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Thomas Harris
DRAGÓN ROJO



Título del original inglés, Red dmgén
Tmduccién, Elisa Lépez de Btllrich
Cubierta, Juan Falcé, Edicién No abreviada
Thomas Harñs, 1981
Emecé Editores, SA., 1982
Impreso y encuadernado por Printer Colombiana
Calle 64 No, 88A-30
Bogotá 1983
Printed in Colombia

2

«Se puede ver sólo lo que se observa y se observa sólo lo que ya est4 en la mente»
ALPHONSE BERTILLON
...Por que la Misericordia tiene un corazón humano,
la Piedad un rostro humano,
Y el Amor la divina Forma humana,
Yla Paz el ropaje humano.
WiLLIAM BLAKE,
Cantos de la Inocencia
(Una imagen Divina)
La Crueldad tiene un Corazón Humano,
y los Celos un Rostro Humano,
el Terror la Divina Forma Humana,
y el Secreto el Ropaje Humano.
El Ropaje Humano est4 Forjado en Hierro,
La Forma Humana una Forja Ardiente,
El Rostro Humano un Horno sellado,
El Corazón Humano su Fauce Hambrienta.
WILLIAM BLAKE, Cantos de la Experiencia
(Una Imagen Divina)’
Este poema fue encontrado después de la muerte de Blake junto con impresiones de ‘os grabados para ‘os Cantos de la Experiencia. Aparece solamente en las ediciones póstumas.
3

1
Will Graharn hizo sentar a Crawford junto a una mesa de picnic, entre la casa y ¿ océano, y le ofreció un vaso de té helado.
Jack Crawford miró la casa ‘Aeja y simpática cuyas maderas cubiertas de litre plateado resplandecían en la diáfana luz.
—Debí haberte agarrado en Marathon cuando sallas de trabajar -dijo Crawford—. No querrás hablar de este asunto aquí.
—No quiero hablar de eso en ninguna parte, Jack. Tú tienes que hacerlo, de modo que adelante. Pero no se te ocurra mostrarme ni una sola fotografia. Si trajiste algunas, déjalas en tu portafolio, Molly y Willy volverán pronto.
—Qué es lo que sabes?
—Lo que publicaron el Heraid de Miami y el Times —respondió Graham—. Dos familias asesinadas en sus casas con un mes de diferencia. Una en Birmingham y otra en Adanta. Las circunstancias eran similares.
-Simnilares no. Las mismas.
—Cuántas confesiones hasta ahora?
—Ochenta y seis cuando llamé esta tarde -manifestó Crawford—. T0d05 locos. Ninguno conocía los detalles Destroza los espejos y utiliza los pedazos rotos. Ni uno solo lo sabía.
otra cosa les ocultaste a los periodistas?
—Que es rubio, diestro y realmente frierte, calza zapatos nrímnero cuarenta y cinco. Un verdadero Hércules. Las impresiones son todas de guantes de goma.
—Eso lo dijiste en público.
—-No es muy hábil con las cerraduras —comenté Crawford—-. Utilizó un cortavidrio y una ventosa de goma para entrar en la última casa. Ah, su sangre es AB positiva.
—Lo hirió alguien?
—-Hasta ahora no lo sabemos. Analizamos su semen y saliva. Abundan sus secreciones —-Crawford contempló el mar calmo—-. Will, quiero hacerte una pregunta. Leíste todo en los diarios. El segundo caso Lic amnpliamnente comentado en la televisión. ¿Se te ocurrió alguna vez llamarmne?
No.
—-Y por qué no?
—-Al principio no había muchos detalles del primer caso, el de Birmingham. Podía haber sido cualquier cosa, una venganza, un pariente.
4

