Apuntes sobre el migrante retornado en México contemporáneo






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¿Quiénes son los retornados?

Apuntes sobre el migrante retornado en México contemporáneo
Liliana Rivera Sánchez1
Palabras clave: migrantes retornados, reinserción social, zona metropolitana, México

Introducción

La migración de retorno ha sido observada comúnmente como la última etapa del proceso migratorio y su estudio se asocia a la relación entre migración y desarrollo, así como a la consideración de que los migrantes retornados podrían ser actores sociales de cambio en los lugares de retorno. De hecho, se ha asumido de manera recurrente que los migrantes que retornan a su país de origen lo hacen particularmente a la localidad desde donde emprendieron el desplazamiento internacional, a las así llamadas sociedades de origen en el campo de estudio de las migraciones (cf. Levitt, 2001; Papail, 2002; Cassarino, 2004; Durand, 2004 y 2005). Estos planteamientos han llevado a considerar que, el retorno constituye parte del proceso migratorio, es decir la conclusión del proyecto del migrante y, entonces, que se trata de un regreso a la localidad de origen, regreso que es observado a priori como un retorno permanente y, generalmente definitivo, para reinsertarse en la dinámica local.

En el interés por contribuir en la discusión sobre la construcción social del sujeto migrante, propuesto en el marco de la última reunión del Grupo de Trabajo Migración, Cultura y Políticas del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales y sintetizado en el documento de trabajo preparado por Bela Feldman-Bianco2, en este capítulo se pretende problematizar –mediante algunas reflexiones informadas sobre la realidad mexicana contemporánea– la categoría de migrante retornado a partir de discutir su naturaleza histórica, su contemporaneidad, el significado particular que adquiere este concepto en circunstancias históricas y espaciales específicas. El objetivo central de este capítulo consiste en discernir en torno a qué significa retornar a, después de vivir la experiencia de la migración internacional, de haber estado en contacto con otros universos simbólicos; es decir, cuáles son las representaciones sociales que se generan en relación a este sujeto particular en los contextos del retorno, y cuáles las experiencias específicas a las cuáles se enfrenta un migrante retornado en el momento de intentar la re-inserción social y laboral en la región/país de procedencia. Para este capítulo utilizaremos referencias de casos de retorno a México y particularmente de experiencias de retorno a los municipios urbanos insertos en la zona metropolitana de la Ciudad de México, en este caso tales espacios urbanos serán tomados como contextos de retorno migratorio.

Las interrogantes planteadas en el párrafo anterior constituyen por ahora una guía de reflexión para este capítulo, a reserva de recabar mayor evidencia empírica en el marco del proyecto de investigación Migrantes retornados en Nezahualcóyotl, ¿Quemar las naves o reemigrar?, el cual inició en el mes de enero de 2010.

Este capítulo se organiza en cuatro secciones, en la primera se discierne en torno a la relevancia del retorno como una etapa del proceso migratorio y un resultado de las interconexiones locales-globales entre sociedades desiguales. En una segunda sección se realiza una revisión de diferentes perspectivas teóricas que desarrollan explicaciones acerca de por qué y cómo ocurre la emigración y luego, cómo a partir de tales presupuestos también puede entenderse el retorno. En la tercera sección se revisan los estudios sobre retornados en México, para subrayar la importancia de realizar investigaciones sobre el retorno contemporáneo en diversas regiones del país y principalmente en espacios urbanos, debido a que los estudios hasta ahora realizados se concentran fundamentalmente en localidades rurales y en la región centro-occidente de México, la llamada zona tradicional de la migración mexicana a Estados Unidos. En una cuarta sección se presenta cierta evidencia de quiénes son los retornados contemporáneos en México, y cómo estos sujetos sociales se configuran en las interconexiones societales; cómo los contextos de retorno producen sujetos retornados, producto de las dinámicas de mercados de trabajo y sociedades desiguales que funcionan de manera interdependiente. Finalmente, se reflexiona acerca de la construcción social del sujeto de retorno en un momento histórico del desarrollo de un régimen laboral global en el capitalismo contemporáneo.
1. La relevancia del retorno en los procesos migratorios contemporáneos
Problematizar las nociones prevalecientes sobre el retorno migratorio y el retornado como sujeto contemporáneo nos sitúa en dos ejes de reflexión: primero, en cómo el retorno es una parte del proceso migratorio, la cual supone cierta continuidad histórica en la carrera de la migración. Es decir, el retorno como una etapa y/o una estación del ciclo migratorio implica considerar la conformación de un circuito migratorio con diferentes trayectos, los cuales pueden contener tanto experiencias de migración interna como internacional y se presentan como no definitivos en la lógica y dinámica funcional de circulación a lo largo de los diferentes espacios conectados en los circuitos internacionales. Segundo, el retorno además plantea el dilema de la reinserción laboral y social, esto es, el estudio del retorno constituye la contraparte de los estudios sobre el proceso de incorporación/inserción en los lugares de destino, en los grandes mercados del capitalismo global. De tal forma que, un análisis sobre el retornado nos sitúa también en la lógica de la articulación entre los mercados de trabajo en las llamadas sociedades de origen y destino de las migraciones globales, es decir, en las bisagras que posibilitan el engranaje de funcionamiento del capitalismo global a través de la relación entre la fuerza de trabajo proveniente de países con mayores desventajas, y el capital en los países con mercados de trabajo estratificados, donde la fuerza de trabajo con menor calificación encuentra acomodo en los escaños más débiles y desprotegidos de la organización social del trabajo. A la vez, esta dinámica de articulación entre mercados globales y sociedades desiguales permite dar cuenta de la interconexión entre los niveles local, nacional y global y luego el reto de la articulación analítica de estos niveles en los estudios sobre las migraciones. Esta interdependencia entre niveles subraya el presupuesto de que la reinserción del retornado en el lugar de procedencia sería un paso “natural” de la experiencia migratoria y una etapa que respondería a la lógica del funcionamiento de las economías globales, en las cuales desde la perspectiva de la Nueva Economía de la migración laboral, la experiencia adquirida y el capital humano desarrollado durante la experiencia migratoria necesariamente reditúa en una mejor condición de retorno y en mayores oportunidades de reinserción laboral.

