Resumen los medios de comunicación, la web, las redes, denuncian y muestran, cada vez con mayor frecuencia, una gran variedad de situaciones en las que se violenta al ser humano y entre ellas el acoso a través de la red (ciberacoso),






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LAS NOTICIAS TELEVISIVAS ESPAÑOLAS EN LAS CADENAS GENERALISTAS Y LA TEMÁTICA DEL ACOSO
Mª LUISA IBÁÑEZ MARTÍNEZ y BEGOÑA GUTIÉRREZ SAN MIGUEL.

Departamento de Sociología y Comunicación

Universidad de Salamanca
RESUMEN

Los medios de comunicación, la web, las redes, denuncian y muestran, cada vez con mayor frecuencia, una gran variedad de situaciones en las que se violenta al ser humano y  entre ellas el acoso a través de la red (ciberacoso), el acoso entre menores obullyng”, el acoso en el trabajo bien sea éste psicológico o “mobbing”, acoso sexual o el acoso por razón de género.

Con el fin de conocer el reflejo que estas problemáticas puedan tener en la sociedad se realizó, a través de una metodología que utiliza una mezcla de técnicas cualitativas y cuantitativas, un estudio de investigación en el que se analizaron el total de noticias que sobre esta temática  se emiten en los informativos de televisión en España en el periodo comprendido de enero 2012 hasta abril de 2013.

Lo más significativo de los resultados obtenidos es que la mayoría de las noticias denunciadas en los informativos, que han conformado la muestra, están relacionadas con el bullying, seguidas de las de acoso sexual y finalmente las de mobbing. En consecuencia hay una evidente vulneración de los derechos de dos sectores de la población aún desfavorecidos que son los/as menores y las mujeres.

Las situaciones de acoso parecen multiplicarse cada vez con mayor frecuencia amenazando así, los valores de una sociedad democrática, dado que todo individuo tiene derecho a la integridad física, sexual y moral, tanto en la escuela como en la vida familiar, social o laboral. Este principio lleva a cuestionarse, a las investigadoras, si el ser humano una vez culturizado y socializado, tiende a presentar estos comportamientos como roles distintivos de la época de la trasmodernidad.
Palabras clave: medios de comunicación, televisión, acoso, género, menores.


1.- CLASES, TIPOS DE ACOSO EN EL CONTEXTO LABORAL Y EDUCACIONAL

Existen múltiples formas de ejercer violencia entre ellas “el acoso” entendido éste como un repertorio de conductas de índole física, verbal, psicológica, sexual o social que uno o más individuos realizan, de forma reiterada, metódica y sistemática, a lo largo de un tiempo determinado, para hostigar, asediar, cercar, bloquear, intimidar de forma repetida y persistente a otro individuo sumiéndole en un grave sufrimiento, que puede llegar incluso a desenlaces trágicos, ello en un numerosas ocasiones con la indiferencia cuando no con la complicidad de las personas que lo presencian (compañeros/as, jefes/as, adultos,..).

Diferentes estudios han señalado la existencia de un amplio repertorio de “modos de acosar”, pudiéndose combinar varios de ellos, circunstancia que permite establecer, en función del escenario en el que se produce y por una serie de comportamientos, la existencia de un acoso entre menores en la escuela (“bullying”) y en el ámbito de las relaciones laborales destacan el acoso de carácter sexual, el acoso por razón de género y el acoso psicológico o moral; éste último constituye un problema de creciente importancia en países como Austria, Dinamarca, Alemania, Reino Unido, Suecia (en este país se ha estimado que el hostigamiento psicológico en el trabajo es causa del 10 al 15% de los suicidios)1. Debemos hacer notar que en la legislación española no se recoge este tipo de acoso como “delito autónomo” a pesar de la creciente preocupación social y científica sobre esta tipología de hostigamiento en la esfera laboral.