—Pero supiste de qué se trataba después del segundo.
—-Sí. Un psicópata. No te llamé porque no quise. Ya sé con quién trabajarás en este caso. Cuentas con ¿ mejor laboratorio. Con Hehnlich en Harvard, Bloom en la Universidad de Chicago...
—-Y te tengo aquí a ti, arreglando unos malditos motores de lanchas.
—-No creo que friera de mucha utilidad, Jack. Ya no pienso más en eso.
—-De veras? Atrapaste a d05. Los d05 últimos que tuvimos los atrapaste tú.
—-Y cómo? Haciendo las mismas cosas que haces tú y los demás.
—-Eso no es del todo cierto, Will. Es la forma en que piensas.
—-Creo que se han dicho muchas estupideces sobre mi modo de pensar.
—-Llegaste a conclusiones sin que nunca nos explicaras cómo lo hiciste.
—-Las pruebas estaban a la vista —-respondió Graham.
—Seguro. Seguro que estaban a la vista. Y después aparecieron muchas más. Antes del arresto teníamos tan pocas que difícilmente hubiéramos podido continuar.
—-Tienes la gente necesaria, Jack. No creo que yo pueda mejorar en nada ¿ equipo. ide mudé aquí para alejarme de todo ese ambiente.
—-Lo sé. La última vez te hirieron. Ahora pareces estar bien.
—-Lo estoy. Pero no es ¿ hecho de quedar herido. A ti también te lastimaron.
—-Me hirieron pero no en esa forma.
—-No se trata de haber sido herido. Decidí simplemente que ya era suficiente. No creo poder explicarlo.
—-Por Dios, te aseguro que comprendería perfectamente bien que ya no pudieras volver a enfrentarlo.
—-No. lvlira... siemnpre es feo tener que verlos, pero en cierta formna te las arreglas para poder frmncionar, siemnpre y cuando estén muertos. El hospital, las entrevistas, eso es lo peor. Tienes que apartarlo de tu mente para poder seguir pensando. No me creo capaz de hacerlo ahora. Podría obligarmne a mirar, pero me resultaría imnposible pensar.
—-Will, éstos están todos muertos —dijo Crawford lo más suavemente que pudo.
Jack Crawford escuchó ¿ ritmno y la sintaxis de sus propias frases en la voz de Graham. Había oído a Grahamn hacerlo en otras oportunidades, con otras personas. A menudo, en medio de una animnada conversación, Graham adoptaba la formna de hablar de su interlocutor. Al principio Crawford pensó que lo hacía deliberadamente, que era una treta para mantener el rit]no.
5

Pero más adelante Crawford se dio cuenta de que Graham lo hacía involuntariamente, que a veces trataba de evitado y no podía.
Crawford metió dos dedos en el bolsillo de su chaqueta. Arrojó luego sobre la mesa d05 fotografias boca arriba.
muertos —repitió.
Graham lo miró durante un instante antes de tomar las fotos. Eran simples instantáneas: una mujer seguida por tres niños y un pato, llevando una canasta de picnic junto a la orilla de una laguna. Una familia de pie detrás de una torta de cumpleaños.
Depositó nuevamente las fotografías sobre la mesa al cabo de medio minuto. Las puso una sobre la otra y dirigió su mirada a la playa, a lo lejos, donde el chico en cuclillas examinaba algo en la arena. La mujer lo observaba, apoyada su mano sobre la cadera mientras la espuma de las olas se arremolinaba en torno a sus tobillos. Se inclinó hacia atrás para sacudirse el pelo mojado pegoteado sobre la espalda.
Graham, haciendo caso omiso de su visita, observó a la mujer y al muchacho durante un lapso igual al que había dedicado a mirar las fotos.
Crawford estaba contento. Con el mismo esmero que había puesto para elegir el lugar de la conversación, cuidó que la satisfacción no se reflejara en su rostro. Le pareció que había conseguido a Graham. Tenía que dejarlo recapacitar.
Aparecieron tres perros increíblemnente feos que se echaron junto a la mesa.
——Dios mío... ——murmuró Crawford.
—Probablemnente son perros. La gente los abandona continuamente por aquí cuando son pequeños —explicó Graham—. Puedo deshacerme de los más o menos lindos y el resto se queda dando vueltas por el lugar hasta que son más grandes.
—Están bastante gordos.
—Molly tiene un corazón muy blando y le dan lástima.
—-Qué buena vida debes pasar aquí, Will. Con Molly y el chico. ¿Cuántos años tiene?
—Once.
un lindo muchacho. Va a ser más alto que tú.
-Su padre lo era —afirmó Graham—. Tengo suerte de poder estar aquí. Lo sé.
—Quería traer a Phyllis a Florida. Me gustaría conseguir un lugar para iinstalarmne cuando me jubile y dejar de vivir comno un topo. Ella dice que todas sus amigas están en Arliington.
-Siempre quise agradecerle los libros que me llevó al hospital pero nunca lo hice. Hado por mí.
——Lo haré.
6

