1. aproximación a la formación de palabras






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1. APROXIMACIÓN A LA FORMACIÓN DE PALABRAS



La formación de palabras es una rama de la ciencia lingüística que estudia el análisis y la compresión de los mecanismos por los cuales se crea y se renueva el léxico. Estos mecanismos son principalmente morfológicos y se refieren a las distintas formas de combinación de palabras y sus subunidades. La formación de palabras incluye, además, otros procedimientos como préstamos de otras lenguas, acronimia y apócope (acortamiento o truncamiento1). No sólo podemos encontrar ejemplos de la formación de palabras en el léxico de la lengua tal y como aparece en los diccionarios, sino que también podemos verlos en los neologismos de la terminología científica, la tecnología, el comercio, los medios de comunicación, en el lenguaje creativo de la literatura moderna y en el lenguaje coloquial e innovador de la lengua.
A la hora de abordar un estudio sobre la procedencia de los términos, el estudio puede ser bien de carácter diacrónico, retrotrayéndose a los orígenes etimológicos de los procesos de formación de palabras y examinando los patrones morfológicos que regían en el pasado, o bien de carácter sincrónico, referido a las tendencias actuales que van a determinar el vocabulario venidero. Han de aplicarse, sin embargo, distintos criterios si se pretende estudiar adecuadamente tanto las regularidades como las irregularidades que caracterizan los procesos de formación de palabras. Así pues, mediante un análisis etimológico sabremos qué patrones se derivan de fuentes griegas o latinas y cómo las unidades que constituyen las palabras evolucionan significativa y funcionalmente con el desarrollo del castellano.
Los criterios morfológicos se aplicarán para describir las combinaciones posibles de las unidades en la actualidad, cuya evolución está gobernada por los rasgos dominantes de los sonidos del lenguaje, que requiere la aplicación de los principios de la fonología. Las consideraciones semánticas deben reservarse dentro del estudio para explicar las interrelaciones entre los componentes de la palabra y el resultado de su combinación desde la perspectiva del significado. El resultado final de estos procesos será un nuevo término que requerirá inmediata o eventualmente entrar en el diccionario, por tanto, se seguirán implicaciones de índole lexicográfica. Como vemos, la formación de palabras contiene aspectos referentes a todos los niveles de análisis lingüístico, constituyendo un área particularmente compleja de estudio que trae aparejados no pocos problemas controvertidos dentro de la teoría lingüística actual.
Las distintas escuelas lingüísticas han tendido a favorecer a uno u otro criterio en momento concretos. En el enfoque diacrónico anterior al siglo XX, la atención se centraba en las transformaciones más llamativas del léxico a través de los siglos. Estos criterios históricos se han reflejado en los diccionarios en los que las formas actuales de las entradas se explican a partir de sus orígenes etimológicos, como por ejemplo el Diccionario Vox (1964). De igual forma, la diferencia entre latín, griego y castellano constituye el fundamento del estudio de la Academia Española, como lo demuestra la Gramática de la Lengua Española de 1931.
A principios del siglo XX, con la llegada de los lingüistas saussurianos se produjo un cambio en la orientación desde la perspectiva histórica a una concepción descriptiva sincrónica. Analizaban los sistemas y reglas de los mecanismos internos del lenguaje independientemente del desarrollo histórico o etnocultural. La formación de palabras no constituía el centro de interés; en un primer momento alternaron sincronía y diacronía; después, se preocuparon por los procesos productivos yendo más allá de la sincronía y mirando hacia el estado futuro del lenguaje a través del camino que proporcionaban el cambio y la innovación léxicos. En el periodo postsaussuriano, el interés se centró no en la palabra, sino en las unidades mínimas del habla como son los morfemas y fonemas.
La llegada de lingüistas chomskianos a finales de los años cincuenta, produjo una innovación en la teoría lingüística general, que se vio reflejado en el tratamiento de la formación de palabras. La Gramática Generativa Transformacional se interesó, en un principio, por la sintaxis en su intento de explicación de la creatividad y la competencia del hablante nativo para comprender y producir un número infinito de enunciados, pero se plantearon problemas debido a la aparición de numerosos modelos que condujeron de nuevo el interés hacia la palabra. Pero el transformacionalismo no puede pasar por alto la facultad del hablante nativo de hablar y comprender nuevas palabras, y construir y comprender nuevas frases. Además de por su capacidad gramatical innata, el hablante nativo está dotado de una competencia léxica inherente, que constituye la base del lexicón y de la terminología neolingüística no recogida todavía en los diccionarios. En este sentido, la formación de palabras ha pasado a desempeñar un papel fundamental en la teoría lingüística general y, bajo la etiqueta de “derivativa” o “léxica”, la Morfología se ha convertido en la materia prima de gran parte de las modernas teorías desarrolladas a partir del generativismo transformacional.
Desde los años setenta, las objeciones a las inadecuaciones del generativismo transformacional condujeron a propuestas que distanciaban la formación de palabras de la gramática estructural, considerando aquélla intrínsecamente, sin el entramado del léxico, toda vez que éste era concebido como un importante subcomponente de la gramática de base. Esto llevó a conclusiones lexicológicas y lexicográficas, según las cuales los hablantes nativos se concebían dotados tanto de un conocimiento sintagmático como de una competencia léxica que les permitía aplicar intuitivamente las reglas lexicomorfológicas adquiridas para formar un nuevo vocabulario sin incurrir en incongruencias ni contravenir las características morfológicas, fonológicas o semánticas del lenguaje. Esta competencia léxica descansaría en dos elementos: en la gramática de base, la cual indicaría las condiciones y reglas para la formación de palabras; y en el lexicón, donde las entradas estarían marcadas con indicadores de posibilidad de las unidades para formar elementos complejos, y de probabilidad en cuanto al comportamiento sintáctico de cada formación cuando se produzca su inserción en una estructura.
Junto a esto, se produjo el desarrollo de la fonología generativa llevada a cabo por Harris (1969), Martínez Celdrán (1975), Álvarez García (1979) y otros. En sus trabajos se intenta demostrar que los patrones de formación son más regulares de lo que se había supuesto hasta entonces, y que el lexicón no era un cajón un cajón de rarezas, como había sido considerado en no pocas ocasiones.

