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títuloContenidos y Criterios de Evaluación de Educación para la
fecha de publicación05.06.2015
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Ciencia Política. Adriana Sofía Fernández Serrano

Julián Pérez Moreno

Esperanza Ana Tendero Blanco



EDUCACIÓN PARA LA CIUDADANÍA

INTRODUCCIÓN

La LOE ha introducido en el sistema educativo español una nueva asignatura obligatoria, conocida como “Educación para la ciudadanía”, cuyo objetivo, tal como resulta articulada en los Reales Decretos, es la formación de la conciencia moral de los alumnos. La publicación de las correspondientes disposiciones de las Comunidades autónomas y de algunos manuales de la materia ha venido a confirmar que ése es el objetivo de la nueva asignatura. .

La asignatura Educación para la ciudadanía y los derechos humanos se ha incluido, como ya adelantó la Ley Orgánica de Educación (LOE), dentro de las materias obligatorias de Educación Primaria y Secundaria. Según los Reales Decretos que establecen las enseñanzas mínimas de estas etapas, la asignatura se debe impartir en uno de los cursos del tercer ciclo de Educación Primaria (5º o 6º), así como en uno de los tres primeros cursos de Educación Secundaria Obligatoria (ESO), además, en 4º de ESO se incorpora la asignatura Educación ético-cívica. Las distintas comunidades irán incorporando la asignatura según el calendario de implantación de la LOE, así el próximo curso 2007-2008 Educación para la ciudadanía y los derechos humanos se impartirá en las comunidades autónomas que han decido integrarla en las materias de 3º de ESO.

La LOE introdujo como una de sus novedades la inclusión de esta materia dentro del currículo de la Educación Primaria, Secundaria Obligatoria y Bachillerato, en respuesta a las indicaciones del Consejo de Europa, que hace cinco años recomendó que todos los estados miembros hicieran de la educación para la ciudadanía democrática un objetivo prioritario de su política educativa a través de la Recomendación (2002)12 sobre la educación para la ciudadanía democrática.

Esta recomendación estableció una guía general sobre los objetivos, contenidos y métodos para las políticas y reformas de esta materia, de hecho en 14 países de la Unión Europea ya existe como asignatura independiente.

Contenidos y Criterios de Evaluación de Educación para la

Ciudadanía 1º, 2º ó 3º de ESO.


Bloque 1. Contenidos comunes

  • Exposición de opiniones y juicios propios con argumentos razonados y capacidad para aceptar las opiniones de los otros.

  • Práctica del diálogo como estrategia para abordar los conflictos de forma no violenta.

  • Exposición de opiniones y juicios propios con argumentos razonados. Preparación y realización de debates sobre aspectos relevantes de la realidad, con una actitud de compromiso para mejorarla.

  • Análisis comparativo y evaluación crítica de informaciones proporcionadas por los medios de comunicación sobre un mismo hecho o cuestión de actualidad.

Bloque 2. Relaciones interpersonales y participación

  • Autonomía personal y relaciones interpersonales. Afectos y emociones.

  • Las relaciones humanas: relaciones entre hombres y mujeres y relaciones intergeneracionales. La familia en el marco de la Constitución española. El desarrollo de actitudes no violentas en la convivencia diaria.

  • Cuidado de las personas dependientes. Ayuda a compañeros o personas y colectivos en situación desfavorecida.

  • Valoración crítica de la división social y sexual del trabajo y de los prejuicios sociales racistas, xenófobos, antisemitas, sexistas y homófobos.

  • La participación en el centro educativo y en actividades sociales que contribuyan a posibilitar una sociedad justa y solidaria.

Bloque 3. Deberes y derechos ciudadanos

  • Declaración universal de los derechos humanos, pactos y convenios internacionales. Condena de las violaciones de los derechos humanos y actuación judicial ordinaria y de los Tribunales Internacionales. Valoración de los derechos y deberes humanos como conquistas históricas inacabadas y de las constituciones como fuente de reconocimiento de derechos.

  • Igualdad de derechos y diversidad. Respeto y valoración crítica de las opciones personales de los ciudadanos.

  • La conquista de los derechos de las mujeres (participación política, educación, trabajo remunerado, igualdad de trato y oportunidades), y su situación en el mundo actual.

Bloque 4. Las sociedades democráticas del siglo XXI

  • El Estado de Derecho: su funcionamiento. El modelo político español: la Constitución Española y el Estado de las Autonomías. La política como servicio a la ciudadanía: la responsabilidad pública.

