2. La Herencia Clásica: Grecia y Roma como cuna de la Civilización Occidental: a






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fecha de publicación06.06.2015
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GUÍA Nº2.-

Eje Temático: Universalización de la Cultura.-
2. La Herencia Clásica: Grecia y Roma como cuna de la Civilización Occidental:
a. El Legado cultural del mundo clásico: la lengua, la filosofía, la ciencia y las expresiones artísticas.

b. Conceptos políticos fundamentales de la Grecia clásica aún vigentes. Papel de la ciudad en la configuración de la vida política occidental.

c. El Estado romano como modelo político y administrativo.
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El legado cultural del Mundo Clásico.-

El mundo Grecorromano corresponde al desarrollo de la civilización Griega y Romana. Estas dos culturas entregaron al mundo occidental una invaluable herencia, constituyendo la cuna de la civilización occidental. Algunos de los grandes legados de estas culturas son:
a) La Democracia: En Atenas alcanzó su máxima expresión. Clístenes la diseño a

través de la división del Ática en diez Demos, especie de circunscripciones electorales, en donde las dos clases sociales fuertes de Atenas, la nobleza y el campesinado, se encontraban en igualdad de condiciones políticas. Pericles, posteriormente, consolidó el modelo gracias a una serie de reformas que perseguían generar un equilibrio en la toma de decisiones. La Democracia Ateniense se basaba en el principio de que sólo el pueblo era soberano, entendiendo por pueblo al conjunto de los ciudadanos o individuos con derechos políticos.
El concepto griego de Democracia, fue tomado por los regímenes democráticos modernos; aunque existen algunos aspectos que los diferencian, como por ejemplo:
1. La Democracia Griega fue directa (favorecida por la pequeñez de las Polis), nuestra democracia es representativa.
2. La Democracia Ateniense fue aristocrática. El demos o pueblo con derechos políticos no pasaba de ser una minoría dentro de la población, pues las mujeres, los esclavos y los extranjeros carecían de tales derechos.
3. La Polis era una comunidad que absorbía al individuo. El ciudadano, antes que padre de familia y hombre de trabajo, era un servidor de la Polis y debía dedicarse a la colectividad desde las magistraturas y cargos públicos.
4. La Democracia Helénica fue esclavista.


b) El concepto de ciudadanía: En Atenas la condición fundamental para participar en política era ser ciudadano (a partir de los 20 años y haber nacido en Atenas). Así, la ciudadanía equivalía a ser miembro de la comunidad política y al disfrute de derechos y cumplimiento de obligaciones. En la Atenas de Pericles, se requería además estar inscrito en un demos o municipio y en una fatría, un tipo de organización políticoreligiosa de ciudadanos atenienses. En Roma era imprescindible que todo ciudadano se inscribiera en las listas del censo. Con el tiempo la ciudadanía dejó de estar necesariamente vinculada al nacimiento, y podía concederse a una persona de otra comunidad, por ejemplo, para premiar servicios prestados. En Roma se solía conceder la ciudadanía a los oriundos de una provincia que hubiera desempeñado servicios a Roma.
c) El Ideal de República Romana: Con la expulsión del pueblo Etrusco el año 509 a.C., la nobleza romana estableció la República, concepto que significa Estado libre gobernado por magistrados electos o Gobierno ejercido por el pueblo o sus delegados. En sus comienzos, la República Romana fue muy semejante a la Polis o Ciudades-Estados de los griegos, tanto por su reducido territorio y escasa población, como por su forma aristocrática de gobierno. Los romanos la llamaron Civis o Ciudad. Sólo los Patricios formaban el Pueblo Romano, es decir, eran los únicos que poseían los derechos de ciudadanía, que permitían actuar en el gobierno. Posteriormente se introdujeron los Plebeyos quienes lograron colocar un representante dentro de la estructura republicana, el Tribuno de la Plebe quien defendía los intereses de esta clase ante el resto de las magistraturas romanas. La República Romana reunía lo mejor de los tres poderes conocidos; Monarquía, Oligarquía y Democracia. Armonizaba los intereses de sus miembros a través de una tríada institucional de poder dada por las Magistraturas, el Senado y los Comicios.
d) El Derecho Romano: El Derecho Romano, el ius, es sin duda alguna, el legado

