Transcripción Jornadas






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Raúl Mercau

Quiero destacar y rescatar algunos aspectos de la exposición de Nidya que me van a servir para lo que les quiero contar. Primero esta idea de la articulación. La articulación justamente habla de distintas partes y un aspecto muy importante es el diálogo, y lo que les voy a presentar ahora tiene mucho de esto, del diálogo, del intercambio, de la importancia que esto tiene en esta relación de ida y vuelta que tiene que tener el Estado con los actores sociales, en este caso las empresas, los trabajadores, la universidad, las ONG, que es muy importante.

El tercer aspecto que me parece fundamental, es la idea de que todos estos actores sociales ponen sobre el Estado una carga muy importante que es la idea de la visión macro. Y les doy un ejemplo, ustedes nos están viendo a nosotros, pero yo los puedo ver a todos.

Quisiera hablar del tema de atracción de inversiones, que es una de las políticas que nosotros hemos implementado. Nosotros hemos intentado trabajar en muchas cosas que están relacionadas con el aspecto laboral y con el aspecto de la RSE. Una de las herramientas que comenzamos a trabajar, que nació como idea en la Dirección de Empleo, y a medida que fui pasando a la Subsecretaria de Financiamiento en Hacienda, y ahora como Ministro de Producción, comenzamos a armar una ley que es la 8.019, que es de promoción del empleo, lucha contra el desempleo y atracción de inversiones.

Los instrumentos que tiene esta ley son en su mayoría fiscales, es crédito fiscal por la creación de cada nuevo puesto de trabajo, casi un 23% del salario de cada nuevo puesto de salario hay un crédito fiscal para poder pagar impuestos. Mayores requisitos para gozar de la tasa cero, es decir, saben que las empresas en la provincia, generalmente el sector primario, el sector industrial, tienen tasa cero en Ingresos Brutos, no pagan. Pero nosotros le estamos pidiendo que si ellos generan un desempleo colectivo o masivo, es decir, más del 15% en el tamaño más común de las empresas de Mendoza, en ese caso pueden perder la tasa cero, si no entran en un procedimiento de crisis. Es decir, se tienen que reunir con el sindicato, llegar a un acuerdo, y si no lo pierden. Es una manera de evitar el desempleo.

En la ley también aprovechamos esta relación que tenemos con el Ministerio de Trabajo de la Nación, con los planes de sostenimiento del empleo y los REPRO, para incluirlo en la ley, porque creíamos que era importante.

Pero lo que quiero resaltar en la exposición de hoy es la desgravación impositiva, y el crédito fiscal para alentar la inversión, y ver qué relación tiene con la RSE.

En el tema de atracción de inversiones, nosotros hemos tomado dos grandes líneas. Una que tiene que ver con la promoción de las actividades tecnológicas en la provincia, queremos seguir el curso de la historia, hoy estamos en medio de una gran revolución, que es la revolución de la tecnología.

Así como tuvimos la revolución industrial, que fue un acontecimiento mundial sin precedentes, por primera vez la humanidad logró, según los registros que tienen economistas e historiadores como Angus Maddison, el ingreso per cápita comenzó a tener una tasa de crecimiento positiva. Antes estaba en cero, estancado. Como dice, Jeffrey Sachs, en el libro El fin de la pobreza, “antes no había problemas de distribución del ingreso, eran todos pobres”, ahí era fácil. Pero a partir de esa revolución, comienzan a haber estos problemas, y comienza a aumentar el PBI per cápita.

Hoy, estamos en medio de una nueva revolución que puede ocasionar grandes diferencias en la distribución del ingreso mundial. Por eso, es importante y acá hacemos una apuesta muy fuerte, desgravamos por diez años los impuestos provinciales, y además le damos estabilidad fiscal, y les abrimos los brazos.

¿Dónde está la responsabilidad social empresaria? Los sectores más dinámicos en la provincia, que nosotros hemos detectado, son el sector industrial, el sector turismo y el sector agrícola que tiene una dinámica muy importante, y sobre todo aquellos que están eslabonados hacia delante, es decir, forman parte de una cadena productiva con los sectores industriales.

A estos sectores les ofrecemos también una ventaja impositiva muy importante, que es un crédito fiscal equivalente al 30% de la inversión. Es decir, la inversión les puede llegar a costar un 30% menos. ¿Qué les pedimos a estas empresas donde además les damos estabilidad fiscal por diez años? que dentro del presupuesto de esa empresa, destinen una parte a actividades de responsabilidad social empresaria. Es aquí donde comenzamos esta articulación entre lo público y lo privado, relacionado con estas actividades. Es decir, le estamos poniendo una zanahoria. Pero esta zanahoria no es gratis.

¿Por qué lo estamos haciendo? Es decir, ¿por qué atraer empresas socialmente responsables? ¿Porque es una moda? ¿Porque quedamos bien? ¿Porque era un requisito con los legisladores para que nos aprobaran la ley? Puede ser, también en el public choisse saben que hay algunos de esos componentes. Pero, en realidad, es parte de una convicción, creemos que hay un elemento muy importante para el futuro del perfil de nuestras inversiones, que debíamos incluir en esta promoción.

