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UNIVERSIDAD ALBERTO HURTADO

DEPARTAMENTO DE CIENCIAS SOCIALES

ESCUELA DE CIENCIA POLITICA Y RELACIONES INTERNACIONALES

PROFESOR: ARMANDO DI FILIPPO

AYUDANTE: FELIPE ZALDIVIA

SEGUNDO SEMESTRE 2011

RELACIONES ECONÓMICAS INTERNACIONALES1


APUNTES DE CLASE AÑO 2011



Armando Di Filippo

armando.difilippo@gmail.com

www.difilippo.cl


CONTENIDO

PRIMERA PARTE. PLANTEAMIENTO EPISTEMOLÓGICO GENERAL


  1. CAPITALISMO Y DEMOCRACIA EN LA ERA GLOBAL

    1. Planteamiento General

  1. LA VISIÓN CENTRO-PERIFERIA HOY

    1. La visión centro periferia en el “Estudio”

    2. Centros y periferias, las grandes etapas históricas

    3. La CEPAL 50 años después: un somero contrapunto

    4. La visión centro-periferia a fin de siglo.

SEGUNDA PARTE: MERCADO MUNDIAL Y REGIONAL EN LA ERA GLOBAL

III. GLOBALIZACION Y REGIONALIZACIÓN

1. Un marco general de referencia

2. La revolución tecnológica

3. Globalización: transnacionalización más internacionalización

4. Regionalización y relación centro-periferia

5. Regionalización abierta e influencias compartidas

IV. GLOBALISMO Y REGIONALISMO

3. El multilateralismo y la globalización

4. El regionalismo y la regionalización

5. La regionalización hemisférica

6. El regionalismo hemisférico

7. El marco más amplio del regionalismo hemisférico

8. América Latina: el regionalismo abierto en los noventa

9. América Latina: los acuerdos bilaterales

10. América Latina: acuerdos regionales y subregionales

11. El comercio y las inversiones recíprocas

  1. GLOBALIZACIÓN Y SISTEMA CENTRO-PERIFERIA

    1. La visión centro-periferia y el proceso de globalización

    2. Las estructuras del sistema internacional global

    3. Las corporaciones transnacionales como jugadores estratégicos.

    4. Las reglas de juego en la esfera económica

    5. La gestación y orígenes de las reglas de juego

    6. Conclusiones

TERCERA PARTE: TEORÍA Y POLÍTICA DE LA INTEGRACIÓN

VI. INTEGRACIÓN COMERCIAL: TEORÍA Y POLÍTICAS

1. En el marco de la teoría de las ventajas comparativas

2. En el marco de los rendimientos crecientes a escala

3. En un marco de economías de escala dinámicas

4. En el marco de la globalización financiera.

  1. El caso de América Latina.

  2. El escenario emergente de la transnacionalización productiva

VII. INTEGRACIÓN COMERCIAL: EL MARCO HISTORICO

1. Antecedentes

2. El período 1960-1980

3 La década de los ochenta

4. Los acuerdos bilaterales

5. Los acuerdos regionales y subregionales

6. El comercio y las inversiones recíprocas

  1. INTEGRACIÓN REGIONAL EN LA ERA GLOBAL

    1. Introducción

    2. Dos tipos de integración regional: unidimensional y multidimensional

    3. Globalización económica e integración latinoamericana

    4. Integración regional en América Latina, procesos y tendencias

    5. Integración hemisférica y su estrategia unidimensional

    6. Los bloques latinoamericanos frente a los TLC hemisféricos

    7. Una lectura institucional de los procesos de integración en America

