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103

xv
Crawford se despertó de un sueño profundo una hora antes de que amaneciera. Vio ¿ cuarto oscuro y sintió ¿ amplio trasero de su esposa cómodamente apoyado contra sus riñones. No supo por qué se había despertado hasta que ¿ teléfono sonó por segunda vez. Lo encontró sin dificultad.
—Jack, soy Lloyd Bowmnan. Resolví la dave. Es preciso que sepa ahora mismo lo que dice.
—Muy bien, Lloyd -Crawford buscó con los pies sus pantuflas.
—Dice: Domicilio Grahamn Marathon, Florida. Sálvese. Mátelos a todos.
—-Maldición. Tengo que ir.
Lo sé.
Crawford se dirigió a su escritorio sin detenerse a buscar su bata. Llamó d05 veces a Florida, una al aeropuerto y luego a Graham, a su hotel.
—-\Vill, Bowmnan acaba de descifrar la dave.
—-Qué dice?
—-Te lo diré enseguida. Pero ahora escúchame. T0d0 está bien. ide he encargado de ello, por lo tanto no cuelgues cuando te lo diga.
—-Dftnelo ya mismo.
—-Es tu dirección. Lecter le dio a ese degenerado tu dirección. Espera, \Vill. Dos coches de la policía están ya camino de Sugarloaf. La lancha de la Aduana de Marathon se dirige hacia allí. El Duende Dientudo no ha tenido tiempo todavía de hacer nada. Espera, no cortes. Puedes moverte más rápido si yo te ayudo. Escucha lo que voy a decirte.
»Los agentes no van a asustar a Molly. Los automóviles cerrarán el camino que lleva a la casa. Dos hombres se acercarán lo suficiente como para poder vigilarla. Puedes decírselo cuando se despierte. Te pasaré a buscar dentro de media hora.
—-Ya me habré ido.
—-El próximo avión hacia allí no sale hasta las ocho. Iviás rápido será hacerlos venir aquí. La casa de mi hermano en Chesapeake está disponible. Tengo un buen plan, \Vill, espera a que te lo cuente. Si no te gusta, yo mismno te llevaré al avión.
—-Necesito algunas cosas del arsenal.
—-Las buscaremnos cuando pase por ti.
Molly y Willy estaban entre los primeros que bajaron del avión en el aeropuerto Nacional de MTashirigton. Ella divisó a Graham entre el gentío, no sonrió, pero se dio vuelta hacia Willy y le dijo algo mientras caminaban rápidamente adelantándose a la oleada de turistas que volvían de Florida.
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Lo miró de arriba abajo, se acercó y le dio un rápido beso. Sus dedos bronceados y fríos le tocaron su mejilla.
Graham sintió que ¿ niño lo observaba. Willy le estrechó la mano sin acercarse.
Graham bromeó respecto al peso de la valija de Molly mientras caminaban rumbo al automóvil.
—Yo la llevaré —-anunció Willy.
Un Chevrolet marrón con patente de Maryland se ubicó detrás de ellos cuando salieron de la playa de estacionamiento.
Graham cruzó ¿puente en Arlington y les señaló los monmnentos comnernorativos de Lincoln y Jefferson y el de George Washington antes de tornar rumbo al este en dirección a la bahía Chesapeake. Después de haber recorrido veinticinco kilómetros desde Washington, ¿ Chevrolet marrón se les puso a la par por ¿ carril interno. El conductor miró hacia ellos cubriéndose la boca con la mano y una voz extraña resonó en el interior del automóvil.
—-Fox Edward, no hay moros en la costa. Buen viaje.
Graham buscó ¿ micrófono oculto bajo ¿ tablero.
—-Entendido, Bobby. Muchas gracias.
El Chevrolet quedó nuevamente atrás y se encendieron sus luces de giro.
—Sólo para estar seguro de que ningún periodista o lo que sea nos seguía —-adaró Graham.
—-Comprendo —-respondió Molly.
Ya entrada la tarde se detuvieron en un restaurante junto al camino y comieron cangrejos. Willy Lic a inspeccionar la pileta de las langostas.
