Sor maría natalia magdolna






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Acerca de la naturaleza
– ¡Mis queridos hijos sacerdotes! No deben pensar que es la naturaleza la que les provee su pan de cada día y todo lo que necesitan para sostener su cuerpo. No deben dar las gracias a la naturaleza, que es simplemente una servidora, sino al Dueño de la naturaleza. Cuando esta vida terrestre termine para ustedes, la naturaleza ya no tendrá ningún significado. Si hacen de la naturaleza su dios, morirán junto a ella para siempre. ¡Cuidado, no sean víctimas de la naturaleza! Me deben ver a Mí en todo. Vean mi Belleza en la belleza de la naturaleza. Cuando se recreen en su belleza, recréense en Mí, porque Yo soy el principio y el fin de todas las cosas, soy el origen del universo y nada se ha creado sino por Mí.
A un sacerdote arrepentido
– Yo, Jesús, soy la alegría y la felicidad eterna. Tú, mi querido hermano sacerdote, Me encontraste de nuevo a pesar de las oscuras nubes de la vida terrenal. Te he estado buscando por largo tiempo y te llamaba, pero tú antes no Me podías encontrar. Ahora Me has encontrado a Mí y Yo a ti. ¡Eres mío! Consérvate leal a Mí siempre, porque Yo te amo mucho. ¡Ven a Mí con confianza y no tengas miedo! Te envuelvo en mi Corazón. Infundiré en tu alma mi amor, mi eterna felicidad y mi santa paz. Te bendigo con mi fuerza divina, de manera que Me puedas amar con todo tu corazón y así ayudarme en la salvación de las almas.
Cómo ayudar a los agonizantes
– ¡Sacerdotes míos que me aman y están dispuestos a dar incluso sus vidas por Mí, escúchenme! Si los llaman junto al lecho de un moribundo cuya alma está a punto de dejar su cuerpo, no se molesten ni se quejen. ¡Dejen a un lado todo y corran a salvar esa alma!
Las palabras de la Sangre redentora
– ¡Sacerdotes míos! Ahora les habla la sangre que fue derramada en la cruz para salvar las almas, almas ahora confiadas a su cuidado. Esta Sangre omnipotente los purificó y santificó a ustedes también. De la misma manera ustedes deberán limpiar y hacer santas esas almas que deposité en sus manos en el instante de su consagración sacerdotal. Comuníquenles el secreto de su redención para que puedan venir hacia Mí, a donde estoy esperándolas. Les pido por mi Sangre redentora que no dejen que se pierdan las almas confiadas a su cuidado:

¡Ofrézcanles el agua-que-da-vida, porque tienen sed de Mí!

¡Ofrézcanles el Pan de vida, porque tienen hambre de Mí!

¡Denles el descanso, porque están cansadas de buscarme!

¡Díganles palabras de consuelo, porque el mundo las tortura!

¡Enséñenles a orar, porque están secas como el desierto!

¡Cúrenlas con la medicina del Cielo, porque el pecado las ha herido!

¡Enséñenles el camino de la libertad, porque el maligno las tiene atrapadas!

– ¡Sacerdotes míos! Para salvar a un alma deberán renunciar al mundo, con todos sus bienes pasajeros; renuncien a sí mismos. Llenos de santa esperanza, vuélvanse a Mí en el momento de la partida de un alma. Yo estoy escuchando su fiel llamada y con nuestras fuerzas unidas podemos vencer a la bestia infernal. ¡Confíen en Mí! ¡Aún aquellos que en el momento de su muerte se están dirigiendo a la perdición eterna, pueden alcanzar la vida eterna por la fuerza de sus santas oraciones!
Escuchen mi llamado”
–Hija mía, ¡amo tanto a mis sacerdotes que pienso en ellos día y noche! Soy totalmente de ellos en el momento de la consagración de la santa Misa. Estoy a su lado en la dura tarea de su vida diaria y en sus diarios sufrimientos, y sin embargo, muchas veces ellos Me ignoran. Se colocan antes que Yo. Piensan que son más importantes que Yo. Les hablo, pero no Me escuchan; se aman sólo a sí mismos. Se tapan los oídos con el fango de la egolatría, la ambición, la vanidad, los celos, el orgullo y la altanería. De esta manera se ciegan y viven la vida, que les di como un regalo, en la ceguera y la sordera.

