Transcripción Jornadas






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Preguntas al 2º Panel

Pregunta: Para Norma Pimienta: ¿En el conflicto de la reforma de la ley de radiodifusión, entre Vila, Narváez, Manzano y el Estado, piensa que hay una responsabilidad social si se censuran notas u opinión por parte de algunos empresarios, en vez de que puedan opinar todos sobre todo?

Respuesta: Quiero aclarar una cosa, no es para sacar le cuerpo de la jeringa, como se suele decir, soy productora independiente de Radio Nihuil, es decir que compro el espacio, con mis auspiciantes que tengo en mi consultora en los distintos productos que hago, ya sea escribir un libro, hacer un ciclo cultural de capacitación para empresarios, o conducir microprogramas en Hola País, o mi programa de 13.30 a 14.30 en Radio Nihuil. Jamás en seis años, nadie me ha dicho lo que debo decir ni lo que no debo decir. Ni siquiera mis padres, y tomo decisiones desde los 16 años, y desde los 18 que vivo sola, jamás nadie me ha dicho lo que tengo que decir y lo que no puedo decir, jamás me han censurado una nota o una fuente periodística. Siempre he tenido la libertad de hacerlo y los que me siguen por radio verán que cuando trato un tema álgido para los intereses del grupo lo digo, lo reconozco, y lo agradezco, porque creo que en la vida hay que ser agradecida. Soy conciente de que mi situación es distinta porque soy productora independiente, pero también soy conciente de que me podrían cerrar la puerta y decir “te vas y no seguís opinando así”. Creo que en Mendoza he sido la única periodista económica que ha tratado el tema del conflicto del campo y el gobierno en la forma en que yo lo he hecho. Creo que también, y no lo tomen como pedantería, he sido la única que ha tratado del tema de minería responsable, con programas de una hora dedicados totalmente a hablar de minería, con empresarios de la Cámara de Minería de la provincia y de la nación, y con ambientalistas. Estos programas me han valido hasta que el ESIS se llevara a gente infartada después del programa porque se han agarrado a trompadas dentro del estudio. Este es el nivel de debate al que estamos acostumbrados los argentinos. En cuanto a censura, es lo que puedo decir, y no es que escape el sayo, pero es en lo que a mí respecta, y toda la visibilidad de mi trabajo profesional se la debo a Radio Nihuil, donde nunca nadie me dijo “no hagas tal nota, o no toques tal tema”.
Comentario: Respecto a esta pregunta, para desmitificar un poco, no hay ningún dueño de ningún medio que vaya a decirle al periodista que está al aire o al que está escribiendo, no escribas esto, o no digas esto. Los manejos de las líneas editoriales son mucho más sutiles y no los hacen los dueños con los periodistas. Digo esto porque hay un mito que parecería que los dueños de los medios van y se paran detrás de los periodistas y les dicen, escribí esto o no escribas esto. Los manejos de las líneas editoriales no se hacen con lo que escriben los periodistas o lo que hablamos nosotros como periodistas, frente a un micrófono, o delante de una cámara. Los manejos de las líneas editoriales son mucho más sutiles y se deciden en otro nivel, no con los periodistas, esto es así. Va a ser difícil que se encuentren un periodista que diga que Daniel Vila, o Sigifredo Alonso, o Mañeto se le paró atrás y le diga no escribas eso porque estoy revisándote la nota, eso no existe en el medio.
Comentario: Hay gente que hace trabajo sucio, no ellos.
Pregunta: Para Manrique: ¿Cuál es el rol de los medios en la cobertura de proyectos sociales y culturales, etc.? ¿Por qué es tan difícil para una organización de la sociedad civil lograr cobertura para proyectos de interés?

Respuesta: No me parece que sea difícil encontrar. Hay que buscar originalidad también, porque imaginen que un diario, un programa de televisión, un programa de radio, tienen cierto espacio, y un montón de contenidos compiten por ese espacio. Quienes estamos del lado de los medios tenemos que tratar de llenar ese espacio con lo que resulte más atractivo. Por lo tanto, cada campaña, cada acción de RSE tiene que perseguir ese fin también, que es lograr resultados positivos y que sean realmente atractivos, ya sea para que le venga bien a la empresa, para que genere un impacto en la sociedad que la rodea, y también para que sea reflejado por los medios. Si se logran esas consignas, va a haber espacio, seguro que va a haber espacio, porque a nosotros como medios nos interesa generar atracción por medio de esa vía.
Pregunta: Para Marcelo López: ¿Es responsabilidad social empresaria hablar negativamente de una actividad que se desconoce? En general, los periodistas detractores de la minería no se toman el trabajo de conocer una mina moderna. Como geóloga digo esto, fui formada para hacer las cosas bien, tal cual un médico o un maestro.

Respuesta: Creo que a lo mejor dije bien claro que les iba a contar un ejemplo que podía pasar, y que yo no emitía opinión al respecto sobre el tema, ahora si quieren saber cuál es mi opinión personal al respecto en los últimos dos meses hice dos notas, una con Carlos Tisio, que debe ser uno de los mejores enólogos de Mendoza, y con el Ministro de la Producción Raúl Mercó, y estoy absolutamente de acuerdo con lo que dijeron los dos en las notas que les hice, que creo que estamos frente a la necesidad de que Mendoza discuta el tema minero, y avanzar hacia una minería responsable, o hacia tener la minería que se puede tener. Creo que lo que planteé es un ejemplo, y conté cómo seguramente ese informe llegaría a las páginas de un diario sin preguntarse lo otro, yo no planteé ni generé opinión respecto al tema, si alguno lo entendió disculpas, pero no fue así.
Pregunta: Felicitaciones al señor Fernando Zárraga por su valentía, se nota su fuerte compromiso por el bien común.

Respuesta: Simplemente es una forma de ser, muchos estarán pensando qué audaz que es este muchacho. Si hay alguien del sindicato o de la radio que esté camuflado por ahí, práctica que nunca se usó, después van a irle con el santo, pero si no actúo así no soy Fernando Zárraga.
Pregunta: Para Norma Pimienta: ¿No es una contradicción ser responsable socialmente si trabajás para Medios Uno?

