Resulta definitorio para afirmar que las piezas identificadas por los técnicos de “ciadea s. A.” conformaban el vehículo que llevó en su interior la carga






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CAPÍTULO VII



A) El Tribunal tiene por acreditado que el viernes 15 de julio de 1994, a las 18.00 aproximadamente, un sujeto estacionó, en la playa de estacionamiento denominada “Jet Parking”, sita en Azcuénaga 959 de esta ciudad, una camioneta Renault Trafic cuyos cuatro últimos dígitos de dominio eran 8506, ubicándola en el sector que daba hacia esa calle, al frente. A esos efectos, el individuo abonó $ 100 en concepto de estadía por una quincena, brindando ciertos datos para la confección de una ficha del rodado.

Luego del atentado, los empleados del estacionamiento advirtieron que la camioneta no se encontraba más en la playa y conjeturaron que podría estar vinculada con el hecho, por lo que el jueves 21 de julio o al día siguiente, Manuel Bernardo Umansky y Mauricio Alejandro Vaysman, titulares de la concesión, se presentaron en la Embajada de Israel a fin de aportar esa información.

Las pruebas del debate no permitieron establecer en qué jornada, ni en qué horario, la camioneta Trafic de mención fue retirada de la playa.

B) Lo expuesto encuentra sustento en las declaraciones testimoniales de José Antonio Díaz, Jorge Carlos Giser, Elena Schargorodsky, César Omar Alderete, José Alejandro Címbolo, Manuel Bernardo Umansky, Mauricio Alejandro Vaysman, Gregorio Jorge Stilman, Jorge Daniel Torres, Jorge Luis Lucas, Horacio Antonio Stiuso, Néstor Ricardo Hernández, Roberto Jorge Saller y Luis Domingo Delizia.

A ello se agregan la documentación glosada a fs. 206/208, las fotografías que lucen a fs. 66.867/66.873 y 66.877/66.883, los gráficos agregados a fs. 66.876 y 66.898, las constancias obrantes a fs. 214 y 339, las actuaciones de fs. 99.433/99.504, el peritaje caligráfico glosado a fs. 77.922/77.925, las copias de fs. 78.708/78.710 y 80.477/80.630, el photo-fit obrante a fs. 20 del anexo de la División Scopometría de la Policía Federal Argentina que corre por cuerda y los informes de fs. 974/975 y 77.612/77.619 del principal y fs. 857/859 del legajo de instrucción suplementaria.

B.1) Al prestar declaración en la audiencia de debate, José Antonio Díaz manifestó que en julio de 1994 trabajaba como playero en el estacionamiento “Jet Parking”, sito en Azcuénaga entre Paraguay y Marcelo T. de Alvear, estando a su cargo entregar los tickets al ingreso de los vehículos y registrar los cuatro últimos dígitos de las patentes en una máquina.

Puntualizó que el viernes anterior al atentado, entre las 17.30 y las 19.00, se hallaba en el acceso de Paraguay y Azcuénaga, cuando advirtió el arribo de una camioneta, cuyos últimos cuatro números de la patente registró, la que no pudo completar su ingreso por haberse detenido el motor. Refirió que fue en ese momento en que, a pie, hizo su aparición un hombre que, luego de desplazar a su conductor, que descendió, logró ponerla en marcha, estacionándola en la mitad de la playa, con el frente hacia Azcuénaga. Si bien en un tramo sostuvo que ambos sujetos mantuvieron un diálogo, luego lo negó.

Acto seguido, explicó, el nuevo conductor le hizo una seña al otro y se retiró hacia el sector que da a la facultad contigua, en tanto el chofer original le inquirió acerca del sistema de la playa, informándole que iba a estacionar durante unos días. Ante ello, relató Díaz, le entregó el ticket y le indicó que se dirigiera a la oficina, donde lo atendió el gerente, Jorge Giser, encontrándose también los cajeros Elena y Alfredo.

Díaz recordó que permaneció intranquilo, pensando que, por lo raro de sus movimientos, podían ser ladrones y por ello, luego que el individuo se retiró, concurrió a ver a Giser, exponiéndole sus temores. Precisó que el sujeto que abonó la estadía se retiró sin pasar por donde quedó el vehículo estacionado.

Describió al segundo individuo como de 1,70 m. de altura, cabello negro, morocho y, según creyó, vestía saco y pantalón oscuros. En cuanto al primero, apuntó que parecía tener un pantalón vaquero, más desprolijo, sin percibir ninguna tonada o acento en particular en lo poco que habló.

