Nuevo Entorno de Seguridad, Nuevas Alternativas de Defensa






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CENTRO DE ESTUDIOS HEMISFÉRICOS DE DEFENSA

CONFERENCIA SUB-REGIONAL 2011

Santiago -Chile-. 19 al 21 de Julio de 2011
Nuevo Entorno de Seguridad, Nuevas Alternativas de Defensa:

Respondiendo a los Desafíos de la IX CMDA”
Autor: Phd. Heriberto Justo Auel

Presidente del “Instituto de Estudios Estratégicos de Buenos Aires”

Presidente de la “Academia Argentina de Asuntos Internacionales”

Director del “Instituto de Polemología y Estrategia Contemporánea” de la Universidad Católica de La Plata.
Tema 2: DEMOCRACIA, FUERZAS ARMADAS, SEGURIDAD Y SOCIEDAD

  • Límites conceptuales y relaciones prácticas de la seguridad y la defensa.

  • La unidad entre la seguridad estratégica y la seguridad pública dentro de la gran estrategia del Estado.

Temario:

  1. Introducción.

  2. Análisis de los conceptos Seguridad y Defensa a través del tiempo y en particular en la posguerra fría

  3. Conceptualización, límites y relaciones prácticas de la Seguridad y la Defensa.

  4. Situación sub-regional: Seguridad Vs. Defensa, o Seguridad y Defensa.

  5. Relaciones cívico-militares, la Seguridad y la Defensa.

  6. Respuestas a los desafíos del nuevo siglo XXI.

  7. Conclusiones.




  1. Introducción:

En su enunciado, la convocatoria a ésta Conferencia Sub-regional de hecho nos está afirmando que existe un “nuevo entorno de Seguridad” y -consecuentemente- “nuevas alternativas de Defensa”. Es conveniente que estas afirmaciones queden expresadas a priori, en ésta introducción pues, como probaremos más adelante, hay sectores intelectuales y dirigenciales de la sub-región que las niegan. Para ellos lo nuevo es meramente local, operativo y formal. No existen innovaciones globales, cualitativas, sustantivas o esenciales, sino un pasaje de las dictaduras de los años ‘70 a las democracias de los años ´80. Desde hace casi cuarenta años todo se legitima refiriéndose a ese cambio. Cabe agregar, para entender a esta lectura distorsionada que, por dictaduras se entiende a todo aquello relacionado con el ámbito militar y por democracias, al “control civil subjetivo absoluto” -en términos de Huntington (1)- de la Seguridad y de la Defensa Nacional.

Así las cosas, la evolución situacional nos ha llevado -en parte de la sub-región- a la aparente normalización de las relaciones cívico-militares y a la total inseguridad e indefensión nacional, como es de público y evidente conocimiento. Es por ello que -desde esta sesgada visión- pueda darse respuesta alguna a los desafíos planteados por la IX CMDA. Por el contrario, sus hipotéticas opiniones, la impiden.

Como ocurre normalmente con las falacias políticas, sus relatos insustanciales constituyen mitos irreales que conducen a reduccionismos absurdos. Satisfacen a los espíritus resentidos, sectarios y altamente ideologizados pero, inevitablemente el falso relato choca con la realidad -que ellos mismos han creado- con consecuencias dramáticas, toda vez que estos extravíos se pagan con sangre. Los resultados funcionales -luego de décadas de vigencia de falsas opciones teóricas- son pruebas incontrastables frente a la situación que vive gran parte de la sub-región.

Para sostener a lo largo del tiempo el falso relato, ha sido necesario redefinir constantemente conceptos y términos universalmente aceptados por de las ciencias que los abarcan. Paralelamente se redefinieron figuras jurídicas, se destruyeron principios que rigen al derecho penal y se creó un doble rasero para consagrar la leyenda creada, siguiendo el consejo de Antonio Gramsci: “…frente al pesimismo de la inteligencia, opongamos el optimismo de la voluntad” (2). Sin prisa y sin pausa, homeopáticamente, las instituciones se licuan y las sociedades son las víctimas.

