Ciencias Sociales, Geografía, Historia, Constitución Política y Democracia






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fecha de publicación08.09.2015
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Ciencias Sociales, Geografía, Historia, Constitución Política y Democracia

PLAN DE UNIDAD Nº 2 FICHA DE CONTENIDO Nº 1 GRADO: 11º

Indicador de desempeño: Contrasta las principales causas y consecuencias de los conflictos del continente africano a partir del proceso de conformación de estados en el siglo XX.
CONFLICTOS AFRICANOS: NIGERIA

La República Federal de Nigeria está situada en el oeste del continente africano. Actualmente Nigeria es el país más poblado del continente africano, con cerca de 160 millones de habitantes. La Guerra Civil de Nigeria, también conocida como Guerra de Biafra (6 de julio de 1967 a 13 de enero de 1970) fue el conflicto causado por el intento de secesión de las provincias del Sudeste de Nigeria bajo el nombre de República de Biafra.

Respecto al tipo de guerra, es una guerra civil ya que es un conflicto armado entre dos sectores en el interior del mismo país, con lo que el país queda dividido. Este tipo de guerra acaba cuando un sector se impone con las armas sobre el otro por lo que no suele firmarse un tratado de paz. La guerra civil de Nigeria se produjo porque el territorio de Biafra quería independizarse del resto de Nigeria, con lo que la podemos calificar de guerra de secesión. También la calificaremos como guerra de guerrillas ya que no se llegó a formar un ejército regular en los territorios secesionistas. En cuanto a su dimensión, es el ejemplo de guerra localizada ya que no se generaliza a otros países. Esta guerra también responde a una guerra total ya que toda la población civil sufre las penurias de la guerra y sobre esta recae gran parte del esfuerzo bélico. En ocasiones también será utilizada como un arma de guerra, como ocurrió con el tristemente famoso asedio de Biafra.

Para comprender este conflicto debemos remontarnos a comienzos del siglo XX, cuando en plena fiebre de la colonización del continente africano por parte de los europeos, Gran Bretaña en el 1.901 estableció un protectorado en Nigeria con el fin de explotar sus valiosos recursos naturales, principalmente minas y petróleo. Más tarde, en 1.914 pasó a ser colonia británica. Tras la Segunda Guerra Mundial, el nacionalismo nigeriano se incrementó y para controlar la situación, los británicos les otorgaron más autonomía.

Más tarde en 1.960 los ingleses decidieron marcharse del territorio, proclamándose la República Federal de Nigeria. Pero antes de abandonar el territorio, dividieron el país en tres provincias con un alto grado de autonomía (una estructura prácticamente federal). Cada una de estas tres regiones estaba dominada por el grupo étnico mayoritario: hausa-fulani en el Norte; yorubas en el Suroeste e ibos en el Sureste (Biafra). A partir del 1.962 comenzaron los conflictos internos debido a tensiones tribales y regionales. Por ello, el 15 de enero de 1.966, se produjo el primer golpe de estado que llevó al poder al general ibo Ironsi. Sin embargo, este fue disuelto por un contra-golpe el 29 de junio de 1.966 llevado a cabo por los norteños que interpretaban que los ibos se querían hacer con todo el poder, y que llevó al poder a Gowon finalmente. La proclamación de independencia de la República de Biafra el 30 de mayo de 1967 por parte del coronel ibo, Odumegwu Ojukwu. Esta declaración se anunció en el parlamento de Biafra.

Otras motivaciones que generaron este conflicto fueron la disputa por los beneficios obtenidos por el petróleo de Biafra, ya que la zona norte los explota sin que reporte ninguna riqueza a Biafra. Además los nigerianos temen perder el territorio más productivo del país. Hubo tensiones étnicas fruto de la división con escuadra y cartabón del continente africano por parte de los europeos, sin atender a las tribus locales o a la cultura. Nigeria estaba integrada por unos 300 grupos étnicos y culturales distintos. Los ibos, tribu mayoritaria en Biafra, eran mayoritariamente cristianos. Este hecho hacía que fueran mal tratados por la mayoría musulmana del norte, incluso en 1966 se produjeron masacres a gran escala de ibos cristianos residentes en el norte musulmán. Estas matanzas se saldaron con alrededor de 30.000 muertes.