—-Lo siento, Molly, no me gusta nada —-dijo Grahamn.
a ti a quien busca ahora?
—-No tenernos motivos para pensarlo. Lecter se lo sugirió. Lo instó a hacerlo.
—-Es una sensación opresiva, desagradable.
—-Lo sé. Tú y Willy estaréis seguros en casa del hermano de Crawford. Nadie, a excepción de Crawford y yo, sabe que están allí.
—-Preferiría no hablar de Crawford.
—-Verás que lindo lugar es.
Molly inspiró hondo y cuando soltó ¿ aire toda su furia salió con él, quedando descansada y tranquila. Lo miró con una sonrisa aviesa.
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-Caray, qué rabieta me dio allí. ¿Tendremos que convivir con algún Crawford?
—No -corrió la caja de las galletitas para tomarle la mano-. ¿Qué es lo que sabe \Villy?
—Bastante. La mamá de su amigo Tonnny tenía en su casa un pasquín que trajo del supermercado. Tommny se lo mostró a MTiily. Había un gran artículo sobre ti, aparentemente bastante tergiversado. Sobre H0bb5, ¿lugar adonde estuviste después, Lecter, todo. Lo perturbó. Le pregunté si quería que conversáramos sobre eso. Pero se lirnitó a preguntarme si yo lo sabía desde antes. Le contesté que sí, que tú y yo habíamos conversado sobre eso una vez, que me habías contado todo antes de casarnos. Le pregunté si quería que yo se lo contara, como Lic de veras. ide dijo que te lo preguntaría directamente a ti.
—Me alegro. Bien por él. ¿Qué era, ¿ Tattler?
——No sé, creo que sí.
—-Muchas gracias, Freddy.
Una ola de furia por Freddy Lounds lo hizo levantarse de su asiento. Se lavó la cara con agua fría en ¿ baño.
Sarah estaba diciéndole buenas noches a Crawford en la oficina cuando sonó ¿ teléfono. Dejó la cartera y el paraguas para contestarlo.
—-Oficina del agente especial Crawford... No, ¿ señor Grahamn no está en la oficina, pero permítame... Espere, será un placer... Sí, estará aquí mañana por la tarde, pero permítamne...
El tono de su voz hizo que Crawford se acercara a su escritorio.
Sarah sujetaba el receptor como si hubiera muerto en su mano.
—-Preguntó por WiU y dijo que tal vez llamnara mañana por la tarde. Traté de retenerlo.
—Quién era?
—-Me dijo «Dígale simplemente a Graham que era el Peregrino». Así es como el doctor Lecter llamnó...
—-Al Duende Dientudo —-acotó Crawford.
Graham Lic al mercado mientras Molly y MTilly vaciaban sus valijas. Compró melones y moras maduras. Estacionó el automóvil en la vereda de enfrente de la casa y se quedó sentado durante unos minutos sujetando la dirección. Tenía vergüenza de que por culpa de él Molly hubiera tenido que abandonar la casa que amaba y tuviera que instalarse en una ajena.
Crawford había hecho lo más que podía. Esa casa no era uno de esos refugios federales en los que los brazns de los sillones estaban desteñidos por la transpiración de las manos. Era un chalet simpático, recién pintado, con flores junto a la escalera de entrada. Era el producto de manos cuidadosas y un espíritu ordenado. El jardín de atrás descendía hacia la bahía de Chesapeake y había un bote inflable.
La luz azul verdosa de la televisión se veía a través de las cortinas. Grahamn sabía que Molly y Willy estaban mirando un partido de basebail.
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El padre de Willy había sido jugador de baseball, y muy bueno. El y Molly se conocieron en ¿ ómnibus del colegio y se casaron antes de terminar los estudios.
