Olvida las complicaciones y entra en el maravilloso mundo donde todo es fácil






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Julia Rogers Hamrick

El mundo sencillo

Olvida las complicaciones y entra en el maravilloso mundo donde todo es fácil


URANO

Argentina – Chile – Colombia – España – Estados Unidos – México – Perú – Uruguay – Venezuela


Dedicado a

TI

y a la multitud de otros expatriados

del Mundo Sencillo

que están dispuestos a regresar a casa.
INTRODUCCIÓN

EL MUNDO DE TUS ORÍGENES
Te voy a contar una historia sobre ti. Si no la recuerdas enseguida, basta con que sepas que la causa es que padeces una especie de amnesia. Puede que te parezca una fantasía, y si para ti es mejor verlo de esa manera, relájate y trasládate allí con tu imaginación.

Sea cual sea tu opinión, creo que a medida que vayas leyendo, se irán despertando tus recuerdos primarios y tu anhelo de volver al mundo y a los derroteros de tus orígenes.

Probablemente, el mundo con el que estás más familiarizado no es tu mundo original. Tus raíces se encuentran en un lugar mucho más amable y apacible: un lugar de tranquilidad, realización personal y dicha. Allí es donde medraste. Tu tumultuosa realidad actual puede ser fascinante, pero no es tu verdadero hogar. Tu realidad actual que tanto se ha grabado en tu conciencia y que te ha trasladado a una experiencia de vida tan distinta de la de tus orígenes, no ha hecho más que bloquear tu percepción de cómo eran las cosas y de cómo pueden volver a ser.

Sí, el estado de realidad en el que vives actualmente te proporciona una espléndida experiencia de contraste extremo: tristeza, que crea el anhelo de la felicidad; sufrimiento y violencia, que crean el anhelo de la paz; dificultad, que crea el anhelo de la tranquilidad. Pero ¿cuándo se realizan estos anhelos? Cuando aprendes a elegir el Mundo Sencillo.[1]

Lo que anhelamos es el Hogar. Allí es donde se satisfacen nuestras necesidades de júbilo, paz y tranquilidad. Y todos podemos estar allí. Te voy a enseñar cómo.

Primero, permíteme que te refresque la memoria.

Érase una vez un tiempo en el que todo era fácil. Tenías todo lo que necesitabas. No sudabas. No tenías que esforzarte. No tenías que luchar. No te preocupabas. Te limitabas a disfrutar de la vida y dejabas que todo lo que necesitabas o deseabas llegara a ti, hacías lo que te interesaba y te daba energía, experimentabas alegría y realización personal. Vivías en el Mundo Sencillo.

En el Mundo Sencillo no te faltaba nada; estabas inmerso en una corriente de Amor y bienestar que fluía libremente, y todo lo que precisabas llegaba a ti a través de esa corriente. Ni se te había pasado por la cabeza que te pudiera costar conseguir algo que necesitabas o deseabas, porque nunca te había sucedido. Siempre permitías este flujo de abundancia y nunca te resistías a él. Tampoco tenías nada superfluo; siempre contabas con la cantidad adecuada de todo.

En el Mundo Sencillo todo lo que hacías estaba lleno de inspiración. Si sentías una energía de júbilo que te inspiraba a hacer algo, actuabas, y la tarea era fácil y divertida. Si se te presentaba la posibilidad de realizar una acción y no sentías que la energía fluía espontáneamente para llevarla a cabo, sencillamente no actuabas, porque esa acción no era para ti.

En el Mundo Sencillo nunca hacías nada que estuviera motivado desde fuera. No existían el «debo», el «debería» o el «se supone que». En el Mundo Sencillo nadie se atrevería a sugerirte que hicieras algo que no sintieras desde dentro. ¡Esa actitud es totalmente ajena en el mundo de tus orígenes! Asimismo, nunca te negabas a hacer algo que estuviera destinado para ti, ni desoías tu inspiración. Eso también era impensable.

