Plan Provincial de Lectura Día de la memoria por la Verdad y la Justicia






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fecha de publicación08.06.2015
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Plan Provincial de Lectura - Día de la memoria por la Verdad y la Justicia

2013


Estimados colegas:

El Plan Provincial de lectura forma parte de una política pública nacional que busca provocar transformaciones en las formas de leer en las escuelas y en la comunidad por intermedio del Plan Provincial se:


  • Plantea la lectura como eje que atraviesa el conjunto de la tarea escolar y la propone como práctica cotidiana en todas las escuelas y espacios educativos- formales y no formales- con el objetivo de ampliar la comunidad de lectores.

  • Apuesta a iniciar, motivar y fortalecer la experiencia como lectores a los niños, jóvenes y adultos, para que puedan reconocerse como personas activas y curiosas frente a los libros, el arte y la realidad, y que tomen la palabra para construir y participar en una sociedad más justa.

  • Organiza diferentes intervenciones que apuntan a la formación y capacitación de actores sociales (maestros, profesores y bibliotecarios…) y al intercambio de experiencias con la lectura y con los lectores.

  • Favorece la creación y el desarrollo de iniciativas autónomas de promoción de la lectura en la comunidad.



A través de este material queremos acompañarlos y sumarnos a las diversas actividades que vienen realizando en el aula. En esta oportunidad con una propuesta que nos da la valiosa ocasión para habilitar un espacio de reflexión y de recuperación de la memoria del pasado reciente
Introducción

Desde el año 2003, el Ministerio de Educación viene desarrollando una política educativa de memoria cuyo objetivo principal es acompañar y facilitar la tarea de enseñar en las escuelas estos temas tan complejos como dolorosos. Esta política inscribe sus acciones en el marco general de la Ley Nacional de Educación N° 26.206 que en su artículo 3° señala: “La educación es una prioridad nacional y se constituye como política de Estado para construir una sociedad justa, reafirmar la soberanía e identidad nacional, profundizar el ejercicio de la ciudadanía democrática, respetar los Derechos Humanos y libertades fundamentales y fortalecer el desarrollo económico-social de la Nación”.

El 24 de marzo, Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia, se instituyó desde el 2006, lo que implica que esté incorporado al calendario escolar.

Las efemérides pueden ser meras formalidades pero también instancias de conmemoración y reflexión y, por lo tanto, un espacio privilegiado para el ejercicio de la memoria. Siempre que recordamos lo hacemos desde el presente y en un contexto determinado. Existen tiempos y espacios oportunos para el recuerdo.

La memoria es, en este sentido, una forma de recuerdo social que se pregunta qué, cómo y para qué recordar.

La escuela es, sin dudas, un espacio propicio para ejercer esta forma del recuerdo y a través de ella reflexionar sobre el pasado colectivo.
Algunas personas piensan que de las cosas malas y tristes es mejor olvidarse. Otras personas creemos que recordar es bueno; que hay cosas malas y tristes que no van a volver a suceder precisamente por eso, porque nos acordamos de ellas, porque no las echamos fuera de nuestra memoria”.

Graciela Montes, El golpe y los chicos.
Para formar ciudadanos capaces de defender sus derechos y de respetar el derecho de los otros, es necesario brindar a los niños oportunidades para que los conozcan y puedan ir comprendiendo que en otro momento de la historia, todos estos derechos fueron avasallados por una dictadura cívico-militar.

Cuando esta enseñanza es para niños es más difícil aún, pero a pesar de las dificultades, se debe asumir este desafío como ciudadanos, como docentes responsables y comprometidos en sostener la defensa plena de todos nuestros derechos si es que pretendemos construir una sociedad con verdad y justicia para todos.
Memoria – Literatura- Cultura-Censura

Uno de los hechos sucedidos durante la última dictadura cívico-militar fue la censura de libros, de autores y de editoriales, que afectó directamente a las instituciones educativas impidiendo la posibilidad real de formar lectores críticos, (en 1978, un decreto prohibió la circulación de La Torre de cubos, de Laura Devetach). La pérdida de derechos de la ciudadanía incluyó también la de no poder elegir qué leer.
La literatura abre un abanico de propuestas a ofrecer en el Jardín y en la Escuela para traer la memoria de ese pasado a las aulas y a las instituciones. Leer cuentos prohibidos en el pasado, intercambiar opiniones sobre lo que cuenta la historia y las razones por las cuales pudieron haberlos prohibido, son algunas de ellas.