Esta guerra produjo la destrucción del tejido productivo, contribuyendo a la hambruna y prolongando la pésima situación económica del país que además debía hacer frente al pago de las armas adquiridas durante la conflagración. A todo ello se sumó la continuación de las protestas por el desigual reparto de las ganancias del petróleo. A pesar de todo ello, como Biafra se reincorporó de nuevo a Nigeria, recibió importantes inyecciones de dinero de esta para mejorar su penosa situación, producida principalmente por la quema de campos durante la guerra.

Las consecuencias fueron devastadoras para la población civil. Toda guerra civil supone un impacto impresionante sobre la población ya que la guerra se lleva a cabo en el mismo territorio. Además esta guerra fue especialmente desastrosa por la hambruna de Biafra, siendo utilizada la población como arma de guerra. Se estima que alrededor de tres millones de personas murieron a causa del conflicto, principalmente por hambre y las enfermedades que se propagan con facilidad en situaciones tan precarias. Una de las enfermedades que tuvo más incidencia fue la de kwashiorkor, que se produce generalmente en niños, cuando tras la lactancia no reciben la cantidad apropiada de nutrientes esenciales. Fue un verdadero drama humanitario. A ello se une el drama de los refugiados, cerca de tres millones de ibos huyeron a Camerún como refugiados durante el conflicto, mientras otro millón había huido durante el caos previo a la guerra. Por su parte, el territorio de Biafra acusó a Nigeria de haber empleado el genocidio contra su población. Fruto de este panorama desolador, en 1.971 un grupo de médicos denunciaron esta situación y liderados por el médico francés Kouchner crearon la ONG Médecins Sans Frontières, Médicos Sin Fronteras.

Rubio Rueda, M.J. (20/04/2015) Guerra Civil Nigeriana o Guerra de Biafra (1967-1970). Recuperado de: http://perseo.sabuco.com/historia/biafrahcs2012.pdf

CONFLICTOS AFRICANOS: RUANDA

Ruanda es un país pequeño, de elevada densidad demográfica y relieve ondulado, situado en la región de los Grandes Lagos, en el África oriental. Una violencia intermitente y de apariencia étnica afecta el país desde finales de la época colonial hasta la actualidad.

Aunque los agentes directos de las matanzas y enfrentamientos han sido y son ruandeses, la influencia de potencias exteriores se ha hecho notar en muchas ocasiones y especialmente en el episodio más grave, el genocidio de 1994, que provocó entre 800.000 y un millón de muertos, civiles en su mayoría.

Por otra parte, el hecho de que las líneas fronterizas actuales, que respetan las demarcaciones dibujadas en tiempos de las colonias, dividan grupos humanos que también habitan en estados vecinos, favorece la expansión de los conflictos armados, su contagio tanto desde el interior como desde el exterior del país.

En el transcurso de las últimas décadas, se han producido violentos enfrentamientos internos en Ruanda. El aspecto más visible han sido los combates entre tutsis y hutus que, a través de los años, han establecido organizaciones políticas y armadas propias. Pero la línea divisoria étnica -tradicionalmente cruzada por medio de amistades y bodas- no ha sido la única existente: de hecho, en el genocidio de 1994, desencadenado por el Gobierno en manos de los hutus radicales, murieron tanto tutsi como hutus moderados, simples opositores del poder por razones políticas.

En algunos países vecinos a Ruanda, como Burundi, RD Congo (ex-Zaire) o Uganda, viven también hutus y/o tutsis, ya sea de forma estable o bien como refugiados. Ello ha implicado en muchas ocasiones que esos países influyan en la situación de Ruanda y, viceversa, que los ruandeses actúen en el exterior.

El papel de los países occidentales en el conflicto ruandés ha sido y es muy marcado. Bélgica, potencia colonial, optó desde el principio de su dominio por privilegiar a la minoría tutsi y convertirla en élite. La Iglesia expandió la noción de su superioridad respecto de los hutus y los colocó en los puestos clave de la administración colonial. En 1992, el parlamento belga tuvo conocimiento a través del embajador en Ruanda de que se preparaba una "solución definitiva" del problema étnico, pero no hizo nada al respecto.

Francia firmó un acuerdo de suministro armamentístico con Ruanda en 1975 y, en nombre de la francofonía, apoyó al régimen dictatorial de los hutus radicales a pesar de sus actuaciones inaceptables: sus oponentes tutsis, procedentes del exilio en Uganda, se habían convertido en anglófonos. Gérard Prunier califica el papel de Francia de "catalizador" del genocidio. Estados Unidos, aliado del actual gobierno tutsi de Ruanda, patrocina la actuación de ese país, junto con Burundi y Uganda, en la guerra de rapiña que tiene lugar en la RD del Congo.