No obstante, pensar la migración en circuito replantea no solamente el dilema de la reinserción laboral, sino también el de la reinserción social y de la negociación de nuevas fronteras sociales, de otras lógicas de inclusión y exclusión social en los contextos de retorno migratorio, no contemplados en el itinerario de ida de los migrantes, ni identificados con nitidez en los clásicos estudios sobre la migración de retorno, los cuales por cierto son escasos en la literatura sobre las migraciones y las movilidades contemporáneas, al menos lo son en la vasta literatura sobre la migración mexicana a Estados Unidos. Las investigaciones relacionadas con el tema del retorno son fundamentalmente estudios de caso en localidades rurales, realizado en la dicotomía entre el migrante “exitoso” y el migrante “fracasado”, propuesta tanto por Cassarino (2004), como también recuperada por Durand (2004). No obstante que ambos autores discuten esta fórmula y la critican, los estudios empíricos que realizan se concentran fundamentalmente en analizar las experiencias de aquéllos reconocidos explícitamente como retornados “exitosos”, es decir lo que identifican como los retornados-empresarios (cf. Cassarino, 2007:74; Durand, 2004; adicionalmente cf. Papail, 2002 y 2005)

Así, este capítulo plantea que, en el retorno pueden identificarse las imbricaciones entre lo local, lo nacional y lo global como parte de la experiencia de las movilidades humanas contemporáneas, y particularmente en este capítulo se plantean algunas ideas para realizar un análisis de tales intersecciones en la constitución de los sujetos retornados contemporáneos. Para realizar estas reflexiones se tomará a las ciudades como sitios de prueba (cfr. Caglar y Glick Schiller, 2006) para entender las lógicas del retorno y su interconexión con las lógicas de la emigración, por diferentes tipos de emigrantes y retornados, en este caso por personas procedentes de diferentes regiones en México y de retorno en un mismo espacio urbano, en el municipio de Nezahualcóyotl, Estado de México, localizado en la zona metropolitana de la Ciudad de México, donde se observa un incremento en el número de retornados durante la última década. No obstante, el objetivo de este capítulo no es desarrollar un estudio de caso sistemático, sino ofrecer alguna evidencia empírica de una investigación en curso.

Es importante subrayar que en los próximos años es muy probable que, el retorno como experiencia y los retornados mexicanos en general se conviertan en temas centrales en el campo de estudio de las migraciones mexicanas, por un lado, debido al riesgo real que existe de que los inmigrantes mexicanos en Estados Unidos pierdan sus empleos y/o vean disminuidos significativamente sus salarios en este escenario de la crisis económica actual (además del creciente número de deportaciones y del efecto de la política de reforzamiento de la frontera por Estados Unidos); pero por otro lado, también porque no obstante que existe una menor tendencia a retornar a México –según datos de Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, INEGI, 2005– y un más lento crecimiento del volumen de nuevos inmigrantes indocumentados en el periodo 2005-2008, comparativamente con los de la década previa (Pew Hispanic Center, 2008, cf. www.pewhispanic.org/reports-2008), se escucha de manera recurrente en los medios de comunicación que, se ha observado un mayor número de personas regresando de “manera definitiva” a México desde Estados Unidos, esto debido a la crisis financiera de los mercados globales. Los medios de comunicación aseguran que se han detectado flujos importantes de retornados durante 2008 y 2009, quienes regresaban de Estados Unidos por diferentes fronteras y se dirigían hacia diversas regiones al interior del país (cf. Alarcón, 2008)

No obstante, la relevancia del tema no está exclusivamente asociada al volumen de migrantes retornados, sino al probable impacto/efecto que su presencia podría desencadenar o está desencadenando en los mercados de trabajo locales/regionales, en general en la dinámica de las localidades receptoras de retornados. Tal impacto/efecto no solo debe entenderse en términos económicos, sino políticos y socio-culturales, dado que el contacto de los inmigrantes con otras personas, la exposición a otras formas de organización y realización del trabajo, las nuevas habilidades y destrezas, la información circulante, las remesas socioculturales y sus efectos, tales como otros códigos sociales adquiridos como parte de la experiencia migratoria (cf. Levitt, 2001; Rivera, 2007), así como los repertorios culturales aprendidos e introducidos/hibridizados con los propios, podrían generar cambios y transformaciones en las formas de relación y reinserción social en los lugares de retorno (cf. Levitt, 2001; Levitt y Sorensen, 2004).

En suma, lo que se propone en este capítulo es realizar algunas reflexiones en torno al significado del retorno contemporáneo en México, contribuir con un grano de arena al campo de los estudios de migración con una perspectiva de análisis que complejice el estudio de los retornados, a fin de entender las múltiples interconexiones entre las migraciones, los efectos y las modalidades del retorno, y los procesos de reinserción social. Finalmente, interesa aportar algunos elementos para una concepción sistémica del proceso migratorio, que permita estudiar el retorno como una etapa del mismo proceso, sin ser visto necesariamente como definitivo, permanente y terminal de la historia del migrante y sin considerar a priori que retornar significa necesariamente volver al lugar de origen (Rivera, 2008).

