Título del original inglés, Red dmgén






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títuloTítulo del original inglés, Red dmgén
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Hoyt Lewis, encargado de leer los medidores de la cornpaffia Eléctrica de Georgia, estacionó su camión bajo un gran árbol en ¿ callejón, se recostó contra ¿ respaldo y agarró la caja de su almuerzo. No era ya tan divertido abrir la caja porque él mismo era ahora ¿ que la preparaba. No encontraba más notitas ni sorpresas.
Estaba por la mitad del emparedado cuando una voz fuerte resonó junto a su oído y le hizo dar un respingo.
—Supongo que este mes mi cuenta de electricidad debe llegar a los mil dólares, verdad?
Lewis se dio vuelta y vio junto a la ventana del camión la cara colorada de H. G. Parsons. Parsons estaba vestid 0 con pantalones cortos y llevaba en la mano una escoba de jardín.
—No entendí lo que dijo.
Supongo que usted dirá que este mes gasté el equivalente a mil dólares en electricidad. ¿Me oyó ahora?
——No sé cuánto ha gastado porque todavía no he revisado su medidor, señor Parsons. Cuando lo revise lo anotaré aquí, en este papel.
Parsons estaba resentido por el monto de su cuenta. Se había quejado a la compañía diciendo que le cobraban de más.
——Mi consumo es siempre el mismo ——dijo Parsons——. Pienso presentarme tamnbién a la Comisión de Servicios Públicos.
——Quiere acompañarmne a leer el medidor? Vayamos ahora mismo
—-Sé muy bien cómo se lee un medidor. Creo que usted también podría hacerlo si no le costara tanto.
-Cállese un momento, Parsons ——dijo Lewis bajando del camión——. Escúchemne un momento, maldición. El año pasado puso un imán en el medidor. Su esposa dijo que usted estaba en el hospital, por eso me limité a sacarlo y no dije una sola palabra. Este invierno cuando tiró adentro melaza hice un informne. Advertí que pagó cuando se le cobró por el daño.
»Su cuenta subió después que usted hizo todas esas instalaciones de cables. Se lo he repetido hasta el cansancio, debe existir una pérdida en la casa. ¿Pero acaso contrató algún electricista para averiguarlo? Por supuesto que no. En camnbio llamna a la oficina para quejarse de mí. Ya me tiene harto.
Lewis estaba pálido de ira.
——Llegaré hasta el fondo del asunto —-dijo Parsons retrocediendo por el camino hacia su jardín——. Lo están controlando, señor Lewis. Vi a alguien que revisaba su itinerario antes que usted lo hiciera -dijo del otro lado del cerco——. Dentro de poco va a tener que trabajar como cualquier hijo de vecino.
Lewis puso en marcha el camión y se alejó por el callejón. Tendría que buscar otro lugar donde terminar de almorzar. Lo sentía mucho. Ese árbol grande de amnplia copa había sido durante años un buen sitio para hacer lo. Quedaba justo detrás de la casa de Charles Leeds.
30

A las chico y media de la tarde Hoyt Lewis se dirigió en su automóvil particular al Cloud Níne Lounge, donde bebió varios tragos para despejar su mente.
Cuando llamó por teléfono a su ex esposa todo lo que se le ocurrió decir fue:
—Ojalá siguieras preparando mi almuerzo.
—Deberías haberlo pensado antes, señor Avivado —respondió ella y enseguida colgó.
Jugó un aburrido partido de tejo con algunos empleados de la compañía de electricidad y examinó la concurrencia. Unos frisoportables empleados de una línea aérea habían empezado a frecuentar el Cloud Nine. T0d05 usaban el mismo bigotito y un anillo en el dedo meñique. Dentro de poco tratarían de transformar el Cloud Nine en un bar inglés con juego de dardos. No se podía contar ya con nada.
—Hola, Hoyt. Te juego un partido por una cerveza —Era Billy Meeks, su supervisor.
—Oye, Billy, tengo que hablar contigo.
——Qué ocurre?
¿Conoces a ese desgraciado que se llama Parsons y que llama todo el tiemnpo a la compañía?
——Llamnó justamnente la semnana pasada ——dijo Meeks——. ¿Qué pasa con él?
——Dijo que alguien estaba revisando los medidores de mi zona antes que yo lo hiciera. Como si alguien pensara que yo no cumplía con el recorrido. ¿Tú no piensas que yo hago la lectura desde mi casa, verdad?
No.
no piensas eso, no es así? Quiero decir que si figuro con letras coloradas en la lista de una persona, querría que me lo dijera directamente.
——Crees que si figuraras en colorado en mi lista tendría miedo de decírtelo a la cara?
No.
——Pues bien. Si alguien estuviera controlando tu ruta yo estada enterado. Tus superiores siempre están al tanto de una situación así. Nadie te vigila, Hoyt. No le lleves el apunte a Parsons, es viejo y peleador. La semana pasada me llamó para decirme: <çFelicitaciones por haber abierto el ojo con Hoyt Lewis!». No le presté atención.
——Ojalá le hubiéramos hecho sentir la ley con lo que hizo con su medidor. Acababa de detenerme en el callejón para almorzar bajo un árbol cuando se presentó a frisriltanne. Lo que le hace falta es una buena patada en el trasero.
——Yo solía detenerme allí tammbién cuando tenía ese recorrido ——dijo Meeks——. Caray, recuerdo una vez que vi a la señora Leeds. bueno, no parece muy correcto hablar de eso ahora que ha muerto pero una o d05 veces la vi tomando sol en traje de baño en su jardín. Uhhlr Tenía una pancita adorable. Fue una vergüenza lo que les ocurrió. Era una buena señora.
31