A continuación se ofrecen diferentes definiciones sobre cada uno de los tipos de acosos estudiados en el presente trabajo.
2.-CONCEPTUALIZACIÓN DEL ACOSO SEXUAL EN EL TRABAJO

A partir de la segunda mitad del siglo XX la entrada de mujeres en el mercado laboral en un ritmo sin precedentes dio lugar a reacciones contradictorias. Por un lado, su presencia fue apreciada como una amenaza por los sectores más conservadores hacia los “trabajadores habituales” (hombres), cuya resistencia al gradual peso femenino en el trabajo remunerado, y que como es sabido habitualmente se producía y se produce una minusvaloración de las mujeres en el trabajo extra doméstico traduciéndose en una remuneración inferior a la de sus compañeros varones por la realización de un mismo trabajo, en ocasiones, adoptaba una forma de discriminación sexual, relegándolas a funciones de apoyo y poniéndolas al servicio de los trabajadores masculinos, asignándoles los trabajos de bajos salarios y de menor promoción. Y no faltaron empresarios que se sintieran con derecho a exigir “favores sexuales” y sometimiento a comportamientos sexualmente ofensivos, imponiéndolos como condiciones inherentes al empleo y condicionando su otorgamiento, desde la contratación, a la conservación del puesto laboral o a la promoción.

El término acoso sexual (harassment) fue acuñado por los grupos feministas norteamericanos para denunciar una conducta usualmente tolerada en el ambiente de trabajo, romper con el disimulo y dejar al descubierto este problema social no fue hasta los años 80, especialmente a partir de algunas resoluciones judiciales, provenientes principalmente de Estados Unidos, que reconocían el acoso como un tipo específico de delito, cuando, tanto por parte de organismos internacionales, europeos, nacionales, de la comunidad científica internacional como de los medios de comunicación y de la sociedad en general, se ha intentado conocer el alcance real del problema y cuantificar los costes personales, sociales y económicos que de él se derivan.

En general se puede determinar que existen para el acoso sexual una serie de definiciones, la mayoría de ellas provenientes del mundo académico norteamericano, en el que encontramos dos posiciones: a) aquellas que consideran el acoso como una solicitud sexual y resulta ofensiva o humillante; b) las que lo consideran como una conducta que discrimina o minusvaloran a las mujeres por el mero hecho de serlo.

El Parlamento Europeo, el Consejo, en su Directiva 54 de 5 de julio de 2006 considera como tal conducta de acoso: “la situación en que se produce cualquier comportamiento verbal, no verbal o físico no deseado de índole sexual con el propósito o el efecto de atentar contra la dignidad de una persona, en particular cuando se crea un entorno intimidatorio, hostil, degradante, humillante u ofensivo”. Y lo diferencia del acoso laboral por razón de sexo al señalar que sería “la situación en que se produce un comportamiento no deseado relacionado con el sexo de una persona con el propósito o efecto de atentar contra la dignidad de la persona y de crear un entorno intimidatorio, hostil, degradante, humillante y ofensivo”.

Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres en su Art.2 Constituye acoso por razón de sexo cualquier comportamiento realizado en función del sexo de una persona, con el propósito o el efecto de atentar contra su dignidad y de crear un entorno intimidatorio, degradante u ofensivo. Y en el Art.3. Se considerarán en todo caso discriminatorio el acoso sexual y el acoso por razón de sexo. Siguiendo en el Art.4. El condicionamiento de un derecho o de una expectativa de derecho a la aceptación de una situación constitutiva de acoso sexual o de acoso por razón de sexo se considerará también acto de discriminación por razón de sexo.

Carmen Saco Dulanto en 1996 propone, considerar el acoso sexual en el trabajo como toda conducta de naturaleza sexual, desarrollada en el ámbito de organización y dirección de una empresa, o en relación o como consecuencia de un trato de trabajo, realizada por un sujeto que sabe, o debe saber, que es ofensiva y no deseada por la víctima, determinando una situación que afecta al empleo y a las condiciones de trabajo y/o creando un entorno laboral ofensivo, hostil, intimidatorio o humillante”. Por lo que se distinguen claramente tres elementos:

1.-Conducta basada en el sexo que afecte a la dignidad de hombres y mujeres y que resulte ingrata, irrazonable u ofensiva para el que la recibe.

2.- Cuando el rechazo a tal conducta se emplea de forma explícita o implícita como base para una decisión que afecta al trabajo de esa persona (continuidad en el empleo, ascensos, salario, etc.).

3.- Y que esa conducta propicie un ambiente de trabajo intimidatorio, humillante u hostil para la víctima y que el agresor/a sabe o debe de saber que el/la destinatario/a de su actuación lo considera ofensivo.

