Una defensa moral del aborto tardíO






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UNA DEFENSA MORAL DEL ABORTO TARDÍO
Por Ann Furedi

Ensayo: La Directora Ejecutiva del “bpas” (Servicio Británico de Asesoría en el Embarazo) exhorta a aquellos partidarios por el derecho a decidir, que ya no se encuentran tan entusiastas con esta causa, a recobrar su respeto por la autonomía moral de las mujeres.
La blogosfera ha estado haciendo alboroto en respuesta al llamado del escritor norteamericano Will Saletan a la comunidad por el derecho a decidir para que acepte las restricciones impuestas a los abortos tardíos. Saletan argumenta que los abortos tardíos serían innecesarios si las mujeres se comportaran responsablemente y la sociedad les suministrara los medios para que ellas lo hicieran así. Según él, la anticoncepción reduciría la tasa de aborto por medios voluntarios.
Nosotros deberíamos ver el uso apropiado de los anticonceptivos como una “práctica moral”, el aborto debería ser “re-estigmatizado” y las mujeres que requieren abortos repetidamente, deberían “estar en la mira” para que precisaran de una aprobación particular: “Un embarazo indeseado debe ser suficiente para advertirte a ti- y al doctor que aspira tu útero- de no correr ese riesgo otra vez”.
Estos argumentos han sido preparados minuciosamente por Saletan y otros, y son comunes tanto en Gran Bretaña como en los Estados Unidos. Hace dos años muchos parlamentarios británicos, que apoyaban el intento (fallido) de adelantar el tiempo límite para el aborto de las 24 semanas a las 20 semanas de gestación, pensaban que el aborto tardío era innecesario porque se podría prevenirse. Esta posición subyace a las leyes en la mayoría de los países europeos que permiten el aborto para “cualquiera que lo solicite” en la fase inicial, pero imponen restricciones estrictas a edades gestacionales mayores.
Saletan escribió un libro inteligente sobre el aborto y tiene una reputación de ser algo así como un filósofo, de tal manera que sus intervenciones recientes han atraído apoyo. En noviembre de 2010, en una conversación en Bloggingheads TV, Frances Kissling, Ex-presidenta de la organización estadounidense Catholics for Choice (Católicas por el Derecho a Decidir) sostuvo que, en virtud del desarrollo potencial de la vida fetal, ella estaba dispuesta a discutir la reversión del plazo legal al aborto sin restricción a las 18, las 16 ó hasta las 14 semanas. Ella fijó su posición de la siguiente manera: “En la medida en que las mujeres tengan un plazo de tiempo adecuado para tomar una decisión y que haya disposiciones para circunstancias inusuales que aparezcan después de ese plazo, yo estaría satisfecha…. Las mujeres tienen la obligación de tomar esta decisión tan pronto puedan”.
Kissling ya no habla en nombre de la organización de Catholics for Choice, que ha reforzado su respaldo a la decisión de las mujeres. Pero, en calidad de académica visitante en la universidad de Pensilvania, sus comentarios han pesado.
La naturaleza acalorada del debate alrededor del aborto “tardío” es curiosa, dado que el aborto “temprano” está casi más allá de la controversia. Los países más desarrollados ahora aceptan que las mujeres deberían estar en la posición de tener acceso a abortos hasta edades gestacionales de 10 ó 12 semanas – el primer trimestre del embarazo - generando un poco de polémica o estigmatización en torno a los procedimientos. No obstante, es paradójico el hecho, que en la medida que el aborto recibe mayor aceptación, los procedimientos tardíos suscitan una preocupación creciente. E incluso, aun aquellos asociados con el movimiento por el derecho a decidir, han comenzado a expresar abiertamente sus dudas sobre si una mujer debería estar en posición de tomar la decisión de poner término a su embarazo, una vez que el feto empieza a parecerse cada vez más a un bebé.
¿Cómo podemos entender las razones para el cambio de enfoque con respecto a los criterios para tomar la decisión?