más importante que nos ha transmitido Roma. Bajo su forma definitiva (el derecho de Justiniano), ha sido estudiado en toda Europa desde el siglo XII. Ha influido en la mayor parte de los derechos modernos, especialmente en el Código Civil Francés (1804) y en el Código Civil Alemán (1900). El derecho característico de la fase monárquica de la historia romana fue oral, lo que se llama derecho consuetudinario. El primer cuerpo legislativo escrito, es decir positivo, fue la Ley de las XII tablas (establecida hacia 450-449 a. de C.) por diez magistrados, los decenviros. La Ley de las XII Tablas, contenía las disposiciones relativas al procedimiento, al poder del Pater familias (padre de familia) y, sobre todo, a las sanciones de delitos y crímenes. Con el paso del tiempo este registro se fue complementando con otros tipos de leyes y compilado por el emperador bizantino Justiniano.
e) Las Lenguas Antiguas: Los griegos fueron el primer pueblo Europeo en usar un alfabeto. La principal ventaja del alfabeto sobre la escritura con ideogramas, es que con los signos del alfabeto, las letras representan los sonidos de las palabras y se necesitan muchos menos signos que en la escritura ideográfica. Cuando Roma, a partir del siglo I a. de C., llegó a crear un gran Imperio, y extendió su cultura, el vehículo transmisor de esa cultura fue la lengua latina hablada por el pueblo, el latín vulgar, pues la mayoría de los colonizadores romanos eran militares, comerciantes y agricultores, esto es, gente de baja condición social. A la labor cultural llevada a cabo por Roma en las tierras por ella conquistadas se le conoce con el nombre de romanización. La consecuencia más inmediata de la romanización fue el desarrollo de una serie de lenguas derivadas del latín y conocidas como lenguas romances. Entre éstas se cuentan: el francés, el castellano, el catalán, el gallego, el portugués, el italiano, el sardo, el romance y el rumano.
f) Ciencia y Técnica en el Mundo Clásico: En contra de lo que pudiera parecer, también en el mundo clásico hubo ciencia, si con esta palabra aludimos a un tipo de conocimiento de la realidad preciso, riguroso y metódico, basado no ya en los sentidos, sino en la razón. No obstante, no cabe duda de que la ciencia, tal como hoy se entiende, es un fenómeno relativamente reciente, surgido, en concreto, en el siglo XVI, como una de las manifestaciones más palpables del período que conocemos con el nombre de Renacimiento. Los principales aportes del período fueron: las matemáticas, la astronomía y la física.
Los Griegos.-
Los romanos llamaron «griegos» a los habitantes de la antigua Grecia. Ellos se llamaban a sí mismos «helenos» y con el nombre de «Hélade» conocían los territorios por ellos ocupados, que formaron, excepto en la época de Alejandro, una comunidad cultural de ciudades independientes.


  • Etapas de la Historia Griega:




    1. La Edad Arcaica (siglos VIII-VI a.C.): Los habitantes de las «polis» (ciudades) hablaban dialectos de una lengua común, poseían tradiciones comunes y vivían, fundamentalmente, de la agricultura. Unos pocos terratenientes, poseían la mayoría de los terrenos cultivables. La necesidad de encontrar nuevas tierras, el aumento demográfico y los conflictos sociales de muchas de estas ciudades, llevaron a sus pobladores a fundar otras nuevas «




    1. La Edad Clásica (siglo V a.C.): A comienzos del siglo V a.C., los persas invadieron las ciudades helénicas del Asia Menor. Muy pronto, las demás ciudades del continente formaron una federación militar, dirigida por Esparta y Atenas, contra el poderoso ejército persa, iniciándose las llamadas «Guerras Médicas». El 479 a.C., los persas fueron derrotados. Persia renunció, temporalmente, a sus pretensiones y los helenos lograron unificar sus fuerzas. Del 443 al 429 a.C., Atenas, centro económico, militar y cultural, vivió su «siglo de oro» bajo el mandato de Pericles, imponiendo su hegemonía en la Hélade y siendo, junto a Cartago y Roma, una de las ciudades más importantesdel Mediterráneo. Pronto, varias ciudades pretendieron liberarse del poder ateniense, acaudilladas por Esparta y apoyadas por Persia, iniciando así las llamadas «Guerras del Peloponeso» (431-404 a.C.), que terminaron con el reconocimiento de la supremacía de Esparta. Pero los continuos enfrentamientos hicieron tambalear la estructura social y económica de las «polis». Mientras tanto, Macedonia, reino influido por la cultura helénica, aunque no heleno, se había dotado de una potente economía y un ejército disciplinado. La batalla de Queronea (338 a.C.), supuso la victoria de Macedonia sobre las ciudades helénicas.




