Aportes al conocimiento del proceso de poblamiento






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ASIGNATURA: Geografía de LA PROVINCIA DE TUCUMAN.

Prof. Ana I. Rivas. Ciclo lectivo 2013

APORTES AL CONOCIMIENTO DEL PROCESO DE POBLAMIENTO

EN EL TERRITORIO TUCUMANO
Un rasgo a destacar en el proceso de poblamiento del actual territorio tucumano es la presencia, en cada etapa histórica, de grupos sociales que con diversas estrategias y capacidad de adaptación lograron mantener diversos grados de articulación con el medio natural.

Indagar aspectos de la distribución y caracteres estructurales de la población actual implica acercarse a un recorrido histórico que nos permita entender los atributos de cada sociedad en términos temporales como también sus relaciones y articulaciones con el medio natural. Comenzaremos el análisis desde el periodo prehispánico, destacando aquellos aspectos más relevantes y mostrando parte de su dinámica interna y externa.
EL POBLAMIENTO PREHISTORICO

La antigüedad del hombre en la República Argentina está ligada a la población más antigua que llegó procedente desde América del Norte.

Los investigadores sostienen que la llegada del hombre a América se remonta a más de 30000 años. Las evidencias de esta etapa antigua corresponden a restos muy pobres de industrias líticas, fogones con algunos instrumentos de piedras sumamente rústicos, muy pocos diferenciados. Una característica fundamental es el trabajo grosero de la piedra y sobre todo la falta de puntas de proyectiles. Debió tratarse de culturas de tipo depredador, correspondiente a simples recolectores muy indiferenciados en sus métodos y técnicas y cazadores sólo en segundo término1.
EL NOROESTE ARGENTINO

En la actual región del Noroeste Argentino se reconoce, para el Paleolítico Inferior, la entrada de una primera oleada de grupos recolectores:

1. Pueblos Recolectores que a fines de la época glaciar ingresaron a Tucumán. Los vestigios más antiguos corresponden a una primitiva y tosca industria lítica denominada AMPAJANGO (Catamarca).

Los instrumentos de esta industria se obtuvieron por percusión directa, con fuertes golpes sobre grandes bloques de piedra; éstas son las denominadas hachas de mano. Otros instrumentos distintivos son las bifaces: hachas de regular tamaño talladas con duros golpes en ambas caras y que seguramente estuvieron destinadas a la recolección y la caza.

El utillaje refleja una economía recolectora de tipo inferior indiferenciada, fundamentalmente de raíces, frutos y plantas silvestres.

Los testimonios de esta industria lítica se encontraron en las altas terrazas fluviales, poco afectadas por la erosión, en el Valle de Yocavil, en Amaicha del Valle, en Alpachiri (10000 a C.) y en la ladera oeste de la Sierra de Medina.
2. En un período de transición penetra una segunda oleada de "Recolectores y Cazadores Inferiores", que todavía no usan instrumentos especializados para la caza (lo hacen por rodeo o chaco). Encontramos testimonios en el norte y sur de nuestra provincia (de manera imprecisa); con un i nstrumental lítico no muy diferente del anterior (ampajanguense).

Estos dos períodos corresponden al Paleolítico Inferior con industrias de núcleos o nódulos de piedra (tipo ampajango) y hachas de mano o choppers.
3. En el Paleolítico medio llega una tercera oleada que corresponde a los cazadores superiores, que ya usan instrumental especializado para la caza (puntas de flechas y de lanzas), correspondientes a la industria Ayampitin, venían detrás de una paleofauna desarrollada en la época glaciar: correspondiente a la macrofauna de milodontes y elefantes del frío (mastodontes). Al desaparecer la paleofauna pleistocénica se adaptan a la nueva fauna del guanaco y de la llama (o paleollama) e inician su domesticación. Los testimonios lo encontramos en las Cumbres Calchaquíes, Burruyacu y Taco Ralo. Yacimientos con industrias Ayampitin se han encontrado en el Valle de Santa María, San Pedro de Colalao, mesadas entre Trancas y Colalao del Valle (C. Calchaquíes); en Burruyacú en la zona de La Chilca, Sa. de Medina. En el sur de Tucumán, en la zona de Taco Ralo y en el piedemonte de Guasayan. Cazaban el guanaco (guanicoi) y la paleollama, utilizaban instrumentos especializados para la caza como ser: dardos, lanzas, azagayas, armas arrojadizas, aunque no existía el arco las arrojaban con el atlal o tiradera corriendo. Las puntas de flechas pueden ser puntas hojas de laurel pedunculadas y lanceoladas o bien pueden ser las puntas hojas de sauces más alargadas y grandes que son las puntas de lanzas. La tiradera o propulsor era de hueso, asta o de madera de hasta unos 50 cm de largo con dos codos o ganchos, uno hacia abajo y el otro hacia arriba, donde colocaban el proyectil punta de flecha o lanza.