Hicieron una gira por Florida con un equipo mientras estaba contratado por ¿ de los Cardirials. Llevaron a Willy con ellos y lo pasaron maravillosamente bien. El equipo de los Cardinals le dio la oportunidad de formar parte de la primera división y sus d05 primeros partidos confirmaron la confianza depositada en él. Pero después empezó a tener dificultades para tragar. El cirujano trató de extirparle todo, pero hizo una metástasis y eso lo liquidó. lvlurió al cabo de cinco meses, cuando Willy tenía seis meses.
MTilly seguía mirando los partidos de basebail siempre que podía. Molly los veía cuando estaba perturbada.
Graham no tenía llave. Golpeó a la puerta.
—Yo abriré —-dijo Willy.
—-Espera —-Molly espió por las cortinas—-. Está bien.
MTilly abrió la puerta. Tenía en su mano y apretado contra la pierna, un pesado garrote.
La vista de ese objeto irnpresionó penosamente a Graharn. El chico debía de haberlo traído en su valija. Molly agarró la bolsa del mercado.
——Quieres un poco de café? Hay giri, pero no es la marca que te gusta.
Cuando se Lic a la cocina Willy le propuso a Grahamn salir afiera.
Desde ¿porche de atrás podían ver las luces de posición de las embarcaciones andadas en la bahía.
—-Will ¿hay algo que debo saber para cuidar bien a mamá?
—-Ambos están seguros aquí, Willy. ¿Recuerdas ¿ automóvil que nos siguió desde ¿ aeropuerto para comprobar que nadie sabía adonde íbamos? Nadie puede averiguar dónde estás tú y tu madre.
—-Ese maniático quiere matarte, verdad?
—-No lo sabernos. Pero no me sentía tranquilo al enterarme de que él sabía dónde estaba mi casa.
—-Vas a matarlo?
Graham cerró duramente un instante los ojos.
—-No. lvii trabajo consiste en encontrarlo. Luego lo confinarán en un hospital de insanos para poder asistirlo y evitar que lastane a más personas.
—-La madre de Tommny tenía un diario, Will. Ahí decía que tú habías matado a un tipo en Minnesota y que estuviste en una dínica de locos. Yo no lo sabía. ¿Es verdad?
—Sí.
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—Empecé a preguntirselo a mamá, pero preferí preguntirtelo a ti.
—Me gusta que me lo hayas preguntado directamente a mí. No era solamente un hospital para locos; tratan a toda dase de enfermos —la distinción parecía importante—. Yo estaba en ¿ ala de psiquiatría. ¿Te molesta saber que estuve allí. Porque estoy casado con tu madre?
—Le dije a mi padre que cuidaría de ella. Y lo haré.
Graham sintió que tenía que contarle lo suficiente a Willy.
Pero no quería decirle demasiado.
Las luces de la cocina estaban apagadas. Pudo ver la borrosa silueta de Molly detrás de la puerta de alambre tejido y sintió ¿peso de su opinión. Al hablar de todo eso con Willy se estaba jugando ¿ corazón de Molly.
Era evidente que Willy no sabía qué otra cosa debía preguntarle. Graharn lo hizo por él.
—El hospital fue después del asunto de H0bb5.
——Le disparaste?
—Sí.
—Cómo ocurrió?
——Para empezar, Garret H0bb5 era loco. Atacaba a chicas del colegio y... las mataba.
—Cómo?
—-Con un cuchillo; fmalinente, encontré una pequeña esquirla de metal en la ropa de una de las chicas. Era una ‘Aruta como las que quedan al recortar un caño. ¿Recuerdas cuando arreglarnos la ducha de afuera?
»Yo estaba examinando a una cantidad de calefaccionistas, plomeros y otras personas. Me tomó mucho tiemnpo. H0bb5 había dejado una carta renunciando a su trabajo en una compañía constructora a la que estaba inspeccionando. La vi y me pareció... rara. No trabajaba en ninguna parte y tuve que buscarlo en su casa.
»Estaba subiendo la escalera del departamento de H0bb5. Me acompañaba un policía uniformado. H0bb5 debió habernos visto llegar. Estaba a mitad de camino cuando empujó a su esposa por la puerta y cayó rodand° muerta por las escaleras.
—La había matado?
