La garantía de los derechos del hombre y del ciudadano necesita de una fuerza pública, por lo tanto, esta fuerza ha sido instituida en beneficio de todos, y no para el provecho particular de aquellos a quienes ha sido encomendada”






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FUNCION POLICIAL - SEGURIDAD CIUDADANA- DERECHOS HUMANOS
Apuntes Varios
La garantía de los derechos del hombre y del ciudadano necesita de una fuerza pública, por lo tanto, esta fuerza ha sido instituida en beneficio de todos, y no para el provecho particular de aquellos a quienes ha sido encomendada”. (Asamblea Nacional Constituyente, Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, París, 4 -11 de agosto de 1789))

¿Qué es la policía?
La policía es la institución encargada de velar por el manteni miento del orden público y la seguridad de los ciudadanos, a las ór denes de las autoridades políticas del Estado, a través del desarro llo de un conjunto de labores institucionales que giran en torno del control del delito mediante su prevención, conjuración e investiga ción.

Especificidad de la policía
A diferencia de otras instituciones, la labor y competencia exclusi va de la policía está dada por el uso de la fuerza física, real o potencial, a los fines de afectar el comportamiento de determinadas personas, limi tando sus derechos individuales en razón del interés público, dentro de un contexto social determinado y en ciertas circunstancias específicas.
Características funcionales de la policía


  • Autorización social para el ejercicio de sus labores.




  • Jurisdicción interna en la aplicación de las normas y el con trol del delito.




  • Eventual uso de la fuerza física como condición exclusiva y específica para el control del delito.


Características orgánicas de la policía


  • Institución pública organizada, dirigida y financiada por la comunidad.




  • Institución especializada con basamentos doctrinales, or ganizativos y funcionales estructurados en función del cumplimiento de su competencia exclusiva referidas al eventual uso real o poten cial de la fuerza.




  • Institución profesional con estructura burocrática y jerár quica compuesta por funciones y competencias ejercidas por un funcionario especializado


Funciones básicas de la policía


  • Policiamiento Preventivo.

  • Policiamiento Complejo.


1- ) Policiamiento preventivo
Conjunto de tareas y actividades policiales tendientes a:


  • Evitar u obstaculizar la posibilidad o la decisión de cometer un delito.

  • Identificar o impedir la realización de hechos o actos que, dadas determinadas circunstancias y elementos objetivos, pudieran re sultar delictivos o que pudieran configurar actos atentatorios de la seguridad pública.

  • Hacer cesar un delito e impedir sus consecuencias poste riores.


Acciones básicas del policiamiento preventivo:


  • Prevención directa, mediante acciones disuasorias inme diatas y directas.




  • Prevención indirecta o situacional, mediante acciones tendientes a neutralizar las condiciones favorables para la comisión de delitos .

  • Prevención conjurativa, mediante acciones tendientes a inhibir, neutralizar o abortar en forma inmediata un hecho delictivo en desarrollo, evitando la producción de consecuencias posteriores


2-) Policiamiento complejo
Conjunto de tareas y actividades policiales tendientes a identifi car, interrumpir y/o conjurar las actividades de grupos delictivos organi zados, es decir, grupos estructurados durante cierto tiempo y que actúan concertadamente con el propósito de cometer uno o más delitos graves con miras a:


  • Obtener, directa o indirectamente, un beneficio económico u otro beneficio de orden material (criminalidad organizada).

  • Intimidar a una población u obligar a un gobierno o a una organización internacional a realizar un acto o a abstenerse de hacerlo (terrorismo).

  • Atentar contra los poderes público, el orden constitucional y la vida democrática (criminalidad política).


UN POCO DE HISTORIA.- EL TEMA DE LOS DERECHOS FUNDAMENTALES DE LA PERSONA
Definidos estos conceptos anteriores, que serían los ejes de la actuación en general de la POLICIA, conviene resumir un poco la histo ria de porque razón se ha llegado a resumir la función de la Fuerza Publica en los anteriores y breves conceptos.
Lamentablemente, el proceso de democratización que se inició en Argentina en 1983, no trajo consigo la conformación de un sistema de Seguridad Pública, que permitiera identificar, abordar y procesar el conjunto de los conflictos sociales, relacionados con aquellas conductas que configuran delitos.
Por lo tanto, el retorno de la democracia, en el plano de la SEGU RIDAD PUBLICA, no significó la consolidación del imperio efectivo de la ley sino que, durante bastante tiempo, consolidó situaciones de violen tos abusos de los derechos humanos.