    8. Conclusiones

ANEXO: ACUERDO MERCOSUR-UE: VIABILIDAD Y PERSPECTIVAS

CUARTA PARTE: DESARROLLO LATINOAMERICANO Y ASIMETRÍAS

  1. EL DESARROLLO LATINOAMERICANO Y LA INTEGRACIÓN

  1. Marco conceptual

  2. Los aportes de la escuela latinoamericana del desarrollo

  3. El sistema internacional globalizado actual

  1. DOS TIPOS DE ACUERDOS DE INTEGRACIÓN REGIONAL

  1. Marco conceptual

  2. Clasificación de los acuerdos

  3. Los tipos de acuerdos y las dimensiones de las asimetrías

  1. DEFINICIÓN Y MEDICIÓN DE LAS ASIMETRÍAS

  1. Consideraciones metodológicas

  2. Asimetrías de poder-dependencia: su verificación empírica

  3. Asimetrías de desarrollo: su verificación empírica

  4. Las fuentes de datos para la clasificación de las asimetrías

  1. ASIMETRÍAS DE PODER-DEPENDENCIA

  1. Dimensiones y niveles

  2. Examen de las asimetrías según dimensiones principales




  1. ASIMETRÍAS DE DESARROLLO

  1. Dimensiones y niveles

  2. Examen de las asimetrías según dimensiones principales

  1. EL TRATAMIENTO ACTUAL DE LAS ASIMETRÍAS

  1. Planteamiento general

  2. El tratamiento de las asimetrías en los acuerdos latinoamericanos.

  3. El tratamiento de las asimetrías en los acuerdos hemisféricos

  1. SUDAMÉRICA: ASIMETRÍAS DE PODER-DEPENDENCIA

  1. Consideraciones introductorias

  2. MERCOSUR

  3. CAN

  4. CSN (UNASUR)

  1. MCCI: PRINCIPALES ASIMETRÍAS DE PODER DEPENDENCIA

  1. Consideraciones introductorias

  2. MCCA

  3. CARICOM

  1. CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES

  1. Marco de referencia

  2. Detección y tratamiento de las asimetrías de desarrollo

  3. Detección de las asimetrías de poder dependencia

  4. Tratamiento de las asimetrías de poder dependencia

  5. El tema central de la supranacionalidad.

QUINTA PARTE: LA CRISIS MUNDIAL DEL ORDEN GLOBAL

XVIII. GLOBALIZACIÓN ESTADO Y DESARROLLO

XIX. LA CRISIS DEL SISTEMA GLOBAL

ESQUEMAS, TABLAS Y CUADROS

BIBLIOGRAFÍA

PRIMERA PARTE: PLANTEAMIENTO EPISTEMOLÓGICO GENERAL
I. CAPITALISMO Y DEMOCRACIA EN LA ERA GLOBAL2


  1. PLANTEAMIENTO GENERAL


Capitalismo, democracia, y estructuras de poder

Este libro trata de articular sus ideas en torno de las nociones de poder y de dominación. Propone algunos contenidos conceptuales para estas nociones y los aplica a la comprensión de las sociedades contemporáneas respecto de las relaciones entre el capitalismo y la democracia.
El eje central del análisis no está centrado ni en el capitalismo ni en la democracia, considerados en si mismos, sino en las relaciones históricas entre ambos sistemas y en la recíproca compatibilidad de sus principios, sus prácticas y sus instituciones. El enfoque metodológico adoptado es sistémico, dinámico y multidimensional, y las nociones de capitalismo y democracia se examinan como sistemas económicos y políticos (respectivamente), cuyo desarrollo es incomprensible si el examen no incluye sus vínculos recíprocos a lo largo de la historia occidental.
Visión unificadora e hilo conductor de este trabajo