No obstante, la contribución de la fonología generativa ha sido positiva, al menos en la medida en que ha hecho posible hablar seriamente de “reglas de formación”, basadas en las teorías sintáctica, morfológica y semántica desarrolladas en el periodo generativo postransformacional.

2. PRINCIPALES procedimientos PARA LA Formación De Palabras Nuevas.
Revitalización

La revitalización se produce cuando se toma una palabra que ya ha caído en desuso para emplearla con el mismo significado que tenía antes o con uno nuevo que se le designa. Es un proceso de renovación semántica en el que el vocabulario no se ve aumentado cuantitativamente, aunque sí cualitativamente. Hay casos de desplazamientos semánticos (la motivación del signo lingüístico entre otros y las creaciones metafóricas o metonímicas) que son procedimientos semánticos para aumentar el caudal del vocabulario de la lengua. La motivación en las designaciones es especialmente frecuente para nombrar animales, plantas y peces, por lo que los nombres cambian de un lugar a otro (estrella de mar, conejillo de Indias, flor de Pascua…). A veces la motivación se produce en la lengua originaria de la palabra y se pierde todo sentimiento de la motivación en la nuestra.
Creación onomatopéyica

Este proceso es utilizado asiduamente aunque no por ello se creen nuevas palabras. Es común a muchas lenguas y en ella se ha querido ver el origen del lenguaje. Las onomatopeyas suponen la conversión de los sonidos naturales en palabras cuyos significantes imitan la realidad extralingüística. A veces las onomatopeyas no imitan sonidos de la realidad, sino que pretenden representar sensaciones o percepciones afectivas (son las onomatopeyas simbólicas: catapún, tris trás, rin rin).
Incorporación de voces ajenas