  • Diversidad social y cultural. Convivencia de culturas distintas en una sociedad plural. Rechazo de las discriminaciones provocadas por las desigualdades personales, económicas o sociales.

  • Identificación, aprecio y cuidado de los bienes comunes y servicios públicos. Los impuestos y la contribución de los ciudadanos. Compensación de desigualdades. Distribución de la renta.

  • Consumo racional y responsable. Reconocimiento de los derechos y deberes de los consumidores. La influencia del mensaje publicitario en los modelos y hábitos sociales.

  • Estructura y funciones de la protección civil. Prevención y gestión de los desastres naturales y provocados.

  • La circulación vial y la responsabilidad ciudadana. Accidentes de circulación: causas y consecuencias.

Bloque 5. Ciudadanía en un mundo global

  • Un mundo desigual: riqueza y pobreza. La «feminización de la pobreza». La falta de acceso a la educación como fuente de pobreza. La lucha contra la pobreza y la ayuda al desarrollo.

  • Los conflictos en el mundo actual: el papel de los organismos internacionales y de las fuerzas armadas de España en misiones internacionales de paz. Derecho internacional humanitario. Acciones individuales y colectivas en favor de la paz.

  • Globalización e interdependencia: nuevas formas de comunicación, información y movilidad. Relaciones entre los ciudadanos, el poder económico y el poder político.



OBJETIVOS DE LA ASIGNATURA

• Conocer los valores universales que se fundamentan en la declaración de los Derechos Humanos y en la Constitución Española y los derechos y

obligaciones que se derivan de ellos.
• Desarrollar la afectividad en todos los ámbitos de la personalidad, así como una actitud contraria a la violencia, los estereotipos y los prejuicios.
• Actuar con autonomía en la vida cotidiana y en las relaciones de grupo.
• Reconocer la diversidad como enriquecedora de la convivencia.
• Defender la igualdad de derechos y oportunidades de todas las personas y

rechazar las situaciones de injusticia y las discriminaciones por razón de sexo, origen, cultura, religión, orientación sexual o de cualquier otro tipo.
• Conocer los mecanismos de funcionamiento de las sociedades democráticas y la obligación de los ciudadanos de contribuir a su mantenimiento y cumplir sus obligaciones cívicas.
• Conocer las causas que provocan la violación de los derechos humanos, la

existencia de la pobreza y la desigualdad. Valorar los principios y la práctica encaminados a la consecución de la paz y el rechazo de todo tipo de violencia.
• Valorar y cuidar el medio ambiente y el entorno.
• Practicar el diálogo para la solución de conflictos, y asumir formas de

convivencia, organización y participación basadas en el respeto y la

cooperación.
• Utilizar la información para desarrollar un pensamiento crítico y resolutivo.
• Reconocerse como miembros activos de la sociedad y valorar la importancia de la participación en la vida política u otras formas de participación ciudadana.

UNA ASIGNATURA DE ÁMBITO EUROPEO

Con la reciente ampliación de la UE, el concepto de ciudadanía ocupa, una vez más, un lugar destacado en la agenda política. A medida que Europa crece y se une, se hace cada vez más importante explicar a los jóvenes el significado de la ciudadanía responsable en una sociedad democrática, siendo igualmente necesario enseñarles los principios de una actitud cívica positiva.
Por el bien de la cohesión Europa y de una identidad europea común, los alumnos, en los centros docentes, deben recibir información específica sobre el significado de la ciudadanía, los tipos de derechos y deberes que ésta conlleva, y sobre qué hacer para portarse como un «buen ciudadano».
• Desde 1997 la UE desarrolla, a través del Consejo de Europa, su proyecto

sobre Educación para la Ciudadanía Democrática (ECD).
• En 2002 el Consejo de Europa en un Comité de Ministros (en el que estaba presente el Gobierno popular de Aznar) declaró que Educación para la Ciudadanía Democrática es esencial para alcanzar una sociedad libre, justa e igualitaria.
• Los políticos también han reconocido la necesidad de acercar la UE a los ciudadanos y de consolidar la democracia promoviendo su participación activa en la vida de la sociedad.