Primero, hay muchos estudios donde relacionan aquellas empresas que han desarrollado actividades sociales empresarias y cómo ha sido su resultado en los beneficios. Es decir, ojo, ser socialmente responsables es un buen negocio. Esto es interesante, porque ser socialmente responsable implica costos; en primer lugar, hay que gastar. Pero con respecto a ese gastar, hay muchos de estos estudios que avalan que es un buen negocio ser socialmente responsable, que las inversiones se sustentan en las ganancias. Y nosotros queremos promover inversiones que ganen, que se queden, que sean sustentables en el tiempo.

También porque atrae empresas o empresarios que son responsables socialmente, eso es muy bueno porque si le estoy pidiendo que destine una parte de su presupuesto, estoy decantando un perfil. Las empresas que quieran invertir y gozar de esto van a tener que tener un perfil de responsabilidad social empresaria. Cuando uno visita las experiencias de RSE, es imposible no conmoverse. Eso moviliza el espíritu.

Les recomiendo que lean a Steven Coby, que es autor de Los siete hábitos de las personas altamente efectivas; y de El liderazgo centrado en los principios. Esa es la clase de liderazgo que nosotros necesitamos, atraer empresas socialmente responsables, así también estamos atrayendo líderes empresariales que tienen esta sensibilidad que pensamos que construye un futuro como el que deseamos para nosotros, y también para los que vienen después de nosotros, nuestros hijos.

Algo interesante que se observó en distintos lugares del mundo es que la percepción de los accionistas que invierten en empresas que son socialmente responsables aumenta el valor de sus empresas, y si aumenta el valor de sus empresas, obviamente aumenta el valor de las acciones. Es decir, que además entre los inversores hay una percepción positiva al respecto.

Como reflexión final, nosotros hemos iniciado un proceso de articulación público-privado, como lo que celebrábamos recién, que ha hecho el Ministerio de Trabajo de la Nación.

Esta cuestión de la ley comenzó con una encuesta, donde detectamos muchos de los inconvenientes para invertir, dialogamos con los sectores empresariales, con los sindicatos, y con los legisladores. El debate con los legisladores fue muy rico, esta ley salió por unanimidad, eso es un logro.

Además, ha mostrado en este proceso una responsabilidad corporativa por parte del Estado, es decir, promocionar el empleo forma parte de una responsabilidad que tiene mucho de social. Entiendo que la responsabilidad social empresaria es ir más allá de lo que pide la ley, pero creo que este es un buen incentivo. Y lo hace con inversiones socialmente responsables. ¿Por qué atraerlas? Aquí está la clave de por qué incluimos esto también. Recuerdo que cuando iba a los bailes no bailábamos solos como ahora, había que bailar con alguien, y yo tenía que bailar con una chica, y ustedes me vieron cuando estuve de pie; las chicas estaban sentadas, entonces desde lejos le tenía que medir el fémur porque cuando se ponían de pie la cuestión era complicada, y por más que fuera muy alta, se aparecía el adonis, y yo estaba liquidado. Entonces me tenía que diferenciar, tenía que ser un petiso entrador, con buena charla, divertido.

Es decir, la diferenciación es lo que logra mercados. Nosotros estamos convencidos de que en un mercado globalizado la única manera de triunfar con nuestras inversiones es diferenciándose. Lo bueno de las inversiones en responsabilidad social empresaria es que es una diferenciación positiva. Es la mejor de las diferenciaciones. Ese es un primer elemento, impacta en la percepción de los productos y mejora el perfil de los inversores, y, a largo plazo, impacta en los beneficios y en el valor de las empresas.

Qué bueno, seamos socialmente responsables porque es un buen negocio, y uno cuando llega la noche, tiene una satisfacción que es incomparable.
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Conferencia de clausura del Dr. Juan José Almagro

Director General de Comunicación y Responsabilidad Social del Grupo MAPFRE

Los clásicos dicen que aunque uno nace provisionalmente en cualquier parte, después, poco a poco, uno va componiendo el lugar de su origen y de su nacimiento para nacer más tarde, día a día, y seguramente definitivamente. El día 5 de junio tuve la enorme satisfacción y la sorpresa de ser distinguido por la Honorable Cámara de Senadores de Mendoza, por mi difusión de la RSE; y tres meses más tarde vuelvo, en primer lugar para dar las gracias una vez más, y para hacer alguna reflexión que no sé si hice entonces, pero que me gustaría compartir hoy.

Las ciudades las crea el hombre no solo para su cobijo y protección, sino seguramente también para desarrollar con otros hombres, con otras mujeres, con niños y con mayores, la libertad, la razón y la sociabilidad. Y cuando ocurre eso, las ciudades alcanzan su auténtica razón de ser. Seguramente Mendoza es una de esas ciudades, en donde cada día se da respuesta a las exigencias de sus habitantes. Por eso, es una ciudad que merece la pena, por eso es una ciudad donde uno llega y se siente mendocino, y yo quería, en el introito de mi exposición, decir que hoy también me siento como vosotros, mendocino.