Adicionalmente, la relevancia de la temática en cuestión radica también en que, identificar múltiples rostros del retorno podría contribuir en los debates acerca del diseño de políticas para la atención a comunidades de migrantes, con presencia de retornados contemporáneos. Considerar que hay diversos tipos de retornados, con trayectorias migratorias, laborales y educativas variadas, y que su presencia podría tener efectos y/o desencadenar transformaciones dependiendo de las características de estos sujetos, sus trayectorias y capitales, los contextos de retorno, y las estrategias individuales y familiares de reinserción social y laboral. Este capítulo pretende ofrecer algunos insumos útiles para el diseño de algunos dispositivos de política pública que considere esta diversidad.
2. El retorno como una decisión y como una experiencia, y el retornado como un sujeto

Una revisión de la literatura del campo de estudio de las migraciones
Grosso modo, el retorno de los migrantes laborales ha sido explicado desde cinco perspectivas teóricas, las que también explican el inicio del proceso migratorio. La perspectiva neoclásica y la así llamada New Economics of Labour Migration han explicado el fenómeno como parte de las decisiones racionales, económicas, que toman los individuos para maximizar su beneficio. Basada particularmente en el presupuesto de la disparidad salarial como el motor que conduce a tomar la decisión de migrar (Todaro, 1969), la perspectiva neoclásica explica el retorno como una consecuencia de la experiencia de fracaso del migrante, o bien porque las expectativas sobre su capital humano no fueron valoradas como se esperaba (cf. Cassarino, 2004; Durand, 2004). Mientras, la Nueva Economía de la migración laboral supone que, si bien no se trata de un fracaso de los individuos que tomaron la decisión de migrar, ni de una falla en el cálculo realizado sobre su capital humano, el retorno se explica, por el contrario, como la conclusión de las metas económicas que el migrante –conjuntamente con los demás miembros de su familia– había construido y valorado en el momento en el que se tomó la decisión de la emigración de uno los miembros de la familia. Stark (1991) considera que, el retorno es justamente un resultado natural del cálculo realizado al emprender el desplazamiento, lo que implica en consecuencia un resultado exitoso de su proyecto; es decir, supone que la conclusión del proceso indica que el migrante por un lado, ha realizado ahorros, y por otro, que ha enviado recursos a su familia en el transcurso de su estancia migratoria. Los dos aspectos anteriores contribuyen tanto a diversificar las fuentes de ingreso del hogar, como a inyectar dinamismo en la economía local tanto en el país de origen como en el de destino. En esa línea de reflexión, Taylor (1996) sugiere que, al retorno no sólo se han consumado las metas del migrante y su familia, sino que este individuo que toma la decisión de regresar a su país, ha adquirido habilidades y conocimiento que puede potenciar en su lugar de nueva inserción y luego tal ponderación racional o cálculo realizado por el migrante en el lugar de destino podría aumentar las probabilidades del retorno mismo.

No obstante que ambas perspectivas observan motivaciones económicas tanto para salir como para retornar, no refieren en sus consideraciones sobre “fracaso” o “éxito” – como señala Cassarino (2004:257) – a dónde regresan los migrantes, es decir no ven más allá de las consideraciones sobre el individuo y el hogar y, eventualmente consideran las posibilidades reales de una mejor reinserción laboral debido a las habilidades y destrezas adquiridas en el lugar de destino o durante su experiencia migratoria.

En este sentido, el enfoque estructural sobre la migración de retorno introduce el contexto como una variable relevante a considerar, fundamentalmente el contexto institucional y social del país de origen, los llamados factores situacionales y estructurales que condicionan el resultado del retorno y las motivaciones para tomar la decisión de regresar. Así, se sugiere que en la medida en que tal acto de volver implica una readaptación a otro ambiente, el mismo podría conducir también a una re-emigración, en el caso de que tal ajuste a ese contexto no se consiguiera. De tal forma que, los factores contextuales juegan un papel central en el resultado del retorno e incluso en la decisión relativa a retornar o bien en permanecer en el lugar de destino, no sólo las habilidades adquiridas y el dinero ahorrado por el migrante para emprender el retorno. Es decir, el impacto de los retornados no necesariamente es visto como uno con efectos multiplicadores de desarrollo, en la medida en que está mediado justamente por las condiciones diferenciales de los contextos. Esto es, que la relación asimétrica entre los países de origen y destino podría imponerse también en el retorno y no ofrecer las condiciones suficientes para una movilidad social ascendente y quizás ni siquiera para una readaptación o reajuste de expectativas sociales, porque en el supuesto básico del enfoque estructural no existe una consideración acerca de un proceso de intercambio de recursos permanente entre ambos países (cf. e.g. Singer, 1975). Pareciera que el inmigrante, durante el tiempo de estadía en un destino internacional, se mantuviera desconectado del ambiente social y de la información relativa al lugar de origen, lo cual implica que no se reconoce la circulación y la movilización de recursos entre estas dos sociedades (de origen y de recepción) y luego no se considera que el retorno y también el mismo proceso de reinserción son producto de la interconexiones entre mercados, entre sociedades desiguales conectadas por migraciones, pero intrínsecamente concatenadas en la lógica del movimiento de personas en una escala global e insertas en lo que Glick Schiller (2010) identifica como un nuevo régimen global del trabajo, el cual se basa en una modalidad de un régimen de trabajo temporal transnacional (cf. Glick Schiller, 2010)

En suma, desde el enfoque estructural, y desde sus diversas vertientes teóricas, se propone, en términos generales, las siguientes variables básicas para estudiar el retorno: el tiempo de estancia como inmigrante en un destino internacional, la escolaridad, la trayectoria laboral, las habilidades adquiridas y las características del contexto institucional y social del país de origen.