La incorporación de voces ajenas a nuestra lengua ha ocurrido en todas las épocas; de hecho, el 41% de las palabras de nuestro vocabulario proceden de otras lenguas. En sentido estricto, el préstamo es un proceso mediante el cual una lengua toma de otra una voz que no poseía antes. Las palabras tomadas directamente de otra lengua sin ninguna alteración son las palabras-cita (hall, mouse, baguette, barman...). En cuanto se produce un préstamo lingüístico puede haber modificaciones lingüísticas bien en su forma o en su extensión, pero la adaptación puede ser también de tipo morfológico. Por lo general, la palabra se toma con la forma de la lengua original, e incluso algunos elementos de ésta llegan a ser productivos en la lengua (parking, travelling, foulard, écharpe, shushi, software, hit, set...).
Una categoría de préstamos son los híbridos, que normalmente son voces derivadas a partir de las formas importadas. Se toma el préstamo y el morfema gramatical a la otra lengua, como baguettería, hacker. Los híbridos también pueden aparecer por una falsa interpretación del elemento léxico importado. Así, nos encontraremos con una formación presente en varias lenguas e incluso podría hablarse de falsos híbridos cuando la formación de la nueva palabra ha tenido lugar en una lengua y se adapta parcialmente a la otra: parolímpico, paronormal. Cuando el préstamo es parcial estamos ante un calco semántico. Una categoría especial sería la de las palabras inventadas, que no son préstamos aunque se asimilen a ellos y hasta se confundan (guay, chuli, chachi piruli). La duración de los préstamos es relativa, y su acomodación ha ido modelando la estructura general de nuestro vocabulario, por ello unos préstamos se han quedado para siempre y otros se han perdido en la historia.
En cuanto a los cultismos léxicos, estos son palabras procedentes de una lengua clásica adoptadas directamente, con una leve asimilación al sistema fonológico receptor. Los latinismos o helenismos y llegan a convivir con las formas patrimoniales en la lengua (velódromo, esfera, astronomía, aéreo, pueril, viril, matutino...). Actualmente, los cultismos léxicos son muy frecuentes por las necesidades del lenguaje científico y técnico para tener voces nuevas. No son cultismos en un sentido estricto, pues son resultado de la formación de palabras con elementos cultos, por lo que resultan comunes a todas las lenguas de cultura. La formación de palabras consiste en la ampliación del conjunto de voces del idioma con mecanismos de tipo morfológico, partiendo de elementos ya presentes en el lenguaje o con otros tomados de fuera. La lengua dispone de procedimientos como la composición, la derivación y la parasíntesis para realizar esta función tan importante.

2.1. La Composición
La composición de palabras se lleva a cabo a partir de distintos procesos para crear nuevas voces. A saber:


  1. La sinapsia

Es un procedimiento de composición en el que intervienen al menos dos unidades léxicas (bloc de notas, caja de ahorros, jamón de York...) Según la teoría de Émile Benveniste la sinapsia no es composición, sino un tipo de grandes unidades, de considerable extensión y que puede llegar a ser muy productiva, sobre todo en el campo de la ciencia y en la técnica (por tanto es poco usual encontrar sinapsia en el lenguaje cotidiano o literario). Este tipo de composición especifica el significado y facilita su clasificación en serie debido a su rasgo distintivo. En nuestro idioma, la sinapsia se vale de las preposiciones, especialmente de la preposición de, que puede introducir un todo virtual y determina una de sus partes o bien puede indicar una circunstancia para la que está ideado el producto (vino de mesa); incluso nos puede informar sobre su finalidad (árbol de Navidad), así como la clase de elementos en los cuales el determinado es atributo (betún de Judea).
El otro tipo de preposición usada en la sinapsia es a, que sirve para realizar la relación sintáctica entre elementos (por ejemplo: odio a muerte). Las demás preposiciones raramente aparecen. En cuanto al orden de elementos que se dan en la sinapsia, no varía: DETERMINADO + DETERMINANTE. Da como resultado un sustantivo o un adjetivo y uno de estos elementos, el determinante, no puede llevar artículo para no romper la unidad del conjunto (coche a pilas  coche a las pilas). Pese a que sus elementos se complementen (se le añadan adjetivos), no pierden su significado y siguen siendo elementos lexicalizados, llegando incluso a perderse el nexo de unión de los dos elementos (freno [de] mano).