Sintetizando, podemos decir que los recolectores y cazadores inferiores usaban hachas de mano o choppers, mono y bifaces, amigdaloides y algunas lanceoladas. Otros instrumentos fueron punzones raspadores, raederas, buriles. Se trata pues de industrias de núcleos o nódulos de piedras que tallaron por percusión directa. Los cazadores superiores, en cambio, produjeron una industria de lascas (obtenidas de los núcleos de piedra) que tallaron por percusión indirecta, sobre un yunque donde golpeaban las lascas con un hueso o un palo (percutor), luego de la talla por percusión indirecta trabajaban la punta por presión y retoque produciendo un borde cortante: a esta industria más refinada corresponden las puntas Ayampitin. La época de los cazadores superiores correspondió al -7000 al -l000 a.C. (Paleolítico Medio y Superior).
4. En un momento dado se manifestó un período de agricultura incipiente”: corresponde al momento en que el hombre deja la economía de recolección y caza y, lentamente domestica algunas plantas antes de poseer alfarería. Es decir, que nos encontramos con una etapa cultural donde comienzan a llegar las plantas cultivadas, pero donde el nivel cultural todavía es muy bajo, pues carecen de alfarería, metales y textiles elaborados (comienzo de la revolución agrícola).

Al desaparecer la fauna pleistocéncia por calentamiento y desecación del clima (período altitermal), los cazadores americanos se vuelcan a los vegetales, refugiándose en zonas con reservorios de agua: centros de domesticación (-5000 a C.). En realidad no sabemos si en Tucumán se dio domesticación de vegetales, pero sí hay seguridad de que nuestro territorio participó de dos centros de domesticación:

  • Domesticación de tubérculos microtérmicos del Altiplano: papa.

  • En el NOA con la domesticación del maní, que se lo encontró en estado silvestre.


En América se reconocen cinco o más centros de domesticación de vegetales, y desde allí saldrán posteriormente, en la época siguiente más húmeda y de óptimun climático (mediatermal) (posglacial) a poblar distintas zonas, se trata de una verdadera revolución agrícola. (-3000 a C.). Hacia el 2.500 a C. comienzan a aparecer los pobladores sedentarios y las primeras aldeas en América: es el comienzo de la “evolución urbana” que llevará hasta las ciudades estado con agricultura bajo riego.

A Tucumán habrían llegado los agricultores incipientes alrededor del -1000 a C. Estos traen una agricultura itinerante de rozado y otra de temporal (siembran después del temporal). Ya en el NOA y Tucumán se adaptan y la transforman en agricultura de inundación que ellos la practicaban en bañados, depresiones, terrazas bajas, laderas aluviales, bordes de los abanicos, etc. Testimonios muy antiguos se encontraron en Huasa Pampa (Sur de Tucumán), donde se pudo comprobar la existencia de una horizonte muy permanente de agricultores incipientes con práctica de “horticultura”, agricultura muy rudimentaria, en la que usaban palo de cavar y la realizaban cerca de sus viviendas.

