Competencias Básicas






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fecha de publicación18.03.2017
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2.- El Modelo de Competencias en el Sistema Educativo actual.
El contexto que acabo de presentar es la premisa. Presentaré a continuación una descripción inicial de los principales elementos del modelo. Algo así como una “iniciación de urgencia” o una “guía práctica para empezar”. Lo haré atendiendo a tres cuestiones fundamentales: primera, a qué se llaman competencias en la educación; en segundo lugar, sugeriré algunas consecuencias que el nuevo paradigma tiene para el sistema educativo; y, finalmente, presentaré la descripción de algunas competencias fundamentales y haré una enumeración crítica de las Competencias Mínimas publicadas en los Reales Decretos que desarrollan el currículo de la LOE para Primaria y Secundaria.
a.- ¿A qué se llaman “Competencias” en la educación?
Al empezar el último cuarto del siglo XX surgía la necesidad de enriquecer el currículo escolar con algunos elementos que pudieran ayudar a los alumnos tanto a tomar decisiones como a enfrentarse a riesgos y a situaciones de emergencia y supervivencia (primeros auxilios, técnica de autocontrol,…), en las que la vida actual es tan pródiga. A las habilidades incluidas en el currículo con esta finalidad se les dio el nombre de life skills, que se ha venido traduciendo como “habilidades para la vida”.
De forma casi simultánea comenzaron a incorporarse a los currículos las llamadas psychosocials skills, que son aquellas habilidades necesarias para que el alumno pueda desarrollar sus propias potencialidades personales, tanto en relación a sí mismo como orientadas a mantener una relación de éxito con la sociedad que le rodea.
Finalmente, se ha incorporado al concepto de life skills aquellas capacidades que la persona necesita para afrontar los distintos contextos y problemas que le presenta la vida, tanto en la esfera de lo personal, como en los aspectos sociales y profesionales que le afectan.
Concepción Yaniz y Lourdes Villalón definen la competencia, desde el punto de vista del perfil profesional como “el conjunto de conocimientos, habilidades y actitudes necesarios para desempeñar una ocupación dada y la capacidad de movilizar y aplicar estos recursos en un entorno determinado, para producir un resultado definido”16.
La definición de competencia en educación comprende, pues, los siguientes elementos:
1.- Es un conjunto de conocimientos, habilidades y actitudes necesarios para el desarrollo de una ocupación o tarea. La inercia puede llevar a muchos profesores a pensar en los “conocimientos, procedimientos y actitudes” que integran los contenidos en el currículo de la LOGSE. Lo nuevo en la definición de competencia es que los tres elementos forman un conjunto articulado en función de una ocupación o tarea, que primero hay que definir. Conocimientos, habilidades y actitudes son elementos que interactúan entre sí con vistas a un propósito concreto. Ni se programan ni se aprenden aisladamente, sino dirigidos, en conjunto, hacia un propósito eminentemente práctico: la ejecución de la tarea definida.
2.- Desempeñar una ocupación dada es el propósito de esos conocimientos, habilidades y actitudes que se adquieren. ¿Cuáles son las ocupaciones o tareas a cuya ejecución se orientan los conocimientos, habilidades y actitudes que han de programarse? Las aproximaciones que hemos venido observando en las definiciones sucesivas de life skills nos ilustran acerca de los diferentes tipos de áreas que las competencias en educación tienen como objeto:
.- La tarea de desarrollar las propias potencialidades personales relativas al propio crecimiento: aprender a aprender, toma de decisiones, etc.
.- La tarea de establecer y mantener relaciones sociales adecuadas.
.- La tarea de afrontar distintos contextos y problemas que la vida cotidiana presenta.
.- La tarea de enfrentarse de forma adecuada a situaciones de riesgo, emergencia y supervivencia.
.- La tarea de asumir el ejercicio profesional, comenzando por la profesión de estudiante…
Esta enumeración no constituye, ni mucho menos, una norma o regla, sino sólo un ejemplo. Pues quedó claro que mi propósito en este artículo se limita a proporcionar datos que ayuden a la comprensión del modelo educativo de competencias.
3.- La capacidad de movilizar estos recursos en un entorno determinado es el tercer elemento de que habla la definición de competencia. Los recursos a que se refiere son, por supuesto, los conocimientos, habilidades y actitudes que constituyen el núcleo de la competencia. Estos elementos, cuando forman parte de una competencia, son elementos dinámicos, capaces de “movilizarse”, aplicándose en entornos y contextos diferentes, adaptándose a los mismos. Así pues, los conocimientos, habilidades y actitudes no son meros contenidos que se adquieren y se archivan en la memoria. Son contenidos in fieri, en proceso de aplicación. Cuando forman parte de la competencia, conocimientos, habilidades y actitudes se aprenden como procesos activos, capaces de ser aplicados, incluso improvisadamente, en diferentes contextos.
4.- Esto es, precisamente, lo que quiere decir la definición cuando puntualiza que esos elementos (conocimientos, habilidades y actitudes) se orientan hacia un resultado definido. El aprendizaje se produce, por tanto, dentro de un proceso de acción, comprometida con el resultado que se busca.
Tanto a la hora de realizar una programación didáctica como a la hora de poner en marcha el proceso de aprendizaje, esta perspectiva es fundamental en el modelo de competencias. En cuanto a la programación, el primer paso habrá de consistir en definir el resultado práctico que debe obtenerse con la aplicación de la competencia. En cuanto al aprendizaje, éste deberá necesariamente enmarcarse en un Proyecto de acción.

