Título del original inglés, Red dmgén






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títuloTítulo del original inglés, Red dmgén
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Mi quendo doctor Lecter.
Quería decirle que estoy encantado de que se haya interesado por mi persona. Yal enterarme de su nutnda correspondencia pensé: ¿Me animaré? Es claro que sIL No creo que usted les cuente quién soy, aun cuando lo sepa. AdemÁs no tiene importancia el cuerpo que ocupo actualmente.
Lo importante es en lo que me estoy Transformando. Sé que sólo usted es capaz de entenderlo. Tengo unas cosas que me gustaría mucho mostrarle. Tal vez algíín día, si las circunstancias lo permiten. Espero que podamos escribirnos,,,
—Señor Crawford, hay un pedazo arrancado y roto y luego sigue diciendo:
Lo he admirado durante años y tengo una colección completa de recortes de dianos en los que aparece usted. En realidad los considero como críticas injustas, tanto como las mías. ¿No le parece que les gusta ponemos apodos degradantes? El «Duende Dientudo>,. ¿Imagina algo menos apropiado? Me daría vergüenza que usted lo viera si no supiera que ha pasado por lo mismo con la prensa.
Me interesa el investigador Graham. ¿No parece un policía, verdad? No es muy buen mozo, pero tiene un aire muy decidido.
Lo que usted le hizo debió haberle enseñado a no entrometerse.
Disculpe el papel. Lo elegí porque se deshace muy rÁpidamente si se ve obligado a tragarlo.
—-Aquí falta un pedazo, señor Crawford. Le leeré la parte de abajo:
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Si tengo noticias de usted tal vez la próxima vez pueda enviarle algo especiaL Un afectuoso saludo hasta entonces de su Admirador Ansioso.
Un silencio después que Chilton terrnfrió de leer.
—Hola, está usted allí?
Sí. ¿Sabe ¿ doctor Lecter que usted tiene la nota?
—Todavía no. Esta mañana fue trasladado a una celda auxiliar mientras limpiaban la suya. En lugar de usar un trapo apropiado, ¿ hombre que hacía la limpieza arrancaba tiras de papel higiénico para limpiar ¿ inodoro. Encontró la nota escondida en ¿ rollo y me la trajo. ide traen todo lo que encuentran escondido.
—Dónde está Lecter ahora?
—Todavía en la celda auxiliar.
—Puede ver la suya desde allí?
—Déjerne pensar... No, no puede.
—Espere un momento, doctor -Crawford interrumpió la conversación con Chilton. Se quedó mirando fijamente durante unos segundos los d05 botones que parpadeaban en su teléfono sin verlos. Crawford, cazador de hombres, observaba el corcho de su caña que se movía contra la corriente. Pasó la comunicación nuevamente con la línea de Graharn.
—Will... una nota, quizá del Duende Dientudo, escondida en la celda de Lecter en Chesapeake. Suena como la carta de un admirador. Solicita la aprobación de Lecter, se muestra curioso respecto de ti. Hace preguntas.
—Cómo se supone que la va a contestar Lecter?
—Todavía no lo sé. Una parte está rota, la otra arrancada. Parece ser que existe una posibilidad de que mantengan una correspondencia siempre y cuando Lecter no se dé cuenta de que estamos al tanto. Quiero la nota para ¿ laboratorio y quiero revisar su celda rápidamente, pero es arriesgado. Si Lecter se da cuenta, Dios sabe cómo le avisará al degenerado. Necesitamos ¿ vínculo, pero necesitarnos también la nota.
Crawford le explicó a Graham dónde estaba Lecter y dónde había sido encontrada la carta.
—Hay casi doscientos kilómetros hasta Chesapeake. No puedo esperarte, compañero. ¿Qué opinas?
—Diez personas muertas en un mes —no podemos mantener un prolongado juego epistolar. Adelante.
—Allí voy —-respondió Crawford.
——Te veré dentro de un par de horas.
Crawford llamó a su secretaría.
—-Sarah, consígame un helicóptero. Sin perder un segundo y no me importa la procedencia, nuestro, de la Policía del Distrito de Columbia o de la Infantería de Marina. Dentro de cinco minutos estaré en la azotea.
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Llame a Documentación y dígales que manden allí una caja para documentos. Que Herbert consiga un equipo de investigadores. En la azotea dentro de chico minutos.
—Doctor Chilton —dijo reanudando la conversación—, tendremos que revisar la celda de Lecter sin que se entere y necesitarnos su ayuda. ¿Ha mencionado esto a alguna otra persona?
No.
—Dónde está ¿ hombre de la limpieza que encontró la nota?
—Aquí, en mi oficina.
—Manténgalo allí por favor y dígale que no abra la boca. ¿Cuánto tiempo ha pasado Lecter fuera de su celda?
—Alrededor de media hora.
—-Es más de lo acostumbrado?
—-No, todavía no. Pero la limpieza lleva solamente una media hora. Pronto va a preguntarse qué ocurre.
——Muy bien, entonces haga lo siguiente. Llame al intendente del edificio o al ingeniero o al que sea que esté a cargo. Dígale que corte ¿ agua del establecimiento y que haga funcionar los interruptores del pasillo de Lecter. Haga que ¿ intendente pase frente a la celda auxiliar llevando herramientas. Debe aparentar estar muy apurad 0, terriblemente apurado, muy atareado como para contestar preguntas. ¿Entendió? Dígale que yo se lo explicaré luego. Suspenda la entrega de basura, si es que todavía no la han recogido. No toque la nota. ¿Comprendió? Perfecto. Salimos ya para allí.
Crawford llamó al jefe de la sección Análisis Científicos.
——Brian, tengo una nota urgente que probablemente sea del Duende Dientudo. Prioridad uno. Tiene que volver al lugar de donde la trajimos dentro de una hora y sin marcas. Deberá pasar por Pelos y Fibras, Imnpresiones Ocultas y Documentos y entonces a sus manos, por lo tanto coordine ¿ movimiento con los demás, por favor. Sí, yo la llevaré y después se la entregaré personalmente a usted.