Respuesta: Me parece que se politiza demasiado todo y que toda discusión en la Argentina toma un nivel de mediocridad tan grande, cuando no podemos apartarnos de discusiones altamente politizadas, yo no tengo nada que ver con los intereses económicos ni de Francisco de Narváez, ni de Vila, ni de Manzano. Creo que mi postura acá es de una profesional independiente que está hablando de RSE como una de las pocas que hace diez años me he acercado a la RSE por curiosidad y por motivación profesional, así que les pido que eleven un poquito el nivel de inteligencia para poder aportar algo a este debate, saliéndonos de esta fatal mediocridad argentina de seguir fragmentándonos y de seguir con las antinomias que por supuesto nos vienen, desde el modelo kirchnerista mucho más que nunca, pero desde la década del 30, y así estamos, de seguir fragmentándonos y dividiéndonos. Aquí tengo compañeros a los que respeto del otro grupo, y hubo alguna broma de mi colega Marcelo Torres cuando llegué porque tuve una discusión fuerte con Celso Jaque hoy en el cierre de mi programa, acerca de la ley de radiodifusión, entonces me parece que nos tenemos que correr un poquito de esto, para aportar inteligentemente algo a debates de esta naturaleza, si no seguimos nivelando para abajo. Y este es el modelo que nos están brindando desde arriba, es lamentable. Si yo puedo aportarles algo desde mi actividad profesional y periodística de todo lo que he hecho en la provincia para difundir la RSE desde espacios, fui pionera en hacer un programa específico que se llamó proyecto, hace cuatro años, y que debí dejarlo de lado. Y me voy a meter en un tema que sí me parece que deberíamos debatir, que es la participación de las empresas para auspiciar y sostener programas de RSE, un tema que no ha sido tocado, y aquí hay empresarios que me parece que deberían comprometerse socialmente con los periodistas que estamos tratando de difundir estas cuestiones. Permanentemente, y no menos de una vez al mes, está aquí, y te miro, Alejandro Roca del IARSE, lo llamo para dedicarle no menos de veinte minutos a entrevistas gratuitas por supuesto, porque esta es la vocación que tengo, y a mí me sale muy caro estar en Radio Nihuil, carísimo, no se imaginan cuanto, y sin embargo dedico veinte minutos, una o dos veces por mes para llamar a los chicos del IARSE, para que me cuenten qué están haciendo en RSE. Esa es una decisión propia, porque ese espacio lo pago yo y no lo paga el IARSE. Es una discusión que he tenido en innumerables oportunidades con gente de Valos, desde hace años que me conocen y que permanentemente tienen participación en mis espacios, hasta donde un medio de comunicación debe dar, en mi caso éter gratis, o en el caso de Federico centimetraje gratis, comprometiéndonos como medios responsables socialmente, y todo eso tiene un límite. Lo dije en mi alocución, somos empresas que vivimos de la publicidad, entonces esto me parece que es un debate que deben darse desde organizaciones como Valos, o el IARSE, hasta dónde pueden pedirnos que cubramos notas gratis, porque ese gratis no existe, somos medios de comunicación y somos empresas, y por lo tanto se necesita un sostén económico.

Por otro lado, me pregunto dos cuestiones en cuanto a empresas, cuál es el límite de uno como periodista para ser auspiciado por una empresa que uno sabe que no es responsable socialmente, esto me parece que es una cuestión de autorregulación. Y qué hacen las empresas, como las mineras, que no comunican lo que hacen, que dicen hacer RSE, y tienen gerencias de RSE, pero no comunican porque quieren mantener un bajo perfil. Me parece que ahí hay una contradicción fuerte que también en algún momento se tendrá que debatir.
Pregunta: A los cuatro panelistas: Hay muchas consultas respecto de la responsabilidad de ustedes frente a los medios en los que trabajan, teniendo en cuenta que los empresarios o en este caso el Estado, en el caso de Zárraga, acumulan cierto prontuario que no es el mejor frente a la sociedad. Entonces, cómo se plantan ustedes como periodistas, como profesionales, ante la sociedad, ante sus lectores, sus televidentes, o sus oyentes, teniendo como mochila el prontuario del empresario o el propio estado que está detrás de ustedes.

Respuestas:

Marcelo López: Sinceramente es muy complicado, yo digo que tuve la suerte, hay otros que dicen que he tenido la desgracia, de trabajar en el multimedios Uno, de trabajar en el multimedio de Canal 9, y ahora tengo la suerte de trabajar freelance para otro grupo de medios de Mendoza, como es el de Jornada, y aparte tener mis propios emprendimientos de producirme solo. Entonces ahora la visión es otra porque tenés un poco más de libertad, como decía recién Norma, cuando uno se produce a sí mismo, más allá de que sabés que tu medio puede tener algún límite podés manejarte de otra manera. La verdad que es muy difícil, y creo que no está del lado nuestro, sino que está del lado de ustedes. Sin pedantería, y creo que lo mismo le pasa a Marcelo, por ahí a Norma con la radio, el termómetro son ustedes. Si los oyentes, los televidentes, se sientan a escucharnos, más allá de quién sea el dueño del medio y después se encuentran por la calle con nosotros, y nos dicen “te felicito por lo que dijiste, me gustó lo que dijiste, coincido con lo que vos decís”, me parece que más o menos hemos podido sacarnos esa mochila de plomo y trabajar. Está claro que también es cierto que hay muchas cosas, millones de cosas, que los televidentes, oyentes o lectores no conocen de lo que se vive de los medios para adentro, desde la situación laboral de los periodistas, desde la situación laboral de los directivos, hasta de lo que a veces cuesta poner en la página alguna nota, y acá va a parecer que me contradigo. Pero, como decía Fernando, hay otros que hacen el trabajo sucio, y a veces no es trabajo sucio de “sacá eso porque te despido”, pero sí sutilmente decir “esta nota la vamos a guardar, por qué no hablás con este y agregás a aquél en la nota”. Eso no llega a los oyentes, y esa es la parte del trabajo insalubre que tienen los editores, los directores de medios, los que son un poco la red de contención entre los dueños de los medios y los periodistas.
Fernando Zárraga: Es complicadísimo decir voy a ser un periodista oficial, u oficialista, cuando prendemos la televisión pública y vemos que todo es color de rosa, que todo es una campanita, que hay otro país, y no es San Luis sino el país “K”, o bien alguien que tenga ocasión de meterse en el portal de la agencia de noticias Telam, donde no digo que mientan, pero muestran la mitad del vaso que conviene. Entonces, yo como empleado de la radio, y más que la radio, un nivel de abstracción mucho más grande, como empleado del Estado nacional, qué debo hacer, debo ponerme esa camiseta aún contra mis principios, y debo decir lo negativo de la producción de la soja? ¿O debo ponerme en mi lugar y con mis convicciones, y decir en micrófono lo que yo pienso del tratamiento de un tema tan complicado? O de la ley de radiodifusión que tanto nos toca, donde también los medios del estado están jugando con un papel importantísimo, difundiendo sólo las bondades y ocultando los vicios que tiene esa ley. No quiero llegar al extremo de lo que dijo Daniel Vila anoche, no sé si es peor que la ley de los militares, pero tiene muchísimas fallas. Entonces, como empleado del estado, qué tengo que hacer, qué dilema. Sinceramente trato de hacer un mix, trato de decir cosas entre líneas, pero que el oyente que está escuchando atentamente sabe a qué me refiero, y lamentablemente del 1 al 10 tengo que cobrar el sueldo, y tengo familia, es una cuestión de ética. Es otro debate ese.
Federico Manrique: Creo que deberíamos separar, por un lado discutir el rol de los medios como tales, y como podemos aprovecharlo para lograr que se difundan principios de la RSE, lograr una inercia donde los medios puedan lograr que más empresas se comporten responsablemente. Por otro lado, el medio como empresa, le cabe lo mismo que a cualquier otra empresa, el rol de los consumidores es decir me gusta lo que hace, o no me gusta lo que hace, le creo o no le creo lo que hace. Creo lo que está hoy garantizado es cierta pluralidad, donde hay distintos medios y en definitiva son los lectores, los oyentes o los televidentes quienes juzgan cada discurso, cuál es el más convincente, el más real, el más completo, el más creíble. Me parece que en ese punto cada uno de nosotros, como consumidores somos quienes tenemos la última palabra.
Norma Pimienta: Les agradezco que me hayan escuchado, soy así de vehemente siempre. Coincido con Federico, una cosa son las empresas y el que esté libre de pecado que tire la primera piedra. A mí me toca hacer entrevistas a gente que sé que lava dinero. ¿No la voy a sacar, ése es mi límite? Cuál es la ética, cuál es mi responsabilidad periodística, que ustedes escuchen a todas las campanas, eso es lo que yo hago dos horas antes cuando llego a Radio Nihuil a preparar mi programa y a decidir de qué voy a hablar y con quién. Uno decide, y ahí está la subjetividad del periodista que es inevitable. Decido los contenidos, y las fuentes de información. Si yo solamente voy a hablar con los buenitos, ustedes se quedan con la mitad de la moneda, y la responsabilidad social y ética mía es que ustedes conozcan las dos caras de la moneda. Es lo que intento siempre y la credibilidad que tengo me la ha dado eso, así que aprendamos a hacer para lo que son las empresas, lo que son los contenidos periodísticos.
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Presentación Rabino Bergman
Responsabilidad social ciudadana”
Egresado de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires. Realizó distintos posgrados en universidades del exterior. Es Máster en Educación graduado Suma Cum Laude e la Universidad Hebrea de Jerusalén. Máster en Literatura Rabínica, y Máster en Estudios Judaicos. Recibió su ordenación rabínica en 1992. Fue uno de los fundadores y miembro de Memoria Activa. En 1994 inicia su obra educativa, social y religiosa a través de la Fundación Judaica. A partir de 2001 asume además como Rabino del emblemático templo de la calle Libertad, la primera sinagoga de la República Argentina. Además, lidera la Red Comunitaria de la Fundación Judaica, y se desempeña como presidente de la Fundación Argentina Ciudadana. Y director ejecutivo de Raíces, Red de Acciones e Iniciativas Comunitarias por la empresa social. En los últimos años su figura se ha proyectado como referente religioso y social en el ámbito de la política cívica, consolidando su propuesta y su pensamiento en el Manifiesto cívico argentino, su primer libro. Con textos bíblicos, su segundo libro titulado “Argentina ciudadana”, apela a la construcción de un espíritu cívico basado en los valores bíblicos de las tradiciones espirituales.
Buenas tardes, shalom aleijem, salam aleicum, la paz para todos vosotros. Agradezco muy especialmente la invitación y la posibilidad a través de MAPFRE que realiza no solamente este encuentro, sino una obra de traducción de la responsabilidad social empresarial que no se declama, sino que se ejerce, se promociona y se realiza. Es un aliciente ver esta asociación estratégica de las asociaciones lícitas que tenemos que celebrar en el país, las otras son conocidas y noticia todos los días. A las buenas, las tenemos que estimular, y celebrar y bendecir, junto con la Universidad y con la Fundación Cordón de Plata, junto con los que auspician y participan. Y, fundamentalmente, a todos y cada uno de ustedes, que han dedicado un tiempo y un esfuerzo para estar esta tarde aquí.

Ya de muchas de las consideraciones generales sobre la realidad de nuestro país en reiteradas oportunidades pude expresar una visión, quisiera hacer una síntesis y una aclaración.

Voy a empezar por la aclaración: no soy opositor. Tengo pensamiento crítico e independiente, lo que evidentemente me condena a tener que recibir esa categoría sin necesariamente buscarla. Esto habla justamente del deterioro de la calidad institucional de nuestra república, situación donde ya no necesariamente importa el contenido de nuestras diferencias, sino que es lo suficientemente claro para que nos despertemos de esta profunda siesta donde hacemos la plancha viendo como lo que nos pasa sucediera como si no fuéramos nosotros, y donde las responsabilidades fueran solamente de aquellos que además de que nos gobiernan son los que elegimos.

Yo sé, vos no lo votaste, pero es tuyo también, es una regla de la democracia. En la Argentina donde ya no hay más mayorías, porque el padrón electoral del voto universal y obligatorio tiene una cantidad, alrededor del 30% de argentinos que no votan lo que tenemos son minorías. Y la primera minoría electoral tiene la legalidad de asumir la máxima representación, pero no tiene la legitimidad de asumir el poder para abusar de él y desarticular la división sana de poderes que la república establece según nuestra ley. Por lo tanto, la falacia y el argumento de quien tiene la primer minoría, que dice que “porque me eligieron voy a gobernar como quiero y no como debo”, la tenemos que resistir cívicamente sin confrontación ni violencia, sino con participación y responsabilidad cívica. Porque la democracia es la forma por la cual el pueblo, que somos nosotros, elegimos a nuestros representantes. Pero el proyecto de la nación argentina no solo es democracia, es democracia para elegir y república para gobernar. Dado que no tenemos una república plena, funcional, sino mínima y sólo formal, es nuestro deber cívico no solamente leer la Constitución, sino constituir en sus instituciones aquella dimensión donde todos y cada uno de nosotros no podemos apelar a la Carta Magna, como un menú a la carta de derechos para reclamar tarde y mal cuando nos vienen a buscar, sino un contrato ético, moral y social donde asumimos tantas obligaciones como derechos. En ese pacto, es donde nosotros, los argentinos, hemos quebrado el proyecto de la nación, porque el país está quebrado por evasión cívica. La evasión fiscal es preocupante, pero no es determinante. Porque, además, este país es rico y abundante, y aunque lo saqueen y lo roben siempre queda.

