Resulta definitorio para afirmar que las piezas identificadas por los técnicos de “ciadea s. A.” conformaban el vehículo que llevó en su interior la carga






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A.16) Las defensas de Juan José Ribelli, Raúl Edilio Ibarra y Ariel Rodolfo Nitzcaner pusieron en tela de juicio el valor probatorio que cabe asignarle al hallazgo, en el cuerpo de Ramón Nolberto Díaz, de un amortiguador que llevaba estampado el logo de la firma “Renault”.

Fundaron su cuestionamiento en las siguientes circunstancias:

a) Ningún testigo dio cuenta de la presencia del cadáver del nombrado en la vereda del edificio de Pasteur 632, lugar en que Díaz se encontraba al momento de la detonación, como así tampoco en las dependencias de la Comisaría 5ta., a donde se remitieron, en un primer momento, los cuerpos sin vida; máxime cuando concurrieron al debate varias personas que dijeron haber egresado de aquél edificio poco tiempo después de ocurrido el atentado;

b) La posición en que se halló el amortiguador en el cuerpo de Díaz no se correspondía con la trayectoria que debió seguir al momento de ingresar, teniendo en cuenta la ubicación del vehículo que supuestamente cargaba el material explosivo;

c) El amortiguador no presentó vestigios de material explosivo, siendo la única pieza de las que componían el presunto utilitario que carecía de ese tipo de impregnación;

d) El debate no pudo acreditar el itinerario del cadáver de Díaz desde que se produjo la explosión hasta que ingresó a la Morgue Judicial, horas después, y

e) El amortiguador pudo corresponder al vehículo Renault 20 que también fue alcanzado por la explosión.

Cabe señalar que ninguno de los argumentos reseñados diluye el sólido cuadro probatorio analizado en el presente capítulo, en virtud del cual se tuvo por acreditada la utilización de una camioneta Renault Trafic como coche bomba, en tanto se apoyan en consideraciones que sólo encuentran sustento en la especulación de quienes las esgrimen.

En efecto, la prueba producida en el debate impide sostener, con algún viso de seriedad, que el cuerpo de Ramón Nolberto Díaz, quien en vida se encontraba en la vereda opuesta a la mutual judía, casi en línea recta con el epicentro de la explosión, debió hallarse allí tras la detonación.

Basta recordar, al respecto, que la fuerza provocada por el estallido, a más de derribar el edificio de la A.M.I.A., fue suficiente para girar, casi 90º, el automóvil Renault 20 de Daniel Joffe (ver fotografía nº 4, recibida a fs. 1975 del legajo de instrucción suplementaria, la de fs. 9 del anexo planimétrico fotográfico, parte I y las video filmaciones, donde se lo observa en posición perpendicular a la calle), arrancar de cuajo una columna de iluminación (ver acta de fs. 44 del informe preliminar del Departamento Explosivos y fotografía nº 10, recibida a fs. 1975 del legajo de instrucción suplementaria) y provocar que el vehículo de Isidro Neuah saltara, sin rodar, unos cuantos metros.

Forzoso es concluir, entonces, que el cuerpo de Díaz fue desplazado del lugar en el que se encontraba al ocurrir la tragedia, resultando carentes de toda relevancia las observaciones de quienes, momentos después, descendieron del edificio en el que aquél se desempeñaba como encargado.

Por otra parte, la circunstancia de que el amortiguador no presentara vestigios del explosivo no lleva a deducir, necesariamente, que éste no integró el vehículo utilizado como coche bomba.

En efecto, el perito que realizó el estudio químico sobre el amortiguador, Marcelo Leguizamón, explicó en el debate que el sistema utilizado en el laboratorio químico tenía un límite de detección de acuerdo a la cantidad de material explosivo que presentaban las muestras y, al contestar preguntas formuladas por la defensa de Juan José Ribelli, puntualizó que ellas se pueden deteriorar o degradar en caso de que no se preserven adecuadamente.