Pero ¿qué es “lo que sabe” o “debe de saber” el/la acosador/a para ampararse en lo que es el galanteo o el cortejo y lo que es una conducta de acoso? Para resolver esta cuestión podemos señalar que en general lo que diferencia el acoso sexual de la conducta social estándar, es que los comportamientos asociados con el hostigamiento sexual son no solicitados y no son bienvenidos por quien los recibe. La atención sexual se convierte en acoso sexual, si continúa, una vez que la persona objeto de la misma ha indicado claramente que la considera ofensiva. El/la acosador/a sabe que no es bien acogido/a, y es conocedor/a del rechazo, por consiguiente esta condición eliminaría la situación de intercambio social de conversaciones, coqueteo, gentilezas, romance, charla y uso de bromas de naturaleza corriente, etc.

La problemática del acoso sexual en el trabajo ha levantado y aún sigue haciéndolo comentarios apasionados basados, en considerables ocasiones, en mitos socioculturales que justifican el acoso sexual en el trabajo, especialmente aquellos que hacen referencia a la provocación por la forma de vestir de la víctima y si tuvo o no una relación anterior con el/la agresor/a, y que han influido tanto en la apreciación judicial2 como en la social.

A continuación se presenta una gama de creencias socioculturales y la justificación social que se hace sobre el acoso sexual en el ámbito de las relaciones de trabajo.

Cuadro 1.- Mitos y justificación social del acoso sexual en el trabajo

CREENCIAS-MITOS

JUSTIFICACIÓN SOCIOCULTURAL

A las mujeres les gusta.

-Hay mujeres a las que les gustan los hombres agresivos.

Son ellas las que comienzan a seducirles

-Son las mujeres las que provocan a los hombres con escotes, minifaldas... y luego tergiversan las cosas.


Es algo natural.

-Es privilegio de los hombres el decir piropos, chistes.

-El acoso es una extensión de la sexualidad masculina


Forma parte del cortejo

-Son ellos los que deben de llevar la “iniciativa sexual”.

- Es el inicio para comenzar un romance.


Son unas exageradas

-Los casos “reales” son pocos y aislados y se dan sólo en ciertos empleos y a “ciertas” mujeres.


La mujer se lo inventa.

-Seguro que ella consintió.

-Probablemente denuncia a sus compañeros o jefes para enmascarar su falta de preparación o incapacidad para el puesto.

-Sólo buscan algún beneficio.


No hay otro remedio

-Es mejor guardar silencio y no perder el trabajo.

-Ya se le pasará.

Fuente: LORENTE ACOSTA, M., y LORENTE ACOSTA, J. A., Agresión a la mujer: maltrato, violación y acoso, Granada, Comares, 1998, pp.180-182. LOBEL, S. A., Sexualuality at work: where do we go from here,?, y STOCKALE, M.S., “The role of sexual misperceptions of women’s friendliness in an emerging theory of sexual harassment”, en Journal of Vocational Behaviour, 1993, pp. 136-152 y 84-102, respectivamente.


2.1.- El acoso sexual en el Código Penal español

La Ley Orgánica de 30 de abril de 1999 núm. 11/1999, modificó, el Título VIII del Libro II del Código Penal de 1995, en lo relativo a delitos contra la libertad e indemnidad sexuales y en las referencias a los delitos contra la libertad sexual incluye, dentro de la citada reforma, el Capítulo III-“Del acoso sexual” que en su artículo 1843, apartados 1 y 2, regula el acoso sexual, entendiéndose éste como:

Art. 184. 1. “El que solicitare favores de naturaleza sexual, para sí o para un tercero, en el ámbito de una relación laboral, docente o de prestación de servicios, continuada o habitual, y con tal comportamiento provocare a la víctima una situación objetiva y gravemente intimidatoria, hostil o humillante, será castigado, como autor de acoso sexual,….” (Con la pena de prisión de tres a cinco meses o multa de seis a 10 meses).

