Periespíritu: formacion, propiedades y funciones






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fecha de publicación25.02.2016
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PERIESPÍRITU: FORMACION, PROPIEDADES Y FUNCIONES

1era. PARTE

El periespíritu o cuerpo fluídico de los Espíritus, es una condensación del fluido

cósmico en torno del alma; el cuerpo carnal es resultado de una mayor condensación del mismo elemento, que lo transforma en materia tangible.

Aunque tengan un origen común, el mismo elemento primitivo, las transformaciones moleculares son diferentes en esos dos cuerpos, resultando de eso que si el periespíritu imponderable está dotado de cualidades etéreas. Ambos son materia sólo que en diferentes estados. (01)

El Espíritu forma su envoltorio periespiritual con los fluidos ambientales en que vive. Como la naturaleza de los mundos varía con su grado de evolución, será mayor o menor la materialidad de los cuerpos físicos de sus habitantes y los periespirituales guardan relación, en cuanto a su composición, con ese grado de materialidad. Al admitir que un Espíritu emigre de la Tierra, queda allí su envoltorio fluídico y toma, en el mundo físico donde aportará, otro que sea apropiado al nuevo medio. (02)

«La naturaleza del envoltorio fluídico esta siempre en relación con el grado de adelanto moral del Espíritu. (…)» (03)

A la condición moral del Espíritu corresponde, por así decirlo, una determinada densidad del periespíritu. A mayor elevación, menor densidad fluídica. A mayor inferioridad, mayor densidad, es decir, un periespíritu más grosero, con mayor condensación fluídica. Está claro que hasta los envoltorios fluídicos más toscos permanecen imponderables, pero dentro de la relatividad de las cosas, se puede admitir un peso específico para el envoltorio periespiritual. Los de mayor peso específico retienen a los Espíritus en las regiones inferiores, imposibilitando su acceso a planos más elevados y, por eso mismo, la salida hacia mundos más elevados. La acentuada densidad del espíritu de un gran número de Espíritus los lleva a que lo confundan con el cuerpo físico.

Por eso se consideran todavía encarnados y viven, en la tierra, imaginándose

entregados a las ocupaciones que les eran habituales.

Los periespíritus de los Espíritus superiores, de reducido peso específico, les confiere una liviandad que les permite vivir en los planos elevados, así como su desplazamiento a otros mundos. Claro está que tales Espíritus pueden descender a los planos inferiores y, normalmente, dada la sutileza de su envoltorio no son percibidos por las entidades inferiores.

Cuando está encarnado, el Espíritu mantiene su envoltorio periespiritual y su cuerpo carnal, por consiguiente, constituyen un segundo envoltorio, más grosero, apropiado al medio físico donde vive sus experiencias.

El periespíritu, en esa situación, «(…) sirve de intermediario al Espíritu y al cuerpo. Es el órgano de transmisión de todas las sensaciones (…)»; que partan del Espíritu o que vengan del exterior, a través del cuerpo físico. (05)

Debido al tosco estado de la materia, los Espíritus no pueden actuar directamente sobre ella. Tienen que hacerlo a través de su periespíritu.» Es por medio del periespíritu que los Espíritus actúan sobre la materia inerte y producen los diversos fenómenos mediúmnicos. (…)». (06)

Los fluidos periespirituales se constituyen, por la acción de la voluntad de los Espíritus, en verdaderas palancas que les permiten producir golpes, ruidos, movimientos de objetos, etc.

En condiciones normales el periespíritu es invisible pero, en razón de las

modificaciones que pueda experimentar, por acción de la voluntad del Espíritu, puede volverse visibles Esas modificaciones consisten en una especie de condensación o en nuevas disposiciones de las moléculas que componen ese envoltorio fluídico. La aparición de un Espíritu resulta de su propósito de hacerse visible. Pero no basta con desear esa visibilidad para obtenerla: la modificación del periespíritu requiere la existencia de ciertas circunstancias que no dependen del Espíritu; este necesita un permiso, que no siempre le es concedido, para mostrarse a alguien. (07)

En las apariciones, el periespíritu se presenta más o menos consistente. Por lo común tiene aspecto vaporoso y diáfano. Otras veces lo hace con las formas delineadas, con los trazos bien nítidos. En este último caso, puede hasta presentar la solidez de un cuerpo físico, siendo por eso mismo, tangible, lo que no le impide retomar instantáneamente el estado normal, de ser invisible y etéreo.

