Sor maría natalia magdolna






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Orar es amar
–¡Estate ocupada Conmigo, no contigo misma! –Jesús me dijo en muchas ocasiones-. Si tú haces esto, nos volveremos uno en el amor. ¿Por qué necesitas tú correr a mis brazos? ¿Por qué no me permites hablar? ¡Ámame! ¡Bendíceme! En mi vida terrenal Yo siempre alabé a mi Padre celestial. Como Hijo suyo, Yo lo bendecía por todas las cosas que me pasaban. Yo siempre estaba en Él. Alábame, adórame, bendíceme. Pide que Yo esté en ti en cada momento de tu vida, en cada palabra que tú pronuncies, en cada pensamiento que pase por tu mente y que Yo sea tu meta final para que tú puedas subir desde la profundidad hasta la cumbre.
Cómo orar
Jesús resumió cómo debemos orar todos los que queremos ir más allá de las oraciones convencionales:

1. Vive siempre en la santa presencia de Dios.

2. Experimenta como una verdadera realidad que Yo vino en ti.

3. Encuéntrame en cada momento de tu vida, como Yo te encuentro a ti.

–Jesús mío –le pregunté-, ¿qué debo hacer para no perder tu presencia cuando hablo con los demás?

–Aún entonces quédate en Mí –me contestó-. Nunca des un paso fuera de Mí. Mientras tú escuchas atentamente a tus hermanos, ofréceme su caso y su alma. Si Yo te envío alguien que te pida oración y te pide suplicar para que pueda recibir algún favor, sólo responde: “Sí, lo haré”. Yo te escucharé cuando realmente esa persona lo necesite. Pero si esto es en perjuicio de su alma, Yo me rehusaré.

Desde entonces actúo siempre según este consejo de Jesús. Mientras mis hermanos hablan, los escucho en Jesús, los ofrezco a Él y oro por ellos. Cuando Jesús me mostraba cómo Él sufría en ellos por causa de sus malos hábitos, entonces yo me proponía hacer penitencia por ellos. Yo hago esto por todos los que encuentro en mi vida.

Jesús me dijo muchas veces que Él no puede aceptar algunas oraciones porque la persona no confía en Él totalmente. A veces nosotros queremos que Él arregle nuestros asuntos a nuestro modo, y no pensamos que Él es el único que sabe qué es lo mejor para nosotros, el que puede arreglar nuestros asuntos para nuestro beneficio y alegría.
Yo estoy en ellos
A veces, cuando hablaba con las personas, decía: “Jesús está aquí, presente, a nuestro lado”. Pero Él me corregía: “No, hija mía pequeña, no. ¡Yo no estoy a tu lado, ni entre ustedes, sino dentro de ti, dentro de ustedes!” Entonces Él me demostró que Él está vivo en cada alma. Además, aprendí también, lentamente, que yo mientras oraba, no debía imaginarme a Dios en las nubes mientras oraba, sino que yo debía buscarlo en mí. Dios está mucho más cerca de nosotros que lo que nosotros estamos de nosotros mismos. No hay obstáculo, pues, para hablarle en cualquier momento. Esto me dio alas.

Mientras decía mis oraciones diarias me sentí como en un vuelo encumbrado que nunca había experimentado antes. Antes me sentía impaciente cuando rezaba mis oraciones diarias y deseaba terminarlas rápidamente. A pesar de esto, sentía la dulzura de Jesús; pero cuando entendí esto, mi oración se volvió sin fin, una escucha amorosa. Por eso recomiendo esta clase de oración a todos mis hermanos, si quieren vivir una profunda vida de oración.

Jesús me dijo que si alguien viene a mí, yo lo reciba como su Madre Inmaculada lo recibió a Él. Un día le pregunté:

–Querido Jesús, ¿es un placer para ti si yo hago feliz a una persona que vive en pecado mortal?

Entonces Él me mostró un alma en pecado mortal. Para mi gran sorpresa Él no había salido de aquella alma, Él todavía vivía en ella. Pero, ¿cómo? Exactamente como yo lo había visto a Él muchas veces en el camino del Calvario: todo su cuerpo cubierto de heridas. Él estaba tan desfigurado que ni aún su bendita Madre podía reconocerlo a primera vista. Ella pudo reconocerlo solamente por sus ojos. Así es como Jesús se veía en esa alma. La sangre fluía de sus heridas. Él me miró con ojos llenos de dolor, pidiendo ayuda y exclamó: “¡Ayúdame! ¡Ora por esta alma! Sacrifícate por Mí, para que Yo salve a esta alma”.