Para examinar los vínculos entre capitalismo y democracia, este trabajo parte de la noción aristotélica de justicia. Como es bien sabido Aristóteles distingue entre, por un lado, la justicia reparadora o legal que se refiere a las acciones voluntarias de los hombres, y, en particular a los contratos; y, por otro lado, la justicia distributiva, que se refiere al reparto de bienes tales como la riqueza, el poder, el honor, etc., entre los ciudadanos de una Polis.
Aristóteles, subordina la justicia conmutativa a la justicia distributiva, y ésta, a su vez al régimen de gobierno preferible. Cuando Aristóteles clasifica los diferentes regímenes de gobierno, distingue las versiones rectas y desviadas de cada régimen. Las rectas son aquellas en que los gobernantes se preocupan por el interés y el bienestar de todos los ciudadanos, y las desviadas son aquellas en que los gobernantes actúan movidos por su propio interés. Según el filósofo, los primeros son virtuosos y los segundos no lo son.
Aristóteles, por otro lado, concibe la justicia como una forma de virtud. Como una virtud que se practica respecto de los otros. Por lo tanto lo que se espera de los gobernantes, más allá del régimen político en que actúen, es que sean virtuosos respecto del prójimo en su comportamiento social, o dicho de otro modo que procuren ser justos en sus relaciones sociales.
Justicia distributiva y democracia

Suponiendo que los magistrados (ciudadanos dotados de poder y autoridad) de diferentes niveles, sean virtuosos, entonces estaremos estudiando las versiones buenas o rectas de las distintas formas de gobierno posibles. Aunque existen polémicas sobre el tema, podría argumentarse que la forma de gobierno que Aristóteles prefiere es la fundada en la regla de la ley, donde todos los ciudadanos se someten a un texto constitucional, donde pueden, por turno, gobernar y ser gobernados, y donde la voluntad de las mayorías puede hacerse valer sobre la voluntad de las minorías3. No vale la pena aquí entrar al tema semántico de definir cuál es para Aristóteles la palabra que designa a ese régimen político, en donde las mayorías son soberanas, donde impera el estado de derecho, y donde todos los ciudadanos pueden por turno gobernar y ser gobernados, pero estos rasgos, hoy, serían considerados como específicos de un régimen republicano democrático de gobierno.
La principal diferencia de esta noción con la democracia de los modernos radicaría en el concepto de justicia, que, según Aristóteles, es la virtud practicada para otros, y es la primera condición, previa al estudio de cuál sea el mejor tipo de régimen de gobierno. Esta noción de virtud se asocia con la noción de deberes que los estudiosos del mundo antiguo conectaban con el manejo de la cosa pública (res publica) es decir de la república. Tal enfoque se descubre indiscutiblemente, por ejemplo en las obras de Cicerón: La República (re publica), Las Leyes (De Legibus), y De los Deberes (De officiis). También para Cicerón la justicia es una forma de virtud que se practica respecto de los otros.
Esta inclusión de la noción de justicia como la primera condición de un gobierno justo, se ha rescatado contemporáneamente en un resurgimiento del interés por el republicanismo originado en la antigüedad clásica.
En el pensamiento político de Aristóteles, la justicia distributiva mira a las personas y a sus merecimientos y, éstos, a su vez están definidos por el régimen de gobierno. El régimen preferido por el filósofo, según lo argumentado más arriba se asemejaría a lo que hoy contemporáneamente denominamos democracia (independientemente de la terminología usada por el propio Aristóteles para designar las formas de gobierno).
Las nociones moderna y antigua de democracia guardan, sin embargo, entre si una significativa diferencia: la democracia de los modernos y de los contemporáneos hace su énfasis en la noción de derechos humanos en tanto que la democracia de los antiguos hace su énfasis en las virtudes y los deberes humanos. Sin duda la noción moderna de derechos humanos enriquece y completa la noción clásica de virtudes y deberes humanos pero no la sustituye. La omisión del tema de los deberes humanos y cívicos en la era contemporánea significó un empobrecimiento del estudio de la ciencia política.
A partir de esta argumentación esquemática, se efectuará aquí la diferencia entre democracia liberal que encuentra su fundamento en las nociones de derechos y libertades (originada en las ideas y valores modernos y contemporáneos), y, la democracia republicana, que encuentra sus fundamentos en las nociones de virtud y de justicia (originadas en las ideas y valores en la tradición grecolatina).
Justicia conmutativa y capitalismo

