Pontificia Universidad Católica Argentina – Facultad de Derecho y Ciencias Sociales del Rosario, “Santa María de los Buenos Aires”






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Diego Nicolás Ceferino Mazzieri

Pontificia Universidad Católica Argentina – Facultad de Derecho y Ciencias Sociales del Rosario, “Santa María de los Buenos Aires”.

Malvinas:

¿Derecho de Autodeterminación de los Pueblos o Determinación de los Imperios?

Introducción:

El espíritu del presente análisis es evidenciar cómo el Reino Unido de Gran Bretaña jamás respetó el “Derecho a la Autodeterminación de los Pueblos” en el mundo: se enfatiza su proceder respecto con la población de las Islas Diego García y sus similitudes con la población argentina en 1833, tras la usurpación territorial. Se concluye la necesidad nacional de reivindicar la figura del argentino Antonio Rivero como justicia histórica y argumento férreo en nuestro reclamo de soberanía.
El Desprecio De Albión por la Autodeterminación de los Pueblos en el Mundo:

En el conflicto por la soberanía de Las Islas Malvinas, Georgias, y Sandwich del Sur, es de una obviedad indiscutible, que todos los argumentos y realidades históricas geopolíticas, y geográficas, le asisten la razón, o mejores derechos a nuestro país, antes que a Inglaterra.1 Por ello, considero necesario refutar el argumento más férreo que poseen los ingleses en pro de sus intereses rapaces y colonialistas: “el derecho a la Autodeterminación del Pueblo Kelper”, esgrimido por Gran Bretaña para resolver la cuestión territorial.

Es oportuno revelar cómo fueron los “Usos y Costumbres de Albión”, en prácticas análogas a través de la historia, claras cuestiones fácticas que merecen el análisis del Derecho Internacional:

Hacia 1829, el Emperador de China Yongzheng, con fines sanitarios, moralizadores y socializantes, prohibió la tenencia, utilización y comercio de opio en todo su territorio, decisión generalizadamente acatada por todo el pueblo, excepto por una compañía británica que continuó introduciendo la mercadería prohibida, hasta que el gobierno descubre el contrabando, procediendo a decomisar y destruir una partida de millares de cajas clandestinas de opio en la primavera de 1830. Este loable procedimiento, originó lo que vulgarmente se conoce como “La Guerra del Opio” (1839 – 1842). Inglaterra, máxima expresión histórica de la piratería internacional, intervino en defensa de los intereses de la empresa, 2 bombardeando la ciudad de Cantón, y otras varias ciudades densamente pobladas, lo que causó millares de víctimas.3 China, en inferioridad de recursos y condiciones solo comparable con la destruida Japón post Hiroshima y Nagasaki, pidió la paz y signó el Tratado de Nanking de 1842, por el que se declaraba abiertas a los europeos, a varias ciudades del país, siendo lo más significativo, la cesión de la isla de Hong Kong a Albión y la ampliación de Macao para Portugal. Una década después China estaba postrada al opio, sin importarles a los inventores y apologistas del derecho a la autodeterminación de los pueblos y los derechos humanos”, los derechos, deseos y los intereses del pueblo chino, a quien solo le quedó la opción de autodeterminarse bajo el fuego de los cañonazos (como nueve años antes acaeció en nuestras Malvinas con el ataque de la fragata Lexintong).

Por otra parte, Gran Bretaña hace 177 años que posee de facto –manu militari-; las Malvinas, por lo que los anglos y anglófilos, sostienen que más de una centuria de posesión ininterrumpida les otorga derecho internacional sobre ellas. Estos argumentos son tan endebles a los ojos de cualquier vulgo, máxime si razonamos dos cuestiones:

Decir que la posesión inglesa de Las Islas Malvinas fue ininterrumpida desde hace 177 años, pasa del eufemismo, a la ridiculez, pues el desembarco de nuestras tropas en nuestras islas el 2 de abril de 1982 son un claro ejemplo. Pero además debemos recordar la loable gesta patriótica ejecutada el 28 de septiembre de 1966, por la cual 18 jóvenes estudiantes, obreros y sindicalistas, secuestraron y desviaron un Avión de Aerolíneas Argentinas, aterrizando en Malvinas, donde durante 36 horas reivindicaron nuestra soberanía nacional sobre el archipiélago, cantaron incontable veces el Himno Nacional Argentino y lograron que nuestra Enseña Patria, flamee sin cesar, con el viento de nuestros aires; en lo que se conoció como “Operativo Cóndor”

No es menos cierto tampoco, que India estuvo sometida y dominada durante dos centurias, desde 1757, hasta 1947 (trece años más que Malvinas, al día de hoy), y es de público e histórico conocimiento que los ingleses tuvieron que retirarse, por lo menos formalmente de allí.