En este primer tramo de la historia, EL ESTADO DEMOSTRO SER INCAPAZ de asegurar la efectividad de sus leyes y de sus políti cas a lo largo del territorio.
Las causas fueron muchas, pero en general, quedó demostrado en esta etapa UNA INCAPACIDAD DEL ESTADO, especialmente del sistema de seguridad policial y judicial, para tener en cuenta DOS FACTORES:
A-) Identificar, procesar y resolver adecuadamente los nuevos conflictos,

B-) Darse cuenta del crecimiento del delito y su complejidad, que difería de lo que se conocía como DELITO TRADICIONAL, y en conse cuencia no acertar en las soluciones,que deberían ser: PREVENIR, EN- FRENTAR, CONJURAR Y REPRIMIR TALES CONDUCTAS.
El aumento de la criminalidad en esa etapa histórica, dio lugar a una PROFUNDA CRISIS DE SEGURIDAD, CRISIS QUE TUVO SU EX PRESION MAS ELOCUENTE EN EL COLAPSO DEL SISTEMA POLI CIAL.
Este punto no ha sido siempre apropiadamente analizado, lo que ha impedido elaborar lineamientos para la modernización del sistema policial de acuerdo a parámetros de eficiencia y legalidad que debe re gir su funcionamiento y organización.
Y en ese contexto, por aquella época, se analizaron dos aspec tos centrales de la cuestión, a saber:
A.-) las formas tradicionales de organización de los sistemas Po

liciales de nuestro país y de las modalidades habituales de prevención e investigación criminal; y
B.-) la problemática del delito, su aumento y su complejización y, en particular, la estructuración de ciertas modalidades particulares de criminalidad organizada.
Del contraste entre estas dos dimensiones comenzaron a surgir nuevas formas de encarar la cuestión de Seguridad.
EL MODELO TRADICIONAL DE LA POLICIA
En una democracia, las tres funciones básicas de la instituí ción policial son las siguientes:
1. La prevención de delitos, acción que tiene el fin de evitar o abortar la decisión de cometer un delito o impedir la realización de he- chos o actos que impliquen un delito.
2. La intervención en la represión de delitos a través de su parti cipación en la investigación criminal, lo que significa búsqueda y reu nión de los elementos de prueba y la identificación y localización de las personas sospechadas de ser responsables de los mismos, todo ello bajo la conducción judicial.
3. El mantenimiento de la situación de seguridad pública, me diante acciones que apuntan a prevenir, neutralizar y conjurar cualquier tipo de hecho -violento o no- que obstruya, limite o cercene la paz social y la libertad personal o vulnere la situación de seguridad de las perso nas.

En otras palabras: LA FUNCION POLICIAL CONSISTE EN LA PROTECCION CIUDADANA FRENTE A DETERMINADOS RIESGOS QUE SUPONEN UNA LESION A LOS DERECHOS Y LIBERTADES DE LAS PERSONAS.
Esta función implica el EJERCICIO DE UN SERVICIO DE PRO- TECCION a los derechos y libertades de las personas frente a actos que los puedan lesionar, actuando siempre en el marco de la legalidad.