Art. 184 .2. “Si el culpable de acoso sexual hubiera cometido el hecho prevaliéndose de una situación de superioridad laboral, docente o jerárquica, o con el anuncio expreso o tácito de causar a la víctima un mal relacionado con las legítimas expectativas que aquélla pueda tener en el ámbito de la indicada relación,….la pena será de prisión de cinco a siete meses o multa de 10 a 14 meses”.
Finalmente, establece en el apartado tercero una agravación de la sanción cuando la “víctima sea especialmente vulnerable, por razón de su edad, enfermedad o situación” que puede aplicarse a las dos modalidades de acoso que tipifica.
Por lo que en esta delimitación del acoso sexual se incluye como potenciales acosadores tanto a clientes, a compañeros de trabajo como superiores jerárquicos. Siguiendo esta línea diversas investigaciones (entre las que destacamos “las raíces del acoso sexual,” citado por el sindicato Comisiones Obreras en su Guía sindical: el acoso sexual) se ha clasificado este tipo de hostigamiento en función de la posición en la jerarquía laboral del sujeto activo, considerando: “Chantaje Sexual”, cuando el sujeto activo (acosador/a) es el propio empleador/a o una persona de jerarquía superior a la del sujeto pasivo (víctima, acosado/a). Se produce, por tanto, en relaciones asimétricas de poder, cuyas consecuencias para la víctima, bien de forma explícita o implícita, podrían manifestarse en despidos, represalias, privación de ascenso laboral u otras. Denominándose: “Acoso ambiental”, cuando el sujeto activo es un compañero/a o terceros relacionados con el trabajo (clientes, pacientes, etc.) de la víctima, por consiguiente no mantiene con ésta una relación de poder, ni ejerce sobre ella una potestad de coacción, sin embargo se crea un ambiente de trabajo intimidatorio o humillante, vulnerando la igualdad de trato.
2.2. El acoso por razón de género ¿un concepto difuso?

El punto de arranque para delimitar lo qué se entiendo por “acoso por razón de género” lo constituye la Directiva 2002/73/CE de 23 de septiembre, cuando por primera vez la Comunidad Europea lo distingue del acoso sexual, dándole carta de naturaleza. De la que se ha hecho eco la normativa española. En efecto recordemos que Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres (LOI) en su artículo 7.2 señala que: “Constituye acoso por razón de sexo cualquier comportamiento realizado en función del sexo de una persona, con el propósito o el efecto de atentar contra su dignidad y de crear un entorno intimidatorio, degradante u ofensivo”. Articulado que deja lugar a ambigüedades en su diferenciación con otro tipos de acoso en el seno de las relaciones laborales.

En este sentido Laura Zuñiga (Zuñiga, 2011) aboga por que este tipo de hostigamiento tenga un tratamiento autónomo y diferenciado de otros tipos de acoso ya que , “el acoso por razón de sexo reúne todos los elementos del acoso moral en el trabajo con el ingrediente que se trata del acoso relacionado con el sexo de una persona, por lo que la denominación “acoso moral por razón de sexo” aunque también se puede dar por orientación sexual ese hostigamiento debido al sexo puede llevar a vejaciones reiteradas y a un trato hostil” Y razona que: “Igualmente el acoso por razón de sexo posee elementos comunes con el acoso sexual, dado que en ambos casos se trata de la imposición de un comportamiento antagonista o humillante, solo que en el caso del acoso sexual la finalidad del autor es conseguir un acercamiento con la víctima de contenido sexual (tocamientos o relaciones sexuales) pero no en el acoso por razón de género”. Esta investigadora también muestra su desacuerdo con el artículo 7.3. de la LOI de considerar en todo caso discriminatorios el acoso sexual y el acoso por razón de sexo afirmando que “es posible que existan casos de coincidencia, es decir, acoso por razón de sexo de carácter discriminatorio, cuando las circunstancias de género son el motivo del acoso, pero no todos los casos de acoso por razón de sexo tienen carácter discriminatorio, pues puede existir incluso acoso moral frente a mujeres en posición jerárquica superior, cuando, por ejemplo, ejercen funciones de dirección y los subordinados no aceptan o rechazan las órdenes de su superior por su condición femenina (acoso vertical ascendente)”. Añadiendo que: “Sólo el acoso del superior jerárquico o de quien tenga poder sobre la víctima puede realizar un acoso discriminatorio”. Aunque reconoce que: “las mujeres pueden estar expuestas a especiales riesgos por razón de su género. Nos referimos al acoso por misoginia y el caso de acoso por embarazo. En el primer caso podría coincidir con el acoso discriminatorio claramente. En el segundo como es sabido de varios casos de mujeres que son hostigadas cuando deciden tener un hijo y las bajas, permisos y demás riesgos que ello conlleva molestan al empleador, quien decide hostigarla para que la embarazada deje libremente su puesto de trabajo ante la imposibilidad de despedir a una mujer embarazada”. Por consiguiente en estas situaciones afirma la profesora Zuñiga que: “Los elementos del acoso por razón de sexo son los propios del acoso moral, con la particularidad de que dicho comportamiento tiene su fundamento en el sexo de la víctima”.
2.3. Acoso psicológico o mobbing en el ámbito de las relaciones de trabajo.