Otros hechos que ilustran, los Usos y Costumbres de Albión son:

Gibraltar, que el New English Dictionary de Historics Principles, publicado por la Universidad de Oxford, define como territorio español y posesión británica y que la misma Enciclopedia de este nombre tiene que reconocer, haciendo historia de su adquisición por los ingleses durante la guerra de sucesión, que en esa coyuntura el Gobierno de la Gran Bretaña procedió con falta absoluta de principios.

En Oceanía, la isla de Guam en el archipiélago de las Marianas, que como indica y prueba Pastor y Santos, sigue siendo de iure tierra filipina.

En América, yendo de Norte a Sur: Belice, invadida por Inglaterra cuyo control real le sigue usurpando a Guatemala, cuya Constitución de 1945 reconoce a dicha zona como territorio nacional, considerando nacionales a aquellos que nacen en la misma. 4

La zona del Canal de Panamá, cuya concesión a los Estados Unidos por la joven república panameña, no supone, como de hecho sucede abandono de la soberanía.

Las Guayanas, que se acuestan sobre la ancha y extensa joroba de la América del Sur y sobre las cuales tres países europeos mantienen un sistema de explotación postcolonial que hasta en las zonas más atrasadas ha entrado en fase de completa liquidación formal. Las Guayanas, que descubriera Yañez Pinzón y que recorrieran y colonizaran Diego de Ordaz, Jerónimo de Altar y los Gobernadores de Venezuela, pertenecen al mundo hispánico. Por ello, Venezuela ha protestado siempre contra aquel arbitraje leonino de 1889, dictado por un tribunal internacional reunido en París, que le arrebato, para la Guayana inglesa, un área de 200.000 Km2, y ha hecho saber, pública y oficialmente, que continuará reclamando contra el despojo de una zona que con legítimo derecho le pertenece.

Y más abajo, en la Antártida, frente a la pretensión inglesa de adueñarse de su enorme extensión, Chile y Argentina reivindican los sectores vecinos, y esta última, desde el año 1904 mantiene como prueba incontestable de sus legítimos derechos, servicios públicos adecuados en la zona demarcada a su propia soberanía.

El Caso de las Islas Diego García:

Es un hecho harto ilustrativo, el vilipendio que Inglaterra ha tenido por la autodeterminación de los pueblos en el caso del Atolón Diego García. 5 Estados Unidos está allí, porque el 27 de abril de 1967, firmó un contrato de arrendamiento hasta el 2016 con Inglaterra, el propietario de la isla; al precio de un descuento en la venta de misiles Polaris de fabricación norteamericana.

Gran Bretaña, entregó Diego García a los norteamericanos sobre la base totalmente falsa de que, lo que se conoce como el archipiélago de Chagos, estaba totalmente deshabitado.

Las condiciones del gobierno norteamericano contemporáneo, para con los británicos, era que no deseaban ningún “problema de población” en Diego García, ni mucho menos deber competir por las vías navegables con las embarcaciones locales ni temer que las islas vecinas fuesen plataformas de lanzamiento de operaciones de espionaje.

En concordancia con ello, Gran Bretaña expulsó coercitiva y coactivamente, mediante amenazas, traiciones, fuerza física y secuestros, a unos 2000 habitantes del archipiélago (“operación limpieza y desinfección”), entre 1966 y 1973, desterrándolos a una penosa y precaria vida en la Isla Mauricio y las Seychelles:

La expatriación de los illois acaecía cuando Gran Bretaña, bajo el gobierno de Wilson, concedía la independencia a sus territorios en el Océano Índico, y basándose en los requisitos de EE.UU., obligó a un trato a Mauricio para quedarse con las Islas Chagos, a cambio de 650.000 libras esterlinas para cubrir el costo de absorber la población del archipiélago. Luego procedió a comprar y cerrar plantaciones de copra de la isla y desterrar a la población, que fueron obligados a firmar un “documento de aceptación” en el que prometían “no regresar nunca” a sus hogares y renunciaban a toda reclamación futura contra el gobierno británico. Un real decreto [carta patente], firmado por la reina de Inglaterra, permitió deportarlos sin conocimiento del Parlamento Británico y de las Naciones Unidas.