El proyecto de la dictadura de disciplinamiento y control de la población no se limitó a la persecución, represión y desaparición de personas. También abarcó a la cultura en todas sus formas.

Uno de los modos en que los militares buscaban controlar las maneras de pensar y sentir de los ciudadanos era la censura. Aparecieron las famosas “listas negras”1, donde se prohibieron libros, canciones, películas, revistas, etc. y se persiguió a escritores, artistas, educadores, poetas, periodistas e intelectuales en general.

Diversas investigaciones han dado cuenta que la dictadura tuvo una política cultural de alcance nacional: una verdadera estrategia de control, censura, represión y producción cultural, educativa y comunicacional, cuidadosamente planificada. La cultura y la educación eran consideradas por los dictadores como un “campo de batalla” contra la subversión 2. Frente a esta política represiva en el plano cultural muchas personas tuvieron que exiliarse y muchas otras se escondieron.

También, en el ámbito privado, fueron quemadas aquellas obras de la cultura (libros, revistas, afiches) que pudieran parecer sospechosas o ser calificadas como “subversivas” por los militares. Otros resistieron como pudieron desde sus espacios de trabajo o juntándose con aquellos que no se resignaban a dejar de compartir sus ideas y sueños. Muchos optaron por recluirse y exiliarse internamente (sin irse del país dejaron de hacer las actividades que hacían cotidianamente por temor).

1 Se trata de una lista de personas, instituciones u objetos que deben ser discriminados en alguna forma con respecto a los que no están en la lista. La discriminación puede ser social, técnica o de alguna otra forma. Durante la dictadura se confeccionaba este tipo de listas para perseguir ilegalmente a las personas.

2 Para mayor información puede consultarse el documento “Subversión en el ámbito educativo (conozcamos a nuestro enemigo)” editado por el Ministerio de Educación en el año 1977: http://www.bnm.me.gov.ar/giga1/normas/11997.pdf

LAS VOCES EN EL SILENCIO

Otoño 1976
El 24 de marzo de 1976, comenzó un proceso de silenciamiento en nuestro país con el golpe de estado que derrocó de la presidencia de la Nación a María Estela Martínez de Perón y designó como presidente al General Jorge Rafael Videla. A partir de ese día empezó lo que los militares desde el poder llamaron "Proceso de Reorganización Nacional" y que hoy reconocemos como la dictadura más sangrienta que vivió el pueblo argentino y que se caracterizó por el uso de la violencia ejercida desde el Estado.

Ese día la Junta de Comandantes en Jefe usurpó el gobierno constitucional por medio de un golpe de Estado e instaló el terrorismo de Estado como mecanismo generalizado y sistemático de represión de la sociedad.

El terrorismo de Estado consiste en la utilización por parte de un Gobierno de métodos ilegítimos orientados a inducir el miedo en una población civil determinada, para alcanzar sus objetivos sociales, políticos o militares, o fomentar comportamientos que de otra forma no se producirían.

“Esta clase de terrorismo no es de manera alguna equiparable al terrorismo ejercido por personas o grupos (...) La razón es muy sencilla: si soy agredido en mis derechos, libertades o propiedad por otro individuo o por un grupo, siempre me asiste el recurso de acudir a las fuerzas públicas de que dispone mi Estado para mi defensa. Por el contrario, si la agresión parte de las mismas fuerzas públicas, entonces mi estado de indefensión es absoluto, puesto que no existen instancias superiores para mi resguardo dentro del Estado. De ahí que el grado de criminalidad que importa este terrorismo sea mucho mayor que el que pudiera ejercer grupo alguno”3

Hubo una continuidad entre la violencia represiva de los años previos al golpe de 1976 y la que desplegó la Dictadura Militar. Sin embargo, si bien la represión clandestina y paraestatal se había desarrollado en la Argentina como una política desde mediados de la década de 1950 –siguiendo los lineamientos de la “Doctrina de Seguridad Nacional”–, la Dictadura Militar produjo un salto en la escala y magnitud de la represión. Las acciones de secuestro y asesinato realizadas por la Triple A y los primeros campos clandestinos instalados en la provincia de Tucumán, en el marco de la lucha armada contra la guerrilla, dieron paso a un plan sistemático que puso los recursos del Estado al servicio de un mecanismo represivo cuya principal característica fue la clandestinidad.