Estamos en un cambio de época, lo queramos ver o no, este momento es una especie de vierteaguas de la historia, y estáis viviendo un momento absolutamente irrepetible en el siglo XXI. Entonces, hablar de responsabilidad social seguramente es hablar de futuro. He estado a punto de no venir, ayer vine desde Santiago de Chile donde estuve dando una conferencia en CEPAL, y cuando llego aquí por la tarde y me cuentan una cosa, uno que tiene formación jurídica, pensé que igual no venía porque me dijeron algo que quiero compartir con vosotros, y lo dice un abogado de la Facultad de Derecho, y en su aula magna. Dicen que en la Argentina, en los laboratorios científicos están pensando en cambiar los ratones por abogados. Entonces, hay tres razones fundamentales para eso, serias razones. La primera razón es que hay más abogados que ratones, que es una razón no despreciable. La segunda razón es que normalmente los científicos no se encariñan con los abogados. Y la tercera razón es que los abogados siempre están dispuestos a hacer cosas que los ratones nunca harían, de ninguna manera.

En serio, desde la gratitud enorme por invitarme a clausurar esta jornada, que creo que es una jornada de referencia ya en Argentina, y que afortunadamente han tenido la brillante idea de sacarla de Buenos Aires, y llevarla hacia el interior.

Me parece que es bueno repetir algo que dije también en el mes de junio, cuando vine aquí, la frase de Orwell, el autor de Rebelión en la granja: “en tiempos de mentira universal, decir la verdad es un acto revolucionario”. Lo es, seguramente, porque durante mucho tiempo nos acostumbramos a que la mentira, que crecía como la hierba entre las piedras en nuestras organizaciones, se convirtiese en el paisaje. Y creo que es bueno que instituciones como la universidad, o fundaciones, o como MAPFRE, como el conjunto que han estado aquí como ponentes y panelistas, de una u otra forma nos reunamos para contar cosas relativas a la responsabilidad social.

Insisto, yo creo que estamos hablando de futuro, lo creo sinceramente. Y hablar de futuro es poner sobre la mesa las cosas que han estado ocurriendo, y hacer una pasada sobre lo que ocurrió hace algún tiempo, lo que está ocurriendo hoy, y lo que volverá a ocurrir en el futuro.

Tendríamos que tener amplitud de mira, es decir, tendríamos que mirar el presente siempre con perspectiva de futuro. Y eso seguramente nos llevaría a que sigamos reflexionando. Si alguien piensa que ya ha oído las cosas que he dicho, es posible, que se acuerde de Benedetti, quien dice, “si algún orador repite tonterías en exceso, yo bostezo”, por lo tanto podemos bostezar.

Un trabajo que hago todos los años, desde hace algunos, y que de alguna forma pone de relieve la importancia indubitada que la empresa tiene en el mundo: seguramente la empresa es la institución más joven de las que se tiene conocimiento en los últimos tiempos, y en poco más de un siglo la empresa se ha convertido en un instrumento de desarrollo social y económico como no ha tenido parangón en el mundo.

Decía el ministro Mercau, y es verdad, hay estudios que lo avalan, el producto interior bruto de los países no creció hasta el siglo XVIII, hasta entonces fue cero crecimiento. Es a partir de 1850, cuando las mediciones indican que la humanidad empieza a crecer.

Hay una comparativa que hizo Clara Bazán, entre 2007 y 2008, en la cual están los grandes países europeos y el PIB de estos países, y los ingresos de las empresas. Ahí se trata de cotejar las mayores economías del mundo confrontando el producto interior con lo que las empresas ingresan cada año. En 2008 y 2009 hay pocos cambios, aparece Rusia por delante de España, en el año 2008, y desaparece Canadá que estaba en el puesto número 9. Pero cuando llegamos al puesto número 24, el año pasado Wall Mart era la primera empresa, y este año es una petrolera. Argentina repite el número, en el puesto 34, tanto en 2007 como en 2008, y este estudio está hecho hasta las 250 mayores economías del mundo. Cuando llegamos allí, resulta que de cada cuatro, tres son empresas. En el cuadro siguiente, por rango, entre las 30 primeras economías del mundo hay 4 empresas, en el año 2008, y había 3 en el 2007. Entre las 30 primeras, entre las 75 y entre las 100, 44 empresas entre las mayores economías del mundo, 48 empresas en el 2007. Seguramente la crisis algo tiene que ver.

Pero en definitiva, esta circunstancia pone de relieve indiscutible cuál es el papel que hoy juega la empresa en el mundo. Hace 40 años, cuando hablábamos de comparación, la gente se reiría porque las principales economías del mundo estaban dominadas siempre absolutamente por los estados. Y de pronto, poco a poco, empiezan a aparecer grandes empresas multinacionales, de muchos países, que no solo dan trabajo a millones de personas, Wall Mart, por ejemplo da trabajo a 2.300.000 personas.

Además de eso, tienen unos ingresos espectaculares, es decir, hay multitud de empresas que están por delante de países como Chile, o como Argentina, o Polonia.