Las palabras son símbolos de ideas y conceptos. Si cambiamos el contenido aceptado universalmente de éstos últimos, las palabras que los representan se pervierten. Es una forma de construir falacias y “las falacias son estructuras de pensamiento-acción que ratifican creencias, a partir de interpretar a la realidad a través de la apariencia de los hechos, enmarcados dentro de un contexto de ideas hipotéticas, que a su vez sostienen a estas creencias” (3). La repetición constante de la palabra pervertida, crea una situación aparente en reemplazo de la real, pero que así es considerada por quienes reciben, a través de la educación formal o de los medios de comunicación, a esas ideas hipotéticas como reales. Así hemos llegado –en nuestro caso- a la Argentina encapsulada (4), sosteniendo creencias y soslayando la ostensible y presente realidad circunstancial. No por errores de entendimiento o intelección, sino por abrazar, inconscientemente a veces, la apariencia de los hechos.

Como ya lo señalamos, el enunciado de la convocatoria -“Nuevo Entorno de Seguridad, Nuevas Alternativas de Defensa: Respondiendo a los Desafíos de la IX CMDA”- facilita nuestro acceso al Tema 2, “Democracia, Fuerzas Armadas, Seguridad y Sociedad” y muy particularmente al sub-tema, “Límites conceptuales y relaciones prácticas de la seguridad y la defensa”. Existe objetivamente un nuevo entorno situacional y hay nuevos desafíos a asumir.

Por ello no vamos a abordar el análisis como un simple entretenimiento filológico o semántico. Conceptualizaremos puntualmente los límites e interrelaciones entre seguridad y defensa, considerando a ambos términos en el campo de la Polemología y de la Estrategia Contemporánea, en la vigente y progresiva aceleración histórica impulsada por la etapa de la civilización en acto. La malversación conceptual de los diletantes nos ha llevado a una desorganización estatal irrazonable, a la licuación institucional y al sendero que, si no cambiamos el rumbo, nos lleva al Estado Fallido.

Para que nuestra sociedad se aparte de la verdad histórica ha sido necesario construir una utopía extemporánea, conformada por mitos insostenibles en el tiempo. Estas y otras hipocresías crearon una generalizada pérdida de credibilidad y confiabilidad en las dirigencias, ante propios y extraños. Por ello, el tema a desarrollar siempre ha sido central en las investigaciones de nuestros Institutos. Es más, ha sido la razón de la creación de todos ellos. Sincerar nuestra historia reciente y encontrar, desde la verdad, un punto de partida para recuperar al Estado Institucional, a fin de que éste cumpla con sus misiones constitucionales y el país con su destino. La inteligencia del Estado, es la Política. Ambas deben ser recuperadas. No habrá democracia sin libertad y no habrá libertad sin seguridad y defensa nacional. Y ello exige recuperar también las relaciones cívico-militares.

Cabe agregar que desarrollaremos un análisis considerado hoy políticamente incorrecto, en ciertos círculos sociales. No seremos heterodoxos, como lo exige la moda posmoderna del progresismo de izquierda. Coincidimos, en ese sentido, con una expresión del Lic Ricardo Lopez Murphy, -ex Ministro de Defensa- quien en una conferencia reciente afirmó: “nos solazamos en la anormalidad. En una lectura superficial del griego, ortodoxo es normalidad y heterodoxia es anormalidad. Aquí todos se proclaman heterodoxos, […] hemos hecho experimentos que nadie ha hecho. Y así nos va”. (5)

  1. Análisis de los conceptos Seguridad y Defensa a través del tiempo y en particular en la posguerra fría:

Un concepto es un mapa de ideas validado. Una opinión, es una es una idea sin fundamento alguno. En el campo de la Polemología o de la Estrategia es condición necesaria y excluyente trabajar con conceptualización y valor agregado a la sociedad. De lo contrario se opera fuera de estas ciencias. El aficionado normalmente opina -por ignorancia, ideología o conveniencia- y cuando logra que sus extraviadas propuestas se consagren en leyes de seguridad y defensa, como ha ocurrido en la Argentina, la consecuencia es desastrosa: se traduce en sangre derramada por la ciudadanía ante la agresión estratégica o el delito común, por la irresponsabilidad inconsciente de quienes carecen de idoneidad y/o de moral para asumir responsabilidades que les son ajenas.

