La familia salesiana de san juan bosco






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LA FAMILIA SALESIANA DE SAN JUAN BOSCO


INTRODUCCIÓN

Pensar hoy en la Familia Salesiana es reconocer a San Juan Bosco como fundador. Por eso hablamos de “la Familia Salesiana de San Juan Bosco”.

A más de cien años de su muerte, ocurrida el 31 de enero de 1888, el fenómeno salesiano no deja de causar admiración por la amplitud geográfica y el aumento numérico de los grupos que, con características propias, miran a San Juan Bosco como padre de una gran familia espiritual.

La unidad armónica del carisma fundacional, la caridad pastoral y la fuerza del don infundido por el Espíritu a San Juan Bosco aseguran el clima, el ambiente de crecimiento y la sustancia de la Familia Salesiana” (Don Egidio Viganó. Rector Mayor de la Congregación Salesiana durante el período comprendido entre los años 1978 a 996).

El término “familia” es habitual en la tradición salesiana para indicar, de forma genérica, los vínculos que existen entre los grupos, y se aplica de modo diverso según la naturaleza de sus relaciones. Este vínculo o relación no puede reducirse a mera simpatía, sino que es la expresión externa de la comunión interior y carismática. Ayuda, así, a comprender los diferentes títulos de pertenencia a la Familia Salesiana.

La pertenencia se nutre de un espíritu común, que orienta hacia una misión juvenil y popular amplia y complementaria, y de ciertas características propias y originales, que justifican el reconocimiento oficial por un título específico” (Artículo 5 del documento “Identidad de la Comunión en la Familia Salesiana de San Juan Bosco”).

La unidad original de la Familia Salesiana tiene su raíz más profunda en la identidad común de espíritu y misión al servicio de la juventud y del pueblo. Forma, así, una verdadera comunidad, donde todos los miembros se integran según sus propios dones, sus funciones específicas y las diversas formas de vida posible en la iglesia.

La historia de la vivencia espiritual de San Juan Bosco está vinculada a su intuición primigenia y al corazón de la obra de los Oratorios. Por eso se puede afirmar que la Familia Salesiana es una comunidad carismática y una realidad eclesial.

- “La Familia Salesiana es una comunidad carismática”: Por tanto, se presenta y debe vivirse como un don del Espíritu a su Iglesia y como prolongación actual y organizada del carisma de San Juan Bosco..

Grupos diversos, establecidos y reconocidos, comparten un verdadero parentesco espiritual y una consanguinidad apostólica.

Grupos de presbíteros y de seglares, de célibes y de casados, de consagrados y de religiosos, según formas de vida que dan un testimonio variado de las bienaventuranzas, forman un conjunto orgánico y vital por la fuerza unificadora del espíritu y la misión de San Juan Bosco. Se sienten, por tanto, herederos y portadores de su carisma.

- “La Familia Salesiana es una realidad eclesial”: Es decir, expresa la comunión entre los diversos ministerios al servicio del Pueblo de Dios, e integra las vocaciones particulares para que sea manifiesta la riqueza del carisma del Fundador. Se inserta en la pastoral de las Iglesias locales con una aportación original. Busca el entendimiento y la colaboración de otros grupos e instituciones eclesiásticas y civiles para la educación integral, personal y social de los jóvenes y del pueblo, a quienes acompañan mediante la educación en la fe y el trabajo apostólico, hasta que elijan su propia vocación en el mundo y en la iglesia.

La Familia Salesiana es un conjunto de bautizados y consagrados que, con la originalidad de su propio don, se ponen al servicio de la misión de la Iglesia, Cuerpo de Cristo y sacramento universal de salvación. La Familia Salesiana, viviendo en el corazón de la Iglesia, hace ver, en la armonía de los diferentes dones, la importancia de la misión, que da colorido y concreción al patrimonio espiritual de San Juan Bosco. La exigencia recíproca entre «educación» y «santidad» pide ser íntimamente solidarios con el mundo y con su historia”. (Artículo 4 del documento “Identidad de la Comunión en la Familia Salesiana de San Juan Bosco”).