El mundo se ha desarrollado de tal forma y a tal velocidad, que el papel de la empresa ha cambiado sustancialmente hasta el punto que no podemos discutir en modo alguno la importancia social y económica que la propia empresa tiene. Si no podemos discutir ese papel, tendremos que darle a la empresa el papel que realmente tiene que representar en el concierto económico, en lo que supone las grandes economías mundiales, seguramente desde otra perspectiva.

Y seguramente porque estamos en ese cambio de época, porque estamos en ese vierteaguas de la historia que hace que la empresa tenga que asumir compromisos que no asumía hasta ahora, y el Estado seguramente, y la sociedad civil tendrían que asumir otros compromisos que tampoco hasta ahora habían asumido.

Es verdad que Bankimun en el discurso inaugural de un encuentro del Pacto Mundial, en el 2007, dijo lo que Nidya mencionó anteriormente. Y dijo también esa frase, “quien tiene el poder, tiene la responsabilidad”, que resume claramente que hoy el poder está repartido no solo entre las empresas, sino entre las empresas, el Estado y la propia sociedad civil.

Tyler, un columnista del New York Times, dice que solo hay dos superpotencias en el mundo, una es Estados Unidos, y la otra es la opinión pública, que también es una institución joven. La opinión pública es una institución joven, seguramente más demócrata que muchos países, en modo alguno antigua, acaba de nacer, tremendamente exigente, y cuando gracias a las comunicaciones, gracias a los diferentes Facebook, Twitter, etc., se pone en marcha, y puede ser extraordinariamente destructora o extraordinariamente importante.

En algún momento, tendremos que pensar qué va a ocurrir con eso, porque parece que hoy la opinión pública sólo se justifica por el no, por sacar adelante los defectos fundamentales que puede haber no sólo en países, en gobiernos, en empresas o en determinadas instituciones, y que probablemente, y se ha mencionado a lo largo de toda la mañana, hay algo que se llama “diálogo”, que tendríamos que practicar los seres humanos.

Si algo nos diferencia del resto de las especies animales, seguramente es que podemos comunicarnos entre nosotros y llegar a acuerdos, y plantear acuerdos que sean asumibles por todas las partes.

“Quien tiene el poder, tiene la responsabilidad.” A mí me parece extraordinariamente importante que a partir de ahí nos demos cuenta que no sabemos cuál es el precio de la responsabilidad social, ni yo voy a responder, pero sí sé cuál es el precio de la irresponsabilidad social. Cuando os pregunten para qué sirve esto decid que sirve para que no vuelva a ocurrir lo que ha ocurrido en el mundo. Todavía no sabemos el precio de la responsabilidad social, todavía no sabemos a cuánto asciende la crisis económica, financiera y social. Todavía no sabemos si vamos a poder pagarla. Todavía no sabemos quién la va a pagar. Y yo no sé si la van a pagar los que tenían la responsabilidad de pagarla, al final va a ocurrir que aquel dicho de “quien la hace, la paga”, en el fondo sea transformado por “a quien la hace, le pagan”. Porque la gente se ha llevado el dinero, a pesar de haber cometido atrocidades, a pesar de que se ha despedido a miles de personas, a pesar de que sus empresas han quebrado estrepitosamente con pérdidas multimillonarias. “A quien la hace, le pagan.” Y no sabemos qué va a ocurrir.

Yo no sé si nos estamos dando cuenta de que cuando se reparte la responsabilidad de esta forma, al final no tenemos muy claro qué es lo que está ocurriendo, y tampoco tenemos muy claro si alguien definitivamente acabará pagando o si saldremos de esto.

No la hemos traído, pero me gusta poner una diapositiva que se llama “Mea culpa, mea máxima culpa”, seguramente al final la responsabilidad es de todos porque todos vivimos por encima de nuestras responsabilidades, todos hicimos cosas que no deberíamos haber hecho.

Todos nos instalamos en lo que Aguinis en su último libro llama “el facilismo”. Y nos olvidamos de que hay una cultura del trabajo y una cultura del esfuerzo, y una cultura de la decencia, y nos parecía que las cosas nos venían dadas, y era extraordinariamente sencillo el poder seguir viviendo así ininterrumpidamente, con crecimiento destacadísimo a lo largo de muchos años, como si esto no se acabara nunca. Se acabó.

Se acabó porque cuando hace quince o dieciocho años, o veinte, “el capital se vuelve impaciente”, es una frase de Richard Sennett, los directivos se vuelven indecentes. El capital se vuelve impaciente porque hace quince o dieciocho, o veinte años, de pronto hubo gente que se dio cuenta que las acciones que habían en las empresas redituaban mucho más, y se vendían rapidísimamente y se obtenían beneficios inmediatamente, en lugar de vivir de los dividendos que esas mismas acciones daban. Confundieron eso, que nosotros ahora llamamos responsabilidad social, con los títulos valores, y la responsabilidad social no son títulos valores, no son acciones.