Así como es posible vincular orgánicamente la noción de justicia distributiva con la noción de democracia en el sentido contemporáneo del término, también es posible vincular orgánicamente la noción de justicia conmutativa con la noción de mercado, en sus distintas formas y manifestaciones, incluyendo la más desarrollada y compleja, como es el caso de los mercados capitalistas. La justicia conmutativa, según Aristóteles, es la justicia que se aplica en los contratos, y en las relaciones mercantiles. Se supone que en los mercados, si la justicia conmutativa está operando, entonces antes y después de cada transacción las partes no son ni más ricas ni más pobres que antes de ella. En esta visión clásica, el mercado no puede ser deliberadamente usado como fuente sistemática de ganancias o beneficios netos para las partes que contratan. Obviamente, y de esto se trata en gran parte este libro, esta interpretación de la justicia conmutativa es totalmente incompatible con la racionalidad instrumental del capitalismo contemporáneo.
Según Aristóteles la justicia distributiva está indisolublemente ligada al régimen político, en tanto que la justicia conmutativa se aplica a los contratos y a los mercados, ligados al régimen económico. Transportadas estas ideas al mundo contemporáneo significaría que la democracia, como régimen político, es el marco donde debería desenvolverse el capitalismo como régimen económico.
Según Aristóteles, la justicia conmutativa, será legítima (es decir será genuinamente justa) si quienes la practican son genuinamente virtuosos. Por eso Aristóteles no admite que los mercaderes usen el mercado (crematística) pensando en su propio interés, en vez de pensar en proveer un servicio al otro con el cual comercian. Es la misma idea que aplicó a la esfera política. Hay por lo tanto una crematística recta (la que sirve para satisfacer las necesidades humanas) y una crematística desviada (la que sirve para satisfacer la codicia y el afán de lucro de los mercaderes).
Así, la noción de virtud atraviesa las dos nociones de justicia planteadas por Aristóteles. Lo cual es otra forma de decir que la filosofía moral está íntimamente imbricada en el funcionamiento tanto de los regímenes políticos como de los económicos.
Poder, capitalismo y democracia

El presente trabajo sugiere que “aquello” que se distribuye en las instituciones que rigen la justicia distributiva, o se intercambia contractualmente en las instituciones que rigen la justicia conmutativa, es poder institucionalizado.
El poder institucionalizado se distribuye a través de las reglas de juego del sistema político, y regula, entre otras cosas las instituciones de la propiedad y del contrato que fijan las reglas de juego del sistema económico. Estas últimas incluyen, desde luego, las reglas de los mercados capitalistas.
El punto a ser debatido es la noción de justicia. Y ésta incluye, en todos los casos la racionalidad moral de personas concretas.
Cuanto más virtuosos sean los participantes en los regímenes políticos o en los regímenes económicos, mayor será la justicia distributiva y conmutativa que respectivamente imperará en ellos. En esta actitud virtuosa radica la diferencia entre regímenes rectos y regímenes desviados.
La justicia distributiva mira a las personas y a sus dignidades, y si se reconoce que las personas son iguales y libres, e impera la virtud, entonces el tema de las asimetrías de poder perderá gravitación social y relevancia práctica. La manera de interpretar la noción de igualdad es crucial en este punto.
En el marco de las reglas provistas por la justicia distributiva en materia de propiedad de riqueza, la justicia conmutativa mira a las cosas que se tranzan con independencia de la condición o estatus de las personas que negocian. Por lo tanto bajo condiciones de justicia distributiva, cuando el valor de las cosas que se transan se iguala de acuerdo con algún criterio compartido, entonces la justicia conmutativa se convierte en un reflejo o expresión contractual de la justicia distributiva.
Un rasgo esencial del republicanismo, entendido en su acepción clásica, de raíz grecolatina, es que no autonomiza las esferas de lo económico y de lo político, sino que ambas son transversalmente atravesadas por las nociones de virtud y de justicia, con preponderancia de la justicia distributiva que opera en la esfera política, sobre la justicia conmutativa que opera en la esfera económica.
Por oposición al republicanismo clásico, el liberalismo moderno y contemporáneo ha separado la esfera de los mercados del resto de las dimensiones sociales, y ha institucionalizado una cultura del interés individual como orientadora de los comportamientos en ese ámbito.
Formas alternativas de liberalismo político