A continuación vamos a relacionar los conceptos de Seguridad y Defensa vigentes en diferentes países del mundo, con las opiniones de asesores y legisladores que, apoyándose en expertos de ocasión las han llevado a consolidarse en una vaca sagrada, la vigente legislación de marras, directa responsable de la desorganización estatal que impide el cumplimiento constitucional de “Afianzar la justicia, Constituir la unión nacional, Consolidar la paz interior, Proveer a la defensa común, Promover el bienestar general y Asegurar los beneficios de la libertad”. Si bien estos seis mandatos centrales están seriamente afectados por el despropósito legal vigente en la Argentina, el tercero y el cuarto sufren un profundo deterioro, en progresivo agravamiento, a punto tal de constituirse en la más importante preocupación de una población que vive envuelta -en el 2011- en una crisis de seguridad generalizada.

Nos apoyaremos en tres trabajos específicamente relacionados con los conceptos Seguridad y Defensa (5), (6) y (7) y demostraremos que existen actores, en la sub-región, que ignoran expresamente sus “límites y relaciones prácticas”. Esta situación retarda la necesidad ineludible de lograr la seguridad hemisférica cuanto antes. Frente a un enemigo internacionalizado, operando en red desde la intimidad de cada uno de los actores estatales subregionales, estamos actuando aisladamente y desde conceptos contradictorios, en algunos casos obsoletos y/o arbitrarios y a veces como países autistas. Urge entendernos y actuar de consuno. Urge lograr un acuerdo de seguridad colectiva y defensa común.

En el lenguaje coloquial, la seguridad es una situación o condición que se logra cuando se han previsto los resguardos ante las eventuales amenazas, riesgos y hechos que acechan a una comunidad. La defensa es la acción operativa que se desarrolla para alcanzar ese estadio de seguridad. Ambas están interrelacionadas y son condición necesaria para que la sociedad logre su desarrollo.

Desde el año 1648 -la Paz de Westfalia- al constituirse el Estado Secular, la seguridad estratégica quedó relacionada con el poder de defensa concentrado en las Fuerzas Armadas. El monopolio del ejercicio de la fuerza quedaba en el Estado.

Más recientemente, el 19 de Julio de 1986, la Asamblea General de la ONU -AG ONU-, expidió el documento A/40/553 que en su tercer párrafo dice: “En principio, seguridad es una condición en la cual los Estados consideran que no hay peligro de ataque militar, presión política o coerción económica, de tal modo que sean capaces de buscar libremente su propio desarrollo y progreso” y agrega más adelante: “No obstante, la seguridad es un término relativo antes que absoluto” y confirma la aceptación de la existencia de una seguridad nacional coadyuvante de la seguridad internacional, -o colectiva- cuando en el punto 3 del Prólogo del Secretario General, dice: “En su informe, el grupo reconoció que los diferentes conceptos de seguridad han evolucionado como respuesta a las necesidades de la seguridad nacional y como resultado de …”. En éste mismo documento, se sintetizan los diferentes conceptos de seguridad, vigentes hasta ese momento. Ellos eran: equilibrio de poder; disuasión; seguridad colectiva; igual seguridad; neutralidad; no alineación; coexistencia pacífica y seguridad común (5).

En la Argentina, algunos pseudo-especialistas extrapolaron el concepto de “igual seguridad”, establecido para potencias nucleares, al ámbito de las capacidades convencionales dando lugar a las doctrinas de la “seguridad defensiva, defensa no ofensiva, defensa defensiva, defensa no provocativa o incapacidad estructural para atacar”. A pesar de que a estas se les agregó el término estrategia, no son estrategias. Constituyen neologismos que crearon confusión y sirvieron para justificar la reducción presupuestaria -hoy es el porcentual del PBI más bajo de la sub región-. No faltó quien las entendiera como una actitud estratégica defensiva y ello es una pauta y una demostración del nivel de audacia de nuestros aficionados-pseudo-especialistas.