El objetivo más amplio y no explícito buscado por los golpistas y por quienes los apoyaban, fue el de reestructurar social y económicamente el país, para lo cual necesitaban disciplinar y someter a distintos sectores de la sociedad.

El método seguido por la dictadura militar para lograr esos objetivos fue el de la represión cuidadosamente planificada y sistematizada (como probó el Juicio a las Juntas de 1985 y la CONADEP creada durante el gobierno de Raúl Alfonsín) que se desarrolló en forma clandestina e ilegal. Había un estado terrorista paralelo oculto funcionando junto con las instituciones más "visibles" y tradicionales de la sociedad argentina.

Se trató, en realidad, de una acción terrorista planificada desde el Estado, consistente en: el secuestro, la tortura, la desaparición y la ejecución de personas que de alguna manera mostraban su desacuerdo con la ideología gubernamental o que los militares pensaban que podrían llegar a estar en desacuerdo, extendiendo esta sospecha a toda persona relacionada de cualquier manera con un secuestrado. El destino primero del secuestrado era la tortura, que se llevaba a cabo en alguno de los más de trescientos sesenta y cinco centros clandestinos de detención que funcionaron en esos años. La administración y control de este número de centros da idea de la complejidad de este plan y de la cantidad de personas involucradas en su funcionamiento.
Quienes sobrevivían a la tortura prolongada y sistemática, eran en su mayo ría “trasladados”. El “traslado” significaba el asesinato de la persona secuestrada y era decidido en el más alto nivel operacional.

Pese a que la Junta Militar estableció la pena de muerte, nunca la aplicó, y todas estas ejecuciones fueron clandestinas. En la mayoría de los casos los cadáveres se ocultaban, enterrados en cementerios como N.N. o quemados en fosas comunes.

Incluso, muchas víctimas fueron arrojadas vivas al mar con bloques de cemento atados a sus cuerpos, luego de ser adormecidas con una inyección. De este modo, todas estas personas empezaron a recibir el nombre de 'desaparecidos'.

Las personas víctimas de la represión se esfumaban, desaparecían de sus casas y de todos los lugares que solían frecuentar sin aviso y con un rastro de violencia. En tanto ilegales, el Estado no reconocía abiertamente haber hecho estas detenciones.

Estas personas pasaban a una categoría indefinida: no se los encontraba, a veces alguien había visto que se los llevaban, no se sabía precisamente quiénes, nadie reconocía la detención. Pero tampoco aparecían muertos. Habían desaparecido.

El origen del término “desaparecidos” lo da el represor y genocida Jorge Rafael Videla cuando en 1978 y frente a las cámaras de televisión declara impunemente: ”...no están ni vivos ni muertos, están desaparecidos..."

Las desapariciones fueron muchas pero el plan apuntaba a aterrorizar al conjunto de la sociedad, indefensa ante el Estado aterrorizador que se impuso la cultura del miedo.

Con dicha práctica de “desaparición forzada de personas” y con la institucionalización de campos de concentración y exterminio, quedó organizada una modalidad represiva del poder. Esta modalidad implantó, mediante la violencia y la propaganda grandilocuente, el terror y la parálisis. El trauma vivido afectó a toda la comunidad convirtiéndose, así, en trauma histórico.2

Hubo miles de desaparecidos: la CONADEP constató en 1984 más de 9.000 casos. Los organismos de Derechos Humanos corroboraron más de 30.000. La desaparición forzada de personas afectó a hombres y mujeres de diferentes sectores sociales de la población, de distintas edades y de todo el país.

3 Caiati, M. y Frontalini, D, El mito de la guerra sucia, CELS, 1984

Esta propuesta tiene como propósito:

-Rescatar la historia y la memoria responsable, para recuperar ese bagaje cultural que fue negado a los niños y maestros de esa época.

- Que los niños de hoy ejerzan ese derecho como lectores y a través de la lectura se pueda poner en discusión en qué partes las palabras dicen algo sobre los derechos.
OBRAS LITERARIAS Y ACTIVIDADES SUGERIDAS.
- El pueblo que no quería ser gris, de Beatriz Doumerc y Ayax Barnes:(rebelión del pueblo ante un rey dictador).
-Un elefante ocupa mucho espacio, de Elsa Bornemann:(huelga de los animales).

