Un año para la formación cívica






descargar 22.59 Kb.
títuloUn año para la formación cívica
fecha de publicación22.06.2015
tamaño22.59 Kb.
tipoDocumentos
ley.exam-10.com > Derecho > Documentos
Un año para la formación cívica
Era el año 1999, había cumplido 11 años y estaba cursando quinto de primaria en el Colegio Santa Teresa de Jesús de Montevideo. Era año de elecciones nacionales. La maestra, de nombre Teresa, nos estaba explicando algunas cuestiones relativas a nuestro sistema electoral. En determinado momento, levanto la mano y sentencio: “maestra, los niños no deberíamos hablar de política”. Vista esa reacción a la distancia, intuyo que fue producto de cierta visión negativa de la política, a la cual veía como un elemento faccioso y distorsivo de la paz y unidad sociales, debido a algunas experiencias de división familiar que la tuvieron como causante en los años sesenta, setenta y ochenta, cuando por entonces reinaba en Uruguay una fuerte polarización y la democracia se nos hacía añicos. ¡Vaya cosa maliciosa tenía que ser la política para ocasionar tantos daños! Por eso es que reservaba para los adultos algo tan “peligroso”.
Pero ingresé al liceo –siempre en el mismo centro educativo- y a medida que iba creciendo, me iba interesando cada vez más por la política y comenzaba a verla de otra manera. Recuerdo que en tercero disfrutaba una enormidad las clases de Educación Social y Cívica, y ya en Historia de quinto me maravillé con Montesquieu y la división de poderes. Lo cierto, es que una vez egresado del bachillerato, opté por inscribirme en la Licenciatura de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República, una paradoja si tenemos en cuenta aquella visión negativa inicial que tenía del que ahora constituye mi objeto de estudio.

Habiendo tenido dichas experiencias personales, intentaré aprovecharlas para situarme empáticamente en la realidad de aquellos jóvenes que no se sienten atraídos por las prácticas políticas y así desarrollar una explicación de por qué considero que reflexionar sobre estos asuntos reviste una gran importancia. Precisamente, un año como este de elecciones en nuestro país, brinda una gran oportunidad para formarnos y alimentarnos cívicamente y un momento oportuno para autointerpelarnos sobre cómo es nuestra relación con la política, como miembros de esta sociedad y como católicos. Empecemos preguntándonos qué es lo político.
La política: orígenes y significados

Etimológicamente, la palabra “política” deriva del vocablo griego polis, que significa “ciudad”, de modo que podríamos decir en primera instancia que “política” refiere a “lo relativo a la ciudad”, sabiendo que en la Antigua Grecia las polis constituían ciudades-Estado.

Pero los griegos usaban varias expresiones derivadas de polis para hacer referencia a lo político. Con el término polites, que podríamos asociarlo en nuestro idioma a la palabra “ciudadano”, se refieren al concepto de “vivir en comunidad”. Es en este sentido que Aristóteles describe al hombre como un zoon politikón (animal político), una definición antropológica que manifiesta la concepción griega de la vida en la que el hombre solo puede realizarse en la polis. Por el contrario, denomina peyorativamente ídion (de donde deriva nuestro adjetivo “idiota”) al hombre “no político”, considerado defectuoso e inferior por moverse según intereses particulares y por carecer de la dimensión y la plenitud de la simbiosis con la polis.

Como expresa Sartori (1984: 5), “el vivir ‘político’ –en y para la polis- era al mismo tiempo el vivir colectivo, el vivir asociado, y más intensamente, el vivir en koinonía, en comunión y ‘comunidad’.”1 Es en esta línea que Platón titula Politeia a su más ilustre obra, traducida luego fielmente como “La República”, que proviene del latín res pública y significa “cosa común”, “cosa de la comunidad”, “bien común”.

Para los griegos, entonces, lo político era lo social y viceversa, y su idea de política englobaba ambas dimensiones a la vez, no concebían dos conceptos distintos. Por lo tanto, al no diferenciar entre las esferas de lo social y de lo político tal cual las entendemos hoy, la idea griega de la política se caracterizaba por su horizontalidad.2 Del mismo modo, tampoco separaba a la política de la ética, ya que el centro de atención estaba puesto en el “bien” y en lo “justo”.

Es desde Maquiavelo en el siglo XVI con la publicación de “El Príncipe”, que la política se configura con especificidad y autonomía. De hecho, este autor es el primero en usar la palabra “Estado” es su acepción moderna y es por este motivo que usualmente se lo identifica como el padre de la Ciencia Política.

Maquiavelo no solo diferenció a la política de la moral, sino que elaboró “leyes” propias de la política que el político “debe” aplicar, aún si en el camino se viera forzado a no ser bueno. La famosa consigna de “el fin justifica los medios” es de raíz maquiaveliana y significó un cambio insoslayable en la idea de la política.

Pero el proceso más largo fue la distinción entre Estado y sociedad. Y aquí se les atribuye a los autores contractualistas clásicos las primeras formulaciones de la idea de “sociedad”, pero encontramos entre los economistas clásicos liberales de los siglos XVIII y XIX los planteos que presupusieron la distinción entre lo político y lo social al diferenciar política y economía. La conocida tesis de la “mano invisible” del mercado, con capacidad de autorregularse sin la intervención del Estado, proporcionó una fuerte imagen de la facultad de la sociedad para desarrollarse por sí misma. Así, llegaron luego los primeros sociólogos y definieron un “sistema social” diferenciado y autónomo del “sistema político”.