    1. El Helenismo (siglos IV-I a.C.): Desde el comienzo de su reinado, Alejandro de Macedonia pretendía someter definitivamente el Imperio Persa y helenizar todo el Oriente. En el 335 a.C., dominó la península Helénica. Tras una serie de importantes campañas (335-331 a.C.), arrasó Persépolis. sometiendo el Imperio Persa. Del 327 al 325 a.C., avanzó hacia el Oriente, llegando hasta el río Indo, formando el imperio más extenso de la historia antigua. Aclamado como un dios, murió en Babilonia, cuando regresaba a Macedonia, en el 323 a. C. El imperio de Alejandro quedó definitivamente dividido en tres grandes reinos: Macedonia, Egipto y Seleucia.



La Sociedad griega.-
Los helenos vivían en ciudades independientes, cada una de las cuales características propias, que evolucionaron a lo largo de los siglos. Sin embargo, su

estructura social era similar: la diferencia entre ciudadanos y no ciudadanos, una gran desigualdad económica y la existencia de esclavos, eran rasgos comunes en toda la Hélade.
En las primeras ciudades helénicas, una clase aristocrática de terratenientes «eupátridas» poseía el poder político y económico de la ciudad. Agrupados en «genos» o familias, reclamaban su descendencia de los dioses para justificar sus privilegios. Dueños de la mayoría de los terrenos cultivables, arrendaban los campos a otros ciudadanos más pobres, que debían satisfacer importantes impuestos. Solamente los aristócratas eran capaces de costearse el armamento necesario para las continuas guerras. Las leyes de la ciudad eran conocidas y administradas sólo por ellos. Pero la aparición del «hoplita» o infante armado, con un equipo que muchos podían ya costearse, el aumento del comercio y la especialización de la agricultura, harán que muchos ciudadanos no aristócratas se opongan a los antiguos privilegios de los eupátridas. Desde el siglo VII a.C., los ciudadanos griegos no se dividen ya en aristócratas y no aristócratas, sino en ricos y pobres, pero con iguales derechos; junto a ellos había una gran masa de esclavos y extranjeros. El conjunto de habitantes de una «polis» podía dividirse en ciudadanos, esclavos y extranjeros. División a la que era necesario, siempre, añadir la diferencia de riqueza.
Todo aquel que era hijo de ciudadanos libres de la «polis» era considerado ciudadano heleno y gozaba de todos los derechos en la ciudad. La mayoría de los ciudadanos eran campesinos y ganaderos, y adquirieron una participación cada vez mayor en el gobierno de algunas ciudades. Debían tomar parte en las guerras y participaban en los juegos deportivos y en las fiestas religiosas de la Hélade. El derecho de ciudadanía era muy restringido en la época clásica. Las mujeres no lo poseían aunque tenían ciertos derechos.
Los esclavos carecían de todo derecho y realizaban los trabajos más duros. En algunas ciudades, como Esparta, eran muy numerosos. La procedencia de los esclavos era triple: prisioneros de guerra, adquisición en los mercados orientales o bien ciudadanos sometidos a la esclavitud por deudas o impuestos impagados. Los esclavos proporcionaron siempre una mano de obra barata, que contribuyó decisivamente al apogeo económico y político de muchas ciudades helénicas. En las grandes ciudades helenísticas, el número de esclavos aumentó considerablemente. A pesar de su mísera condición, el esclavo no solía ser maltratado y en las ciudades helénicas vestía como los ciudadanos.
Llamados «metecos», los extranjeros no eran considerados ciudadanos y sus derechos eran muy limitados. Muchos extranjeros vivían en barrios separados de las ciudades, desempeñando funciones comerciales e industriales. A pesar de su segregación, los extranjeros contribuyeron decisivamente al desarrollo económico de la Hélade y su presencia suponía siempre la aparición de nuevas técnicas y novedades de otros países. Durante el helenismo, el derecho de ciudadanía se amplió considerablemente.



Evolución política de la Grecia clásica.-
Los rasgos físicos del territorio griego influyeron en el desarrollo de su estructura política ya que la Grecia Clásica estuvo dividida en un gran número de Polis o Ciudades-Estados destacando por sobre las demás Atenas y Esparta. Las Polis se desarrollaron ocupando pequeños valles situados entre montañas, en territorios reducidos, de comunicación difícil, por lo que lograron un alto grado de independencia política y de libertad para gobernarse como ellas determinasen. En el ámbito económico buscaron autoabastecerse (autarquía) pero cuando no lo conseguían eran diestros comerciantes. La Polis también tenía un rol religioso, puesto que creían en la existencia de dioses protectores que articulaban toda la vida religiosa de la ciudad. A pesar de esta división política, los griegos siempre tuvieron el sentimiento de pertenecer a una misma comunidad, la Helénica; unida por el lenguaje (llamaban bárbaros a los que no hablaban su misma lengua) y por la religión, poseían un panteón religioso similar; Además se auto reconocían como miembros de una cultura comercial y marítima. Las Polis siguieron diferentes estructuras políticas, siendo la de Atenas el modelo clásico a estudiar, la evolución política de esta Polis fue la siguiente:


  1. Monarquía Patriarcal: Existía un rey llamado Basileus, quien era juez, jefe de guerra y sacerdote. Se asesoraba por el Areópago, el cual estaba conformado por los jefes de las familias nobles.