Yo así aprendí que tenemos que rodear a los pecadores aún con más amor, porque Jesús sufre en ellos y de esta manera podemos ayudar a Jesús.
Una vez le pregunté a Jesús:

–¿Cómo puedo encontrarte en cada momento de mi vida?

–Mi pequeña hija –me respondió-, si tú tienes éxito al finalizar un trabajo, o te regocija en algo, di en seguida: “¡Bendito sea Dios! ¡Gracias!” Y cuando no tengas éxito, debes repetir lo mismo, porque también en este caso Yo merezco tu gratitud porque tú no sabes qué clase de tesoro te estoy preparando por aceptar de mi mano el fracaso o el sufrimiento.

–Si alguien me bendice en medio de problemas y sufrimientos, hizo todo lo que el hombre puede hacer. Yo no deseo más. Esto es más valioso que si se azotara a lo largo de todo un día o rompiera rocas de la mañana a la noche.

–Desde que tú eres mía, esto es suficiente para que tú seas feliz, ya sea que tú experimentes felicidad o tristeza. Tú debes servirme con alegría y hacer felices también a los demás. Hay muchas almas que están cerca de Mí, pero que todavía no pueden encontrarme en cada momento de su vida. Tanto la alegría como la tristeza pueden separarte de Mí si tú no aprendes a estar Conmigo todo el tiempo. Pero si, tú estás siempre Conmigo, entonces la alegría y la tristeza te serán indiferentes.
¿Qué debemos hacer para convertir a alguien?
Jesús envió un mensaje a un sacerdote quien en su fervor quería convertir almas y almas a toda costa, hasta usando la fuerza y por eso siempre vivía ansioso y preocupado. Jesús me dijo debía contestarle:

–El padre X. no debe hacer nada por la fuerza. Él debe unirse a Mí con más frecuencia. También el éxito de su trabajo pastoral debe confiármelo a Mí. Si descansa en Mí y encuentra paz en Mí, entonces sí tendrá éxito. Él está equivocado si piensa que debe usar la fuerza para lograr resultados. En el alma del padre X. hay un ardiente amor por Mí, él está buscándome, pero no debe querer tener resultados por él mismo y sin Mí. Su ansiedad le impide la unión Conmigo.
4. REPARACIÓN
La efusión de la gracia
Dijo Jesús:

–Muchos que intentan hacer reparación, lo hacen imperfectamente. En algunos casos aún la mentira puede entrar. Hay un solo camino seguro: unir su esfuerzo de penitencia con mi Madre Inmaculada. Con Ella la reparación será perfecta. Aún si la oración y penitencia están hechas con distracciones, cansancio y otras cosas, serán corregidas por la ayuda y la fe de la Madre Inmaculada.

–Yo aceptaré las oraciones y penitencias de tu pequeño grupo de oración. Su esfuerzo de reparación Me es agradable, porque en la luz de sus imperfecciones ustedes pidieron ayuda a mi Madre Inmaculada. La oración y la reparación traen muchísimas gracias del cielo, ¡pero son tan raras!
La oración más agradable
Un día, durante mi oración de reparación, el enemigo de mi alma me dijo: “Tus oraciones no son dignas, tú estás desperdiciando el tiempo”. Él me dijo esto tan serena y convincentemente, que yo casi pensé que era Jesús, por lo cual me volví a Jesús diciéndole: “Mi Señor, ¿cuándo es que mi oración es realmente agradable a ti?” Él me contestó: “Cuando tú olvidas todas las cosas de tu alrededor, cuando te sumerges totalmente en Mí y no permites que nada de lo que pasa a tu alrededor te perturbe”. Más tarde le pregunté: “¿Cuándo es que yo estoy totalmente inmersa en Ti?” “Cuando en mi presencia te sientas que todo tu cuerpo esté dormido, y al mismo tiempo tu alma esté despierta en Mí”.
La flecha dorada
El Salvador una vez me dijo: “Maldecir es como una flecha ponzoñosa que hiere mi Corazón. Hija mía, Yo quiero que tú hagas reparación por las maldiciones y las blasfemias contra mi Nombre; de esta manera Yo te daré una flecha de oro”. Entonces Jesús me enseñó la siguiente oración:

Alabanza, veneración,

amor y adoración

sean dados al Santo Nombre de Dios

por todas las creaturas que viven en el cielo,

en la tierra y debajo de la tierra.

Especial adoración y alabanza

sean dadas al Divino Nombre de Jesús,

presente en todos los sagrarios,

y también a su sagrado Corazón

y al Inmaculado Corazón de María.