El vocablo mobbing fue acuñado por primera vez por el profesor sueco Heinz Leymann al principio de la década de los 80 del siglo XX para describir las agresiones psicológicas en ámbito de las relaciones de trabajo llegando a diferenciar 45 comportamientos hostiles que un individuo que padece en esta situación de mobbing siendo posible sufrir simultáneamente varios tipos de hostigamiento.

Según, la psiquiatra francesa, France Irigoyen se entiende por acoso moral o psicológico como “toda conducta abusiva, (gesto, comportamiento, actitud) que atenta, por su repetición o sistematización contra la dignidad integridad psíquica o física de una persona, poniendo en peligro su empleo o degradando el ambiente de trabajo”.

Se afirma en diferentes estudios (entre otros Piñuel Zabala, 2001, 2007, 2009) que la finalidad del mobbing es la "autoeliminación del trabajador" (sea mediante su abandono de la empresa, su baja laboral…). En lugar de plantearse su resolución conforme a las reglas laborales tales como la indemnización, extinción pactada..., se busca un conflicto para que el trabajador dé por finalizada su relación laboral sorteando así su amparo legal.

Aunque no es un fenómeno nuevo resulta especialmente preocupante que haya aumentado, como indica el tercer estudio europeo sobre las relaciones laborales, elaborado por la Fundación Europea para la Mejora de las Condiciones de Vida y de Trabajo (Fundación de Dublín), que se publicó en diciembre de 2000. 1,6 millones de españoles sufren el acoso laboral según Piñuel Zabala en el 2001. O en declaraciones al periódico El País la “Asociación Gallega contra el Acoso Moral en el Trabajo” (Agacamt), afirmaba que este tipo de acoso ha aumentado de forma considerable tanto en el sector público como en el privado y han constatado un incremento del 30% en el número de afectados por acoso laboral desde el inicio de la crisis en 2008.

En la actualidad un problema creciente en todo el territorio de la Unión Europea. Por lo que en algunos Estados miembros hay ya (por ejemplo en Suecia, donde las normas en vigor en la materia datan de 1994, y posteriormente en Bélgica y Francia), o se está preparando la promulgación de una normativa destinada directamente a combatir el acoso moral en el lugar de trabajo. En otros países se ha preferido recurrir a la legislación ya existente y que pueda aplicarse al acoso, así por ejemplo en la jurisprudencia española hay algunas sentencias que recogen esta problemática y la vinculan al derecho a la seguridad y salud de los trabajadores en el ambiente de trabajo, en otros casos se alude a “Códigos de Buenas Prácticas” y la “cooperación entre las partes” y que según la Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha estimado en unos veinticuatro millones de euros el coste anual, directo e indirecto, del acoso psicológico en nuestro país.

En España la inexistencia de una definición legal de mobbing provocó en un primer momento un cierto desconcierto ante la disparidad de definiciones y términos utilizados para referirse a esta figura llamándose acoso psicológico, acoso moral, mobbing. En nuestra opinión la Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres perdió una gran oportunidad al no incluir una definición sobre esta problemática a la vez que lo hacía para el acoso por razón de género y el acoso sexual.

