“¿No ves cómo los tribunales atenienses muchas veces condenaron a personas que no habían cometido ningún delito, contrariados por su discurso, y en cambio otras veces absolvieron a culpables, bien porque se compadecieron de su arenga, o bien porque aquellos hablaron con agrado?”






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título“¿No ves cómo los tribunales atenienses muchas veces condenaron a personas que no habían cometido ningún delito, contrariados por su discurso, y en cambio otras veces absolvieron a culpables, bien porque se compadecieron de su arenga, o bien porque aquellos hablaron con agrado?”
fecha de publicación15.08.2015
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APOLOGÍA DE SÓCRATES, Departamento de Griego, I.E.S. Serpis

JENOFONTE


Apología de Sócrates. 4-El Tribunal de la Heliea.

¿No ves cómo los tribunales atenienses muchas veces condenaron a personas que no habían cometido ningún delito, contrariados por su discurso, y en cambio otras veces absolvieron a culpables, bien porque se compadecieron de su arenga, o bien porque aquellos hablaron con agrado?”

En Atenas, el tribunal de la Heliea era la institución en la que la Asamblea del demos delegaba la aplicación de la justicia.
Aunque no era el único tribunal de justicia existente, pues estaban también el tribunal del Areópago, el tribunal de los 51 Efetas y el del Pritaneo, (especializados sobre todo en delitos de sangre), y además, la Bulé y la propia Asamblea también podían ejercer de tribunales en algunos asuntos de carácter público, La Heliea es el organismo con competencias judiciales por excelencia en la democracia ateniense.

La Heliea estaba formada por 6.000 miembros o heliastas , ciudadanos de más de treinta años designados por sorteo de entre una lista de candidatos procedente de cada una de las diez tribus en que se estructuraba la población (600 por tribu).
La distribución de los heliastas entre los distintos tribunales (normalmente constaban de 501 miembros) se llevaba a cabo con grandes precauciones, mediante un complejo sistema de sorteo que se realizaba al amanecer del día en que iban a producirse las audiencias, con la intención de evitar cualquier fraude o soborno.
Tenemos conocimiento de la escrupulosidad con que se realizaba el sorteo de los miembros de los tribunales gracias al texto conservado de La constitución de Atenas de Aristóteles, y al hallazgo en las excavaciones del Ágora de Atenas de cleroteria o máquinas de sortear.

Junto al presidente del tribunal, un secretario leía el acta de acusación y la respuesta escrita de la defensa. A continuación, el presidente concedía la palabra al demandante y al demandado. Todo ciudadano implicado en un juicio en cualquiera de las dos partes tenía que hablar personalmente o, de no ser capaz, encargaba a un profesional (logógrafo) el discurso que luego aprendía de memoria. Para limitar el tiempo de intervención de las partes se usaba la clepsidra o reloj de agua, puesto que las sesiones finalizaban en el mismo día.
Los miembros del tribunal (sin ninguna formación específica) se limitaban a escuchar, y cuando acababan las intervenciones se procedía inmediatamente a la votación sin previa deliberación.
Si el acusado era declarado culpable, o bien ya la ley proveía una pena estipulada, o se procedía a una votación para imponer una. En caso de ser absuelto, en función del resultado de la votación, el acusador tenía que pagar una multa.

En el año 423 fue representada la comedia de Aristófanes Las Avispas y en ella el poeta coloca en el centro de su crítica los defectos del sistema judicial ateniense : a su protagonista Filocleón “le domina la manía de los tribunales…su pasión es juzgar”; no duerme pensando obsesivamente en la clepsidra y las urnas; alardea de las ventajas sociales que le reporta participar en los tribunales; ensalza a los políticos que han establecido un salario por acudir a juzgar, y da muestras de la arbitrariedad con que juzga un caso (en su propia casa, dado que ha sido encerrado en ella por su hijo).

Probablemente se podía haber hecho justicia con tribunales que tuvieran un número de miembros más reducido, con lo que se hubiera simplificado todo el sistema; pero el propio espíritu democrático de la ciudad hacía que todas sus instituciones funcionaran con la máxima participación del pueblo ateniense, y así, en este caso, sentían que la justicia estaba en manos de todos.

(Sacado de FLACELIÈRE, Robert: La vida cotidiana en Grecia en el siglo de Pericles. Ediciones Temas de Hoy)




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