Por esta razón, a principios de 2003 se creó en el seno de la Dirección General de Educación y Cultura de la Comisión Europea un grupo de trabajo sobre «Entorno de aprendizaje abierto, ciudadanía activa e inclusión social».
• Uno de sus objetivos es garantizar «la promoción eficaz del aprendizaje de valores democráticos y la participación democrática de todos los miembros de la escuela con el fin de preparar a las personas para la ciudadanía activa. Por esta razón, los representantes de los Estados miembros de la UE han proporcionado a dicho grupo de trabajo importantes datos sobre la educación para la ciudadanía.
• Desde comienzos de 2004, la Comisión Europea ha venido desarrollando un programa de acción comunitario para fomentar la ciudadanía activa, con el fin de apoyar a varios organismos y acciones en este campo.

El objetivo de este programa es promover los valores y objetivos de la UE, acercar a los ciudadanos a la misma e implicarlos en la reflexión y el debate sobre su futuro, intensificando las relaciones entre los ciudadanos de los distintos países y estimulando iniciativas en el campo de la ciudadanía activa. Este programa concluirá en diciembre de 2006. No obstante, ya se está preparando una propuesta para un posterior programa. Además del programa de acción comunitario, la Comisión Europea ha acordado aumentar la investigación para elaborar indicadores clave para la cohesión social y la ciudadanía activa en Europa.
• También la estrategia de los objetivos Lisboa 2010 ha marcado la ruta hacia una nueva agenda ciudadana que incluye la inclusión social y la ciudadanía activa. En este contexto, el sistema educativo debe considerarse como el instrumento más importante y eficaz para transmitir y enseñar los principios de equidad, respeto, inclusión, cohesión, etc.
• En total de los 27 países que integran la UE, 22 imparten en sus escuelas esta asignatura o alguna similar, y en ninguno de ellos ha habido debate sobre si debe o no existir la materia.
OPOSICIÓN A EDUCACIÓN PARA LA CIUDADANÍA

Las disposiciones de la LOE y de sus desarrollos sobre “Educación para la ciudadanía” han causado una creciente y comprensible preocupación en los padres de alumnos. También han puesto en dificultades a los centros educativos. Por un lado, los centros católicos o inspirados en la doctrina católica se verían obligados por la Ley a introducir en su programación una asignatura que no resulta coherente con su ideario, puesto que no es conforme con la Doctrina Social de la Iglesia, tanto por su carácter de formación estatal obligatoria de las conciencias como por sus contenidos. Por otro lado, los centros educativos del Estado, perdiendo su obligada neutralidad ideológica, impondrán a quienes han optado por la religión y moral católica otra formación moral no elegida por ellos, sin que éstos puedan gozar de la protección que el carácter propio otorga a quienes estudian en centros de iniciativa social católica. En los centros estatales estudian la mayor parte de los hijos de padres católicos. En cualquier caso, todos los alumnos, católicos o no, quedan afectados en sus derechos, ya que a ninguno se le puede imponer una formación moral no elegida por él o por sus padres.

¿Quién se opone?
• La derecha conservadora. El PP ha propiciado en determinados sectores un sentimiento en contra de la nueva asignatura, olvidando que en sus dos

legislaturas de gobierno (1996-2004) participó en el impulso de esta asignatura en Europa a través del Consejo de Europa.
• La actuación del PP va coordinada junto a la de la Confederación Católica

Nacional de Padres de Familia y Padres de Alumnos (CONCAPA) y de la

jerarquía eclesiástica, que mantiene una postura que no se corresponde con la de ninguna otra iglesia cristiana, incluida la católica, en el resto de Europa.
¿Qué argumentan?
• Afirman que se invade el derecho de los padres de educar en religión y moral a sus hijos, y por tanto el artículo 27.3, que dice: “Los poderes

públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”.

• En ningún momento se transmiten valores religiosos y morales. Tan sólo se trata de informar sobre la realidad existente en nuestro país. Se

enseñan los valores cívicos y democráticos y el respeto a los derechos

humanos, algo en lo que el Estado sí que tiene la obligación de

intervenir legítimamente como dice el artículo 27.2 de nuestra

Constitución: “La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la

personalidad humana en el respeto a los principios democráticos de

convivencia y a los derechos y libertades fundamentales”.
• Denuncian que el Estado quiere adoctrinar a los estudiantes.

En España existe la libertad de cátedra que se está cumpliendo sin

ningún tipo de problema, y por la cual le es imposible a un profesor

adoctrinar.
• La ideología de igualdad cambia las tradiciones y la jerarquía familiar.

La igualdad entre hombres y mujeres es algo que se refleja en nuestra propia Constitución y en la Declaración de los Derechos Humanos.
• Educación para la ciudadanía no es una asignatura como las demás, puesto que no se sustenta en ninguna disciplina científica.