En igual sentido, el perito Gustavo Merlo, que también suscribió el estudio en cuestión, afirmó que la naturaleza química de los vestigios queda degradada y afectada por diversos factores, mencionando, entre ellos, la oxidación permanente, el oxígeno del aire y la humedad.

Tales consideraciones cobran mayor entidad a poco que se repare en las condiciones en que arribó el material al laboratorio químico; esto es, un amortiguador que se había introducido en forma total en el cuerpo de una víctima (ver fotografías de fs. 1167/1168) y que permaneció en esas condiciones, al menos, durante siete horas (cónfr. constancia del ingreso del cuerpo a la Morgue Judicial a fs. 98 del anexo I y estudio de fs. 58 del informe preliminar).

Por otra parte, la circunstancia de que en el debate no hubiese podido explicarse dónde permaneció el cadáver de Díaz en el lapso transcurrido entre la explosión y su ingreso a la Morgue Judicial, a eso de las 17, no autoriza, en modo alguno, las suspicacias que la defensa de Ibarra dejó entrever y que la de Ribelli sostuvo, relacionadas con la forma en que el amortiguador pudo haber ingresado al cuerpo de aquél; máxime si, como se vio, el médico forense Carlos Alberto Navari descartó la posibilidad de que haya podido incrustarse en el cuerpo en forma manual, puesto que para ello se hubiera requerido una fuerza similar a la que produjo la explosión.

No es atendible el argumento de que dicho cadáver no pudo ser reconocido como uno de los que, inicialmente, se depositaron en la comisaría 5ª de la Policía Federal, como tampoco deducir, a partir de tal circunstancia, que debió ser llevado a otro sitio distinto, puesto que no existe en la causa ni surgió del debate ninguna prueba que acredite que en esa dependencia policial se hubieran efectuado reconocimientos de las víctimas fatales; diligencias que recién se llevaron a cabo una vez arribados los cuerpos a la Morgue Judicial.

En ese sentido, mal puede sustentar el extremo invocado por la defensa el nudo testimonio del oficial Miguel Ángel Castro, quien se encargó de recibir en la Comisaría 5ta., a poco de acaecido el atentado, los cuerpos sin vida de las víctimas, por cuanto si bien es cierto que no recordó el ingreso del de Díaz en esa dependencia, no lo es menos que tampoco pudo dar cuenta de las particularidades que presentaban cada uno de los cuerpos, el número exacto que recibió, ni qué día arribó a la Morgue Judicial el cadáver de aquél; imprecisiones todas ellas que autorizan a restar valor a sus dichos.

Asimismo, la especulación que efectuó la defensa de Ibarra en derredor a la trayectoria que debió realizar el amortiguador para ingresar en el cuerpo de Díaz del modo en que lo hizo, aparece antojadiza en tanto se ignora, más allá de la referencia que dio Juan Carlos Álvarez, el lugar y la posición exacta de la víctima al momento del estallido.

Por lo demás, la defensa refiere una hipótesis acerca de la cual no ha propiciado prueba alguna, sin que hubiese interrogado a los peritos acerca de los aspectos que ahora sustentan su inquietud.

Por último, también cabe desechar el planteo efectuado por la defensa de Ariel Rodolfo Nitzcaner, con base en que no es posible afirmar que el amortiguador incrustado en el cuerpo de Díaz hubiera pertenecido a la supuesta camioneta que habría cargado el explosivo, en razón que podría corresponder al Renault 20 también alcanzado por la detonación.

En ese sentido, como sostuvo la querella de D.A.I.A., el informe de “CIADEA S.A.” de fs. 14.263/14.265, precisó que dicha autoparte, aludida como “referencia fotográfica 26”, era de uso común en todos los modelos Trafic de la firma Renault; conclusión a la que se arribó, según los técnicos José Luis Martilotta y Jorge Florencia Valdéz, a partir del código numérico que presentaba el elemento (en igual sentido, ver acta de fs. 24 y catálogo de fábrica de fs. 164 del Informe Preliminar).