Los jóvenes representan, realmente, la esperanza de la Iglesia. El mundo, además, podrá esperar mejorar y renovarse si los jóvenes realizan el camino de crecimiento, de generosidad y de solidaridad que está inscrito dentro de su vocación humana y espiritual. De aquí parte el compromiso de la Familia Salesiana de Don Bosco: insertarse en el tejido de la historia, valorizar la presencia de la Iglesia del Señor para presentar hoy y doquiera el amor de Cristo, Buen Pastor, por los jóvenes, especialmente los más pobres y abandonados” (Don Antonio Martinelli. Consejero para la Familia Salesiana durante el período comprendido entre los años 1990 y 2002)

1. LA COMUNIÓN RECÍPROCA

Todos los miembros de los diversos grupos de la Familia Salesiana expresan, con gozo y sentimientos de gratitud y humildad, que San Juan Bosco comenzó una original experiencia educativo-pastoral por iniciativa de Dios y con la intervención maternal de María (“Auxiliadora”, como se conoce a la Virgen en los ambiente salesiano).

La caridad pastoral, nacida a imitación de Cristo, Buen Pastor, fue para San Juan Bosco el criterio de vida y acción, inspiración educativa y evangelizadora, oración e impulso misionera. El “da mihi animas, coetera tolle (“dadme almas y llevaos lo demás”)” dio unidad a su amor a Dios y a los jóvenes.

Para responder a las expectativas de la juventud y del pueblo de su época, San Juan Bosco fundó a los Salesianos, a las Hijas de María Auxiliadora y a los Cooperadores. Otras muchas fuerzas apostólicas, con vocaciones específicas diversas, pero viviendo su mismo espíritu y en comunión entre sí, continúan hoy su tarea de educación y salvación” (Artículo 1 del documento: “Identidad de la Comunión en la Familia Salesiana”).

Así hoy se puede constatar la presencia de una auténtica escuela de santidad. De San Juan Bosco, fundador, toman inspiración y orientación, espiritualidad y métodos pastorales los sucesivos fundadores de nuevos grupos. Estos grupos viven, custodian, profundizan y desarrollan constantemente la experiencia de Espíritu Santo que San Juan Bosco vivió y transmitió a sus hijos.

San Juan Bosco soñó una misión juvenil y popular de múltiples dimensiones, y juntó un amplio grupo de personas que compartían su mismo proyecto educativo. La fecundidad de la Familia Salesiana, significativo fenómeno de la vitalidad perenne de la Iglesia, es un buen testimonio de ello.

Igual que en las grandes órdenes religiosas, también la experiencia carismática inicial de San Juan Bosco llevaba implícitas genuinas posibilidades de crecimiento y desarrollo.

En principio fueron tres los grupos de la Familia Salesiana fundados personalmente por Don Bosco (Salesianos -SDB-, Hijas de María Auxiliadora -FMA- y Cooperadores Salesianos -CCSS-), a los que dedicó tiempo, energías, esfuerzo formativo y organizativo, de modo que se constituyeran como núcleo de su obra. A ellos se han ido añadiendo otros muchos grupos. También tuvo su origen en San Juan Bosco la Asociación de María Auxiliadora -ADMA-. Y, en muestra de agradecimiento hacia él, como verdadero padre, surgió la Asociación de Antiguos Alumnos -AAAADB-.

La conciencia de parentesco espiritual y de una gran corresponsabilidad apostólica ha producido relaciones e intercambios fraternos entre los grupos y una presencia original de los mismos en la Iglesia con la juventud particularmente necesitada” (Artículo 2 del documento: “Identidad de la Comunión en la Familia Salesiana”).

Así pues, son numerosos los grupos que hoy forman la Familia Salesiana, pero constituyen un solo organismo vital. Así se explican las coincidencias de cada uno con los demás y las diferencias recíprocas.