Hacía calor en el ascensor cuando Crawford bajó de la azotea trayendo la nota, totalmente despeinado por la ventolina del helicóptero. Se estaba secando la cara con un pañuelo cuando llegó a la sección Pelos y Fibras del laboratorio.
Pelos y Fibras es una sección pequeña y atareada. El cuarto de recepción está repleto de cajas con pruebas enviadas por los departamentos de policía de todo ¿ país; bultos conteniendo tela adhesiva que ha sido usada para sellar bocas y atar muñecas, ropa desgarrada y manchada, sábanas de lechos mortuorios.
Crawford divisó a Beverly Katz a través del vidrio del cuarto de exámenes mientras avanzaba entre las cajas. Tenía colgado de una percha sobre una mesa cubierta con papel blanco, un pantalón con peto de niño. Trabajando a la luz de fuertes lámnparas en esa habitación desprovista de corrientes de aire, cepillaba los pantaloncitos con una espátula metálica, trabajando cuidadosamente siguiendo la trama y en sentido inverso, a favor del pelo y a contra pelo. Una partícula de tierra y arena cayó sobre el papel. Junto con ella y descendiendo en medio de la inmnovilidad del aire, más lentamente que la arena pero más rápidamente que una hilacha, cayó un pelo bien enroscado. Inclinó la cabeza hacia un 12d0 y lo contemnpló con su penetrante mirada.
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Crawford advirtió que sus labios se movían. Y adivinó lo que ella decía.
—Te pesqué.
Era lo que siempre decía.
Crawford golpeó en ¿ vidrio y ella salió rápidamente, quitándose los guantes blancos.
—Todavía no han buscado las huellas dactiloscópicas, verdad?
No.
—Yo tengo que trabajar en ¿ cuarto de investigaciones contiguo.
Se puso un nuevo par de guantes mientras Crawford abría la caja de documentos.
La nota, d05 pedazos, estaba guardada cuidadosamente entre d05 láminas de plástico. Beverly Katz ‘Ao las marcas de los dientes y alzó la vista hacia Crawford, sin perder tiempo con preguntas.
El asintió: las marcas coincidían con ¿ molde de la mordedura del asesino que había llevado a Chesapeake.
Crawford observó a través de la ventana mientras ella levantaba la nota con la ayuda de una varita delgada y la mantenía colgando sobre ¿ papel blanco. La examinó con una potente lupa y luego la abanicó suavemente. Golpeó la varita con ¿ borde de una espátula y examinó ¿ papel de abajo con ¿ vidrio de aumento.
Crawford miró su reloj.
Katz pasó la nota hacia otra varita para observar la otra faz. Quitó de su superficie un objeto diminuto valiéndose de unas pinzas casi tan delgadas como un cabello.
Fotografió los extremos rotos de la nota con lentes de gran aumento y la colocó nuevamente en su caja, a la que agregó un par nuevo de guantes blancos. Los guantes blancos —señal de que no debía tocarse— estarían siempre junto a la prueba hasta que friera revisada en busca de impresiones digitales.
—Listo —dijo ella entregándole la caja a Crawford—. Un cabello, quizás de ocho décimas de milímetro. Un par de granos azules. Lo analizaré. ¿Qué otra cosa tiene?
Crawford le entregó tres sobres marcados.
—-Pelos del peine de Lecter. Bigotes de la máquina de afeitar eléctrica que le permiten utilizar. Este pelo es del hombre de la limpieza. Tengo que irme.
—-Lo veré luego —-dijo Katz—-. Me encanta su peinado.
Jinnny Price, que estaba en la sección Huellas Dactiloscópicas Ocultas, frunció el ceño al ver el papel higiénico poroso. Miró de soslayo por encima del hombro del ayudante que manipulaba el láser de helio-cadmio mientras trataban de encontrar una impresión digital para pasarla por el fluoroscopio. Manchas brillantes aparecían en el papel, marcas de transpiración, nada más.
Crawford estuvo por preguntarle algo, recapacitó y esperó, mientras la luz azulada se reflejaba en sus anteojos.
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-Sabernos que tres tipos agarraron esto sin guantes ¿verdad? —preguntó Price.
—En efecto, ¿ que hizo la limpieza, Lecter y Chilton.
——El que lirnpió ¿ inodoro probablemente ya no tenía grasas en los dedos. Pero los otros... Este material es imposible.
Price alzó el papel contra la luz sujetando firmemente las pinzas en sus viejas manos salpicadas de manchas.
—-Podría ahumarlo, Jack, pero no puedo garantizar que las manchas de yodo se desvanezcan dentro del lapso con que contamos.
—-Ninhydrina? ¿Realzarlo con calor? —-por lo general Crawford no se habría animado a hacerle ninguna dase de sugerencia técnica a Price, pero en ese momento no le importaba intentar cualquier cosa. Esperé recibir una respuesta seca, pero ¿ viejo permanecía apesadumbrado y triste.
—-No, no podríamos lavarlo después. No puedo conseguir ninguna impresión digital con esto, Jack, lo siento. No hay ninguna.
—-Carajo —dijo Crawford.
El viejo se dio vuelta. Crawford puso su mano sobre el hombro huesudo de Price.
—-Caray, Jimmy. Estoy seguro que si hubiera alguna tú la habrías descubierto.
Price no contestó. Estaba desembalando un par de manos que habían llegado por otro caso. El hielo seco humeaba en el cesto de papeles. Crawford dejó caer los guantes blancos sobre el humo.
Crawford se dirigió rápidamente hacia la sección Docmnentos, donde lo esperaba Lloyd Bowrnan, sintiendo un nudo de desilusión en el estómago. Bowmnan había sido sacado del tribunal y la brusca interrupción en su concentración lo dejó parpadeando como si acabara de despertarse.
—-Lo felicito por su peinado. Un golpe de audacia —dijo
Bowman mientras trasladaba con manos rápidas y expertas la nota hacia la mesa de trabajo—-. ¿De cuánto tiempo dispongo?
—-Veinte minutos a lo sumo.
Las d05 partes de la nota parecían refiilgir bajo las luces de Bowmnan. Una mancha verde oscura del secante se veía a través del agujero ovalado de la parte superior.