—-En efecto. Entonces le pedí al oficial que me acompañaba que llamara a SWAT para pedir ayuda. Pero en ese momento oí a unos chicos adentro del departamento y enseguida unos gritos. Quise esperar, pero no pude.
—Entraste al departamento?
—Sí. H0bb5 había agarrado a su hija por detrás y tenía un cuchillo. La estaba apuñalando. Y entonces le disparé.
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—La chica murió?
No.
—Se curó?
—Después de un tiempo. Ahora está perfectamente bien.
\Viily digirió lentamente y en silencio todo eso. Se oía ¿ débil sonido de música proveniente de un barco dado.
Graham podía obviar ciertos detalles en beneficio de Willy, pero no le fue posible evitar revivirlos otra vez.
Omitió contarle que la señora H0bb5, apuñalada numerosas veces, se aferraba a él en ¿ rellano de la escalera. Que al comprobar que había muerto y al escuchar los gritos que provenían del departamento, se libró de esos dedos ensangrentados y empujando con su hombro abrió la puerta. Que H0bb5 sujetaba a su propia hija y que con ¿ cuchillo le tajeaba ¿ cuello, y cómo ella se defendía con la cabeza colgando, mientras la 38 lo perforaba sin que se desplomara ni dejara de tajearla. Que H0bb5 estaba sentado en ¿piso llorando y su hija gemía. Que al sostenerla comprobó que H0bb5 le había seccionado la tráquea pero no las arterias. Que la muchacha lo miraba con enormes ojos ‘Adriosos y luego miraba a su padre sentado en ¿piso, que lagrimeaba y decía «Ven? ¿Ven?» hasta caer muerto. Ahí Lic cuando Grahamn perdió la fe en las 38.
—MTilly, ese asunto de H0bb5 me preocupó mucho. Sabes, lo conservaba en mi mente y lo repasaba una y otra vez. Llegó un momento en que no podía pensar en otra cosa. Tenía la idea de que debía haber existido otra forma en que hubiera podido manejarlo mejor. Y luego no sentía ya nada más. No podía comer y dejé de hablar con todos. Tuve una gran depresión. Entonces un médico me pidió que me internara en ¿ hospital y le hice caso.
—A1 cabo de un tiempo conseguí poner cierta distancia entre los hechos y yo. La muchacha que Lic herida en ¿ departamento de H0bb5 vino a yerme. Estaba muy bien y conversamos mucho.
Finalmente lo hice a un lado y volví a mi trabajo.
tan espantoso matar a alguien aun si uno tiene que hacerlo?
—Willy, no hay nada peor en ¿ mundo entero.
—Oye, voy un momento a la cocina. ¿Quieres tomar algo, una Coca? —A Willy le gustaba llevarle cosas a Graham, pero siemnpre lo hacía aparecer como si friera accesorio a algo más que de todas formnas iba a hacer. Nunca lo hacía aparecer como un favor especial o algo por ¿ estilo.
—Por supuesto, una Coca.
—1vIamá debería salir y mirar estas luces.
Más tarde, ya de noche, Molly y Graham estaban sentados en la hamnaca del porche de atrás. Caía una fma lluvia y las luces de los barcos formnaban unos halos punteados en la brumna. La brisa que provenía de la bahía les hizo poner carne de gallina en los brazos.
—Esto puede durar bastante, no es así? —preguntó Molly.
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—Espero que no, pero es posible.
TjJ], Evelyn dijo que podía encargarse de la tienda durante esta semana y cuatro días de la próxhna. Pero tengo que volver a Marathon, por lo menos por uno o d05 días para estar allí cuando lleguen mis compradores. Podría quedarme en casa de Evelyn y Sam. Tengo que ir yo misma a Adanta para abastecermne para septiembre.
—Evelyn sabe dónde estás?
—Le dije Washington, nada más.
—Bien.
—-Qué dificil es tener algo, verdad? Dificil conseguirlo, complicado conservarlo. Este es un planeta terriblemente resbaloso.
—-Resbaloso como ¿ infierno.