  1. Aristocracia: Superada la etapa de la Monarquía, se estableció un gobierno aristocrático. Se organizó un régimen de gobierno colegiado, encabezado por los Arcontes (9), seguidos por el Areópago (integrado por los ex arcontes) y terminado en la Ecclesia, una asamblea de terratenientes. Durante este período se agudizaron una serie de problemas en la Polis especialmente el endeudamiento y el acceso a la tierra. En parte estos problemas se intentaron solucionar a través de migraciones alrededor del mediterráneo período conocido como de Colonización griega.




  1. Los Legisladores: En el año 624 a.C., Dracón codifico la ley, limitando los abusos de la aristocracia en contra del pueblo. En el año 594 a.C. Solón dicto una serie de leyes entre las que se cuentan las siguientes: prohibió la esclavitud por deudas, liberó a los esclavos por deudas, a los ciudadanos los dividió en cuatro clases a los que se les otorgo derechos en función de su riqueza. Creo la Bulé o consejo de los 400. Organismo legislativo que paulatinamente adquirió las funciones del Areópago.




  1. Tiranía: En el año 561 a.C. se establece la Tiranía. En medio de una serie de conflictos sociales, Pisístrato, jefe del partido popular se apoderó del gobierno, constituyéndose en un tirano. El Tirano, señor con poder absoluto, término que al comienzo no tenía connotación negativa, se apoya en el pueblo para arrebatar violentamente el poder a la aristocracia. Su objetivo: Favorecer las condiciones de vida del pueblo bajo. En el gobierno de Pisístrato se favoreció el cultivo de la vid y el olivo y fortaleció la marina ateniense.




  1. Democracia: En el 508 a.C. Clístenes crea un nuevo sistema político conocido como Democracia. Dividió a la población en 10 tribus o demos las cuales participarían directamente en la acción política. La Constitución democrática de Clístenes estableció que cada año 10 ciudadanos eran elegidos Estrategas lo que los convertía en jefes del ejército; que cada año 500 ciudadanos eran sorteados para participar de la Bulé; que cada año 6000 ciudadanos, eran sorteados para participar como jueces; todos los ciudadanos forman parte de la Ecclesia: Elegían a los magistrados, discutían y votaban leyes. Entre el 444 y el 429 a.C., Pericles ocupó el cargo de Estratega, profundizo el sistema democrático, lo hizo realmente efectivo, consagrando el principio de la igualdad ante la ley y de los derechos políticos. Bajo su mandato Atenas se convirtió en la Polis más importante de la Hélade y organizó el imperialismo ateniense.


La otra Polis que se toma como punto de referencia es la de Esparta, en parte porque representa lo contrario a lo que significó Atenas. Esparta fue la Polis aristocrática, militarizada y conservadora por excelencia. Alcanzó el dominio de la Hélade luego de haber derrotado a los atenienses en la guerra del Peloponeso (429-404 a. de. C.). La organización social y política espartana se explica por la situación de desventaja numérica en la que se encontraban, en efecto la hegemonía que ejercían sobre la zona de Laconia al sur del Peloponeso y en particular sobre los llamados Ilotas (habitantes originarios de Laconia), era difícil de mantener ya que los Espartanos constituían el 7% de la población que ocupaba dicha zona. Para enfrentar esta situación se fortalecieron militarmente logrando mantener inalterable su dominio en este territorio. La tradición atribuye al legislador Licurgo la estructura política de Esparta. Los órganos de gobierno se encontraban muy estructurados: dos reyes, procedentes de las familias aristocráticas, representaban el poder de la ciudad; un consejo de «éforos» o altos