En la esfera política es dable distinguir en el liberalismo dos nociones de libertad, una que establece un vínculo con las nociones de propiedad de bienes como en el caso de Locke, y otra donde la noción de libertad es una condición para el ejercicio de los derechos ciudadanos y de la soberanía popular como en el caso de Rousseau. En ambos casos, se trata de formas de libertad positiva en el sentido de Berlin.
La primera forma de liberalismo se ha traducido contemporáneamente en el tipo de régimen político más compatible con el capitalismo. Es decir una democracia liberal, de naturaleza procedimental, carente de toda conexión con las nociones de justicia distributiva (como por ejemplo en Schumpeter o en Hayek).
La segunda forma nos conduce a un liberalismo más igualitario donde es posible volver a plantear las nociones de justicia distributiva (como en Rawls).
La primera forma de liberalismo citada en el párrafo anterior se ha asociado con el individualismo utilitarista. La segunda forma de liberalismo se ha vinculado con el individualismo kantiano.
Por oposición a estas dos versiones del liberalismo contemporáneo, este trabajo se inclina por la versión aristotélica del republicanismo, y a favor de las nociones de virtud y de justicia planteadas por el ilustre filósofo griego. Aún así, debe reconocerse que la filosofía moral kantiana tiene muchos puntos de contacto con la filosofía moral de Aristóteles, y a pesar de sus diferencias, éstas palidecen frente a las profundas diferencias que existen entre el liberalismo utilitarista y el liberalismo kantiano.
Finalmente, en la era contemporánea, el individualismo de Hayek es otra forma del liberalismo individualista. Su enfoque rechaza de manera explícita la filosofía moral aristotélica y, en particular la noción de justicia distributiva, y también rechaza el utilitarismo. Hayek cree que los comportamientos humanos responden a una forma de evolución que no es natural (en un estricto sentido darwiniano) sino social, pero que constituye un orden espontáneo. En resumen, aunque el tema es debatible, Hayek parece carecer de una filosofía moral o de una ética que puedan brotar de la razón o de la libertad, humanas, y, hace de los seres humanos individuales una especie de criaturas de la evolución social en general y de la “catalaxia” (orden espontáneo generado por el mercado). La filosofía moral de Hayek que hoy se utiliza para justificar la era neoliberal del capitalismo, es particularmente peligrosa y reaccionaria, y, en la práctica sirve como un instrumento de legitimación de la vieja idea liberal de la autorregulación de los mercados.
Poder, libertad y capitalismo