Desde la perspectiva de redes sociales se parte del supuesto que existe tal movilización de recursos, la cual no aparece claramente como una posibilidad desde el enfoque estructural, y que a través de las redes sociales y de los vínculos que se mantienen entre las sociedades de origen y destino es que se vuelve realizable el retorno. Las estructuras sociales sobre las que descansan las redes y su constante intercambio conforman ciertos capitales que son útiles para emigrar y también para retornar. No obstante, no todos los migrantes tienen acceso homogéneo a tal capital, ni siquiera a insertarse por igual en las redes, y luego, las posibilidades y condiciones del retorno también son heterogéneas y dependerán del acceso al capital y, por supuesto, de las posiciones de los actores en los campos sociales (Bourdieu, 1990).

Dos consideraciones analíticas son relevantes en la perspectiva de redes para identificar las unidades de análisis. Una es que los individuos son actores sociales involucrados en redes de relaciones; y otra, es que es necesario tomar en cuenta que tales redes conforman diversos tipos de agregados, y/o organizaciones, y luego, que tales plantean a su vez diferentes niveles de involucramiento, orientación y estrategias de relación (Cassarino, 2004). Finalmente, la perspectiva de redes plantea no estudiar a los retornados sólo como un agregado o un grupo, sino como individuos insertos en redes de relaciones que influyen también sus acciones y decisiones, tanto para emigrar como para retornar. Así, la movilización de recursos a través de las redes sociales es no sólo de recursos tangibles, sino de recursos intangibles, como puede ser el capital social (cf. Durand, 2004; Cassarino, 2004). Es decir, desde la perspectiva de redes resulta relevante estudiar las relaciones entre los retornados y los inmigrantes que no retornan, pero también de manera paralela dar cuenta de la movilización de recursos que ocurre a través de las redes que atraviesan las fronteras (cf. Cassarino, 2004; Durand y Massey, 2003).

Desde esta perspectiva, J. Durand (2004) ha planteado que la teoría del capital social puede ser de utilidad para explicar también las probabilidades del retorno, así como ha explicado la salida acumulada de migrantes de un lugar de origen hacia un mismo lugar de destino. Es decir, la teoría de la causalidad acumulativa (Massey, Goldring y Durand, 1994) llevada al contexto de retorno podría decir que “a mayor experiencia acumulada de retorno en la familia, la comunidad y el país de origen, mayores posibilidades de que se dé el retorno a nivel personal” (Durand, 2004:110). No obstante, en este caso, resulta relevante mencionar que, si bien la acumulación de contactos, información, capitales diversos puede influir en el retorno, la decisión de retornar y la consecuente experiencia de retorno se construye y se entreteje en la lógica que deviene de lo que previamente se ha denominado como contexto de retorno, es decir de los lugares que son producto de interconexiones y lógicas tanto locales, regionales como globales.

Por otra parte, la perspectiva transnacional considera que la migración de retorno es parte del proceso migratorio a partir de una mirada sistémica y compleja del mismo proceso, el cual incluye relaciones económicas, sociales y culturales entre las sociedades de origen y las de destino, mediadas por un constante intercambio de recursos, dinero, bienes, ideas, información y valores (Levitt, 2001). Parte de suponer que se mantienen relaciones estrechas y constantes entre migrantes y no migrantes a través de prácticas transnacionales y distintas formas de involucramiento entre las personas localizadas en diversas latitudes, pero ligadas por vínculos sociales (cf. Basch, et al. 1994; Guarnizo, 1997). Es decir, el supuesto de que hay formas de ser y formas de pertenecer a campos sociales transnacionales, implica fundamentalmente reconocer que existen diversas modalidades de involucramiento en relaciones transnacionales y que entonces existen posibilidades diferenciadas también para movilizar recursos entre estos espacios (cf. Levitt y Glick Schiller, 2004; Glick-Schiller, 2005). En esta perspectiva –aun cuando no se discute explícitamente el tema del retorno–, partiendo de sus presupuestos básicos y concepciones sobre la migración, el retorno podría ser estudiado considerando las características y modalidades de involucramiento tanto en los lugares de origen como en los de destino, además de tomar en cuenta que el ambiente social y las estructuras institucionales de ambas sociedades delinean el proceso migratorio y luego también el retorno, el cual puede ocurrir a un tercer lugar que no es necesariamente el lugar de origen, y puede tratarse incluso de una escala en el trayecto de la vida como inmigrante, y no su conclusión (cf. Rivera 2007 y 2008). Así, el retorno puede entenderse, desde la perspectiva transnacional, como la contraparte de los estudios sobre los procesos de integración/incorporación en las sociedades de destino, pero analizado como una pieza de la experiencia de atravesar diversas fronteras y de circular constantemente por diferentes lugares, finalmente como parte de la experiencia de las movilidades entre sociedades desiguales (cf. Glick-Schiller, 2005 y 2007).
3. Las investigaciones sobre los migrantes mexicanos retornados
La mayoría de los estudios realizados sobre los migrantes mexicanos retornados se han concentrado en las áreas rurales, lo cual se explica porque hasta mediados de la década del ochenta la mayor parte de los migrantes mexicanos con destino a Estados Unidos, procedían de las localidades rurales del país (cf. Durand y Massey, 2003). No obstante, la migración contemporánea a Estados Unidos muestra otros patrones migratorios y exhibe nuevos perfiles de migrantes. Entre otras características, se detecta que los inmigrantes mexicanos en Estados Unidos realizan estancias más largas, participan también mujeres que emigran sin necesariamente ir como acompañantes de varones, así como inmigrantes procedentes de ciudades, entre otros cambios relevantes se encuentran nuevas regiones de emigración en México y nuevos destinos en Estados Unidos, así como variaciones relacionadas con el perfil demográfico de los inmigrantes contemporáneos, lo cual implica que no necesariamente son jefes de familia, sino ahora también se han incorporado los jóvenes solteros en la carrera migratoria (cf. Durand y Massey, 2003).