Esperabas a estar inspirado y motivado desde dentro, a sentir que la energía brotaba de ti para realizar aquello que te inspiraba. Te sentías impelido en el momento exacto a hacer justamente aquello que ensalzaría y mejoraría la Totalidad de la Creación (incluido tú mismo, por supuesto).

En el Mundo Sencillo, todo está en armonía con todas las cosas porque todos están en armonía con su diseño innato: el Diseño de la Armonía. Y todo lo que se ha de hacer se hace en una secuencia y orden perfectos. Puedes llamarlo «cronometría», pero es una cronometría que nada tiene que ver con los relojes. Nunca necesitas un reloj porque la sintonización de todo con el latido del Mundo Sencillo es lo que marca el orden y el ritmo de la perfecta coordinación en que allí se producen las cosas.

En tu estado original te sentías realizado, pero jamás aburrido. Te sentías impulsado a hacer lo que más te gustaba y te apetecía. Conseguías las cosas con la mayor facilidad porque todo lo que hacías se adaptaba a tu naturaleza y estaba en armonía con tus pasiones. Todo reto que se te presentaba no se debía a un conflicto, sino a que lo habías elegido por diversión.

Siempre estabas abierto a nuevos niveles de fascinación y te entretenías y deleitabas expresando tu ilimitada creatividad innata. Tenías todo el apoyo de las fuerzas universales, que siempre te suministraban todo lo que necesitabas para tus creaciones simplemente pensando en ello y luego permitiendo que se manifestara en tu realidad. Jamás bloqueabas con tus dudas la manifestación de nada que desearas; en el Mundo Sencillo siempre tenías la confianza total de que aparecería en el orden perfecto, porque siempre era así.

El conflicto y la confusión no formaban parte de tu experiencia en el Mundo Sencillo, porque allí no existen. Las corrientes de la energía del Amor son tan poderosas en el Mundo Sencillo que no pueden existir fuerzas opuestas, por lo tanto no pueden generar fricciones en ese ámbito. La paz es el estado subyacente del Mundo Sencillo, y la armonía se da por sentada. No se conoce ninguna otra cosa que no sea paz y armonía.

En el hogar al que perteneces nunca hubo necesidad de sanar ni de curar, pues la enfermedad y las heridas no existen. ¡El mal-estar, o la falta de bienestar, no pueden existir en el Mundo Sencillo! (No obstante, regresar al Mundo Sencillo cuando te has ausentado de él es terapéutico porque su poderoso estado magnético de compleción te sintoniza con la plenitud innata implícita en tu propio diseño.)

En esta realidad, la felicidad era tu principal emoción. La satisfacción tranquila era la emoción más baja del espectro emocional en el Mundo Sencillo, y la bienaventuranza absoluta, la más alta. Experimentabas todo tipo de felicidad en tu hogar original, seguías a tu Espíritu, confiabas en él y sintonizabas con el Diseño de la Armonía, mantenías tu vibración al nivel más elevado, y amabas la vida y los infinitos placeres de los que podías participar. Tu capacidad para gozar era infinita.

Sí, éste era tu mundo, tu mundo tranquilo y gozoso, la única realidad que conocías.

Sin embargo, un día pediste una aventura nueva que ampliara tu experiencia. Y tomaste una decisión que te lanzó a un mundo distinto, un mundo ajeno a ti en todos los sentidos.

En este mundo las cosas son difíciles, y el conflicto y el sufrimiento son lo más habitual. Luchar por lo que quieres y contra lo que no quieres se considera normal. En este mundo complicado se premia el esfuerzo. En el Mundo Complicado, en lugar de confiar en que las cosas se harán a favor de la corriente, los seres humanos creen que han de nadar a contra corriente y hacer que las cosas sucedan.

Creen que han de trabajar duro y sacrificarse para conseguir lo que necesitan (eso en el supuesto de que crean que pueden conseguirlo). Creen que nunca hay suficiente y que han de luchar para conseguir su parte. Creen que hay fuerzas y personas que van contra ellas. Creen que han de posponer su felicidad y libertad hasta que consigan ciertas metas. Creen que para sobrevivir han de hacer cosas que van contra su naturaleza y que no les aportan felicidad.