Un discurso totalmente banal. Es curioso que el PP no reclame lo

mismo para otra asignatura que tampoco es como las demás y que no

se sustenta en ninguna disciplina científica, como es la religión católica,

cuyos contenidos los establece unilateralmente la jerarquía eclesiástica.

¿Por qué se oponen?
• Sin duda, la jerarquía eclesiástica quiere recuperar el monopolio educativo del que se ha beneficiado durante los últimos siglos en nuestro país.
• La derecha conservadora de España quiere tener una ciudadanía pasiva, que no se preocupe por las cosas. Una sociedad que no sea activa, que no

participe en la vida pública. Que no conozca sus derechos para así no poder

reclamar su cumplimiento.

¿Quién apoya Educación para la ciudadanía?

.
• Todos los partidos políticos de la Cámara Baja, excepto el Grupo Popular.
• En el ámbito internacional el apoyo del Consejo de Europa ha sido

fundamental, llegando a la implicación personal de la presidenta del Consejo Consultivo de Educación para la Ciudadanía en este órgano, Otte Reinhild.
• Las dos grandes asociaciones de estudiantes de nuestro país refrendan esta

área. Tanto la Confederación Estatal de Asociaciones de Estudiantes

(CANAE), como la Federación de Asociaciones Estudiantiles (FAEST) que

firmaron un manifiesto conjunto apoyando la asignatura.
• Los dos sindicatos más importantes de nuestro país, UGT y CCOO.
• Amnistía Internacional, el Consejo Escolar del Estado, el Defensor del Pueblo, el Consejo de Estado, la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (CEAPA), la Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas (FEERI) o la propia Federación Española de Religiosos de la

Enseñanza (FERE).
Educar en valores y Educación para la Ciudadanía, claves contra la

Violencia escolar


El adjunto al Defensor del Pueblo considera "absoluta y totalmente" imprescindible que la escuela eduque en valores · El vicepresidente del Consejo Escolar cree que Educación para la Ciudadanía contribuirá a reducir la violencia en los colegios y a la integración del alumnado.

El adjunto segundo al Defensor del Pueblo, Manuel Aguilar, aseguró hoy que es "absoluta y totalmente" imprescindible que la escuela eduque en valores, en relación a la conveniencia de la asignatura Educación para la Ciudadanía.


Tras su intervención en el seminario 'A propósito de la Violencia en la Escuela', dentro de los Cursos de Verano de la Universidad Complutense de Madrid en El Escorial, Aguilar dijo que la Oficina del Defensor estudiará cualquier queja que se presente en relación a esta asignatura, como la que ha anunciado el grupo de ciudadanos HazteOir.

"Puede que no les falte razón en su queja en un determinado texto -dijo--, pero en términos generales es total y absolutamente imprescindible que la escuela eduque en la ciudadanía". En este sentido, recordó que la Institución ya se ha dirigido en el pasado al Ministerio de Educación para reclamar este tipo de educación en valores.

Además, comentó que es "indudable" que este tipo de enseñanzas incidirá positivamente en los indicadores de violencia en las aulas. Precisamente, durante su intervención, Aguilar subrayó que el último informe del Defensor del Pueblo revela, a pesar de lo que podía creerse, un descenso en los índices de violencia en la escuela.

"Se ha producido un descenso frente a algunos estudios alarmistas de gente que vive de la alarma social y que cobra por decir que hay mucha aversión y violencia en las aulas -criticó--. Pero si hubiera la violencia que dicen las aulas estarían en guerra, y no están en guerra".

Por otro lado, el adjunto segundo al Defensor cree que en este descenso de la violencia tiene que ver también la sensibilización social hacia este fenómeno.

En este sentido, recordó que en el pasado las llamadas "novatadas" en los Colegios Mayores y en el Servicio Militar eran completamente permitidas, jaleadas por los centros directivos y bien vistas socialmente. "Hoy en día es un tema prohibido, aunque se siga haciendo ocultamente, y la sociedad ha tomado conciencia de la violencia entre iguales", concluyó.

El Consejo Escolar cree que Educación para la Ciudadanía contribuirá a reducir

la violencia en los colegios



El vicepresidente del Consejo Escolar del Estado, Patricio de Blas, afirmó hoy que "sin duda" la asignatura Educación para la Ciudadanía, que empezará a impartirse el próximo año, contribuirá a reducir la violencia en los colegios. Señaló además un "beneficio mayor", el que los inmigrantes "entiendan" cual es el sistema de valores propio de un sistema democrático así como el fundamento de las normas y reglas de convivencia.