Dice John Madeley en su obra “Diego García: a contrast to the falklands”, que: Toda la población fue declarada “prescindible”; un paso esencial para conseguirlo, fue privarlos de suministros y alimentos básicos: nada de leche ni de sus derivados, tampoco aceite, sal, azúcar y ni siquiera medicamentos. Sacrificaron a todos sus perros y mascotas. El objetivo era aterrorizarlos para que se fueran.

Se les anunció que su tierra natal había sido vendida. Los embarcaron como a rebaños rumbo a Mauricio, y comenzaron las muertes de los isleños víctimas de la pobreza y de la tristeza. 6

Cuando los desterrados llegaron a Mauricio, se vieron con una mano atrás y otra adelante, sin indemnizaciones económicas, pues el gobierno local se quedó con el dinero que había recibido para costear la expatriación. Se dijo al Parlamento Británico que las islas estaban deshabitadas, lo que era una descarada mentira. Un importante funcionario del Ministerio Estadounidense de Relaciones Exteriores sobre despoblación de las islas en 1966, escribió: “Debemos ser muy estrictos al respecto. El objeto de este ejercicio, es conseguir unas rocas que serán nuestras (…). No habrá población indígena exceptuando las gaviotas.”

En 1975, los illois7 expatriados estaban desocupados, viviendo en verdaderos guetos de pobreza. Nueve habitantes de las islas de Chagos se suicidaron, muchas hijas de las familias en cuestión se prostituyeron para sobrevivir desterradas y ganarse el sustento. Algunos pocos llegados a Inglaterra vegetan aún en los alrededores del aeropuerto de Chadwik.8

En 1975, cuando el caso de la expatriación obligatoria empezó a aclararse, el Washington Post, lo calificó de “secuestro en masa”.

Algunos exiliados de Chagos denunciaron a Gran Bretaña por haberles arrebatado su patria bajo el secreto, el engaño y la violación de la Carta de Naciones Unidas. Durante décadas, el Reino Unido mantuvo oficialmente la ficción de que las islas Chagos estaban deshabitadas cuando las colonizó.

Madeley redactó el informe para la organización londinense derecho humanista, The Minory Rights Group y ulteriormente nos dice: “El hallazgo de documentos secretos del Foreign Office prueban que los nativos fueron víctimas de una conspiración para crear una estratégica base militar entre Asia y África. Hace seis años la corte suprema de Londres dio la razón al pueblo de Chagos, el tribunal declaró ilegal la expulsión de los isleños: “pues bien, por fin, volver a casa.” Pero el compromiso británico adquirido con los estadounidenses para la cesión de la base militar fue que el territorio estuviera “limpio y desinfectado”, según sus palabras. En consecuencia, el Foreign Office, anunció que el gobierno inglés no permitiría el regreso de los isleños.

Tony Blair, ya sin excusas, recurrió a utilizar la aprobación de la Reina, a través de un poder medieval que no necesita justificación, ni explicación, sólo la firma real (real decreto o carta patente). Se valió del mismo recurso dictatorial que permitió en los años sesenta expulsar de su patria a los nativos de las islas Chagos, y ahora, para prohibirles que vuelvan. 9

Los periodistas británicos consideran que es uno de los momentos más cicateros en la larga historia del imperialismo despiadado de su reino. En noviembre de 2000, un juez coincidió calificando la expatriación de “abyecto fallo jurídico” y ordenó a Gran Bretaña que permitiera a los ilois regresar a su patria. El Gobierno británico, contrito, anunció que no apelaría y comenzó a buscar la manera de repatriar a los isleños, o por lo menos autorizarlos para visitar las islas y, como dijo un ex habitante, “llevar flores a la tumba de mis abuelos”.