Aborto “temprano”
La diferencia de actitud de la sociedad sobre el aborto temprano y tardío es fácil de entender desde una perspectiva pragmática. Las sociedades democráticas modernas tienden hacia una escala de valores que son más relativos que absolutos. De esta forma, el aborto se percibe frecuentemente como “malo”, pero al mismo tiempo, se acepta como “lo que se debe hacer” bajo ciertas circunstancias. A nadie le gusta la idea del aborto, y todos están de acuerdo que sería mejor si los embarazos no deseados se pudiesen prevenir. No obstante, cuando la anticoncepción falla, o las personas fallan en utilizarla efectivamente, se ve el aborto - en términos generales - preferible a la alternativa de un nacimiento no deseado de una madre renuente a ser madre. En breve, el aborto es lo “menos malo”.
Sería difícil para la sociedad rechazar el apoyo (al menos, el apoyo calificado) del que goza el aborto y preservar otros valores en alta estima. Por ejemplo, la sociedad le atribuye una gran importancia al deseo de tener hijos y a la responsabilidad materna y paterna de su cuidado. Se ve como correcto y apropiado que las personas planeen sus familias. Al mismo tiempo, el sexo es visto como una parte normal y saludable de una relación adulta: la mayoría de la gente acepta que el sexo es una expresión de amor, intimidad y placer; hace tiempo que éste ya no está asociado con la intención de reproducción. De esto se desprende que la prevención de los hijos no planeados, no deseados sea vista como un acto responsable y moral.
Dado el hecho que la sociedad cree que los embarazos deberían prevenirse mediante la anticoncepción, también se deduce que cuando ésta falle, la sociedad acepta que el aborto pueda usarse como “un último recurso” para prevenir un nacimiento no deseado.
El Reino Unido basó su ley sobre el principio de que el aborto debe ser accesible a mujeres que “no estaban en forma” para tener hijos desde que su defensa legislativa en contra del aborto criminal fue codificada en la Ley de Aborto de 1967. Hoy en día, esta visión contiene lo siguiente: El aborto es un componente de la “salud pública”. La mayoría de casi todos los abortos son autorizados y financiados por el sistema de salud estatal y el acceso al aborto temprano ha sido parte oficial de las estrategias nacionales oficiales para mejorar la salud sexual.
Pero el aborto todavía precisa ser categorizado como “necesario”. Aún en etapas gestacionales tempranas, dos doctores deben certificar que se cumplen las causales legales. Un aborto se aprueba porque es la mejor “salida” para la mujer y su familia actual. En esencia, el aborto temprano está justificado pragmáticamente: es socialmente necesario porque, sin él, el gran número inevitable e irremediable de embarazos no deseados redundarían en el costo social de niños no deseados nacidos de madres renuentes a ser madres.
Esta justificación relativamente conservadora para el aborto es aceptada por la mayoría de la sociedad en las semanas tempranas del embarazo. Pero a medida que la gestación avanza, el apoyo dado al aborto se reduce por una combinación de razones prácticas, éticas y estéticas, que por lo general, son complejas de entender.

El problema del aborto tardío
Se contradice poco el hecho de que cuando el aborto se hace necesario, hay un caso clínico bien fundamentado que sostiene que éste debe practicarse tan pronto como sea posible. Los riesgos del aborto se incrementan con el tamaño y el desarrollo del feto, ya que las técnicas del aborto tardío son más especializadas y conllevan un mayor riesgo de complicaciones. A pesar de que cuales quieran que sean los riesgos elevados asociados con el aborto tardío son todavía menores que aquellos del parto llevado a término, el procedimiento es más exigente desde el punto de vista físico y emocional para las pacientes y los proveedores que en las semanas tempranas del embarazo.
El apoyo público al aborto temprano es mucho más fuerte que el dado al aborto tardío. El aborto temprano de un embrión irreconocible es más aceptable a los ojos de la opinión pública que un procedimiento que destruye el “bebé no nacido”, identificable como humano. La distinción ética entre un aborto de seis semanas y uno de 16 semanas es menos clara (y nosotros retornaremos a este punto), pero muchos sostienen el punto de vista de que el aborto temprano es “más correcto que incorrecto” mientras que el aborto tardío es “más incorrecto que correcto”, y por lo tanto, precisa una justificación especial.
El movimiento por el derecho a decidir ha tendido a esquivar un discurso moral, normativo, prefiriendo concentrarse en declaraciones veraces, que sostienen que los abortos tardíos son tan necesarios como los abortos tempranos y, de esta forma, pueden ser justificados basándose en las mismas causales.