Sobre la base de la ocupación e instalación de estos primitivos agricultores y a medida que se da el conocimiento y aprovechamiento del medio natural, se definen 4 ecosistemas en Tucumán y que a su vez han dado lugar a la distinción de 4 áreas arqueológicas (según Prof. Dante Soria). En estas áreas se produjo una diferenciación cultural en líneas divergentes, en función de la agricultura (el grado máximo será la agricultura de regadío, con la que se encuentran los conquistadores españoles). Así, partiendo de formas semisedentarias, y con un patrón de poblamiento disperso y unifamiliar, se evoluciona a formas comunitarias de poblamiento y tenencia de la tierra, llegando a conformar centros urbanos importantes en algunas de las áreas, con los cuales se encuentran los españoles a su llegada a estas tierras. Dichos ecosistemas y áreas arqueológicas son:
1. Ecosistema Valliserrano: corresponde al área serrana del oeste con los altivalles, se localiza por encima de los 800 y 1000 m de altura sobre el nivel del mar. Se trata de un área con suelos aluviales, con un clima templado a frío de montaña y con lluvias menores a 600 mm (estivales), a lo cual se suma una vegetación de monte y pastizales. Corresponden a esta área los Valles de Santa María, Amaicha, Tafí del Valle, San Javier y los demás valles correspondientes a las Cumbres Calchaquíes y Aconquija.
2. Ecosistema Subandino: corresponde a la cuenca de Tapia Trancas, con un clima semiárido y bosque chaqueño serrano; y a las Sierras del Nordeste con selvas y bosques subtropicales, y bosque chaqueño serrano en las cuencas intermontanas más secas.
3. Ecosistema Pedemontano: de este ecosistema forma parte el piedemonte oriental de los Nevados del Aconquija y laderas orientales localizadas por de bajo de los 1000 m de altura hasta los 450 m; con clima subtropical y abundantes lluvias estivales, con selva subtropical serrana y vegetación mesófila de transición hacia la llanura.
4. Ecosistema de la Llanura: corresponde a los terrenos bajos menores de 400 m de altura que se extienden hacia la llanura del este (Río Salí) y continua hacia la provincia de Santiago del Estero, con una vegetación típica de bosque chaqueño.
Estos primitivos agricultores incipientes se van adaptando y evolucionan hacia la sedentarización, con un gradual conocimiento del medio y acompañado del aprovechamiento del mismo. Es decir, se dio todo un proceso de desarrollo sociocultural, con asentamiento y la aparición de la aldea lo que corresponde al Paleolítico Agroalfarero, es decir aquellas culturas técnicamente poseedoras de alfarerías y económicamente basadas en el cultivo de plantas. Estas culturas abarcan un período largo de tiempo, de algo más de 1700 años. Por lo tanto, con esta revolución agrícola y urbana se desarrollan los grandes períodos agroalfareros En su evolución se pueden distinguir tres grandes horizontes temporales o periodos agroalfareros, según Rex González son:
I- PERIODO TEMPRANO: corresponde al desarrollo de las primeras culturas agroalfareras, desde el 350 a.C. hasta el año 650 d.C. Las culturas más representativas de este período son: Condorhuasi, Ciénaga, La Candelaria, Alamito y Tafí (mapa 1). Hasta ahora la cultura agroalfarera de mayor antigüedad del área valliserrana es la denominada Tafí, descubierta en el valle homónimo (oeste de Tucumán) y data del 350 a.C.. Estas culturas tempranas corresponden a un horizonte uniforme, con un patrón alimentario basado en el maíz y el zapallo, con una cerámica monocroma roja ordinaria, tosca o bien monocroma roja engomada y pulida, con base característica del que migra o para llevarla con piolas.

La cultura Tafí tenía sus viviendas circulares, de paredes de piedras, círculos de piedra que aún en la actualidad se pueden ver en superficie. Las excavaciones realizadas dentro de estos sitios revelaron que el gran círculo central era el patio donde se realizaban las tareas domésticas, como la molienda de los granos y la preparación de las comidas, y además se sepultaban los muertos de cada familia. Para la construcción se usaron grandes bloques de piedra; la forma, disposición y tamaño de estos poblados supone un tipo especial de vínculo social: tal vez la familia extensa.

La economía de esta cultura fue eminentemente agrícola, pues la presencia de andenes, canchones, terrazas de cultivos y molinos (conanas) demuestran que cultivaban granos de variados tipos y que se molían para ser utilizados como alimentos. La llama fue el animal que utilizaron como medio de transporte y para proveerse de leche y lana.

La alfarería se caracterizaba por una cerámica de tipo tosca, con escasa decoración y paredes alisadas. Si bien fueron pobres ceramistas, se destacaron como escultores de piedra: se conocen máscaras y menhires (típicos de esta cultura) muchos de los cuales llevan extrañas figuras esculpidas; no se sabe a que momento de la cultura Tafí corresponden, pero con seguridad estuvieron relacionados con la religión de estos pueblos. La presencia de menhires con motivos claramente felínicos sugiere un culto o religión donde este animal desempeña un papel importante. Esta cultura perduró por mucho tiempo.

En correspondencia con el ecosistema subandino encontramos la Cultura Candelaria, que toma el nombre del departamento salteño donde fue descubierta. Geográficamente se distribuye por el este y sur de Salta y norte de Tucumán (Cuenca de Tapia-Trancas y Sierras Subandinas).