  1. La disyunción

En la composición por disyunción hay una lexicalización superior a la que muestra la composición por sinapsia. Ésta da origen a un tipo de lexías (las compuestas) en las cuales los elementos participantes no se llegan a soldar gráficamente, aunque designan a un solo objeto, habiéndose producido la lexicalización del conjunto. De entre los elementos participantes, el primero es la denominación y el segundo una especificación del primero (casa cuna, reloj despertador). La relación que hay entre los dos elementos es de disyunción y para que haya relación semántica entre las dos partes debe haber un sustento sintáctico implícito, una relación de identidad en la que el segundo elemento sea un predicado que se une al primer elemento mediante una aposición (casa cuna  casa que es cuna). En estos casos en los que hay rasgos comunes entre los sustantivos, se llega a producir una relación semántica entre los dos que llega a ser similitud (la casa y la cuna son "acogedoras"). No obstante, cuando el segundo elemento es un adjetivo no hay comparación o similitud, sólo una relación de especificación que de todas formas tiene los mismos efectos. En español no es muy frecuente este tipo de composición, aunque aparece sobre todo en el ámbito de las denominaciones de animales y plantas, debido a su estructura DENOMINACIÓN + ESPECIFICACIÓN:
águila real gato montés perro lobo

planta carnívora pez martillo buitre leonado

Lo mismo que ocurría con los compuestos por sinapsia puede llegar a ocurrir con los construidos por disyunción; se puede llegar a una unión gráfica de los elementos y alcanzar así un mayor grado de lexicalización (hierbabuena).


  1. Contraposición

La contraposición supone la participación de elementos que se escriben unidos por un guión en la mayoría de las lenguas, por tanto, representa un mayor grado de unión gráfica que la disyunción. La Academia restringe el uso de los guiones llevando a la confusión de muchos usuarios, pero no es así en cuanto a "los gentilicios de pueblos o territorios que formen un compuesto aplicable a una tercera entidad geográfica o política en la que se han fundido los caracteres de ambos pueblos o territorios", pues aclara que se deben escribir con guión austro-húngaro, hispano-francesa, etcétera. El español posee compuestos que pierden o sustituyen parte de su cuerpo fónico, la aparición de la o puede ser interpretada como un elemento de conexión. En la contraposición suelen intervenir dos adjetivos en los que predomina más la relación semántica entre los elementos del compuesto que la relación sintáctica, muy disminuida por el hecho mismo de la contraposición (no se conserva concordancia gramatical entre los adjetivos). La mayor parte de estas palabras están coordinadas sintácticamente, por lo que no debemos considerarlas nunca como compuestas por disyunción. Pueden aparecer elementos contrapuestos unidos mediante un guión como mera representación formal, pero que no son compuestos, pues carecen de lexicalización y los términos que intervienen mantienen el significado que poseen independientemente. La unión de dos elementos no es total, incluso muchos hablantes no la sienten con claridad.


  1. Yuxtaposición. Tipos

En este tipo de compuestos se da la fusión gráfica de los elementos participantes en el compuesto de forma total. Según Bernard Pottier se llaman “lexías compuestas”. Es abundante y fácil su creación y es destacable esta facultad en algunos escritores como Juan Ramón Jiménez. Por ejemplo tejemaneje o soplagaitas. La estructura de estos compuestos, a primera vista, es muy sencilla: la yuxtaposición de dos elementos. Pero se puede presentar un abultado número de formas y con la variedad de formantes y de resultados que presentan estos compuestos, las relaciones entre los elementos participantes son muy variadas:


  • Del tipo SUSTANTIVO + SUSTANTIVO que puede conllevar una relación de coordinación, de atribución o de subordinación (bocacalle).




  • Compuestos del tipo SUSTANTIVO + ADJETIVO en el que se distinguen dos grupos con resultados distintos: sustantivo o adjetivo. Los primeros presentan una relación muy sencilla de DETERMINADO + DETERMINANTE y los segundos (petirrojo) presentan un elemento interior i que se puede interpretar como un interfijo de enlace entre el sustantivo y el adjetivo. Esto se reproduce en compuestos SUSTANTIVO + VERBO (maniatar). La i de los compuestos SUSTANTIVO + ADJETIVO y ADJETIVO + SUSTANTIVO parece un resto sintáctico del genitivo latino. Son restos latinizantes en formaciones vulgares, incluso en las existentes en latín pero creadas en español. La i se impuso en el siglo XV pues era la forma del acusativo latino. En los compuestos SUSTANTIVO + ADJETIVO que dan adjetivo existe una relación entre sus elementos, ya que semánticamente, el segundo predica una cualidad del primero o el estado resultante de un proceso (alicaído es que tiene las alas caídas; patidifuso es que se queda confundido...). También hay compuestos en los que aparece una i como elemento de transición e incluso puede ser la representación de la y copulativa (pasicorto, cejijunto), pues existe en el interior una coordinación de los elementos. Hay otros compuestos que no presentan a sus componentes en un plano de igualdad, sino que se establece una relación predicativa, similar a la que se presentaba en los compuestos por disyunción, e incluso en algunos de la contraposición, sin que se pueda negar la coordinación entre los dos elementos, así que la relación de los términos es contraria a la normal en español, porque su secuencia es la de DETERMINANTE + DETERMINADO (medianoche). Puede suceder que la relación sintáctica de los dos elementos no se efectúe internamente y entonces la estructura sintáctica del compuesto sea una aposición, como ocurre con medianoche, que es la hora situada en la mitad de la noche.