Lo que no se puede reponer es el capital social y espiritual. Y si nosotros seguimos como estamos, siendo habitantes espectadores, pasivos y anestesiados, en la anomia, donde la máxima energía que ponemos es para el análisis editorial de la realidad, o el lamento y la queja de lo que siempre nos vuelve a pasar, y si no migramos de ese lugar pasivo al activo, de transformarnos de habitantes en ciudadanos, tenemos definitivamente el futuro perdido. No es por culpa de ellos. Es por la responsabilidad de todos nosotros. Y las omisiones, les recuerdo, son pecados.

Es por ello que, en la larga historia de este país joven, doscientos años, donde tenemos por lo menos cien perdidos, la única ventaja, por eso paro acá, es que cada uno ponga los cien perdidos donde quiera, la cuenta te da igual. Pero al mismo tiempo, no es cierto que están todos perdidos, porque hubo momentos que debemos recuperar en nuestra memoria, donde los argentinos sí pudimos, y quisimos.

Ya no preguntar como hacemos todo el tiempo a la Argentina, qué me das y qué me voy a llevar, sino responder qué le vas a ofrendar. No hablo de los impuestos, eso lo vienen a buscar. Me refiero a las ofrendas, las contribuciones nobles y voluntarias de dar de lo tuyo lo mejor, para que no trabajemos únicamente en el propio interés o en tu bienestar, sino en el bien común.

El bien común solamente puede ser articulado y administrado a través de la herramienta que provee la Constitución, que es el Estado, no el Estado en el estado en que se encuentra, el Estado que nos debemos los argentinos cuando no fugamos por el atajo, sino que vamos por el camino largo, que no podemos la sociedad civil, ni la actividad privada reemplazar la función del Estado. Lo tenemos que renovar, recrear y fortalecer para que juntos en cogestión despleguemos el bien común. Y por ello repensar el lugar que tenemos cada uno de nosotros en lo que llamamos la responsabilidad social empresarial.

El tema general está planteado, ahora voy a lo específico, RSE. Para una empresa, no hay responsabilidad social empresarial más plena que sobrevivir en la Argentina, y la responsabilidad social empresarial no debe ser un departamento sino una concepción integral. No debe confundirse con el marketing ni el posicionamiento estratégico. No son acciones puntuales, sino siempre tener el punto en la agenda, donde no se puede tener responsabilidad social empresarial afuera si no empieza adentro. Y la primer comunidad que hay que restaurar en la ética, en valores de lo que uno dice es lo que hace es con los propios trabajadores, de manera tal, no solamente de emplearlos conforme a la ley, sino de generar en el trabajo una comunidad de sentido y de pertenencia. Dado que la mayor parte de nuestro tiempo está en nuestro trabajo, debemos propiciar que la calidad de vida institucional comience en la primera institución que es la empresa donde trabajamos, para luego extender de ese punto y núcleo de acción los círculos concéntricos de las asociaciones en la articulación del bien, para poder contrarrestar el avance del mal.

La economía de la ecuación de la aritmética espiritual de la nación debe resolver el acertijo siempre cambiante, de las integrales y las derivadas del siguiente principio: Por qué el mal trabaja tan bien, y el bien trabaja tan mal. Para lo cual lo que debiéramos hacer es hablar entre nosotros, y de nosotros, los ciudadanos, los representados, y sincerar la hipocresía cívica de nuestro doble estándar donde siempre fugamos, hablando solamente de ellos nuestros representantes, como si fueran no solamente los únicos responsables, sino los exclusivos culpables. Y nuestros representantes son amplificados la expresión de nosotros. No voy a ser tan cruel para decir qué es lo que nos merecemos, pero sí objetivo para decir qué es lo que se nos parece, porque lo único sagrado que defendemos los argentinos es el bolsillo, la economía, y solamente reaccionamos cuando tenemos una tragedia o un riesgo de lo privado. Hasta que eso no sucede, nos conmovemos pero no nos movemos. Y siempre reaccionamos tarde y mal, cuando nos vinieron a buscar, en lugar de temprano y bien cuando debemos prever que no hay responsabilidad social más importante que cumplir y vivir en la ley.

Cuando hablamos de empresa, antes de hablar de la empresa rentable, del profit, y de la producción y de los servicios, y de generar beneficios económicos, la empresa más noble es la sociedad. Para lo cual lo que debemos restaurar es el pacto social y preguntarnos en qué somos socios los argentinos. Ese es el contrato que tenemos que renovar. Si pudiéramos nosotros definir en la empatía y en la sinergía, cuál es el afectus societatis que tenemos nosotros como conciudadanos, tenemos la piedra angular de la nueva edificación, de la república que no está perdida sino que está pendiente. Y dado que está quebrada la confianza en la reciprocidad de la fraternidad, es poco probable que podamos preservar la libertad y la igualdad.

Quiero recordarles que la libertad no es el libertinaje del caos anárquico al que siempre tendemos. No es hacer lo que quiero. Sino es vivir en la ley. Y a diferencia de la cultura de los contravalores, donde se nos impone que la ley es restrictiva y cercena nuestras capacidades y posibilidades, es el único marco regulatorio que hemos construido en las sociedades, para que seamos civilización y no barbarie. Sólo en la ley somos libres, si no cumplimos la ley seremos esclavos.