Cerámica correspondiente a los estilos de La Candelaria, o con cierto aire de familia, se encuentra en Tafí del Valle (Tucumán) y en el Valle de Hualfín (Catamarca). Es difícil determinar si se trata de piezas recibidas por comercio, por procesos de aculturación o si la cultura de La Candelaria tuvo un temprano desplazamiento en forma más o menos pura a estas zonas. No se sabe como fueron los sitios de vivienda de esta cultura, ya que una de sus características es la de no poseer arquitectura de paredes de piedra. Los restos arqueológicos corresponden a sitios de 30 o 40 metros de diámetro, dentro de los cuales se encuentran dispersos los fragmentos de alfarería y restos de fogones.

El elemento más característico y mejor conocido de esta cultura son los tipos cerámicos: urnas, alfarería de color rojo y negro. Las urnas, que son recipientes de gran tamaño, sirvieron para la inhumación de niños y adultos. Las paredes son delgadas, aún en las piezas de gran volumen, lo que habla de una técnica alfarera depurada.

En síntesis las Culturas Agroalfareras Tempranas (-350 a.C. al 650 d.C.) se desarrollaron en las siguientes áreas:

1. Area Valliserrana: Cultura Tafí, muy temprana.

2. Trancas y Sierras Subandinas: Cultura Candelaria.

3. Piedemonte: Cultura Huasapampa.

4. Llanura: Cultura Mercedes, como prolongación del habitat santiagueño.

II- PERIODO MEDIO: se extiende desde el año 650 d.C. hasta el 850 d.C.; esta jalonado por la cultura que se denomina de La Aguada, ubicada en el departamento de Belén (Catamarca). Desde el punto de vista cultural es el momento de mayor desarrollo cultural en todo el NOA o, por lo menos, uno de los más altos exponentes en las manifestaciones técnicas y artísticas de estos pueblos prehistóricos.

La economía de la cultura de La Aguada fue esencialmente agrícola (maíz: agricultura con riego artificial en terrazas) también practicaron la recolección de frutas silvestres. La alfarería alcanzó desarrollo y fue de color gris negro y decorado. Entre el material de piedra se destacan los vasos cilíndricos, con ligera tendencia a la forma del reloj de arena, hachas de cuello y cuerpo achatado; para la molienda de granos se usaron morteros, conanas y recipientes chatos.
III- PERIODO TARDIO: se inicia hacia el año 850 d.C. y perdura hasta la llegada de los Incas, en el año 1470 d.C.. Las culturas conocidas se denominan Sanagasta o Angualasto en la porción sur de Catamarca y La Rioja, Belén en el Valle del mismo nombre y en el Abaucán, Santa María en el Valle de Yocavil- Calchaquí; también en la Quebrada de Humahuaca. Se dividen en facies según los distintos momentos de su evolución. Es probable que Sanagasta, Belén y Santa María integren el conjunto protohistórico de los pueblos de los Diaguitas, con un nexo común en los distintos aspectos culturales, principalmente la lengua.

Nos interesa de este periodo la Cultura Santa María, por formar el valle de Sta. María parte de nuestra provincia. Los comienzos de esta cultura deben fijarse aproximadamente hacia el 1000 de la era Cristiana, es de notar que sufrió el impacto de la conquista incaica, el que debió cambiar algunos de sus aspectos culturales. Su núcleo fundamental y su lengua no se modificaron hasta la llegada de los españoles.

Los distintos períodos por los que pasó esta cultura se reflejan notablemente en el patrón de poblamiento, en la cerámica y en la metalurgia. La economía se baso en la agricultura intensiva con irrigación en andenes y terrazas; junto a las grandes poblaciones existían construcciones dedicadas al regadío, tales como represas, de las que hay un ejemplo notable cerca de la antigua ciudad de Quilmes. El cultivo en andenes fue muy común y junto a él practicaban también la recolección y la caza.

El patrón de poblamiento es bastante diferente en cada una de las etapas de esta cultura; es probable que en un primer momento habitaran en grandes casas comunales. La población debió haber estado dispersa en los campos y constituida por familias extensas. Posteriormente, en una segunda etapa, debió aparecer la aldea formada por agrupaciones de casas con paredes de piedras de planta rectangular, ubicadas en sitios altos protegidos con muros de defensa o simplemente aprovechando las laderas escarpadas de los cerros. Al igual que las otras culturas también desarrollaron una muy buena alfarería.