Actualmente parece que existe un cierto consenso entre la magistratura ejemplo de ello es una sentencia de finales del año 2010 del Juzgado de lo Social de Santander que establece un “concepto uniforme de mobbing”, siguiendo los criterios aceptados ya en múltiples sentencias. De acuerdo con esta Resolución, por mobbing debe entenderse “aquella presión laboral tendente a la autoeliminación de un trabajador mediante su denigración”. De esta definición podemos extraer los requisitos que comportan tales conductas. En primer lugar, se exige la existencia de una “presión”, que la víctima debe percibir como un “ataque”. La presión deberá ser “severa”, descartándose así las meras disensiones derivadas del trabajo cotidiano. Es irrelevante, a estos efectos, que esta presión genere o no bajas laborales, con independencia de la importancia que éstas puedan tener en materia de prueba. En segundo lugar, la presión debe ser consecuencia de la actividad laboral y producirse en el lugar de trabajo. Esto implica que tiene que ser cometida por miembros de la empresa, entendidos en un “sentido amplio” incluyéndose a las personas que dependan funcionalmente de la empresa, aunque orgánicamente formen parte de otra entidad. La presión debe ser además “tendenciosa”. Es decir debe de “obedecer a un plan”, que se mantiene en el tiempo de forma reiterada. Ello evidencia que el mobbing es “doloso” ya que el sujeto activo (el/a acosador/a) lleva a cabo su comportamiento consciente y voluntariamente. Se reconoce que es posible que quien ejerza el acoso crea que no está haciendo nada “ilegal”, que está ejerciendo su trabajo de forma diligente, pero esta creencia (muy frecuente) no vale para eximirle de responsabilidad (Extractado de Lastras, 2010)

En cuanto al arquetipo de víctimas de este tipo de acoso las investigaciones según la Agencia de Salud y Seguridad en el Trabajo, los datos nacionales sobre el acoso moral en el lugar de trabajo, desglosados por sexos, no ofrecen una visión unitaria ya que en algunos países las mujeres son víctimas de acoso en mayor proporción, en otros los hombres. Por su parte el dictamen del Comité Económico y Social francés (CES), adoptado el 21 de abril de 2001, considera que es posible, según las investigaciones nacionales e internacionales, establecer un retrato modelo del acosado psicológicamente en el trabajo, que suele ser una mujer, y entre ellas las más acosadas son las pertenecientes a minorías raciales, discapacitadas, con orientación sexual diferente y embarazadas de edad superior a los 40 años, lo que plantea el problema de que se trata de la última fase de la vida profesional; asimismo, dicho dictamen hace hincapié en la suerte de los jóvenes trabajadores especialmente del colectivo homosexual. Por su parte el Parlamento Europeo en su Resolución sobre el acoso moral en el lugar de trabajo (Res. 2001/2339) reconoce el problema, destacando a las mujeres y los trabajadores de carácter temporal como las principales víctimas de estos comportamientos”. Mientras que el estudio Propuestas para la igualdad de género en la negociación colectiva. Estudio a partir de la negociación colectiva en Castilla y León (Sanguineti, R. et al, 2011) se señala que la mayoría de los/as trabajadores/as entrevistados/as creen que el tipo de acoso más frecuente en el trabajo es el psicológico y que éste es sufrido por igual por mujeres que por hombres y que va dirigido especialmente hacia los/as más jóvenes y también hacia aquellos trabajadores- hombres o mujeres -de más edad.

A modo de conclusión se puede afirmar que los diferentes estudios señalan que el mobbing afecta tanto a hombres como a mujeres pero existe mayor riesgo en el grupo femenino sin olvidar que el acoso sexual y el acoso por razón de sexo ya llevan aparejado un daño psicológico importante

Al igual que otros tipos de acoso el hostigamiento psicológico se produce en todo tipo de organizaciones, pudiendo provenir tanto de jefes o empleadores como de compañeros o subordinados del/la acosado/a.
2.4.-Conceptualización del acoso escolar o bullying

Los estudios sobre acoso físico o psicológico entre escolares comenzaron a raíz del suicidio, en 1983, de tres escolares noruegos hostigados con prepotencia y abuso de poder por parte de sus compañeros. Y se ha identificado con la palabra anglosajona bullying.