– ¡Sacerdotes míos, mis queridos sacerdotes! Escuchan mi llamada, vengan a Mí. Dejen el camino obscurecido por el humo del infierno. ¡Conviértanse, porque el tiempo se está acortando! Si Me pierden a Mí, nadie los podrá ayudar ya.
Aceptaré sus plegarias”
Estaba rezando por los sacerdotes y por la Iglesia, cuando de repente nuestra santa Madre me habló:

–Mi querida hija, tus plegarias son bien recibidas. Vengo presurosa para librar a la Iglesia de sus ataduras y para salvar a aquellas almas sacerdotales que se encuentran en peligro de perderse. Bendije tus oraciones y tus sacrificios con mi Corazón Inmaculado y de este modo muchas almas arrepentidas han aceptado las gracias de mi Hijo.

Supe por Ella que por medio de mi penitencia muchas almas se habían arrepentido, no solamente en Hungría sino en otras partes del mundo.
La proximidad de los tiempos terribles
– ¡Hijos míos sacerdotes! Ahora mi Corazón se dirige a sus corazones: Vendrá un tiempo como nunca se ha visto antes en la tierra. Oren sin cesar por las almas y por ustedes mismos, para que el Padre celestial acorte estos sufrimientos, que no permita que perezcan aquellos que con sus plegarias y sacrificios mantienen al mundo. ¡Pidan misericordia!

–Les digo una y otra vez: “Aunque Yo retrase mi venida, porque estoy esperando que se conviertan algunos de mis hijos sacerdotes, ustedes no pueden demorarse en su tarea. Con cada minuto de demora, se alargan los sufrimientos de las almas. En cambio, cada conversión sin retraso, es una victoria para el Cielo”.
El Mediador
Le dije a Jesús:

–Señor, ¿por qué hablas a través de mí a tus sacerdotes?

–Tú no me has escogido a Mí, más bien Yo te he escogido a ti. Tu ofrecimiento incondicional y tu celo hicieron mi elección más fácil. Tú eres mi altavoz, para que muchos puedan oírme, entiendan mis palabras y hagan mi voluntad.
IV

ENSEÑANZAS DE JESÚS A SOR NATALIA
1. ACERCA DE LA FE
Lo que es necesario para una vida mística
Una vez Jesús me dijo: “La vida de todo hombre viene del soplo de Dios y este soplo es el alma que mantiene la vida. Si Dios toca el alma, se encuentra Consigo mismo pues está unido Consigo en amor. El cuerpo es sólo un vehículo. Cuando Dios se encuentra a Sí mismo en un alma, el alma siente que el cuerpo ya no existe”.

De esta manera entendí que la vida es el soplo de Dios. Yo no me encuentro con Dios, sino que es Dios quien se encuentra Consigo mismo cuando Él toca mi alma.

Otra vez le pregunté a Jesús si en la santa Comunión Dios está dentro de nosotros o nosotros estamos en Dios. “Las dos cosas –me contestó Jesús-. Mi Cuerpo y mi Sangre están en ti. Yo vivo en ti y tú vives en Mí”.
La Madre de la Iglesia
Otra vez Jesús me dijo: “A través del bautismo cada uno puede recibir la gracia de experimentar a Dios en su vida. Satanás no puede saber lo que está sucediendo entre el hombre y Dios, porque no puede leer nuestro pensamiento. Él sólo observa a la persona y trata de adivinar por su expresión facial lo que le está pasando. Si lee maldad en su semblante, él está seguro de que la victoria es suya”.

En esta lucha debemos recordar lo que dice la Biblia: “Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y su linaje: ella aplastará tu cabeza, mientras tú acechas su calcañar (Gn 3, 15). La Santísima Virgen María se convirtió en la Madre de la Iglesia para cuidar siempre a sus hijos. Ella no pide más de lo que cualquier madre normalmente les pide a sus hijos: fe y confianza.
La unión con Dios
Dijo también Jesús: “Ustedes no deben estar tan ansiosos acerca del destino de los difuntos. Si quieren orar por ellos, sólo digan: ¡Jesús mío, yo no me inquieto por esta alma, confío en tu misericordia y bondad. Hágase tu voluntad; Tú sabes cómo quería esa alma! Ni tampoco deben estar angustiados de cómo hacerse santos. Sólo ámenme y sumérjanse en Mí. Piensen siempre en Mí y háblenme. Traten de encontrarme en cada momento de su vida. Yo soy el único que puedo hacerlos santos. Si ustedes viven así, lo que recibirán de Mí sobrepasará todas sus expectativas. La esencia de la unión Conmigo es el saber que Yo soy para el alma y el alma es para Mí”.
¿Dónde está Jesús?
Una vez que estaba totalmente agotada, sentí que Jesús no estaba conmigo. Asustada empecé a llorar y a llamar:

–Jesús mío, ¿dónde estás?