Con relación a la camioneta, refirió que era “normal”, de color blanco y, según recordaba, sin inscripciones ni ventanas, no pudiendo precisar si tenía portón lateral. Remarcó el testigo que desconocía si se trataba de una Renault Trafic o de otra marca; tampoco pudo dar cuenta si estaba cargada, aunque acotó que luego de arrancarla, se desplazó rápidamente. No recordó si continuaba estacionada cuando se retiró o al regresar a trabajar al día siguiente, no pudiéndose establecer el momento en que abandonó la playa.

Díaz señaló que Elena, la cajera, recordó el episodio; si bien no pudo precisar cuándo, estimó que pudo ser el martes y afirmó que por ella y por Jorge se enteró que fue uno de los dueños de la empresa, Gregorio Stilman, quien a su vez dio aviso, sin poder indicar a quién. Asimismo, mencionó que no fue interrogado por la S.I.D.E., pero sí, a bordo de una camioneta, por personal de la D.A.I.A., a un mes del hecho, en la playa de estacionamiento.

Por su parte, Jorge Carlos Giser manifestó que en julio de 1994 se desempeñaba como gerente de la playa de estacionamiento “Jet Parking”, encontrándose habitualmente en la caja. Recordó que unos días antes del atentado, pudiendo haber sido el viernes, se presentó una persona a fin de gestionar un abono para estacionar por unos días –indicó siete- una camioneta Trafic blanca, cobrándosele $ 100 por una quincena.

Recordó que para tramitar la estadía el empleado José Díaz envió al sujeto a la caja, donde también estaban los cajeros Elena Schargorodsky y Alfredo Vaysman. Asimismo, puntualizó que como el conductor precisaba poder retirar la camioneta de la playa una o dos veces, le entregaron una oblea -como la de fs. 208-, que le permitía ingresar y egresar del estacionamiento mediante su sola exhibición, sin que ello quede registrado.

Explicó que, como lo hacía habitualmente, requirió al conductor determinados datos para completar la ficha del rodado, tales como su nombre y apellido, domicilio, marca del vehículo y número de dominio. Indicó que el sujeto dio como domicilio el “Hotel Las Américas”, suministrando su supuesto número de documento cuando le pidió la conformación de la patente; por esa razón, al advertirlo, debió tacharlo. Reconoció la ficha obrante a fs. 206 como la que confeccionara en la oportunidad y como propias las inscripciones manuscritas que luce, explicando que la palabra “nuevo” aludía a que se trataba de un cliente nuevo.

Describió a dicho individuo, que vestía saco y corbata, como de 1,70 ó 1,75 m de altura, de tez mate, pelo castaño y con acento del interior, si bien habló muy poco. Agregó que no usaba barba, ni bigote y que se lo notaba muy tranquilo.

El testigo señaló que cuando el conductor se retiró, José Díaz le comentó que había notado algo extraño, que el vehículo se le había quedado al ingreso y que, en algún momento, supuso que podía tratarse de un asalto. También explicó que la camioneta quedó registrada en una máquina que tomaba el horario de entrada y el tipo de vehículo, reconociendo el listado de fs. 207.

Con relación a la camioneta, indicó que si bien era de noche y en ese entonces la playa no contaba con sistema de iluminación, la vio estacionada contra el muro, mirando hacia la calle Azcuénaga. Recordó que la última vez que la vio fue el viernes antes de retirarse, precisando que era blanca, totalmente cerrada, sin portón lateral; tampoco el personal de la playa supo indicar cuándo la sacaron, pero, según creía, desapareció en la noche del sábado al domingo.

Indicó Giser que pasado uno o dos días del atentado, es decir, el martes o miércoles, alrededor del mediodía, se presentó un oficial de policía, vestido de civil, inquiriendo si tenían conocimiento de algún suceso extraño; luego de relatarle el episodio, el policía lo llevó a prestar declaración a la Brigada Antiterrorista o de Defensa de la Democracia, donde se hallaba un principal llamado Heise o similar; en esa oportunidad, recordó, aportó la documentación relacionada con la estadía del vehículo. En otro tramo de su declaración acotó que el policía se presentó en la semana del atentado, pero más hacia el día viernes y que, en una oportunidad, lo hizo alguien que dijo ser del Mossad.

Explicó que a raíz de lo publicado en los diarios, Elena asoció lo acontecido el viernes anterior con el atentado; asociación que llegó a oídos de uno de los dueños de la playa, “Lito” Umansky, quien luego apareció con el sujeto del Mossad; según creía, también conversó con otra persona del Mossad en el interior de una camioneta.

Manifestó que, según comentó el empleado de un garaje próximo, se pretendió estacionar la camioneta en otra playa, pero por la altura no se pudo.

A su turno, Elena Schargorodsky declaró que en julio de 1994 atendía la caja de la playa de estacionamiento “Jet Parking” y a eso de las 18.00 ó 19.00 del viernes anterior al atentado, atendió a un individuo que pidió estacionar una Trafic por quince días; debido a que cometió un error al indicarle el precio, lo llamó para rectificarlo, sin que opusiera reparos, creyendo recordar que le había cobrado $ 65, cuando en realidad eran $ 85.