La estrategia en la que hoy nos encontramos para darle un cuerpo de tipo filosófico y teórico de la práctica política, yo la denomino anarcopseudoprogresismo hegemónico. Está basado en vulnerar estos principios. Anarco porque es una supuesta anarquía, donde uno deja liberado todo espacio a que hagan lo que quieran, en nombre de un pseudo progresismo que impone la retórica de la demagogia, donde dice “porque somos progresistas aunque no lo somos, no vamos a poner orden porque eso es reprimir, no vamos a decir lo que hay que hacer porque eso es cercenar las libertades, y vamos a dejar en el espacio de lo común de lo público que cada uno haga lo que quiera”. Y es pseudo progresismo por qué, porque el plan es hegemónico, es una estrategia el caos de la anarquía, no es un descuido. Y el pseudo progresismo, como siempre digo, es la versión más temible de la derecha, que es convocar por izquierda y hacer caja por derecha. Es hablar de lo que querés distribuir y que nunca vas a repartir. Es cercenar los mecanismos que la ley prevé y provee p ara que la equidad y la justicia social no sea una proclama, sino una práctica, en una gestión donde tres poderes independientes se regulan mutuamente, y no donde hay alguien que cree estar iluminado para hacer caja concentrada de la riqueza de todos nosotros, y distribuirla como quiere, olvidándose que no se trata de repartir el saldo después de que escritura tierras, recursos, empresas, a nombre propio y de testaferros, sino que no podemos dejar que nadie reparta lo que es nuestro, salvo las instituciones de la república, como establece la ley.

Les recuerdo, entre otras cosas, el presupuesto nacional es una ley. No es un Excel. Y cuando nosotros caemos en la trampa en la que caemos, que es aceptar una discusión deliberativa sobre el botox político de los súper poderes, incluidos aquellos referentes de la oposición partidaria, que empiezan a hacer concesiones de lo que no se puede pactar, que son reformas leves sobre la cantidad y las atribuciones de súper poderes que vulneran nuestra Constitución, nosotros tenemos que ser claros para explicar y decir que lo que necesitamos no son súper, sino tres poderes. Que nosotros no aceptamos facultades delegadas, ni decretos de necesidad y urgencia, porque eso vulnera la Constitución. ¿Pero saben al mismo tiempo que decimos eso lo que sentimos los argentinos visceralmente? No intelectualmente, visceralmente. Que es muy interesante la república, la democracia y la letra de la Constitución, pero lo más importante que nosotros tenemos que preservar es lo propio de lo privado.

Porque la mayor inequidad que tenemos los argentinos no es la que más duele. La que más duele es la inequidad de millones de nuestros hermanos en la banquina del camino, excluidos de un país, que como bien dijo el Papa es un escándalo vergonzoso que seamos un país rico lleno de pobres. Eso nos hace un país miserable. Y la miseria no está en la pobreza, está en nosotros, está en la inequidad de permitir que la riqueza de todos se la lleven algunos, y que la ley no sea plena para distribuir en la mínima equidad de los derechos humanos, que cuando uno vive en democracia y en república no hay que reivindicarlos, sino que hay que cumplirlos. Y no solamente denunciar y recordar cuando fueron profanados en el pasado, pero no a expensas de omitir los que tienen que ser asumidos en el presente. Porque derechos humanos no son ni de izquierda ni de derecha, son de la ley y del estado de derecho que establece la Constitución. Por eso les quiero recordar que en el año 2009, los derechos humanos aún pendientes, que yo entiendo están siendo profanados, son en la letra de nuestra carta magna, el pan, el techo, el trabajo, la salud y la educación.

En ese espíritu, la ley se nos propone a todos nosotros como una referencia por la cual nos reconocemos no solamente hijos del Padre que está en el cielo, sino hijos de la patria como ciudadanos que vivimos en el pacto de la ley de la Constitución, asumiendo que si no ocupamos los espacios, serán cedidos y concedidos, en una acción negligente e irresponsable. Para lo cual se requiere una profunda reflexión, en la conciencia cívica de cada uno de nosotros, para ver si logramos reclutar y despertar al ciudadano que hay dormido en el habitante que somos. Porque si todo lo que tenemos para ofrendar son quince minutos cada dos años, en el ejercicio mínimo imponible de la democracia electoral, que es ir al lugar más iluminado de la república que es el cuarto oscuro, para votar con “b” larga el voto con “v” corta y luego huir a lo privado a ver lo que va a pasar, eligiendo no ideas y propuestas, sino lo menos peor que te puede ofrecer el marketing electoral, habremos vaciado de sentido la práctica publica y el ejercicio de lo político.

Para eso hay que reivindicar dos palabras y dos términos que hemos degradado, no ellos sino nosotros, que son “política” y “poder”. Uno dice “política”, y lo confunde con los políticos que supimos conseguir. Pero política es una acción noble y necesaria, cultural de la sociedad que permite transformar la realidad. Y poder no es acceder a él para abusar, ni para servirse de él, es la capacidad organizada de las instituciones a través de sus hombres, para tener posibilidad de transformar la realidad.

Al mismo tiempo, necesitamos una modificación, que es parte de nuestra responsabilidad social de no hacer generalizaciones negligentes y peligrosas que son en general incriminaciones irresponsables, como por ejemplo, decir que todos los políticos y todos los funcionarios son lo mismo, que está todo podrido y que nada sirve, que nadie es rescatable, que son todos lo mismo, porque nosotros no aceptaríamos eso sobre nosotros los ciudadanos. Y que la división no puede ser más entre la sociedad civil y nuestros representantes, la única división conducente aunque sea un reduccionismo, para empezar a discernir e iluminar nuestro futuro, es dividir entre buenos y malos. Y asumir que todos tenemos en cada sector buenos y malos, y que lo que tenemos que cambiar es cómo agrupar a los buenos, y cómo diluir a los malos. Necesitamos incluir el término de la cogestión con nuestros representantes. Los ciudadanos después de que votamos tenemos que seguir participando, buscando nuestros representantes en una conversación que no sea a priori una denuncia, sino una disposición de ayudarlos a que les vaya bien a ellos que somos nosotros. Y luego de esa ofrenda, y esa oferta, y esa participación, reorganizarnos para tener la disciplina, la memoria, y la conducta de que aquellos que no cumplieron y nos defraudaron no los volvamos a elegir. Pero en lugar de hacer lo que hicimos hace ocho años, que fue pedir que se vayan todos, asegurándonos de que se queden para siempre, lo que debiéramos hacer es preguntar cómo hacemos para que se vayan los malos; no todos, los malos, y se queden los buenos. Pero antes también reflexionar, ¿dónde están los buenos que se quieren meter? ¿Quién va a reponer el stock? ¿Quién va a renovar el recurso humano para la gestión? ¿Quién quiere ser funcionario público, quién quiere ser un representante? ¿Quién quiere meterse en política y construir sano poder? Con el desprestigio y la descalificación en el imaginario colectivo que hemos logrado y seguimos de alguna manera consolidando, que lo público solamente es para el que no tiene nada para perder o el que llega ahí para quedarse con lo de los demás. Hasta que nosotros no dignifiquemos nuevamente lo público, no tendremos república.