Oh mi Jesús,

deseo que tu amorosa sed de amor

por las almas sea siempre satisfecha,

y que todos los corazones de los hombres

Te amen y Te consuelen. Amén.
V

LA VICTORIOSA REINA DEL MUNDO
El Rey y la Reina
Fue en la festividad de Cristo rey de 1939 cuando tuve la visión del Salvador como mi real esposo. Su figura era majestuosa y su rostro muy hermoso. Todo irradiaba amor. El manto real colgaba de sus hombros y una corona de tres piezas brillaba en su cabeza.

Cuando estoy frente a un hombre ilustre, mi corazón late con fuerza, pero en ese momento no. Sentí que Él me atraía a su divino Corazón con su ardiente amor. Esto sucedió con tal fuerza que corrí hacia Él y me postré a sus pies. Él se inclinó y me levantó, cubriéndome con una punta de su real manto.

–Mi Salvador y mi Rey –grité-. ¡Por favor, reina siempre en mí!

–Mi real trono está ya en tu corazón –me contestó-. En ti mi reino está completo. Pero donde reina mi amor, será levantada mi cruz.

Entendí que Jesús quería algún sacrificio de mí. Me volví hacia Él con alegría, dispuesta a obedecer, y le dije:

–Mi buen Jesús, quiero que reines en mí según tu voluntad; ¡estoy dispuesta a llevar la cruz por ti!

Él me miró complaciente y mientras yo descansaba en su pecho, pude ver cómo Él lanzó una mirada a todo el mundo. Comprendí que anhelaba algo.

– ¿Cuál puede ser el deseo de tu Corazón? –pregunté-. Él se inclinó hacia mí con indescriptible amor y me dijo:

–Si el mundo reconoce al Hijo como Rey, es justo, correcto y propio que la Madre del Hijo reciba el honor de Reina. Es por esto que Yo quiero que mi Madre Inmaculada sea reconocida por todo el mundo como la Victoriosa Reina del Mundo. ¡Este reconocimiento debe ser proclamado abierta y solemnemente!

Cuando el Salvador dijo “solemnemente” vi que de una brillante nube salió una maravillosa procesión. No puedo describirla en detalle, porque era una procesión celestial y el lenguaje humano no es apto para describir las cosas celestiales. Jesús, sin embargo, la miró con gozo. Vi entonces que los ángeles llevaban un trono celestial y sentada en el trono como una reina, a la Santísima Virgen. Llevaba un real manto y una triple corona. La corona tenía una referencia especial a la Santísima Trinidad, ya que la Virgen es al mismo tiempo hija, esposa y madre de Dios.

La Virgen María tenía el cetro de Reina en la mano derecha y una esfera en la izquierda. En la esfera estaba sentado el Niño Jesús, también en pompa real, pues sobre la cabeza de Jesús vi también una corona. En la mano izquierda del Niño había una pequeña cruz, que Él apretaba a su Corazón y en su mano derecha el real cetro. La procesión iba acompañada por una música maravillosa.

De repente, la visión de la procesión desapareció y vi otra vez a Jesús como Rey. A su derecha estaba su Madre como Reina del Mundo. Entendí que la procesión celestial era la precursora de esas otras muchas procesiones que vendrían a celebrar a María como Reina en todo el mundo: en pueblos y en aldeas, por los campos y las montañas, en los hogares y en los corazones, como la Victoriosa Reina del Mundo.

Durante esta visión, el Salvador me hizo saber que esta solemne fiesta sería celebrada durante el reinado del Papa Pío XII (esto ocurrió en 1954 durante el Año Mariano) Además Jesús me hizo saber que Él bendeciría está fiesta de una manera especial. Los sacerdotes escogidos para promover esta devoción sufrirían mucho y serían humillados. Pero Jesús prometió su ayuda a esos sacerdotes. “Estaré con ellos en sus sufrimientos –me dijo-, y mientras decía esto, puso su mano derecha en su Corazón y la levantó para bendecir: la gracia fluía como un río sobre las almas escogidas de esos sacerdotes.

Entonces vi cómo su mirada se posaba sobre mi padre confesor y entendí lo que le dijo: “Las bendiciones de mi Corazón, la llama de mi Amor y la fuerza de mi Voluntad estarán con mis sacerdotes fervientes; ellos serán la escalera por la que mi Madre Inmaculada subirá hasta el trono de su gloria como la Victoriosa Reina del Mundo”.
La sociedad de María
Entendí también que Jesús deseaba establecer una nueva congregación religiosa con el nombre de la “Sociedad de María”. Entendí que esto debía comunicarse lo más pronto posible a los sacerdotes: ésta era la voluntad de Dios para salvar almas.

Vi que la devoción universal a la Santísima Virgen como la Victoriosa Reina del Mundo comenzaría en Hungría. Me di cuenta que el Salvador ardientemente deseaba que se estableciera esta devoción. Con esto, el Padre celestial quiere probarle al mundo que la Santísima Virgen, como Reina del Mundo, será victoriosa sobre el mundo, el pecado y el infierno.