magistrados asistía a los reyes en las tareas más importantes; una asamblea ejecutiva o «Gerusía», compuesta por 28 ancianos, aconsejaba a los reyes y a los éforos; finalmente, la Asamblea o «Apella» de ciudadanos libres, que tenía sólo un carácter consultivo y no decidía ningún asunto. Esta rígida estructura de gobierno, mantenía la desigual estructura social, dando lugar a multitud de leyendas sobre el rigor de la sociedad espartana.
La Cultura Griega.-
La cultura helénica constituye uno de los momentos más brillantes de la civilización occidental. Una cultura construida sobre una sociedad desigual, que estaba hecha a la medida del hombre y que consideraba a la razón y a la belleza como sus objetivos más importantes. Los niños helenos aprendían a leer en los poemas de Hornero. La Ilíada y la Odisea describían las bases de la cultura helénica: sus costumbres, su orgullo, sus dioses, que eran compartidos por todos los helenos. Los dioses y los héroes eran hombres y mujeres que se comportaban como personas ordinarias, pero nunca morían. Vivían siempre jóvenes y bellos en el legendario Olimpo. Agrupados en familias, con complicadas relaciones entre ellos, cada uno de los dioses representaba alguna de las más importantes actividades humanas. Muchas de las ciudades se encontraban bajo la protección de uno de los dioses, a quien veneraban en los templos de sus acrópolis (Atenea, diosa de la sabiduría, protegía a Atenas); algunos santuarios, como el de Zeus en Olimpia y el de Apolo en Delfos, eran sede de cultos comunes a todos los helenos. Periódicamente se celebraban competiciones deportivas y certámenes musicales y poéticos, como los Juegos en Olimpia.
Desde el inicio de su historia, la Hélade contaba ya con el alfabeto que permitió registrar la palabra hablada en obras literarias y científicas de extraordinario valor. En el siglo VIII a.C., Homero y Hesíodo escribieron los libros poéticos que fundaron la cultura y las tradiciones helénicas. En las ciudades de Asia Menor se inició en los siglos VII y VI a.C., la primera poesía lírica de Occidente. El siglo V a.C. verá el mayor invento literario de los helenos: el teatro. Originado como parte del culto a Dionisos, pronto se convirtió en una actividad de creación cultural y en instrumento de educación política. El teatro permitía construir, de modo artificial, todo un mundo sobre el escenario y representar sobre él los aspectos esenciales de la vida humana, sus alegrías, su dolor y sus pasiones. Esquilo, Sófocles y Eurípides crearon las grandes tragedias clásicas. Y junto a la poesía y el teatro, los griegos escribieron su historia: Heródoto, Tucídides, Jenofonte fueron los primeros historiadores de Occidente.
El desarrollo del comercio y de la industria, el contacto con otros pueblos orientales y el valor concedido siempre por los helenos al diálogo, harán de algunas ciudades helénicas la cuna del modo de pensar occidental. Un modo de pensar que utilizaba razones y argumentos y que valoraba la razón como la más valiosa posesión del hombre. Platón y Aristóteles fueron grandes filósofos que, desde la Hélade, iniciaron todos los grandes temas del pensamiento occidental. La filosofía se continuó con la investigación en otras áreas del saber: matemáticas, astronomía, ingeniería, geografía, etc.
Los Romanos-
Roma, pequeña ciudad del Lacio, va a unificar Italia bajo su autoridad, a abrazar la Civilización Griega y a crear un nuevo tipo de cultura, la Cultura Greco-Latina, que se difundirá luego, por medio de la Conquista de todos los rincones del mar Mediterráneo. Los romanos crearon el más organizado de los Imperios de la Antigüedad. En sus orígenes, Roma fue una pequeña ciudad-estado, organizada bajo una Monarquía. Más tarde se convertiría en un Estado territorial con dominio sobre toda la Península Itálica, organizada bajo un nuevo sistema político llamado Republica, posteriormente en su fase expansiva, dominando toda la cuenca del Mediterráneo se transformará en un extenso Imperio. El Imperio Romano se ha constituido en la matriz, de casi todas las grandes nacionalidades de la Europa moderna. Es fundamental si queremos entender la historia Romana no perder de vista ésta evolución, que si bien es esencialmente política, explica las transformaciones vividas por ésta cultura en los otros ámbitos de su quehacer como civilización.