—-Volveremnos a Sugarloaf, verdad?
—-Volveremos.
—-No te apures ni arriesgues demasiado. ¿No lo harás, verdad?
No.
—-Vas a regresar temprano?
Había hablado por teléfono con Crawford durante media hora.
—-Un poco antes de almorzar. Hay algo que tenemos que solucionar mañana, si piensas volver a Marathon. MTilly podría pescar lo que pasa.
—-Tuvo que preguntarte por el otro.
—-Lo sé y no lo culpo.
—-Maldito sea ese periodista ¿cómo se llamna?
—-Lounds. Freddy Lounds.
—-Pienso que tal vez lo odias. Y deseada no haber sacado el tema. Vamnos a acostarnos y te haré un buen masaje en la espalda.
El resentimiento le produjo un ligero escozor a Grahamn. Se había justificado ante un niño de once años. El chico dijo que no había nada malo en haber estado encerrado en un loquero. Ahora ella le iba a masajear la espalda.
—-Vamos a la camna, no hay problemas con Willy.
«Cuando te sientes tenso, mantén la boca cerrada si puedes».
“o

—Te dejaré soio si quieres pensar un rato -dijo ella.
El no quería pensar. De ningún modo.
—1vIasajéarne la espalda y yo te masajearé ¿ pecho —contestó.
—Adelante, compañero.
Vientos de altura barrieron la fma llovizna mÁs allá de la bahía y a las nueve de la mañana una nube de vapor se levantaba del suelo. Los distantes blancos del campo de tiro dependiente del sheriff local parecían vacilar en esa trémula atmósfera.
El jefe del campo de tiro observó con sus anteojos de largavista hasta tener la segundad de que el hombre y la mujer que estaban en el extremo más alejado de la línea de tiro cumplían con las reglas de seguridad.
La credencial del Departamento de Justicia que exhibió el hombre cuando pidió permiso para usar el campo de tiro decía «Investigador». Eso podría ser cualquier cosa. El jefe no veía con buenos ojos que personas que no eran instructores calificados de tiro enseñaran a otra el manejo de una pistola.
No obstante, tuvo que reconocer que el agente federal sabía lo que estaba haciendo.
Utilizaban solamente un revólver de calibre 22, pero le estaba enseñando a la mujer a disparar en combate desde la posición Weaver, con el pie izquierdo ligeramente adelantado y las d05 manos sujetando fuertemente el revólver con tensión isométrica en los brazos. Ella disparaba a la silueta ubicada a seis metros y medio de distancia. Una y otra vez sacó el arma del bolsillo exterior de la cartera que colgaba de su hombro. Se repitió hasta que el jefe de tiro se aburrió de mirarlos.
Una modificación del sonido de los disparos lo hizo recurrir nuevamente a los largavistas. Se habían colocado protectores para los oídos y estaban trabajando con un arma corta y pesada. El jefe reconoció el estampido de los proyectiles livianos.
Pudo ver la pistola que esgrimía en sus manos y le interesó. Caminó junto a la línea de tiro y se detuvo unos pocos metros detrás de ellos. Quería examinar la pistola, pero ése no era el momento indicado para interrumnpir. Le echó una buena mirada mientras la mujer la vaciaba de las cápsulas servidas y colocaba otras cinco de un cargador especial.
Extraña arma para un agente federal. Era un Bulldog 44 SpeciaL corto y feo, con una enorme boca. Había sido muy modificado por lvlag Na Port. El cañón estaba ventilado cerca de la boca para que no se levantara con el retroceso, el percutor estaba reforzado y tenía un par de sólidas agarraderas. Sospechaba que estaba preparado especialmente para ese tipo de cargador. Una pistola increíblemnente maligna cuando estuviera cargada con lo que tenía preparado el agente federal. Se preguntaba cómo lo soportaría esa mujer.