Por otra parte, las fotografías de fs. 7557/7558 y el inventario de fs. 7555 confutan la argumentación del abogado defensor, a poco que se advierta que el Renault 20 aludido, si bien presentó graves daños, no sufrió desprendimientos de sus partes estructurales, como necesariamente debiera haber acontecido en el supuesto invocado.

A mayor abundamiento, el mentado Informe Preliminar indicó a fs. 3vta. que el vehículo en cuestión no sufrió desvinculaciones evidentes de partes constitutivas de carrocería y motor, como tampoco de sus respectivos trenes rodantes.

A.17) Como se afirmó, la carga explosiva, estimada –en su equivalente en T.N.T.- entre 300 y 400 kgs. y compuesta de nitrato de amonio, con el agregado de aluminio, un hidrocarburo pesado, T.N.T. y nitroglicerina, detonó en el perímetro delimitado por la línea de edificación, una línea paralela desplazada un metro hacia adentro del hall de entrada del edificio de Pasteur 633, el eje de simetría de la puerta de entrada y una línea paralela desplazada un metro y veinticinco centímetros hacia la calle Tucumán.

Tal extremo surge de los peritajes químicos confeccionados por Gustavo Adolfo Merlo y Marcelo Leguizamón, integrantes de la División Experimentación y Adiestramiento de la Superintendencia de Bomberos, obrantes a fs. 50, 51, 53, 55, 56, 57, 59, 60 y 61 del Informe Preliminar, de los que se desprende que en las muestras analizadas se detectó la presencia de iones de nitrato, nitrito y amonio, además de aluminio elemental, conformándose dichas muestras con restos irregulares de metal, algunos de ellos con pintura color blanca, un trozo de cubierta de automóvil, una pieza similar a un elástico, dos restos metálicos -identificados como “oquedad”- de formato irregular y bordes desgarrados y varios algodones con adherencias provenientes de la limpieza de distintos elementos, tales como el volquete que se hallaba en el lugar del hecho, una llanta identificada como muestra n° 32, otra identificada como rueda de auxilio y una columna metálica.

En otra muestra, además de las mencionadas sustancias, se detectó la presencia de vestigios de nitroglicerina; tal, el caso del informe glosado a fs. 52 en relación a una pieza metálica con desgarramientos en uno de sus extremos.

En igual sentido, los peritos Alberto Raúl Candia y Ricardo Agustín Padula de la División Laboratorio Químico de la Policía Federal Argentina, informaron a fs. 62/62-1 del Informe Preliminar que concurrieron al área del siniestro y recogieron un trozo de tela de color azul que se hallaba en la columna de un comercio de sombreros, lindero a la A.M.I.A. y un material de color verde grisáceo, adherido al frente de mármol del edificio ubicado frente a la mutual (ver, además, el acta de fs. 62-2 del informe mencionado).

Luego de someter a dichas muestras a los reactivos químicos idóneos para detectar sustancias explosivas, se comprobó, en el caso del trozo de tela, la presencia de gran cantidad de aluminio, amonio y compuestos que contienen en su estructura grupos nitro y, en el material verde grisáceo, identificado como nº 3, además de aluminio y amonio, hidrocarburos, aniones oxidantes, óxidos de nitrógeno y amoníaco.

Por lo demás, el estudio químico de fs. 40/41 del Informe Final aclaró que en la última muestra se comprobó “la presencia apenas perceptible de hidrocarburos superiores a 14 átomos de carbono (pesados), que no pudieron ser identificados”.

En el estudio glosado a fs. 62/62-1 también se analizó un trozo de metal plano, rectangular, deformado y con bordes irregulares (muestra n° 1), que se corresponde con la pieza nº 2, identificada por “CIADEA S.A.” como un trozo de llanta (aro) deformada nº 77-00724717, en la que también se comprobó la presencia de amonio, aniones oxidantes y compuestos que contienen en su estructura grupos nitro.