El gobierno de Estados Unidos no participó en el pleito que fue emprendido por los nativos exiliados, pero presentó una declaración oponiéndose a su devolución, basándose en que sería una amenaza para la seguridad nacional, aun cuando la isla más próxima a Diego García dista de 200 Km.; y la base está protegida por el ejército mas sofisticando del mundo, y sin duda sería capaz de detectar y rechazar una invasión de embarcaciones de pesca.
Las Islas Malvinas Argentinas: Similitudes con lo Acaecido en Diego García.
Hacia enero de 1826, el comerciante Hamburgués de ascendencia francesa, Luís Vernet junto con charruas y criollos, parte en un bergantín a Malvinas, lugar donde el gobierno argentino le otorga una concesión. El 10 de junio de 1829, el gobernador de Buenos Aires, general Martín Rodríguez, crea por decreto la Comandancia Civil y Militar de las Islas Malvinas y sus Adyacencias, bajo pabellón nacional, nombrándolo gobernador. El 14 de julio de 1829, Vernet y su esposa, arriban a Puerto Soledad con 15 colonos ingleses y 23 alemanes, algunos con sus familias. El 5 de febrero de 1830, nace la hija del gobernador, siendo la histórica pionera en llamarse “Malvina”.

En agosto de 1831 Vernet ordena la detención de la arribada goleta “Harriet”, bajo las órdenes de Gilbert Davison y otras dos goletas piratas con pabellón norteamericano; acordando con los tres capitanes que un tribunal en Buenos Aires decidirá el destino de las naves, y con ese objeto, el gobernador se embarca con Davidson hacia allí, en donde llegados, el cónsul norteamericano no reconoció Soberanía Argentina en aquellas islas y protesta contra Buenos Aires. Simultáneamente, la corbeta de guerra estadounidense Lexington, capitaneada por Silas Duncan, ancla en el puerto de Buenos Aires y Davison escapa y se asila en la nave donde el 9 de diciembre partiría rumbo a las Malvinas atracando en Puerto Soledad en la medianoche del 28. Duncan, toma prisioneros a bordo, al norteamericano Henry Metcalf, representante de Vernet en su ausencia, y al escocés Mathew Brisbane, piloto práctico de barcos y empleado del gobernador. Durante los 22 días de estadía en las islas, los norteamericanos destrozan edificios, roban ganado, destrozaron las defensas de artillería instaladas, y realizan una serie continua de abusos. 10 Duncan rumorea que Vernet será ahorcado si regresa y persuade a varios colonos con familia a abandonar la isla, ofreciendo llevarlos gratis en la Lexington a Buenos Aires cosa que la mayoría acepta, menos algunos argentinos que pasiva, pero indignadamente, observan los hechos de aquellos duros años de pillaje internacional.

El 7 de octubre, llega a Malvinas la goleta de guerra argentina “Sarandí”, comandada por el Teniente Coronel José María Pinedo con el designado por Buenos Aires, Comandante Civil y Militar José Esteban Mestivier, quien ordena izar el Pabellón Argentino. El Tte. Cnel. Pinedo comienza a costear los límites del Archipiélago con su goleta y a su regreso encuentra que parte de la tropa nacional, se había amotinado, dando muerte al Comandante Mestivier por órdenes del Sargento argentino Sáenz Valiente, para luego desertar.

El infausto 3 de enero de 1833, invade el archipiélago la Corbeta de Guerra “Clío” de la armada inglesa capitaneada por John James Onslow ante la pasiva presencia de José María Pinedo, quien solo se limitó a cumplir las órdenes del capitán inglés, de arriar el Pabellón Nacional Argentino, y retornar a Buenos Aires con la población argentina, proceder que Pinedo cumple dúctil y sumisamente frente al fuerte invasor, pero no valiente ni patrióticamente 11 (previamente a su partida nombra a Jean Simón, Comandante Civil y Militar bajo órdenes argentinas).

La usurpación inglesa continuó hasta que el 26 de agosto de 1833, un gaucho patriota, de nombre Antonio Rivero12, junto a siete con-nacionales13 que se negaron a retornar en la Sarandí, se sublevaron protagonizando una rebelión anti colonialista en Malvinas, que terminó con las autoridades impuestas por el comandante de la corbeta de guerra inglesa. No obstante la claudicante actitud del coronel Pinedo, Antonio Rivero y sus compañeros lavaron el mancillado honor de los argentinos, y cumplieron con las órdenes que el gobierno de Buenos Aires, le había dado al comandante de la “Sarandí”, el 24 de septiembre de 1833; 14 atacando y dando muerte a las infames autoridades de la corona usurpadora 15. “El Dispensero” Dickson, era el encargado por disposición de Oslow, de izar el pabellón británico. Con su muerte, la bandera inglesa no flameó hasta el 10/01/1834. Cabe preguntarnos, si luego del 26/08, nunca los ingleses se preocuparon por rescatar la bandera de S.M. Británica. ¿Fue destruida por los gauchos argentinos?
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