La testigo describió al sujeto como de 1,70 m de altura, aproximadamente, delgado, de tez mate y con rasgos orientales, pudiendo ser oriundo del norte del país, como de Jujuy o Tucumán, quien informó que vivía en un hotel.

Explicó, además, que a los abonados por quincena se les daba un recibo, a la vez que se confeccionaba una ficha con los datos y que, en el caso particular, fue dicha persona quien informó que se trataba de una camioneta Trafic. Si bien en un primer momento dijo que completó la ficha personalmente, luego reconoció la letra de Giser (fs. 206); no obstante, aseguró que estuvo presente en el momento en que aportó los datos.

Con respecto a la camioneta, indicó que la vio de muy lejos y que tanto la persona que gestionó el estacionamiento como algunos compañeros suyos le dijeron que se trataba de una Trafic blanca.

Aseveró Schargorodsky que el lunes, al enterarse del atentado, sintió que algo extraño sucedía y preguntó por el vehículo, no pudiendo ser localizado en la playa ni determinarse cuándo salió. Así, refirió, lo comentó con Umansky y éste, a su vez, habló con otra persona, presentándose luego personal de la policía, del Mossad y del servicio de inteligencia nacional.

Aclaró que el lunes a la noche fue gente del Mossad, la hicieron subir a una camioneta para mirar unas fotografías de personas –sobre todo, orientales- y que ese mismo día fue la entrevista con el servicio de inteligencia nacional.

Con relación a la policía, explicó que cuando se presentó en la playa, la trasladaron, junto con Giser y Díaz, a una dependencia que desconoce. Pese a que no pudo precisar cuándo sucedió eso, creyó recordar que fue el mismo lunes a la noche o el martes.

Acotó que al relacionar la camioneta con el atentado aún no se hablaba en los medios de una Trafic, sino que fue una suposición suya y que el mismo lunes a la tarde llamó por teléfono al hotel, informándosele que el sujeto “no existía”.

Por su parte, César Omar Alderete declaró que en julio de 1994 trabajaba en un estacionamiento en la calle Azcuénaga como cajero, en el horario de 22.00 a 6.00 de la mañana y que días antes del atentado vio tres camionetas Trafic, una perteneciente a una aseguradora de riesgos de trabajo, otra ubicada sobre Azcuénaga, que tenía una suerte de antena en el techo, y la tercera con el frente hacia Azcuénaga.

Con relación a la última, recordó que era blanca, pero no se notaba bien el color debido a la suciedad. Agregó que se hallaba inclinada de trompa porque en la playa había una pendiente, pero no notó nada raro; si bien indicó que era cerrada, no pudo precisar si tenía puerta en el costado. Refirió que, según creía, el paragolpes era de chapa porque el domingo a la noche, mientras jugaba a la pelota con un compañero, apoyó el pie en la defensa que tenía. Aseveró que vio la camioneta cuando él se retiró el domingo a las 6.00.

Manifestó que se reintegró el lunes a la noche; oportunidad en que su compañero Alfredo y el gerente Jorge le comentaron que lo llevarían a declarar por ese tema, recogiéndolo la policía en un automóvil.

Por su parte, en la audiencia de debate el testigo José Alejandro Címbolo expresó que para la época del atentado laboraba en una playa denominada “Jet Parking”, no recordando haber visto una camioneta Trafic sobre la que se hicieron comentarios después de la explosión. Sin embargo, al ser confrontado con su declaración prestada ante el magistrado instructor, el testigo afirmó haber visto, uno o dos días antes de la explosión, una camioneta Trafic blanca en la playa de estacionamiento.

Durante la audiencia de debate, Díaz, Giser, Alderete y Címbolo ubicaron en un plano el lugar donde se estacionaron, en la playa, las camionetas a las que hicieron referencia; coincidieron en situarlas en el sector que daba hacia la calle Azcuénaga, entre el ingreso ubicado en la esquina de ésta y Paraguay y la salida que se hallaba a mitad de cuadra, sobre Azcuénaga.

B.2) Los restantes empleados de “Jet Parking” y los clientes que depusieron, dieron diversas referencias en cuanto a la existencia de camionetas, sin concordar en cuanto a la ubicación en la playa; por ello, nada permite afirmar que estuvieran aludiendo al mismo rodado que protagonizó el episodio del 15 de julio (cónf. declaraciones de Elba Noemí Alesso, Mario Alberto Boskis, Alfredo Horacio Di Fonzo, Néstor Alfredo Gibernau, Jorge Alberto Hurst, Alejandro Mario Lucchelli, Jorge Alberto Ruiz, María del Carmen Sallete y Rubén Luis Sosa).