La materia no constituye un obstáculo para el periespíritu. Su condición etérea le confiere la propiedad de penetrabilidad. Atraviesa la materia con la luz a los cuerpos transparentes. Es por eso que las puertas y ventanas cerradas de una sala cualquiera, no impiden la penetración, a ese lugar de un Espíritu. (07)

Como ya dijimos, de las capas de los fluidos espirituales que envuelven a la Tierra, sacan los Espíritus que allí viven, sus envoltorios periespirituales. Esos fluidos no son homogéneos: son una mezcla de moléculas de varias calidades, unas más o menos depurando el Espíritu, su periespíritu se formará de las partes más puras o de las más groseras del fluido característico del mundo donde éste se encarna (…).» (04) El Espíritu atrae las moléculas que tengan afinidad con su modelo vibratorio. Como consecuencia, «la constitución íntima del periespíritu no es idéntica en todos los Espíritus encarnados o no encarnados que pueblan la Tierra o el espacio que la circunda» (04), cosa que no ocurre con el cuerpo carnal, que está formado por los mismos elementos, independientemente de la mayor o menos elevación de los Espíritus a los que revisten. Otra consecuencia de la forma de composición del periespíritu es que

«(…) el envoltorio periespiritual de un Espíritu se modifica con el progreso moral que éste realiza en cada encarnación, aunque encarne en el mismo medio;… los Espíritus superiores que encarnan excepcionalmente, en misión, en un mundo inferior, tienen un periespíritu menos grosero que el de los nativos de ese mundo.» (04)

PERIESPÍRITU: FORMACIÓN, PROPIEDADES Y FUNCIONES

2ª PARTE

El periespíritu, que contiene un organismo fluidito-modelo, es la fuerza directriz

responsable de la edificación del plan escultural y del tipo funcional de todos los seres.»

(…) Contiene el dibujo previo, la ley omnipotente que servirá de regla inflexible al nuevo organismo y le asignará el lugar en la escala morfológica, según el grado de su evolución.

Es el embrión donde se ejecuta esa acción directiva (…).» (02) Pero ese modelo fluidito, verdadera matriz, mantiene la misma forma del ser hasta el fin de su vida, promoviendo incluso la regeneración de los tejidos orgánicos destruidos.

En el periespíritu dormitan, por así decirlo, propiedades organogenias, que se activan por la acción de la fuerza vital.

Como enseña el Espíritu André Luiz, ese cuerpo espiritual posee «(…) todo el

equipamiento de recursos automáticos que gobiernan a los billones de entidades

microscópicas, al servicio de la inteligencia, en los círculos de acción en que nos demoramos; recursos adquiridos lentamente por el ser, durante milenios y milenios de esfuerzos y recapitulación, en los múltiples sectores de la evolución anímica. (…). «(10)

También nos refiere André Luiz que en el cuerpo espiritual, o psicosoma, están

situados los centros vitales que presiden la actividad funcional de los diversos órganos que integran el cuerpo físico. Esos centros son «(…) focos de energía que, con la dirección automática del alma, imprimen a las células la extrema especialización, por la cual el hombre posee en el cuerpo denso — y todos conservamos en el cuerpo espiritual, en recursos equivalentes —, las células que producen fosfato y carbonato de calcio para la constitución de los huesos, las que se distienden para recubrir el intestino, las que desempeñan complejas funciones químicas en el hígado, las que se transforman en filtros de la sangre en la intimidad de los riñones y otras tantas que se ocupan de la fabricación

de sustancias indispensables para la conservación y defensa de la vida en las glándulas, en los tejidos y en los órganos que constituyen nuestro cosmos vivo de manifestación (…).» (11)

«En el momento de encarnar, el periespíritu se une, molécula a molécula, a la materia del germen. Este posee una fuerza vital, cuya energía más o menos vigorosa, al transformarse en energía actual, durante la existencia, determina la longevidad del individuo (…).» (06) Ese germen está sujeto a las leyes de la genética, es decir que la fuerza vital sufre las acciones modificadoras de la herencia de los padres, que transmiten sus disposiciones orgánicas. Como ya hemos visto, la acción de la fuerza vital es la que lleva al periespíritu a desarrollar sus propiedades funcionales.

El germen recapitula, de modo rápido, en su desarrollo, las diferentes fases de la

evolución por las cuales pasó la raza.

De la misma forma que el psicosoma trae el registro de todos los estados del

Espíritu, desde su origen, así también el germen material contiene las impresiones de todas las etapas recorridas por el psicosoma.