La responsabilidad social son valores, no títulos. Sólo construyendo desde los valores podemos asegurarnos el futuro. Y el capital impaciente dio lugar no sólo a directivos indecentes, sino también a mucha indecencia de mucha gente. He llamado delitos morales porque aunque sea legítimo el que una persona gane mucho dinero, probablemente es indecente que lo gane. Siempre digo que poco antes de que estallara la crisis, hace dos años, en septiembre u octubre del año 2007, la ratio entre los ejecutivos de una compañía multinacional en los Estados Unidos que hace veinte años era de 1,20, el empleado medio de una multinacional cobraba 1.000, su primer ejecutivo cobraba 20.000, y ahora los ratios, hace dos años, eran de 1 a 475. Por cada 1.000, 475.000. Si eso no es indecente, he dicho en muchas escuelas de negocios que eso es una indecencia, y en alguna escuela de negocios importante de España me han dicho que no debería decir eso. Por lo tanto, argumento más para seguir diciéndolo en todas partes, entre otras cosas porque es cierto. Es una indecencia absoluta.

Anteayer publiqué un artículo que se llama “El reloj de cuco”, en el que digo que pensando en el verano del hemisferio norte, en cuanto los números rojos del PIB empiezan a volverse negros, y hay crecimiento ligerísimo del PIB en Alemania, en Francia, y también en Estados Unidos, parece como si no hubiera crisis.

De pronto, nos hemos dado cuenta de que todo el mundo cuando llega la crisis nos hemos puesto de acuerdo en decir que esto era una crisis, —se ha dicho esta mañana aquí, era una crisis de valores y de normas de conducta—, evidentemente era una crisis de comportamiento, porque hay muchos sinvergüenzas, y resulta que al final en cuanto empieza a subir el PIB, como si nada hubiera pasado. Dejamos de hablar de valores y hablamos de recuperación económica.

Si el problema estaba en que no hemos sabido construir sobre los valores, está claro que nos estamos engañando a nosotros mismos, porque lo que queríamos era seguir construyendo en algo que tantas satisfacciones personales, pero que tan pocas satisfacciones de futuro nos iba a dar. Nos estábamos engañando a nosotros mismos, y si seguimos participando de ese discurso nos vamos a seguir engañando también a nosotros mismos.

El problema sigue estando en los valores, el problema sigue estando en el compromiso, el problema sigue estando en que en esta época nueva, una época seguramente diferente, necesitamos del esfuerzo de todo el mundo para sacar adelante este complejo universo, país, ciudad o región en que habitamos cada uno de nosotros.

Creo que en algún momento lo he dicho también, pero no me importa repetirlo, es una reflexión sincera y no sólo eso, sino que es una ley de la biología: los organismos son más vulnerables a medida que se hacen más complejos, y eso ha ocurrido con el mundo de la empresa.

Aquí está ocurriendo algo que me gustaría compartir con vosotros. Hablamos muchas veces de la responsabilidad social y las pymes, y estamos aplicando modelos de responsabilidad social de la gran empresa, de las multinacionales, a las pequeñas y medianas empresas, cuando probablemente aquí no se trata de copiar. La responsabilidad social, en el fondo —me lo preguntaba una periodista de El Sol esta mañana— creo que es cumplir con tu deber y comprometerte socialmente. Pero si no cumplimos con nuestro deber, no podemos seguir hablando de nada más, hay que cumplir con la ley, con nuestro deber, la transparencia, el comportamiento ético, y comprometernos con la sociedad. Eso es hablar de responsabilidad social.

Y es verdad que las pymes con dos, tres, cuatro o cinco personas, tienen muchos menos problemas que una gran compañía con mil, dos mil, o veinte mil empleados, eso está claro. Por eso, probablemente a partir de determinados valores, tendríamos que ser capaces de ajustar un modelo de responsabilidad social, el propio modelo de responsabilidad social que cada empresa necesita, basado en valores.

Pero cada empresa tiene que ser capaz de fabricarse su propio modelo. Hay que aprender a gestionar la empresa. Si estamos en una época distinta, hay que aprender a gestionar la empresa. Me diréis que se sabe; se sabe o no, en un tiempo nuevo hay que aprender a gestionar la empresa de nuevo.

Schumpeter, economista austríaco famoso, creador de la “teoría de la destrucción creativa o creadora”, al final lo que venía a decir es que la crisis no deja de ser más que un estadio evolutivo, el mundo ha pasado por decenas, por centenares, por miles de crisis, y se han superado si hay gente que está dispuesta a superar esa crisis, si hay gente que se prepara para superar esa crisis, si hay gente que cree que la crisis es una oportunidad para ser un poco mejor. La “destrucción creativa” —la idea de Shumpeter— es que a partir de ese momento tendríamos que ser capaces de trabajar en dos ámbitos, uno es el de la innovación, ofrecer nuevas cosas a las personas que en los momentos de crisis esperan que les ofrezcamos, porque las cosas que hasta ahora les ofrecíamos no servían, y eso ha dado lugar a la crisis. El otro ámbito, insistir en la formación. Innovación y formación como método para salir de la crisis.

Digo que no me avergüenzo de trabajar en una gran empresa desde hace muchos años, pero tampoco quiero que nadie se llame a engaño, esta mañana también se ha dicho, no hay que tener vergüenza de decir que las empresas tienen que ganar dinero. Sí, tienen que ganar dinero, pero a partir de determinadas circunstancias.