Eso es lo que les enseñan a las personas en el Mundo Complicado, y ése es el código por el que se guían. A ti también te enseñaron estas cosas. Y antes de darte cuenta te quedaste atrapado en ellas, sintonizaste cada vez más con las formas de vida que te restaban energía, en lugar de hacerlo con las que te la otorgaban, que son las propias de tus orígenes.

Por lo tanto, desde tu armonioso mundo de abundancia, de bendiciones inagotables y de «Calma para todo», te encontraste en medio del «Nunca basta», «Sin sacrificio no hay beneficio» o «Vencer sin obstáculos es triunfar sin gloria». Aunque los recuerdos del Mundo Sencillo todavía estuvieran muy arraigados, empezaron a desvanecerse al ir aceptando todos estos extraños conceptos.

Como puedes ver, en el Mundo Complicado estabas —y estás— totalmente fuera de tu elemento, como dice el refrán: como un pulpo en un garaje. Pero con la ayuda de otros residentes de esta realidad ajena, con el tiempo te fuiste acostumbrando más a ella y llegaste a creer que para sobrevivir tenías que adoptar los principios y los caminos del Mundo Complicado, cuando nada podía ser menos cierto.

Aunque hubo un tiempo en que estuviste integrado en un espacio de júbilo y realización personal, ahora te encuentras inmerso en un espacio de lucha y frustración, salpicado de breves momentos de felicidad. Pronto te olvidaste por completo del Mundo Sencillo y de que habías elegido abandonarlo, y también de que podías elegir regresar.

Abandonado como estabas en el Mundo Complicado, el propósito de tu vida fue dedicarte a resolver problemas y superar el estrés. En lugar de vivir tranquilo desde dentro, consciente de que tienes el apoyo total del Diseño para la Armonía que tuviste una vez, te sientes desprotegido, sintonizas más con el Diseño para la Desarmonía, y el resultado es que experimentas desarmonía y mal-estar.

¡No cabe duda de que conseguiste la experiencia nueva que habías pedido! Pero ahora que ya sabes bien lo que es vivir en el Mundo Complicado, puede que estés dispuesto a liberarte de tu propia trampa. Puede que estés dispuesto a volver a vivir una vida más sencilla. Si es así, ¡tengo buenas noticias!

Ha llegado el momento de redescubrir el Mundo Sencillo, la realidad de tus orígenes, el estado de ser en que no te dedicas sólo a sobrevivir, sino que medras. Ha llegado el momento de volver a la realidad en la que se te apoya incondicionalmente para que realices tu Yo y hagas lo que te dictan los deseos de tu corazón. Ha llegado el momento de volver a la realidad donde las cosas funcionan sin tener que esforzarte, a menos que tú lo desees.

Ha llegado la hora de reaprender a permitir que el flujo de las fuerzas universales te aporte todo lo que necesitas y deseas sin tener que luchar por ello. Ha llegado el momento de sentir que la armonía es el pilar de tu vida y de volver a sentir el apoyo del Diseño para la Armonía. Ha llegado el momento de experimentar el verdadero poder que sólo puede proporcionarte el Mundo Sencillo. Ha llegado la hora de recordar que en cualquier momento puedes tomar la decisión de volver a estar en el Mundo Sencillo, y que si decides volver a visitar el Mundo Complicado, lo haces consciente de que lo has hecho por propia elección, no por necesidad.

Ha llegado el momento de volver a reclamar tu derecho natural a la tranquilidad y el júbilo. Aunque te marcharas del Mundo Sencillo, todavía existe como viene existiendo desde el comienzo de la Creación, y siempre está dispuesto a acogerte de nuevo.

El Mundo Sencillo te está llamando. ¡Adelante! ¡Voy a enseñarte el camino!
Elijo vivir en el Mundo Sencillo,

donde todo es fácil.

