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RAFAEL BARRIOS. rbarrios@colfem.edu.co

rafaelbarriosbarrios.jimdo.com

Quinto grado – Historia – I Trimestre 2015
LA GRAN COLOMBIA 1819 – 1830

El Congreso reunido en Angostura (Venezuela), el 17 de diciembre de 1819 proclamó la Ley Fundamental de la República de Colombia conformada por Venezuela y Nueva Granada, a la que posteriormente se anexaría Panamá (Gran Colombia) y la división en tres departamentos: Venezuela, Quito y Cundinamarca, siendo sus capitales respectivas Caracas, Quito y Bogotá. Los nombres de Nueva Granada y Santafé quedaron suprimidos.

El mismo día se elige como presidente de la República de Colombia a Bolívar y vicepresidente a Zea. Para la vicepresidencia de Cundinamarca al general Santander y de Venezuela al doctor Juan Germán Roscio.

En mayo de 1821 se reunieron en Villa del Rosario de Cúcuta en el Congreso Constituyente de Colombia, cincuenta y siete delegados de las diez y nueve provincias libres, siendo elegido Bolívar presidente y como vicepresidente el general Santander.



ARTICULO 1o. Colombia es un Estado social de derecho, organizado en forma de República unitaria, descentralizada, con autonomía de sus entidades territoriales, democrática, participativa y pluralista, fundada en el respeto de la dignidad humana, en el trabajo y la solidaridad de las personas que la integran y en la prevalencia del interés general.

http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/modosycostumbres/crucahis/crucahis116.htm

La República de Nueva Granada 
La guerra de la independencia modificó totalmente las relaciones de Nueva Granada con el mundo exterior. En un todo dependiente de España hasta entonces, las relaciones con los demás países europeos se habían limitado al comercio contrabandista. En cambio, ahora todo contacto con la madre patria quedó roto durante varios decenios, hasta cuando España finalmente se dignó reconocer la independencia de sus colonias americanas. Entre tanto se habían establecido y desarrollado relaciones amigables con las demás naciones europeas, entre ellas especialmente con Inglaterra y Francia, y, en este continente, con los Estados Unidos de Norteamérica, países que ya durante la guerra habían brindado su apoyo moral a los republicanos.


Mantenido por siglos en casi completa minoría política al igual que privado de todo contacto vivificante con la evolución histórica mundial, el pueblo de golpe se vio obligado a responder por sí mismo, quedando encarado a la vez a la necesidad primordial de salir del estancamiento, tanto económico como intelectual, heredado del gobierno español. 

Problemas que eran difíciles de solucionar, aun por parte de una nación mejor preparada, requerían no obstante su máxima atención previa para poder atinar con el camino recto hacia el bienestar y una vida nueva. 

Había, empero, un factor esencialmente favorable a la realización, o sea la ausencia de todo motivo para temer complicaciones bélicas externas. Conflictos con Estados europeos no podrían originarse sino a consecuencia de la violación de los derechos de sus súbditos, ya sean personales o materiales, por parte del gobierno colombiano, conflictos que realmente han venido produciéndose, pero sin pasar del margen de arreglo mediante demanda de indemnizaciones o por vía de represalias de parte de los estados perjudicados. Por su naturaleza siempre carecían de magnitud como para desencadenar una guerra, lo cual, además, no habría podido llevarse a cabo sin infligir perjuicios a parte y parte. Problemas fronterizos ha habido con todos los países vecinos, y los sigue habiendo, originados en la delimitación, insuficiente y con frecuencia modificada, de las provincias españolas. Pero lejos de referirse a objetos valiosos en litigio, tales como la región salitrera que desencadenó la guerra entre Chile, Perú y Bolivia, aquí se trata de zonas en general completamente despobladas y carentes de interés específico. Solamente las fronteras entre Venezuela y Ecuador atraviesan regiones pobladas. Pero en tanto que las relaciones con Venezuela, a pesar de su frecuente tirantez no han culminado en guerra, el Ecuador por su parte ha intervenido en varias ocasiones en las guerras civiles colombianas a efecto de materializar sus pretendidos derechos sobre el punto más meridional de Colombia, pero sin perspectivas de conseguirlo por sí solo. 

En su conjunto el gobierno del general Santander, como primer presidente constitucionalmente elegido de la República de Nueva Granada, transcurrió en forma pacífica y con prelación en su obra de las reformas realizadas, cuadro desfigurado sin embargo por la cruel persecución a los adversarios políticos. Durante la presidencia de Márquez, una ley eliminatoria de los pequeños conventos provocó en 1840 la sublevación de los fanáticos habitantes de Pasto, quienes ya durante la guerra de la independencia siempre se habían distinguido por su actitud favorable hacia los españoles. El general Obando, por su parte, encabezó la revolución apoyada por el Ecuador, que logró extenderse por todo el país, hasta cuando el general Herrán alcanzó a sofocarla. El gobierno de este (1843), por su parte, trajo la reforma constitucional en el sentido centralista conservador, provocando a la vez el regreso de los jesuítas, a quienes el gobierno español había expulsado. De una de las épocas más felices de la historia colombiana puede calificarse la del gobierno siguiente, o sea el de Tomás Cipriano Mosquera (1845-1849). Escasa más bien en sucesos políticos, produjo determinados progresos en el campo de la cultura, tanto material como intelectual, tales como un servicio regular de vapores en el río Magdalena, la creación de nuevas vías de comunicación, la reforma del sistema monetario y la introducción de las medidas y pesas francesas. Vuelto al poder el partido liberal con el general López, la vida política de los años siguientes se tomó un tanto más agitada. Nuevas reformas a la constitución, esta vez promovidas por los liberales, les aseguraron mayor independencia a las provincias frente al gobierno central, en tanto que los impuestos se descentralizaron y la pena de muerte se abolió, quedando libres a la vez el comercio del tabaco y la explotación del oro. Tanto estas reformas como la reexpulsión de los jesuitas y la abolición del diezmo y otras medidas relativas a la política eclesiástica, provocaron el estallido de una revolución, esta vez a iniciativa de los conservadores y una vez más con Pasto como foco, revolución que, sin embargo, logró reprimirse al cabo de unos tres meses. Asegurada su victoria, el partido liberal empezó a dividirse, por cuanto los radicales o gólgotas se separaron del núcleo liberal, cuyo gobierno se había tornado militar en alto grado. Muy lejos desde luego de compartir sus principios, a los separatistas se les unieron los conservadores por ningún otro motivo distinto de su odio a los liberales antiguos. Así unidos, los partidos impusieron en 1853 una constitución nueva, que aumentó el número de provincias de 13 a 33, concediéndoles a la vez más independencia, suspendió todo prerrequisito para ejercer un cargo público, otorgó libertad absoluta de prensa y dispuso la separación total de los poderes civil y eclesiástico. Adversario como era de tal constitución, el nuevo presidente, Obando, no obstante no tuvo más remedio que sancionarla. Enfrentados los partidos con máxima exasperación, la tensión había llegado a un punto tal que el general Melo, convencido de poder arriesgarse impunemente, provocó una sublevación militar para constituirse en dictador (1854). Pero corta habría de ser la duración de su aparente grandeza, por cuanto al medio año de lucha con suerte variada, los generales Herrera, Herrán y Mosquera lograron sofocar la rebelión. A Obando, acusado de haber participado en la conspiración, le sucedió Mallarino como presidente (1855), bajo cuya administración se inició la disolución de la República de Nueva Granada. 

http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/historia/viaand/viaand41.htm

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