—-Lo más importante, lo primordiaL es cómo pensaba contestar Lecter —-dijo Crawford cuando Bowmnan termninó la lectura.
—-Posiblemnente las instrucciones para contestarle estaban en la parte rota —-Bowmnan trabajaba concienzudamente con las luces, filtros y máquina copiadora mientras hablaba—-. En la parte de arriba dice «Espero que podamos mantener una correspondencia.. .», y luego emnpieza el agujero. Lecter raspó esa parte con un marcador y después la dobló y arrancó casi todo el pedazo.
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—No tiene nada con que cortar.
Bowman fotografió las marcas de los dientes y la parte de atrás de la nota bajo una luz extremadamente oblicua, cuya sombra saltaba de una a otra pared al mover la luz en un ángulo de trescientos sesenta grados sobre ¿ papel, mientras sus manos reproducían fantasmagóricos movimientos al doblar algo en ¿ aire.
—Ahora podremos exprimirla un poco.
Bowman colocó la nota entre d05 placas de ‘Adrio para achatar los bordes dentados del agujero. Las rasgaduras estaban teñidas con tinta roja. Bowmnan canturreaba en voz baja. La tercera vez Crawford entendió lo que decía:
-Eres muy astuto pero yo también lo soy.
Bowman cambió los filtros de su pequeña cámara de televisión y la enfocó sobre la nota. Oscureció ¿ cuarto hasta que no quedó más que ¿ débil resplandor rojo de la lámpara y ¿ azul-verdoso de la pantalla de su monitor.
Las palabras «espero que podamos mantener una correspondencia» y ¿ agujero dentado aparecieron agrandadas en la pantalla. La mancha de tinta había desaparecido y en los bordes desparejos se veían fragmentos de escritura.
—Las tinturas de anilinas en tiritas de colores son transparentes para los infrarrojos —manifestó Bowmnan—. Estas de aquí y allí podrían ser las barras de una T. Al final está la cola de lo que tal vez sea una Mo una N, o, posiblemente, una R.
Bowman tomó una fotografia y encendió las luces
—Jack, existen solamente d05 formas de mantener una comunicación que tiene una vía muerta: el teléfono y los diarios. ¿Puede Lecter responder rápidamente a una llamada telefónica?
—Puede recibir llamadas, pero ¿procedimiento es lento, puesto que además tienen que pasar por el conrnutador del hospital.
—Por lo tanto la única formna segura es una publicación en un diario.
-Sabemnos que su amiguito lee el Tatder. La historia de Grahamn y Lecter apareció en ese diario. No estoy enterado de que haya sido publicada en otro periódico.
—Tres T y una R figuran en Tatder. ¿Te parece que en la columna personal? Podría ser el lugar para buscar.
Crawford se comnunicó con la biblioteca del FBI y luego impartió instrucciones por teléfono a la oficina de Chicago.
Bowman le devolvió la caja cuando terminó su trabajo.
—El Tatder aparece esta tarde —anunció Crawford—. Se imnprimne en Chicago los lunes y jueves. Conseguiremos pruebas de las páginas de clasificados.
—Tendré más material, pero menos imnportante —dijo Bowmnan.
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-Cualquier cosa útil que encuentres envíala directamente a Chicago. Pomne al tanto cuando vuelva del hospicio -dijo Crawford mientras caminaba hacia la puerta.
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xlv
El molinete del subterráneo de Washington le devolvió a Graharn ¿ boleto de su viaje y él salió a la luz y el calor de la tarde llevando su valija de a’Aón.
El edificio J. Edgar Hoover parecía una enorme jaula de cemento suspendida sobre ¿ ardiente resplandor de la calle Diez. La mudanza del FBI hacia su nuevo cuartel general estaba en vías de realizarse cuando Graharn abandonó Washington. Nunca había trabajado allí.
Crawford lo esperaba en ¿ escritorio de recepción, a corta distancia del acceso a la playa subterránea, para agregar a las credenciales de Graharn, expedidas presurosamente, las suyas. Graham parecía cansado y algo unpaciente al registrarse. Crawford se preguntó cómo se sentiría, sabiendo que ¿ asesino se había mostrado friteresado en él.
Le entregaron a Graharn una tarjeta codificada magnéticamente, como la que lucía Crawford en su saco. La introdujo en la ranura del portón y se internó en los largos y blancos pasillos. Crawford le llevaba la valija.
—Olvidé decirle a Sarah que enviara un automóvil para buscarte.
—Probablernente haya sido más rápido así. ¿Conseguiste devolverle a tiempo la nota a Lecter?
—En efecto. Acabo de llegar —dijo Crawford—-. Tirarnos agua en ¿ piso del hall, simulando un caño roto y una falla eléctrica.
Contábamos con Simmons —-actualmente es asistente de SAC en Baltimore—- y lo hicimos secar ¿piso cuand 0 llevaron de regreso a Lecter a su celda. Simmons cree que se lo tragó.
—-En ¿ avión me lo pasé pensando si no seda el propio Lecter el que escribió la nota.
—-Yo tuve la misma preocupación hasta que la vi. Las marcas de dientes en el papel coinciden con las de las mujeres. Además está escrita con bolígrafo, y Lecter no tiene ninguno. La persona que la escribió había leído el Tatder y Lecter no lo recibe. Rankin y Williingham revisaron la celda de arriba abajo. Un buen trabajo pero no encontraron nada. Tomaron primero unas fotografias con Polaroid para volver a colocar todo tal cual estaba. Y después entró el hombre de la limpieza y limpió como lo hace siempre.
—-Entonces qué piensas?
—-Respecto a pruebas fisicas para una identificación, la nota no sirve para un comino —dijo Crawford—-. Tenemos que conseguir en alguna forma que la comunicación entre ellos resulte útil para nosotros, pero no sé todavía cómo demonios lograrlo. En pocos minutos más tendremos el resto de las pruebas del laboratorio.
—-Tienes vigilada la correspondencia y el teléfono del hospital?