Párrafo aparte merece la declaración de Nelly Marta Tilli de López, clienta de la playa, quien dijo haber visto estacionada una camioneta el domingo anterior al atentado, alrededor de las 17.45 ó 18.00, ubicándola en un sector coincidente con el señalado por los empleados mencionados en el apartado que antecede. Asimismo, hizo alusión a la presencia de una persona sentada en el asiento del acompañante.

Sin embargo, las circunstancias referidas por la nombrada -tanto la referencia temporal como la persona que dijo haber visto-, no fueron corroboradas por el testimonio de ningún otro empleado o cliente del lugar; extremo que no permite afirmar que hubiera aludido al mismo vehículo que José Antonio Díaz y Jorge Carlos Giser.

B.3) También prestaron declaración testimonial Manuel Bernardo Umansky, Mauricio Alejandro Vaysman y Gregorio Jorge Stilman, quienes hacia julio de 1994 eran los titulares de la concesión sobre el estacionamiento “Jet Parking”.

Con relación a tal concesión, a fs. 99.433/99.504 obra un informe elaborado por el Departamento Unidad de Investigación Antiterrorista, del que surge que la Dirección General de Verificaciones y Habilitaciones, dependiente de la Secretaría de Justicia y Seguridad del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, hizo saber que el local de Azcuénaga 959 registraba una constancia de habilitación del 5 de abril de 1994, a nombre de Mauricio Alejandro Vaysman, para desarrollar el rubro playa de estacionamiento, habiendo sido transferido el 17 de marzo de 1997 a nombre de “Estacionamiento Azcuénaga S.A.”.

Por su parte, Manuel Bernardo Umansky manifestó que el día del atentado concurrió a la playa de estacionamiento, pero no recibió ningún tipo de comentario relacionado con un vehículo; no obstante, aseveró que a los dos o tres días, cuando se comenzó a mencionar en los medios que una camioneta pudo haberse utilizado en el atentado, los empleados la relacionaron con una de características similares que había ingresado una noche, estacionándose sobre la calle Azcuénaga, la que nadie vio cuando se retiró.

En consecuencia, explicó, el día siguiente al acto que la comunidad judía realizó en la plaza de Los Dos Congresos, concurrió con su socio Alejandro Vaysman a la Embajada de Israel para informar lo sucedido, siendo atendidos por un muchacho con el que mantuvieron una charla breve. Asimismo, indicó que llevaron una tarjeta con los datos de la camioneta, que, según creía, era la obrante a fs. 206, aclarando que en dicha representación sólo aportaron los datos, mientras que la ficha, creía, se la entregaron a la Policía Federal. Agregó que a los dos o tres días concurrió a la playa gente de la Embajada y de la Policía.

Recordó que en la ficha del vehículo se había tomado la dirección del conductor, pero al intentar comprobarla –personal de la embajada o de la policía-, descubrieron que no existía.

Mauricio Alejandro Vaysman declaró que a raíz del comentario de Umansky acerca del ticket de una camioneta con un número de patente, al finalizar el acto que se realizó en frente al Congreso Nacional, concurrió con el nombrado a la Embajada de Israel a fin de informar lo sucedido, no recordando quién los atendió. Añadió que la reunión duró entre diez y quince minutos y si bien no recordó si exhibieron el ticket o aportaron los datos, aseveró que no lo dejaron allí; con posterioridad, sin poder precisar la fecha, concurrió personal policial a la playa, en varias oportunidades, para dialogar con el encargado y con el empleado que atendió al conductor de la camioneta.

Por último, Gregorio Jorge Stilman manifestó que, según creía, al día siguiente del atentado, escuchó un comentario en la playa acerca de un episodio con una camioneta Trafic que llamó la atención, acaecido el viernes o sábado previo. El vehículo, creía, contrató por cinco días o una semana y sólo permaneció un día; además, como había tenido dificultades para ingresar, su conductor fue ayudado por un transeúnte, a la vez que también se produjo un error con el documento que aportó.

En virtud de ello, indicó, se resolvió comunicar lo ocurrido a las autoridades, no pudiendo precisar cuándo ni a qué organismo, por cuanto lo canalizó alguno de sus socios.

B.4) Sin perjuicio de lo expuesto con relación a la información aportada por los propietarios de “Jet Parking”, en la audiencia de debate declararon diversos testigos acerca de otras vías por las que los investigadores habrían llegado a esa playa de estacionamiento.

Así, Jorge Daniel Torres, auxiliar de inteligencia de la Policía Federal Argentina, que en 1994 se desempeñaba en el Departamento Protección del Orden Constitucional, manifestó que entre las tareas que se le asignaron estuvo la de relevar estacionamientos y que, a raíz de ello, hallaron el lugar donde, supuestamente, estuvo aparcada la camioneta del atentado, tratándose de una playa muy grande, en Paraguay y Azcuénaga.