Frente a este cuadro, el sistema de SEGURIDAD, se estructuró sobre la base de un conjunto de parámetros tradicionales que resulta ron de un largo proceso histórico.
En su contexto, la institución policial argentina se fue con- formando básicamente como un organismo al servicio de los go biernos estatales de turno más que de las comunidades, en el marco de una concepción de la seguridad asentada en el deber de protección del Estado y no de los derechos y libertades ciudadana.
Asimismo, esta evolución se realizó bajo la égida de un doble proceso institucional.
Por un lado, durante los regímenes autoritarios, los gobiernos mili tares asumieron un férreo control de las policías y posicionaron a éstas como piezas claves del control represivo interno dirigido por las Fuerzas Armadas. Ello trajo aparejado una manifiesta militarización organizativa y funcional de las policías.
Y, por otro lado, durante los períodos democráticos, las sucesi vas y diversas gestiones gubernamentales delegaron sistemáticamente en las policías el manejo exclusivo de los asuntos de la seguridad pú blica, sin que, en general, mediara ningún tipo de reconversión del perfil militarista que dichas instituciones habían asumido tanto en su interior como en su relación con el poder político y con la sociedad.
Así, las agencias policiales de nuestro país, lejos de consti- tuirse como policías civiles y ciudadanas, se fueron conformando como guardianes del orden político y como policías militarizadas , más sensible a las orientaciones e intereses de los gobiernos que a los dictados de la ley.
En suma, como resultado de este proceso histórico, se conformó un modelo tradicional de organización de la seguridad pública en nues tro país, cuyas características más importantes están centradas en : 1-) el desgobierno político sobre los asuntos de la seguridad pública y policiales; 2-) el autogobierno policial de la seguridad pública y del sistema policial mismo y ,3-) la exclusión comunitaria de los Asun tos de la Seguridad Pública.
En cuanto al primer punto, el modelo estuvo signado por un RE- CURRENTE DESGOBIERNO POLITICO sobre los asuntos de seguri- dad publica. La dirigencia política delego en las agencias de seguridad, el monopolio de este tema. A su vez, estas agencias de seguridad, orientaron la solución del problema, sin intervención de otros organis mos del estado y con un concepto totalmente distinto al de la realidad.
Ello respondió principalmente a la permanente falta de voluntad y/o capacidad gubernamental para ejercer la conducción del sistema de seguridad pública y policial, dando lugar a una serie de deficiencias institucionales significativas tales como
A-) la ausencia de un marco legal y organizacional adecuado para el diseño y formulación de políticas o programas de seguridad Pública,
B-) la falta de una burocracia compuesta por funcionarios y agentes gubernamentales especializados en los asuntos de la Seguir dad Publica y en las cuestiones policiales; y
C-) la carencia de de instancias u órganos de consulta o aseso ramiento gubernamental en la materia.
En consecuencia, la dirección, administración y control integral de los asuntos de la seguridad pública así como la organización y el fun cionamiento del sistema policial quedaron en manos de las propias agencias policiales, generando así una suerte de policialización de la seguridad pública.
Por su parte, esta impronta de desgobierno político y de delega ción a las agencias policiales del ejercicio de la administración de la se guiridad pública trajo aparejado un PROCESO DE AUTONOMIA POLITI CA DE LA PROPIA POLICIA, permitiendo que ésta definiera sus pro pias funciones, misiones y fines institucionales, se proporcione sus pro pios criterios y medios para cumplirlos o alcanzarlos y, en ese marco, también estableciera los objetivos y orientaciones generales de la segu ridad pública en su conjunto.
En el interior de las agencias policiales, se apuntaló una marcada independencia doctrinal,orgánica y funcional en su desarrollo y proye cción institucional frente al gobierno estatal y frente a la sociedad mis ma. Ello permitió que estas agencias actuaran con frecuencia co- mo si estuvieran por encima y más allá de la autoridad constituicio nal del gobierno, resistiendo con relativo éxito a todo tipo de iniciativa gubernamental tendiente a erradicar, reducir o cercenar dicha autono- mía.
También en ciertas situaciones, dentro del modelo tradicional, se entabló UN PACTO EXPLICITO O TACITO, mediante el cual, el gobier no delego totalmente la administración de la seguridad pública a la poli cía y EN ESPECIAL la formulación e implementación de su política crimi nal, así como también la conducción estratégica y operativa de la propia institución policial, y aceptó no intervenir en el funcionamiento de la institución o de hacerlo conforme a los parámetros que se le indicaron desde dentro de la fuerza misma.
A cambio de ello, la organización policial, garantizo al poder politi co determinados límites de seguridad publica, que no afectaren profun damente al conjunto ciudadano.
En segundo término, como consecuencia del desgobierno políti co, el modelo tradicional ha supuesto el autogobierno policial sobre la seguridad pública y el sistema policial mismo.
En este marco, las agencias policiales de nuestro país se confor maron sobre la base de una estructura orgánico-funcional centralista. Ello implicó un centralismo organizacional basado en la existencia de una conducción policial ejercida por un “estado mayor” de carácter castrense, con estructura cerrada, hiperjerarquizada y militarizada.
Además, ello se asentó en un régimen de personal milita- rista signado por una carrera policial y un sistema de personal, pases y ascensos de corte netamente castrense.

Asimismo, en este modelo, se concentró en un mismo departa mento, las funciones las funciones típicas de la seguridad preventiva como las funciones atinentes a la investigación criminal. . En la mayoría de esas instituciones no ha existido una clara diferenciación organizacio nal interna entre aquellas funciones, y muchas veces éstas han sido di fusamente atribuidas a diferentes secciones o dependencias generan do superposiciones, incongruencias y contradicciones organizacional- les.