En otras épocas de nuestra historia, los dignos se hacían dignatarios, y le otorgaban esos valores que poseían en lo personal, a lo institucional. La inequidad que tenemos que revertir no es solo entre los que tienen y no tienen. Primero tenemos que revertir la inequidad entre lo privado y lo público. Y no hace falta héroes para hacerlo, hace falta ciudadanos. Para no exagerar, podemos tomar una referencia bíblica, ¿qué les parece un diezmo? Un diez por ciento de la Argentina privada puesta a disposición de lo público, porque lo cierto que es que a nosotros los que vivimos privilegiados en la Argentina de lo privado nos va bien. Hay pocos lugares en el mundo donde se vive tan bien como en la Argentina de lo privado. Y la Argentina ha demostrado que tiene absolutamente todas las capacidades comprobadas y ejecutadas en lo privado. No hay una sola área de la Argentina privada que no haya argentinos reconocidos, exitosos, ordenados, consecuentes, y que hacen aquellas cosas que denostamos de lo público. por ejemplo, en lo privado sí hacemos política, sí construimos poder, sí tenemos planes estratégicos, sí sabemos cosas tan ciertas como que nada se logra sin esfuerzo, sin capacidad, sin idoneidad, sin trabajar todos los días, sin evaluar objetivos, sin hacer un trabajo serio y conducente. Eso lo sabemos, porque en el balance neto, tanto patrimonial como espiritual, los argentinos para lo privado siempre estamos.

Necesitamos poner algo de esa capacidad en lo público, y no solamente por una actitud altruista, que sos generoso, sino simplemente porque sos sensato. Es sólo para vos, a través de los otros. Porque es el pragmatismo de reconocer que si no hay gestión de lo público y no hay bien común, te van a llevar puesto, con todo lo que supone que podés preservar en lo privado, porque sin garantía y seguridad institucional todo lo que tenés lo perdés.

Creo que no hace falta darles detalles, la reciente historia institucional argentina lo ha demostrado, y por lo tanto yo los invito a hacer la siguiente reflexión: En la medida en que nosotros sigamos mirando en vez de actuando, y en la medida en que nosotros seamos especialistas en diagnóstico, y que no aceptemos, como siempre explico, que si la Argentina fuera un paciente, y sus ciudadanos médicos, se muere. ¿Saben por qué? Porque está lleno de especialistas en análisis clínicos, tomografías computadas, resonancias, hay ateneos y simposios de todos nosotros, analizando lo que habría que hacer, lo que estaría bien, porque cada argentino es especialista en todo, de lo que hay que hacer. Pero a la hora en que te quieren convocar y te dicen “llega un momento en que para curar hay que operar”, nadie quiere entrar al quirófano. O porque te impresiona la sangre, o porque vos creés que diagnosticando estás curando. Es como confundir, cosa que no hacemos en el fútbol, y sí lo hacemos en la república, que por ser hincha del equipo uno está jugando al fútbol. No. Uno es hincha. El problema es que nosotros somos hinchas del equipo de Argentina, y no sus jugadores. Y si no bajamos a la cancha a jugar nuestro propio partido, aún a riesgo de que nos llenen el arco de goles, no solamente nunca habremos jugado sino que un día uno se puede llevar la pelota y no jugamos más. Porque lo que nosotros hacemos desde la tribuna, ni siquiera es alentar a nuestro equipo, sino que en el país hacemos lo que no hacemos en una cancha. ¿Ustedes se imaginan a alguno de nosotros yendo a la cancha con la camiseta a alentar a su equipo, y según el resultado cambiarse de tribuna? Porque mientras la economía va bien, lo votamos nosotros, y cuando va mal no lo votó nadie. ¿O ustedes se imaginan la cancha de fútbol donde empieza el partido once contra once, y a los cinco minutos un equipo empieza a comprar jugadores y son doce contra diez, trece contra nueve? Y lo que es peor, en lugar de ser responsables, de poner nuestra mano para ayudar a Dios, a nosotros lo que nos gusta es “la mano de Dios”, es hacer los goles con la mano, y ser campeones. Ser campeones de profanar las reglas del deporte, porque nosotros lo que hacemos es con las reglas del juego hacer un juego con las reglas, y quién importa, a costa de qué, lo importante es ganar. Lo festejás, diecisiete años después le pedís perdón, igual ya sos campeón, y nosotros festejamos esa viveza criolla de profanar las leyes, vulnerando el deporte. Por eso, como siempre digo, hay que agradecerle a Diego que solamente quiere ser director técnico de la selección, y no presidente de la nación.

Esa situación de tipo cultural tiene que ser revertida con un programa en valores, a partir de la ejemplaridad. Nosotros estamos enfermos culturalmente de valores, nuestro problema no es coyuntural, es estructural. Nuestros problemas no son políticos, sociales y económicos. Ahí están los síntomas. Nuestro problema es mucho más fundante y se renueva y se repara con educación, desde la ejemplaridad.

Por lo tanto, tengo una buena noticia y una mala noticia. Parece un chiste judío, pero es así. La buena noticia es que si queremos, podemos, porque tenemos con qué. Cómo lo verifico, fíjense ustedes en el valor inventario en lo privado, lo tenemos. Si queremos, lo tenemos.

¿Cuál es la mala noticia, o no tan buena? que si empezamos hoy, quizá no lo vemos, porque para redimir a la nación hace falta trascendencia. Y ahora les voy a dar el múltiple choise, del check in, para ver quién embarca en el despegue de una nueva Argentina. Doscientos años después estamos proponiendo un nuevo mayo argentino, y estamos reunidos en la jabonería de Vieytes, para ver quiénes se suman y quiénes vienen. En la jabonería de Vieytes no había garantías, había mística de las utopías. Y las utopías y los ideales son imprescindibles para ser jóvenes, la juventud es un estado del espíritu y no una edad cronológica. Aquellos que no tienen utopías han envejecido. Aquellos que las sostienen y las mantienen, son jóvenes. Por eso, tenemos gente que cronológicamente tiene muchos años, pero seguimos siendo jóvenes, mientras hay gente que tiene pocos años y ya están viejos. Porque si nos vaciamos de ideales y utopías perecemos antes del intento, duramos y no vivimos, soportamos y no crecemos, padecemos, lamentamos y nos quejamos, en lugar de proponemos, ofrendamos, transitamos y trascendemos.