  • El tipo de compuestos VERBO + SUSTANTIVO (correcaminos, lavavajillas, quitamanchas, limpiaparabrisas, mondadientes, guardarropas...). El resultado en todos estos casos es un sustantivo. Son formaciones muy numerosas y variadas que comienzan a aparecer en la época románica. Aunque no existe opinión unánime sobre cuál es la forma verbal presente en el primer elemento de estos compuestos, parece que está clara la presencia del imperativo en compuestos como hazmerreír, del mismo modo que aparece en otras formaciones o puede verse una neutralización morfológica (aguafiestas). Actualmente se prefiere en este tipo de formaciones el indicativo porque el hablante interpreta la estructura del compuesto como VERBO + OBJETO DIRTECTO o como VERBO + OBJETO INDIRECTO, y porque la construcción sintáctica exige una forma personal del paradigma (abrelatas, pisapapeles). La forma del segundo elemento del compuesto, es sustantivo, es tanto la del singular como la del plural, que aparece cuando no se desea o no es necesaria una especificación del objeto mismo o por requerirlo el significado de la construcción que originó el compuesto. Habitualmente, el verbo exige el sustantivo en plural porque es de acción. Por último, lo más importante en estos compuestos es su significado global, o el de cada una de sus partes.




  • Los compuestos ADVERBIO + VERBO son creaciones viejas en la lengua y la relación que se establece entre los dos elementos es adversativa (malnacer, malandar, maltratar, malcreer, malcriar, menoscabar, menospreciar). La mayor parte de los compuestos de este tipo tiene carácter negativo, pues el adverbio que participa en la formación es menos o mal, mientras que los pocos de carácter positivo están representados por el adverbio bien (bienaventurar, bienfacer, bienquistar, bienvivir).




  • También existen formaciones del tipo ADVERBIO + VERBO + ADVERBIO que no siguen las reglas anteriores y que están lexicalizados (cualquiera, quienquiera).




  • Lo mismo ocurre con los compuestos de ADVERBIO + SUSTANTIVO, en los que también se produce una relación adversativa entre los elementos (bienandanza, bienfecho, bienllegada, malcaso, malbarato, maledicencia).




  • Más usual es la estructura de los compuestos de ADVERBIO + ADJETIVO. Ésta no resulta tan difícil de ver como en el caso anterior, ya que el sintagma ADVERBIO + SUSTANTIVO no es normal en español salvo por gramaticalización. En estos compuestos se produce también la relación de coordinación adversativa. Los adverbios que participan en estas formaciones poseen un significado contrario, y la relación adversativa que se produce en ellos no implica una presuposición, sino que se refiere a la elección realizada con respecto a la otra posibilidad: alguien intencionado puede serlo bien y mal, aunque estos no son los únicos adverbios con los que se haga compuestos:

malformado  es formado pero mal malparado  es parado pero mal bienmandado  es mandado pero bien bienoliente  es oliente pero bien

Cuando son dos verbos en forma personal los que intervienen en el compuesto, el resultado es un sustantivo, y la estructura sintáctica que mantiene el compuesto es de tipo copulativo (compraventa, duermevela); por otro lado, esta relación producida entre los elementos es de complementariedad. De estas formaciones resulta un sustantivo porque es una de las formas menos marcadas del paradigma verbal.


  • Aún hay un compuesto más en los que interviene un verbo acompañado por una conjunción. Son las creaciones expresivas de VERBO + CONJUNCIÓN (creique y penseque), así como la forma lexicalizada de CONJUNCIÓN + VERBO (quehacer), en los cuales la relación existente entre los elementos es de subordinación. Es una estructura ajena a la forma y al contenido del compuesto que mantiene el significado original, no obstante, de los dos elementos. Lo mismo ocurre en las formaciones de




  • PREPOSICIÓN + SUSTANTIVO como contraportada, contracepción, sinsentido, sobremesa...) pertenecientes a la derivación y no a la composición. En ellos parece haber una secuencia DETERMINANTE + DETERMINADO, en los que el primer elemento viene a modificar de algún modo el significado del segundo, pero que no se pueden interpretar sin un previo conocimiento del entorno discursivo.