En cuanto a la ONU, que en 1993 envió una misión al país (MINUAR) con la finalidad de contener la escalada de violencia, optó por la pasividad cuando se inició el genocidio -visiblemente preparado y cuidadosamente organizado-. Las fuerzas de MINUAR no recogieron las armas que se distribuían entre los milicianos, a pesar de tener el mandato correspondiente y, en el momento inicial de las matanzas, evacúan el terreno y dejan desprotegidas a las víctimas. A pesar de todas las evidencias, la ONU no califica las matanzas de genocidio hasta el 25 de mayo, cuando buena parte de las masacres ya se han consumado.

El primer estallido de violencia interétnica se dio en 1959-1963. Desde entonces ha habido sucesivos brotes de intensidad desigual: 1973, 1990, 1994, sin que ello signifique que los años no señalados han sido pacíficos. La evolución histórica del conflicto puede verse en la cronología.

La incompatibilidad más importante consiste en la decisión de las élites de hutus y tutsis de no compartir el poder, de disponer en exclusiva de las riendas políticas del país y de las prebendas que de ello derivan. La posesión de la tierra -un bien cada vez más escaso en una época de crecimiento demográfico- también enfrenta a ambas comunidades, agricultora una, pastoral la otra. En la base del conflicto actual -explicó McCallum en 1995- se encuentra el miedo de los tutsis a ser exterminados y el miedo de los hutus a ser explotados.

¿Qué base tienen ambos miedos? Una base amplia, si se mira hacia atrás, hacia las décadas inmediatamente anteriores, por el hecho de que las matanzas han sido recurrentes desde el fin de la era colonial y también porque la sociedad ruandesa había quedado estructurada de forma muy jerárquica y en ese orden -instaurado por la potencia colonial- los tutsis tenían reservados los puestos de dominio y poder. El hecho de que los tutsis sean minoritarios implica que nunca podrán gobernar en exclusiva de forma democrática.
"De hecho, la historia de Ruanda es una historia clásica de manipulación, de etnicismo fomentado, de mistificación de la historia (aquí no entramos en el debate sobre los orígenes de hutus y tutsis, pero cabe apuntar que hoy es uno de los argumentos más utilizados para hablar de las "diferencias" raciales y del "odio ancestral"), una historia clásica, pues, con una finalidad muy concreta: el poder" (Bru Rovira, 1999).

La situación en la que tienen lugar los acontecimientos de 1994 es de angustia económica: el campesinado se encuentra ahogado por la falta de tierras y por una pobreza creciente. La densidad de población en las tierras útiles llega a 380 habitantes por km2.

Una vez más, el papel de la Iglesia es determinante en una sociedad religiosa como la ruandesa. Dividida, una parte de la jerarquía apoya sin fisuras al gobierno de los hutus radicales mientras la otra intenta proteger a las víctimas con fortuna desigual.

La inducción al uso masivo de las armas se basa en los miedos ya mencionados, atizados de forma intensiva por medios de comunicación en manos de los hutus radicales, como la Radio Mille Collines. La facción hutu en el poder había previsto una "solución definitiva" al problema étnico que consistiría en "terminar el trabajo" -esto es, en no dejar vivos ni siquiera a los niños, a diferencia de ocasiones anteriores-. Una de las consignas más repetidas era: "¿Ya has matado a tut tutsi?"
El proyecto genocida se pone en marcha como alternativa a la implantación de un plan internacional de paz promovido por varios países africanos (Acuerdos de Arusha) y que preveía que hutus y tutsis compartieran el poder político.

A la propaganda y al papel cómplice de una parte de la Iglesia se une el hecho ya citado de la potente jerarquización de la sociedad ruandesa: la población, disciplinada y obediente, no presentó demasiada oposición al papel que se le pedía -verdugo o víctima-, aunque también es cierto que buena parte de las víctimas fueron hutus que se negaron a asesinar a sus vecinos o parientes.

Los grupos armados oficiales como el Ejército ruandés o la guerrilla del FPR, acostumbraban a combatir con tácticas de infantería tradicionales, aunque sus acciones implicaban ataques a la población civil.