La continuidad cultural se manifestó, según los diferentes ecosistemas o áreas arqueológicas, de la siguiente manera:

* Ecosistema Valliserrano: Culturas Tafí I,II,III y Santa María I y II (tardía).

* Ecosistema Subandino: Candelaria I,II,III (se modifica el último pero no evoluciona ni dio origen a una cultura nueva).

* Ecosistema Pedemontano: Huasapampa I, II, III, con afinidades con la de Tafí (tardía) que desaparece antes de la llegada de los españoles.

* Ecosistema de Llanura: Culturas Mercedes, Sunchituyoc I, II y Averías.

Tipos de Agriculturas


Período Temprano

* Agricultura de inundación (luego de la crecida de los ríos en zonas de bañados, etc.)

* Agricultura de riego natural (temporal, aprovechándose las lluvias estacionales)

* Agricultura de riego natural y artificial rudimentario (bancales, en los bordes de los abanicos aluviales).

Período Medio y Tardío

* Agricultura de regadío (bajo riego artificial, con obras de riego: represas y canales)

* Agricultura de inundación controlada (control del agua de inundación)

* Agricultura de inundación dirigida (dirección, mediante túmulos de tierra, del agua de inundación fluvial).


PERIODO INCAICO: la influencia de los incas sobre las sociedades prexistentes en la zona de altamontaña


Puede fijarse aproximadamente en el año 1470 en relación con el momento de llegada de los Incas al Noroeste Argentino. Los motivos básicos de la conquista incaica fueron de dominio y explotación económica; entre ellas el trabajo de los metales útiles y preciosos.

La conquista incaica, centrada sobre la dominación económica, necesitó del dominio de los caminos desde el NOA hacia Chile y Bolivia. La integración pudo hacerse por el dominio absoluto y la fácil comunicación a través de las vías naturales, que los Incas sistematizaron y organizaron perfectamente.

En función de esto se explicaría la ubicación de los llamados tambos o postas de descanso a lo largo de esas vías. Como unidad mayor de estos tambos, existían los pequeños centros administrativos y militares de apoyo, uno de los cuales fue el de Londres (Catamarca).

Los Incas utilizaron los centros poblados preexistentes, algunos de ellos fueron remodelados según las necesidades particulares de su dominio.

PERIODO HISPANO-INDIGENA



A partir de 1550, con la llegada de los españoles ya tenemos que hablar de un PERIODO HISPANO-INDIGENA, pero estos primeros años las comunidades aborígenes no han sido aún totalmente conquistados y conservan sus culturas propias durante 20 o 30 años o quizás más (100) y con importantes influencias y paralelismos entre ambos patrones culturales.

La distribución de los grupos indígenas a la llegada de los españoles era la siguiente:
a) El territorio de los Diaguitas: se ubica en los valles y quebradas de las serranías de Salta, Tucumán, Catamarca, La Rioja y Santiago del Estero. La nación se componía de numerosas tribus cuyos nombres se perpetúan en las localidades donde han habitado, por ejemplo: Tolombones, Quilmes, Tafíes, Amaichas, Colalaos, etc.

El conquistador Pedro Sotelo Narváez, dijo que los Diaguitas serranos del siglo XVI fueron gente belicosa, “vestida de más razón que la de los llanos. Fueron grandes corredores y trabajadores, pero sembraron poco, por andar de peleas entre ellos; tenían su idolatría y sus ritos; tenían sus caciques a quienes respetaban, estaban repartidos en muchas parcialidades asentados en ocultas y fragosas quebradas de cerros muy ásperos”. Ellos hablaban el Kakán y se cree que pudieron descender de los antiguos collas del Altiplano Boliviano.
b) El territorio de los Lules: según Sotelo Narvaéz recorrían los dominios de Esteco y Tucumán, es decir el territorio ocupado por los Tonocotés, quienes fueron pacíficos y buenos servidores de los españoles; mientras que los Lules fueron nómadas y vivían de la caza y de la pesca y no fueron del todo pacíficos. No tenían domicilio ni propiedad, pero eran muy numerosos, grandes guerreros y podrían haber exterminado a los Tonocotés si la conquista española no hubiera sobrevenido. Ellos hablaban diferentes lenguas (dialectos), conocían el tonocoté que parecía haber sido la lengua general de esta zona; y sirviéndose de ella los jesuitas pudieron convertirlos y catequizarlos.
c) Los Juríes o Tonocotés: no representa el nombre de una nación, sino más bien se trata de una denominación general dada a todos los indios más o menos salvajes, de una civilización inferior a la cultura serrana de los indios de la montaña (diaguitas). Se trata de los habitantes de la llanura cubierta de bosques, al este de la cadena del Aconquija y de Ancasti (actuales provincias de Salta, Tucumán y Santiago del Estero). Ellos, según los cronistas, eran gente desnuda, al contrario de los diaguitas son descriptos como salvajes y en cuanto a su físico, como de alta talla, extremadamente delgados, con las piernas muy largas y flacas.