  • Por último, hay otra serie de compuestos en los que intervienen más de dos piezas léxicas, no ya VERBO + VERBO (quitapón, subibaja, vaivén...), sino VERBO + VERBO + VERBO (correveidile). Estos compuestos ORACIONALES introducen un elemento pronominal para identificar al hablante o a la cosa designada.

  1. Prefijos vulgares

Tradicionalmente, la formación de palabras mediante prefijos se considera como parte de la composición y no de la derivación, ya que los prefijos vulgares coinciden con las preposiciones. A la hora de la distribución sistemática de los elementos, mientras que los interfijos y los sufijos forman parte de la derivación, los prefijos pertenecen a la composición. Muchos de los elementos cultos que se emplean en la construcción de palabras no tienen vida independiente en la lengua por más que en latín y griego fueran formas libres, y son consideradas dentro de la derivación. En otro orden de cosas, todos los prefijos son átonos, mientras que hay sufijos que son tónicos.
El prefijo se antepone a la palabra de base y puede tener existencia independiente, lo que le confiere la cualidad de separable o inseparable: separable es la a- (anormal, anión, anisótropo, azeuxis) pero no lo es el re- (revestir, Reconquista, retomar, renombrar, revivir, rememorar). Los prefijos se unen indistintamente a sustantivos, adjetivos y verbos:


  • antebrazo, preposición, preocupación, anteproyecto  sustantivos

  • presidencial, pospuesto, prepotente, preuniversitario  adjetivos

  • conllevar, predisponer, engrandecer, enmudecer, decrecer  verbos


Los elementos al combinarse pueden dar lugar a distintas soluciones, como ya hemos visto:


  • CONJUNCIÓN + VERBO  CONJUNCIÓN = siquiera




  • PREPOSICIÓN + SUSTANTIVO  SUSTANTIVO = sinrazón, antesala, bajorrelieve, pordiosero, sincronía




  • PREPOSICIÓN + VERBO  VERBO = contradecir, trastocar, antellevar, antecoger, antedatar




  • PREPOSICIÓN + PRONOMBRE  CONJUNCIÓN = así que, de modo que




  • PREPOSICIÓN + CONJUNCIÓN  CONJUNCIÓN = ya que, puesto que, por que, por qué, porqué, a pesar de que




  • PREPOSICIÓN + PREPOSICIÓN + PREPOSICIÓN = mediante, contra, ante, durante

Al igual que sucede con los sufijos, un mismo prefijo puede tener distintos valores:

inmoral inculpar indiscutible incluido impuesto

avenir aculturar agrupación atumecimiento

Y de otro modo, un mismo sentido puede expresarse a través de varios prefijos, cuya distribución no siempre parece clara; esto suele pasar con los prefijos pre- y ante-, para- y a-, in-, en- y a-, etc. La convergencia en un mismo valor puede producirse con un prefijo vulgar y otro culto, como ocurre con la oposición, la cual se puede construir con el culto anti- y con el vulgar contra-:
anticomunista antideportivo antiestamínico antirracista contrarreformista contraataque contraindicaciones
El primero es el más rentable, especialmente en el lenguaje periodístico, como se viene observando también en francés. La privación o negación se expresa mediante a-, de-, o des-, e in-: descalificar, desinteresar, desabastecer, descodificar, demérito, innegable, imposible, atípico, asocial, asepsia, asincronismo. Con el prefijo in- se forman innumerables parasintéticos adjetivales y muchos nombres de acción, así como relaciones locativas mediante prefijos de distinto origen o relaciones de otro tipo:
inmiscuido inquebrantable supranacional supraestructura