A su vez, casi sin excepción, la estructura interna de personal y, en su marco, el sistema de pases y ascensos policiales de las referidas agencias han mantenido un trazo militarista, rígido y cerrado, es decir, una impronta alejada de los necesarios parámetros de profesionalidad basados en el mérito y el desempeño policial.
Las estructuras jerárquicas internas se compusieron por el personal superior y personal subalterno, constituyendo compartimentos estancos que emulaban las estructuras orgánicas castrenses basadas en la diferenciación entre los miembros de conducción y el resto de la institución. Lo mismo aconteció con el sistema de incorporación, pases y ascensos policiales, que no tenían en cuenta el aspecto profesional.
Así, este tipo de estructura sirvió como mecanismo de control po lítco-institucional interno de parte de la cúpula policial sobre el resto de la fuerza. Dicho control, además, también abarcó algunas prácticas sub terráneas o paralelas, desarrolladas al margen de las leyes y las nor mas, pero que han sido admitidas, impuestas, reguladas, gobernadas y férreamente controladas por la propia cúpula.
En este marco, el modelo tradicional estuvo orientado al ejercicio de un control social extra-institucional no encaminadas principalmente a la seguridad preventiva sino, más bien, a la inspección y represión de todo tipo de conducta no delictivas -generalmente inscritas en conceptos amorfos de salubridad y moralidad social- considerada por la propia policía como vulneratorias de una cierta noción autoimpuesta de orden público.
Es decir, ANTES QUE PREVENIR DELITOS, LA INSTITUCION SE PROYECTO COMO UNA INSTANCIA DE RESGUARDO DE UN TIPO DE ORDEN PUBLICO, determinando tipos de criminalidad, de cencia pública y/o seguridad originados en la propia institución.
El uso discrecional de las facultades policiales para detener per sonas, sin autorización judicial, sirvió como una modalidad de control so cial subterráneo, cuya máxima expresión en algunos momentos, se iden tificó con LA MANO DURA o el llamado concepto de TOLERANCIA CE RO.

Se asimiló el concepto de PREVENCION, con el de DISUASION, considerándose que la tarea preventiva, requiere exclusivamente un gran número de personal en las calles. Dicho personal actuaba, más como una fuerza de choque, que en base información sobre la actividad delictiva. De ahí, que en el modelo tradicional, la recurrencia siempre se ría contar con mayor cantidad de efectivos, en vez de estrategias focali zadas en la prevención.
Todo ello dio lugar a ciertas modalidades del actuar policial, que han quedado en olvido, pero que han signado su historia, con una pesa- da mochila que aun hoy cuesta desactivar. Igualmente, aquella sub-cul tura policial, muchas veces estuvo incentivada por las autoridades publi cas , al proclamar la necesidad de endurecer el accionar policial. Otros de los fenómenos que trajo aparejado aquel modelo tradicional, ha sido la institucionalización de de verdadero sistema penal subterráneo, en el cual participaron hombres de la fuerza, en acciones delictivas.
En tercer lugar, en este modelo de policía, la relación existente entre la comunidad y la policía se caracterizó por la ausencia de toda participación comunitaria en los asuntos de la seguridad pública y, parti cularmente, en el diseño, implementación y evaluación de las políticas de seguridad y en el control del desempeño policial.