En relación a las sustancias detectadas en las últimas tres muestras mencionadas, en particular, las entidades amonio, aluminio, hidrocarburos y grupos oxigenados del nitrógeno, los especialistas destacaron que se correlacionan con los componentes de un explosivo del tipo de los amonales.

Finalmente, los peritajes químicos obrantes a fs. 29 y 30 del Informe Final, suscriptos por el citado Merlo, acreditaron que en las piezas identificadas por los técnicos de “CIADEA S.A.” con los números 1, 2, 60, 82 y 90 se detectó la presencia de trazas de iones de nitrato, nitrito, amonio, aluminio, sulfato, carbonato, calcio y carbón, como así también nitroglicerina y trinitrotolueno (T.N.T. y trotil), siendo los dos últimos altos explosivos.

Las sustancias antes mencionadas, según señalaron en el debate los químicos Gustavo Merlo y Marcelo Leguizamón, constituyen los componentes de un explosivo denominado nitrato de amonio, con grandes cantidades de aluminio en polvo, como así también vestigios de un compuesto muy similar a la nitroglicerina; deduciendo el primero de los nombrados que la concentración de nitroglicerina en el total de la masa explosiva era mínima, en razón de la forma muy tenue en que aparecía en las muestras.

Por su parte, los químicos Alberto Raúl Candia y Ricardo Agustín Padula reconocieron su firma en los exámenes señalados, agregando éste último que algunas de las muestras las tomaron en el lugar del hecho, a los pocos días de sucedido. Finalmente, el suboficial Rafael Ángel Carelo ratificó esta última circunstancia.

Sobre la base de los citados peritajes químicos y del estudio realizado por el ing. Juan María Cardoni sobre el eje trasero y las deformaciones que presentaron las piezas que conformaron el tren trasero, los peritos Carlos Néstor López, Daniel Alberto Helguero y Raúl Arbor determinaron que se utilizó una carga explosiva calculada en un mínimo de 300 kgs. de nitrato de amonio, con el agregado de aluminio, un hidrocarburo pesado y probablemente sensibilizado con T.N.T. y nitroglicerina.

En idéntico sentido, el estudio químico obrante a fs. 5638/5909 del legajo de instrucción suplementaria, elaborado por Daniel Alejandro Converso, Hugo Ariel Iseas, Graciela Alicia González y Hugo Ricardo Pérez, integrantes de la Dirección de Policía Científica de Gendarmería Nacional, en conjunto con los peritos propuestos por la querella DAIA, AMIA y “Grupo de Familiares”, Alfredo Ignacio Saravi y Ricardo Torello, demostró que treinta y un de las treinta y cuatro muestras de chapas tomadas al azar presentaron restos de nitratos, nitritos y amonio y que siete de ellas presentaban, además, vestigios de hidrocarburos de más de 14 átomos de carbono, al igual que el block del motor que, además de dichas sustancias, presentó restos de trotil (T.N.T.); característicos, todos ellos, de un explosivo con base de nitrato de amonio.

A.18) Que en punto a la cantidad de material explosivo utilizado y al lugar en que éste detonó, se tiene en cuenta el estudio de simulación computacional tridimensional que reprodujo virtualmente, en forma completa, la mecánica del suceso; estudio que se encomendó a los Dres. ingenieros Bibiana Luccioni, Daniel Ambrosini y Rodolfo Danesi, pertenecientes al Instituto de Estructuras “Ing. Arturo M. Guzmán” de la Universidad Nacional de Tucumán (cónfr. fs. 6112/6210 del legajo de instrucción suplementaria).