Volviendo a la filosofía aristotélica, hay en ella una visión unificadora fundada en las nociones de virtud y de justicia, las que permiten evaluar moralmente las asimetrías de poder de la sociedad, y las reglas de juego (poder normativo de naturaleza política) que las determina.
En Aristóteles hay un rechazo a toda forma de determinismo en el ámbito de las disciplinas humanas y sociales. Más específicamente Aristóteles es determinista en su visión de los procesos naturales, pero no lo es en el ámbito de los procesos económicos y políticos. En particular, su filosofía es claramente incompatible, sea con el determinismo del mercado de la mano invisible de Smith donde el egoísmo individual se transmuta en prosperidad y bienestar social; o con el determinismo del hombre económico utilitarista que es un autómata optimizador; o con el determinismo de Marx donde el ser humano es criatura de una dinámica estructural inexorable; o con el determinismo de Hayek donde los valores humanos se modifican por un proceso evolutivo que es exterior a la libertad y racionalidad humanas.
Los seres humanos, en la perspectiva aristotélica, contribuyen a determinar su propio destino haciendo uso de su racionalidad moral y de una libertad que esta limitada por las estructuras de poder de cada sociedad. Pero las estructuras de poder no se modifican solas, ni responden a un orden evolutivo externo e independiente de la acción humana racional y deliberada. Los seres humanos hacen política y, así van “haciendo historia” de múltiples maneras alternativas que obligan a rechazar cualquier forma de determinismo.
Dejando de lado sutilezas filosóficas, la noción de autorregulación de los mercados en cualquiera de sus versiones se ha defendido durante los últimos doscientos cincuenta años recurriendo a todo tipo de legitimaciones del sistema económico capitalista, y, postulando su independencia de los valores e instituciones del sistema político. Esa idea central del liberalismo, es rechazada por el republicanismo que aspira a encauzar las instituciones del capitalismo en el marco de las instituciones de la democracia, o lo que es bastante parecido, subordinar la justicia conmutativa que se practica en el sistema económico capitalista a la justicia distributiva que se predica en el sistema político democrático.
En las sociedades humanas operan estructuras de poder y sistemas de dominación. Estos sistemas de dominación responden a fines que son dictados por los dotados de poder, y ejercitados bajo diferentes sistemas de dominación.
Las estructuras de poder sustentan los sistemas de dominación. Las estructuras de poder están constituidas por las instituciones fundamentales de la sociedad. Las instituciones son hábitos de comportamiento social. A diferencia de las estructuras físicas o materiales inertes que “permanecen” mientras no aparezcan fuerzas mecánicas contrarrestantes que las modifiquen, las estructuras sociales se prolongan en el tiempo por la repetición habitual de comportamientos humanos. La habitualidad de las necesidades humanas de todo tipo, determina la habitualidad de comportamientos sociales orientados a satisfacerlas.
El poder transformador de la técnica

De hecho las estructuras de poder se han ido modificando a lo largo de la historia. El principal factor transformador ha sido la tecnología, es decir la técnica aplicada a los procesos productivos. Y la técnica es un fruto cultural de la creatividad humana. Por lo tanto no hay determinismos inexorables, ni leyes de evolución cuya dinámica determine la moralidad de los seres humanos. Los grandes saltos tecnológicos de la humanidad no responden a ninguna ley evolutiva y dependen de la creatividad humana. Aristóteles, predijo que cuando los instrumentos creados por el hombre, reemplacen totalmente el trabajo humano, e incluso se anticipen a los deseos de los hombres en su vida productiva o personal, entonces los amos no tendrán más necesidad de esclavos ni los capataces de trabajadores. Las implicaciones sociales, estructurales e históricas de esta “profecía” son enormes.
El dogma de la autorregulación de los mercados capitalistas

El lucro como motor del proceso social en el sentido de la mano invisible de Adam Smith, podía ser, hasta cierto punto, más plausiblemente defendido y predicado respecto de mercados relativamente atomizados y competitivos, como los que existían a comienzos del siglo XVIII en los albores del capitalismo. En ellos, el mecanismo de la competencia autorregulaba en algún grado la asignación de los recursos. Cuanto más atomizado es un mercado mayor es la dispersión del poder entre quienes participan en él. Bajo esas condiciones, las asimetrías de poder económico no generan un significativo impacto social. Sin embargo ese tipo de mercado competitivo, en el que pensaba Adam Smith, ya no era la forma predominante a fines del siglo XIX, justo cuando fue idealizado y legitimado por los neoclásicos utilitaristas.
Ya a comienzos del siglo XX, el capitalismo era claramente oligopólico, como lo hicieron notar los economistas institucionalistas en Estados Unidos, y los herederos intelectuales de Marx en Europa. Finalmente, a fines del siglo XX, tras la revolución de las tecnologías de la información y de la comunicación (TIC), el capital oligopolista se transnacionalizó y se globalizó. Conviene examinar esquemáticamente este proceso histórico de transformación desde el capitalismo fundado en empresas competitivas, hasta las formas posteriores del capitalismo, oligopólico, primero, y globalizado después.
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