1

Redescubre el Mundo Sencillo
¡Despierta! ¡Despierta! ¡Tengo estupendas noticias! ¡Por fin ha llegado el momento de regresar al Mundo Sencillo!

Hace mucho te quedaste dormido, te despertaste en el Mundo Complicado y te olvidaste de que tenías la opción de vivir en un mundo donde la vida es fácil y está llena de alegría. Has pasado la mayor parte del tiempo luchando, esforzándote y preocupándote, sin darte cuenta de que era innecesario. Pero ahora ha llegado el momento de volver a descubrir el extraordinario mundo de tus orígenes y recordar que puedes elegir volver allí.

Aunque tú y el resto de la humanidad os hayáis olvidado casi por completo de él, la realidad denominada «Mundo Sencillo» es eterna. Existe y ha existido desde los albores de la humanidad, y es tan vital y poderosa como siempre. Siempre ha estado a nuestro alcance y a disposición de todos los seres humanos en cualquier momento (y sí, eso te incluye a ti), pero como te olvidaste de ella y no sabías elegirla, también podía no haber existido salvo por aquellos momentos en que te colaste inadvertidamente en ella.

En realidad, ¡ella nunca se alejó de ti, fuiste !

Pero aunque hayas estado fuera mucho tiempo, el Mundo Sencillo está esperando a que lo recuerdes. Puesto que cuantos más seamos los que escojamos el Mundo Sencillo, más armoniosa y feliz será la vida en el Planeta Tierra, creo que ahora estamos recibiendo más ayuda para recordar. Como verás cuando leas mi historia personal de redescubrimiento que voy a compartir contigo en este capítulo, ¡el Mundo Sencillo está tan preparado para nuestro regreso que según parece tiene agentes de relaciones públicas invisibles que están intentando ayudarnos a recordarlo!

Yo también necesité ayuda. Quiero decirte desde el principio que el hecho de que sea yo quien te hable del Mundo Sencillo no es porque sea un ser humano extraordinario que siempre ha vivido en el Mundo Sencillo y que nunca ha perdido el contacto con él. En absoluto. Creo que simplemente había madurado lo bastante para regresar, ¡y que la Inteligencia Divina sabía que yo era de esas personas que nunca me quedaría callada ante tal descubrimiento!

Igual que tú, he pasado una gran parte de mi vida fuera del Mundo Sencillo. Y para ser sincera, todavía me encuentro en el Mundo Complicado más veces de lo que me gustaría, ¡aunque con mucha menos frecuencia que antes de volver a despertar a la conciencia del Mundo Sencillo y a mi elección de permanecer en él! De hecho, creo que fue mi insistencia inconsciente de estar en el Mundo Complicado en una época en concreto, lo que me concedió el recuerdo del Mundo Sencillo.

Voy a contarte mi historia de redescubrimiento del Mundo Sencillo para que veas con qué rapidez y facilidad podemos pasar del Mundo Complicado al Mundo Sencillo, aunque hayamos estado ausentes mucho tiempo y tengamos todas las razones del mundo para creer que las cosas son tan complicadas que sin duda alguna han de ser difíciles.
Un susurro divino

Recordé el Mundo Sencillo oportunamente en el mejor momento posible para que estuviera receptiva a él: cuando me encontraba muy, pero que muy lejos de él. Eran alrededor de las 4.20 de la madrugada, es decir, la típica hora en la que te despiertas pensando en un montón de cosas pendientes, pero todavía es demasiado pronto (las personas cuerdas todavía duermen) para ponerte manos a la obra y resolver los asuntos que te preocupan, así que te quedas ahí tumbado dándoles vueltas en la cabeza. Estoy segura de que a ti también te ha pasado.

La noche anterior, mi esposo Rick y yo habíamos decidido instalar en el garaje una Endless Pools, una piscina para nadar contra una corriente de intensidad regulable. Habíamos visto al instalador, hablado de la logística y marcado unas fechas. Aunque esto era un motivo de celebración —un sueño que se había hecho realidad después de casi veinte años deseando tener la piscina, y que ahora era una necesidad debido a mis problemas en la rodilla—, iba a ser mucho más complicado que el mero hecho de montar una pequeña piscina en el garaje.