Con sustento en los planos del edificio, la información catastral, el informe de daños elaborado por la Asociación de Ingenieros Estructurales, los peritajes acerca de la mecánica de la explosión, las fotografías, los videos y demás información incorporada a la causa, se realizó una modelación de toda la cuadra de Pasteur al 600, con el objetivo de obtener la distribución de presiones ante distintas alternativas de ubicación y masa del explosivo, valorada bajo el denominador T.N.T., lográndose una primera aproximación acerca de la ubicación más probable del foco de la explosión y de la cantidad de explosivo utilizado.

Para ello, los profesionales antes señalados consideraron que el programa computacional “AUTODYN-3D”, junto a los procesadores “Lagrange”, “Euler”, “Lagrange-Euler Arbitrario” y “Shell”, acoplados al sistema informático, era el más adecuado para desarrollar la solución al problema planteado, en razón de su particular diseño para el análisis de los problemas de impacto y explosiones.

Debe destacarse que las mallas que reprodujeron los edificios ubicados en ambas veredas de la calle Pasteur se formaron con elementos tridimensionales de forma cúbica, de 8 nodos y de 50 cm de lado, lo cual conduce a modelos de 380.000 y 615.000 elementos, respectivamente, para las veredas de la A.M.I.A. y su opuesta; dicho programa también reprodujo los distintos comportamientos de los fluidos y gases comprometidos en la prueba.

Con el objeto de evaluar la cantidad de explosivo utilizado se consideraron cargas de 300 y 400 Kgs. de T.N.T. y se analizaron, además, otras alternativas que permitieron descartar masas de explosivos fuera de esos rangos.

También en dicho estudio se analizaron distintas alternativas de ubicación del foco: sobre la vereda, a 2 m de la línea de edificación; sobre la línea de edificación; en el hall de entrada del edificio de Pasteur 633, a 1 m de la línea de edificación; en el sótano de dicho edificio; en el interior de la mutual, a 5 m de la línea de edificación; en el mencionado hall, a 1 m de la línea de edificación y a 1,25 m hacia la calle Tucumán y en dicho hall, a 1 m de la línea de edificación y a 1,25 m hacia la calle Viamonte.

Como alternativas adicionales se analizó la influencia que pudieron tener en el desarrollo del suceso el volquete colocado frente a la sede de la A.M.I.A., para lo cual se modeló uno que se ubicó en el lugar que indican las constancias del expediente y un eventual direccionamiento de la carga explosiva, a cuyo efecto se modeló un direccionamiento, mediante celdas rígidas, alrededor del foco de la explosión.

En todos los casos, se ubicaron en los modelos computacionales puntos de control en los que se grabaron todas las variables del problema; dichos puntos -139 en los edificios ubicados en la vereda de numeración impar y 143 en la de enfrente- se localizaron, a lo largo de Pasteur al 600, en los frentes de los edificios más relevantes, determinándose como las variables de mayor importancia la presión registrada en cada punto y el impulso generado por dicha presión, lo cual constituye una medida de la energía incidente.

En base a distintas pruebas empíricas desarrolladas por los investigadores estructuralistas, se determinaron los diferentes niveles de daños que producen en las estructuras las diversas presiones reflejadas, dependiendo ello de la intensidad de la onda incidente, del ángulo con el cual se intercepta la superficie y de la naturaleza de la superficie.

En cada una de las alternativas simuladas se registró la sobrepresión máxima y el impulso máximo reflejados en cada uno de los puntos de control y el consecuente daño producido en las estructuras.

Posteriormente se confeccionó un mapa de los daños resultantes en las distintas alternativas simuladas, para lo cual se tuvo en cuenta, además, el tipo de configuración estructural sobre la que incidió el impulso máximo, en el sentido de que si el impulso máximo reflejado fue suficiente para demoler la estructura portante del edificio en ciertos pisos, éste resultará demolido por arriba de ese nivel. Teniendo en cuenta ello, más los niveles de impulso máximo reflejados, se definieron los distintos niveles de daño; a saber: demolición total; demolición de paredes de mampostería y daño en estructuras de hormigón; fisura de paredes de mampostería; mayor parte de vidrios rotos, daño en elementos de cerramiento, cielorrasos, marquesinas, etc. y, finalmente, algunos vidrios sanos.