Al respecto, relató que días después del ataque, sin poder precisar la fecha, concurrió al lugar con el auxiliar De la Torre –desconociendo si se trataba de su nombre real o ficticio- quien se acercó a la casilla de atención al público y, al salir, le informó a él y a su dependencia que allí había estado el vehículo, motivando que trasladaran a un hombre joven a efectos de que prestase declaración.

Por último, recordó que previamente había concurrido a tres playas subterráneas y que, al determinarse el lugar, cesó la búsqueda.

Por su parte, Jorge Luis Lucas, entonces director de Contrainteligencia de la S.I.D.E., explicó que el día del atentado se dispuso relevar, entre otros objetivos, las playas de estacionamiento de la zona, tomando un radio de 10 ó 12 cuadras del lugar de la explosión y que, como consecuencia de ese “barrido”, se llegó a “Jet Parking”, donde había estado la camioneta.

Creyó recordar que al día siguiente el dueño de ese lugar hizo una denuncia en la Embajada de Israel, diciendo que habían visto algo sospechoso con relación a una Trafic y unos personajes raros; si bien no lo pudo precisar, manifestó que, según creía, primero había sido el relevamiento, aunque ambas cosas habían sucedido casi contemporáneamente.

Asimismo, aclaró que el número de dominio asentado en el ticket de “Jet Parking” no era el real, por lo que el de la Trafic de “Messin” recién se obtuvo a partir del hallazgo del motor.

A su turno, Horacio Antonio Stiuso, jefe de Operaciones de Contrainteligencia del mismo organismo, manifestó que a mediados de la semana del atentado se conocía, en virtud de las piezas y restos hallados, que se había empleado una camioneta Trafic, por lo que dispuso que un grupo se avocara a relevar estacionamientos y garajes en un radio de diez o más cuadras, tarea que demandó unos diez días; labor en virtud de la cual supo el 21 de julio –antes de hallarse el motor- lo ocurrido en “Jet Parking”.

Aclaró luego que, en realidad, la llegada a “Jet Parking” obedeció a que uno de los dueños del estacionamiento, fue a avisar a la embajada israelí lo sucedido, toda vez que el personal de la S.I.D.E. aún no había pasado por allí, puesto que estaban relevando otros estacionamientos.

El testigo señaló que a resultas de la información que contenía la tarjeta de la playa, se verificó si un tal Carlos Martínez se alojó en el “Hotel de las Américas”, con resultado negativo; también se averiguó la pertenencia del número de documento asentado, que como Documento Nacional de Identidad correspondía a una mujer y como cédula, a un varón, pero cuyo nombre no era el antes mencionado, sino Tomás Lorenz, surgiendo de un prontuario, como referencia, un tal Carlos Martínez, que resultó ser suboficial de la Policía Federal. A juicio del testigo, los nombrados no tuvieron ninguna relación con el atentado, tratándose de un hecho armado para desviar, por alguien que evidentemente conocía a ambos y tenía acceso al prontuario de dicha institución.

Asimismo, Stiuso precisó que el 22 de julio personal a su cargo se constituyó en “Jet Parking” para entrevistar a los empleados y obtener datos acerca de las circunstancias que rodearon el estacionamiento de la Trafic, informándose que el conductor tenía un acento medio provinciano, que al ingreso se detuvo el motor del utilitario y que, en ese momento, apareció otra persona entre los autos que lo arrancó y estacionó en un lugar mirando hacia Azcuénaga, a la altura de “Medicus”.

También agregó que, con esa información, solicitó al Registro de la Propiedad Automotor el rastreo en todo el país de las Trafic cuyos dominios finalizaran con los seis dígitos que surgían de la tarjeta, acotando que por ser el primer número un cuatro, eran muy pocas provincias con padrones superiores a 400.000. Aclaró que esa tarea, llevada a cabo entre el viernes y la mañana del sábado, determinó que no existía ninguna Trafic con esos últimos seis números de dominio.

También refirió que su personal “barrió” la zona a efectos de determinar si alguien vio la camioneta estacionada durante su estadía en “Jet Parking”, es decir, entre el 15 de julio a las 18.00 y la mañana del atentado, resultando que una persona la vio el sábado 16 y dos el domingo, pero no permaneció en el lugar hasta la mañana del 18, sino que salió antes, desconociendo su destino. Por último, apuntó que no se determinó si ese rodado tenía puerta lateral.