En declaraciones a los medios antes de pronunciar una conferencia en el curso 'A propósito de la violencia en la escuela' organizado por la Escuela de Verano de la Universidad Complutense de Madrid y dirigido por el Defensor del Pueblo, Enrique Múgica, Blas aseguró con rotundidad que la asignatura será un antídoto contra la violencia escolar, al tiempo que observó otros beneficios sobre la población inmigrante.

"Nuestro sistema educativo ha absorbido en los últimos 5 años a más de 500.000 alumnos inmigrantes que proceden de culturas muy diversas, la necesidad de que haya una asignatura que trate de que estos chicos entiendan cual es nuestro sistema democrático y nuestros valores y que los ejerciten en la escuela me parece vital. Y esta asignatura puede contribuir mucho a eso", remarcó Blas.

Preguntado por la postura de la Iglesia y su influencia en los centros concertados, Blas se inclinó por que finalmente los colegios concertados no "objetarán" la asignatura, basándose en las opiniones que exponen sus responsables en el Consejo. Afirmó a continuación "no entender" la negativa de la Iglesia católica a que se imparta la asignatura "en este contexto de 500.000 inmigrantes de culturas diversas y una necesidad de reforzar los lazos de solidaridad y el conocimiento de las normas, que no son para castigar a nadie sino la condición indispensable para poder convivir".

Asimismo, Blas dijo estar de acuerdo con la propuesta de Múgica de eliminar el 'tuteo' entre profesores y alumnos en las escuelas. Aseguró que dicha medida "no vendría mal", aunque teniendo en cuenta de que se trataría de "solo una medida", "un poco anecdótica", a la que habría que añadir otras que "condujeran a un aumento de la autoridad del profesor", eso sí, "sin que se perdiera el contacto y la cercanía con los alumnos", agregó.

En cuanto a los factores que inciden en la aparición de casos de violencia escolar, dividió la responsabilidad entre el sistema educativo y la sociedad. Mencionó así, por un lado, una organización "demasiado tradicional" y una "mentalidad" que no se adecua a la de los jóvenes de hoy. Por otra parte, está el divorcio entre lo que "predica la escuela y lo que luego se estila fuera de ella".

Dicho esto, apuntó que los "remedios" contra la violencia en las escuelas "hay que aplicarlos cada uno en su ámbito" para lo que primero es necesario definir adecuadamente los factores que son causa de dichas violencia. "En todo caso, hay que evitar criminalizar a la juventud, tachándola de ingobernable e inadaptada porque tiene muchos problemas y hay que preocuparse tanto de estas manifestaciones de violencia como de los problemas que hay detrás de éstas", recalcó.

Por otra parte, señaló que es posible "cierta emulación" por parte de los chicos y chicas de las noticias que oyen y ven sobre casos de violencia escolar, aunque, indicó que, a su entender, el "problema está en el tratamiento de los medios", que "trivializan" y "reducen a anécdotas" un asunto como la convivencia y la violencia en las escuelas, que es reflejo de su actuación en el futuro, advirtió.
La ironía de la educación ciudadana

Francisco J. Laporta

Acabo de dar un curso a profesores de enseñanza primaria sobre esa nueva materia denominada educación para la ciudadanía. En el desbarajuste de gritos y concentraciones que han acompañado a la discusión de la nueva ley de educación, a nadie se le ha ocurrido decir a los responsables de su enseñanza en qué iba a consistir aquello. Las peleas políticas y las manifestaciones callejeras, como cualquiera pudo sospechar desde el principio, no versaban en realidad sobre cómo se educaba a los chicos, sino sobre cómo se repartía el dinero y el poder. Dejar estas concupiscencias a un lado nos permitirá por ello entrar en el fondo de la cuestión un poco más despejados.