No citaré la kilométrica lista de tareas que tenía que coordinar, cosas que había que trasladar, excavar, limpiar, construir, instalar y pagar. Parecía una labor gigantesca que requería la intervención de múltiples profesionales, incluidos encofradores, paletas, electricistas, etcétera. Todo esto tenía que estar perfectamente coordinado para que estuviera listo cuando llegara la piscina y se pudiera instalar inmediatamente, ya que de lo contrario supondría una importante penalización. ¡Como para tomárselo con calma!

Por otra parte, también había toda una serie de factores adicionales, incluido un gélido invierno (esto era en Denver, Colorado, a finales del mes de enero de 2007, el suelo estaba helado con un grosor de unos treinta centímetros de nieve congelada) y que teníamos que hacer otras mejoras en la casa que ya hacía tiempo que estaban programadas. Quiero destacar que en el garaje había una docena de cajas de cartón llenas de libros, nuestra extraordinariamente amplia gama de utensilios de jardín y trastos varios que habíamos estado almacenando allí durante años cuando no sabíamos qué hacer con ellos.

Hablando de agobio, ¿qué íbamos a hacer con estas cosas? Con mis problemas de movilidad y los compromisos laborales de Rick, ¿cómo íbamos a limpiar y mover todas esas cosas para que pudieran empezar a trabajar? Y hablando de operarios, ¿cómo íbamos a encontrar los adecuados?

Por mis experiencias anteriores con los contratistas sabía que no hay muchos que estén interesados en hacer trabajos pequeños, por lo que me aterrorizaba pensar que tenía que conseguir que alguien me dijera que sí, por no hablar de la labor de entrevistarme con ellos, pedir presupuestos para comprobar la mejor relación calidad-precio, y organizarlo todo para que se hiciera en la secuencia y en el tiempo correctos. Entre mi ansiedad por coordinarlo todo y mi perfeccionismo para que se hagan las cosas de la forma correcta, puedes hacerte una idea de cuál era mi estado mental al acostarme esa noche.

Me fui a dormir con un montón de preocupaciones en la cabeza, pero no sin antes haber hecho unas cuantas gestiones con una empresa de Internet que una semana antes me había mandado un correo electrónico promocional, en el que me ponía en contacto con los profesionales de mi zona. No confiaba mucho en ella, pero al menos tenía la sensación de que estaba adelantando trabajo, aunque ya se hubiera hecho muy tarde. Había planificado empezar la incómoda tarea de coger la guía telefónica y empezar a hacer aburridas llamadas para pedir información.

Como ave nocturna que soy, me acosté a eso de las 2.00 de la madrugada, y me desperté a las 4.20 con todo ese torbellino de ideas en la cabeza. Cuando me acosté con la mente en pleno funcionamiento, intentando desesperadamente resolver cómo iba a hacer todo eso de la forma en que se tenía que hacer, escuché un gentil, amable, pero firme susurro que me dijo lo que ahora sé que son algunas 

de las palabras más sabias que he escuchado jamás: «Julia, podías haber escogido vivir en el Mundo Sencillo donde todo es fácil».

¿Mundo Sencillo? Me sonó a oasis refrescante en medio de un vasto desierto, y hubo algo dentro de mí que dijo: «¡Sí!»

Demasiado exhausta mentalmente por toda la preocupación y la falta de sueño como para cuestionarme o reflexionar sobre lo que había oído, me di cuenta de que también podía relajarme un poco, puesto que tampoco parecía ir a ninguna parte en ese estado. «¡Qué caray! —pensé—. No tengo nada que perder.»

Entonces me dije: «Vale. Elijo vivir en el Mundo Sencillo donde todo es fácil». Dejé correr el tema, me relajé, y pronto me quedé profundamente dormida en un estado de paz absoluta.
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