Ante todo, hacen más eficaz el testimonio y más convincente el anuncio del Evangelio. Además, viven una caridad pastoral más intensa, ayudando a todos a contribuir a la tarea educativa y salvífica de los jóvenes y del pueblo.

Por último, cultivan los rasgos característicos de cada grupo, haciendo crecer la identidad en la comunión.

La breve historia de la Familia Salesiana de San Juan Bosco confirma que, sin comunión, se corre el peligro del empobrecimiento común, además de caer en la infidelidad al proyecto del Fundador.

“«Sin vosotros no seríamos nosotros» puede ser la consigna que cada grupo debe asimilar y seguir en la vida de cada día” (Artículo 3 el documento: “Identidad de la Comunión en la Familia Salesiana”).

San Juan Bosco vivía dominado por la aspiración unitaria, donde se refleja una idea igualmente sólida de su patrimonio religioso: la de una familia a imagen y semejanza de la familia humana, cuyo Padre es Dios; y de la familia eclesial, donde el Papa es el padre de todos.

A ningún grupo lo concibió nunca -ni, de hecho, éste existió- de forma aislada, sino siempre dentro de una perspectiva unitaria, suficientemente fuerte y rica como para incluir la distinción entre los grupos.

Las distintas expresiones del carisma salesiano son sustancialmente interdependientes; es decir, viven una relación de reciprocidad muy profunda, de modo que la identidad en la Familia Salesiana no se puede definir ni vivir por un grupo sin referencia a los demás. Todos juntos, en cuanto Familia, encarnan hoy la vivencia espiritual y carismática del Fundador y expresan la riqueza del don de Dios a favor de la Iglesia, prolongando y desarrollando en el tiempo la originalidad de San Juan Bosco.

En una Iglesia-comunión, la Familia Salesiana tiene y muestra un solo corazón y una sola alma, mediante actividades de comunión fraterna y apostólica al servicio de la misión y para enriquecimiento mutuo de los grupos y los miembros que los integran”. (Artículo 6 del documento: “Identidad de la Comunión en la Familia Salesiana”).

Es como sentirse los unos confiados en los otros. Pertenecer a un grupo es entrar en toda la Familia Salesiana. Estar en comunión es crecer con todos; es reconocer que uno es complemento del otro.

Unidos, los miembros posibilitan a la Familia la vivencia, en plenitud, de sus dones y valores. En los diversos grupos destaca la policromía de aspectos espirituales que no pueden faltar en ningún corazón salesiano; pero éstos aparecen más claros y de forma más característica en algún grupo, si bien la comunión en la Familia los pone a disposición de todos.

La comunión eclesial, la reciprocidad, el intercambio de dones, la complementariedad y el mutuo enriquecimiento son una fecunda ley de vida para toda la Familia con consecuencias significativas para la misión. Si se quiere llegar a los jóvenes, especialmente a los más pobres, y al pueblo, como educadores y evangelizadores, no basta la actividad de un solo grupo de la Familia Salesiana; se requieren diversos tipos de intervención combinada, distintos modelos de vida cristiana y diferentes ministerios complementarios.

2. LA REFERENCIA A SAN JUAN BOSCO COMO PADRE Y MAESTRO

San Juan Bosco dejó como herencia un patrimonio espiritual rico y bien definido. Es el iniciador de una verdadera escuela de espiritualidad apostólica, nueva y atrayente. Es el punto de referencia obligada para quienes, por un impulso particular del Espíritu, se sienten llamados a compartir su destino y su misión en los diversos estados de vida, cada uno según el grado y nivel que le es propio.

La Familia Salesiana se inspira en el humanismo de San Francisco de Sales como lo vivió San Juan Bosco. Lo que hace que sean «familia» los diferentes grupos y sus miembros es una especie de parentesco espiritual en San Juan Bosco, verdadero padre de todos”(Artículo 7 del documento: “Identidad de la Comunión en la Familia Salesiana”).