A su vez, Néstor Ricardo Hernández, jefe de investigaciones del Departamento de Operaciones de la Dirección de Contrainteligencia de la S.I.D.E., relató que se hizo un relevamiento de las playas de estacionamiento, creyendo que a “Jet Parking” llegaron al tercer o cuarto día y que luego Stiuso mandó a dos personas; sin embargo, no pudo precisar si a esa playa se llegó por el relevamiento o porque Stiuso lo ordenó directamente.

Roberto Jorge Saller, agente de la División de Investigaciones de la Dirección de Contrainteligencia de la S.I.D.E., refirió que a partir del 19 de julio y durante aproximadamente tres días, recabaron información sobre los vehículos aparcados en las playas cercanas al lugar del hecho, puntualizando que la tarea consistía en solicitar a los encargados que preparasen la información de los automotores que estuvieron estacionados, que luego sería retirada por personal de la S.I.D.E., ya que en muchos casos faltaba la autorización de los propietarios de los garajes para brindarla.

En ese marco, creyó recordar que al día siguiente del atentado tomó contacto con el encargado de “Jet Parking”, donde, por comentarios de otros agentes, se sabía que había estado una camioneta. Explicó que fue al lugar para conversar con el encargado y determinar dónde estuvo estacionada, qué datos suministró el conductor, por cuánto tiempo permaneció, cómo era el método para el ingreso y egreso y si contrató estadía diaria o mensual; datos todos ellos que se le proporcionaron, agregándole que el conductor tenía un acento provinciano.

Saller añadió que, según creía al día siguiente de su primer visita, es decir, el 20, regresó al lugar, pero no obtuvo datos adicionales.

Por último, Luis Domingo Delizia, de la Dirección de Contrainteligencia, refirió que a los cuatro o cinco días del atentado realizaron una búsqueda de lugares de estacionamiento para determinar si había habido alguna Trafic.

B.5) A los testimonios reseñados se adunan las piezas incorporadas por lectura. En tal sentido, se destaca la documentación glosada a fs. 206/208, aportada en su oportunidad por Jorge Carlos Giser, consistente en una ficha que confeccionara en el episodio narrado, un listado de vehículos ingresados a la playa y un modelo de oblea como el otorgado al conductor de la Trafic.

Conforme al listado, el 15 de julio, a las 18.02, habría ingresado un vehículo cuya patente finalizaba con los números 8506.

De la ficha del cliente surge que brindó el nombre de Carlos Martínez, con domicilio en “Hotel Las Américas” y que el automotor era una Trafic con patente 408.506, habiendo contratado un abono de $ 100 por medio mes. Asimismo, se observa que en el casillero correspondiente a la patente se halla tachado el número 11.509.709.

Los datos emergentes de la ficha fueron verificados por el Departamento Protección del Orden Constitucional, determinándose que no se hallaban registrados vehículos Renault o Trafic con la patente 408.506 y las letras B, C, B1, C1, B2, A, X, S, M y E, indicativos, por entonces, del lugar de radicación. Asimismo, se estableció que el nº 11.509.709 correspondía a la cédula de identidad de Tomás David Lorenz, en cuyo legajo figuraba como referencia Carlos Alejandro Martínez, titular de la cédula nº 11.509.720, en tanto que el primero constaba como referencia de éste (cónf. constancias de fs. 214 y 339).

Por su parte, el Departamento Unidad de Investigación Antiterrorista informó a fs. 77.612/77.619 que el Documento Nacional de Identidad nº 11.509.709 correspondía a María de los Ángeles Jiménez.

En el mismo sentido, a fs. 974/975 la S.I.D.E. informó que el número consignado en la boleta del estacionamiento, como Documento Nacional de Identidad, pertenecía a una mujer, en tanto que, como cédula de identidad, correspondía a Tomás David Lorenz, respecto de quien se estableció que estaba vinculado a Carlos Alejandro Martínez.

A fs. 857/859 del legajo de instrucción suplementaria obra la información relativa a los vehículo Renault Trafic registrados a 1994, cuyos últimos números de dominio fueran 8506, remitiendo la Dirección Nacional de los Registros Nacionales de la Propiedad Automotor y Créditos Prendarios un listado con ocho rodados que reunían esas características, incluido el de la firma “Messin”.

Asimismo, Néstor Eduardo Lucas y Amanda Pinto practicaron un peritaje caligráfico sobre la ficha referida, concluyendo que las grafías correspondían al mismo puño y letra –anverso y reverso-, que también se correspondían con lo escrito en otras fichas del estacionamiento y que la escritura que se encontraba debajo del líquido borrador era “X A S M”. A su vez, determinaron que las grafías no se identificaban con las de la copia carbónica del boleto de compraventa de la Trafic de fecha 10 de julio de 1994 (cónf. fs. 77.922/77.925).

A modo ilustrativo, a fs. 80.477/80.630 se glosaron copias de diversas fichas de clientes de la playa de estacionamiento en cuestión.