«(…) La idea directriz que determina la forma está, por consiguiente, contenida en el fluido vital y el periespíritu, al impregnarse de él, transfundiéndose en él, uniéndose a él íntimamente, se materializa lo suficiente como para tornarse el director, el regulador, el soporte de la energía vital modificada por la herencia. Es gracias a él que el tipo individual se forma, se desarrolla, se conserva y se destruye (…).» (07)

El periespíritu retiene todos los estados de conciencia, de sensibilidad y de voluntad; guarda todos los conocimientos adquiridos por el ser. Es la sede de la memoria. «(…) Él es quien almacena, registra, conserva todas las percepciones, todas las intenciones e ideas del alma. Y no solamente incrusta en la sustancia todos los estados anímicos determinados por el mundo exterior, sino que se constituye en testigo inmutable, el que posee infaliblemente hasta los pensamientos más huidizos, los sueños vislumbrados y los formulados (…).» (03)

Todo nuestro pasado queda almacenado en él. Las diferentes etapas de nuestro desarrollo están registradas allí. Es el que conserva nuestra personalidad, los elementos de nuestra identificación.

A lo largo de su inmensa trayectoria, desde que el alma inició sus peregrinaciones terrestres, bajo las formas más inferiores, el periespíritu está registrando todas las experiencias vividas por el ser inteligente, incorporando un creciente bagaje. «(…) Nada se destruye, todo se acumula en ese periespíritu tan imperecedero e incorruptible como la fuerza o la materia de la que salió. Los maravillosos espectáculos que contempla nuestra alma, las armonías sublimes que se dilatan en los espacios infinitos, los esplendores del arte, todo quedó fijado en nosotros y poseemos por siempre lo que pudimos adquirir. El mínimo esfuerzo es llevado mecánicamente a nuestro activo, nada se pierde y es así que lenta, pero seguramente, ascendemos la escalera del progreso (…).»

Es comprensible que los excesos, los abusos, los atentados contra el cuerpo físico, las lesiones a los derechos de los otros, también tengan su registro en el cuerpo espiritual y repercutan, ya sea en la existencia en que concurren o en otra encarnación.

A ese respecto, Kardec nos enseña que el doble fluidito, como uno de los elementos componentes del ser humano, además del importante papel en los fenómenos psicológicos,

tiene su participación en los sucesos fisiológicos y patológicos. (01)

André Luiz nos dice que «(…) la etiología de las dolencias perdurables, que angustian al cuerpo físico y lo torturan guardan sus causas profundas en el cuerpo espiritual»; y agrega: «el remordimiento provoca diversos disturbios en nuestras fuerzas profundas, desarticulando las sinergias del cuerpo espiritual, creando predisposiciones mórbidas para esa o aquella enfermedad (…).» (09)

Cuando está encarnado, hay una estrecha unión del Espíritu al cuerpo físico, a través del periespíritu, razón por la cual, cualquier modificación enfermiza, en las moléculas nerviosas del cerebro, implica una alteración de las facultades espirituales. En condiciones normales, las sensaciones modifican la naturaleza de las vibraciones de la fuerza psíquica. Si esas modificaciones fueren, por su intensidad y duración, capaces de rebasar un limite mínimo, las sensaciones serán registradas en el periespíritu de manera consciente, es decir que habrá una percepción, que el Espíritu toma conocimiento de lo que está pasando. Es la memoria de fijación. Si no es alcanzado ese límite mínimo, habrá registro de la sensación, pero en el inconsciente.

No todas las sensaciones y recuerdos pueden existir simultáneamente; hay un debilitamiento de su ritmo que las lleva a descender, gradualmente, hasta debajo de un límite mínimo de percepción, por lo que entran en la faja del subconsciente.

«Todos los aspectos de la vida vegetativa y orgánica han sido conservados en el periespíritu de esa forma, durante la evolución del alma a través de la serie de las formas inferiores.» (05)

La repetición continuada de ciertos actos crea hábitos. Inicialmente, esos actos eran conscientes pero, con la repetición constante, exigiendo menos tiempo y esfuerzo, fueron volviéndose mecánicos, hasta hacerse automáticos e inconscientes.

La memoria evocativa nos permite recordad los conocimientos que se agrupan a su alrededor, transportándose a la época de los sucesos.

Para esa rememoración tiene que haber una asociación de la voluntad a la atención, de lo que resulta traer a la conciencia las imágenes recogidas en el archivo periespiritual.


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