infrahumano infranqueable suprarrealismo supraclavicular

suprarrenal sobresalto sobrecarga superestrato

superfluo internacional interferencia desfavorecer

intercelular intercolumnio subalterno subliminal

subyugado subrayar acomodar alelar

apaciguar amainar entablar entrelazar

encomendar descifrar deshilar desenganchar

desconectar



  1. Acortamiento

Actualmente hay muchas palabras que sufren el acortamiento, lo que hace que muchos especialistas se dediquen a estudiarlas. Pero hay que diferenciar el acortamiento de la aglutinación, ya que ésta es un modo de composición en el que alguno de sus elementos pierde parte de su materia fónica para formar la nueva palabra. En principio, el acortamiento es el proceso diametralmente opuesto a la composición, ya que no se trata de añadir a lo existente, sino de suprimir; pero también se llega a la composición a través del acortamiento de palabras, que es un proceso propio del lenguaje de comercio, de la administración, y, en general, de los lenguajes especializados, por lo que no se suele encontrar en los textos literarios. Al igual que lo que ocurre con la composición, el acortamiento presenta varias modalidades:

  • Abreviamiento. Es la reducción del cuerpo fónico de una palabra, que se produce por la pérdida de sílabas complejas y suele ser por apócope: gran por grande, tele por televisión o televisor.




  • Abreviatura simple. Representación de una palabra en la escritura con una o varias de sus letras. Se mantiene la primera letra (clave para la identificación de la palabra). Igualmente, la abreviación puede producirse por apócope o síncopa:


Dª por doña excmo por excelentísimo admón. por administración

dr. por doctor Mtro. por Ministerio, ayto. por ayuntamiento

ed. por editorial srta. por señorita pza. por plaza

ctra. por carretera
Cuando leemos abreviaturas, leemos las palabras completas, mientras que si vemos el abreviamiento, tan sólo leemos el resultante de la reducción, con lo cual se oponen el carácter gráfico y el fónico de cada uno de los procedimientos.


  • Acronimia. Es un caso especial de abreviamiento muy moderno y de carácter técnico. Normalmente son voces hechas en otras lenguas y después introducidas en la nuestra aunque son muy poco usadas: Interpol que se forma a partir de Organización Internacional de la Policía Secreta.




  • Abreviatura compuesta. En este tipo de abreviatura, lo abreviado son dos o más palabras y sólo se retiene la primera letra de cada una de ellas; es una formación de carácter gráfico:


r. i. p. por requiescat in pacem D. m. por Dios mande S. P. Q. R. por Senatus Populus que Romanus


  • Abreviaturas complejas. Son las siglas (si lo que se abrevian son nombres propios) y siguen fórmulas muy complejas para su constitución. Hay varios tipos existentes de siglas: la sigla transparente, que es una abreviatura compuesta pues al emplearse se pronuncia la forma desarrollada, no la abreviada, ya que su contenido es conocido por los usuarios: C+ se lee Canal Plus. Esta sigla se caracteriza frente a la abreviatura compuesta en que la sigla es un nombre propio y la abreviatura no. La sigla opaca no deja entrever su contenido, y puede ser deletreada (si se pronuncia el nombre de cada una de las letras componentes: ABC se lee abecé; PNV se lee peeneuve) y la sigla opaca leída secuencialmente, que se lee como si se tratase de cualquier otra palabra de la lengua, sin interpretar el valor inicial de cada letra (MIR se lee mir, LOGSE se lee logse).Para la creación de siglas hay que tener en cuenta muchos factores, pero prima la expresividad, pues sólo así triunfará y no será objeto de burla o confusiones con otras siglas que designen a distintas corporaciones, instituciones, o partidos, etc.



2.2. La Parasíntesis
Tradicionalmente, la parasíntesis ha sido considerada el proceso morfológico en el que se unen a la vez y en la misma operación morfológica un prefijo y un sufijo a la derivación; así es como la concibe Alemani. Pero en relación con este concepto existen diferentes posturas; según Reinheimer-Ripenau (1973) y Maldiel (1978), la parasíntesis consiste en la fusión de derivados y compuestos a la vez, como ocurre en la palabra picapedrero, de picar + piedra + ero. Pero frente a esta postura está la de otros autores como Bosque (1982), que ha propuesto la existencia de un afijo discontinuo formado por los anteriormente considerados prefijos y sufijos. En contra de la existencia de un proceso parasintético se encuentran aquellos autores que defienden que todos los procesos morfológicos son procesos binarios y que, en morfología, nunca se utilizan procesos ternarios como ocurre con la parasíntesis. Otros autores consideran que la vocal del tema verbal es un afijo derivativo.

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