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Análisis Estructural y Coyuntural. Primavera 2010. Crónica de La Jornada – Agente SME y aliados


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Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente

Departamento de Filosofía y Humanidades

Licenciatura en Filosofía y Ciencias Sociales


Análisis Estructural y Coyuntural – Primavera 2010

Agente: SME y aliados, segunda parte

Del 16 al 31 de octubre de 2009
La Jornada, viernes 16 de octubre de 2009,

Desborda el Zócalo e inunda varias avenidas del Centro Histórico

Megamarcha del SME rebasa toda previsión

Logran electricistas que el gobierno federal acepte sentarse a dialogar

Patricia Muñoz, Gustavo Castillo y Fabiola Martínez

El Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) realizó ayer una de las mayores movilizaciones de su historia. Decenas de miles desbordaron el Zócalo y con camisetas rojas de muchas batallas extendieron su presencia por todo 5 de Mayo, Madero, Juárez y Reforma hasta la Diana, en defensa de su fuente de empleo. Su marcha abrió una posibilidad, pues el gobierno federal aceptó sentarse a partir de hoy a dialogar con este gremio, según les mandó decir el jefe de Gobierno capitalino, Marcelo Ebrard.

En respuesta, los electricistas acordaron solicitar a Ebrard Casaubon que funja como mediador en el conflicto.

La movilización, a la cual asistió Andrés Manuel López Obrador, rebasó todas las expectativas y pudo haber llenado cuatro veces el Zócalo. Los organizadores estimaron que hubo más de 300 mil personas. Según cálculos de las secretarías de Seguridad Pública federal y capitalina, el contingente fue de más de 150 mil asistentes.

El SME aglutinó ayer a sindicalistas, profesores, campesinos, estudiantes, amas de casa, organizaciones sociales, políticas, intelectuales y legisladores; estos últimos propusieron una huelga general de pagos de luz en el centro del país, porque al extinguirse Luz y Fuerza del Centro (LFC) ya no hay a quién pagarle.

El bullicio de los trabajadores se inició desde las 2 de la mañana, cuando empezaron a llegar miles de personas procedentes de Oaxaca, Puebla, Morelos e Hidalgo para apoyar a los electricistas. La marcha partió de la glorieta de La Palma al filo de las 16 horas, y los manifestantes inundaron Reforma hacia el centro de la ciudad.

Enojados y dolidos por la extinción de su empresa, la mayoría de los electricistas llegó con su familia; vestían camisetas rojas, símbolo de este sindicato, y portaron pancartas contra el Presidente.

Calderón ¿puedes dormir?, nosotros no, dejaron a mi papá sin trabajo. Felipe, ¿ya saben tus hijos cuántos niños dejaste sin comer?. Felipe: presidente del desempleo. Calderón, entraste en la noche como vil ladrón y nos dejaste sin comer. No nos mata la influenza, nos mata Calderón, decían algunas de las miles de cartulinas que acompañaron la movilización, que fue tan extensa que cuando la vanguardia había llegado al Zócalo, el último contingente aún no salía de la Diana.

Martín Esparza, líder del SME, encabezó la marcha acompañado, entre otros, por Rosario Ibarra, Porfirio Muñoz Ledo, Graco Ramírez, Benito Bahena, Jesús Martín del Campo y Jaime Cárdenas, quienes avanzaron entre consignas como si no hay solución habrá revolución y decreto popular: renuncia Calderón.

Desde el inicio, la movilización fue vigilada por cientos de granaderos y policías capitalinos a pie. Por aire, la SSP federal desplegó tres helicópteros; supuestamente dos sirvieron para que algunos fotógrafos hicieran tomas aéreas, y en el otro observara todo el tiempo el coordinador de las fuerzas federales, Rafael Avilés Avilés.

Al filo de las seis de la tarde la vanguardia llegó al Zócalo; al paso del contingente se fueron sumando decenas y decenas de manifestantes, entre ellos estudiantes de la UNAM, Chapingo, UAM y Bachilleres; trabajadores del INAH, de la Secretaría de Energía, mineros, pilotos, sobrecargos, integrantes de IMSS, Sutin, Colegio de Posgraduados; Sindicato Democrático del Metro y del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra.

Los electricistas recibieron el respaldo de la gente que desde las banquetas aplaudía o les gritaba no están solos.

A su llegada, en la Plaza de la Constitución se extendió la consigna ¡Aquí se ve la fuerza del SME!, coreada por miles de gargantas. En ese ambiente, los oradores plantearon paro nacional y referendo que determine si el presidente Felipe Calderón continúa en el cargo.