—-Listos para grabar y rastrear no bien Lecter reciba una llamada. El sábado por la tarde hizo una. Le dijo a Chilton que queda comunicarse con su abogado. Es una línea WATS y no puedo estar seguro.
—-Qué dijo su abogado?
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—Nada. Hemos anexado una línea suplementaria al comnutador central del hospital para que en ¿ futuro sea la que utilice Lecter, así no podrá eludirnos más. Controlaremos su correspondencia, tanto la que reciba corno la que envíe, a partir de la próxima entrega. Gracias a Dios ningún problema con autorizaciones.
Crawford se detuvo frente a una puerta e introdujo la tarjeta que colgaba de su saco en la ranura de la cerradura.
nueva oficina. Pasa. Al decorador le sobraba un poco de pintura de un barco de guerra. Aquí tienes la nota. Esta copia tiene ¿ mismo tamaño.
Graham la leyó d05 veces. Un timbre de alarma sonó en su cabeza al contemplar los rasgos puntiagudos que componían su nombre.
—La biblioteca confirma que ¿ Tatder es ¿ único periódico que publicó un artículo sobre ti y Lecter —dijo Crawford mientras se preparaba un Aika-Seltzer—-. ¿Quieres uno de estos? Te vendría bien. Se publicó el lunes de la semana anterior. El martes estaba en los puestos de venta en todo ¿país, a excepción de Alaska y lvlaiine en que apareció ¿ miércoles. El Duende Dientudo poseía un ejemplar y no pudo haberlo comprado antes del martes. Lo leyó y le escribió a Lecter. Rankin y Willingham siguen revisando todavía la basura del hospital en busca del sobre. Feo trabajo. En Chesapeake no separan los papeles de los pañales.
»lvluy bien, Lecter no puede recibir la nota del Duende Dientudo antes del miércoles. Rompe la parte en que le dice cómo contestarle y borronea y manosea un dato previo; no comprendo por qué no rompió también ese pedazo.
—-Porque estaba en medio de un párrafo lleno de ponderaciones —dijo Graham—-. No podía tolerar arruinar- las. Por eso es que no tiró todo —-Se refregó las sienes con los nudillos de sus dedos.
—-Bowman piensa que Lecter utilizará ¿ Tatder para contestarle al Duende Dientudo. Dice que probablemente ése sea ¿ arreglo. ¿Crees que contestará?
—-Por supuesto. lvlantiene una nutrida correspondencia. Tiene muchísimas relaciones epistolares por todas partes.
—Si piensan valerse del Tatder, Lecter no tiene prácticamente tiempo de que su respuesta llegue a tiempo para la edición que se imprime esta noche, por más que la haya enviado por expreso ¿ mismo día en que recibió la nota del Duende. Chester, de la oficina de Chicago, está en el Tatder revisando los avisos. Los impresores compaginarán ¿ diado esta noche.
—-Por ¿ amor de Dios no alboroten al Tatder —-dijo Graham.
—-El jefe del taller cree que Chester es un corredor de bienes raíces que trata de adelantarse a los a’Asos. Le vende las hojas de pruebas bajo cuerda, una a una, no bien salen. Recibimos todo, los clasificados y demás sólo para hacer una cortina de humo. Pues bien, supón que descubrimos cómo piensa contestarle Lecter y duplicamos su método. Podemos entonces enviarle un mensaje falso al Duende Dientudo ¿pero qué le decimos? ¿Cómo lo utilizamnos?
—-Lo mejor sería tratar de que se acercara a un apartado postal —-sugirió Grahamn—-. Atraerlo con algo que quiera ver. «Datos importantes» que Lecter conoce de resultas de su conversación conmigo. Un error que cometió y que esperamnos que repita.
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-Sería un idiota si le hiciera caso.
—Lo sé. ¿Quieres saber cuál sería ¿mejor cebo?
—No sé si quiero saberlo.
—Lecter seda ¿ mejor cebo —dijo Graham.
—Pero y cómo?
-Será una tarea infernaL no lo dudo. Tendríamos que solicitar que Lecter friera puesto bajo custodia federal (Chilton no permitiría esto en Chesapeake), lo encerraríamos enla sección de seguridad máxima de un hospital psiquiátrico para veteranos de guerra. Simularíamos una huida.
—Dios mío.
—Enviamos un mensaje al Duende Dientudo después de la huida, en ¿ Tatder de la próxima semana. Lecter solicitándole una cita.
——Por ¿ amor de Dios, a quién puede interesarle encontrarse con Lecter? Lo que quiero decir es ¿por qué puede tener interés en ello ¿ Duende Dientudo?
—-Para matarlo, Jack ——Graham se puso de pie. No había ninguna ventana para mirar hacia afuera mientras hablaba. Se paró frente a «Los Diez lvlás Buscados» única decoración de las paredes de la oficina——. Sabes, ¿ Duende Dientudo podrá absorberlo en esa forma, asimilarlo, convertirse en algo más grande de lo que es.
—-Pareces muy seguro.
—-No estoy seguro. ¿Quién puede estarlo? En la nota decía «Tengo algunas cosas que me gustada mostrarle. Tal vez algún día si las circunstancias lo permiten». Quizás era una invitación en serio. No creo que friera sólo una amabilidad.
—-Qué puede querer mostrarle? Las víctimas estaban intactas. No faltaba nada, excepto un pedacito de piel y pdo y eso fue probablemente... ¿Cómo fue que lo expresó Bloom?
—-Ingerido —-respondió Graham—-. Sólo Dios sabe lo que tiene. Tremnont ¿recuerdas los trajes de Tremnont en Spokane?
Señalaba con ¿ mentón desde la camilla a la que estaba atado, tratando todavía de mostrárselos al jefe de policía de Spokane. No estoy seguro, Jack, de que Lecter sirva de anzuelo para ¿ Duende Dientudo. Pero me parece que es lo que ofrece más posibilidades de éxito.
—-Tendremos una increíble estampida si la gente cree que Lecter está libre. T0d05 los diarios se nos vendrán encima. La mejor posibilidad, tal vez, pero la reservaremos para el final.