Por otra parte, a fs. 20 del anexo con photo-fits confeccionados por la División Scopometría de la Policía Federal Argentina, que corre por cuerda, se encuentra agregado el elaborado en base a los datos aportados por Elena Schargorodsky y Carlos Giser.

A su vez, a fs. 66.867/66.873 y 66.877/66.883 obran fotografías que ilustran acerca de la playa de estacionamiento y a fs. 66.876 y 66.898 se encuentran glosados gráficos del lugar, todos aportados por el Departamento Unidad de Investigación Antiterrorista. Se adunan las copias de fotografías agregadas a fs. 78.708/78.710.

C) En otro orden, Fabián Alfredo Bustos, encargado del estacionamiento del “Sanatorio Otamendi y Miroli S.A.”, sito en Azcuénaga 850/64 de esta ciudad, relató un episodio ocurrido en esa playa el viernes 15 de julio de 1994. Explicó que ese viernes, cerca del mediodía, un individuo pretendió estacionar hasta las primeras horas del lunes siguiente y en un lugar donde no fuera vista desde la calle, una camioneta Trafic, dejándola cerrada con llave. Indicó que mantuvo con el conductor una conversación de diez o quince minutos, en la que intentó explicarle que resultaba imposible, ya que la altura de la losa no permitía el paso de la camioneta, dado que tenía un porta-equipajes de hierro que la hacía más alta que otros utilitarios de ese modelo.

Recordó que pese a sus explicaciones el conductor descendió del vehículo en el playón de ingreso e insistió en estacionarlo allí, ofreciéndole incluso $ 100 a cambio, cuando el valor de la estadía era de $ 18. Puntualizó que el techo estaba a 2,10 m de altura, en tanto la camioneta medía más de 2,20 m; datos que precisó por cuanto, según dijo, mandó a comprar una cinta métrica para convencerlo de tal extremo, sugiriéndole a su vez que la estacionara en Azcuénaga y Viamonte o frente al Hospital de Clínicas.

Precisó que la Trafic era blanca y de furgón corto, desconociendo si poseía puerta lateral. Adunó que no estaba chocada ni tenía inscripciones o calcomanías, no tomándole el número de patente, ya que esa operación se hacía tras el acuerdo.

Con relación al sujeto que la conducía, estimó que tendría más de treinta años, vestido de elegante sport y lucía una barba prolija, tipo candado, aunque no supo decir si usaba bigotes. Si bien Bustos dijo no dominar idiomas extranjeros, observó que su interlocutor, pese a manejar correctamente el castellano, tenía un acento foráneo, pudiendo ser árabe o iraní.

Señaló, además, que para esa época la playa contaba con una cámara de filmación, dirigida al sector de ingreso de los automóviles, por lo que registró íntegramente lo sucedido. En tal sentido, aseveró que unos días después del atentado concurrió a la playa personal que dijo ser de la S.I.D.E., quienes le indicaron que lo citarían para declarar y que debía concurrir con el video, aunque en ese momento no quisieron verlo. Agregó que conservó la cinta durante uno o dos años y, ante la falta de citación, finalmente la reutilizó; también apuntó que cuando le comentó esa circunstancia al magistrado instructor, éste “se agarró la cabeza”.

Los funcionarios de la S.I.D.E. Jorge Luis Lucas y Horacio Antonio Stiuso fueron interrogados en torno a las circunstancias relatadas por Bustos.

Así, Jorge Luis Lucas admitió haber sido informado del intento de guardar una camioneta Trafic, creía que en la playa contigua al “Sanatorio Otamendi”, pero que no pudo hacerlo por problemas de altura, no recordando que le hayan mencionado la existencia de un video.

Por su parte, Horacio Antonio Stiuso relató que el jefe de seguridad de “Medicus” refirió que se comentaba que el conductor de un utilitario había querido estacionar también al lado del “Sanatorio Otamendi” y que Giser, uno de los responsables de “Jet Parking” también contó que el encargado de esa playa le dijo que habían querido estacionar allí la camioneta, pero no daba la altura. Aseveró que, por entonces, nadie comentó la existencia de un video.

A fs. 78.659/78.685 obran copias de fotografías de la playa de estacionamiento del “Sanatorio Otamendi” y a 78.688/78.690 se encuentran glosadas copias de un plano del lugar.

D) Sin perjuicio de que el episodio relatado por Bustos resulta cuanto menos llamativo, no existen elementos que permitan sostener, con certeza, que se vinculó con aquel que tuvo lugar ese mismo día en “Jet Parking”; ello por cuanto, si bien se presentan algunas coincidencias entre ambos -los dos versan sobre camionetas Trafic y sus conductores presentaban un acento extranjero- los restantes datos no permiten aseverar que se tratara del mismo rodado.