Es de este modo que la política irá tomando una dimensión vertical –como elemento de estructuración jerárquica de la vida en sociedad- que estaba ausente en la idea griega de politeia. La política se irá constituyendo como el ámbito de poder, de mando y de coerción, en la esfera del Estado y sus instituciones. Y sin embargo, más cercano en el tiempo, producto de la democratización y masificación de la política, a esa dimensión vertical se une ahora una expansión y reubicación horizontal, donde los procesos políticos ya no podrán ser situados únicamente en las esferas estatales sino en un sistema político más amplio, compuesto, entre otros, por partidos y grupos de presión.
Buenos cristianos y honrados ciudadanos”

2014 es año de elecciones nacionales y habrá 250.000 nuevos votantes jóvenes que comparecerán ante las urnas por primera vez. Este hecho implica un gran desafío: que se sientan seducidos y comprometidos con el proceso electoral. La clave está en su comprensión del significado del mismo y de las responsabilidades que les caben, tanto a esos nuevos electores como a sus educadores.

Pues bien, ¿cómo involucrar a los jóvenes en todo este proceso electoral que parece largo y tedioso para algunos? La respuesta es: formación cívica. Por esta razón, considero que deberíamos revitalizar lo esencial de aquella concepción griega de la política, que pregonaba el involucramiento ciudadano en los asuntos públicos. En una palabra: republicanismo, una corriente de pensamiento dentro de la teoría política que encuentra sus raíces en aquellas ideas, desarrolladas luego por sucesivos autores, que llega hasta nuestros días, y que tiene como eje central el concepto de “virtud cívica”, haciendo especial hincapié en los valores cívicos republicanos y en la participación ciudadana en aquellos asuntos que refieren al interés general, al bien común de todos los hombres (en sentido genérico).

Lo principal aquí es cuestionarnos nuestro rol y nuestra actitud como ciudadanos -con derechos y deberes- en los asuntos públicos. Debemos darles a esos jóvenes, las razones por las cuales vale la pena participar e interesarse en estas cuestiones, más que saciar meramente los intereses privados. En este sentido y circunscribiéndonos a las elecciones, por más que excepto las internas sean todas de asistencia obligatoria, tenemos que lograr que ese sufragio se realice desde el gozo del ejercicio de los derechos civiles y políticos, del disfrute de los valores democráticos, y que no sea vivido, por el contrario, como algo que tengo que hacer contra mi voluntad o porque no tengo más remedio. También, por otro lado –y asumiendo obviamente que “el buen ciudadano” no se agota de ninguna manera en cumplir solamente con el voto- debemos concientizar sobre la importancia radical que revisten las elecciones: son oportunidades únicas que se dan cada 5 años y que van a definir por todo ese período nuestros representantes en las esferas de los poderes del Estado, serán quienes ejercerán la política en el sentido moderno del concepto explicado arriba. De ahí la importancia de la realización de un sufragio responsable por parte del votante.

Y aquí vamos a otro punto relevante: quienes somos cristianos, tenemos una particular responsabilidad y tenemos más razones para el ejercicio de una buena ciudadanía. Don Bosco, en esa especial vocación por los más jóvenes y por su educación, ha resumido fantásticamente este concepto cuando continuamente repetía: “Hemos de procurar hacer de los jóvenes buenos cristianos y honrados ciudadanos”. Es que ambas dimensiones son inseparables: ser un buen cristiano lleva irremediablemente a ser un ciudadano virtuoso. No hay lugar en el mensaje de Jesucristo para una vida de espectadores e individualista, sino de protagonistas y compartida. El prójimo, con Jesús, cobra notoriedad. Es por amor al prójimo y por amor a Dios, que estamos llamados a la participación en los asuntos de interés general, a tener una activa misión y compromiso de bregar por el bien común. Justamente, no por casualidad, ese fue el mensaje central del Papa Francisco destinado a los jóvenes durante la hermosa JMJ de Río de Janeiro: “Sigan superando la apatía y ofreciendo una respuesta cristiana a las inquietudes sociales y políticas que se van planteando en diversas partes del mundo. Les pido que sean constructores del futuro, que se metan en el trabajo por un mundo mejor. Queridos jóvenes, por favor, no balconeen la vida, métanse en ella. Jesús no se quedó en el balcón, se metió.” Estas palabras, no hacen más que reafirmar lo que nos ha enseñado Jesús a través del Evangelio según San Mateo (5, 13-16), cuando nos dice que los cristianos somos sal y luz en el mundo.

Hagamos el esfuerzo, entonces, de formar cívicamente a todos esos nuevos jóvenes que harán su debut electoral este año y démosles las razones de sobra que tienen como ciudadanos y como cristianos para comprometerse en todo este proceso de ilusión en nuestro país. Que así sea.

Nicolás Portela

1 Sartori, Giovanni (1984) La política: lógica y método en las ciencias sociales. México: FCE.

2 La verticalidad en las polis existía por cuanto había autoridades, pero dadas las pequeñas dimensiones de estas ciudades, las relaciones eran cara a cara y la verticalidad era extremadamente reducida.

Añadir el documento a tu blog o sitio web

similar:

Un año para la formación cívica icon15 Formación Cívica y ética

Un año para la formación cívica iconFormación ciudadana y cívica 5º

Un año para la formación cívica icon4º en formación ciudadana y cívica

Un año para la formación cívica iconGuia de formacion civica y etica I

Un año para la formación cívica iconFormación Ciudadana y Cívica (fcc)

Un año para la formación cívica iconBases de la convocatoria para la concesión de ayudas a profesionales,...

Un año para la formación cívica iconGuía de examen de formación cívica y ética 2

Un año para la formación cívica iconContenidos curriculares de formacion ciudadana y civica 2014

Un año para la formación cívica iconI. e “ramon castilla 3043 formación ciudadana y cívica

Un año para la formación cívica iconTributacióN, tributos, impuestos y tasas en el perú 5º de secundaria...






© 2015
contactos
ley.exam-10.com