reflexión
sobre los problemas filosóficos que se están trabajando y el progreso en la
formación de un pensamiento autónomo.

Este criterio pretende evaluar si el alumnado es capaz de construir y enriquecer sus propias opiniones trabajando de forma constructiva el legado cultural específico de esta materia. Para comprobarlo serán idóneas las actividades de tipo reflexivo, en las que, de modo significativo y funcional, se relacionen nuevos contenidos entre sí con ámbitos de experiencia, expresando de forma clara y coherente el resultado del trabajo de comprensión y de reflexión. Elementos valiosos para su verificación pueden ser las recensiones de libros o capítulos, la síntesis de los contenidos estudiados, las composiciones filosóficas, la preparación y realización de debates, y las investigaciones individuales y en equipo.
4. Practicar el diálogo filosófico como forma de aproximación colectiva a la
verdad y como proceso interno de adquisición de aprendizajes relevantes para
la convivencia y de valores democráticos como el respeto mutuo, la sinceridad,
la tolerancia y la igualdad.

Con este criterio se trata de comprobar en el alumnado el grado de comprensión e interiorización del sentido del diálogo racional y de las condiciones necesarias para su desarrollo, su ejecución y su plasmación en la práctica. La preparación y realización de debates sobre cuestiones de actualidad o polémicas en el ámbito moral permitirá verificar si el alumnado controla su impulsividad, asume actitudes y conductas propias de la convivencia pacífica y democrática y rechaza comportamientos xenófobos, totalitarios o discriminatorios por sexo, religión, creencias o cualquier otra opción personal.
5. Obtener información relevante a través de diversas fuentes, incluidas las
tecnologías de la información y la comunicación de tipo interactivo y
colaborativo, sistematizarla, contrastarla y utilizarla críticamente en el análisis
de problemas filosóficos, sociológicos y políticos.

Este criterio trata de verificar la capacidad del alumnado para seleccionar y manejar informaciones diversas, incluyendo el manejo de las tecnologías de la información y de la comunicación, desde las surgidas de la propia experiencia hasta las elaboradas por los medios de comunicación social, pasando por los conocimientos proporcionados por el resto de las materias, así como el dominio de destrezas de carácter general, como el uso de las nuevas tecnologías en vertiente interactiva y colaborativa (web, blogs...), la observación, la descripción, la clasificación, la sistematización, la comparación y la evaluación, necesarias para la utilización de dicha información.
6. Reconocer y analizar las características específicas de lo humano como una realidad compleja y abierta con múltiples expresiones y posibilidades,
profundizando en la singularidad personal, donde confluyen lo biológico con lo
cultural como segunda naturaleza y la dimensión psicológica individual con la
colectiva o social.

Con este criterio se persigue constatar si los alumnos y alumnas son capaces de comprender e integrar las diversas dimensiones del ser humano, incidiendo en la importancia de la construcción personal y social y valorando las concepciones filosóficas del ser humano y su vigencia actual. La conciliación entre la conciencia ecológica para la preservación del medio, con especial relevancia en Canarias, y el interés por las manifestaciones más vanguardistas de la creatividad humana, permitirán verificar el grado de asimilación por parte del alumnado de las dimensiones natural y cultural como constitutivas de lo humano.
7. Reconocer y examinar la naturaleza de las acciones humanas en tanto que
libres, responsables y normativas, valorando críticamente su capacidad
transformadora sobre la vida individual y social.

Con este criterio se trata de comprobar la capacidad del alumnado para comprender el sentido de la razón práctica y la necesidad de la libertad para realizar acciones morales y, consecuentemente, asumir compromisos ético-políticos tanto en el ámbito personal como social, reflexionando especialmente sobre la búsqueda de la felicidad, la justicia y la universalidad de los valores en la sociedad actual. Se persigue constatar si los alumnos y alumnos reconocen en textos y situaciones reales o ficticias los comportamientos de carácter moral o político, distinguiéndolos de conductas vinculadas a los otros ámbitos de la vida personal y colectiva.
8. Comprender y valorar las ideas filosóficas que han contribuido, en distintos momentos históricos a definir la categoría de ciudadano y ciudadana, desde la Grecia clásica hasta la ciudadanía global del mundo contemporáneo, haciendo especial énfasis en la Ilustración y en la fundamentación de los derechos humanos.