Para lo cual, en el check list de lo que tienen que chequear ustedes si se suben, para que les demos el boarding, necesitamos saber lo siguiente:

Primero, ¿estás dispuesto a ser una minoría? Ahí ya se te bajan más de la mitad. ¿Estás dispuesto a ser una minoría? Siempre digo, nosotros, que tenemos experiencia milenaria de serlo, ni siquiera lo recomendamos. No es bueno ser una minoría, por el solo hecho de que es totalmente impráctico e incómodo, porque todo el tiempo tenés que estar explicando por qué, resistiendo de no ir necesariamente donde van todos, casi pidiendo perdón por serlo. Pero solamente el que tiene claro de dónde viene, quién es y adónde va, no se pierde. Pero ser minoría no es autosegregarse ni aislarse, ser minoría es sumarse e integrarse con su diferencia, con la que uno aporta al conjunto, para no perderse, pero también para que el conjunto no se pierda de uno. No hay cambio social y cultural en la historia de la humanidad que no lo haya propiciado una minoría. Minorías transformadoras que conviven con mayorías consumidoras. No es un juicio de valor, es una descripción sociológica. La mayoría es consumidora. Tal es así que cuando una minoría transformadora logra consolidar un cambio, la mayoría lo consume, y dicen “estuvimos juntos desde la primer ahora, qué buena idea que tuvimos, esto no andaba, qué suerte que cambiamos”. Pero la minoría tiene que tener el temple de la ofrenda, de saber que esto va a ser así, y no ser rencorosa, sino generosa.

Luego, la segunda pregunta es si vos estás dispuesto a empezar a hacer algo que no vas a ver ni vas a terminar. Ahí ya se te baja la otra mitad. Y estás dispuesto a suscribir un contrato moral y espiritual bajo el paradigma que no es el que hoy tenemos, la mayoría consumidora, que es ver para creer, sino por el contrario, creer para poder ver. Y esa es la diferencia, creer para poder ver, con la trascendencia. ¿Por qué? Porque es sembrar lo que no vas a poder cosechar, pero que otro podrá venir a recoger. Es iniciar lo que otro va a terminar, es fijar el horizonte para viajar aunque no llegás. Pero donde adquiere sentido el camino y el recorrido para no estar siempre perdido. Esa dimensión de trascendencia, es una palabra metafísica que ustedes creen que es monopolio de los religiosos, nosotros la monopolizamos solamente porque nos dejan, pero la trascendencia es humana, universal, y espiritual. Y cuando digo espiritual no hablo ni de dogma, ni de religión, espiritual es todo lo que hace a un ser humano en cuanto le permite hacerse humano. Que somos seres humanos, quiero recordarles, está siempre por verse, no tiene nada que ver el ser humano que tenemos que ser, antes de partir, que el mamífero sofisticado que somos al llegar. Y la diferencia la hace la espiritualidad, la capacidad de sacar ese potencial no en lo que decís sino en lo que hacés. Por eso ser humano es un verbo, es la acción. Sin esa espiritualidad, en este caso cívica, no podés subir.

Y si vos estás dispuesto a ser una minoría y estás dispuesto a trabajar por la trascendencia, por lo menos lo último que te pedimos para subir, antes del despegue, es si vos estás dispuesto a ponerle a la Argentina lo que más necesita, que es más que razones corazones, amor, si estás dispuesto a amar a la patria. Y cuando yo les digo patria, nación, bandera, identidad, no estoy usando términos de los nacionalismos ni de la derecha. Eso ha quedado impregnado en la impronta histórica, pero no puede quedar así para el futuro. Son términos de la unidad nacional de los argentinos, que solamente es posible en la diversidad de las tradiciones, orígenes, culturas, religiones y ascendencias, porque la Argentina no es otra cosa que un mosaico multicolor que permite que nosotros no solamente estemos juntos en un territorio, sino unidos en un destino.

Y un destino solamente se logra a través de la trascendencia que da el amor. Porque la responsabilidad socia más plena es amar, porque es la única expresión y experiencia humana universal de la espiritualidad, que no requiere creencia sino sólo evidencia. Todos nosotros existimos y tenemos vida porque fuimos amados. Somos un proyecto de amor, porque por amor vinimos al mundo, y por amor nos vamos a quedar en él cuando nos vayamos. Porque sin deprimirlos, esta tarde les recuerdo que lo único certero es que así como venimos nos vamos, y todo lo que tenemos, lo dejamos. Pero lo que somos, en lo que amamos, queda.

Y por eso, pensar si en lugar de “tener” la Argentina, estamos dispuestos a “ser” la Argentina. Si estamos dispuestos nosotros, en amor, a venerar a aquellos que nos dieron el ejemplo, nuestros próceres y nuestros abuelos, aquellos que con menos recursos materiales, pero mucho más espirituales que nosotros supieron hacer lo que hemos heredado y legado, y que no estamos lamentablemente a la altura de las circunstancias para ser dignos herederos de sostener, no lo que te llevás ni lo que te dan, sino aquello que dejás para los que van a continuar.

Esa es nuestra responsabilidad social, y es empresaria porque hay una gran diferencia entre los hombres de negocios y los empresarios. El problema que tiene la Argentina, también hablando de buenos y malos, es que hay muchos hombres de negocios. Necesitamos más empresarios.

Hombres de negocios son aquellos que quieren hacer grandes diferencias, en cortos plazos, sin inversiones, a través de la materia prima más abundante del país, que no son sus recursos naturales sino la corrupción, para encontrar los nichos y las oportunidades de rápidamente tener lo que en ningún razonable podés adquirir. A diferencia de un emprendedor que tiene visión compartida de iniciar aquellas cosas que no necesariamente va a ver terminadas, pero bajo la seguridad jurídica de vivir en la ley puede tener previsiones y propuestas sustentables, donde dignamente hace grandes ganancias y no a expensas de violar la ley, ni de obviar el bien común.

