El poder oculto de la masonería capítulo primero la masoneríA: enemiga de la iglesia






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La Revolución Francesa”, afirma que:

“El avituallamiento de los Ejércitos republicanos se realizaba por los israelitas Bidermann, Max Beer, Moselmann y otros, y esto dio lugar a las quejas formuladas por el comandante Bernanville, del Ejército del Mosela, porque se le enviaban para las tropas calzados de adolescente con suela de cartón, medias de niño y lonas para tienda completamente podridas” (39).

Capefigue, en su obra “Las grandes operaciones financieras”, dice que:

“En cuanto fueron abolidas las leyes que restringían los derechos de los judíos gracias a la intervención del abate Gregoire, de Mirabeau, Robespierre y otros (esto lo hacen el primer día todos los Gobiernos revolucionarios), y `en cuanto prevalecieron las ideas de 1789, descargó sobre Francia una verdadera nube de extranjeros, especialmente judíos de las orillas del Rhin´ (40). Entonces fue cuando aparecieron en la arena política los Klotz, los Benjamin Veitel Ephraim, los Etta Palm, etc. `El Mesías ha venido para nosotros el 28 de febrero de 1790 con los Derechos del Hombre´ (41), escribía el judío Cahen, y, en efecto, la concesión a los judíos de todos los derechos de ciudadanía fue una de las grandes victorias de Israel”.

Dice el historiador israelita Bédarride:

“La revolución de 1830 no ha hecho sino consagrar estos felices resultados. Cuando en 1848 la soberanía del pueblo alcanzó sus últimos límites surgieron nombres israelitas en las más altas regiones del poder” (42). Estos elegidos, estos representantes del pueblo ostentaban apellidos tan franceses como los de Fould, Cerfbeer, Crémieux, etc.

Pero no fue sólo en Francia donde la judería desempeñó un papel preponderante en los movimientos revolucionarios. El culto escritor francés R. Lambelin afirma: “El movimiento revolucionario que agitó la Europa central en 1848, fue preparado y sostenido por los judíos” (43), así lo demuestran numerosos hechos y documentos.

“Entre los autores de la revolución de 1870 y entre los miembros de la Commune, aparecen igualmente los judíos representados por Ravel Isaac Calmer, Jacob Pereyra y otros. El autor precitado señala la presencia de 18 judíos entre los principales miembros de la Commune” (44).

Asegurando el escritor francés Drumont, que durante el incendio de París en 1871 los incendiarios dejaron intactos los 150 edificios que pertenecían a la familia Rothschild.

Continuando el estudio de estos movimientos en Europa, volvemos a encontrar a los judíos: el poeta Heine, Carlos Marx, Lasalle y otros muchos.

Drumont escribe:

“Para destruir la antigua sociedad que lo repelía, el judío ha sabido colocarse a la cabeza de la acción democrática. Los Carlos Marx, los Lasalle, los principales nihilistas, todos los jefes de la revolución cosmopolita son judíos. de este modo imprimen los judíos al movimiento la dirección que le conviene” (45).

Y el escritor francés, Mauruce Fara, dice:

“No olvidemos que los fundadores de la Internacional en 1864 fueron los judíos Marx, Neumeier, Fribourg, James Cohen, Lasalle, Aaron, Adler, Franckel y, el único no judío (¿), Compers”.

“Para dirigir el movimiento revolucionario se fundó en Francia el tan conocido diario `L´Humanité´. Para ello se abrió una suscripción que proporcionó la suma de 780.000 francos. Citaremos entre los doce donantes que `por casualidad´ eran todos judíos: Levy Brul, Levy Bram, A. Dreyfus, L. Dreyfus, Herr, Eli Rodríguez, León Picard, Blum, Rouff, Kasevitz, Salomón Reinach y Sachs” (46).

Después de leído lo que procede no puede causar extrañeza que en el sínodo judío de Leipzig del 29 de junio de 1869 se aprobara la siguiente moción:

“El Sínodo reconoce que el desarrollo y la realización de los principios modernos (léase revolucionarios) son las más firmes garantías para el presente y el porvenir del judaísmo y de sus miembros. Son las condiciones más enérgicamente vitales para la existencia expansiva y el mayor desarrollo del judaísmo” (47).

“En muchos aspectos la revolución no ha sido sino una aplicación del ideal que `Israel había traído al mundo´ “ (48) según escribe Leroy Beaulieu, autor nada tachado de antisemitismo. Es preciso darle la razón porque no se puede negar la importancia de la intervención judía en la obra revolucionaria.

 

ORGANIZACIÓN DE LA SOCIEDAD DE LAS NACIONES.