En el mitin, dirigentes de tranviarios, de la CNTE, del STUNAM y de la UNT plantearon la posibilidad de una huelga por solidaridad; señalaron que este gobierno está orillando a una revolución social; comprometieron ante los trabajadores electricistas apoyo con movilización y recursos para sostener su lucha, y solicitaron que en próximas elecciones la población no otorgue ni un voto al PAN.

Porfirio Muñoz Ledo señaló que la torpeza del gobierno ha hecho que los trabajadores regresen al centro de la lucha nacional, y lo que se hizo al SME fue un golpe de Estado a los trabajadores. El legislador planteó la huelga general de pagos.

Claudia Sheinbaum, representante del gobierno legítimo, señaló que si todos los altos mandos de este gobierno se bajaran 50 por ciento su salario, saldrían los 42 mil millones de pesos que se requieren para que siga operando LFC.

Eran las siete de la noche. Habían pasado casi ocho discursos y la retaguardia del contingente seguía en el cruce de Insurgentes y Reforma. En ese momento llegó al templete la noticia de que el gobierno federal estaba dispuesto a sentarse a dialogar con el SME, Martín Esparza tenía la palabra; sus seguidores le gritaban ¡duro, duro!. Rosario Ibarra sonreía y la acompañaban intelectuales como Paco Ignacio Taibo II.

No pararemos hasta que nos regresen nuestro empleo, nuestro contrato colectivo y nuestra dignidad como obreros, porque la mayor parte de los trabajadores han entregado décadas de su vida a trabajar por su empresa, Luz y Fuerza del Centro, y nos sacaron una noche por la fuerza con miembros de la Policía Federal, como si fuéramos delincuentes; pensaron que nos iban a dividir, pero aquí nos tienen y vamos con todo. En ese momento, madres y esposas de trabajadores ingresaban al Zócalo con velas encendidas.

Esparza pidió a todos que votaran si el jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard, debería mediar en el conflicto, y los trabajadores a mano alzada aprobaron la propuesta de su dirigente. También votaron porque este movimiento sea el arranque de la conformación de un gran frente por los derechos de los trabajadores y el inicio de una movilización social conjunta contra la política económica de este gobierno.

El mitin terminó y los trabajadores seguían ahí, no querían que su movilización concluyera, esperaban la llegada de López Obrador y los organizadores tuvieron que explicar que el acuerdo con el dirigente social fue que sólo acompañaría la marcha y no sería orador.

Eran más de las 20:30 cuando los trabajadores se quitaron la gorra y con el puño izquierdo en alto entonaron el Himno Nacional. Los contingentes seguían llegando por 5 de Mayo y Madero, la retaguardia aún estaba en el cruce de Reforma y Juárez, Palacio Nacional los seguía esperando totalmente iluminado.
La Jornada, viernes 16 de octubre de 2009,

López Obrador y miles más no pudieron llegar al Zócalo

Cuando el mitin terminó, un río de gente seguía en Juárez

Repudio popular a Calderón, Lozano, locutores y comentaristas de tv

Jaime Avilés

Tal vez la siguiente cronología ayude a calcular cuánta gente asistió ayer a la marcha contra la extinción de Luz y Fuerza del Centro (LFC). A las 16:25, Andrés Manuel López Obrador empezó a caminar en el centro de una hilera de dirigentes del Frente Amplio Progresista y funcionarios del gobierno legítimo, delante de la Diana Cazadora.

A las 16:28, se detuvo después de avanzar 30 metros hacia la glorieta del Ángel de la Independencia. Allí permaneció durante una larga y asoleada hora, mientras el camioncito-plataforma-escenario que el movimiento usa en las concentraciones chicas era ocupado, unos metros más adelante, por Jesusa Rodríguez y Jorge Arvizu, El Tata, que leían en voz alta los mensajes de las cartulinas que proliferaban por doquier.

A las 17:25, la avanzada del Movimiento Nacional en Defensa de la Economía Popular y el camioncito lograron avanzar hasta el Ángel, pero no fue sino hasta las 18 horas cuando consiguieron dejarla atrás. En ese momento, para entretener al gentío que empezaba a impacientarse, El Tata leyó un comunicado de las Jóvenes Mujeres Feministas en contra de los hombres de las muchas C, es decir, agregó, los que comen, cogen, cagan, y son cabrones, cínicos, católicos, cómicos y culeros, para en seguida saludar a los que prefieren luchar y ser libres.