No hay empresa más noble para todos nosotros que la Nación Argentina, por eso todos por igual como ciudadanos, somos emprendedores. Y todos por igual como ciudadanos tenemos una responsabilidad social, de habitantes a ciudadanos, de ciudadanos a representantes. Y la luz roja ya se prendió, se nos acaban los plazos doscientos años después.

Por lo tanto, propongo en lugar de celebrar el bicentenario en el 2010, iniciarlo pero hacerlo en el 2016, el 2010 ya está vendido, para no decir perdido, tiene dueños y será el cotillón del merchandising electoral de un feliz cumpleaños, donde nos van a invitar a todos nosotros para que recibamos en ese cotillón la participación en una fiestita de aquello que todavía no asumimos ni reflexionamos, que es preguntarnos si estamos dispuestos a refundar la república, que no es otra cosa que cumplir con la primera o terminar de refundirla. Para lo cual en el 2016 declaremos nuevamente nuestra independencia, que ya no será de la colonia española, sino la independencia de nosotros mismos de poder hacernos dignos herederos y continuadores de los valores trascendentes, que no son otros que los que están en el preámbulo de la Constitución, y al mismo tiempo advertir que somos una república representativa y federal, para lo cual tenemos que transformar el país unitario y feudal que somos.

Traumas de la infancia que solo arreglamos no con políticas, sino con psicoterapia. Un país que es hoy, gracias a Dios, adolescente, pero que tiene que llegar a su madurez para no perder los próximos cien años. Un proyecto que todos tenemos en la obra en nuestras manos, por lo tanto alentarnos en que lo vamos a poder hacer, si en lugar de estar mirando y criticando nos disponemos a contribuir, a participar, y a ofrendar.

Somos latinoamericanos. Les quiero recordar que hace doscientos años nos debatíamos si íbamos a ser españoles o ingleses, monárquicos o republicanos, hace cien si íbamos a ser norteamericanos o europeos. Les diría que a esta altura asumámonos que vamos a ser latinoamericanos. Pero no lo hagamos con depresión ni con melancolía, hagámoslo con entusiasmo y con la identidad de lo que somos, incluido reivindicar a los pueblos originarios que hemos diezmado, postergado y no reconocido, y sobre esa dimensión latinoamericana, la pregunta que está para ustedes, jóvenes fundamentalmente, es si vamos a ser como Venezuela o como Brasil. Caracas ya está en Buenos Aires, ahora va a depender de nosotros. Mayores referencias no me pregunten a mí, ustedes que están en Internet endovenoso y chatean la vida, pónganse en contacto con nuestros hermanos venezolanos, y pregúntenles lo que significa que te cocinen a fuego lento, y lo que es no reaccionar a tiempo, para que luego cuando lo querés hacer, no podés.

Les quiero recordar que en Latinoamérica no hay más golpes militares. A lo sumo hay militares que golpean con las urnas, que es bajo la legalidad de una primer minoría llegar al poder para desarticular la democracia. No estamos para nada condenados a que nos suceda, pero si no hacemos nada, estamos condenados a que nos pase. Va a depender de nosotros.

Por lo tanto, la situación es lo suficientemente alarmante, para no llegar a la desintegración del caos social, pero sí la preocupación responsable. No entrar en pánico, entrar en acción que no es lo mismo. Es tiempo de que cada uno asuma, tenés que decidir si sos parte de la solución, o sos parte del problema. Necesitamos la masa crítica de ciudadanos que se inscriba como parte de la solución.

No sabemos cómo resolver todo, pero sabemos por dónde empezar, reclutar a los ciudadanos y empezar a conectarnos en una asociación lícita por el bien común. Para poder hablar de este y otros temas, para contestar las preguntas por dónde empezamos y cómo hacemos, para intercambiar acerca de nuestras diferencias, porque nada de lo que les propongo aquí, y es verdad, lo tienen que asumir, es un disparador y motivador para sostener la conversación, los invito a continuar en www.argentinaciudadana.org.ar Si no, pueden googlear Argentina Ciudadana, y llegan a la web. Lo que no está en Internet no existe, lo que no es virtual no es real. Así que los invito a seguir conversando y participando, suscribiéndonos al coaching cívico y a la trazabilidad ciudadana para que juntos podamos construir entre todos esa trascendencia de la que hablamos. Y fundamentalmente, yo les pido a los padres que hablen con sus hijos, y les expliquen que por favor no sean como nosotros, sino que sean mejores. A nosotros nos dijeron “no te metas, que es peligroso”. Les tenemos que explicar que ahora no hay nada más peligroso que no meterse y no comprometerse.

Así invocamos, como dice nuestra carta magna, “a Dios que es fuente de toda razón y justicia”, que nos ilumine, que nos inspire, que aún suponiendo que él es argentino no va a hacer el país para nosotros, a lo sumo los argentinos en su nombre hagamos de este país, que es nuestra tierra prometida, en anticipo de su reino, un pedazo de cielo aquí en la tierra.

Que esta tierra que es bendita le dé el pan, el trabajo, a todos y a cada uno de los argentinos, y podamos, en dignidad, reconocernos todos hermanos, parte de la misma familia, para poder vivir. No solamente pidiendo al cielo, sino trayéndolo aquí a nuestra tierra, seremos capaces de fraternidad cívica, en amarnos unos a otros, poder vivir en libertad, restituir la equidad, y vivir en esa paz, en ese amor, y en esa justicia, que los argentinos nos debemos y que nuestros hijos merecen.

Muchas gracias por las preguntas, no vamos a poder responder a todas. Igual me anticipé y la conversación sigue por Internet, en ese espacio lo que hacemos es articular iniciativas de muchas ONG, y una muy buena Argentina que existe, que está eclipsada, y que nosotros no siempre vemos. Quiero recordarles que hay muy buena gente trabajando, no sale en los diarios porque los diarios publican malas noticias. Sería bueno que nosotros hagamos un diario de buenas noticias. Hay gente que trabaja y que está contribuyendo, esto no lo arregla nadie si no lo hacemos todos, y lo que necesitamos es hablar y trabajar sobre el management del bien, o sea, cómo gerenciar y gestionar el bien común, y cómo cada uno pone una parte, calibrando la justa proporción de que no te hagas cargo de arreglar toda la Argentina, pero sí hacete cargo de arreglar la Argentina que sos. Con esa contribución es más que suficiente, y el desafío no lleva mucho tiempo, solamente toda una vida.

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