Contra lo que se viene afirmando, la educación para la ciudadanía no es un invento circunstancial de un partido que tiene el oculto designio de indoctrinar a nuestros hijos, sino una materia que se ha impuesto en casi todos los países europeos. El proceso en Inglaterra ha sido un modelo: acuerdo entre partidos, comité de especialistas presidido por Bernard Crick y un informe soberbio que fue presentado al speaker de los Comunes en septiembre de 1998. Empieza así: "Advertimos unánimemente a la Secretaría de Estado de que la enseñanza de la ciudadanía y la democracia, construida en un sentido amplio que definiremos, es algo tan importante para las escuelas y la vida de la nación que tiene que haber una exigencia legislativa a los colegios para que aseguren que forma parte de la capacitación de todos los alumnos". Al mismo tiempo, la Unión Europea desarrolló el proyecto Educación para la ciudadanía democrática, que acabó por expresarse en el llamado Informe Euridice. En él se dice: "En los últimos años, el fomento de la cohesión social y de una mayor participación activa de los ciudadanos en la vida política y social se ha convertido en un tema clave en todos los países europeos. Se ve a la educación para la ciudadanía como un medio de hacer frente a los desafíos del siglo XXI". Sólo la ignorancia o la mala fe, por tanto, pueden sustentar las insidias que destila nuestra castiza derecha educativa. Pero lo más dañino de esa actitud es que crea una atmósfera polucionada en la que se hace difícil introducir críticas serias y preocupaciones genuinas.

El proceso que hemos seguido en España para incorporar la materia al currículo educativo ha sido justamente el contrario del inglés: desacuerdo vociferante entre partidos, arbitrismo e improvisación por parte de colegas aislados y ausencia casi absoluta de documentación. Para tratar de paliar un poco la falta de probidad de los unos y la falta de fundamento de los otros convendrá ponerse a hablar de la cuestión. Hay ya alguna gente trabajando entre nosotros. Quisiera unir mi voz a ellos para transmitir una perplejidad que me ha suscitado mi experiencia.

De acuerdo con algunos de los más autorizados especialistas, la educación para la ciudadanía sólo será útil si cumple estas dos condiciones: en primer lugar, no ha de transformarse en una asignatura más con meros contenidos informativos que los chicos tengan que aprender pasivamente para ser evaluados en ella, pues ello sólo incrementaría el currículo sin alterar necesariamente sus hábitos y actitudes. En segundo lugar, debe concentrarse adecuadamente en un cuerpo de conceptos y valores que, por así decirlo, sean el cimiento en el que se sustenta. La noción de ciudadanía es una constelación muy compleja de valores, derechos, virtudes, instituciones y procedimientos que descansan en unos pilares básicos. Estos principios son los que hay que vivir cotidianamente en el colegio para que el proceso educativo logre hacer mejores ciudadanos. Ello quiere decir que hemos de crear en los chicos hábitos y actitudes que hagan vivos, por así decirlo, esos valores que sirven de fundamento a la ciudadanía. Sólo después aparecerá como algo natural el buen ciudadano. Cómo se crean esos hábitos y cuáles sean esos valores subyacentes a la condición de ciudadano son incógnitas no menores sobre las que mucho me temo que no nos hemos parado a pensar. Hemos hecho lo de siempre: se las hemos endosado a maestros y profesores. Un lastre más que hemos soltado sobre ellos siguiendo la práctica al uso de eludir nuestras responsabilidades.

En efecto, a profesores y a centros de educación les estamos pidiendo ya con una insistencia que hace presagiar lo peor que se ocupen de nuestros hijos antes, extendiendo la etapa infantil has-ta los límites mismos de la lactancia, y que se ocupen de ellos siempre, también en los periodos vacacionales, en los que necesitamos que se mantengan abiertos los centros para depositar, aparcar o almacenar allí a los niños del barrio. Lo de que vengan a comer a casa es, por supuesto, inimaginable. Al paso que vamos, la familia esa de que tanto habla de oídas nuestro clero reaccionario va a convivir con sus hijos los festivos y veinte días de vacaciones.

El resto será el mero dormir bajo el mismo techo. Durante la vigilia les atenderá el maestro, al que ahora, además, encargamos la tarea nueva de la educación ciudadana. ¿Cómo se las compondrá para ello? Pues difícilmente. Las condiciones en que desarrolla heroicamente su labor no invitan precisamente al optimismo. De ahí mi preocupación.

Al contrario que aquellos que se han figurado que los niños serán buenos ciudadanos si se saben la Constitución, las listas de derechos humanos y el procedimiento electoral, yo organicé mi curso sobre la base de eso que he llamado pilares previos. Estoy convencido de que tienen razón quienes dicen que los ciudadanos mejores son aquellos que han desarrollado el hábito de actuar de acuerdo con virtudes básicas. Consecuente con ello, convoqué a algunos colegas especialmente dotados para explicar en qué consisten, entre otras, las siguientes cosas: actuar en libertad, respetar las reglas, razonar y negociar, ser responsable, reconocer la autoridad, practicar la tolerancia y valorar el medio ambiente.