A partir del cotejo entre los niveles de daño surgidos de las distintas alternativas simuladas y los daños reales verificados en base a la información obtenida en la causa, los peritos arribaron a las siguientes conclusiones:

1) Que la ubicación más probable del foco de la explosión se estableció en la zona delimitada por la línea de edificación, una línea paralela a ella, desplazada un metro hacia el interior del hall de entrada al edificio de Pasteur 633, el eje de simetría de la puerta de entrada y una línea paralela a dicho eje, desplazada un metro con veinticinco centímetros hacia la calle Tucumán;

2) Que, independientemente del tipo de explosivo utilizado, la cantidad equivalente de T.N.T. está comprendida en el rango de 300 a 400 kgs.;

3) Que, si la cantidad de explosivo utilizado fue equivalente a 400 kgs de T.N.T., su ubicación más probable puede fijarse dentro del hall del edificio de Pasteur 633, a un metro de la línea de edificación; en cambio, si la cantidad de explosivo utilizado fue equivalente a 300 kgs de T.N.T., su ubicación más probable se establece sobre la línea de edificación. En caso de cantidades intermedias corresponderían ubicaciones intermedias;

4) Que deben descartarse todas las otras alternativas simuladas;

5) Que la presencia del volquete no tuvo ningún efecto sobre los daños causados en el edificio de Pasteur 633 y,

6) Que en caso de haberse direccionado la carga explosiva hacia el edificio de Pasteur 633, dicho direccionamiento no tuvo una eficiencia completa; conclusión supeditada al análisis computacional completo de la destrucción del edificio de la A.M.I.A.

También utilizando la misma herramienta computacional, los nombrados presentaron el estudio obrante a fs. 7296/7348 del legajo de instrucción suplementaria, referido a la simulación del colapso estructural del edificio de Pasteur 633, bajo cargas explosivas de magnitud y ubicación acordes a los límites más probables obtenidos en el estudio anterior.

La simulación del colapso abarcó el proceso que va desde la detonación de la carga explosiva, incluyendo la propagación de la onda de presión generada y su acción sobre la estructura, hasta su destrucción y derrumbe.

Para dicha simulación los expertos utilizaron un modelo computacional del edificio de Pasteur 633 completo, constituido por elementos de volumen que representaban la estructura de hormigón armado y las paredes de mampostería. La construcción de dicho modelo se realizó sobre la base de la reconstrucción de planos de arquitectura y estructura presentados en el primer informe.

Con el objeto de simular los materiales que formaban las distintas partes del edificio se utilizaron modelos numéricos apropiados a cada material en particular, cuyas propiedades se obtuvieron de los informes del “Instituto de Cemento Portland” sobre ensayos realizados en probetas extraídas en el lugar luego del suceso. Se incluyó en los modelos, además, la capacidad de simular fenómenos típicos de la respuesta a la acción explosiva, como la pulverización o fractura de partes de la estructura indispensables para producir el colapso estructural. Los modelos utilizados fueron probados y calibrados con resultados experimentales obtenidos dentro de los proyectos de investigación del Instituto de Estructuras y por otros autores.

Asimismo, para poder simular la propagación de la onda de presión, se incluyó en el modelo el aire en el que estaba inmerso el edificio en cuestión, que se dividió también en elementos de volumen prismáticos.