Dos pequeños y coloridos pajaritos se posaron sobre la mesa esperando encontrar algo dulce. Crawford los observó mientras daban pequeños saltitos de uno a otro lado hasta que finalmente volaron.
—MTill, este degenerado parece actuar siguiendo las fases de la luna. Asesiné a los Jacobi en Birmingham la noche del sábado 28 de junio, noche de luna llena. Maté a la familia Leeds en Adanta anteanoche, 26 de julio. Un día antes de cumplido ¿ mes lunar. De modo que si tenernos suerte, todavía nos quedan un poco mÁs de tres sananas hasta que vuelva a actuar.
»No creo que tú quieras esperar aquí en los cayos y enterarte del próximo caso por medio del Heraid. Caray, no soy el Papa, no estoy diciéndote lo que debes hacer, pero quiero preguntarte una cosa: ¿mi opinión significa algo para ti, WiII?
—Sí.
—-Creo que las posibilidades de atraparlo rápido son mayores si tú nos ayudas. Vamos, \ViU, anftnate y danos una mano. Ve a Adanta y a Birmingham a echar un vistazo y luego pasa por Washington.
Graham no contesté.
Crawford esperé hasta que cinco olas rompieron en la playa.
Se puso entonces de pie y se eché la chaqueta de su traje sobre un hombro.
—-Conversaremos después de la comida.
—-Quédate a comer con nosotros.
Crawford meneé la cabeza.
—-Volveré más tarde. Debe de haber mensajes en el Holiday Inn y tengo que hacer unas cuantas llamadas. De todos modos agradécele a Molly de mi parte.
El automévil alquilado por Crawford levanté una fina capa de polvo que se deposité sobre los arbustos préximos al camino de grava.
Graham volvié junto a la mesa. Tenía miedo de que ése friera su último recuerdo del cayo Sugarloaf: hielo derritiéndose en d05 vasos con té, servilletas de papel cayendo de la mesa impulsadas por la suave brisa y Molly y Willy allá lejos en la playa.
Atardecer en Sugarloaf: las garzas inrnéviles y el disco rojo del sol haciéndose más grande cada segundo.
MTiII Grahamn y Molly Foster Graham estaban sentados sobre un tronco desteñido arrastrado por la marca, sus caras tenían un tinte anaranjado por el reflejo del sol poniente y sus espaldas estaban envueltas en sombras violáceas. Ella le tomé la mano.
—Crawford pasé por la tienda para yerme antes de venir aquí —-dijo—-. Me pidié la direccién. Traté de llamarte. Creo que de vez en cuando deberías contestar el teléfono. Vimos el automévil cuando llegamos a casa y dimos vuelta hacia la playa.
—-Qué más te pregunté?
7

-Cómo estabas.
—Qué le contestaste?
—Que estabas bien y que debería dejarte tranquilo. ¿Qué quiere que hagas?
—Ver unas pruebas. Soy especialista forense, Molly. Has visto mi diploma.
—Lo que vi Lic cómo remendaste una rajadura en ¿ papel del techo con tu diplorna -Se sentó a horcajadas sobre ¿ tronco para mirarlo de frente—. Si extrañaras tu otra vida, lo que hacías antes, supongo que hablarías de ello. Jamás lo haces. Ahora estás tranquilo, cómodo y comunicativo... y eso me encanta.
—Lo pasarnos bien, verdad?
Ese rmnico y lento parpadeo le indicó que debería haber dicho algo mejor, pero ella insistió antes de que pudiera corregirlo.
—Lo que hiciste por Crawford fue malo para ti. El tiene muchas otras personas, supongo que todo ¿ bendito departamento. ¿Es posible que no pueda dejarnos en paz?
—Crawford no te lo contó? Fue mi jefe las d05 veces que dejé la Academia del FBI para volver al campo de batalla. Esos d05 casos frieron los únicos de ese tipo que jamás había tenido y hace mucho tiempo que Jack está en ¿ FBI. Ahora se le ha presentado otro. Esta clase de psicópata es muy poco común. El sabe que yo he tenid 0... experiencia.
-Sí, así es —respondió Molly. Por la camisa desabrochada de ‘S)Vill podía ver la curva de la cicatriz sobre ¿ estómago. Era sobresaliente y de un dedo de ancho y jamás se bronceaba. Corría desde la cadera izquierda y se torcía hasta alcanzar las costillas del lado opuesto.
Se la había hecho ¿ doctor Hanribal Lecter con un cuchillo ¿ año anterior a que Molly conociera a Grahamn. Casi lo llevó a la tumba. El doctor Lecter, apodado por los diarios «Hannibal ¿ Cam’bal», era ¿ segundo psicópata que había atrapado Will Graham.
Cuando salió fmalrnente del hospital, presentó su renuncia a la Oficina Federal de Investigaciones, abandonó Washington y se puso a trabajar como mecánico de motores diesel para lanchas en un astillero de Marathon, en los cayos de Florida. Se había criado haciendo ese tipo de trabajo. Dormía en una casa rodante en ¿ astillero hasta que apareció Molly y su destartalada mansión del cayo Sugarloaf.
El se sentó también a horcajadas sobre el tronco y aferró las manos de Molly. Los pies de ella se deslizaron bajo los de Grahamn.
—Muy bien, Molly. Crawford cree que yo tengo un olfato especial para los monstruos. Es casi como una superstición.
—Y tú piensas como él?
Graham contemnpló tres pelícanos que volaban en fila sobre los bajíos del mar.
8