—Detuvieron ya a alguien?
No.
—Qué lástima que eligiera a ‘os Leeds teniendo a Parsons justo enfrente -cornentó Lewis.
—Te diré una cosa, no le permito a mi mujer que se pasee por ¿ jardín en traje de baño. «Grandísi,no tonto, quién me va a ver?» me dice siempre. Pero yo le contesto que no se puede saber qué dase de degenerado puede saltar ¿ cerco con la bragueta abierta. ¿Te interrogaron los policías? ¿Te preguntaron si habías visto a alguien?
Sí, creo que lo hicieron con todos los que tienen un recorrido habitual por aquí. Carteros, todos sin excepción. No obstante toda la semana pasada, hasta hoy, estuve trabajando en Laurel-wood, del otro lado de la avenida Betty Jane —Lewis rasgó la etiqueta de la cerveza—. Dices que Parsons te llamó la semana pasada?
Así es.
—Pues entonces debe haber visto a alguien leyendo su medidor. No habría llamado entonces si recién hoy decidió molestarme. Tú dices que no enviaste a nadie ypor cierto que no fiie a mí a quien vio.
—Puede haber sido alguien de la Southeaster Bell verificando cualquier cosa.
—Puede ser.
—Pero no obstante no compartimnos los mismnos postes allí.
—Te parece que debo avisar a la policía?
—No le haría mal a nadie —-respondió Meeks.
——No, y tal vez le ‘Aniera bien a Parsons mantener una charla con los representantes de la ley. Se va a pegar ¿ susto de su vida cuando los vea llegar.
32

y
Graham regresó a la casa de ‘os Leeds a última hora de la tarde. Entró por la puerta principal y trató de no mirar los destrozos provocados por ¿ asesino. Había visto legajos, ¿ piso donde ocurrió ¿ crimen y cadáveres, todas consecuencias posteriores. Tenía bastante información sobre la forma en que habían muerto. Lo que ese día le preocupaba era saber cómo habían vivido.
Una inspección, entonces. En ¿ garaje había una buena lancha para esquí, bastante usada y bien cuidada y una camioneta. Unos palos de golf y una motocideta. Unas cuantas herramientas sofisticadas estaban casi sin usar. Juguetes de adulto.
Sacó un palo de la bolsa de golf y tuvo que sujetarlo con mucha fuerza para poder realizar un tembloroso swing. De la bolsa salió un fuerte olor a cuero cuando la apoyó nuevamente contra la pared. Las pertenencias de Charles Leeds.
Graham persiguió a Charles Leeds por toda la casa. Grabados de cacería colgaban en su escritorio. Su colección de Grandes Novelas estaba toda en un estante. Anuarios de Sewanee. H. Alien Smith, Pereimnan y Max Shulman en la biblioteca. Vonne-gut y Evelyn Waugh. Beat to Quartrers, de 0 S. Forrester, estaba abierto sobre una mesa.
En ¿ armado había una escopeta de tiro al blanco, una máquina fotográfica Nikon, una fumadora y un proyector Bol ex Super Ocho.
Graham, que no poseía nada a excepción de su elemental equipo de pesca, un Volkswagen de tercera mano y d05 cajas de lvi ontra chet, experimentó una leve anhnosidad contra esos juguetes de adulto y se preguntó por qué.
¿Quién era Leeds? Un exitoso abogado especializado en impuestos, jugador de fútbol de Sewanee, un hombre alto y delgado a quien le gustaba reír, un hombre capaz de levantarse y luchar con ¿ cuello seccionado.
Graham lo siguió por la casa impulsado por una extraña sensación de deber. Enterarse en primer lugar de cómo había sido él, era una forma de pedirle permiso para inspeccionar a su esposa.
Graham sentía, con absoluta seguridad, que era ella la que había atraído al monstruo.
La señora Leeds, entonces.
Tenía un pequeño cuarto de vestir en ¿ primer piso. Graham se las arregló para llegar allí sin mirar hacia ¿ dormitorio. Estaba pintado de amarillo y parecía intacto a excepción del espejo del tocador que estaba destrozado. Frente al armario había un par de mocasines que daban la impresión de que su dueña acababa de sacárselos. Un salto de camna había sido colgado apresuradamente de una percha y ¿ armado mostraba ¿ ligero desorden típico de una mujer que tiene muchos roperos que ordenar.
El diario de la señora Leeds estaba guardado en una caja de terciopelo de color violeta colocada sobre el tocador. La llave estaba sujeta a la tapa por una tela adhesiva junto con una tarjeta de control de la sección Pertenencias Particulares de la policía.
Graham se sentó en una silla alta y angosta y abrió el diario al azar:
33