Luego de la firma del “Tratado de Reducción de Armas Nucleares Ofensivas” entre la Unión Soviética y los Estados Unidos, la AG ONU en 1990/92 propugnó el estudio de “la seguridad defensiva y sus políticas”. Debe notarse que este concepto correspondía al “Tratado de Reducción de Armas Nucleares Ofensivas” entre la Unión Soviética y los Estados Unidos, pero hubo quienes también lo aplicaron para los sistemas de armas convencionales. Ocurrió algo semejante con el concepto de seguridad común. Como no podía instrumentarse desde el modelo creado por la Ley de Defensa –Nro. 23554- del año 1988 -que ningún país vecino quiso compartir- surgió otro neologismo: la seguridad cooperativa, que legitima el desequilibrio estratégico regional “toda vez que la fortaleza del vecino nos favorezca” y que, a la vez, permite el desarme unilateral, tal como ya ha ocurrido en nuestro caso. En la práctica, la seguridad cooperativa ha servido para ejercitaciones combinadas de defensa civil y adiestramiento de las fuerzas de paz y ha impedido asumir las responsabilidades estratégicas sustantivas, que constituyen el desafío aun no asumido por algunos gobiernos iberoamericanos. A ésta maniobra, el Grl de Vergara le ha llamado “El Conjuro Argentino”, con total precisión, pues con esa fórmula mágica han conseguido lo deseado (5).

A partir de la Ley de Defensa -23554-, en el año 1991 se desprendió la Ley de Seguridad Interior -Nro. 24059- que, por el solo hecho de su origen, abarca también lo que podríamos llamar la defensa interior. Queda dividida así, a partir de 1992, la Seguridad y la Defensa Nacional argentinas en interna y externa. Éste descubrimiento, que sus legos autores consideraron equivocadamente como contención a los golpes de estado y salvación de la incipiente democracia, dejó al Estado sin núcleo duro. Las citadas leyes, acompañadas por el abolicionismo de la ley penal, pusieron al país en la vía del estado fallido, donde hoy se encuentra. Los riesgos y las amenazas estratégicos internos, están -legalmente- en manos policiales y estas instituciones están desbordadas por el delito común. Mientras tanto las fuerzas armadas carecen de misiones centrales y derivan, desde su posicionamiento institucional de referencia, hacia corrompidas burocracias accesorias.

En el mismo año en que se cometían estos exabruptos conceptuales, el mundo ingresaba a la posguerra fría. Desde entonces, más del 99 % de las guerras que se suceden son internas. Por ello hemos dicho, en varios trabajos anteriores, que nuestros estrategas improvisados empuñaron la carabina de Ambrosio (9). Ellos -los conjurados- han ignorado o prohibido la guerra, por ley. Pero éstas están presentes, en plena evolución y en nuestro país, en manos de nadie.

Como lo ha expresado el documento de la AG ONU - A 40/553/1986- la seguridad es un término “relativo, antes que absoluto”. Si la guerra, como fenómeno socio-político (10) evoluciona con la civilización humana, que en cada una de sus etapas desarrolla nuevas formas de producir y nuevas formas en el empleo de la fuerza -“es como el camaleón”, decía Clausewitz- necesariamente su contención -la Seguridad y la Defensa- evolucionan también, debiéndose prever -a través del planeamiento estratégico- a las que vienen y no a las que pasaron o lo que es peor: a las que se niegan, aunque estén presentes.

Las guerras se prevén para que no lleguen, a través de la obtención de un adecuado nivel de Seguridad Nacional y Defensa Nacional. Estos no deben ser conceptos estratificados y menos aun ideologizados. Evolucionan con la civilización humana, proceso que ha acelerado significativamente su ritmo en la presente etapa posindustrial.

En América del Norte y en la UE la distinción entre los conceptos de Seguridad y Defensa no pasan de ser una cuestión académica. Son considerados términos interdependientes y el poder político emplea los instrumentos que más convienen a la naturaleza de la acción a desarrollar, para preservar la paz, con libertad y dentro de la ley.

En nuestra sub-región no es así. Las profundas crisis de algunos sistemas políticos o de débiles regímenes de gobierno y endebles instituciones de posguerra, pervierten la sana conceptualización de estos conceptos que, sumados a la corrupción estructural, conducen inexorablemente a la auto destrucción, normalmente violenta.

Desde 1991 las culturas fuertes y expansivas de la sub-región han actualizado sus políticas de defensa y han reestructurado y fortalecido a sus fuerzas armadas. Contrariamente, las culturas débiles y contractivas se mantienen estratificadas ideológicamente y se desarmaron unilateralmente. En consecuencia, estos espacios se transforman progresivamente en los naturales santuarios del crimen organizado internacional -narcoterrorismo- que en alianza con el macroterrorismo ataca a Occidente, desde el 2001, en el marco de una sutil y dramática nueva guerra mundial, casi desconocida en la sub-región.
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