—-Probablemnente no se acercará a ningún apartado postaL pero puede ser lo suficientemente curioso como para echar una mirada para ver si Lecter lo traicionó... si pudiera hacerlo a cierta distancia. Poddamnos elegir uno que pueda observarse solamnente desde unos pocos lugares a distancia considerable y apostar a alguien en los sitios indicados. Inclusive a Grahamn le sonaba poco convincente a medida que lo decía.
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—El Servicio Secreto tiene uno que no ha utilizado nunca. Nos permitirían usarlo. Pero si no ponernos hoy un aviso, tendremos que esperar hasta ¿ lunes, para que aparezca en ¿ próximo número. La rotativa se pone en marcha a las cinco, hora local. Eso significa una hora y cuarto más para Chicago para publicar ¿ aviso de Lecter, si es que hay uno.
ocurre con la orden de Lecter para la publicación? La carta que debe de haber enviado al Tatder solicitando que inserten ¿ aviso ¿no tenernos acceso más rápido a eso?
-Chicago le puso ciertos controles al jefe del taller —dijo Crawford—. La correspondencia permanece en la oficina del gerente de avisos dasificados. Les venden los datos, nombres y direcciones, a compañías que ofrecen por correo productos para personas solitarias: amuletos de amor, píldoras de gallo, «conozca a bella muchacha asiática», cursos para desarrollar la personalidad, ese tipo de cosas.
—Podríamos apelar al espíritu ciudadano del gerente de la sección avisos para echar un vistazo, pedirle que no abra la boca, pero no quiero correr el riesgo de que ¿ Tatder se nos venga encima. Se precisa una autorización judicial para entrar allí y revisar la correspondencia. Estoy considerándolo.
-Si no conseguirnos nada con Chicago, podríamos poner un aviso por si acaso. Si estarnos equivocados respecto al Tatder no perderemos nada —acotó Graham.
—Y si estamos en lo cierto respecto de que ¿ Tatder es ¿ medio de comunicación y publicarnos una contestación basándonos en lo que dice esta nota y nos equivocarnos —si a él no le parece convincente— estarnos a fojas uno. No te pregunté cómo te fue en Birmingham. ¿Obtuviste algrin dato?
—Birminghamn es un caso listo y cerrado. La casa de los Jacobi ha sido pintada y redecorada y está en venta. Lo que había en ella está guardado en un depósito esperando la aprobación del testamento. Revisé todas las cajas. Las personas con las que hablé no conocían muy bien a los Jacobi. Lo único que todos mencionaron era lo afectuosos que eran los Jacobi entre ellos. Siempre estaban acariciándose. T0d0 lo que queda ahora de ellos son unos pocos cajones amontonados en un depósito. Desearía haber...
—Deja de desear; ya estás metido en esto.
—Qué pasó con la marca que encontré en ¿ árbol?
¿»Usted acertó a la cabeza»? Para mí no significa nada -dijo Crawford—. Y tampoco ¿ Dragón Rojo. Beverly conoce ¿ Mah-Jongg. Es astuta y sin embargo no encuentra relación alguna. Por su pdo sabemos que no es Chino.
-Cortó la rama con un cortafierro. Yo no veo...
Sonó el teléfono y Crawford mantuvo un breve diÁlogo.
—El laboratorio tiene listo el informe sobre la nota, Will.
Vayamos a la oficina de Zeller. Es más grande y menos gris.
Lloyd Bowmnan, seco como un papel a pesar del calor, los alcanzó en el corredor. Sacudía unas fotografias hruxnedas con cada mano y sujetaba bajo e! brazo un grueso expediente.
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—Jack, tengo que estar en ¿ tribunal a las cuatro y cuarto —anunció mientras se adelantaba—. Es por Nilton Eskew, ¿ falsificador de cheques y su noviecita, Nan. Ella es capaz de copiar de corrido una nota del Tesoro, Hace d05 años que me están volviendo loco, fabricando sus propios cheques de viajero con una Xerox de color. No descansaré hasta terminar con ellos. ¿Llegaré a tiempo o debo avisarle al fiscal?
—Llegarás —afirmó Crawford—. Ya estarnos.
Beverly Katz. le dirigió una sonriente mirada a Grahamn desde ¿ sofá de la oficina de Zeller, contrabalanceando la expresión enFarruñada de Price que estaba instalado junto a ella.
Brian Zeller, jefe de la sección Análisis Científicos, era joven para su trabajo, pero ya tenía pdo algo ralo y usaba bifocales. En un estante de la biblioteca, detrás del escritorio de Zeller, Grahamn vio un ejemplar de la Ciencia Forense, de H. J. Walls, los tres grandes volrhnenes de la Mediana Forense, de Tedeschi y una edición antigua de El Derrumbe de Alemania, de Hopkins.
-Creo que nos conocimnos en una oportunidad en la Universidad de Washington, Will —dijo Zeller—. ¿Conoce a todos los demás?... Perfecto.
Crawford se apoyó contra una esquina del escritorio de Zeller, cruzando los brazos —Alguien tiene alguna noticia bomba? Muy bien ¿ha encontrado alguno de ustedes algo que permita suponer que la nota no procede del Duende Dientudo?
—No —respondió Bowrnan—. Hace unos minutos llamé a Chicago para darles unos númneros que obtuve de una imnpresión en la parte de atrás de la nota. Seis-seis-seis. Se los mostraré cuando lleguemnos a ese punto. Hasta ¿ momento en Chicago se han recibido más de doscientos avisos personales —le entregó a Graham una pila de hojas—. Los he leído y son lo común y corriente: propuestas de matrimonio, mensajes para personas fugadas de su hogar. No estoy muy seguro de que reconozcamos ¿ aviso si es que figura allí.
Crawford meneó la cabeza.
—Yo tampoco. Acabemos con los datos que tenemos. Bien, Jimmy Price hizo todo lo que podía hacerse y no aparecieron huellas. ¿Qué puedes decirnos tú, Bey?