-La caída de Porquesí, el malvado emperador, de Silvia Schujer:(el accionar de personajes autoritarios/la reacción de campesinos).
En cualquiera de estas tres obras se puede reflexionar sobre el accionar del personaje (rey-domador) y sobre los sentimientos de los otros personajes (animales-pueblo) que pueden estar reflejados en algunas partes del texto.

Son historias donde las palabras dejan huellas claras de relaciones desiguales entre mandados y mandatarios, entre pueblo y gobernantes, la pregunta:

¿Por qué les parece que fue prohibido? Puede hacer que los niños encuentren fácilmente varios indicios en el texto para justificar la respuesta.

- La planta de Bartolo, de Laura Devetach: (sobre el derecho a la igualdad- todos tengan cuadernos)

¿Qué opinan de lo que hacía Bartolo?, ¿Qué les parece que quería Bartolo cuando dijo en esta parte…”-¡Ahora, todos los chicos tendrán cuadernos!”?, ¿Qué les hace pensar? ¿Les parece que por decir eso, el cuento pudo haberse prohibido?
-El caso Gaspar, de Elsa Bornemann. (Afiche)
Les proponemos abordar el tema de la censura cultural y las prohibiciones durante la dictadura a partir del cuento «Caso Gaspar».

Nuestra intención es ligar el problema de la censura cultural con cuestiones como la intolerancia a la diferencia y la imposición de ciertos valores como los únicos aceptables. Al mismo tiempo, nos preguntamos cómo pensar lo prohibido y lo permitido, lo considerado correcto y lo que transgrede la norma, habilitando la reflexión sobre aquello que no se pregunta y no se cuestiona.

Es probable que surja en el aula la reflexión acerca de que Gaspar estaba haciendo algo fuera de lo común. A partir de esto, se pueden plantear alguna de las siguientes preguntas que, seguramente, dispararán nuevos debates:
Con los más chicos:
- ¿Por qué piensan que Gaspar no pudo vender ningún mantel cuando salió con su valija caminando con las manos?

- ¿Quiénes son diferentes en la imagen del afiche? ¿Por qué? ¿Qué nos pasa cuando vemos a alguien que es diferente?
Con los más grandes:
- ¿Por qué los otros personajes (la vecina, los posibles compradores, los transeúntes, los vigilantes) desconfían de Gaspar?
Algunos títulos prohibidos durante la última dictadura.
-La torre de cubos, Laura Devetach.

-Cinco dedos, libro infantil escrito en Berlín Occidental

-El pueblo que no quería ser gris, de Doumerc y Barnes.

-La ultrabomba, de Mario Lodi.

-Niños de hoy, Nuestros muchachos y El amor sigue siendo niño, Álvaro Yunque.

- Mi amigo el Pespir y Cinco patas, José Murillo.

- Cuentos para chicos traviesos, Jacques Prévert.

- El nacimiento, los niños y el amor, Agnes Rosenthal.

- El Principito, Antonie de Saint Exupery

- La línea, Doumercy Barnes.

Material para descargar.
En la siguiente página www.planlectura.educ.ar/ podrán encontrar “MEMORIA en palabras”, con 10 libros digitalizados de autores argentinos.

Memoria en palabras intenta sembrar cuentos, relatos, historias tejidas con tinta: quizás así germine un jardín entre tanta oscuridad.
Caso Gaspar Afiche.

portal.educacion.gov.ar/secundaria/files/2010/08/afiche-1-frente.pdf

CUENTOS PARA COMPARTIR
LA PLANTA DE BARTOLO, de Laura Devetach

El buen Bartolo sembró un día un hermoso cuaderno en un macetón. Lo regó, lo puso al calor del sol, y cuando menos lo esperaba, ¡trácate!, brotó una planta tiernita con hojas de todos colores.

Pronto la plantita comenzó a dar cuadernos. Eran cuadernos hermosísimos, como esos que gustan a los chicos. De tapas duras con muchas hojas muy blancas que invitaban a hacer sumas y restas y dibujitos.

Bartolo palmoteó siete veces de contento y dijo:

—Ahora, ¡todos los chicos tendrán cuadernos!

¡Pobrecitos los chicos del pueblo! Estaban tan caros los cuadernos que las mamás, en lugar de alegrarse porque escribían mucho y los iban terminando, se enojaban y les decían:

— ¡Ya terminaste otro cuaderno! ¡Con lo que valen!

Y los pobres chicos no sabían qué hacer.