Un dato interesante que complejiza el estudio de los migrantes que salen de las ciudades hacia Estados Unidos es que no necesariamente son de origen urbano, pues algunos tienen como lugar de origen/lugar de nacimiento una localidad rural, es decir han experimentado previamente migración interna y desde allí han emprendido su viaje al norte. De tal suerte que, las ciudades mexicanas en los estudios migratorios contemporáneos pueden ser lugares de origen y/o lugares de salida de la migración internacional y tales interconexiones de trayectos migratorios generan también un panorama más complejo para analizar tanto la salida de los migrantes (cf. Arias y Woo, 2004; Rivera y Lozano, 2006; Rivera, 2008) como el retorno migratorio en los espacios urbanos. Las ciudades que se presentan como lugares de retorno no necesariamente coinciden con el lugar de salida y pueden no ser también los lugares de nacimiento de los migrantes retornados contemporáneos.

No obstante esta complejidad que agrega el cambio de perfil de los nuevos emigrantes a Estados Unidos y en consecuencia el perfil de los retornados contemporáneos, la mayor parte de los estudios sobre los retornados mexicanos siguen concentrándose primordialmente en el análisis del impacto que el retorno genera o podría generar en las localidades rurales. Los temas abordados son los siguientes: la relación entre migración y desarrollo (Moctezuma, 2005; García Zamora, 2005), particularmente la relación entre el envío de remesas y la probabilidad de retorno (Papail, 2005), el capital humano y la reinserción laboral (Papail, 2002), la relación entre las características sociodemográficas de los retornados y sus familias, y las probabilidades de retorno (Zahniser, 1999), el tiempo de estadía en Estados Unidos y la probabilidad de retornar o establecerse en el lugar de destino (Lindstrom, 1996), entre otros temas relativos a las experiencias de retornados en localidades rurales, o en ciudades medias, como apunta la investigación sobre retornados-empresarios realizada por Papail (2002). Los estudios antes referidos se hicieron exclusivamente en la región centro-occidente del país, en la así llamada región tradicional de la migración mexicana a Estados Unidos (Durand y Massey, 2003; cf. también Espinoza, 1998; Canales, 1999).

Algunos de estos autores construyeron sus propios instrumentos metodológicos para recabar información sobre los retornados recientes, como Papail (2002), quien desarrolló y aplicó una encuesta entre más de 5000 migrantes retornados en seis ciudades medias de la región centro occidente (en tres estados: Zacatecas, Jalisco y Guanajuato) a fin de captar las transferencias de dinero realizadas durante sus estancias en Estados Unidos, los procesos de reinserción profesional/laboral al finalizar el ciclo migratorio, sus inversiones y los empleos que crearon en sus lugares de origen. Mientras, los estudios de Lindstrom (1996) y Zahniser (1999) utilizaron como fuente las bases de datos del Mexican Migration Project (cf. www.mmp.opr.princeton.edu) para estudiar probabilidades de retorno o factores que influyen y/o condicionan el retorno a México, al igual que los anteriores sobre migrantes retornados originarios de la misma región. También se han usado las bases de datos de la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica- ENADID para analizar la relación entre tasas de retorno, características sociodemográficas de individuos y hogares con migrantes retornados y las características de la estructura familiar (Canales, 1999). Adicionalmente, se ha analizado el fenómeno a escala nacional, a partir de los datos de los Censos de Población y Vivienda del año 2000 y el Conteo de Población 2005 del Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática-INEGI (cf. Avances del proyecto BBVA-CRIM, UNAM, 2008) para explorar los perfiles de los migrantes retornados a México, características de género, escolaridad, nivel socioeconómico, y sus posibles concentraciones/dispersiones geográficas en diferentes regiones, estados y municipios del país. En esta última investigación también se han introducido los índices de marginación social para observar las condiciones particulares de los contextos de retorno y cómo éstas condicionan o no la decisión acerca del lugar de retorno.

El Censo de población del año 2000 y el Conteo de población levantado en 2005 sin duda ofrecen información valiosa sobre los retornados y sus características demográficas tanto individuales como de los hogares, pero no permiten estudiar la secuencia histórica del retorno, en la medida en que la pregunta que recaba información sobre este evento, solo cuestiona acerca del lugar de residencia cinco años atrás, lo cual permite documentar la información de las personas que cinco años antes residían fuera del país y que en el momento del levantamiento se encontraban residiendo en México. Es decir, con esta información, se puede conocer el número de retornados por quinquenio, pero no sabemos si estos mismos permanecen en México en el siguiente quinquenio o han re-emigrado; por un lado, tampoco podemos sumarlos con los del quinquenio siguiente, sólo comparar los periodos, aunque por otro lado, nos ofrece información sobre dónde viven, y sus características demográficas individuales y del hogar en el que viven, para saber cuáles son las tendencias actuales del retorno a México, si vuelven a municipios rurales o urbanos, por ejemplo, y entonces establecer la diferencia por género, grupo de edad, escolaridad, lugar de nacimiento, entre otras características demográficas.