Después de esto el Salvador me dijo que Él concedería la paz prometida al mundo sólo si se extiende por todo el orbe la devoción a su Madre Inmaculada como Reina del Mundo y se establece la Orden de María. También vi que hablando de paz el Salvador no se refería a la paz que seguiría a la Segunda Guerra Mundial, sino a la que vendría después de la purificación del mundo.

La palabra “paz” tiene un significado muy profundo y secreto y por esto, cada vez que la escuchaba de los labios de Jesús, un mar de luz irradiaba de su boca y mi alma se llenaba de indecible felicidad. No me sentí digna de preguntarle sobre este secreto.
La Trinidad y la Virgen María
Un sábado primero de mes el Señor me dio una nueva gracia. Me enseñó a un sacerdote que trabajó en la propagación de la devoción a la Victoriosa Reina del Mundo. El fervor de este hombre consagrado fue tan grato a Jesús que Él se unió a este sacerdote. Jesús dijo a los ángeles del cielo: “Vengan a ver lo que estoy dispuesto a hacer si un alma me lo pide”.

Entonces apareció la Santísima Virgen como Reina del Mundo. Se veía muy joven; en su cabeza brillaba una real corona y sus pies estaban cubiertos con nubes brillantes. La vi que bendecía al mundo. El mundo estaba ceñido con una corona de espinas en la cual había un lirio (uno de los títulos de María es: Lirio entre las espinas). A la derecha de la Santísima Virgen estaba Jesús y a la izquierda el Padre, y sobre ellos revoloteaba el Espíritu santo. Una luz maravillosa irradiaba de la Santísima Trinidad hacia la Santísima Virgen. María extendía sus brazos sobre la tierra como protegiéndola; el brazo izquierdo de Jesús y el brazo del Padre se extendían sobre las manos de María, como para comunicarle su poder. La Santísima Trinidad bendijo al mundo por las manos de María. En el momento de esta bendición, como irradiando de las manos de María apareció en letras grandes y brillantes la palabra PAX (paz).

Pero la palabra no llegó al mundo, sino voló sobre la mano derecha de Jesús y se quedó flotando allí. Por esto entendí que si bien es la Santísima virgen la que debe preparar la paz para el mundo, cuando Ella termine su misión, Ella lo entregará todo a Jesús. A su vez Jesús, dará la paz al mundo sólo cuando “llegue la hora”. Este es el secreto de los últimos tiempos, el secreto de la era más feliz que está por llegar.
El canto de los ángeles
Mientras la Santísima Virgen daba su bendición al mundo, escuché el canto de los ángeles y los santos: “¡Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo, a través de la Santísima Virgen, la Victoriosa Reina del Mundo, ahora y por siempre. Amén, aleluya!”

Entendí que este canto es una oración maravillosamente poderosa, si el alma la entona incesante e interiormente con sinceridad y total abandono. Jesús me hizo saber también que Él derramará gracias especiales sobre las almas que trabajen sin descanso para promover la devoción a la Victoriosa Reina del Mundo.
¡Arrepiéntanse y hagan reparación!”
Poco después, volví a ver a la Santísima Virgen junto con la Santísima Trinidad. Ella vestía un real atuendo. Bajo sus pies estaba el mundo como un globo. Su figura era majestuosa. Irradiaba una gran humildad y sin embargo era una majestuosa reina. Sus facciones eran tiernas e infinitamente amorosas, pero al mismo tiempo maravillosamente serias. Llevaba un vestido blanco como la nieve, con un lazo azul alrededor de su cintura. Sobre su vestido tenía un manto escarlata con una brillante hebilla dorada; del manto flotaba un velo azul turquesa. Supe que la brillante hebilla dorada representaba su especial relación con la Trinidad. Su cabello castaño estaba partido por el medio y cubierto también con un velo transparente. Llevaba una tiara en la cabeza. En su mano izquierda tenía un cetro y levantó su derecha para bendecir. Las gracias fluían de su mano como una luz que iluminaba el mundo entero, especialmente Hungría, pero fluía ante todo sobre la ahora sufrida y perseguida Iglesia. Bajo su pie vi aplastada la cabeza de la serpiente que se enroscaba alrededor del mundo en una derrota total. La alegría de la Santísima virgen irradiaba como luz hacia la Santísima Trinidad, que aparecía tenuemente en las alturas. Entonces Ella se volteó hacia mí con amor maternal y lentamente me dijo: “¡Haz reparación! ¡Haz reparación! ¡Haz reparación! Porque sólo de este modo serás merecedora de gracias”.
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