Bartolo salió a la calle y haciendo bocina con sus enormes manos de tierra gritó:

— ¡Chicos!, ¡tengo cuadernos, cuadernos lindos para todos! ¡El que quiera cuadernos nuevos que venga a ver mi planta de cuadernos!

Una bandada de parloteos y murmullos llenó inmediatamente la casita del buen Bartolo y todos los chicos salieron brincando con un cuaderno nuevo debajo del brazo.

Y así pasó que cada vez que acababan uno, Bartolo les daba otro y ello escribían y aprendían con muchísimo gusto.

Pero, una piedra muy dura vino a caer en medio de la felicidad de Bartolo y los chicos. El Vendedor de Cuadernos se enojó como no sé qué.

Un día, fumando su largo cigarro, fue caminando pesadamente hasta la casa de Bartolo. Golpeó la puerta con sus manos llenas de anillos de oro: ¡Toco toc! ¡Toco toc!

—Bartolo —le dijo con falsa sonrisa atabacada—, vengo a comprarte tu planta de hacer cuadernos. Te daré por ella un tren lleno de chocolate y un millón de pelotitas de colores.

—No —dijo Bartolo mientras comía un rico pedacito de pan.

— ¿No? Te daré entonces una bicicleta de oro y doscientos arbolitos de navidad.

—No.

—Un circo con seis payasos, una plaza llena de hamacas y toboganes.

—No.

—Una ciudad llena de caramelos con la luna de naranja.

—No.

— ¿Qué querés entonces por tu planta de cuadernos?

—Nada. No la vendo.

— ¿Por qué sos así conmigo?

—Porque los cuadernos no son para vender sino para que los chicos trabajen tranquilos.

—Te nombraré Gran Vendedor de Lápices y serás tan rico como yo.

—No.

—Pues entonces —rugió con su gran boca negra de horno—, ¡te quitaré la planta de cuadernos! —y se fue echando humo como la locomotora.

Al rato volvió con los soldaditos azules de la policía.

— ¡Sáquenle la planta de cuadernos! —ordenó.

Los soldaditos azules iban a obedecerle cuando llegaron todos los chicos silbando y gritando, y también llegaron los pajaritos y los conejitos.

Todos rodearon con grandes risas al vendedor de cuadernos y cantaron "arroz con leche", mientras los pajaritos y los conejitos le desprendían los tiradores y le sacaban los pantalones.

Tanto y tanto se rieron los chicos al ver al Vendedor con sus calzoncillos colorados, gritando como un loco, que tuvieron que sentarse a descansar.

— ¡Buen negocio en otra parte! —gritó Bartolo secándose los ojos, mientras el Vendedor, tan colorado como sus calzoncillos, se iba a la carrera hacia el lugar solitario donde los vientos van a dormir cuando no trabajan.



UN ELEFANTE OCUPA MUCHO ESPACIO, de Elsa Bornemann.

Que un elefante ocupa mucho espacio lo sabemos todos. Pero que Víctor, un elefante de circo, se decidió una vez a pensar “en elefante”, esto es, a tener una idea tan enorme como su cuerpo... ah... eso algunos no lo saben, y por eso se los cuento: Verano. Los domadores dormían en sus carromatos, alineados a un costado de la gran carpa. Los animales velaban desconcertados. No era para menos: cinco minutos antes el loro había volado de jaula en jaula comunicándoles la inquietante noticia. El elefante había declarado huelga general y proponía que ninguno actuara en la función del día siguiente.

-¿Te has vuelto loco, Víctor?- le preguntó el león, asomando el hocico por entre los barrotes de su jaula.

-¿Cómo te atreves a ordenar algo semejante sin haberme consultado? ¡El rey de los animales soy yo! La risita del elefante se desparramó como papel picado en la oscuridad de la noche:

-Ja. El rey de los animales es el hombre, compañero. Y sobre todo aquí, tan lejos de nuestras selvas...

-¿De qué te quejas, Victor?- interrumpió un osito, gritando desde su encierro.

¿No son acaso los hombres los que nos dan techo y comida?

-Tú has nacido bajo la lona del circo... -le contestó Víctor dulcemente. La esposa del criador te crió con mamadera... Solamente conoces el país de los hombres y no puedes entender, aún, la alegría de la libertad...

-¿Se puede saber para qué hacemos huelga? gruñó la foca, coleteando nerviosa de aquí para allá.