Aceptamos que los abortos deben llevarse a cabo tan “pronto como sea posible”. Nosotros también hemos abogado por la idea de que es mejor prevenir la necesidad de abortos tardíos, y promovemos la anticoncepción. Nuestra defensa del segundo trimestre se ha basado en gran medida en la aceptación pragmática que el aborto temprano no es siempre una solución posible a un problema de embarazo y, que los abortos tardíos son necesarios, aunque lamentables. Nosotros creemos que la práctica de un aborto en el segundo y (aún en el tercer trimestre) es preferible a su negación, ya que la negación del aborto tiene consecuencias en la vida de una mujer, en las vidas que son afectadas por la vida de ella y en la vida de la criatura que nacerá.

¿Por qué tienen las mujeres abortos tardíos?
Sabemos que los abortos tardíos son necesarios porque conocemos la razón por la cual se solicitan. Las causales están bien documentadas en Europa y en los Estados Unidos, y, a pesar de que las circunstancias nacionales determinan algunos aspectos, las razones que argumentan las mujeres son, a grosso modo, las mismas. En los Estados Unidos, ellas tienden a señalar mayores problemas de acceso y costo, reflejando las dificultades con acceso y disponibilidad. En el Reino Unido, las razones para los retrasos son más idiosincráticas y están basadas en circunstancias personales, por lo general – sin embargo, de acuerdo a la investigación sobre las motivaciones que llevan a las mujeres a abortos tardíos, éstas no son menos contundentes.
En el Reino Unido sabemos que la proporción de mujeres que solicitan abortos después de las 20 semanas permanece considerablemente estable (aproximadamente el 2%), independientemente de los cambios para acceder a los servicios tempranos. Esto implica que un mejor acceso a un aborto temprano no reduciría la necesidad de procedimientos tardíos. Los doctores explican que hay unos pocos abortos tardíos debido a que las mujeres raramente los solicitan. Muchas mujeres, que hubieran podido tener algunos escrúpulos con respecto a la opción de terminar un embarazo en estas semanas tempranas, se ven reacias al pensamiento de terminar una vida que ellas han sentido que se les mueve en su vientre. Una inducción médica tardía, o un procedimiento quirúrgico, no es un asunto trivial.
En febrero de 2008, el Servicio Británico de Asesoría para el Embarazo (bpas), que provee la mayoría de los procedimientos en el Reino Unido entre 20 y 24 semanas de gestación, revisó los casos de todas las mujeres que requerían un aborto después de 22 semanas de gestación. Durante este período de 28 días, se documentaron las solicitudes de 32 mujeres entre 14 y 31 años. Una tabla con los resúmenes de los casos se adicionó al final de este ensayo, con el comentario del bpas, que se emitió en ese momento.
Esta información es interesante a la luz de los comentarios hechos por Saletan y Kissling, que implican que las mujeres se tardan en tomar “su” decisión innecesariamente y que el tiempo adecuado de una mujer para decidirse sería de 18 semanas o menos (con una disposición especial para aquellas en “circunstancias excepcionales”. Llama la atención que las circunstancias de todas las mujeres que asisten a la clínica del bpas puedan ser vistas, bien como “excepcionales” (como excepcionalmente difíciles y complejas) o “corrientes” (es decir, tan similares en cuanto a sus causas).
Puede parecer una actitud muy laxa en una mujer el “no darse cuenta que está embarazada” cuatro o cinco meses después de que ha engendrado, hasta que uno considere cuántas de estas mujeres no estaban menstruando por varias razones, o no pensaron que ellas pudiesen estar embarazadas – a veces, porque ellas habían estado usando la anticoncepción de forma “responsable”. Cuando esto se tiene en cuenta, el retardo de las mujeres parece ser bastante comprensible. Cada caso en particular puede verse en esta manera – incluyendo las mujeres, cuyas circunstancias cambian “radicalmente” durante el embarazo, porque una relación terminó o se identificó una anomalía fetal, y las adolescentes, quienes están “supremamente” inclinadas a negar o disimular su embarazo.