A mediados del siglo XVI la población indígena del Noroeste llegaba a 215.000 personas (Difrieri, 1958). La población indígena, a la llegada de los españoles se distribuía de la siguiente manera en el área tucumana:

1. Area Valliserrana: cultura Santa María (tardía): indios Calchaquíes y Diaguitas.

2. Area Pedemontana: cultura Huasapampa (sin situación de contacto, desaparece antes de la llegada de los españoles). A la llegada de estos dominaban este piedemonte los "Diaguitas de la Llanura".

3. Area de la Llanura: cultura Averías (tardía): Diaguitas de la Llanura y Tonocotés. Los primeros, aparecen entre Tucumán y Santiago del Estero, lo que indica una situación de contacto cultural con los Tonocotés.

Distribución: en la llanura central y sur, los Diaguitas de la llanura y, al norte los Tonocotés, esto fue en Trancas y Sierras de Burruyacú; al oeste al oeste: Diaguitas y Calchaquíes.
Mapa Nº 1


PERIODO HISPANICO - COLONIAL



La llegada de los españoles marca una nueva etapa para esta área, ya que las culturas indígenas fueron asimiladas a la vida y al sistema institucional español. A este período lo llamamos Hispano o Colonial y abarca desde mediados del siglo XVI (1550) hasta el siglo XIX.

Los españoles aprovecharon la tecnología agrícola aborigen y adoptaron su patrón alimentario, siendo el 60 o 70% de su dieta vegetal de origen indígena. La penetración española sobre nuestro territorio procedente desde el Atlántico. Se inició por Buenos Aires.; si embargo, en el mismo Litoral, apenas comenzada se estancó, en cambio, la corriente colonizadora procedente del Perú, que penetró con Diego de Rojas por el NOA y luego hacia el Tucumán con carácter de exploración, no se detuvo ya que años más tarde (1550) se producirá la verdadera conquista y por consiguiente la colonización con Juan Nuñez del Prado, fundador de las primeras ciudades del Barco.

Mientras que el Litoral vegetaba a orillas de sus magnos ríos, en el Noroeste se realizaba la conquista que llega hasta el centro mismo del país y, se inicia y encausa la colonización. Se fundaron ciudades durante la segunda mitad del siglo XVI, las que pasaron por un período de prueba que generalmente varió entre los 15 o 30 años de duración. Solamente a fines del siglo XVI o primeros años del siglo XVII podrá pasarse balance y afirmar, con cierto margen de certeza, que tal ciudad ha logrado afianzarse en forma definitiva y que tal otra será pronto un recuerdo.

Una de esas ciudades que perduró fue San Miguel de Tucumán, fundada en 1565 por Diego de Villarroel, en el campo de Ibatín, próxima a la montaña, cerca de la actual ciudad de Monteros a orillas del río Pueblo Viejo. Se alzaba San Miguel en el corazón de la poblada comarca que sus habitantes indígenas llamaban propiamente Sucuma o Tucuma (de donde proviene la palabra Tucumán), siendo el lugar de confluencia de diversas naciones autóctonas: Diaguitas, Lules y Tonocotés o Juríes. Los que habitaban cerca de las Montañas eran continuamente molestados por los Diaguitas-Calchaquíes (de la zona serrana), feroces y guerreros. Los Lules eran "una gente que no tenía asiento y se sustentaban en la caza y la pesca, por lo que no estaban del todo en paz...". Los Juríes o Tonocotés tenían su asiento en la llanura

Muchos de estos indios eran pobres, no tenían con que cobijarse y los españoles tenían que sustentarlos y vestirlos. Además, ellos eran los que atendían los cultivos, los que cuidaban el ganado, los que limpiaban las acequias y regaban con ellas, los que cortaban y sacaban la madera del bosque, los que tejían en el obraje (lugar donde se tejía y curtía), los que hacían las carretas, etc.