 

El citado investigador Maurice Fara, afirma que:

“Hemos visto a la Sociedad de las Naciones fundada y sostenida por las mismas fuerzas ocultas que nos encontramos siempre que se trata de destruir; hoy en día la masonería, sus auxiliares, los partidos de izquierda y, detrás de todos, la judería, tratan de exterminar el sentimiento nacional y el principio de soberanía de los estados por la creación de un super-gobierno internacional, y al mismo tiempo de desmoralizar a los pueblos con una propaganda antimilitarista y pacifista. Perdido el sentimiento nacional, esos pueblos estarán completamente desarmados frente a esta fuerza oculta y sagaz que pudiéramos llamar el imperialismo judeo-masónico”.

“La Sociedad de las Naciones fue inaugurada el 10 de enero de 1920; los estatutos elaborados en las Asambleas masónicas fueron muy poco modificados...” (49).

Y en una nota del traductor argentino, a la citada página 115 de la obra de Maurice Fara, se lee lo siguiente:

“El H. Eugenio Berteaux ha propuesto recientemente a la Gran Logia de Francia que se derogue el artículo 17 de la Constitución de dicha Gran Logia, que prescribe a todos sus adeptos que se sometan a la `legislación del país en que tengan facultad de reunirse libremente, y que se hallen dispuestos a todos los sacrificios que su patria les exija´, porque `conforme a los principios de una moral universal, todo franc-masón es por definición, un hombre esencialmente libre, que no depende sino de su conciencia´, y `nuestra conciencia masónica no puede exigir imperativamente a sus adeptos que estén dispuestos a todos los sacrificios que la Patria les exija´. La derogación que propone redundará `en beneficio de la salvaguardia de las conciencias individuales, entendiéndose que, en caso de reproducirse conflictos trágicos, esas conciencias individuales obedecerán o no, bajo su propia responsabilidad, a los llamamientos de su sensibilidad, de su razón y de su fe en la Verdad Suprema´ “ (50).

 

LA ACCIÓN JUDÍA Y MASÓNICA FRENTE AL CRISTIANISMO

 

El Eminentísimo Cardenal Caro, nos asegura, a este respecto, que:

 

“Es indudable que la acción de la masonería contra la Iglesia Católica no es más que la continuación de la guerra a Cristo practicada por el Judaísmo desde hace más 1900 años, eso sí que acomodada, mediante el secreto, el engaño y la hipocresía, a las circunstancias en que tiene que hacerla...”

“No olvidemos que el Judaísmo rabínico es el declarado e implacable enemigo del Cristianismo, dice Webster. El odio al Cristianismo y a la persona de Cristo no es cosa de historia remota ni puede mirarse como el resultado de persecución: forma una parte íntegra de la tradición rabínica originada antes de que tuviera lugar cualquiera persecución de los judíos por los cristianos, y ha continuado en nuestro país mucho después de que esa persecución ha terminado...” (51).

Por su parte, el “The British Guardian” (13 Marzo 1925), hace esta afirmación: “...la Iglesia Cristiana es atacada hoy como no lo ha sido jamás durante siglos, y este ataque es casi exclusivamente la obra de los judíos” (52).

Añade el Excmo. Mons. Cardenal José Mª Caro:

“Por lo demás, las relaciones de la Masonería o del Judaísmo perseguidor de la Iglesia Católica y, según los casos, de todo el Cristianismo, con el Bolchevismo y Comunismo, en Méjico, en Rusia, en Hungría y con la amenaza de hacerlo en todas partes, es cosa pública, como lo es la relación del Judaísmo con la Masonería” (53).

 

 

 

 

NOTAS:

 

[1] León XIII, Carta Encíclica Humanum Genus, abril 20 de 1884.

[2] Pablo Rosen, Satán y Cía. Buenos Aires, 1947. p. 219.

[3] Adolphe Ricoux, L´existence des loges de femmes (La existencia de logias femeninas). París: Téqui, 1891. pp. 78-95.

[4] Monseñor León Meurin, S.J. Arzobispo Obispo de Port-Louis, Simbolismo de la masonería. Madrid: Editorial Nos, 1957. pp. 201-202.

[5] “Revue Internationale des Sociétés Secrètés” (RISS). París, 1913, no. 2, p. 58

[6] Albert Pike, La moral y el dogma en el rito escocés. Anno mundi 5641 (1881).

[7] Maurice Fara, La masonería en descubierto. Buenos Aires: La hoja de roble, 1960. p. 23.

[8] Rabino Benamozegh, Israel y la humanidad. París, 1914. p. 71.

[9] Gougenot des Mousseaux, Le juif, le judaïsme et la judaïsation des peuples chrétiene (El judío, el judaísmo y la judaización de los pueblos cristianos). París, 1869. pp. 338-339.

[10] León de Poncins, Les forces secrètes de la Revolution (Las fuerzas secretas de la revolución), pp. 139-140 de la edición francesa.