Frente a la ciudadanía en general, esta situación, es decir, la ma nifiesta ineficacia policial en la prevención y represión del delito así co mo el creciente conocimiento público de recurrentes abusos y extralimi- taciones institucionales cometidas por agentes policiales durante las ulti mas décadas dieron lugar a una notoria y extendida desconfianza co munitaria hacia dichas fuerzas.
En general, la policía no consideró necesaria la participación de la ciudadanía en el tema de la participación ciudadana en el tema de Seguridad sino que, además, se posicionó a la misma policía como la única institución capaz de identificar y accionar sobre esos problemas y situaciones.
En resumen,en el contexto del modelo tradicional de seguridad pública,la institución policial se estructuro sobre ciertos parámetros orga nizativos y funcionales que aparecen desactualizados y anacrónicos frente a la compleja situación delictiva existente en nuestro país.
En lo relativo a las tareas policiales en materia de seguridad pre ventiva, las deficiencias de los sistemas policiales tradicionales respon- dieron en gran medida a la existencia de una inadecuada estructura de personal policial, con deficiente entrenamiento y poca capacitación.
Asimismo, otro factor estructural que ha cercenado la eficiencia del sistema de seguridad preventiva ha sido la existencia de un elevado número de dependencias policiales de carácter administrativo –destaca mentos, seccionales o comisarías, según los casos-, absorbiendo una enorme cantidad de recursos humanos en el desenvolvimiento de ta reas no-policiales así como también el hecho de que numerosos efec tivos policiales fueron comisionados a diferentes destinos no-policiales para el cumpliendo de tareas de vigilancia de numerosos organismos pú blicos y privados y custodias personales a funcionarios públicos y a la alta concentración de personal y recursos policiales en el marco de las jefaturas policiales.
Por su parte, en este escenario institucional, se carecía de un registro, sistematización y análisis actualizado y permanente de la situación delictiva y de un mecanismo apropiado de recolección de la información referida a los incidentes y hechos delictivos cometidos y conocidos en jurisdicción de las diferentes dependencias policiales y su transmisión a un ámbito abocado al procesamiento y análisis regular y periódico de aquella información, ha impedido elaborar un mapa del delito que diera cuenta de la problemática criminal de la jurisdicción mediante la identificación de zonas,y/o horarios de alto, mediano y bajo riesgo en los que se concentran determinados tipos, de incidentes, fal tas y/o crímenes, y sobre los cuales debería centrarse la actuación poli- cial preventiva o conjurativa.
A su vez, ha sido habitual que en estas policías no exista un cuer po doctrinal de inteligencia criminal y, muy especialmente, de una de pendencia técnico-policial especializada en la producción de inteligencia criminal conducente a la prevención del delito.
En las modalidades tradicionales de labor policial el núcleo princi pal de las tareas de inteligencia se restringió a la mera recolección de información surgida de la investigación de hechos delictivos ya ocurri dos, del aporte de informantes confidenciales o de ciertas operaciones encubiertas mayoritariamente informales y hasta ilegales.
Finalmente, la inexistencia de un sistema de policiamiento comu nitario perfilado a la prevención y conjuración de los delitos leves, los conflictos sociales menores, los desórdenes y las faltas cercenatorias del orden público local ha alterado sensiblemente el vínculo articulado entre la comunidad, la institución policial y el poder político local o mu nicipal.
La sistemática desatención policial a este tipo de incidentes me nores deterioró la necesaria relación que debe mantener la policía con la comunidad, lo que impactó gravemente en la vida colectiva.
LA NUEVA PROBLEMÁTICA DELICTIVA EN LA ARGENTI NA
No es necesario abundar mucho sobre la nueva problemática de lictiva en Argentina, que es harto conocida, pero si importante destacar que Ahora bien, la problemática delictiva en la Argentina está íntima mente vinculada a las condiciones sociales existente en su territorio, particularmente, en las grandes ciudades y suburbios que han servido de escenario destacado al crecimiento delictivo.
El crecimiento de la pobreza y la indigencia no ha sido la causa del aumento de la violencia y de la delincuencia sino que, para ello,han convergido una serie de factores sociales, culturales y económicos que han favorecido la conformación de situaciones de violencia y, en su marco, de delincuencia.
Existieron condiciones sociales que dan cuenta del desarrollo de un profundo proceso de desintegración y diferenciación social signado por el creciente deterioro de las condiciones de vida de los sectores medios y bajos, la desagregación de los grupos familiares y vecinales básicos, la ruptura de los lazos de solidaridad comunitaria tradicionales, la consolidación de una estructura altamente regresiva de distribución de los ingresos y las riquezas y la conformación de vastos sectores su mergidos en una situación de vulnerabilidad y marginación social.
Esta situación, en su conjunto, ha moldeado una estructura social compleja y heterogénea en cuyo seno se ha producido un significativo crecimiento del factor estructural determinante de la violencia y la cri minalidad, es decir, la exclusión y marginación social.
En efecto, bajo estas tendencias, se fue configurando una dinámica social proclive a la apelación a la violencia o a la delincuencia como alternativa de adaptación individual y, en ciertos casos, como ins tancia fundamental de sobrevivencia material y de referencia simbólica dentro del conjunto social, lo que ciertamente fue apuntalado por la au sencia de otros poderes u organizaciones sociales con capacidad para mediar o contener a los excluidos y marginados.
Asimismo, en el marco de este proceso de desintegración social, las personas están viviendo una situación de inseguridad recurrente y de incertidumbre permanente, en cuyo contexto se imponen dos tipos de demandas sociales y políticas predominantes, a saber, una deman da de estabilidad y una demanda de protección.
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