b). Las cuatro competencias del Informe PISA
Ya he dado en su momento noticia de cómo el Informe PISA ha actuado de catalizador en el proceso de implantación del modelo de Competencias. Y ello, porque lo que el Informe PISA se propuso evaluar fue, precisamente, el grado en que los alumnos de los países de la OCDE habían adquirido determinadas competencias a lo largo del Currículo escolar.
El Informe se encarga de ofrecer una definición de las cuatro competencias que en él se evalúan. Reproduciré aquí textualmente lo esencial de las cuatro definiciones, pues gozan de la autoridad necesaria para tenerlas por modelos válidos de lo que son las competencias en la Educación.
1.- La competencia matemática es definida por el Informe PISA 2003 como “la aptitud de un individuo para identificar y comprender el papel que desempeñan las matemáticas en el mundo, alcanzar razonamientos bien fundados y utilizar y participar en las matemáticas en función de las necesidades de su vida como ciudadano constructivo, comprometido y reflexivo”17 .
No es difícil reconocer en la definición los elementos de la competencia, tal como los hemos encontrado en la definición general de Yaniz; la aptitud (conocimientos, habilidades y actitudes); la tarea (identificar y comprender el papel de las matemáticas, razonar con fundamento, utilizar y participar en las matemáticas…); la contextualización (necesidades de la vida, ciudadanía, reflexión…). En cuanto al cuarto elemento, el resultado práctico, dependerá de las aplicaciones concretas que sean programadas.
2.- La competencia lectora “consiste en la comprensión y el empleo de textos escritos en el aprendizaje y en la reflexión personal a partir de ellos, con el fin de alcanzar las metas propias, desarrollar el conocimiento y el potencial personal y participar en la sociedad”18 .
Aunque es clara la expresión, hago notar cómo la competencia se reduce al empleo de textos escritos, con ausencia expresa de la utilización de la expresión verbal como medio de expresión de conocimientos y experiencias. Se trata de una autolimitación del propio Informe.
3.- La competencia científica “es la capacidad de emplear el conocimiento científico para identificar preguntas y extraer conclusiones basadas en hechos con el fin de comprender y poder tomar decisiones sobre el mundo natural y sobre los cambios producidos en él por la actividad humana”.
De nuevo sorprende en la definición la aparente modestia del Informe, al considerar esencial de la competencia científica la capacidad para identificar preguntas y extraer conclusiones. Pero es claro que toda otra habilidad en este campo es consecuencia de la capacidad de preguntarse y obtener respuestas elementales.
4.- La solución de problemas es, para el Informe, “la capacidad que tiene una persona de emplear los procesos cognitivos para enfrentarse a y resolver situaciones interdisciplinares reales en las que la solución no resulta obvia, de modo inmediato y en las que las áreas de conocimiento o curriculares aplicables no se enmarcan dentro de una única área de Matemáticas, Ciencias o Lectura”.
Estas cuatro definiciones constituyen una muestra de a qué se llaman competencias en la educación. Y, más aún, nos ofrecen una perspectiva de las implicaciones que una programación del currículo por competencias tiene para el desarrollo del sistema educativo.