Entonces Jesús me contestó:

–Yo estoy siempre donde tú estás, pero tú no siempre estás donde Yo estoy.

–Jesús mío, ¡benditas sean tus palabras!
La santa Misa
Me había dado cuenta cómo en el purgatorio las almas están sedientas de la Sangre de Jesús. Le pregunté a Jesús de esto y Él me dijo:

–Mientras en la tierra se siga celebrando una sola santa Misa, mi Sangre seguirá cayendo abundantemente sobre la humanidad y las almas serán purificadas. La plenitud de este misterio es conocido sólo por la Santísima Trinidad y permanecerá un misterio hasta que la última persona deje la tierra.

–Jesús mío, ¿y qué pasará si solamente una santa Misa es celebrada en la tierra?

–Aún entonces mi Sangre será derramada abundantemente en las almas, tanto en la tierra como en el lugar de la purificación.
El amor de Jesús para los pecadores
Una noche, mientras conversaba con Jesús, al ver cómo amaba a los pecadores, le pregunté:

– ¿Hay algo en el cielo o en la tierra que pueda hacerte rechazar a los pecadores?

–Solamente el pecador puede hacer esto –me contestó-. Por lo demás, no hay poder en la tierra o en el cielo que pueda desviar mi amor misericordioso. Queridos hijos, todas las vidas tienen valor si éstas se viven en Dios. Pero como la naturaleza humana está inclinada a la maldad, ustedes deben confiar en mi amor misericordioso. Constantemente perdonaré sus fragilidades. Cuando su fragilidad los lleva al pecado venial (aquí enfatiza que Él no habla de pecados mortales) y ustedes sienten un sincero arrepentimiento por ellos y vienen a Mí, Yo los besaré, no por cometerlos sino por su contrición. Si ustedes caen diez veces al día, les daré diez besos por arrepentirse.
Lo más importante acerca de la perfección
Una noche le dije a Jesús al levantarme:

–Aquí estoy, Señor, para velar Contigo.

–No es importante lo que tú hagas –me contestó-, lo importante es que tú siempre estés Conmigo.

Leí un día en la Sagrada Escritura: “Sean perfectos” (Mt 5, 48), y, volviéndome a Jesús, le dije:

–Mi buen Jesús, ¿cómo puedes pedirnos semejante cosa? ¿Cómo podemos nosotros ser perfectos, cuando estamos agobiados de fragilidades y pecados?

–Si un alma vive en Mí –me contestó-, entonces Yo soy la perfección en ella.
Fiat
Jesús me dijo:

–En la tierra Yo repetí muchas veces: “Padre, hágase tu voluntad”, por lo tanto ustedes no tienen otra tarea más que repetir lo que Yo dije. Lo que Yo hice como hombre, lo hago aún ahora en mi Divinidad.

Cuando Jesús me dijo “en mi Divinidad”, Él me dio a conocer el significado profundo de esta palabra. Con su infinita gracia pude entender cómo Él constantemente vive este Fiat, al que frecuentemente se refiere. En el momento en que Él dice este Fiat, vi que su Humanidad y su Divinidad lo dicen simultáneamente. Vi claramente que la voluntad de Dios sería llevada a cabo aunque Él no hubiera creado ninguna creatura. Vi que el Fiat de Dios no tiene principio ni fin. Este Fiat es la encarnación de su voluntad, lo cual no es nada más que amor. Vi que este Fiat es un hilo que conecta a las creaturas y tiene dos líneas separadas, hechas por el poder de Dios y su voluntad. En relación a las almas esto significa: salvación eterna o condenación eterna. Sin embargo, mientras Dios pronuncia libremente el Fiat de la salvación eterna, pronuncia con renuencia, como si algo lo forzara, el Fiat de la condenación eterna. Con relación al Fiat de la salvación, Jesús me dijo:

–Hija mía, quería mostrarte cómo el alma debe llevar a cabo este Fiat. Si un alma lo dice, no solamente con palabras sino con su vida entera, entonces Yo me uno a ella en la misma manera como las Tres Personas de la Trinidad están unidas. Si Yo Me uno de este modo con un alma, tales almas no quieren saber, ver, poseer, amar ni gozar nada fuera de Mí. Si esas almas me son leales, Yo me comunicaré con ellas. En tal comunicación pueden conocerme a Mí como Yo Me conozco a Mí mismo. Tal alma verá y gustará del Cielo ya que Yo soy el Cielo mismo y donde sea que Yo esté y viva, allí encontraré gloria. Yo compartiré mi felicidad y gozo con los que son mi gloria. Los que vivan el Fiat experimentarán un gozo especial que reflejarán. Sin mi gozo, hasta un alma, ardiendo en el fuego de mi amor, puede perder su disposición espiritual y su tranquilidad.

Acerca del gozo, el Señor no quiso hablar del gozo mundano y pecaminoso sino del gozo del Cielo, santo, lleno de paz y tranquila serenidad, que da calor al corazón y se irradia a los demás. Este gozo puede fortalecer el alma y la llevará más cerca de Dios.

Yo soy un alma indigna, al vivir la realidad de este gozo, no por mi mérito, sino por la gracia de Dios. Experimenté a Dios en la parte más recóndita de mi alma. Jesús me lo explicó para que yo pudiera comunicarlo a los demás. Nunca había oído esto antes y soy inexperta en comunicar tales experiencias: por eso estoy un poco reacia a hablar de ello, porque tengo miedo que se me mal interprete.

Jesús me enseñó cosas maravillosas acerca del alma humilde. Un alma humilde casi fuerza a Dios a bajar hacia ella. Si un alma es verdaderamente humilde, Dios no puede resistir a su llamado. El secreto de los secretos es: ver todas las cosas en Dios, y entonces tú serás capaz de hacer todas las cosas con Dios. ¡Mundo insensato! ¡Hombres insensatos! ¿Cómo pueden buscar alguna cosa fuera de Dios? ¿Por qué Dios no les basta?
2. LA PERFECCIÓN DE LAS VIRTUDES
Jesús dijo: “No debes pensar que Yo hago una excepción contigo. No. Yo derramo mi gracia abundantemente en todas las almas. Su única tarea es reconocerla”.

Jesús en su infinita bondad muchas veces tocó mi alma con la ternura de una madre que se inclina sobre sus hijos. En estas ocasiones trato de esconderme al reconocer mi mezquindad y quisiera convertirme en nada. Y cuando trato de esconderme en mi miseria, Jesús se me acerca y me trata aún más tiernamente. Él me subyuga y me instruye con amor sobre las cosas divinas. Algunas veces Él quiere que yo escriba lo que oigo y que lo comparta con los demás. Esto es lo que estoy haciendo ahora. Me es doloroso por mi miseria y obedezco aunque muy imperfectamente”.

En el otoño de 1942, al estar en mi corazón, el Señor me enseñó lo siguiente: “Hay tres cosas necesarias en las que Yo puedo construir mi trono en un alma en breve tiempo. Esas tres cosas son las siguientes: el cristal, un par de alas y una partícula de polvo. Me gustaría que mis sacerdotes, especialmente los que dirigen almas, hablaran con frecuencia de estas tres cosas”.
El cristal
–El cristal –dijo Jesús- simboliza no solamente la limpieza del cuerpo, sino también la limpieza del corazón y del alma. El alma debe estar limpia no sólo de pecados mortales, sino también de los veniales. Es más, el alma debe estar limpia de malas intenciones y de negligencias. La infidelidad, aun en las cosas de poca importancia, también mancha el alma. Para alcanzar esta limpieza son necesarias cuatro cosas:

1. Negar al cuerpo todo lo que sea un placer desordenado.

2. Limpiar el corazón del apego a aquellas cosas que no se originan en el amor de lo sobrenatural.

3. Alejarte de toda cosa que te conduzca a hacer el mal.

4. Alejar de tus pensamientos lo que es terrenal, todas las preocupaciones del pasado, presente y futuro, porque todo esto empaña el alma y Me impide unirme a ella.
Un par de alas
–Estas simbolizan la libertad del alma. El alma debe estar libre del cuerpo, del amor de las creaturas, del mundo y al mismo tiempo estar llena de cosas santas. El alma debe estar libre hasta del deseo de guiarse a sí misma, porque Yo puedo elevar solamente a un alma verdaderamente libre.
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