La definición mayormente aceptada en la comunidad científica es la del psicólogo noruego Dan Olweus, el cual define este fenómeno como: “La victimización o maltrato por abuso entre iguales es una conducta de persecución física y/o psicológica que realiza el alumno o alumna contra otro, al que elige como víctima de repetidos ataques. Esta acción negativa e intencionada, sitúa a las víctimas en posiciones de las que difícilmente pueden salir por sus propios medios. La continuidad de estas relaciones provoca en las víctimas efectos claramente negativos: descenso en su autoestima, estados de ansiedad e incluso cuadros depresivos, lo que dificulta su integración en el medio escolar y el desarrollo normal de los aprendizajes” (Olweus, 1993)

Varios estudios demuestran que el acoso entre escolares en los ciclos de enseñanza primaria y secundaria es un problema antiguo que ha sido invisibilizado tanto por las víctimas y agresores que guardan silencio, entre los/as testigos del acoso se impone la ley del silencio frente a los adultos: nadie quiere que le acusen de chivato/a, así como por el profesorado que hasta poco tiempo hacían, relativamente, pequeños esfuerzos para contrarrestar el problema, por los padres y madres que ignoraban tanto a lo que sus hijos o hijas estaban expuestos/as o en los que sus vástagos participaban, como por la sociedad en general que sólo tenía constancia de esta problemática a través de las situaciones más graves (suicidios o intentos de suicidios) que se transmitían por los medios de comunicación de masas4.

En España el primer estudio oficial sobre acoso escolar es realizado, en 1999, por el Defensor del Pueblo en colaboración con el Comité Español de UNICEF Posteriormente se realizó la investigación Violencia escolar: el maltrato entre iguales en la ESO, publicado por el Defensor del Pueblo en el año 2000, basado en 3.000 entrevistas a alumnos/as de edades comprendidas entre 12 y 16 años y la opinión de 300 profesores/as, pertenecientes, todos ellos, a centros escolares de toda España. Señalando que el acoso escolar afecta en su forma más leve, como el insulto, al 33,8% de los estudiantes de la educación secundaria obligatoria (ESO)5. En los más graves, como la agresión física, el 4,1% del alumnado expresa haberla sufrido alguna vez. En cuanto al acoso sexual entre jóvenes en edad escolar los datos obtenidos, en el citado informe reflejan que: “el 1,7% de las adolescentes españolas es acosada sexualmente por sus compañeros”, a la vez, el citado informe, pone de relieve la existencia de que “un tinte de pasividad o connivencia impregna siempre estos fenómenos, ya que el 30% de los testigos quedan pasivos ante la situación”. Extrapolando estas cifras, el periódico El Mundo calculó que, en España en el año 2000, unas 34.000 alumnas adolescentes sufrirían acoso sexual en su colegio o instituto6.

En la investigación realizada por un equipo de psicólogos de la Universidad Complutense de Madrid en colaboración con el Instituto de la Juventud titulada: Prevención y lucha contra la exclusión desde la adolescencia. La violencia entre iguales en la escuela y en el ocio. Se destaca que uno de cada tres estudiantes (el 34,2%) de ESO certifica que “nunca pediría ayuda a sus profesores/as si sufre situaciones de violencia escolar”7. A estos estudiantes se les planteó, en el citado estudio, un dilema moral en relación con la violencia de género: ¿Consideras que una persona debe dejar a su pareja en caso de que ésta le agreda? El 94,5% respondieron que sí. El 46% dijo que no si esa pareja estuviera casada y tuviera hijos. Además, en estas respuestas, los alumnos en lo que se había observado la tendencia a ejercer bullying no entendían por qué la víctima tenía que dejar al agresor. Díaz-Aguado afirmó que este problema afecta mucho más a los chicos que a las chicas y que tiene muchos rasgos comunes con la violencia de género. Por lo que la directora del estudio advierte que: “La sociedad se manifiesta mayoritariamente contra la violencia pero luego cae en la contradicción de considerar este tipo de violencia como un problema de chicos. Esto es un error porque hay que entender que no podemos ser permisivos con sus formas menos graves porque entonces crecen”.