—Tengo un pdo de bigote. El grosor y textura coinciden con las muestras de Hanribal Lecter. Asi como también ¿ color. Este es totalmente distinto de las muestras obtenidas en Adanta y Birmingham. Tres granitos azules y unos puntos oscuros pasaron a manos de Brian —alzó las cejas al mirar a Brian Zeller—. Los granitos son de un polvo comercial para limpieza que tiene color continuo. Deben de provenir de las manos del hombre que hizo la limpieza. Había varias dimniinutas partículas de sangre seca. Es indiscutiblemente sangre, pero no hay cantidad suficiente como para saber de qué grupo.
—Los desgarrones en los extremos de las partes dieron cuenta de las perforaciones —prosiguió diciendo Beverly Katz—. Si encontramnos a alguien que posea el rollo y no lo haya roto nuevamente se podría hacer una confrontación precisa. Aconsejaría propalar un aviso ahora, para que los oficiales encargados de la detención no dejen de buscar el rollo.
Crawford asintió. ¿Bowmnan?
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Sharon, mi asistente, se ocupó de investigar qué dase de papel es. Es papel higiénico que se utiliza en los barcos y casas rodantes. La textura es idéntica a la de una marca llamada Wedeker fabricada en Mirineapolis. Se distribuye por todo ¿ país.
Bowman instalé sus fotografias sobre un caballete cerca de las ventanas. Su voz era sorprendentemente profunda en relación con su escasa estatura y su corbata de moño se movía ligeramente cuando hablaba.
—Respecto a la escritura, se trata de una persona diestra que utiliza la mano izquierda deliberadamente y escribe con letras mayúsculas. Pueden apreciar la falta de firmneza en los trazos y la variación en ¿ tamaño de las letras.
»Las proporciones me inducen a pensar que este sujeto tiene un débil astigmatismo que no ha sido corregido.
»La tinta de los d05 pedazos de la nota parece ser del mismo y corriente tipo de bolígrafo de color azul marino a la luz natural, pero bajo los filtros de colores surge una pequeña diferencia. Utilizó d05 bolígrafos, y ¿ cambio se realizó en alguna parte del pedazo fáltame de la nota. Pueden ver dónde empezó a fallar ¿ primero. El primer bolígrafo no se usa frecuentemente ¿ven que hay un borrén donde empieza a escribir? Puede haber estado guardado sin tapar y con la punta para abajo en un portalápices o una lata, lo que sugiere un escritorio. Además, la superficie sobre la que se apoyé ¿ papel era lo suficientemente blanda como para poder tratarse de un secante. Un secante puede conservar impresiones si se encuentra. Quisiera agregar ¿ secante a la recomendación de Beverly.
Bowman cambió la fotografia por otra del reverso de la nota. La enorme ampliación hacía que ¿ papel pareciera tener pelusas. Estaba cubierto de huellas borrosas. Dobló la nota para escribir la parte de abajo, inclusive la que fue luego arrancada. En esta ampliación del reverso la luz oblicua descubre unas pocas impresiones. Se puede leer «666 an». Quizás allí fue donde tuvo problemas con el bolígrafo y tuvo que escribir nuevamente por encima. No lo advertí hasta que obtuve esta muestra tan contrastante. Pero por el momento en ningún aviso figura el 666.
»La estructura de las frases es ordenada y no hay divagaciones. El doblez indica que fue entregada en un sobre de tamnaño común. Estas d05 manchas oscuras son borrones de tinta de imnprenta. Probablemente la nota estaba metida dentro de un papel impreso inocuo y el conjunto dentro del sobre.
»Eso es todo -dijo Bowman—. A menos que tengas alguna pregunta que hacer, Jack, creo que será mejor que me apure para llegar al juzgado. Me pondré nuevamente en contacto con ustedes después de testificar.
—Húndelos bien —-acotó Crawford.
Graham estudiaba la columna de avisos personales del Tatder. (Atractiva dama de buena estatura, frescos 52, busca cristiano de Leo que no fume, entre 40 y 70. Sin niños, por favor. Acepta miembros artificiales. Sin trampas. Enviar foto con primera carta).
Inmerso en la tristeza y desesperación de los avisos, no se dio cuenta de que los demás se estaban yendo hasta que Beverly Katz le habló.
——Disculpa, Beverly ¿qué fue lo que dijiste? —-preguntó contemplando sus ojos vivos y su bondadosa cara con signos de cansancio.
—Sólo dije que me alegraba de verle otra vez, campeón. Tienes buen aspecto.
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-Gracias, Beverly.
-Saúl va a una academia de cocina. Todavía no las pega todas, pero cuando todo esto se tranquilice ven a casa y deja que practique contigo.
—Lo haré.
Zeller se marchó rumbo a su laboratorio. Quedaron solamente Crawford y Graham, contemplando ¿ reloj.
-Cuarenta minutos para que se irnprirna el Tatder —dijo Crawford—. Averiguaré qué pasa con las cartas. ¿Qué opinas?
—Que debes hacerlo.
Crawford impartió las instrucciones a Chicago desde el teléfono de Zeller.
—Will, tenernos que tener preparado algo si el aviso de Chicago fracasa.
—Me ocup aré de eso.
—Yo prepararé el lugar para que recoja la carta —Crawford llamó al Servicio Secreto y habló durante un buen rato, Graham seguía escribiendo atareado cuando cortó.
—Listo, el apartado postal es una pinturita —dijo Crawford fmalmente—. En una casulla exterior instalada en una compañía de matafuegos en Annapolis. Territorio de Lecter, El Duende Dientudo se dará cuenta de que se trata de algo que Lecter puede conocer. Casillas alfabéticas. Los empleados del servicio van allí en sus automóviles para buscar comisiones y recoger correspondencia. Nuestro hombre puede vigilarlo desde una plaza del otro lado de la calle. El Servicio Secreto afirma que parece convincente. La instalaron para atrapar a un falsificador, pero no necesitaron utilizarla. Esta es la dirección. ¿Qué tal el mensaje?
—Tendremnos que usar los mensajes en la misma edición. En el primero Lecter le advertirá al Duende Dientud 0 que sus enemigos están más cerca de lo que supone. Le indica que cometió un grave error en Adanta y que si lo repite está condenado. Le dice que le envía por correo «información secreta» de lo que yo le expliqué que estábamos haciendo, de lo cerca que estamos, de las pistas que tenernos. Finalmente, remite al Duende Dientud 0 hacia un segundo mensaje que empieza con «su finna».