En cuanto a la población española, en el siglo XVI, no era numerosa pues aún no alcanzaría a 50 familias y muchos de los vecinos estaban "muy pobres y cargados de hijos".
Actividades Económicas

Desde la fundación hasta su traslado (al actual sitio conocido como La Toma) la vieja ciudad de San Miguel de Tucumán fue laboriosa y progresista, hasta el punto de hacerse famosa por más de una industria. Junto a ella había, ya en el siglo XVI, huertas, quintas con árboles de Castilla, frutales y viñas y, próximos sus sementeras de trigo, maíz, cebada, y sus algodonales y campos de lino. Cerca de las casas había un obraje donde se tejía y curtía, y dos molinos de agua. En estos se molía el trigo de la localidad para hacer harina, de la que se abastecían. Se beneficiaba de algodón y de lino que abundaba. De los bosques se cortaban y labraban finas maderas de diversas clases, con las que se fabricaban carretas de muy buena calidad, a tal punto que fue una de las actividades más renombrada junto a la de las carpinterías y mueblerías (revisar el Trabajo Práctico realizado en la unidad I).

Traslado de la ciudad

En 1630 se produjo el alzamiento de los Calchaquíes (diaguitas de las sierras); guerra que se mantuvo por 40 años, lo que ocasionó el abandono del camino de los valles, por donde antes se iba y venía del Perú, es decir el camino que bajando por la quebrada del Portugués, salía frente a San Miguel de Tucumán y por allí, continuaba a Santiago. De esta manera, éste se abandonó y quedó como única ruta transitable la que, desde Santiago, se dirigía a Salta y a Perú por Tapia, Choromoro y Esteco.

De este modo la ciudad quedó aislada, como arrumbada allá lejos, al pie de la montaña. A esto hay que sumarle otros contrastes graves de la naturaleza como ser el desplazamiento del cauce del río de la Quebrada (Pueblo Viejo) que originó inundaciones en la ciudad y fiebres palúdicas ocasionadas por la presencia de bañados próximos a ésta y los problemas de bocio, debido a la falta de iodo en el agua de bebida. Todo esto acabó por hacer la vida muy difícil en San Miguel.

Algunos vecinos ya se habían ido a vivir en sus chacras y estancias, y la ciudad casi en ruinas se iba quedando sin gente; por lo cual surgió entre las autoridades y vecinos la idea de trasladarla doce leguas al norte, al sitio llamado La Toma, a orillas del río Grande o Salí, por donde pasaba el camino directo desde Santiago hacia el Perú. Así, se resuelve su traslado en 1685.

En el siglo XVII San Miguel de Tucumán y su Jurisdicción formaban parte de la llamada “Gobernación del Tucumán”, junto con otras 6 provincias argentinas actuales: Córdoba, Jujuy, Salta, Santiago del Estero, Catamarca y La Rioja que en conjunto ocupaban una superficie de casi 700.000 Km². En aquel momento las ciudades más importantes fueron: Jujuy, Salta, Madrid de las Juntas, Talabera o Esteco, La Rioja, San Miguel de Tucumán, Santiago del Estero y Córdoba; cada una de ellas con su respectiva jurisdicción de campaña. En realidad la extensión efectiva, o sea la ocupada y poseída, es mínima; ésta se reducía a los oasis de sus ciudades, con los poblados circundantes de los indios encomendados, a las parcelas cultivadas y a las tierras de pastoreo.

La distribución de los vecinos o encomenderos en las 8 ciudades mencionadas era la siguiente:

Ciudad

Cantidad de vecinos

Santiago del Estero

100

Jujuy

8

Esteco

33

Madrid de las Juntas

10

La Rioja

62

San Miguel de Tucumán

32

Salta

30

Córdoba

60

Total

335



Además, en San Miguel de Tucumán había 1100 indios que estaban en paz y en servicio.

Los momentos iniciales fueron difíciles, no sólo por la oposición indígena, sino también por otros factores por ejemplo la incomunicación, la falta de mano de obra, escasez de alimentos, etc. Además, los integrantes de las diversas expediciones fundadoras no eran numerosos. Todo esto llevo, a que el proceso de poblamiento en el territorio tucumano se cumpliese lentamente, basado exclusivamente en el crecimiento vegetativo, ya que son muy pocos los nuevos vecinos que se iban incorporando. Por ello, el elemento que podemos considerar como decisivo para el asentamiento de la población fue el aporte de la sangre indígena. Así es que el mestizaje fue un fenómeno general de la conquista y colonización hispana en toda América. Al respecto afirma Rosemblat que "...el mestizaje se inició el mismo día del descubrimiento, primero en las Antillas, luego en el continente. Se debió en general a que los españoles y portugueses carecían de perjuicios raciales ya que llegaron a América sin mujeres..." La mujer española escaseó en toda la historia colonial. Aún en épocas en que estuvo estabilizada la colonización, siempre venían a las Indias más hombres que mujeres, fenómeno general en toda emigración.