En ese sentido, Bustos declaró que el suceso ocurrió en horas del mediodía, en tanto del listado de vehículos del estacionamiento “Jet Parking” surge que la Trafic ingresó a las 18.02, lo que se complementa con los testimonios de Díaz, Giser y Schargorodsky en el mismo sentido.

A ello debe añadirse que Bustos aseguró que lo que impedía el ingreso de la camioneta al estacionamiento era su altura, por cuanto poseía un porta-equipajes de hierro; circunstancia no mencionada por ninguno de los empleados de “Jet Parking”. Finalmente, aquél recordó que su interlocutor lucía un barba prolija, tipo candado, en tanto Díaz y Schargorodsky no hicieron alusión a tal rasgo y, por su parte, Giser fue más contundente y aseveró que no usaba barba ni bigote.

E) Por otra parte, si bien es cierto que, a primera vista, determinados elementos parecerían hacer coincidir la camioneta que se estacionó en “Jet Parking” con la utilizada como cochebomba, no lo es menos que, tras el debate, el Tribunal no cuenta con evidencias concluyentes que autoricen a afirmar, fuera de toda duda, que se trató del mismo vehículo; ello por cuanto no fue posible esclarecer, en todos sus aspectos, el episodio ocurrido en la playa de estacionamiento ni tampoco vincular directamente a éste con el atentado.

En efecto, de las declaraciones testimoniales rendidas y demás constancias incorporadas por lectura, no surgen datos que permitan determinar la fecha u horario en que la Trafic dejó la playa de Azcuénaga y Paraguay; extremo que imposibilita obtener mayor información acerca de su destino y, por ende, vincularlo directamente con el momento de la explosión. También resultaron vanos los intentos de establecer la identidad del conductor del rodado.

Además, los empleados del lugar, al describir el utilitario, no brindaron datos distintivos; en su mayoría, no supieron decir si presentaba puerta lateral, con excepción de Giser, que afirmó que carecía de ella. Al respecto, se debe recordar que el vehículo utilizado en la explosión la tenía, tal como lo indican los restos hallados entre los escombros, reconocidos por los técnicos de “Renault Argentina S.A.”.

Tampoco obran en autos constancias fehacientes acerca del dominio de la Trafic allí estacionada. Al respecto, sólo José Antonio Díaz observó en forma directa la chapa colocada en la camioneta, cargando sus cuatro últimos dígitos –8506- en la máquina destinada al efecto. Se debe tener en cuenta que, conforme lo informado por el Registro de la Propiedad Automotor, a la fecha del episodio, además de la Trafic de “Messin”, existían otras siete camionetas de esa marca y modelo cuya patente finalizaba con esos números.

A su vez, ninguno de los empleados del estacionamiento verificó si el número completo aportado por el conductor para llenar la ficha -408.506- se correspondía efectivamente con el de la patente que lucía el rodado.

Por otra parte, a partir del número de patente registrado en la ficha de “Jet Parking”, no se llega a la que fue propiedad de “Messin S.R.L.”, dado que el dominio de ésta era C 1.498.506, en tanto se ignora la letra y el primer número de la que fue estacionada en la playa, amén de la diferencia de un dígito –el “0” por el “9”- en los restantes números.

Sin embargo, la circunstancia de que la camioneta estacionada en “Jet Parking” el 15 de julio de 1994 no haya podido identificarse con la utilizada como cochebomba, no implica necesariamente desvincular dicho episodio del atentado, desde que bien pudo ser la misma camioneta o constituir –eventualmente- una maniobra de distracción, en miras a la investigación que habría de desatarse luego de ocurrido aquél.

La misteriosa aparición del sujeto que, en auxilio de quien la conducía, se ocupó de ingresar la Trafic a la playa de estacionamiento; el erróneo llenado en la ficha del cliente de un número de dominio que, en ningún caso, podía corresponder a un automotor, recién advertido luego de completar ocho dígitos; la circunstancia de que el número erróneamente asentado coincidiera con el de la cédula de identidad de Tomás David Lorenz, en cuyo trámite de obtención figura -entre los que informan acerca del titular- un tal “Carlos Martínez”, identidad que invocó quien gestionó la estadía de la camioneta en dicha playa, conforman un cuadro de sospechosas casualidades que alientan, sin riesgo de temeridad, el juicio arriba enunciado.

Sin perjuicio de lo expuesto, debe quedar en claro que el hecho de que el cochebomba hubiese estacionado en la playa “Jet Parking” el fin de semana anterior al 18 de julio carece de relevancia a la hora de esclarecer el modo en que se llevó a cabo la explosión o de juzgar la conducta de los imputados en autos, dado que en nada altera la decisión que se habrá de tomar respecto a ellos.

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