»El segundo mensaje comienza «Admirador Ansioso».., y tiene la dirección del Apartado Postal. Tenemos que hacerlo de esa forma. Aun en un lenguaje indirecto, la advertencia del primer mensaje va a incitar a unos cuantos chiflados. Pero si no pueden descubrir la dirección no podrán llegar a la casilla para embrollar todo el asunto.
—Bueno. Muy bueno. ¿Quieres esperar los resultados en mi oficina?
—Prefiero estar ocupado en algo. Necesito ver a Brian Zeller.
—Ve adelante, puedo localizarte en caso de urgencia. Graham encontró al jefe de la sección en Serología. —Podría mostrarmne un par de cosas, Brian?
—Por supuesto ¿qué quieres?
98

—Las muestras que utilizó para averiguar ¿ grupo del Duende
Dientudo.
Zeller miró a Graham por la luneta pequeña de sus bifocales.
—Había algo en ¿ informe que no entendió?
No.
—A1go que no estaba claro?
No.
—A1go incompleto? —Zeller pronunció la última palabra como si tuviera un gusto desagradable.
—Su informe es muy bueno, no podría pedirse nada mejor. Pero todo lo que quiero es tener las pruebas en mi mano.
—-Ah, por supuesto. Ningún problema —-Zeller creía que todos los agentes que participaban en una investigación en una forma activa, conservaban las supersticiones de la cacería. Se alegraba de poder contentar a Graharn—-. Está todo junto en ese extremo.
Graham lo siguió entre los largos mostradores con instrumentos.
—-Está leyendo a Tedeschi.
—Sí —-respondió Zeller por encima del hombro—-. Corno usted sabe, aquí no se practica medicina forense, pero Tedeschi tiene una cantidad de información muy útiL Graham. Will Grahamn.
—-Usted escribió la monografla tipo sobre la determinación del momento de la muerte por la actividad de insectos, verdad? ¿O no es usted ese Grahamn?
—-Yo la escribí —-una pausa—-. Tiene razón, Mant y Nuorteva en ¿ Tedeschi son mejores en cuanto a los rnsectos.
Zeller se sorprendió al oír en boca de él sus pensamientos.
—-Bueno, tiene más ilustraciones y una tabla de ondas frivasivas. No quiero ofenderlo.
—-Por supuesto que no. Son mejores. Yo se lo dije.
Zeller sacó unos frascos y portaobjetos de un armnario y una nevera y los puso sobre el mostrador del laboratorio.
—-Cualquier cosa que quiera preguntarme, estaré donde me encontró. La luz del microscopio se enciende en este lado.
A Graham no le interesaba el microscopio. No ponía en tela de juicio ninguno de los descubrimientos de Zeller. No sabía lo que quería. Levantó los frascos y las placas de vidrio contra la luz, y un sobre transparente
99

conteniendo cabellos rubios encontrados en Birmingham. Un segundo sobre encerraba tres cabellos encontrados en la señora Leeds.
Había saliva, pelos y semen en la mesa frente a Graham y un vacío en ¿ aire donde trataba de descubrir una imagen, una cara, algo que reemplazara ¿ terror informe que lo agobiaba.
Una voz femenina resonó en un altavoz ubicado en ¿ cielo raso.
-Grahamn, Will Graham, dirigirse a la oficina del Agente Especial Crawford. Urgente.
Encontró a Sarah con los auriculares puestos y sentada frente a la máquina de escribir y Crawford mirando por encima del hombro.
-Chicago tiene un pedido de publicación de un aviso en ¿ que figura ¿ 666 -dijo Crawford torciendo la boca hacia un lado—. Se lo están dictando ahora a Sarah. Dicen que hay una parte que parece un código.
Las lineas se iban formando en la mÁquina de Sarah. Querido Peregrino. Usted me honra...
—Eso es. Eso es -dijo Grahamn—. Lecter lo llamnó peregrino cuando conversó conmigo.
Usted es muy bello... —Dios —-dijo Crawford.
Ofrezco cien oraciones para su seguridad. Busque ayuda en Juan 6:22, 8:16, 9:1; Lucas 1:7, 3:1; Gálatas 6:11, 15:2; Hechos 3:3; Apocalipsis 18:7; Jonás 6:8...
La escritura se hizo más lenta a medida que Sarah repetía cada par de números al agente de Chicago. Cuando termninó, la lista de referencias bíblicas llenaba un cuarto de página. Estaba firmnada «Bendito sea, 666».
—-Eso es todo —-informó Sarah.
Crawford tomó ¿ teléfono.
—-Muy bien. Chester ¿qué tal le fue con el gerente de la sección avisos?... No, hizo usted bien... Una falla totaL correcto. No se aleje del teléfono, me comunicaré nuevamente con usted.
—-Código —-dijo Graham.
—-Tiene que ser. Disponemos de veinte minutos para enviarle un mensaje si es que conseguimos descifrarlo. El jefe de la linotipo necesita diez minutos de preaviso y trescientos dólares para insertar uno en esta edición. Bowman está en su oficina, consiguió un receso. lvlientras tú lo llamas sin perder un segundo, yo me comunicaré con Criptografla en Langley. Sarah, envíe un télex del aviso a la sección Criptografla de la CIA. Les avisaré que ya sale.
Bowman depositó el mensaje sobre su escritorio y lo ahincó prolijamnente con los ángulos de su secante. Limnpió los vidrios de sus anteojos durante unos segundos que a Grahamn se le hicieron eternos.
Bowman tenía fama de ser rápido. Aun la sección Explosivos le perdonaba no ser un ex infante de marina y se lo reconocían.
—-Tenemnos veinte minutos —-anunció Graham.
loo

-Comprendo. ¿Llamaron a Langley?
-Crawford se encargó de hacerlo.
Bowman leyó muchas veces ¿ mensaje, mirándolo de arriba a abajo y de costado, pasando ¿ dedo sobre sus márgenes. Sacó una Biblia de la biblioteca. Los únicos sonidos que se oyeron durante cinco minutos frieron el de la respiración de los d05 hombres y ¿ crujido de las fmísirnas páginas.