A las 18 horas, avanzada y camioncito pasaron frente a la embajada de Estados Unidos. Detrás de López Obrador venían contingentes del gobierno legítimo en Iztapalapa, Tláhuac, Coyoacán, las redes universitarias –que gritaban SME, UNAM, unidos vencerán–, y más de Iztapalapa, con mantas de apoyo a los electricistas y a Clara Brugada.

Al final de la columna venían por último los barrenderos del Gobierno del Distrito Federal, con lo cual López Obrador cumplió su promesa de no participar en la dirección del movimiento en defensa de Luz y Fuerza del Centro, sino que se colocó literalmente a la retaguardia.

Como de costumbre, sin embargo, la gente se arremolinaba para estrecharle la mano y él recorría el cuadrilátero formado por cuerdas y hombres para darle un espacio de maniobra dentro de la multitud y se acercaba a conversar con sus simpatizantes. Pero sólo unos metros más adelante del camioncito-escenario, comenzaba la marea roja de los sindicalistas y sus cartulinas, mantas y mensajes de repudio absoluto a quienes decretaron la desaparición de la empresa pública más antigua del país.

Gracias por convertirme de ingeniero en taquero

Un hombre desfilaba con amargura ostentando un chaleco que agradecía a Felipe Calderón por haberlo convertido de ingeniero en taquero. En la misma temática, un joven paseaba una cartulina con una caricatura elemental del secretario de Hacienda y estas palabras: Para acabar con el hambre del pueblo hay que hacer carnitas a Carstens.

Muchos más jugaban con la palabra liquidación y pedían que ésta se aplicara al gobierno federal, al gabinete de Calderón, al secretario del Trabajo, Javier Lozano, y a los locutores y comentaristas de noticias políticas en radio y televisión.

Como un estribillo, en todas partes de la columna se repetía el viejo eslogan de aquí se ve la fuerza del SME, pero al final de la marcha, dentro de la angosta calle Madero, diversos contingentes coreaban: Es un honor luchar con el SME, y los electricistas respondían, puño en alto: ¡No paguen luz, no paguen luz!, consigna que exhortaban a popularizar por todos los rumbos de la ciudad de México.

No pagues la luz, la Comisión Federal de Electricidad (CFE) no puede cortarte el servicio, y ese tema se volvió material de todas las conversaciones cuando, a las 18:50, la columna de López Obrador pasó ante las oficinas de la CFE, más allá del cruce de Reforma e Insurgentes, y miles de voces la saludaron gritando: Comisión Federal no sabe operar.

¿Cuánta gente estaba participando cuando, a las 19:40, el contingente encabezado por López Obrador llegó a la glorieta de Colón, y delante de él había miles y miles de personas que continuaban caminando sobre Reforma, pero que al llegar a la avenida Juárez se dividían para usar la paralela calle de Ayuntamiento? Y poco más adelante, en el cruce de Reforma y Bucareli, la marcha volvió a paralizarse por enésima vez. Entonces, por los teléfonos celulares, los acompañantes del ex candidato presidencial supieron que en el Zócalo se estaba cantando el Himno Nacional, que marcaba el final de la marcha, y Jesusa propuso que allí en donde estaban se procediera a hacer lo mismo.

A las 20:35, sin haber logrado llegar siquiera a la avenida Juárez, López Obrador ofreció una improvisada conferencia de prensa y dio por terminada su intervención en una marcha que, según todas las evidencias disponibles, marcó el inicio de un nuevo movimiento y logró combinar la participación de obreros, estudiantes, artistas, profesionales, desempleados y ancianos, con la presencia mayoritaria, alegre y combativa de los jóvenes.
La Jornada, viernes 16 de octubre de 2009,

Invertíamos 2 millones de pesos en reparar un transformador, afirma Javier Gutiérrez

Electricistas calificados, formados en la labor diaria, ahorraron millones a LFC

A precios de hace 10 años, arreglarlo en un taller privado costaba 15 millones, sostiene

Blanche Petrich

A propósito del barril sin fondo que con los años se convirtió Luz y Fuerza del Centro (LFC), Francisco Javier Gutiérrez Aguilar, trabajador jubilado del taller mecánico, tiene una experiencia ilustrativa, relacionada con el mantenimiento de los millones de transformadores que existen en la ciudad de México.

Definida por la empresa como área no sustantiva, desde 1982 la administración de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro insistió en desincorporar los talleres y entregar las tareas que ahí se realizaban a negocios particulares.