—Molly, un psicópata inteligente, especialmente un sádico, es muy dificil de atrapar por varias razones. En primer lugar porque no existe un motivo que se pueda rastrear. De modo que esa posibilidad queda descartada. Y generalmente no podrás contar con ninguna ayuda por parte de soplones. Verás, en la mayoría de los arrestos es más importante ¿ papel de los soplones que ¿ de los detectives, pero en casos como éste no hay soplones. Quizás él ni siquiera sabe lo que está haciendo. De modo que debes aprovechar todas las pruebas que tengas y deducir lo demás. Tienes que tratar de reconstruir su forma de pensar. Tratar de encontrar pautas.
—Y seguirlo y enfrentarlo —acotó Molly—. Tengo miedo de que si te lanzas tras ese maniático, o lo que sea, te haga lo mismo que te hizo ¿ último. Exactamente. Y eso es lo que me aterra.
—Nunca me verá ni conocerá mi nombre, Molly. La policía será la encargada de detenerlo si es que lo encuentran. Yo no. T0d0 lo que Crawford quiere es otro punto de vista.
Ella observó ¿ sol color púrpura que parecía desparramarse sobre ¿ mar. Unos cirros altos resplandecían sobre él.
A Graham le encantaba la formna en que Molly giraba la cabeza, ofreciéndole con gran naturalidad su peor perfil. Podía ver latir ¿ pulso en su cuello y recordó súbita e intensamente ¿ sabor a sal en su piel. Tragó y dijo:
—Qué demnonios puedo hacer?
—Lo que ya has decidido. Si te quedas aquí y ocurren nuevas muertes tal vez eso te haga odiar este lugar. A la hora señalada y todas esas tonterías. Si friera así, no me harías realmente ninguna pregunta.
—Y qué responderías si te hiciera una pregunta?
—Quédate aquí conmigo. Conmigo. Conmigo. Conmigo. Y Willy, lo induiría también a él si sirviera de algo. Se supone que debo secarmne los ojos y agitar mi pañuelo. Si las cosas no funcionan bien, tendré la satisfacción de que hiciste lo correcto. Durará tanto como el toque de silencio. Entonces podré volver a casa y conectar un solo lado de la manta eléctrica.
—-Estaré detrás de todos.
—-No lo creo ni por un minuto. ¿Qué egoísta soy, verdad?
—-No me importa.
—-A mí tamnpoco. Esto es tan agradable y pacífico. T0d0 lo que te pasó antes contribuye para que lo sepas. Para que lo valores, quiero decir.
El asintió.
—-No quiero perderlo por nada del mundo —-dijo Molly.
—No. No lo perderemnos.
Oscureció rápidamnente y Júpiter apareció, bajo, en el sudoeste.
9

Crawford volvió después de la comida. Se había quitado la chaqueta y la corbata y arremangado la camisa para parecer más frifonnal. A Molly le parecieron repulsivos los gruesos y pálidos antebrazos de Crawford. Le daba la impresión de ser un maldito mono sabio. Le sirvió una taza de café bajo ¿ ventilador del porche y se sentó junto a él mientras Graharn y MTilly sallan a darles de comer a los perros. No dijo una sola palabra. Las mariposas golpeaban suavemente contra las persianas.
—Tiene muy buen aspecto, Molly -dijo Crawford—. Ambos lo tienen, delgados y bronceados.
—Diga lo que diga se lo llevará, verdad?
-Sí. Tengo que hacerlo. Es preciso. Pero le juro por Dios, Molly, que trataré de que sea lo más llevadero posible para él. Ha cambiado. Qué gran cosa que se casaran.
-Cada vez se siente mejor. Ya no sueña tan seguido. Estuvo realmente obsesionado por los perros durante un tiempo. Pero ahora sólo se ocupa de ellos; no habla de ellos constantemente. Usted es su amigo, Jack. ¿Por qué no puede dejarlo en paz?
—Porque tiene la mala suerte de ser ¿ mejor. Porque no piensa como los demás. Porque no sé cómo nunca se ha encasillado.
cree que usted quiere que vea unas pruebas.
—Quiero que vea unas pruebas. No hay nadie mejor para eso. Pero tiene esa otra cosa ademnás. Imnagiriación, percepción, lo que sea. Pero esa parte no le gusta.
-Si usted la tuviera tamnpoco le gustaría. Prométame algo, Jack. Prométame que se encargará de que no se acerque demnasiado. Creo que lo destruiría tener que luchar.
—No tendrá que luchar. Puedo prometérselo.
Molly ayudó a Grahamn a preparar su equipaje una vez que terminó con los perros.
‘o
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