El criterio de pertenencia es la caridad pastoral. El celo apostólico de San Juan Bosco es la energía espiritual que le impulsa a buscar almas y servir sólo a Dios. Reúne en torno a sí a las personas, y coordina y armoniza las distintas funciones y los múltiples dones, los diferentes estados y ministerios. La caridad apostólica de San Juan Bosco es fuerza de atracción, criterio de unidad y armonía de espiritualidad.

Él es la síntesis de una vivencia espiritual y apostólica muy rica. El amor educativo y pastoral es una forma concreta y exigente de interioridad. Ciertamente, San Juan Bosco es padre, maestro, guía y modelo de la Familia Salesiana.

3.- EL RECTOR MAYOR, CENTRO DE UNIDAD DE TODA LA FAMILIA La pertenencia a la Familia Salesiana nace de la unión y se afianza haciendo que ésta sea cada vez más profunda. No es sólo un sentimiento o una sensación que únicamente reconoce vínculos frágiles, sino un impulso del Espíritu que lleva a la unidad y busca expresiones concretas, a veces incluso institucionalizadas, con miras a una relación y colaboración en el trabajo.

Dado que la pertenencia a la Familia Salesiana afecta a muchos grupos y a su originalidad y autonomía, necesita un centro vital que facilite la referencia al Fundador, al espíritu común y a la misión que se comparte.

El centro que garantiza la unidad es, según el pensamiento de San Juan Bosco, el Rector Mayor, al que todos reconocen un triple ministerio de unidad: es sucesor de San Juan Bosco, es padre de todos y es centro de unidad de la Familia”. (Artículo 9 del documento: “Identidad de la Comunión en la Familia Salesiana”)

4. LA FAMILIA SALESIANA Y SUS DONES

Los elementos comunes a los diversos grupos de la Familia Salesiana se reducen, fundamentalmente, al hecho de ser llamados a la única misión salvadora propia de Don Bosco, realizada según su espíritu, con vocaciones específicas y diferentes, dentro de una gran diversidad de pastoral e iniciativas apostólicas. Éstos son, a grandes rasgos, los elementos que constituyen la identidad vocacional salesiana:

  • Vocación salesiana, es decir una llamada a compartir el don de Dios, el carisma infundido por el Espíritu a Don Bosco.

  • Participación en la misión juvenil y popular.

  • Compartir el espíritu y el método educativo-pastoral.

  • Adopción de una criteriología pastoral, inspirada en el Sistema Preventivo (razón, religión y amor).

  • Vida evangélica

  • Fraternidad activa: viviendo los lazos de fraternidad y colaboración y reconociendo al Rector Mayor, sucesor de Don Bosco, la función de padre y centro en la Familia y a la Congregación Salesiana el papel especial de animación espiritual que heredó de Don Bosco.



5. LAS RELACIONES FRATERNAS EN LA FAMILIA SALESIANA

Ser miembro de la Familia Salesiana supone un compromiso especial de fraternidad espiritual y apostólica con los demás grupos. Para ello es indispensable el conocimiento mutuo, la ayuda recíproca, la promoción vocacional, la comunicación y presencia en los acontecimientos más importantes de la vida de cada grupo.

Por eso se han creado, de acuerdo con todos, estructuras ágiles (organismos consultivos, consejos pastorales de la Familia Salesiana, por ejemplo), para programar momentos de fraternidad, de estudio, de oración, que facilitan el intercambio de las riquezas espirituales y la colaboración, y, al mismo tiempo, hacen ver con más claridad la identidad de cada grupo.

La Congregación Salesiana tiene -heredadas de Don Bosco- responsabilidades particulares de animación y servicio pastoral ante los grupos de la Familia Salesiana para favorecer su unidad y la fidelidad al carisma salesiano, respetando plenamente cada vocación específica.

En concreto, pone a disposición de todos sus instrumentos y organismos de formación, de estudio y de promoción de la espiritualidad y de la misión, e invita a todos a colaborar. Y como decía Don Bosco, especialmente de la lectura del Boletín Salesiano se saca un bien extraordinario, es decir, la unidad de sentimientos y un extraordinario vínculo de unión.” (Actas del Consejo General, 304. pág. 61)


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