Este criterio trata de evaluar si los alumnos y alumnas han comprendido la categoría de ciudadano y ciudadana como tarea histórica inacabada y su fundamentación ético-política, así como la importancia de reconocer y practicar las virtudes cívicas que posibilitan una convivencia democrática en el marco universal de los derechos humanos. Además, se pretende evaluar si el alumnado entiende que el principio de cohesión de la ciudadanía actual deja de ser algo biológico, instintivo, como ocurría en las primitivas asociaciones tribales, y pasa a ser algo instituido por el ser humano, algo absolutamente racional como es la ley.
9. Identificar, analizar y comprender los conflictos latentes y emergentes de las complejas sociedades actuales, sus logros y dificultades, sus cambios y retos más importantes que contextualizan la actividad socio poli tic a de la ciudadanía, manifestando una actitud crítica ante todo intento de justificación de las desigualdades sociales o situaciones de discriminación.

Este criterio persigue verificar la capacidad del alumnado para analizar y comprender los problemas sociales y políticos más relevantes de la sociedad actual (anomia, desarraigo, falta de cohesión, debilidad o exacerbación del sentimiento de pertenencia, conflictos relacionados con las diferencias culturales, con las desigualdades socioeconómicas y de sexo, etc.), así como los logros e intentos de solución que ofrecen los ordenamientos jurídicos y los sistemas de participación democrática. Asimismo, se trata de evaluar la actitud que han desarrollado los alumnos y las alumnas ante dichos problemas sociales y políticos.
10. Explicar y comparar las diferentes teorías acerca del origen del poder político y su legitimación, identificando las que fundamentan el Estado democrático y de derecho, y analizar los modelos de participación y de integración en la compleja estructura social de un mundo en proceso de globalización.

Este criterio se propone evaluar la capacidad del alumnado para explicar y comparar las teorías sobre el origen y la legitimidad del poder político, de las diferentes concepciones del Estado y de la fundamentación y funcionamiento de la democracia, analizando las posibilidades y el deber de intervención del ciudadano y de la ciudadana, y tomando conciencia de la necesidad de participar en la construcción de un mundo más humano. A través del compromiso del alumnado con las instituciones de participación en la vida del centro. Consejo Escolar, Junta de Delegados, etc., se puede comprobar su grado de aceptación de los valores democráticos.
11. Reconocer y explicar las características más relevantes del conocimiento humano y su relación con los problemas de la verdad y la realidad, valorando las diversas teorías científicas y las cosmovisiones o concepciones filosóficas como aportaciones significativas de la ininterrumpida actividad racional de la humanidad.

Este criterio pretende comprobar la capacidad del alumnado para descubrir las posibilidades, pero también los límites, de los procesos cognoscitivos emprendidos por el ser humano a lo largo de su existencia, así como la continuidad de sus legados que han hecho posible la construcción colectiva del saber científico y filosófico, distinguiéndolos de otras propuestas oportunistas, como las pseudociencias, interesadas en el mantenimiento de la irracionalidad y la superstición.

e) Instrumentos de evaluación



Las pruebas escritas serán el principal instrumento de evaluación en esta materia. Estas pruebas tienen las siguientes características:
1. Se realizarán al menos dos pruebas escritas parciales por trimestre, una recuperación trimestral (opcional, a decisión del profesor) y una recuperación final en junio. Excepcionalmente, podrá realizarse sólo una prueba escrita por trimestre siendo compensada la segunda por un trabajo monográfico.

2. Las pruebas parciales y las recuperaciones trimestrales sirven para eliminar los contenidos evaluados.

3. Las cuestiones de las pruebas escritas podrán ser de diversos tipos:


  • Comentario de texto.

  • Disertación: responder a una cuestión filosófica desde un punto de vista personal.

  • Relacionar las ideas impartidas en clase con la realidad concreta del alumnado.

  • Comparar entre sí los conceptos y teorías filosóficas impartidos en el aula.

  • Definir términos específicos de la materia.

  • Preguntas cortas en la que se exponga de forma correcta una estructura argumentativa o demostración racional.

  • Cuestionarios tipo test.

  • Exposición histórica de un problema filosófico fundamental.

  • Exponer de forma sintética un aspecto amplio de los bloques de contenidos

  • Formalización y resolución de argumentos deductivos


4. La prueba de recuperación final estará basada en los contenidos mínimos de la asignatura.

5. Las calificaciones de las pruebas escritas podrán complementarse con otros instrumentos de evaluación como los trabajos monográficos individuales sobre las lecturas recomendadas, los trabajos monográficos en grupo sobre determinadas cuestiones del temario, las exposiciones orales y la observación directa del profesorado del trabajo en el aula.

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