Primera circunstancia, la obligación de las empresas es cumplir con su tarea, la de la universidad o la de la Facultad de Derecho de la Universidad de Cuyo es formar a los mejores profesionales para que se conviertan más adelante en unos brillantes y excelentes abogados. Esa es su tarea, reclutar al mejor profesorado, reclutar a los mejores alumnos, y hace posible entre todos que la Universidad de Cuyo, la Facultad de Derecho en concreto, sea una referencia en el mundo de la educación universitaria.

O si hace zapatos, que es un ejemplo que me gusta mucho, tiene que hacer los mejores zapatos, al mejor precio posible, practicando la innovación, en lugar de doce centímetros de tacón para las mujeres, poner de siete y que parezca que son de doce, no lo sé, mil cosas, de forma tal que uno cumpla con su tarea, la gente se encuentre a gusto con lo que le está ofreciendo esa misma empresa.

Pero, además de cumplir con su tarea, o como parte de esa tarea, la empresa tiene que generar riqueza, dar resultados, y tiene que dar trabajo, porque si da resultados generará más empleo, y tiene que ser eficiente, y tiene que ser competitiva, porque si no lo es el mercado se encargará de ponerla en la calle. Y tiene que ser innovadora, que a mí parece fundamental porque la innovación no es sacar un par de zapatos nuevos todos los días, sino pensar de qué manera puedo sacar unos zapatos nuevos a lo mejor cada mes, o cada tres meses, de forma tal que satisfaga a mis clientes.

Pero todo eso que antes también tenía que hacerlo la empresa, ahora, en esta época nueva, época convulsa, vierteaguas de la historia, me parece que es necesario que la empresa asuma un compromiso solidario con la sociedad y con el entorno. Y lo asuma sin ambages, y lo asuma sin tontería, y lo asuma a pecho descubierto, no en la creencia de que por decir que una empresa es responsable ya lo es.

A los seres humanos, personas o empresas, muchas veces nos sacan de quicio este afán de presumir que tenemos, ese propósito cosmético que a las empresas las atenaza y las lleva a decir que hacen cosas que realmente no hacen.

Pero “el ser humano se deja engatusar siempre por la apariencia”, decía Erasmo de Rotterdam, así son las cosas, y tendríamos que ser capaces de luchar para no engatusarnos por la apariencia, sino porque nuestro discurso entre lo que decimos y lo que hacemos sea coherente.

Creo que es el momento de hablar de la corresponsabilidad social, que es el motor de la propia responsabilidad social, y que es el punto de encuentro de los poderes públicos, de la sociedad civil, en la que naturalmente se incluyen las universidades, y de las empresas o de los trabajadores que lo hacen por su cuenta.

¿Por qué el momento de la corresponsabilidad social?

Dejadme que os lea dos reflexiones: La primera reflexión tiene 2.100 años, y responde a Plutarco, que vivió en el siglo I, decía: “Del mismo modo que la división de la mano en dedos no la debilita, sino que hace su uso práctico y funcional, así el que deja participar a otras personas en el gobierno, por esta colaboración hace su acción más eficaz. Por el contrario, aquel que tiene un deseo insaciable de gloria o de poder toma para sí toda la carga, se dedica a aquello para lo que no está hecho ni se ha ejercitado.”

Los tiempos ya no están llenos de dioses ni de héroes que eran capaces de asumir empresas imposibles para el resto de los humanos. Creo que los humanos nos estamos dando cuenta que si somos capaces de aunar la forma de actuar de cada uno podemos conseguir muchas más cosas que si lo hacemos en solitario.

Eso que tantas veces se dice sobre la sinergia no significa más de lo que estoy expresando, es decir, tendríamos que ser capaces de meter el mismo saco y en el mismo proyecto a todas aquellas áreas que nos interesan, para que cuando hablemos de responsabilidad social todo el mundo esté de acuerdo en que estamos hablando de una nueva forma de gestionar la empresa, en base a un compromiso público y social que va a hacer que seamos capaces de cumplir nuestro proyecto.

Y os leo otra reflexión mía: “Sí o sí, tenemos que asumir tareas que antes ni nos ocupaban, ni nos preocupaban, y que juntos podemos hacerlo.”

El “Yes, we can” de Obama no es más que la moderna expresión sintética de nuestra olvidada corresponsabilidad solidaria y del exigible cumplimiento del deber que a cada quien le corresponde, y a cada uno en el ámbito de sus competencias. Porque esto no significa que la empresa vaya a asumir el papel del Estado, y que el Estado asuma el papel del la empresa. Significa que cada uno en su propio ámbito tiene que ser capaz de ponerse de acuerdo con el otro, para entre todos hacer un proyecto mucho mejor.

Creo que la reflexión entre Plutarco y el “Yes, we can”, de Obama, entre el siglo I y el siglo XXI, pone en relación esta necesidad de que todos arrimemos el hombro, de que todos nos pongamos de acuerdo en que tenemos que salir de esta situación sabiendo que estamos todos seguramente en el mismo barco.