Entiendo que el buen ciudadano es aquel que sabe hacer uso de su libertad, se conduce de acuerdo con las reglas vigentes, ha excluido la solución violenta de los conflictos, es capaz de argumentar y pactar los desacuerdos, asume las consecuencias de sus acciones, valora y acepta la autoridad aunque esté siempre vigilante de sus decisiones, puede ponerse en el lugar de quien no tiene sus mismas convicciones y cuida el medio tanto como se preocupa por la relación con los demás. Esas cosas -repito- son condición necesaria para pensar siquiera en ser un buen ciudadano.

Cuál no sería mi sorpresa cuando los profesores de primaria me dijeron que muchas de esas cosas las ensayaban todos los días con los niños, pero que había una mala noticia: servía para muy poco. ¿Por qué? La respuesta puede intuirse: les enseñan a respetar las reglas la misma mañana que su padre o su madre se han saltado algunas de ellas debido a las prisas y van a llevarlos al centro hablando por el móvil mientras conducen. Tratan de inculcarles el respeto por la autoridad al mismo tiempo que los profesores son desautorizados con el más mínimo pretexto, sin ser infrecuente que los mismos padres los increpen y denigren públicamente. Les exigen perentoriamente que renuncien a la violencia mientras respiran una agresividad latente en medios de comunicación y experiencias cotidianas.

Les hacen practicar la argumentación y la negociación de desacuerdos para que aparezca en los telediarios de máxima audiencia una tropa de diputados vocingleros descalificándose entre sí e impidiendo hablar a los demás mientras surge como una suerte de héroe la figura deplorable de Martínez Pujalte. Les enseñan algunas buenas maneras y reglas de mínimo decoro para que su espejo vivo sean los futbolistas, unos sujetos semianalfabetos que, dejando a un lado su probada habilidad con el balón, tienen el hábito de escupir compulsivamente y tocarse en público los genitales. Pretenden inculcarles tolerancia mientras en su casa misma se ultraja al extranjero o al inmigrante. Les transmiten la idea de respeto y dignidad de la persona mientras abundan los espacios de televisión en que la gente se degrada a sí misma y degrada a los demás. Les recuerdan la igualdad de género mientras su madre friega y su padre mira la televisión. Y les advierten de que cuiden el medio y usen las papeleras, para que a la salida venga siempre alguien a por ellos con un bocadillo cuyo envoltorio irá directamente al suelo.

Todo esto me contaban los profesores como parte de sus experiencias cotidianas. Y su desconsolada conclusión era que la nueva materia de educación ciudadana debería en efecto ser obligatoria y evaluable, pero sobre todo para las familias, los personajes públicos, los medios de comunicación, el Congreso de los Diputados y el plató de televisión. La ironía es que la escuela se puede contemplar así como un oasis educativo en un desierto de falta de educación, un posible refugio de ilustración en medio de una ventolera de incultura, una isla hipotética donde se podrían desarrollar buenas prácticas ciudadanas en un mar de apatía política, falta de respeto a la autoridad y crispación cotidiana. Y son precisamente los maestros y profesores los encargados de defender todos los días ese pequeño bastión de ilustración y civismo en el que depositamos cada vez más responsabilidades. A ver si un día de estos a alguno se le ocurre convocar una manifestación en favor de ellos. Verán en ella pocos sindicalistas, menos políticos y ningún obispo, pero será una verdadera manifestación por la mejora de la educación. Esa que encargamos a los demás y estropeamos después nosotros.

Francisco J. Laporta
Catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid

La polémica de la trasmisión de valores

La "causa profunda" del malestar mostrado por la Conferencia Episcopal y por las patronales católicas ante la asignatura de Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos radica en que, "por primera vez en la historia de España, el Estado asume la transmisión de valores, una tarea que hasta ahora correspondía casi en exclusiva a la Iglesia Católica", asegura Victorino Mayoral, presidente de la Fundación CIVES. Ésta es una de las entidades consultadas por el Ministerio de Educación y que la pasada semana organizó en Madrid el primer Congreso Europeo para la Ciudadanía.

Para Mayoral, el origen del conflicto que probablemente se avecina estriba en que "ellos ven que se les ha acabado el monopolio" de la transmisión de valores desde un punto de vista "confesional católico". Por eso, Mayoral entiende que la nueva asignatura es una auténtica revolución educativa, "la mejor aportación de la LOE", que determinará los principios comunes de convivencia y dará como resultado "mejores ciudadanos en el futuro. Mejores españoles".