Si nuestra defensa del aborto es simplemente una respuesta pragmática a las necesidades de una mujer con un problema de embarazo, entonces no hay razón alguna para asumir que se requiere alguna justificación de mayor peso para procedimientos más tempranos.
Si nosotros pensamos que los abortos tardíos deberían ser sólo una opción en circunstancias excepcionales, nos debemos preguntar lo siguiente: ¿Quién decide cuáles deben ser aquellas circunstancias y qué hace de una circunstancia el que sea “excepcional” y ¿quién -pensamos nosotros- está en mejor posición que la mujer misma para entender y juzgar su situación? ¿Por qué no confiamos en que las mujeres tomen la decisión sobre si sus propias circunstancias son lo suficientemente excepcionales. ¿Dudamos de lo que otros individuos encuentran excepcionalmente contundente sobre su caso no sea lo suficientemente contundente para nosotros? ¿Tememos que otros no posean la capacidad suficiente para sopesar “lo bueno y/o lo malo” tan precisamente como nosotros lo hacemos?
Lo anterior nos lleva al ámbito del argumento moral y es correcto que sea de esa forma. Nosotros deberíamos deliberar si la decisión de terminar un embarazo es un asunto de la conciencia individual o si debe ser justificada a otros, conforme a un criterio definido. Una discusión basada en la decisión pragmática no aborda ni puede abordar esto.

La ética del aborto tardío
El problema ético es obvio para aquellos que creen que el aborto es absolutamente malo y no debería ser sólo una cuestión de una decisión individual o personal. Igualmente, existe un poco de ambigüedad para aquellos que creen que una mujer tiene autonomía absoluta para decidir sobre el futuro de su embarazo. La dificultad existe sólo para aquellos que tratan de estar a ambos lados de la brecha entre esas posiciones fundamentales y argumentan que el aborto debería ser una opción de la mujer, pero que en las etapas tardías del embarazo, esta opción debería limitarse.

Estos “ambivalentes éticos”, constituyen una parte sustancial de la comunidad por el derecho a decidir. Marge Berer, editora de la revista Reproductive Health Matters (Asuntos de Salud Reproductiva), advirtió sabiamente en una conferencia lo siguiente: “el límite de la edad gestacional para practicar abortos que debería ser permitido y llevado a cabo, es una cuestión de mucha controversia en casi todo el mundo, excepto en las mujeres que lo necesitan.” Ella pudo haber añadido que incluso muchas mujeres que solicitan abortos deberían saber que el aborto tardío es malo, pero en su caso particular es “excepcional.”
“Para mí el argumento para un enfoque gradualista consistente en que la corrección o incorrección ética del aborto depende de la edad gestacional del feto, es débil, carece de consistencia intelectual y parece acomodado a la decisión particular. Parece más bien un argumento instrumental para justificar el acceso de las mujeres, de acuerdo a una preferencia personal; permitirlo cuando “yo lo apruebo” y negarlo cuando “yo no lo apruebo”. Exceptuando a aquellos que piensan que el aborto siempre es un hecho indebido, la mayoría de nosotros tiene preferencias personales e inclinaciones subjetivas, que hacen que nosotros sintamos más empatía por algunas de las solicitudes de las mujeres y por otras no”; por ejemplo, algunos de nosotros se identifican con la mujer que solicita un aborto, basándose en la causal de la anormalidad fetal, a algunos de nosotros nos horroriza su pensamiento. Algunos de nosotros seremos compasivos con una mujer que quiere terminar con un embarazo porque el condón se quedó en el empaque; algunos de nosotros pensaremos que no lo merece. Algunos de nosotros sentiremos personalmente que un aborto es aceptable en un embarazo temprano, pero no lo es cuando ha transcurrido más tiempo.
Si somos honestos, probablemente admitiremos que todos hacemos juicios sobre qué abortos creemos que son correctos y cuáles incorrectos, así como las mujeres lo hacen para ellas. Pero hay un mundo de diferencias entre hacer un juicio individual y tratar de obligar a otros a tomar una decisión para ellos, que nosotros no tomaríamos. Nuestros colegas, que argumentan que debería existir una mayor justificación para un aborto de x semanas, no son realmente diferentes de aquellos doctores que argumentan que, antes de aprobar la solicitud de una mujer, ella debería de justificar el error al utilizar la anticoncepción o bien, la razón por la cual ella está volviendo por un segundo procedimiento. En esencia, lo que ellos están diciendo es que el aborto debería ser aprobado cuando yo lo apruebo y desaprobado cuando yo no lo apruebo.