Roma fue fundada, según la tradición. el 753 a.C. Su poder se acrecentó desde el 615 a.C., cuando la ciudad fue dominada por reyes etruscos, pero los conflictos sociales y el deseo de un mayor protagonismo de los aristócratas provocaron la caída del último rey etrusco. El 509 a.C. se estableció en Roma una república aristocrática. Una serie de pactos con las ciudades etruscas y la formación de un poderoso ejército contribuyeron a que, el 272 a.C., Roma sometiera toda la Península italiana. La expansión romana debía enfrentar la influencia de Cartago. Tres guerras, llamadas Púnicas, terminaron con la aniquilación de Cartago el 146 a. C.
La sociedad romana.-
La sociedad romana mantuvo durante toda su historia la división entre patricios, plebeyos y esclavos. Los patricios y plebeyos eran ciudadanos libres, con derechos reconocidos. Los esclavos, muy numerosos, se encontraban en la base de la estructura social y eran la clase más desposeída. Los patricios detentaban los máximos privilegios de la sociedad romana. Durante la monarquía se agrupaban en 100 familias, cada una de las cuales tenía un nombre común y reconocía a un dios como antepasado. Constituían el pueblo «populus», frente al conjunto de ciudadanos libres, no aristócratas de nacimiento, que formaban la plebe «plebs». Posteriormente, los patricios se dividieron en dos grupos: los caballeros, que participaban en la guerra, y los senadores, que ocupaban cargos políticos. Su predominio social se mantuvo siempre, aun cuando su poder político disminuyó durante el Imperio. Los plebeyos eran hombres libres no aristócratas, enfrentados a los patricios durante toda la historia de Roma. Durante la República, muchos plebeyos enriquecidos se convirtieron en nobles, cuando la riqueza, y no sólo el nacimiento, llegó a ser un signo de poder. La nobleza de origen plebeyo tuvo un gran protagonismo en el Imperio y llegó a acumular grandes bienes procedentes del comercio y de la explotación de los latifundios. Muchos plebeyos pobres se acogían a la protección de un noble, al que consideraban su patrono, y se convertían así en clientes de un aristócrata, que veía aumentado su prestigio con semejante relación. Tras las Guerras Púnicas, muchos pequeños propietarios plebeyos quedaron arruinados y engrosaron el número de clientes (muy pobres, sólo tenían como posesión a sus hijos, la prole), o bien pasaron a formar parte del ejército. A partir del siglo III d. C., muchos campesinos que no podían pagar las deudas, quedaban totalmente sometidos a su señor y debían trabajar sus campos durante toda su vida: eran los colonos.
Los esclavos, desposeídos de todo derecho, eran considerados propiedad absoluta de sus señores. Constituían la clase más baja de la sociedad y su trabajo, dedicado a las tareas más duras y miserables, era la base de la economía. Los esclavos procedían de cuatro fuentes diferentes: los prisioneros de guerra, los ciudadanos que no pagaban sus deudas y eran condenados por los tribunales a la esclavitud, los esclavos comprados en los mercados orientales, y, por último, los hijos de los esclavos. Desde el siglo I d.C., por influencia del cristianismo, la condición de los esclavos pareció suavizarse. Muchos fueron liberados y desempeñaron tareas artesanales y comerciales. Durante el siglo II d.C., el 80 por ciento de los ciudadanos del imperio descendía de antiguos esclavos. Nada de la historia de Roma puede entenderse sin considerar la situación de los esclavos, cuyo trabajo barato suponía, sin embargo, una peligrosa