Los proyectiles alineados en la tarima junto a ellos ofrecían una interesante progresión. El primer lugar lo ocupaba una caja de munición liviana. Le seguía la utilizada normalmente por la policía y por último había algo de lo que el instructor había oído hablar mucho pero que rara vez había visto. Una hilera de Proyectiles de Seguridad Glaser. Los extremos parecían sacapuntas para lápices. Detrás de cada punta había una cápsula de cobre que contenía munición nrímnero doce en una suspensión de teflón líquido.
Ese liviano proyectil había sido diseñado para volar a una velocidad tremenda, incrustarse en el blanco y soltar su carga. Sus consecuencias en la carne eran devastadoras. El instructor recordaba indusive as cifras. Hasta el
111

momento noventa Glaser se habían disparado contra personas. Los noventa quedaron anulados imnediatarnente con ese solo disparo. Ochenta y nueve de ellos murieron enseguida. Un hombre sobrevivió, para asombro de los médicos. Los Glaser tenían además una ventaja en lo relativo a seguridad: no producían rebotes, y no atravesarían ninguna pared, matando al que estuviera en el otro cuarto.
El hombre se mostraba muy atento hacia ella, alentándola, pero parecía triste por algo.
La mujer había agotado ya los proyectiles utilizados por la policía y el instructor se alegré al comprobar que controlaba bien el retroceso, mantenía los d05 ojos abiertos y no vacilaba. Es verdad también que demoré casi cuatro segundos en sacar el primer cargador de su cartera, pero tres habían hecho blanco en el círculo marcado con una X. No tan malo para una principiante. Tenía habilidad.
Hacía un rato que estaba nuevamente en la torre cuando oyó el terrible estrépito de los Glaser.
La mujer disparaba toda la carga. No era una práctica común y corriente.
El instructor pensó qué demnonios verían en la silueta para que ftieran necesarios cinco Glasers para matarlo.
Graham se dirigió a la torre para devolver los protectores de oídos, dejando a su alumna sentada en un banco, con la cabeza gacha y los codos apoyados sobre las rodillas.
El instructor pensó que debería estar contento con ella y así se lo dijo. Había recorrido un largo camnino en un solo día. Grahamn se lo agradeció algo abstraído. Su expresión intrigó al instructor. Parecía un hombre que hubiera sufrido una pérdida irreparable.
112

xv’
El «señor Peregrino» le había dicho a Sarah que podría llamar tal vez durante la tarde del día siguiente. Una serie de arreglos se llevaron a cabo en ¿ cuartel general del FBI para recibir la llamada.
¿Quién era ¿ señor Peregrino? No era por cierto Lecter, Crawford lo había constatado. ¿Sería ¿ señor Peregrino ¿ Duende Dientudo? Tal vez, pensaba Crawford.
Los escritorios y teléfonos de su oficina habían sido trasladados durante la noche a un cuarto más grande del otro lado del hall.
Graham estaba parado junto a la puerta entreabierta de una cabina a prueba de ruidos. Detrás de él, dentro de la cabina, estaba el teléfono de Crawford. Sarah lo había limpiado con Windex. Sobre el escritorio de Sarah y una mesa auxiliar estaban desparramados el espectrógrafo para imprimir la voz, los grabadores y el evaluador de acento tónico y como Beverly Katz se había posesionado además de su silla, Sarah necesitaba hacer algo.
El gran reloj de la pared indicaba las 11.50.
El doctor Alan Bloom y Crawford estaban parados junto a Graham. Habían adoptado una misma posición, apoyados sobre una cadera, con las manos en los bolsillos.
Un técnico sentado frente a Beverly Katz hizo tamborilear los dedos sobre el escritorio hasta que una mirada de Crawford lo detuvo.
Sobre el escritorio de Crawford estaban instalados d05 teléfonos nuevos, una línea abierta al centro de conrnutadores electrónicos del Beil Systern (ESS) y una línea directa con la sección Comunicaciones del FBI.
—Cuánto tiempo precisa para localizar una llamada? —preguntó el doctor Bloorn.
—-Con el nuevo conmutador se hace mucho más rápido de lo que piensa la mayoría de la gente ——respondió Crawford—-. Un minuto, tai vez, si procede de un comnutador totahnente electrónico. Más si es de un lugar en donde tienen que aislar todas las paredes.