c). Implicaciones del modelo de competencias en el sistema educativo de la LOE.
Los Reales Decretos que, en Primaria y Secundaria, ponen en marcha los currículos respectivos, presentan una referencia común en el llamado ANEXO I, en el que figuran las Competencias Básicas que todos los alumnos han de conseguir.
Las Competencias Básicas son, según el texto legal, “aquellas competencias que debe haber desarrollado un joven o una joven al finalizar la enseñanza obligatoria, para poder lograr su realización personal, ejercer la ciudadanía activa, incorporarse a la vida adulta de manera satisfactoria y ser capaz de desarrollar un aprendizaje permanente a lo largo de la vida”19 . Como puede observarse, el sistema educativo asume el concepto de competencia que más arriba hemos visto vinculado a las life skills , incluyendo las tres dimensiones: la personal, la social y la profesional.
El Real Decreto propone las ocho siguientes Competencias Básicas, que el alumno deberá alcanzar a lo largo de toda su educación obligatoria:
1.- Competencia en comunicación lingüística, que consiste en “la utilización del lenguaje como instrumento de comunicación oral y escrita, de representación y comprensión de la realidad, de construcción y comunicación del conocimiento y de organización y autorregulación del pensamiento, las emociones y la conducta”.
Véase cómo en esta propuesta se da una notable ampliación de la que el Informe PISA denominó una competencia lectora.
2.- Competencia matemática, que “consiste en la habilidad para utilizar y relacionar los números, sus operaciones básicas, los símbolos y las formas de expresión y razonamiento matemático, tanto para producir e interpretar distintos tipos de Información, como para ampliar el conocimiento sobre aspectos cualitativos y espaciales de la realidad y para resolver problemas relacionados con la vida cotidiana y con el mundo laboral”.
En relación con la definición de esta competencia formulada por el Informe PISA, encontramos aquí una preocupada referencia a contenidos conceptuales y procedimentales de la enseñanza matemática tradicional.
3.- Competencia en el conocimiento e interacción del mundo físico. El Anexo I define esta competencia como “la habilidad para interactuar con el mundo físico, tanto en sus aspectos naturales como en los generados por la acción humana, de tal modo que se posibilita la comprensión de sucesos, la predicción de consecuencias y la actividad dirigida a la mejora y preservación de las condiciones de vida propia, de las demás personas y del resto de los seres vivos”.
Si comparamos esta definición con la que PISA da sobre la competencia científica, observaremos que ésta ha sido notablemente reducida en tres sentidos: se circunscribe al mundo físico; desaparece la capacidad científica propiamente dicha (hacerse preguntas y responder), y sustituida por una orientación de tipo ecológico.
4.- Tratamiento de la Información y competencia digital, que “consiste en disponer de habilidades para buscar, obtener, procesar y comunicar información, y para transformarla en conocimiento”.
Es una formulación absolutamente autónoma, que carece de referencia en el Informe PISA. Aunque responde, ciertamente, a una de las necesidades fundamentales que tiene el joven a la hora de incorporarse a la actividad cotidiana, sea personal, social o laboral.
5.- La competencia social y ciudadana “hace posible – según PISA – comprender la realidad social en que se vive, cooperar, convivir y ejercer la ciudadanía democrática en una sociedad plural, así como comprometerse a contribuir a su mejora”.
El lector se encuentra algo desazonado al tratar de comprender en qué consiste esta competencia. Y es que lo que aquí se llama competencia social y ciudadana, no es tal competencia, sino un área que reclama toda una serie de competencias. Por eso faltan en la definición algunos de los elementos esenciales que veíamos en la definición de competencia. Será trabajo añadido para el desarrollo curricular.
6.- La competencia cultural y artística supone “conocer, comprender, apreciar y valorar críticamente diferentes manifestaciones culturales y artística, utilizarlas como fuente de enriquecimiento y disfrute y considerarlas como parte del patrimonio de los pueblos”.
Tampoco se expresa aquí con nitidez un conjunto de conocimientos, habilidades y actitudes que inequívocamente define una competencia. Más bien, como en el caso anterior, estamos ante la descripción de los objetivos educativos para un área que requerirá de determinadas competencias.
7.- La competencia para aprender a aprender “supone disponer de habilidades para iniciarse en el aprendizaje y ser capaz de continuar aprendiendo de manera cada vez más eficaz y autónoma de acuerdo con los propios objetivos y necesidades”.
Y aunque esta competencia no haya sido objeto de evaluación por parte del Informe PISA, nadie duda hoy de que se trata de una de las necesidades más importantes que el joven debe estar preparado para afrontar al finalizar su educación obligatoria.
8.- Autonomía e iniciativa personal es una competencia que “se refiere, por una parte, a la adquisición de la conciencia y aplicación de un conjunto de valores y actitudes personales interrelacionadas, como la responsabilidad, la perseverancia, el conocimiento de sí mismo y la autoestima, la creatividad, la autocrítica, el control emocional, la capacidad de elegir, de calcular riesgos, y de afrontar los problemas, así como la capacidad de demorar la necesidad de satisfacción inmediata, de aprender de los errores y de asumir riesgos”.
Es evidente que no se trata de una competencia propiamente dicha, sino a toda un área relacionada, en la que se detallan casi exhaustivamente todo un elenco de las psychosocial skills examinábamos al principio.

Currículo y competencias básicas.
La introducción al Anexo dice que “no existe una relación unívoca entre la enseñanza de determinadas áreas o materias y el desarrollo de ciertas competencias”20 . Pero lo que sí es cierto es que la enumeración y definición de estas ocho competencias básicas tiene claramente el propósito de establecer un puente entre las competencias y las áreas educativas fundamentales de la enseñanza obligatoria.
De hecho, la formulación de definiciones de cada competencia y, sobre todo, la explicación que sigue a cada una en el texto del Anexo, mantienen una referencia constante a los objetivos y contenidos de las respectivas áreas de referencia en el currículo de la LOGSE. Ello explica, asimismo – y confirma – el hecho de que en el desarrollo de contenidos del currículo tengan preferencia los enunciados en forma de habilidades y competencias, con preferencia a los enunciados cognitivos.
Toda la propuesta curricular constituye, de este modo, una invitación implícita a asumir el desarrollo del currículo según un modelo de competencias, del mismo modo que se está implantando en la educación superior. No existe, sin embargo, ninguna invitación explícita al respecto. Y, sobre todo, no existe una propuesta de medios y modelos adecuados. Semejante ambigüedad puede dar pie a un nuevo y rotundo fracaso no sólo en el intento de conseguir las competencias básicas, sino en cualquier intento de esperanzadora renovación que pudiera venir de una implantación formal del modelo de competencias.

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