Algunos hallazgos planteados por las investigaciones antes presentadas y realizadas con diversas fuentes, muestran que el retorno contemporáneo sigue ocurriendo fundamentalmente a localidades y municipios rurales, más que a centros urbanos, no obstante se observa de manera importante ciertas concentraciones actuales de retornados en las periferias de las zonas metropolitanas (proyecto BBVA-CRIM-UNAM, 2008); mientras, la diferencia entre hombres y mujeres, sigue apuntando que prevalece una mayor tasa de retorno de hombres sobre mujeres, y la diferencia entre los hombres sin duda está asociada a la posición en la estructura familiar (padre, jefe de familia, hijo, por ejemplo) y el grupo de edad (Canales, 1999; Zahniser, 1999). No obstante, tales tendencias son disímiles cuando se analizan por región migratoria, como lo ha mostrado el estudio que se realiza en este momento en el CRIM-UNAM, donde se ha observado que existe una diferencia en las tasas de retorno también por región migratoria y grupo de edad, al interior de éstas, muy probablemente tales variaciones respondan a las condiciones contextuales de los lugares de retorno.

Otros estudios han demostrado que existe una mayor probabilidad de retorno cuando se cuenta con documentos migratorios y un mayor tiempo de estancia en Estados Unidos, pues se considera que existe siempre la posibilidad de re-emigrar a futuro, comparativamente que cuando no se tiene documentos, al menos no se sabe si en este último caso se planea una sola estancia o no muchos viajes debido a los costos que implica volver a cruzar la frontera, en el caso de tomar la decisión de volver a emigrar, o bien se decide no circular, sino establecerse temporalmente, realizar una estancia larga para finalmente volver a México, una vez alcanzada la meta propuesta antes de emigrar (Zahniser, 1999). Asimismo, Zahniser (1999) ha demostrado, con un modelo de regresión múltiple, cuales son los factores que intervienen en tomar la decisión de retornar a México. Este autor considera que existen factores macroeconómicos asociados a las condiciones tanto de México como de Estados Unidos, los cuales intervienen en la toma de decisiones; pero no necesariamente esos factores macroeconómicos resultaron ser los más relevantes para decidir retornar, según su evidencia empírica, sino particularmente resultaron significativas las variables asociadas a las condiciones económicas locales de las comunidades de origen, por ejemplo la posibilidad de acceso a crédito en la localidad y la región, e indicadores de las condiciones climáticas, por ejemplo si el clima juega en detrimento de las actividades agrícolas, así como las posibles inundaciones, sequías, huracanes, tormentas, entre otros factores asociados resultaron significativos en la toma de decisiones sobre el retorno (cf. Zahniser, 1999: 1375-1376).

4. Quienes son los sujetos de retorno a México: el ‘dilema entre quemar las naves o re-emigrar’

Así como ha cambiado el perfil tanto de emigrantes como de retornados a México, ha cambiado las concepciones y representaciones sociales sobre estos sujetos. El emigrante mexicano a Estados Unidos, considerado a principios de siglo XX como un “apátrida” – según registran los primeros estudios sobre los migrantes mexicaos, realizados por Manuel Gamio (1939), luego como un trabajador temporal, bracero, quien prefirió vender su fuerza de trabajo en vez de construir patria en México, y desde el sexenio del Presidente Vicente Fox (2000-2006) los migrantes pasaron a ser considerados, al menos en el discurso oficial, unos “héroes nacionales”, debido al ingreso que aportan en la contabilidad nacional por concepto de envío de remesas. Los migrantes retornados contemporáneos que salieron a Estados Unidos desde las regiones de migración tanto intermedia como emergente no solo tienen un perfil demográfico diferente en el momento de su salida respecto de los emigrantes que algunas décadas atrás procedían de las región tradicional, sino que en el retorno se han experimentado cambios que incluyen a los que regresan a México y salieron desde cualquier punto del país, además de que han cambiado las representaciones, los discursos y las condiciones que enmarcan las experiencias de retorno en las sociedades de reinserción.