En 1994, los milicianos hutus radicales "interahamwe" usaron armas absolutamente primarias: machetes, mazos, hachas, garrotes, aunque a menudo las víctimas se remataban a tiros. Movilizaron masas enormes de civiles con los que consiguieron aniquilar los objetivos que se habían planteado. La organización fue muy cuidadosa y el resultado, eficaz. La elección de utilizar ese instrumental primario en lugar del arsenal del ejército respondía, según Ryszard Kapuscinski, al objetivo de crear una "comunidad criminal" que hiciera culpables a grandes masas de población y que las obligaría, así, a ser fieles a sus dirigentes.

Los enfrentamientos armados posteriores al genocidio, es decir, los ataques de milicias hutus contra las fuerzas tutsis ya instaladas en el poder, tienen forma de asaltos guerrilleros, generalmente nocturnos y sorpresivos. La población civil sigue sufriendo buena parte de las víctimas.

El papel de los "medios" occidentales en el genocidio ruandés ha merecido largas reflexiones. La razón fundamental es el hecho de que el genocidio propiamente dicho no fue filmado ni fotografiado ni contó con demasiados redactores. Los reporteros fueron llamados a sus sedes simplemente porque lo que ocurría "en el fin del mundo" no interesaba. Tampoco la guerra civil entre el Ejército ruandés y las fuerzas del FPR mereció demasiada atención de nuestros medios. La cobertura periodística llegó con la Operación Turquoise y el éxodo de hutus del mes de julio. Lo que se filmó y fotografió de forma masiva fueron los hutus ya situados en el Zaire (RD Congo actual) y sus benefactores humanitarios occidentales. El inconveniente consistía en que las víctimas que aparecían ante las cámaras lo eran del cólera y en que entre ellas se ocultaban los instigadores y organizadores del genocidio. La "Comunidad internacional" los alimentaba y atendía a la vista de todo el mundo. Pero las víctimas del genocidio nunca se vieron.

Probablemente, nunca se sabrá cuántos muertos provocó el genocidio de 1994. Se calculan entre 800.000 y 1.000.000. Si fueron 800.000 equivaldrían al 11 por ciento del total de la población ruandesa y 4/5 de los tutsis que vivían en el país -hay que contar con los tutsis de Burundi y de los países vecinos en que se habían exiliado-.Tampoco sabemos cuántas víctimas ha provocado la venganza tutsi. Aunque hay quien habla del "otro genocidio", parece que no es en absoluto comparable.

Recuperado de: http://www.geocities.ws/adsdosreis/lyn/II.14.html. Jean-Marc BALENCIE; Arnaud De LA GRANGE (dirs.), Mondes rebelles, guerillas, milices, groupes terroristes. L'encyclopédie des acteurs, conflits & violences politiques, París, Éditions Michalon, 2001, pp. 758-795.
CONFLICTOS AFRICANOS: ETIOPIA Y ERITREA.

La historia contemporánea de Eritrea se inicia en 1889 con la ocupación italiana. Aunque presentando todas las características del colonialismo, en este caso se acompañó de un desarrollo económico y político sin comparación con los países del entorno. Cuando pasó a depender de la administración inglesa, después de la II guerra mundial, la casi totalidad de las infraestructuras industriales, portuarias y ferroviarias fueron vendidas o desmanteladas.

Se convirtió en un país considerablemente debilitado, cuando en 1952 las Naciones Unidas deciden federarla a Etiopía. Según los acuerdos aprobados con el emperador Haile Selassie, Eritrea debía gozar de cierta autonomía, pero muy rápidamente, el negus le impuso una dominación brutal y la anexionó unilateralmente. La represión se llevó a cabo brutalmente (pueblos quemados, poblaciones masacradas) y se organizó la resistencia. En 1961 nace el Frente de Liberación de Eritrea (FLE), y en 1970 el Frente Popular de Liberación de Eritrea (FPLE), escisión marxista del FLE, que toma la dirección de la lucha. Aislado internacionalmente, combatirá con sus propias fuerzas a las dos superpotencias: Estados Unidos primero, que sostiene a Halle Selassie hasta su caída en 1974; la URSS a continuación, que aporta un apoyo incondicional a Mengistu, nuevo hombre fuerte de Etiopía, cuya sangrienta dictadura se acaba en 1991. Si se añade la sequía y hambre catastróficas en los años 80, la resistencia victoriosa del FPLE no puede explicarse más que por su capacidad de organización y su implantación en la población.