- ¡Al fin una buena pregunta! -exclamó Víctor, entusiasmado, y ahí nomás les explicó a sus compañeros que ellos eran presos... que trabajaban para que el dueño del circo se llenara los bolsillos de dinero... que eran obligados a ejecutar ridículas pruebas para divertir a la gente... que se los forzaba a imitar a los hombres... que no debían soportar más humillaciones y que patatín y que patatán. (Y que patatín fue el consejo de hacer entender a los hombres que los animales querían volver a ser libres... Y que patatán fue la orden de huelga general... )

- Bah... Pamplinas... -se burló el león- ¿cómo piensas comunicarte con los hombres? ¿Acaso alguno de nosotros habla su idioma?

- Sí -aseguró Víctor. El loro será nuestro intérprete -y enroscando la trompa en los barrotes de su jaula, los dobló sin dificultad y salió afuera. Enseguida, abrió una tras otra las jaulas de sus compañeros. Al rato, todos retozaban en los carromatos ¡hasta el león!

Los primeros rayos de sol picaban como abejas zumbadoras sobre las pieles de los animales cuando el dueño del circo se desperezó ante la ventana de su casa rodante. El calor parecía cortar el aire en infinidad de líneas anaranjadas... (los animales nunca supieron que fue por eso que el dueño del circo pidió socorro y después se desmayó, apenas pisó el césped...)

De inmediato los domadores aparecieron en su auxilio:

- Los animales están sueltos- gritaron a coro, antes de correr en busca de sus látigos-

- ¡Pues ahora los usarán para espantarnos las moscas!- les comunicó el loro no bien los domadores los rodearon, dispuestos a encerrarlos nuevamente.

- ¡Ya no vamos a trabajar en el circo! ¡Huelga general, decretada por nuestro delegado, el elefante!

- ¿Qué disparate es este? ¡A las jaulas -y los látigos silbadores ondularon amenazadoramente.

- ¡Ustedes a las jaulas! -gruñeron los orangutanes. Y allí mismo se lanzaron sobre ellos y los encerraron.

Pataleando furioso, el dueño del circo fue el que más resistencia opuso. Por fin, también él miraba correr el tiempo detrás de los barrotes.

La gente que esa tarde se aglomeró delante de las boleterías, las encontró cerradas por grandes carteles que anunciaron: CIRCO TOMADO POR LOS TRABAJADORES. HUELGA GENERAL DE ANIMALES.

Entretanto, Víctor y sus compañeros trataban de adiestrar a los hombres:

- ¡Caminen en cuatro patas y luego salten a través de estos aros de fuego!

¡Mantengan el equilibrio apoyados sobre sus cabezas!

- ¡No usen las manos para comer! ¡Rebuznen! ¡Maúllen! ¡Ladren! ¡Rujan!

- ¡BASTA, POR FAVOR, BASTA! - gimió el dueño del circo al concluir su vuelta número doscientos alrededor de la carpa, caminando sobre las manos-. ¡Nos damos por vencidos! ¿Qué quieren?

El loro carraspeó, tosió, tomó unos sorbitos de agua y pronunció entonces el discurso que le había enseñado el elefante:

-...Con que esto no, y eso tampoco, y aquello nunca más, y no es justo, y que patatín y que patatán... porque... o nos envían de regreso a nuestras selvas... o inauguramos el primer circo de hombres animalizados, para diversión de todos los gatos y perros del vecindario. He dicho.

Las cámaras de televisión transmitieron un espectáculo insólito aquel fin de semana: en el aeropuerto, cada uno portando su correspondiente pasaje en los dientes (o sujeto en el pico en el caso del loro), todos los animales se ubicaron en orden frente a la puerta de embarque con destino al África.

Claro que el dueño del circo tuvo que contratar dos aviones: en uno viajaron los tigres, el león, los orangutanes, la foca, el osito y el loro. El otro fue totalmente utilizado por Víctor, porque todos sabemos que un elefante ocupa mucho espacio...

La caída de Porquesi, el malvado emperador, de Silvia Graciela Schujer
Hijo de Glotón segundo y nieto de un gran Rey, Porquesí fue el gobernante más temible que hubo en las tierras del país. Apenas asumió el mando, al morir su padre, redactó la primera ordenanza que, en un largo bando, fue leída al pueblo en plaza pública.

“Todo árbol de frutas que crezca en tierras del País -decía la orden- deberá ser entregado de raíz a este gobierno. Firmado: Porquesí.”

Sin protestar -porque nunca lo habían hecho-, los paisanos entregaron sus árboles a las autoridades, dejando sus propios jardines completamente vacíos.