Al finalizar el Programa Bracero en 1964 regresaron algunos de los emigrantes que habían participado activamente en el programa binacional de trabajadores huéspedes, quienes trabajaron fundamentalmente en el sector agrícola y algunos más en la construcción de las vías ferroviarias en la primera etapa del programa. Otros más se sabe que abrieron las rutas de la migración indocumentada en Estados Unidos, pues se trasladaron hacia otros estados en la búsqueda de nuevos empleos (Rivera, 2007). Algunos de estos retornados lograron cierta movilidad social ascendente, según lo documentan las entrevistas realizadas en diversas partes del país. Algunos de ellos lograron incluso que sus hijos realizaran estudios universitarios en México y se convirtieron, en los alrededores de algunas zonas metropolitanas (al menos es el caso de la ciudad de México y de Guadalajara), en los primeros pobladores de lo que a finales de los años sesenta se conoció como los cinturones periféricos de las grandes ciudades. Sin duda fueron estos retornados internacionales, quienes conjuntamente con los migrantes internos, fueron poblando las zonas periféricas metropolitanas en las décadas de los ochenta y noventa. En el caso del Distrito Federal esa zona actualmente se encuentra inserta en la metrópoli –es el caso de Ciudad Nezahualcóyotl principalmente- constituye la primera capa de la periferia de la Ciudad de México y no constituye el cinturón más deprimido de la zona metropolitana, pues se han agregado continuamente otras capas de población, en donde se registra un proceso muy similar al acontecido al cierre del Programa Bracero, el arribo de nuevos retornados internacionales contemporáneos, quienes comparten el territorio con nuevos inmigrantes internos, particularmente procedentes de algunas regiones indígenas del país (de los estados de Veracruz, Chiapas, Guerrero y Oaxaca, principalmente) quienes se han asentado en la última fila de la periferia urbana, en el municipio de Chimalhuacán y Chalco solidaridad, por ejemplo (Rivera, 2008). Los retornados internacionales que registran los municipios metropolitanos del Estado de México en el año 2000 por ejemplo, al igual que los anteriores pobladores de la periferia, no todos ellos salieron a Estados Unidos de esos municipios del país, no obstante al volver decidieron establecerse en esos espacios urbanos, aunque cabe reconocer que según datos del Censo del año 2000, siguen volviendo la mayoría de los retornados recientes a las localidades rurales (INEGI, 2000). La razón de su establecimiento en el espacio urbano hoy no representa un ascenso social, como fue documentado en diversos casos en la década de los sesenta y principios de la siguiente década; sino por el contrario, su asentamiento en la zona periférica de la ciudad de México no en todos los casos es una decisión planeada en los lugares de destino cuando se prepara el retorno, sino una consecuencia de los procesos inflacionarios que ha generado la migración internacional a nivel local, particularmente el envío de remesas y en general la circulación de dólares en los municipios rurales de las regiones emergentes e intermedias de la migración contemporánea. Es decir, se trata del encarecimiento de terrenos, de materiales de construcción para viviendas y mano de obra para la construcción en las localidades de salida y/u origen, lo cual ha contribuido también en el engrosamiento actual de la periferia citadina, en su última capa, la periferia deprimida. En suma, no todos los retornados de Estados Unidos que se establecen a su regreso en la zona metropolitana toman la decisión de manera “voluntaria”, sino que son en alguna forma empujados por las condiciones de los lugares de origen a los que pretendían en principio volver. Finalmente, el plan de retornar a México muchas veces cambia de ruta en el momento de su ejecución, pues las condiciones socioeconómicas de los pueblos donde la cultura de la migración se encuentra arraigada influyen la toma de decisiones sobre el lugar al que finalmente tienen que volver a establecerse en México.

Adicionalmente, algunos retornados buscan voluntariamente reinsertarse a la vida laboral en la zona urbana, pues la mayoría de quienes han emigrado en las últimas dos décadas de México a Estados Unidos, ocupan empleos urbanos en las ciudades de destino, fundamentalmente en los llamados sectores manufactureros, de la construcción y de los servicios (Pew Hispanic Center, 2005). De tal suerte que, el resultado del retorno es una imbricación entre las lógicas que se tejen en los contextos locales de retorno y las de los mercados laborales globales en las sociedades de destino, los cuales se erigen como contextos de recepción de los inmigrantes. De esta forma, el retorno es performado por estas lógicas que conectan lo local con lo global y que prefiguran sujetos sociales producto de estas intersecciones. Esto es, si bien los migrantes en alguna forma establecen el tiempo para regresar a su país de origen, la lógica de los mercados de trabajo también influye en esas decisiones. El hecho de que hoy los migrantes se inserten en mercados laborales donde la fuerza de trabajo barata es abundante, debido a la presencia de muchos inmigrantes y la afluencia constante de nuevos inmigrantes jóvenes, dispuestos a trabajar por bajos salarios, genera una amplia oferta de mano de obra no calificada y disponible, y ello finalmente permite que el relevo laboral también se apresure y que, entonces, los trabajadores inmigrantes en las ciudades de Estados Unidos salgan del mercado de los servicios a edades en las que en el campo, por ejemplo, se es aún “productivo y útil”, esto es en promedio a los cuarenta años de edad.

Este relevo generacional en el mercado de trabajo de las grandes ciudades de Estados Unidos y en general en las ciudades globales es lo que algunos especialistas de las migraciones consideran como una saturación y agotamiento del mercado de trabajo “no especializado” (Durand, 2009), lo que también ha acelerado el retorno de algunos inmigrantes. No obstante no se observa esas oleadas que a finales de 2008 fueron anunciadas por algunos periodistas y analistas de las migraciones, pues sin duda la crisis económica ha alcanzado tanto los mercados de las grandes ciudades globales, como permeado las de los países emisores de emigrantes. De tal forma que, el no retorno representa en sí misma también una estrategia diseñada para enfrentar la crisis actual de los mercados, a tal grado que algunas notas periodísticas de los último meses de 2009 presentaron constantemente casos en los que los familiares de los emigrantes radicados en México, habían enviado algunos pocos recursos económicos (¿serán remesas en sentido inverso?) a sus familiares migrantes en Estados Unidos, para solventar los días de desempleo que algunos de ellos estaban enfrentando, pero que eran vistos como un impasse que sería resuelto en breve y, que vale más ser sostenido por esas redes familiares desde México, que retornar cuando aún no se ha cumplido el tiempo planeado, o bien no se ha alcanzado la meta que se fijaron al emigrar. Lo anterior se ha constatado a través de algunos testimonios recientes de familiares de emigrantes, quienes consideran que es más costoso retornar y luego volver a emigrar, cuando no se cuenta con documentos migratorios, que permanecer en Estados Unidos aún con bajos salarios o bien con periodos intermitentes de desempleo, o subempleo