Desde 1991 Etiopía está gobernada por el Frente Democrático Revolucionario del Pueblo Etíope (EPRDF). Desde la misma fecha gobierna Eritrea el Frente de Liberación del Pueblo Eritreo (EPLF). Ambos siguen viviendo del prestigio que adquirieron por ser los grupos rebeldes que lideraron el movimiento revolucionario contra el régimen de Mengistu, que finalmente llevó al derrocamiento del régimen Deurg y a la proclamación de la independencia eritrea (prontamente reconocida por Etiopía, ya que sus gobiernos se consideraban compañeros de armas). En Mayo de 1991, la toma de Asmara por las fuerzas del Frente Popular para la Liberación de Eritrea puso fin a una guerra de 30 años. Dos años después, el 25 de Abril de 1993, el país ratifica por referéndum una independencia conquistada por las armas. A partir de aquí, Addis Abeba y Asmara eligieron caminos muy diferentes.

Cuando en 1997 Eritrea decidió la introducción de su propia moneda (el nacfa) para asentar la libertad de sus transacciones económicas con el extranjero, creó una "frontera" ya que ambos países habían establecido (en 1991), un mutuo librecambio y el libre acceso de Etiopía a los puertos eritreos.

Etiopía y Eritrea comparten una frontera de más de 1000 km, que no está claramente delimitada por los tratados internacionales, así el estallido de la guerra en 1998 va acompañado por la redacción de un informe (14 y 29 de Mayo) por parte de Eritrea, donde reclama la "frontera colonial", es decir, la línea trazada a principios de siglo entre el reino de Italia y el imperio de Etiopía. Esta línea se fue precisando por sucesivos tratados, de los cuales el más importante fue el del 15 de Mayo de 1902 (tratado anglo-ítalo-etíope) que delimita la parte occidental y central de la frontera, justo donde se desató la guerra.

Etiopía no objeta este tratado, pero Eritrea acusa a las autoridades locales de Tigré de utilizar otro mapa que incorpora a Etiopía zonas fronterizas (en las que después estalla el conflicto). En 1952, cuando la ONU federa Eritrea a Etiopía, la línea pierde parte de su fuerza, y el rais (señor) de Tigré realizó instalaciones agrícolas en la zona fronteriza, cuya administración dependía de un distrito tigriño. A partir de entonces, la zona ha estado sometida a periódicas disputas, por ejemplo: el 1976 y en 1981 las guerrillas del FLE y del FPLT (Frente Popular de Liberación del Tigré) tuvieron varios enfrentamientos en esta región. Es por ello, que esta guerra que estalla en 1998 ha sido calificada por los organismos internacionales como una "guerra absurda", pues no es ni étnica, ni religiosa ni tribal y no está determinada tampoco por una lucha por el poder; se trata de este antiguo conflicto entre dos estados, de un conflicto "a la antigua".

El conflicto se inicia en mayo de 1998 cuando Eritrea invade el triángulo de Shirga y ocupa Badme y Zelambesa, como respuesta a un incidente que pocos días antes había causado un muerto eritreo. Asmara no se esperaba que Addis Abeba reaccionara públicamente. Como en el pasado eso debía seguir siendo "una pelea de familia". En Addis Abeba esta demostración de fuerzas se sintió como una manifestación insoportable de la arrogancia eritrea, ya que desde hacía varios meses ambos países mantenían un sordo pulso económico después de la desaparición de su unión monetaria. En este contexto, la OUA elabora un acuerdo de paz que implicaba un "alto al fuego"; el mismo no pudo ser aplicado porque existieron diferencias de interpretación: los eritreos querían el cese del fuego antes de firmar el tratado, y los etíopes lo aceptarían después de la retirada de tropas eritreas. La cuestión se plantea actualmente en Etiopía que rechaza todavía la tercera parte del acuerdo. Vista desde Asmara, la respuesta es clara: Addis Abeba no quiere la paz, su objetivo no es el arreglo de un litigio fronterizo, sino acabar con el régimen del presidente Isaías Aferwoki.

Ante la imposibilidad de negociar, el 12 de mayo del 2000 se produce un nuevo estallido de la guerra, sucede dos días antes de las elecciones en Etiopía cuando ésta ataca a Eritrea para recuperar los territorios perdidos en 1998, para castigar a Eritrea y realizar el mayor número de bajas materiales y humanas, y para dañar su ejército y su orgullo.