competencia para el trabajo de los agricultores y los artesanos libres.
La economía.-
Limitada inicialmente a la agricultura y la ganadería, la ciudad de Roma alcanzó relativa importancia económica gracias al control de las salinas del Tíber y al comercio con etruscos y griegos de la península. Pero desde el siglo II a.C., Roma fue la verdadera capital económica del mundo antiguo, cuyos grandes beneficios tenían en su base el trabajo de los esclavos. La ganadería, fuente de gran riqueza, fue monopolizada durante la monarquía por los patricios. La agricultura era considerada actividad de plebeyos; cereales, viñedos, algunas legumbres y frutas (a las que los romanos eran muy aficionados) eran los cultivos principales. Tras las Guerras Púnicas, y la consiguiente ruina de los pequeños propietarios, se formaron grandes latifundios agrícolas, trabajados por esclavos. Aun cuando no desarrollaron grandes innovaciones materiales, los romanos empleaban abonos, una rudimentaria rotación de cultivos y el barbecho. La tendencia a la concentración de la propiedad y la presencia de grandes terratenientes fue progresiva durante el Imperio, algunas de cuyas provincias alcanzaron un alto desarrollo agrícola.

La industria romana fue poco innovadora, pero aprovechó las técnicas y las riquezas de los territorios conquistados. Para la economía romana tuvo una gran importancia la explotación de minerales en Hispania, Britania y Galia. Uno de los aspectos más importantes de la industria romana fue la construcción de grandes obras públicas, en las que se empleaba una especie de hormigón y avanzadas soluciones de ingeniería.
Desde el inicio de su historia, Roma desarrolló una importante actividad comercial, inicialmente desempeñada por patricios «caballeros» y luego protagonizada por plebeyos enriquecidos y esclavos libertos, que llegaron a poseer grandes fortunas. A la expansión del comercio contribuyó la incesante construcción de calzadas, que unían la capital con las provincias. El comercio marítimo recibió un gran impulso durante el Imperio: todo el Mediterráneo, el mar Rojo y parte del Atlántico eran surcados por flotas comerciales) romanas, amenazadas constantemente por los piratas. Alejandría y, sobre todo, Ostia, el puerto de Roma, eran centros comerciales de primer orden.
Durante la República, se preparaba cada cinco años un presupuesto estatal, que era controlado por el Senado. Funcionarios especializados «publicanos» se dedicaban a recaudar impuestos en Roma y en las provincias. Durante el Imperio, el emperador recaudaba los impuestos mediante una complicada burocracia oficial. Junto a la economía del Estado, se desarrollaron cada vez más las formas de intercambio comercial privado. La existencia de establecimientos parecidos a los bancos era ya común en la República, así como la posibilidad de realizar complicadas operaciones bancarias y giros de dinero entre las ciudades más importantes.
Las Instituciones políticas.-
Durante los primeros siglos de su historia, Roma creó las instituciones políticas que, con cambios, perdurarían casi mil años. La monarquía etrusca era una especie de república aristocrática. Un Senado de 300 miembros, que el mismo rey elegía entre los jefes de las familias patricias, tenía como funciones guardar las tradiciones y prestar consejo al rey. Junto al Senado, existía la «Asamblea curiada», formada por el «pueblo» de patricios, divididos en secciones o «curias». Esta Asamblea, en la que no intervenían los plebeyos, aceptaba el nombramiento de los reyes, votaba las leyes y desempeñaba funciones judiciales y religiosas. Tres fueron las instituciones de gobierno fundamentales durante la República: las altas magistraturas, el Senado y los comicios. La lucha de los ciudadanos plebeyos por tener mayor protagonismo político fue constante y lo consiguieron parcialmente desde el siglo II a.C. Los «magistrados» sustituían el poder de los reyes, ejerciendo el poder ejecutivo, político y religioso. Quienes aspiraban a la magistratura, debían preparar una campaña electoral para su elección en los comicios.
Una serie de asambleas o comicios, que reflejaban la división social, reunía a los ciudadanos. Tres eran los principales: 1) los comicios curiados, formados por los más antiguos patricios, tenían funciones religiosas y recordaban los tiempos de la monarquía; 2) los comicios centuriados, organizados según el censo de ciudadanos, se distribuían en «centurias» según la riqueza de la familia, elegían los magistrados y votaban ciertas leyes; 3) los comicios tribunos, máximo órgano de la soberanía popular desde el siglo II a. C., votaban la mayoría de las leyes. El Senado máxima autoridad de la República, representaba el poder político permanente, frente al poder temporal de los magistrados, ya que los senadores ejercían su cargo toda la vida. El Senado era un órgano consultivo que inspeccionaba las finanzas públicas y controlaba la política exterior.
El Imperio (27 a.C. – 476 d.C.).-
Durante los siglos II y I a.C., la progresiva desigualdad social, la continua lucha entre patricios y plebeyos y el poder creciente de algunos generales minaron las instituciones republicanas. La revuelta protagonizada por los hermanos Graco (133-121 a.C.), exigió una radical reforma agraria contra los grandes terratenientes. Los enfrentamientos entre Mario y Sila, dos cónsules que representaban el poder popular y el aristocrático tuvieron lugar del 88 al 82 a.C. y la lucha entre los generales Pompeyo y Julio César (49-44 a.C.) puso el mando de la República en manos de una serie de triunviratos de militares. Uno de los triunviros, Octavio, tras conquistar Egipto, concentró todo el poder republicano en su persona. El 27 a.C., el Senado concedió a Octavio el título de Augusto, lo que significó el fin de la República. Del 40 a.C. al 2 d.C., Octavio Augusto reunió en su persona todos los poderes de las instituciones republicanas. Asumió estos cargos y poderes de forma vitalicia, para él y sus sucesores, iniciando así el gobierno imperial, altamente centralizado. Las antiguas instituciones republicanas sólo tenían ya un valor simbólico.
El emperador contaba con una oficina en la que se despachaba la correspondencia oficial, se revisaban los asuntos económicos, se recibían las quejas judiciales, y cuyos responsables ejercían una gran influencia en los asuntos de gobierno. Un consejo privado, elegido por el emperador entre sus altos funcionarios, sustituía al Senado. Una estructura semejante de poder centralizado se repetía en el gobierno de las grandes provincias.
Octavio Augusto estableció las fronteras del Imperio en el Rhin y el Danubio. Bajo su principado nació Jesús de Palestina. Los emperadores de la dinastía Julio-Claudia (Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón) asentaron las instituciones imperiales. La dinastía Flavia (69-96 d. C.) consiguió cierto auge económico y el sometimiento de germanos y judíos. Pero fue durante la dinastía de los Antoninos (96-192 d. C.) cuando se llegó al apogeo del Imperio: Trajano (98-117 d. C.), primer emperador hispano, integró definitivamente las provincias en la estructura del imperio; su sucesor, Adriano (117-138), también hispano, organizó la burocracia imperial, construyó fortificaciones fronterizas y viajó por todo el Imperio.