Así fue como al llegar el tiempo de la recolección, el palacio se llenó de incalculables canastos de fruta, con las que el emperador hizo preparar dulces y más dulces. Tantos, que ni al cabo de largos años logró terminar de comer.

Y fue durante esos años que, descuidados y hartos de frutos que nadie podía recolectar, los árboles se enfermaron y murieron, uno a uno, en las tierras del emperador.

Porque sí, entonces, redactó la segunda ordenanza que, en un largo bando fue leída en plaza pública.

“Tras la inesperada muerte de los árboles -decía la orden- y ante la falta de sus frutos, deberán entregar a este gobierno las risas de todos los chicos que habiten el País.”

Desde entonces, en enormes bolsas que eran llevadas al palacio, los chicos depositaban sus sonrisas por obligación.

Con ellas el malvado emperador hacía preparar el dulce más rico del mundo: mermelada de risas. Jalea de carcajadas infantiles, que se convirtieron en el manjar más precioso de su majestad. Era el dulce más dulce que se había conocido.

Fue metido en frascos y vendido a otros monarcas a precios sin igual.

Sin embargo, tanto esplendor no duró mucho: como era de suponer, pasado un tiempo, los chicos del País empezaron a entristecerse, perdiendo poco a poco las ganas de reír.

Hasta que definitivamente dejaron de hacerlo, y la fabricación del sabroso producto llegó a su fin.

Entonces vino la tercera ordenanza que, en un largo bando, fue leída al pueblo en plaza pública.

“Todo chico que no quiera reírse -decía la orden- será severamente castigado por este gobierno.”

Y los fieles seguidores de Porquesí se lanzaron a la persecución. Los chicos trataban de reírse, pero no podían. Aterrorizados por el castigo, imitaban un sonido parecido al de las carcajadas, que los glotones de Porquesí, sin distinguir, cargaban en sus bolsas al palacio.

Con ellas, que eran una mezcla de miedo y de imitación, los dulces que prepararon para el emperador resultaron más amargos que la hiel. Más salados que una lágrima.

-¡Pueblo de traidores! Gritó entonces Porquesí. Y armó un poderoso ejército para saquear nuevos países.

Viendo cómo su gobernante pretendía entristecer a los chicos de todo el mundo, los paisanos se enfurecieron y, por primera vez, decidieron enfrentarlo.

La sola idea de vencer a Porquesí los puso contentísimos. Y sin darse cuenta organizaron un festejo que de pronto coloreó las calles del País.

Como se imaginarán, tanta felicidad despedía un olor exquisito. Atraído por él, Porquesí quiso probar de qué se trataba. Creyó que se daría el mejor de los banquetes. Pero apenas lo intentó un fuerte dolor de estómago lo hizo caer al suelo. Cayó y cayó y cayó. Con tanta fuerza que jamás pudo volver a levantarse.

Y así termina este cuento. Un capítulo que en la historia universal se conoce como la gloriosa Caída de Porquesí, el malvado emperador de un País.

http://1.bp.blogspot.com/-wwey-yghano/tpor6d1npli/aaaaaaaaacg/-fdsha3_uom/s400/mirando%2bpaloma.jpg EL PUEBLO QUE NO QUERIA SER GRIS, de Beatriz Bouymer

Había una vez un rey grande, en un país chiquito. En el país chiquito vivían hombres, mujeres y niños. Pero el rey nunca hablaba con ellos, solamente les ordenaba. Y como no hablaba con ellos, no sabía lo que querían, lo que no querían, Y si por casualidad alguna vez lo sabía, no le interesaba.

El rey grande del país chiquito, ordenaba, solamente ordenaba; ordenaba esto, aquello y lo de más allá. Que hablaran o que no hablaran, que hicieran así o que hicieran asá. Tantas órdenes dio, que un día no tuvo más cosas que ordenar. Entonces se encerró en su castillo y pensó, y pensó, hasta que decidió: “Ordenaré que todos pinten sus casas de gris”. Pinten sus casas de gris!!!

Todos menos uno, uno que estaba sentado mirando el cielo. Y vio pasar una paloma roja azul y blanca. “¡Oh! ¡Qué linda!” dijo maravillado, “pintaré mi casa de rojo azul y blanco”. Y la pintó nomás.