El 17 de mayo el Consejo de Seguridad impone un embargo de armas a los dos países, pero ambos estaban aprovisionados como para continuar con la guerra, porque ambos países disponen de arsenal de origen soviético, que data de los años 70 y 80, heredado de las entregas masivas de armas al régimen militar del coronel Mengistu. Debido a su superioridad militar los etíopes conquistaron rápidamente numerosos pueblos y aldeas, y estaban en condiciones de avanzar sobre Asmara para derrocar a su gobierno, pero esto hubiera sido rechazado por la comunidad internacional y no lo hicieron. El 18 de junio tras la derrota militar de Eritrea se firmó un acuerdo de alto al fuego en Argel que contemplaba el cese de las hostilidades y el posterior despliegue de una fuerza de interposición de la ONU que debía controlar la franja fronteriza y delimitar geográficamente esta frontera.

Esta guerra produjo numerosas pérdidas humanas y más de 750.000 desplazados y refugiados etíopes y eritreos. Normalmente, al margen de los combates propiamente dichos, las poblaciones están sufriendo sin embargo las consecuencias de la guerra. A todo lo largo de la frontera occidental y central, más de 600.000 civiles han tenido que salir de sus pueblos.

En Eritrea la situación es más preocupante porque deben hacer frente a un éxodo interior (7% de la población). Además, Asmara debe hacer frente a otra emigración forzada: la de los eritreos y etíopes de origen eritreo expulsados por Addis Abeba. Desde junio de 1998 han sido expulsados más de 65.000 en nombre de la seguridad del país. Asmara denuncia una verdadera depuración étnica.

También Etiopía se queja de expulsiones masivas. Sin embargo, el balance está lejos de ser equilibrado. Menos de 30.000 expatriados han abandonado Eritrea desde el comienzo de la guerra. Al parecer, Eritrea no ha organizado ni caza al hombre, ni saqueos, ni deportaciones masivas. Amnistía Internacional y la Cruz Roja Internacional lo reconocen, así como también las Cancillerías, aunque la comunidad internacional haya dirigido las mismas críticas, en este aspecto, a ambos países.

Los representantes de Amnistía Internacional han advertido, a su regreso de una visita de investigación a Etiopía y Eritrea, que la expulsión masiva amenaza ya a todas las personas de origen eritreo de Etiopía y causa muchísimo sufrimiento a millares de familias todas las semanas. La política de expulsión de personas de origen eritreo aplicada por Etiopía tras el estallido de la guerra entre ambos países en mayo de 1998 se ha convertido en una operación generalizada y sistemática de detención y expulsión de todo individuo de ascendencia parcial o totalmente eritrea.

Aunque Amnistía Internacional no adopta ninguna postura sobre el conflicto armado en sí mismo ni sobre las cuestiones que lo han suscitado, ha instado en reiteradas ocasiones a ambas partes para que respeten los Convenios de Ginebra. Tras la guerra, los desplazados y refugiados deben enfrentarse a un entorno desolador, ya que gran parte de la infraestructura y las cosechas han sido destruidas y numerosas zonas han sido minadas, lo que imposibilita el retorno de la población y supone una labor urgente para las agencias que se dedican al desminado. Sin bienes, sin posibilidad de volver o de cultivar sus tierras, estos desplazados dependerán de la ayuda humanitaria durante más de un año.

La precaria situación económica y social de Etiopía contribuye enormemente a la propagación de hambrunas. Es el país más pobre del mundo, según la clasificación del BM recientemente publicada. Por su parte, la economía de Eritrea estaba totalmente colapsada antes de comenzar la guerra pero, tras ella, ha quedado casi en estado de coma. La cantidad de kilocalorías por habitante y día, en Etiopía y Eritrea, son las más bajas del mundo (1585 y 1845 respectivamente). El mínimo normal exigido por la OMS es de 2650 kilocalorías y el mínimo de subsistencia para no morir de hambre es de 1650.

Recuperado de: http://edoc.bibliothek.uni-halle.de/servlets/ (20/04/2015).

En: Le Monde Diplomatique, edición española, N033 y 34, agosto/septiembre 1998. Pérez-Vitoria, 5., Las mujeres de Eritrea no se desarman. En: Le Monde Diplomatique, edición española, N015, enero 1997. Renon, A., Etiopía-Eritrea: un conflicto asesino. En: Le Monde Diplomatique, edición española, N055, mayo 2000. Vivero Pol, J.L.; Porras Gómez, C., Etiopía necesita de nuevo ayuda internacional.

CONFLICTOS AFRICANOS: SOMALIA.