Crawford alzó la voz dirigiéndose a los que estaban en el cuarto.
—-Si es que Tlega a llamar, será breve, de modo que debernos hacerlo a la perfección. ¿Quieres que lo repasemos otra vez, Will?
——Por supuesto. Cuando lleguemos al punto en que yo hablo, quisiera hacerle un par de preguntas, doctor.
Bloom había llegado después que los otros. Tenía que pronunciar una conferencia más tarde en la sección
Comportamiento Científico, la academia del FBI en Quantico. Bloom sintió el olor a pólvora en la ropa de
Gr a ham.
—-De acuerdo —dijo Graham—-. Suena el teléfono. El circuito se completa inmediatamente y en el ESS comienza la localización, pero el generador de tono prosigue repitiendo el ruido de llamada y por lo tanto no sabe que hemos contestado. Eso nos da veinte segundos de ventaja —-señaló al técnico—-. Generador de tono a off al fmal de la cuarta llamada ¿entendido?
El técnico asintió.
113

—Final de la cuarta llamada.
——Bien, Beverly contesta. Su voz es diferente de la que él oyó ayer. No registra reconocimiento. Beverly parece aburrida. El hombre pregunta por mí. Bey dice: «Tendré que buscarlo.
¿Puede esperar un momento?» ¿Lista para eso, Bey? -Graharn pensó que sería mejor no ensayar las contestaciones. La rutina les quitaría espontaneidad.
——Muy bien, la línea está abierta para nosotros, cerrada para él. Creo que esperará más tiempo del que hablará.
——Seguro que no quiere que conectemos ¿ tono de espera? ——preguntó ¿ técnico.
——Por Dios, no.
——Lo mantenernos esperando veinte segundos y entonces Beverly interviene nuevamente para decirle: «El señor Graham viene enseguida; ya le comunico con él». Yo me pongo al habla.
Graham se dio la vuelta hacia el doctor Bloomn.
——Cómo lo encararía, doctor?
——El esperada que usted se mostrara escéptico respecto de que friera realmente el Duende Dientudo. Y0 sugeriría un escepticismo cortés. Yo haría una marcada diferenciación entre los que llaman haciéndose pasar por él y la importancia de una llamada del auténtico personaje. Los falsos son fáciles de reconocer porque no tienen la capacidad de comprender lo que ha ocurrido, ese tipo de cosas.
»Hágale decir algo que pruebe quién es ——el doctor Bloom fijó la vista en ¿piso y se refregó la nuca.
»Usted no sabe lo que él quiere. Tal vez busque comprensión, quizá lo considera a usted un adversario y quiere gozar con su sufrimiento.., ya lo veremos. Trate de descubrir de qué humor está y bríndele lo que desea, una cosa por vez. Me cuidaría mucho de pedirle que recurriera a nosotros para ayudarlo, a no ser que usted sienta qué es lo que desea.
»Se dará cuenta rápidamente si se trata de un paranoico. En ese caso me valdría de sus sospechas o rencores. Déjelo que los ventile. Si engrana con eso tal vez no se dé cuenta del tiempo que habla. Eso es todo lo que puedo decirle ——Bloom apoyó su mano sobre el hombro de Grahamn y agregó pausadamente——: Escuche, ésta no es una arenga ni nada por el estilo; usted puede adelantársele, haga lo que le parezca correcto.
Esperar Media hora de silencio Lic más que suficiente.
——Así llame o no, tenemos que decidir qué haremos después ——dijo Crawford——. ¿Quieren que probemos la casulla de correo?
——No veo nada mejor -dijo Graham.
——Eso nos proporcionaría d05 celadas; tu casa de los cayos rodeada de policías y la casilla de correo.
El teléfono sonaba.
114

Conectaron ¿ generador de tono. La localización comenzó en ESS. Cuatro llamadas. El técnico accionó la palanca del conmutador y Beverly contestó. Sarah escuchaba.