La coyuntura histórica de esta crisis económica global sumada a la lógica de conformación de los espacios urbanos periféricos en México, plantea nuevos retos y dilemas para la reinserción de los migrantes retornados internacionales. Por un lado, porque las condiciones actuales impiden que algunos migrantes de retorno efectivamente regresen en condiciones económicas favorables, habiendo enviado remesas o portando ahorros realizados durante la estancia internacional, para reinsertarse como trabajadores por cuenta propia, por ejemplo, y/o poner en juego su capital humano acumulado. Pero también por otro lado, porque se ha modificado el perfil del nuevo retornado y sus modalidades de reinserción social y laboral. A diferencia del retorno que se detectaba todavía en las décadas de los ochenta y noventa en las entidades del occidente del país, retornados preferentemente mayores de 60 años, retirados de la vida productiva, algunos de ellos jubilados e incluso algunos de éstos pensionados por el gobierno de Estados Unidos, cuyas necesidades, según los gobiernos de las entidades del occidente de México, eran fundamentalmente tener acceso a servicios de salud, contar con cajeros automáticos accesibles en sus localidades para cobrar su pensión e incluso poner a disposición ciertas casas-asilo para personas de la tercera edad.

Actualmente, las necesidades de los nuevos retornados sin duda son otras. Los datos acerca de los retornados en el último quinquenio (2000-2005) muestran que se trata de personas que no se encuentras en edad de retiro, sino por el contrario, se concentran en plena edad productiva, entre los 20 y 45 años de edad, hombres y mujeres, aunque regresan proporcionalmente a los que salen, más hombres que mujeres (INEGI, 2000 y 2005), situación que plantea también nuevos retos a los diseñadores de políticas públicas, pues hoy estas personas con experiencia migratoria, quienes han regresado a México, requieren incorporarse a la vida productiva y reinsertarse socialmente. La primera evidencia directa con la que se cuenta, al menos en los alrededores de la Ciudad de México, indica que los retornados recientes no encuentran cabida en el mercado de trabajo formal y se incorporan al mercado en el sector informal de la economía, como comerciantes en mercados ambulantes, o bien como taxistas no registrados, transportistas eventuales, albañiles a contrato, vendedores por catálogo, entre otros, pero que tal reinserción no significa en la mayor parte de los casos, una movilidad social ascendente.

Por otro lado, el discurso oficial apunta a apoyar el retorno a través de un programa de repatriación voluntaria implementado por las representaciones consulares en Estados Unidos. Si un inmigrante mexicano solicita a un consulado su repatriación, esas instancias gubernamentales apoyan el retorno a México, pero no monitorean a los retornados en el territorio nacional. Se promueve el uso productivo de las remesas a través de otros programas gubernamentales, tales como el tres por uno, pero no el uso productivo de los capitales humanos cuando los inmigrantes deciden repatriarse o bien cuando regresan por ellos mismos al país. De tal forma que los retornados y sus familias enfrentan dificultades diversas al regresar e intentar incorporarse en el mercado laboral e insertarse en el contexto social en alguna localidad de México, mucho más hacerlo estableciendo, por ejemplo, una tienda de víveres o abarrotes, como lo hicieron los retornados durante las décadas anteriores, pues actualmente el mercado de los abarrotes, el principal negocio que desarrollaban los exmigrantes cuando volvían a las localidades en las décadas previas, no es un negocio rentable, pues en las pueblos de inmigrantes existen muchas tiendas de este tipo y, en las ciudades, la figura del centro comercial con grandes supermercados y tiendas de autoservicio han ocupado ese nicho. Hoy se requiere de imaginación, inventiva, capital tanto económico como humano, para poder reinsertarse e incluirse en la dinámica local regional.

Adicionalmente, la representación social del retornado en las localidades mexicanas también se ha transformado, haber sido una mujer migrante por ejemplo, luego retornada, es en algunos pueblos también motivo de estigma que cuestiona, interroga, pone en duda la reputación social y moral de las mujeres, sobre todo en las sociedades rurales tradicionales (por ejemplo, en los pueblos de la mixteca poblana). Ser hombre retornado puede tener otras connotaciones sociales, dependiendo de sus capitales y su utilización, pero sin duda la generación, el género y el origen social atraviesan las lógicas del retorno y por supuesto influyen en su resultado y en las modalidades que adoptan las representaciones sociales a nivel local. El hecho de retornar a un espacio urbano o rural también lo condiciona.

Entonces, ¿quiénes son los retornados mexicanos contemporáneos?, ¿cómo entender la transición de “héroes migrantes”, emisores de remesas, y retornados anónimos, perdidos en las periferias urbanas?, ¿cómo se interrelacionan las lógicas de los mercados laborales globales y los contextos de retorno locales?, ¿qué tipo de instrumentos de política pública o de dispositivos institucionales podrían contribuir en la relocalización de los migrantes de retorno o a potenciar sus capitales y experiencias desarrollados durante su vida como inmigrantes?, lo que hasta ahora se ha realizado en este capítulo es poner a la luz pública algunos apuntes derivados del primer trabajo exploratorio realizado por la autora, sobre los retornados mexicanos contemporáneos en México, ahora tenemos más preguntas para continuar la investigación y para hurgar en las modalidades en que se construye al sujeto migrante de retorno en México.

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