Fijaos que cuando digo que el Estado tiene que redefinir su papel, en el fondo me refiero a algo que he venido diciendo hace mucho tiempo, al final el Estado tiene que ser capaz, dadas las circunstancias, dado el nuevo rol que le corresponde jugar a la empresa, a jugar también un nuevo rol, por qué no. Creo que el Estado tiene que concretar sus funciones, su papel, y probablemente hasta su tamaño, y a partir de esa primera reflexión aprender a ser competitivo.

¿Por qué no tiene que aprender a ser competitivo? ¿Por qué el gobierno de la provincia de Mendoza es competitivo frente a los gobiernos de otras provincias argentinas? ¿Por qué no va a ser competitivo y dedicar esfuerzo a las políticas institucionales? Aquello que los ciudadanos queremos que nuestro gobierno local, regional, nacional haga, porque para eso pagamos unos impuestos cada vez más suculentos, por utilizar un adjetivo. Y probablemente estamos hablando de formación y de educación, y estamos hablando de infraestructura, de salud, de justicia, de un sistema financiero confiable y bien supervisado, y de orden público y de sanidad.

Creo que el Estado tendría que ser capaz de replantearse también ese tema.

Cuando se ha hablado de la necesidad de la alianza público-privada, lo primero que quiero decir es que es muy importante que no se copie. Podemos cada uno de nosotros recibir imput de los diferentes ejemplos que se están produciendo en todo el mundo. En Dinamarca, el gobierno, los temas de responsabilidad social dependen del Ministerio de Asuntos Exteriores, acaba de publicar un libro sobre la responsabilidad social.

El caso español es seguramente el paradigma de un trabajo bien hecho a lo largo de los últimos años. Durante los últimos cuatro o cinco años, el gobierno se propuso que había que determinar un marco de la responsabilidad social, y después establecer medidas internas que demostraran de una u otra forma que el propio gobierno cumplía parámetros de responsabilidad social.

En ese ámbito, desde la Ley de Dependencia, o del fomento del Microcrédito, o del Consejo Estatal de Responsabilidad Social, o de la Ley de Responsabilidad Medioambiental, etc., se han dictado multitud de disposiciones para fomentar el desarrollo de la responsabilidad social. El propio gobierno internamente lo que ha hecho ha sido establecerse medidas internas para crear su propio código de buen gobierno, para que la ley regule los conflictos de intereses entre sus miembros, ley del sector público, proyectos de reserva de la seguridad social, ley de la contratación pública, una ley que está a punto de salir, de inversión socialmente responsable de los dineros públicos.

Probablemente, lo que hace a España diferente en este ámbito es la creación de un Consejo Estatal de Responsabilidad Social. El Parlamento español aprobó hace dos años, por unanimidad, un conjunto de recomendaciones, en total cincuenta y seis, que habían tomado cuerpo gracias al impulso de Ramón Jáuregui, a quien el año pasado tuvimos oportunidad de tener con nosotros en el II Encuentro Hispanoamericano de Responsabilidad Social Empresaria. Ramón que es un buen amigo mío, ahora mismo es parlamentario europeo en Estrasburgo, e impulsor de la responsabilidad social, hizo posible la unanimidad de esas resoluciones.

Pero, también el gobierno creó un foro de expertos que hizo veintiocho recomendaciones, y después un foro de diálogo social con empresas y sindicatos, que hicieron diez recomendaciones. Las recomendaciones que se hacían eran diferentes, pero al final todas coincidían en la necesidad de crear un Consejo Estatal de Responsabilidad Social.

Ese Consejo se crea el año pasado y se reúne por primera vez en febrero de este año. Tengo la fortuna y el honor de ser miembro de ese Consejo Estatal de Responsabilidad Social.

Me gustaría otra triple reflexión: qué colaboraciones caben entre el sector público y el privado, y lo digo desde la perspectiva española, la primera creo que lo del Global Compact. Argentina debe ser la tercera o cuarta nación en el mundo donde más empresas han suscrito el pacto global. A mí me sinceramente me parece que el pacto mundial es la columna vertebral a partir de la cual uno puede desarrollar la responsabilidad social empresaria.

Igual que hace cincuenta y un años se dictó y aprobó por todas las naciones la Declaración Universal de los Derechos Humanos, cuando el pacto global inicia su andadura en el año 2001, en el fondo lo que supone es el compromiso de las empresas respecto del cumplimiento de diez principios, que tienen que ver con estándares laborales, temas medioambientales, con la lucha contra la corrupción, etc.

El Consejo Estatal me parece que es una iniciativa madura, y creo que promover la formación, la educación, de la responsabilidad social es una iniciativa estratégica, en el sentido de que siempre hablo, la estrategia es la respuesta global inteligente, porque si no es global es táctica, y si no es inteligente es una estupidez, y no merece la pena.

Así que la iniciativa de mínimo es el Pacto Global, todo el mundo lo conoce, es fundamental que las empresas sigamos apostando por el compromiso con esos principios, que probablemente sean once dentro de poco, porque se va a añadir el de la cooperación al desarrollo.