En el siglo XIX y tras varias décadas de ocupación por parte de los sultanatos árabes, los británicos, franceses e italianos- inmersos en la carrera por la colonización- establecieron sedes en la región. La parte ocupada por los italianos- la Gran Somalia- era la tierra que unía a todos los somalíes. Durante la Segunda Guerra Mundial este territorio fue ocupado por tropas británicas, administrándolo hasta noviembre de 1941, cuando pasó a ser un territorio del Consejo de Administración Fiduciaria de las Naciones Unidas bajo administración italiana.

La actual Somalia surgió el 1 de julio de 1960 a partir de la unión de los territorios británicos (Protectorado de Somaliland Británica) e italianos (Somalia italiana, hasta entonces parte del África Oriental Italiana). La entonces denominada Somalilandia Francesa conseguiría la independencia por separado, convirtiéndose en el actual Djibouti.

Desde 1960 el país estuvo liderado por la Liga de la Juventud Somalí, hasta que en 1969 el asesinato de su líder y un golpe militar inauguraron la historia de la autocracia somalí, colocando como presidente a Mohamed Siad Barre. Durante esta época, en el contexto de la Guerra Fría, el régimen recibió el apoyo directo de Moscú hasta que los propios soviéticos, en un giro inesperado, pasaron a prestar su apoyo a los enemigos etíopes. Somalia optó entonces por buscar ayuda en el bloque occidental.

La pésima situación económica durante estas décadas hizo crecer la oposición armada en el país, sobre todo en la parte norte. Así, ya 1991 (tras la caída de Barre), los enfrentamientos entre clanes tradicionales, protagonistas de la organización pre-colonial del país, terminaron por configurar dos bandos opuestos. Estalló entonces una guerra civil que ya no hallaría solución hasta hoy.

Con el país sumido en la guerra civil y una fuerte sequía, Estados Unidos (EE UU) envió tropas en 1992 para asistir en el reparto de alimentos y socorrer a una población que pasaba por una terrible hambruna; pero también para proteger a los barcos petroleros y de mercancías hacia el mercado estadounidense, en su tránsito por aguas jurisdiccionales somalíes. El Congreso Unido Somalí (CUS), una de las principales organizaciones políticas y paramilitares del país, en aquel momento dominante en el sur y con el control de la capital, se opuso a esta intervención y provocó la interrupción de la ayuda extranjera. Al año siguiente la ONU envió una misión (ONUSOM), que se retiró en 1995 sin haber conseguido ni el restablecimiento de la autoridad nacional, ni la paz en el país.

Tras un largo periodo de enfrentamientos sin visos de pacificación, y a raíz de la Conferencia de Paz celebrada en Djibouti se formó en el año 2000 el llamado Gobierno Nacional de Transición de Somalia. Una entidad, instalada en la capital (Mogadiscio) que, aunque contaba con el respaldo de Naciones Unidas, la Unión Europea y la Liga Árabe- fue rechazada por diversos "señores de la guerra" somalíes. En medio de permanentes enfrentamientos, finalmente, y fruto de los acuerdos alcanzados en la Conferencia de Nairobi celebrados en 2004 (Carta Federal Transitoria), el poder político somalí se estructuró en varias Instituciones Federales Transitorias: un Presidente, un Consejo de Ministros o Gobierno Federal Transitorio (GFT)- integrado por el Presidente de la Republica, el Primer Ministro y otros ministros federales- y un Parlamento Federal Transitorio- compuesto por 450 diputados federales que representan los principales clanes del país. En febrero de 2006, el parlamento se reunió por primera vez en suelo somalí, en la ciudad de Baidoa.

Sin embargo, tampoco estos acuerdos lograron pacificar el país. En 2006 la conocida como "Segunda Batalla de Mogadiscio" inició otra oleada de brutal violencia. En junio la Unión de Tribunales Islámicos (UTI) tomó el control de Mogadiscio. Unos meses más tarde, el gobierno provisional recibió el apoyo militar efectivo de Etiopia, lo que llevó a la UTI, que mantenía el control del sur del territorio somalí, a declararle la guerra.

Posteriormente, a lo largo de 2007, la mayor parte de los territorios controlados por la UTI pasaron progresivamente a manos del GFT, de forma que tan solo Somaliland y, en menor medida el Estado "autónomo" de Putland, quedaron aparte. Un pacto con el GFT, en octubre de 2008, para ampliar el Parlamento y constituir un gobierno de unidad llevó en enero de 2009 a la elección del tercer presidente de GFT, Sharif Sheid Ahmed.