“A precios de hace 10 años –señala el experimentado electricista que ocupó en su vida laboral la protosecretaría de escalafón en el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME)– reparar un transformador en nuestros talleres costaba 2 millones de pesos. Mandarlo componer a un taller particular costaba 15 millones. Nuevo se conseguía en 20 millones.

Fue el SME el que impidió que el administrador, Jorge Gutiérrez Vera, nombrado por el gobierno, cerrara los talleres. Échele lápiz. ¿Cuántos millones de pesos se ahorró Luz y Fuerza contando que al año se recibían, en promedio, mil 500 transformadores tronados?

El taller de la Verónica

Gutiérrez Aguilar trabajó durante 28 años, de 1970 a 1998, en el taller eléctrico que por décadas funcionó en unas antiguas caballerizas, en los tiempos en que se mantenía el novísimo sistema eléctrico con transporte de recua de mulas en las primeras décadas del siglo pasado, ubicadas atrás del edificio de la avenida Melchor Ocampo, al que los electricistas llaman, quien sabe por qué, la Verónica.

El modelo de la empresa comprendía, como lo empezaron a hacer en las industrias más modernas de Estados Unidos, la integración de todas las áreas del proceso productivo. Por eso se desarrollaron los talleres mecánico, automotriz y de diesel, entre otros.

A principios de los años 70, lo que entonces se llamaba taller de transformadores tenía 60 trabajadores. Para entonces despuntaba la expansión sin medida de la ciudad de México. En poco tiempo fue necesario duplicar el número de empleados a 120.

El transformador es parte vital en el sistema de electrificación; de ninguna manera se debería considerar su mantenimiento como área no sustantiva.

Un transformador es una caja negra ubicada en lo alto de ciertos postes, en pozos subterráneos o en pedestales. Es el dispositivo que permite transformar la corriente de alta tensión que corre por las líneas aéreas o subterráneas en baja tensión para ser distribuida al servicio de los usuarios. Antes de llegar a estas cajas, que en ocasiones, especialmente en tiempo de lluvias, truenan, la electricidad viaja por cables de alta tensión sostenidos por torres metálicas desde las presas y plantas generadoras como las de Laguna Verde, Chicoasén o Malpaso.

La ciudad de México tiene dos anillos concéntricos de distribución: uno de 400 mil voltios y otro de 200 mil. Del segundo, la corriente se distribuye a subestaciones que reducen la tensión a 85 mil voltios. Luz y Fuerza maneja transformadores que reciben 23 mil voltios para distribuirlo a las redes. La Comisión Federal de Electricidad maneja transformadores de 6 mil voltios, menos modernos.

La humedad y la sobrecarga, generalmente provocadas por el constante aumento de aparatos eléctricos en el caso del servicio doméstico, dañan el sellado y la calidad del aceite parafínico de los transformadores. Con los años, el taller mecánico de LFC desarrolló técnicas nuevas de reparación y demostró a la empresa la posibilidad de ahorrar hasta 90 por ciento con mano de obra calificada interna. Sin embargo, la administración siempre escamoteó a los trabajadores los materiales necesarios, como cartón aislante y aceites especiales.

“Cuando un transformador se quema –continúa Gutiérrez–, los técnicos de líneas áreas o de cables subterráneos acuden a repararlos. Algunos están tan especializados que lo hacen con las ‘líneas vivas’, sin que se corte el flujo eléctrico. Reparado el daño provisionalmente, el transformador se traslada al taller, donde se realizan las pruebas de alta precisión que entrañan para el trabajador lo que se conoce como riesgo eléctrico, que no es otra cosa que el peligro de ser electrocutado.”

El técnico jubilado explica en qué consiste el procedimiento: nuestro trabajo implica entrar a áreas energizadas y maniobrar con líneas vivas que llevan cargas de 23 mil, 85 mil y 400 mil voltios. Hacemos las pruebas aplicando cargas de 171 mil voltios (85 mil x 2 + mil) a dos metros de distancia. Todos nuestros sentidos entran en tensión: oído, vista, precisión de movimientos. Esta maniobra la realizamos entre 30 y 50 veces al día. ¿Y todavía nos dicen que somos unos privilegiados?

Para Gutiérrez Aguilar el taller mecánico fue su escuela, su universidad, su especialización y hasta su posgrado.

Grados académicos, no tenemos. Nos formamos y nos graduamos en nuestro trabajo al ascender cada paso del escalafón. Y no somos ningunos improvisados, remata. En todo el mundo se reconoce nuestra calidad.
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