lvlartes 23 de diciembre, en casa de mamá. Los chicos duermen todavía. No me gustó la idea de mamá de cerrar con vidrios ¿ porche porque cambió totalmente ¿ aspecto de la casa, pero la verdad es que ha resultado muy agradable y me permite estar sentada aquí y contemplar la nieve sin sentir frío. ¿Cuántas Navidades más podrá seguir teniendo su casa llena de nietos? Espero que muchas.
El viaje de ayer desde Adanta resultó bastante agotador ya que nevó a partir de Raleigh. Hubo que andar a paso de tortuga. Yo estaba cansada de trabajar para que todos estuvieran listos. Cuando pasamos Chapel Hill, Charle detuvo ¿ automóvil y bajó. Buscó unos pedazos de hielo de una rama para prepararme un martini. Al verlo volver levantando las piernas bien en alto para no hundirse y con el pdo y las cejas cubiertas de nieve, sentí una oleada de amor. Fue corno algo que se quiebra produciendo un ligero dolor, pero que al mismo tiempo nos brinda una cálida sensación. Espero que la chaqueta le quede bien. ide muero si me compró ese
y pesado anillo. Tengo ganas de darle una patada a Madelyn en su trasero lleno de celulitis por mostrar el suyo y hacerse la chiquiliina. Cuatro brillantes ridículamente grandes que parecían hielo sucio. El sol entró por la ventana del automóvil y al chocar contra la arista de un trozn de hielo formnó un pequeño prisma en el vidrio. Una mancha colorada y otra verde aparecieron en la mano con que sostenía el vaso. Podía sentir los colores en la palma.
ide preguntó qué quería que me regalara para Navidad y juntando las manos contra su oreja susurré: «Tu gran pene, tonto, hasta donde pueda llegar».
La parte calva de atrás de la cabeza se le enrojeció. Siempre tiene miedo de que los chicos puedan oír. Los hombres no conflan en los susurros.
La página estaba salpicada por la ceniza del cigarro del detective. Grahamn leyó mientras que la luz se lo permitió, enterándose de la operación de amígdalas de la niña y del susto que se dio la señora Leeds durante el mes de junio al descubrir un pequeño bulto en su pecho. «Dios mío, los chicos son tan pequeños».
Tres páginas después el bulto resultó ser un pequeño quiste benigno que fue fácilmente extirpado.
El doctor Janovich me dio de alta esta tarde. Salimos del hospital y fuimos hasta el lago. Hacía mucho que no íbamos allí. Nunca parece haber tiempo suficiente. Charle tenía d05 botellas de chamnpagne en la conservadora de hielo, y las tomamos y les dimos de comer a los patos mientras se ponía el sol. Se quedó parado a la orilla del agua de espaldas a mí durante un buen rato, y me parece que lloró un poquito.
Susan dijo que tenía miedo de que volviéramos del hospital con otro hermnanito. TEstamos en casa!
Graham oyó sonar el teléfono en el dormitorio. Un clic y el sonido de un contestador automático. «Hola, habla Valerie Leeds. Siento no poder atenderlo ahora, pero si deja su nombre y su nrhnero después de oír la señal, lo llamaré luego. Gracias».
Graham creyó durante un instante que después de la señal oiría la voz de Crawford, pero lo único que escuchó fu e el tono de marcar. La persona que había llamnado decidió cortar.
Había oído su voz; ahora quería verla. Bajó al estudio.
Tenía en el bolsillo un rollo de una película Sríper Ocho perteneciente a Charles Leeds. Tres semanas antes de su muerte, Leeds había dejado la película en una farmnacia que luego las enviaba a revelar a otra parte. Jamnás la retiró. La policía encontró el recibo en la billetera de Leeds y buscó la película en la farmnacia. Los detectives la habían visto junto con otras fotos de la familia reveladas al mismo tiemnpo y no encontraron nada interesante.
34