El análisis comenzó con una modelación de la detonación y la propagación de la onda de presión dentro del explosivo y en las capas de aire circundante. Dicho análisis, explicaron los técnicos, debió hacerse con mucho detalle, por lo que se realizó en una etapa previa, simulando un explosivo esférico y luego sus resultados fueron llevados a la malla de aire en donde estaba inmerso el edificio, en coincidencia con la ubicación del explosivo. A partir de allí, se simuló la propagación de la onda de presión en el aire y su interacción con la estructura. Los peritos explicaron que esa interacción se produce cuando la onda de presión encuentra una superficie sólida que le impide el paso y se refleja en ella, viéndose modificada su propagación. A la vez, cuando esas ondas de presión inciden sobre partes de la estructura, la deforman o destruyen, según su intensidad y, en este último caso, se abren paso hacia otros ambientes; la estructura destruida comienza a derrumbarse y las partes comienzan a caer impactando unas con otras.

Para calibrar el procedimiento de análisis y los distintos modelos que intervinieron, así como la discretización empleada en las distintas partes componentes de la estructura, se realizaron previamente sucesivas pruebas sobre estructuras más sencillas, de complejidad creciente, correspondientes a partes del modelo final, ajustando con ello la herramienta a utilizar.

Finalmente, se analizó el edificio completo según distintas ubicaciones y magnitudes de la carga explosiva, dentro de los límites más probables determinados en el primer estudio, obteniéndose gráficos que permitieron ver en forma secuencial el proceso de colapso de la estructura en los distintos casos.

Dicho estudio demostró que el colapso del edificio se produjo por un mecanismo de tipo gravitatorio originado por la destrucción de la mayor parte de las columnas de la planta baja y de la losa que se ubicaba sobre el sótano del bloque delantero, las que, debido a su cercanía con el foco de la explosión, se destruyeron por el solo efecto de la presión; las más alejadas, en cambio, lo hicieron por el efecto de tracción que ejerció dicha losa al ser empujada hacia arriba. Así, al quedar sin sustento, los pisos superiores comenzaron a caer, traccionando la parte trasera hasta desvincularse de ella a lo largo de una línea inclinada hacia atrás en altura.

De igual modo, las paredes de la planta baja direccionaron el daño hacia arriba, provocando un aumento sensible de los valores de presión en los pisos superiores que, junto a la acción de los patios de luz ubicados en la parte media del edificio, impidieron una mayor afectación de la estructura en el bloque posterior, que se mantuvo en pie.

A juicio de los expertos estructuralistas, una comparación del estado final del edificio, según los distintos casos analizados, con las fotografías obtenidas luego de la explosión, permite concluir que la simulación llevada a cabo reprodujo el mecanismo de colapso del edificio, confirmando que éste se originó por un explosivo de la magnitud y en las ubicaciones que se determinaron como más probables en el primer estudio. De dicho cotejo destacaron, en particular, la idéntica ubicación de los escombros, los que avanzaron en una línea inclinada hacia la calle Pasteur; el hecho de que en ambos casos hubiera losas de los pisos delanteros que quedaron colgando de la parte de la estructura que permaneció en pie; la existencia de losas apiladas, una encima de otra, luego del derrumbe y la gran similitud de los pórticos de la parte posterior que quedaron en pie.

En virtud de las conclusiones a las que arribaron, los peritos consideraron que los modelos que desarrollaron del proceso de propagación de la onda expansiva y del colapso de la estructura, completan satisfactoriamente la simulación computacional tridimensional de la mecánica del suceso.

En el debate los Dres. Luccioni, Ambrosini y Danesi, ratificaron los extremos reseñados precedentemente e ilustraron mediante imágenes tridimensiona- les las distintas etapas del proceso de simulación, graficando sus conclusiones; explicaron que si bien todos los cálculos poseen un cierto margen de error, en este caso era difícil admitirlo, tanto en los datos recabados o en el resultado de la simulación computacional, puesto que el análisis comparativo demostró una amplia concordancia entre los resultados simulados y la realidad documentada. Sin perjuicio de ello, admitió limitaciones en este tipo de estudio en el sentido de que es virtualmente imposible, con los recursos computacionales existentes, reproducir todos y cada uno de los detalles de los daños y del colapso.
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