Cuando el rey miró desde su torre y vio entre las casas grises una roja azul y blanca se cayó de espaldas una vez, pero en seguida se levantó y ordenó a sus guardias:-¡Traigan inmediatamente a uno que pintó su casa de rojo azul y blanco!

Los guardias aprontaron sus ojos para verlo todo, sus orejas para oír mejor y marcharon. Pero mientras llegaban a la casa de “uno”, otro, que vivía en la casa vecina dijo: “¡Qué linda casa; yo también pintaré la mía así”. Y la pintó nomás. Entonces cuando los guardias llegaron, no supieron cuál era la casa de uno y cual la casa de otro, así que regresaron al castillo y hablaron con el rey.

-¡No puede ser!- dijo el rey, y miró desde la torre. Al ver lo que vio se cayó de espaldas dos veces, pero enseguida se levantó. Y ordenó a sus guardias:

-Me traen a uno y a otro, inmediatamente! pero ya un tercero había visto las dos casa de rojo azul y blanco y en un instante pintó la suya.

Los guardias no tuvieron más remedio que regresar y preguntarle al rey: -¿Qué hacemos, traemos a uno, a otro y a otro? Entonces el rey se cayó de espaldas tres veces, y los guardias tuvieron que ayudarlo a levantarse -¡Traen a los tres!- dijo en cuanto estuvo levantado. Pero cuando los guardias bajaron, no había tres casas pintadas había 333.333 -Bueno- dijeron los guardias cuando terminaron de contarlas -se lo diremos al rey.

Y el rey se cayó de espaldas una vez, dos, cuatro, ocho, dieciséis, treinta y dos, sesenta y cuatro y ciento veintiocho veces.

Mientras se caía y lo levantaban, el rey ordenaba.- ¡Qué me traigan todo lo que sea rojo, azul y blanco! Los guardias bajaron ligerito.

En la ciudad había 333.333 casa rojas, azules y blancas, y las aceras en rojo, azul y blanco, y los perros metían las colas en los tachos de pintura y luego se sacudían al lado de los árboles, los jinetes con sus ropas recién pintadas subían a los caballos y los caballos al galopar dejaban los caminos pintados; y las palomas mojaban sus patitas en los charcos de pintura que brillaban al sol, luego volaban a los palomares, y los palomares pintaban las alas de las palomas así que cuando éstas volaban por el cielo parecían barriletes de colores; y todos los miraban y se sentían muy contentos.

Todo era rojo, azul y blanco. Todo menos el rey, sus guardias y el castillo.

¡Todo aquel que sea rojo, azul y blanco debe marchar inmediatamente al castillo!

¡El rey lo ordena! –dijeron los guardias.

Y todos, hombres, mujeres, niños, ancianos, caballos, perros y pájaros, gatos y palomas, todos los que podían marchar, llegaron al castillo.

Eran tantos, tantos, y estaban tan entusiasmados, que al momento el castillo, las murallas, los fosos, los estandartes, las banderas quedaron de color rojo azul y blanco. Y los guardias también.

Entonces el rey se cayó de espaldas una sola vez, pero tan fuerte que no se levantó más.

El rey de la comarca vecina, al mirar desde lo alto de su torre dijo: -Algo ha sucedido, el rey del país chiquito ha cambiado el color de sus estandartes enviaré a mis emisarios para que averigüen lo que ha sucedido.

-¿Qué ha sucedido?, ¿qué ha sucedido? –preguntaron los emisarios cuando estuvieron en presencia del rey.

Pero el rey grande del país chiquito estaba tan caído, que ni siquiera podía contestar. Entonces “uno” dijo: -Resulta que yo estaba en la puerta de mi casa tomando el fresco, mirando el cielo y vi pasar una paloma roja azul y blanca, y entonces… y siguió contando todo lo que había sucedido.
-Pondremos sobre aviso a nuestro rey, -dijeron los emisarios del país vecino-, no vaya a ser que le pase lo mismo. Y marcharon al galope. Claro, que los caballos llevaban ya sus patas pintadas y mientras galopaban pintaban los caminos de rojo azul y blanco…

Pero fueron las palomas, las que primero llegaron a la comarca del rey vecino.

Y uno que estaba sentado en la puerta de su casa tomando el fresco, las vio y dijo:

-¡Oh! ¡Qué lindo!, pintaré mi casa de rojo, azul y blanco. Y la pintó nomás, y, como pueden ustedes imaginar este cuento que acá termina por otro lado vuelve a empezar.
Fin



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