[11] “Revue Internationale des Siciétés Secrètes” (R.I.S.S.), 1926, no. 8, p. 269.

[12] “Archivos Israelitas”, 1864, p. 335.

[13] “Almanaque de los franc-masones”. Leipzig, 1884.

[14] “Les cahiers de l´ordre”, 1926, no. 3-4, p. 22.

[15] “Les cahiers de l´ordre”, 1926, no. 3-4, p. 23.

[16] Maurice Fara, obra citada, p. 111. (A cuya diligencia debemos los datos anteriores sobre la Sociedad de las Naciones).

[17] José María Cardenal Caro R., Arzobispo de Santiago, Primado de Chile, El misterio de la masonería. 2ª ed. Buenos Aires: Editorial Difusión, 1954, p. 258. (Col. Hoy, no. 49).

[18] Monseñor León Meurin, S.J., Arzobispo Obispo de Port-Louis. Filosofía de la masonería. Madrid: Editorial Nos, 1957. pp. 30, 211-212.

[19] Monseñor León Meurin, S.J., Arzobispo Obispo de Port-Louis. Filosofía de la masonería. Madrid: Editorial Nos, 1957, p. 212.

[20] Monseñor León Meurin, S. J., Arzobispo Obispo de Port-Louis. Filosofía de la masonería. Madrid: Editorial Nos, 1957, pp. 41-42.

[21] Monseñor León Meurin, S.J., Arzobispo Obispo de Port-Louis, Simbolismo de la masonería. Madrid: Editorial Nos, 1957. p. 34.

[22] José María Cardenal Caro R., Arzobispo de Santiago, Primado de Chile, obra citada, pp. 263, 265-266.

[23] Jewish Encyclopedia. New York: Funk and Wagnalis Company, 1903. Vol. V, p. 504.

[24] José María Cardenal Caro R., Arzobispo de Santiago, Primado de Chile, obra citada, pp. 190-191.

[25] José María Cardenal Caro R., Arzobispo de Santiago, Primado de Chile, obra citada, pp. 190-191, 193-201.

[26] Monseñor León Meurin, S. J., Arzobispo Obispo de Port-Louis, Filosofía de la masonería. Madrid: Editorial Nos, 1957. pp. 212-215, 217-218.

[27] Von Haugwitz, Memorias.

[28] Declaración del P. Abel en “La nueva prensa libre”. Viena, 1898.

[29] Barruel, Mémoires pour servir a l´histoire du Jacobinisme. (Memorias para historia del jacobinismo). Citado por Maurice Fara, obra citada, p. 62.

[30] P. Deschamps, Cardenal Mathieu, Monseñor Besson y otros.

[31] “Cadena de Unión” de julio de 1882. Citado por Maurice Fara en “La masonería en descubierto”, p. 63.

[32] “Memoria de la Asamblea General del G. O. de Francia”, 1913. p. 337. Citado por Maurice Fara, obra citada, pp. 63-64.

[33] “Memoria del congreso masónico internacional de Bruselas de 1910”, p. 124.

[34] “Boletín oficial del G. O. de Francia”, oct., 1922. p. 281.

[35] León Halevy, Resumen de la historia de los judíos.

[36] R. Lambelin, Las victorias de Israel, p. 44.

[37] León Kahn, Los judíos de París durante la revolución. Citado por Maurice Fara, obra citada, pp. 82-83.

[38] Maurice Fara, obra citada, p. 83, nota n. 28 del traductor.

[39] P. Gaxotte, La revolución francesa, pp. 279-280.

[40] Capefigue, Histoire des grandes opérationes financières (Historia de las grandes operaciones financieras).

[41] “Archivos Israelitas”, 1847. Vol. VIII, p. 801.

[42] Bédarride, Les juifs en la France, l´Italie et l´Espagne (Los judíos en Francia, Italia y España), pp. 428-430.

[43] R. Lambelin, obra citada, p. 62.

[44] R. Lambelin, obra citada, p. 10.

[45] Edouard Drumont, La France juive (La Francia judía). París, 1888.

[46] Maurice Fara, obra citada, p. 85.

[47] Gougenot des Mousseaux, obra citada, p. 332.

[48] Leroy Beaulieu, Israel entre las naciones, p. 66.

[49] Maurice Fara, obra citada, p. 115.

[50] Maurice Fara, obra citada, p. 115, nota del traductor.

[51] José Mª Caro R., Arzobispo de Santiago, Primado de Chile, obra citada, p. 267.

[52] “Revue Internationale des Societés Secrètes” (R.I.S.S.), 1925, p. 430.

[53] José Mª Cardenal Caro, Arzobispo de Santiago, Primado de Chile, obra citada, pp. 267-268.
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