Graham quería ver a ‘os Leeds con vida. Los detectives le ofrecieron ¿ proyector de la comisaría. Pero él quería verla en 6 casa. De mala gana le permitieron retirarla del depósito de Pertenencias Particulares.
Graham encontró la pantalla y ¿ proyector dentro del armario del estudio, los instaló y se sentó en ¿ gran sillón de cuero de Charles Leeds para mirar. Sintió algo pegajoso en ¿ brazo del sillón debajo de la palma de su mano, la impronta pegajosa de los dedos de un niño mezdada con pelusas. La mano de Grahamn olía a caramelo.
Era una breve, simpática y silenciosa película familiar, más imaginativa que la generalidad. Se iniciaba con un perro, un Scotty gris, dormido sobre la alfombra del estudio. El perro se inquietó momentáneamente por la filmación y alzó la cabeza para mirar a la cámara. Luego siguió durmiendo. Un corte notorio con ¿ perro todavía durmiendo. Enseguida, el perro paró las orejas. Se levantó y ladró y la cámara lo siguió hasta la cocina, donde corrió hacia la puerta y permaneció expectante, agitándose y moviendo su cola rabona.
Graham se mordió el labio inferior y esperó también. En la pantalla la puerta se abrió y entró la señora Leeds llevando una bolsa con comestibles. Pestañeó y rió sorprendida y se tocó el pelo alborotado con su mano libre. Sus labios se movieron mientras desaparecía de 6 pantalla y detrás de ella irrumpieron los niños llevando b01- sas más chicas. La niña tenía seis años y los varones ocho y diez.
El menor de ellos, aparentemente un veterano de películas familiares, señaló sus orejas y comenzó a moverlas. La cámara estaba situada bastante alta. De acuerdo al informe del médico forense, Leeds medía un metro noventa.
Graham pensó que esta parte de la película debía haber sido filmnada a principios de la primavera. Los chicos usaban impermeables y la señora Leeds estaba pálida. En la morgue tenía un bronceado pronunciado y marcas de traje de baño.
Seguían escenas breves de los chicos jugando piing pong en el sótano y de Susan, la niña, envolviendo muy concentrada un regalo en su cuarto, tocándose con la lengua el labio superior y con un mechón de pelo caído sobre la frente. Se echó el pelo hacia atrás con su manita regordeta, tal como lo había hecho su madre en la cocrna.
La escena siguiente mostraba a Susan en un baño de espuma, acurrucada como una ranita. Tenía puesto un gran gorro para ducha. El ángulo de la cámara era bajo y el foco borroso, evidentemente había sido obra de uno de sus hermnanos. La escena terminaba cuando gritaba silenciosamente dirigiéndose a la cámara mientras el gorro se deslizaba sobre sus ojos y la niña se cubría su pecho infantil con la mano.
Para no ser menos, Leeds había sorprendido a su esposa en la ducha. La cortina de la ducha se agitaba y combaba, como lo hacen los telones antes de una representación infantil escolar. El brazo de la señora Leeds aparecía por la cortina. Sujetaba en la mano una gran esponja de baño. La escena se cerraba con la lente empañada por espmna de jabón.
La película terminaba con una toma de Normnan Vincent Peale hablando por televisión y un enfoque de Charles Leeds roncando en el sillón en que estaba sentado en ese momento Graham.
Graham se quedó mirando el rectángulo vacío iluminado en la pantalla. Le gustaban los Leeds. Sentía haber ido a la morgue. Pensó que al maniático que los había visitado también debían haberle gustado. Pero con toda seguridad le gustarían mucho más como estaban ahora.
35

Graham sentía su cabeza embotada y atontada. Nadó en la piscina del hotel hasta que se le acalambraron las piernas y salió del agua pensando simultáneamente en d05 cosas: en un
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