El siglo III se caracterizó por el dominio de los militares, que imponían sus candidatos al Imperio, por la presencia de emperadores procedentes de Oriente y por la decadencia social y política. Diocleciano (284-305), intentó organizar de nuevo el Imperio, dándole la forma de una monarquía oriental; para hacerlo más gobernable, dividió el Imperio en dos regiones: Oriente y Occidente, poniendo al frente de cada una dos augustos con poder político y dos césares con poder militar. Esta «tetrarquía» mantuvo el poder del Imperio durante un siglo más. Constantino (306-337), sucesor de Diocleciano, estableció la capital del Imperio en Constantinopla y reconoció oficialmente el cristianismo. Teodosio (379-395), fue el último emperador que logró reunir, bajo su mando, todo el Imperio. A partir de mediados del siglo V el Imperio de Occidente se disgregó en zonas gobernadas por pueblos extranjeros, llamados bárbaros por los romanos. El Imperio de Oriente, sin embargo, continuó unido hasta el siglo XV.


La cultura romana.-
Roma impuso un modo de vida común en todo el Mediterráneo. Sus primeras tradiciones, heredadas de los etruscos y de los griegos, se vieron pronto transformadas al asimilar las culturas de los países conquistados. El intercambio de ideas, el uso de una lengua y un derecho común, la exigencia de soluciones prácticas, crearon una rica cultura en el Mediterráneo, basada en las tradiciones helénicas, que resultó modificada sustancialmente por el cristianismo al final del Imperio.
La referencia a las antiguas costumbres de Roma fue constante hasta el apogeo del Imperio. La austeridad y frugalidad eran consideradas cualidades esenciales. El derecho de ciudadanía siempre llevaba aparejada la obligación de servir en el ejército, rasgo que cambió cuando se comenzaron a contratar soldados profesionales y mercenarios. Junto al papel fundamental del ejército se encontraba el que jugaba la religión, cuyos dioses más importantes fueron tomados de los helenos. Los cultos domésticos, propios de cada familia, se dedicaban al recuerdo de los antepasados muertos «manes» y a la veneración de los dioses protectores del hogar «ares». La ciudad tenía un culto público, que era una extensión del culto familiar. Era muy común la consulta de sacerdotes «augures» y «arúspices» para el pronóstico del futuro. Desde Octavio, la figura del emperador fue deificada y objeto de culto.
Los territorios conquistados por Roma eran rápidamente sometidos a su dominio político y económico, aunque se dejaba cierta libertad para el desarrollo de las costumbres autóctonas. Sometidos como «provincias» (unas «senatoriales», otras «imperiales», según su importancia estratégica y económica), repetían la estructura y costumbres esenciales de Roma, a la que solían estar unidas por un eficaz sistema de calzadas. Este hecho produjo una uniformidad cultural en todo el Mediterráneo, especialmente durante el Imperio. Roma mantenía así su poder y, al mismo tiempo, se enriquecía recibiendo las aportaciones de culturas muy diferentes.
El latín, lengua influida por el etrusco y el griego, adquirió forma literaria en el siglo III a.C. Las conquistas romanas lo impondrían como lengua común y, ya en el Imperio, se convirtió en un importante vehículo de comunicación y poder en todo el Mediterráneo, aunque siempre fue signo de cultura para los romanos el contar con maestros griegos y entender el griego. No obstante, pronto se desarrolló una importante literatura latina. Cicerón (106 a.C.- 43 a.C.) fue el gran autor durante la República, con una amplia obra, en la que destaca la calidad de su oratoria. Pero el siglo de oro de la literatura latina fue el siglo I d.C.: Ovidio, Virgilio y Horacio se cuentan entre los mayores poetas de la antigüedad; Tito Livio escribe una historia novelada de Roma y Tácito describe los hechos más importantes del pasado romano, con consideraciones morales. Desde el siglo III d.C., comenzó a aparecer la literatura del cristianismo, que presentaba los valores de la nueva religión y sus problemas, para implantarse en el Imperio Romano frente a cultos y tradiciones muy diferentes.

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