Lo contrario opina el cardenal primado de Toledo, Antonio Cañizares, quien recientemente advertía de que "el problema está en la concepción educativa que hay detrás de la LOE". El prelado insta a los padres a que "no permitan que sus hijos sean educados por otros".

Isabel Bazo, presidenta de la Confederación Española de Centros de Enseñanza (CECE), cree en esta línea que la moral "es algo que no se debe evaluar en el colegio". "¿Cómo se examina en septiembre un niño suspendido en junio por no compartir los valores morales del profesor de Educación para la Ciudadanía?", se pregunta. Mayoral sale al paso de esta reflexión recordando que "resulta cínico que cuestionen precisamente esto quienes se han pasado la vida evaluando la moral del catecismo".

Ante semejante disparidad de criterio, Alejandro Tiana, secretario general de Educación, sabe que una de las claves está en "formar muy bien a los profesores y detallar los contenidos" para que, en la práctica, no se traicione "el espíritu" de la asignatura, que es la convivencia pacífica en el respeto a los demás.


Eugenio Nasarre, ponente del PP en la Comisión de Educación, vaticinó una confrontación a cara de perro durante el debate parlamentario. "El Estado no puede extralimitarse ni imponer su modelo de moral social. Habrá un gran malestar y una nueva división en la escuela", aseguró este responsable.



CONCLUSIÓN

Con este trabajo, lo que hemos conseguido investigar, es que la asignatura Educación para la Ciudadanía pretende evitar que los actuales efectos negativos de una temporal ausencia de cultura, de valores, de la democracia en España se sigan reproduciendo.
La crispación como estrategia en la lucha por el poder en todos los ámbitos y terrenos de nuestra cultura, es un tipo de violencia que hemos heredado de un siglo y medio lleno de guerras civiles, de la lucha de hermanos contra hermanos; y es esto y donde hunde sus raíces en siglos pasados de guerras de religión contra musulmanes y judíos, turcos y protestantes europeos, con todo esto, el fanatismo, la intolerancia y la ambición de exterminar con todo, han marcado el inconsciente colectivo de un gran sector del país.

Nuestro régimen anterior fue una larga dictadura, que marcaba las diferencias entre un bando y otro.

Con esos antecedentes, queremos hacer mención que no nos extraña el bajísimo nivel de cultura política tras 30 años de democracia formal y el desconocimiento de su origen histórico.

Abundan los ejemplos diarios: los índices de participación electoral; los no sabe, no contesta de las encuestas; la ignorancia de periodistas jóvenes en materias juridico-políticas; los ni idea ante preguntas de historia en los concursos televisivos; el lenguaje que se llena de insultos cada vez que vemos o leemos un artículo, etc.

Tenemos que decir que, los valores constitucionales de respeto a la libertad, a la tolerancia y al pluralismo no son vividos por muchas personas, muchas de ellas son jóvenes que viven en la “ignorancia” cultural y política de nuestro país. La nueva asignatura, creemos que no puede sustituir (por ahora) esa educación básica cuyos profesores han de ser los políticos, pero si sería y estaríamos en lo cierto que pone las bases de un futuro comportamiento cívico, democrático, informado, responsable...

Para finalizar, consideramos que la asignatura de “educación para la ciudadanía”, promueve el respeto y la ampliación de todos los derechos humanos y de toda minoría social; presenta el diálogo como única solución de los conflictos, la igualdad de géneros, la solidaridad sin fronteras, la paz en la justicia; combate la xenofobia y el racismo; describe objetivamente y honra la pluralidad política sin autoritarismos, así como la nacional, cultural y lingüística de los españoles; la laicidad del Estado y el valor de la religión, las reglas éticas entre partidos, el análisis científico de las ideologías y los deberes ecológicos; todo ello sin fanatismos ni creencias doctrinales impuestos a los alumnos.

Por último, debemos decir que la cultura que hoy en día se muestra en las escuelas de todos los lugares del país, cuentan conscientemente con el pobre nivel de cultura democrática y con la ignorancia de muchos ciudadanos, (en este caso los alumnos). Nuestra democracia en muchos sentidos peligra y el fantasma del autoritarismo recae y vuelve a rondarnos como si volviésemos 30 años atrás. Mientras comience a dar sus frutos futuros la nueva asignatura de Educación para la Ciudadanía, pensaremos en formar un futuro prometedor.





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