Es cierto que una vez asentados definitivamente en las ciudades, y a medida que transcurría el tiempo, los aportes de mujeres peninsulares fueron aumentando. La propia Corona se ocupo de fomentar esa emigración.

No hay que olvidar que la conquista llevaba implícita una obligación de tipo misional (la conversión del infiel a la fe católica), es por eso que los españoles conjugaron esta tarea misional con la de incorporar al indígena a la vida económica de la ciudad y su jurisdicción (era necesario la mano de obra para las labores agrícolas, mineras, etc.) para tales fines utilizaron sistemas como el de la mita, la encomienda, el yanaconasgo, las reducciones, etc. Por lo general, fue una mínima parte de la población indígena la que de una forma u otra se integró dentro de las normas de la nueva civilización, lo cual dependió, por un lado de su mansedumbre o belicosidad y, por el otro del trato que de hecho recibieron en los primeros momentos de la conquista por parte de los españoles.

No son muy precisos los datos que se conocen a cerca del número de indígenas en esta época; según estimó Sotelo de Narváez, hacia 1583 existían en la ciudad de San Miguel de Tucumán y su jurisdicción la siguiente población:
Encomiendas 25

Indios sometidos 3000

Indios encomendados 5000

Además, una carta del Gob. Ramírez de Velasco al Rey, de 1596, asigna a San Miguel de Tucumán 2000 indios encomendados.

Desde fines del siglo XVI en adelante, las pestes (especialmente la viruela), el trato abusivo que muchos encomenderos daban a sus indios, las guerras entre las distintas facciones, los malos tratos, etc. provocó un rápido decrecimiento de la población indígena en general y de la encomendada en particular. Pese a todo, los indios encomendados (yanaconas o mitayos) siguieron existiendo en casi todas las jurisdicciones, aunque un número muy limitado durante casi todo el siglo XVII. Ellos prestaron importantes servicios en el cultivo de la tierra, recolección de cosechas, obras públicas, tareas domésticas, etc.
La esclavitud negra y la mezcla de razas

La falta de mano de obra blanca e indígena en los dominios americanos fue el motivo para la incorporación del elemento negro. "...ya en 1534 la Corona había autorizado a Domingo Martínez de Irala a conducir 100 negros al Río de la Plata..." Buenos Aires parece haber sido la primera ciudad que se vio favorecida por la concesión de algunas licencias a lo largo del siglo XVI y XVII, pero igualmente muchos otros esclavos debieron entrar a nuestro territorio (con o sin permiso).

Resulta imposible determinar el número de negros que se incorporó a nuestras ciudades y campañas. Según estimaciones entre 1551 y 1640 arribaron a dominio hispano americano 350.000 negros. En el caso del Río de la Plata, fuera de esta área, gran parte de los esclavos negros introducidos por esa vía fueron llevados luego al Litoral, Tucumán o Cuyo, lo que permitió solucionar en gran parte el problema de la falta de mano de obra. En 1772 en un informe de Filiberto de Mena se asigna para San Miguel de Tucumán un total de 16.000 habitantes; a continuación se presentan datos según los Padrones y Resúmenes de población correspondientes al Obispado de Tucumán (Siglo XVIII) y al momento histórico de la creación del Virreinato del Río de la Plata, del censo de población dispuesto por Carlos III para todos los dominios de la Corona:



Censo de 1777-1778/ a la creación del Virreinato del Río de la Plata

Población Blanca

Naturales


Negros

Total

Jurisdicción de Tucumán

3.166 (16%)

4.069 (20%)

12.869 (64%)

20.104

(100)

Ciudad de San Miguel de Tucumán

1.299 (32%)

971 (24%)

1.817 (44%)

4.087

(100)

Campaña de Tucumán

1.867 (12%)

3.098 (19%)

11.052 (69%)

16.017

(100)

Total de Población


6.332

8.138

25.738

40.208




Jurisdicción de San Miguel de Tucumán

Población Rural

16.017 (80%)

Población Urbana

4.087 (20%)

Total

20.104 (100)
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