—Oficina del Agente Especial Crawford.
Sarah meneó negativamente la cabeza. Conocía al que llamaba, era un camarada de Crawford de la sección
AlcohoL Tabaco y Armas de Fuego, Beverly se libró de él rápidamente y detuvo la localización de la llamada.
T0d05 los del FBI sabían que no debía ocuparse esa línea.
Crawford repasó una vez más los detalles de la casulla de correo. Estaban aburridos y tensos al mismo tiempo. Lloyd Bowmnan se presentó para mostrarles cómo los nrhneros de las supuestas citas bíblicas de Lecter coiricidían con la página 100 del ejemplar en rústica de La Alegría de Cocinar. Sarah sirvió café en tazas de papel.
El teléfono sonaba.
Generador de tono conectado y comenzó la localización en el ESS. Cuatro llamadas. El técnico pulsó la palanca. Beverly contestó.
—-Oficina del Agente Especial Crawford.
Sarah movía afirmmtivamente la cabeza. Con gran energía.
Graham entró a la casulla y cerró la puerta. Podía ver los labios de Beverly que se movían. Articuló «Un momento» y miró la aguja del segundero del reloj de pared.
Graham vio su cara en el reluciente aparato. Dos caras borroneadas en el auricular y en la bociria. Sintió en su camisa el olor a pólvora del campo de tiro. «No cuelgues. Por el amor de Dios, no cuelgues». Habían transcurrido cuarenta segundos. «Déjalo sonar. Una vez más». Cuarenta y cinco segundos. «Ahora».
—Will Graham. ¿Puedo ayudarlo en algo?
Una risa ahogada. Una voz velada dijo:
—-Vaya si puede.
——Puedo saber quién habla, por favor?
se lo dijo su secretaria?
——No, pero me sacó de una reunión, señor y...
—-Si me dice que no piensa hablar con ¿ Peregrino colgaré inmnediatamente. ¿Sí o no?
—-Señor Peregrino, no tengo ningún inconveniente en hablar con usted si tiene algún problema que pueda solucionarle.
-Creo que el problemna lo tiene usted, señor Graham.
——Lo siento pero no comprendo.
115

La aguja del segundero se acercaba al minuto.
—Usted ha estado muy atareado, verdad?
—Dernasiado atareado para seguir conversando a menos que diga qué es lo que quiere.
—Yo quiero lo mismo que usted. Adanta y Birmingham.
—Sabe algo al respecto?
Leve risita.
—Si sé algo al respecto? ¿Está interesado usted en ¿ señor Peregrino, sí o no? Colgaré si miente. Graham podía ver a Crawford a través de la puerta de vidrio. Sujetaba un auricular en cada mano. Sí. Pero sabe usted, recibo numerosas llamadas y la mayoría son de personas que dicen tener información.
—Un minuto.
Crawford dejó un auricular y escribió algo en una hoja de papel.
—Le sorprendería enterarse de la cantidad de pretendientes que hay —respondió Graham—. Al cabo de unos minutos de conversación se advierte que no tienen la capacidad necesaria para comprender lo que está ocurriendo. ¿Usted sí?
Sarah acercó una hoja de papel al vidrio para que Grahamn pudiera verla. Decía: «Teléfono público de Chicago. Policía se dirige affi».
——Le propongo algo, usted me dice un dato que tiene sobre el señor Peregrino y tal vez yo le conteste si está o no en lo cierto ——manifestó la voz velada.
—Aclaremos de quién estamos hablando ——insistió Graham.
—Estamos hablando del señor Peregrino.
—Y cómo sé yo que el señor Peregrino ha hecho algo que pueda interesarme? ¿Es reahnente así? —Digamnos que sí.
——Es usted el señor Peregrino?
creo que se lo diga.
—Es usted su amigo?
—1vIás o menos.
—Pues entonces demnuéstrernelo. Dígamne algo que me indique si lo conoce bien.
—Usted primero. Dígame lo suyo —una risita nerviosa—. Ala primera equivocación cuelgo.
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