Desde entonces y hasta hoy el país ha seguido atrapado en una constante guerra civil por el control de los territorios entre los principales grupos del país. Esto ha afectado negativamente a la población, cuya situación se ha visto crecientemente agravada, sin que el reciente abandono de la capital por parte de la milicia Al Shabab permita suponer que la paz está más cerca.

A lo dicho hay que añadir que, desde julio de 2011, la población somalí sufre los efectos de la peor crisis alimentaria de los últimos veinte años. Aunque en primera instancia podría entenderse que esa situación es debida a la grave sequía que afecta también a zonas fronterizas de Kenia y Etiopía- es necesario entender que hay otros factores explicativos.

En síntesis, la gran diferencia entre Somalia y el resto de los países del este africano, igualmente afectados por esta sequía, viene dada por la permanencia del estado de guerra. Como se ha explicado anteriormente, desde hace veinte años los somalíes viven sumidos en un clima de violencia de unos contra otros, sin una autoridad central estable y con capacidad para atender a la satisfacción de las necesidades básicas de la población y a su seguridad. La piratería, que recibe un tratamiento mediático desproporcionado, es solo una de las consecuencias de esta anarquía, que oculta una realidad mucho más compleja. Otra consecuencia negativa ha sido el aumento del radicalismo islámico, de tal modo que lo que comenzó como una lucha entre clanes se ha convertido en los últimos años en una guerra entre los líderes de estos clanes, por un lado, y aquellos que demandan la aplicación de la sharia en el gobierno del país, por otro.

EE UU, como uno de los principales instrumentos de ayuda en el país y de apoyo del GFT, es un actor clave en la gestión y posible resolución de la catástrofe humanitaria somalí. En 2008 incorporó a Al Shabab a la lista de organizaciones terroristas internacionales, de tal forma que cualquier tipo de ayuda recibida en territorios controlados por esa organización pasaba a convertirse en un delito. En 2009, y como consecuencia de lo anterior, Washington retiró 50 millones de dólares de ayuda alimentaria destinada al territorio sur de Somalia, principal feudo de Al Shabab.

Por su parte, también Al Shabab es responsable directo de la catástrofe humanitaria que se vive actualmente. Además de los efectos negativos de su estrategia violenta, interesa mencionar su actitud con los donantes internacionales que han tratado de paliar la grave situación del país. Así, como respuesta al castigo impuesto por Washington, ya desde 2010 Al Shabab bloqueó la ayuda alimentaria que proporcionaba el Programa Mundial de Alimentos, aduciendo que ese tipo de ayudas generaba dependencias para la población, acusando a sus trabajadores de corruptos y vinculando este Fondo de Naciones Unidas con la política estadounidense.

Como consecuencia, la población del sur del país- una de las más castigadas del planeta- llevan varios años sin ningún tipo de ayuda. Unas ayudas no solo hubieran aliviado el hambre sino que hubieran permitido crear redes efectivas de distribución en una situación de emergencia humanitaria como la que hoy se vive. En definitiva, ambos elementos combinados (la guerra y el hambre) y una sequía inesperada en el país, han obligado a la población a abandonar sus hogares y emprender el camino hacia los campos de refugiados más próximos, en las fronteras del país.

El ahora mayor campo de refugiados del mundo, Daddab, se ha visto invadido por cientos de miles de somalíes que huyen del hambre y de la violencia. Naciones Unidas ha mostrado su preocupación al entender que el flujo de población- estimada en junio en más de 1.000 personas al día- ha sobrepasado la capacidad del campo para atender mínimamente sus necesidades. Creado inicialmente para asistir a 90.000 personas, ya alberga actualmente a 440.000 y, según informes de Médicos Sin Fronteras, se espera que a finales de año supere las 450.000.

Estaún Sanz, E. (20/04/2015). ¿Qué está pasando en Somalia? 06 de septiembre de 2011. Recuperado de: http://www.iecah.org/web/index.php.

ACTIVIDAD INDIVIDUAL

A partir de la lectura, realizada en tu cuaderno de forma horizontal un cuadro comparativo. Debe contar con las siguientes características.

CONFLICTO

UBICACIÓN GEOGRÁFICA

TRES CAUSAS

TRES HECHOS PRINCIPALES

TRES PRINCIPALES ACTORES DEL CONFLICTO

TRES CONSECUENCIAS

DESCRIPCIÓN CORTA DE LA SITUACIÓN ACTUAL DEL CONFLICTO






















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