Para los “ambivalentes éticos” preocupados por la gestación, debemos preguntarnos lo siguiente: “¿Existe algo cualitativamente diferente de un feto de - por decir algo - 28 semanas, para que le den a él un status moralmente diferente al de un feto de 18 semanas o incluso a uno de 8 semanas?” Seguramente él se ve diferente en razón a que su desarrollo físico ha avanzado. A las 28 semanas nosotros podemos ver que es humano - a las 8 semanas un embrión humano se parece mucho más al del hámster. ¿Pero somos realmente tan frívolos, tan veleidosos como para dejar que nuestra visión sobre el valor moral sea determinada por la apariencia? Incluso con 5 semanas nosotros podemos ver sólo un polo embrionario.
Las declaraciones de que el feto tiene un “potencial de desarrollo” tienen muy poco sentido. El potencial del feto no evoluciona; sólo es. Un feto puede aproximarse a desarrollar este potencial a medida en que se desarrolla y a medida que se acerca su nacimiento, pero el potencial no cambia. De hecho, desde el momento de la concepción, tan pronto como las células del embrión se empiezan a dividir, se empieza a crear una entidad con potencial para convertirse en una persona. Es el producto de un hombre y una mujer, pero distinto a ellos. Tiene una DNA único y, a menos que su desarrollo sea interrumpido o falle, nacerá como un bebé.
Aceptar que el blastocito o el embrión tiene el potencial de convertirse en una persona no es decir que debe tratarse como una persona, o incluso, asignársele un valor moral por su potencialidad. Tal como lo argumenta el profesor eticista John Harris, todos estamos potencialmente muertos, pero eso no significa que nosotros tratemos a las personas como si ya estuvieran muertas.
El hecho de que una entidad biológica sea una persona en potencia no significa que debamos tratarla como una persona – o incluso considerar su estatus moral como especial. Podríamos desear hacer esto porque podemos sentir algo que tenga la potencialidad de ser una persona tenga mayor valor que algo que no lo tiene. Podemos sentir que un embrión humano posee un estatus moral mayor que un gato (el cual, por sus habilidades conscientes y su percepción sensorial, nunca puede llegar a ser una persona humana), o podemos creer que un gato tiene mayores derechos morales que un embrión, que es potencialmente una persona, pero aun no un ser independiente viviente. Ambas posiciones pueden presentarse como argumentos consistentes, racionales y lógicos.

Pero es difícil ver cómo se puede argumentar que a un feto se le deba asignar un estatus moral, que difiera en diferentes etapas de su desarrollo sobre la base del “potencial evolutivo” en razón a que un feto de 28 semanas no es más o menos potencialmente una persona que un feto de ocho semanas.
Si es la “aproximación” al desarrollo total del potencial del feto lo que cambia su estatus moral, entonces parece que existe un problema difícil para encontrar una justificación moral – distinta de una pragmática – que consiste en saber, cuándo está lo suficientemente cerca para hacer que el estatus cambie. Debido a que un feto se acerca a desarrollar su potencial desde el día de su concepción y está constantemente evolucionando a medida que crece, ¿qué día – o qué cambio en el desarrollo- importa desde el punto de vista moral? ¿Es cuándo hay una evidencia de un corazón latente, o un movimiento fetal, o un desarrollo particular neurológico o cerebral? ¿Quién toma esta decisión? ¿Y por qué?
Me parece que el intento de asignar un significado moral “gradualista” al desarrollo del feto es poco más que un intento de disfrazar una reacción personal de argumento ético. Eso ejemplifica el pensamiento que comienza de una suposición a priori de que algo está “mal”, y entonces trata de construir un argumento para justificar lo malo. En este caso la suposición es que los abortos tardíos son “malos” y los argumentos sobre el significado del potencial en desarrollo del feto son un camino elevado intelectualmente de justificar una suposición que es, de hecho, no más que un prejuicio.
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