La iniciativa madura de la que antes hablábamos, el Consejo Estatal de la Responsabilidad Social, en España, que es un órgano estatal dependiente del Ministerio de Trabajo, e integrado por cincuenta y seis consejeros. De esos cincuenta y seis consejeros representan en forma igualitaria a empresas, sindicatos, sociedad civil y administración. Se reúne en plenario, en comisión y en grupos de trabajo, se han creado cinco grupos en los siguientes temas: el papel de la responsabilidad social ante la crisis económica, la transparencia en la comunicación y los estándares de los informes y memoria, la sostenibilidad, algo tan importante y que a todos se nos pide resolver, el consumo y la inversión socialmente responsable, la responsabilidad social y la educación, y la gestión de la diversidad, cohesión social, cooperación y desarrollo.

Cada uno de esos grupos de trabajo está tratando de proponer un conjunto de medidas que se lleven a la reunión que en marzo hay en Palma de Mayorca, cuando España ocupe la presidencia de la Comisión Europea, y que la Unión Europea asuma el conjunto de propuestas que vamos a hacer, de forma tal que se desarrollen también en Europa, y sirvan de ejemplo o de punto de arranque para otros países donde se quiera hacer cosas parecidas. Pero insisto en algo que he dicho anteriormente, creo que cada país, cada empresa, cada institución tiene que ser capaz de buscar su propio modelo de responsabilidad social. Copiar no vale porque las circunstancias normalmente son diferentes cuando estamos hablando de países diferentes, o de empresas distintas.

Después de esa iniciativa madura, hay una iniciativa estratégica que es la formación, la educación, y la responsabilidad social permanente.

La revolución cultural, y la revolución comunicacional que se están produciendo en todas las sociedades, está combatiendo con una extraordinaria intolerancia, y en nombre de la tolerancia, que es la paradoja, cualquier jerarquía espiritual, cualquier jerarquía moral, cualquier jerarquía estética que son la esencia misma de la educación.

El dogma del relativismo de que todas las culturas son lo mismo, me parece que ha invadido nuestros países, y es una idea que ha reemplazado a la de educación y civilización, además, con la idolatría que tenemos por todos los medios de comunicación.

¿Qué es la educación? Le dije a Julio que cuando hablase de educación hablaría de Sábato. Este es un libro publicado hace diez años, creo que Sábato sabía que se iba morir cuando lo publicó, se llama Antes del fin, y son sus memorias. Es mi libro de cabecera desde 1999. Cuando habla de educación Sábato está hablando de la necesidad de cuidar y de transmitir lo que él llama primigenia verdadera. “En las comunidades arcaicas mientras el padre iba en busca del alimento, y las mujeres se dedicaban a la alfarería o al cuidado de los cultivos, los chiquitos sentados sobre las rodillas de su abuelo eran educados en su sabiduría. No en el sentido que le otorga a esta palabra la civilización cientifista, sino aquella que nos ayuda a vivir y a morir. La sabiduría de esos consejeros que en general eran analfabetos, pero como un día me dijo el gran poeta Sengor en Dakar: ‘La muerte de uno de esos ancianos es lo que para ustedes sería el incendio de una biblioteca de pensadores y poetas’. En aquellas tribus la vida poseía un valor sagrado y profundo y sus ritos no solo hermosos, sino misteriosamente significativos, consagraban los hechos fundamentales de la existencia, el nacimiento, el amor, el dolor, y la muerte.”

Es decir, el esfuerzo, la decencia, el trabajo frente al facilismo. De eso nos hemos olvidado, cuando hablo de educación, de eso y a eso me estoy refiriendo.

No sé si al final estamos hablando de cosas muy raras, pero fijaos que igual que cito a Plutarco en el siglo I, citamos a Cicerón en el siglo I también. En el 44 a. C. Cicerón escribió, muy poco antes de que lo asesinaran, un libro que se llama Sobre los deberes, que dedicó a su hijo Marco, y en el que quería hacerlo partícipe de su pensamiento oral, y su postura ética vital. Decía Cicerón que la empresa y los grupos que practican las cuatro virtudes cardinales, la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza, deberían ser capaces seguramente de dar un impulso a la honestidad, como parte de la conducta vital.

Además de la honestidad, a la solidaridad, porque lo dijo Aristóteles antes que nadie, resulta que el hombre cuando vive en solitario puede ser o no solidario, cuando el hombre vive en comunidad tiene la obligación de ser solidario.

Y por último, decía Cicerón que el hombre, la mujer y los grupos deberían participar activamente en la vida de la polis, como una forma de resolver entre todos los problemas que de todos son.

He creído siempre en esta sentencia de Cicerón, igual que he creído siempre en alguna otra sentencia de Ernesto Sábato. En este mismo libro, dice Sábato: “el hombre sólo cabe en la utopía”, y replica “sólo quienes sean capaces de encarnar la utopía serán aptos para el combate decisivo, el de recuperar cuánto de humanidad hayamos perdido”.

Shakespeare escribe, en el famoso monólogo de Hamlet, “to be, or not to be”, una frase muy hermosa que dice: “To sleep, perchance to dream”, “dormir, tal vez soñar”.

Yo os invito a soñar.

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