En el año 2007 los psicólogos Araceli Oñate e Iñaki Piñuel confeccionaron el Informe Cisneros X: Acoso y Violencia Escolar en España (Piñuel y Oñate 2007) llevado a cabo en catorce Comunidades autónomas8 sobre una muestra de 24.990 escolares. Este estudio es el primero en incluir en la muestra a menores que cursan estudios de primaria. En él se refleja que el 23’2% de los niños/as y jóvenes españoles, de entre 7 y 17 años de edad, está viviendo de algún modo el acoso escolar. El informe pone de manifiesto que únicamente son visibles el 10% del total de casos de bullying (generalmente los que conllevan violencia física) frente al 90% que quedan ocultos y que pasan totalmente desapercibidos para los adultos al ser de carácter psicológico (hostigamiento verbal, amenazas, intimidación, exclusión…). Señalándose que los/as menores que manifiestan sufrir comportamientos de acoso- en cualquiera de sus variedades- presentan, con frecuencia, un porcentaje cuatro veces superior de riesgo de sufrir estrés postraumático, cinco veces superior en el riesgo de tener ideas suicidas recurrentes, cuatro veces superior de padecer ansiedad grave que quienes no sufren este tipo de situaciones .

Por su parte el Ministerio de Educación, editó en el año 2010 el Estudio estatal sobre la convivencia escolar en la educación secundaria obligatoria de cuyos datos se desprende que los/as menores son frecuentemente víctimas de ciberacoso; los acosadores “eligen” sus víctimas por varios motivos y entre ellos carecer de amigos, no defenderse o comportarse de una forma diferente a la de la mayoría. Recalcando que el papel de la familia es fundamental, la sensibilización de esta temática en la escuela, así como la intervención, en general, de los Poderes Públicos a través de las Administraciones competentes.

Conviene señalar que los estudios que se continúan realizando y las noticias que aparecen en los distintos medios de comunicación, confirman que las situaciones de acoso escolar continúan formando parte de la realidad actual. A juicio de Rosa Serrate (Serrate, 2007: 8) “las estadísticas van en aumento en nuestro país y estoy segura que hay muchos casos de los que no tenemos constancia porque se quedan en el silencio de la noche en el que se sumerge el niño acosado”.
A modo de resumen de todo lo anterior se desprende que no se puede hablar de acoso si se trata de una situación de violencia puntual sino que ha de producirse un proceso de victimización caracterizado, entre otros, por los siguientes factores: a) Intencionalidad de causar daño, bien por acción o por omisión, por parte del agresor; b) La violencia ejercitada sobre la víctima ha de ser habitual, sistemática y prolongada en el tiempo; c) Indefensión (o al menos poca “resistencia”) de la víctima ante la situación; d) Desequilibrio de poder en la relación incluso cuando se produce entre iguales; e) Conlleva de forma implícita para quienes lo padecen lesiones y secuelas a nivel físico, psicológico, emocional, intelectual, social, sexual,….

Este tipo de conductas en el ámbito laboral o educacional tiene graves consecuencias a) sobre la víctima ya que afecta a su dignidad, a su salud psíquica y física con síntomas tales como estrés emocional, sentimiento de humillación, ansiedad, depresión, pérdida de eficacia, impotencia, pérdida de autoestima, sentimientos de culpa, pérdida de apetito, fatiga profunda, y en general disminuye su calidad de vida, independientemente de que se cumpla o no la amenaza del acosador, y de que sea ésta explícita o implícita. Entre las consecuencias potenciales del acoso sobre la persona que lo sufre destacan el riesgo de perder el trabajo o la privación de promoción laboral, los daños económicos por bajas laborales, la disminución de la productividad, cambios en el comportamiento, en el atuendo (vestido, peinado) el modo de relacionarse. b) sobre la empresa/institución ya que en la organización empresarial recaen los costes directos derivados de las posibles pérdidas de tiempo en el trabajo, así como los costes indirectos de la merma de eficacia, el absentismo laboral, la disminución de la productividad, la sanción social de la opinión pública si fuera dañada la imagen de la empresa ante su clientela potencial o efectiva, en el caso de que la víctima hiciese conocida la situación. c) repercute finalmente sobre la sociedad en su conjunto. Este tipo de comportamientos vulnera los principios sobre libertad sexual, salud en el trabajo, en efecto, los principios fundamentales de no discriminación por razón de sexo, recogidos en la Constitución española, ya que impide el logro de la igualdad en el trabajo entre hombres y mujeres y en general menoscaba la dignidad de las personas y entorpece el desarrollo de la convivencia pacífica entre los distintos actores sociales.
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