—No —dijo--. No lo tendremos listo a tiempo. Será mejor utilizar lo que le queda para cualquier otra cosa que pueda hacer.
Graham le mostró una mano vacía.
Bowman dio media vuelta para enfrentar a Grahamn y se quitó los anteojos. Tenía una marca rosada a ambos lados de la nariz.
—Está usted lo bastante seguro como para pensar que la nota que recibió Lecter es la única comunicación que ha tenido con ¿ Duende Dientudo?
-Correcto.
—Pues entonces ¿ código es algo simple. Sólo necesitaban protegerse de lectores fortuitos. Teniendo como medida las perforaciones de la nota que recibió Lecter faltarían solamente unos siete centímetros. No es un espacio tan grande como para escribir muchas instrucciones. Supongo que debe tratarse de un libro utilizado como código.
Crawford se les unió.
—Un libro como código?
—Eso parece. Los primeros números, las «cien oraciones», podría ser ¿ nrhnero de la página. Los pares de nruxneros como referencias bíblicas podrían ser una línea y una letra. ¿Pero qué libro?
—No será la Biblia? —preguntó Crawford.
—No, la Biblia no. Lo pensé en un primer momento. ide desconcertó la cita Gálatas 6:11. «Ves qué carta larga te he escrito con mis propias manos». Es apropiado, pero pura coincidencia porque luego pone Gálatas 15:2. La epístola a los Gálatas tiene sólo seis capítulos. Lo mismo lo de Jonás 6:8. Jonás tiene cuatro capítulos. No utilizó una Biblia.
—Quizás ¿ título del libro esté disimulado en la parte clara de la nota de Lecter —sugirió Crawford. Bowman meneó la cabeza.
—No lo creo.
—Pues entonces ¿ Duende Dientudo nombró ¿libro que debía utilizar. Lo especificó en la nota -dijo Graham.
‘o’

—Así parecería —acotó Bowrnan—. ¿Y si tratan de sacárselo a Lecter? Pienso que en un hospital mental algunas drogas...
—Hace tres años probaron con amital sódico, tratando de averiguar dónde había enterrado a un estudiante de Pririceton —replicó Graharn—. Les dio una receta de una salsa. Además, si tratamos de averiguarlo por la fuerza, lo perderíamos corno conexión. Si ¿ Duende Dientudo eligió el libro, es porque sabía que Lecter lo tenía en su celda.
—Tengo la certeza de que no le pidió a Chilton que le comprara o prestara uno —af’irrnó Crawford.
—Qué friforrnación dieron los diarios, Jack? Sobre los libros de Lecter.
—Que tiene los libros de medicina, psicología, de cocina.
—Entonces podría ser alguno de los típicos de esos temas, algo tan clásico que el Duende Dientudo sabría a ciencia cierta que Lecter lo tiene —acotó Bowmnan—. Necesitamos una lista de los libros de Lecter. ¿Tiene una?
—No —respondió Grahamn mirando sus zapatos—. Podría pedirle a Chilton... Esperen. Rankin y Wiffingham, cuando revisaron su celda, tomaron fotos con una Polaroid para poder colocar todo en su lugar.
—-Les puede pedir que busquen las fotografias y se reúnan conmigo?
—-Dónde?
—-En la Biblioteca del Congreso.
Crawford verificó una última vez con la sección Criptografia de la CIA. La computadora de Langley estaba probando una firme y progresiva sustitución de letras por nruxneros y una apabullante variedad de claves alfabéticas. Sin ningún éxito. El criptógrafo estuvo de acuerdo con Bowmnan en que probablemente se trataba de una dave en un libro.
Crawford miró su reloj.
—-\Vill, nos quedan tres opciones y tenernos que decidimos ya. Podernos retirar el mensaje de Lecter del diado y no publicar nada. Podernos sustituir nuestros mensajes en idioma común invitando al Duende Dientudo a buscar en la casulla de correos, O podernos dejar que salga tal cual lo mandó, el aviso de Lecter.
—-Está seguro que hay tiempo todavía para poder sacar el mensaje de Lecter del Tattler?
—-Chester piensa que el jefe lo haría por otros quinientos dólares.
—-No me gusta la idea de publicar un mensaje en idioma corriente, Jack. Probablemente Lecter no volvería a tener más noticias de él.
—-Lo sé, pero siento cierto resquemor al permitir que se publique el mensaje de Lecter sin conocer su significado —-respondió Crawford—-. ¿Qué puede decirle Lecter que él no sepa todavía? Si descubrió que tenemos una impresión parcial de su pulgar y que sus huellas dactiloscópicas no están en ningún archivo de ninguna parte, podría cortarse el pulgar y quitarse los dientes y con una estentórea carcajada exhibir sus encías desnudas en el tribunal.
102

—La impresión del pulgar no figuraba en ¿ resumen que leyó Lecter. Será mejor que dejemos que se publique su mensaje. Por lo menos alentará al Duende Dientudo para comunicarse otra vez con él.
—Qué pasa si lo alienta a hacer alguna otra cosa además de escribir?
—Nos sentiremos mal durante mucho tiempo -contestó Graham—. Tenernos que hacerlo.
Quince minutos más tarde, en Chicago, las enormes linotipos del Tattler comenzaron a girar, aumentando paulatinamente de velocidad, hasta que su estrépito levantó una nube de polvo en ¿ cuarto de máquinas. El agente del FBI que esperaba en ese ambiente impregnado de olor a tinta y papel recién impreso, agarró uno de los primeros ejemplares.
Los títulos incluían: «TTrasplante de una Cabeza!» y «TAstrónomos avistan a Dios!».
Luego de verificar que ¿ aviso personal de Lecter estaba debidamente insertado, ¿ agente introdujo ¿ diado en un sobre expreso rumbo a Washington. Años más tarde volvería a ver ese diario y recordaría el borrón de su pulgar en la primera página, cuando llevara a sus niños al FBI a ver la exhibición de documnentos especiales.
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